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josemarco

IMPRESIONES

TARDE DE AGOSTO

TARDE DE AGOSTO

   Tarde de agosto en Aliaga. Dilatada tarde estival teñida de azules celestes y verdeamarillos preotoñales. Luz intensa en el solanar. Ni una nube en el horizonte. Silencio y serenidad en el ambiente.

   Tarde de agosto en Aliaga. Invitación permanente a un paseo apacible por las orillas del Guadalope. Sed de agua. Sed de vida. Sed de un otoño más lluvioso y benéfico.

   Tarde de agosto en Aliaga. Frutales rebosantes de manzanas, peras y ciruelas. La huerta exhibe toda su lozanía. Aunque la vega ya no es lo que era antes. Todo cambia y se acomoda al progreso y al dudoso desarrollismo.

   Tarde de agosto en Aliaga. El castillo se alza como mudo centinela, testigo de años conflictivos. Los jóvenes anticipan con ilusión las grandes fiestas de septiembre. Algunos abandonan el pueblo por unos días. O por un año. Nostalgia en la mirada. Fugaces despedidas. Contraste de sentimientos. Esperanza y desencanto. Eterna paradoja de la vida.

 

AGOSTO, UN MES DE CONTRASTES

AGOSTO, UN MES DE CONTRASTES

            Fuego implacable en Galicia. Pirómanos crueles y resentidos. Humo negro por doquier. Otra marea negra que ahoga este paisaje encantador y que, desde este mes de agosto, ya no será lo mismo. ¿Será posible que todavía haya personas – ¿personas? – que se dediquen a destruir un patrimonio natural insustituible? O son unos inconscientes, o unos locos. Otro fuego muy distinto, y más trágico, es el que se están intercambiando israelitas y libaneses. Casi un mes de bombardeos y, de momento, la solución diplomática no acaba de llegar. ¿Por qué no se pone en marcha la diplomacia antes que las armas y no al revés?          

          Mientras tanto, agosto se desliza con su regalo de vacaciones para tantos españoles, que dejan sus problemas para septiembre. Hay que aplazar, para vivir unos días de sosiego. Aplazar los proyectos, aplazar los problemas, aplazar las ilusiones. Agosto es un paréntesis casi total. Por lo menos durante esta primera quincena. En agosto – se decía hace unos años –  “España está cerrada por vacaciones”. Y tenían bastante razón. Vacaciones incluso para el agua, que no acaba de caer ni siquiera en forma de tormenta. Quizás las lluvias se aplacen también para septiembre. A ver si es verdad.        

       Hoy es San Lorenzo, el día grande de la capital oscense. Nunca he vivido esas fiestas, pero me han hablado muy bien de ellas. El color verde llena las calles y el jolgorio sano las plazas y pabellones. Diversión a raudales y un gran paréntesis en este largo y seco verano. Las fiestas se multiplican en los pueblos hasta mitad de septiembre. Aunque el punto culminante será el próximo fin de semana, coincidiendo con el quince de agosto. La Virgen de la Asunción y San Roque servirán de motivo para romper con la rutina y lanzarse a la calle en busca de diversión. Ya llegará septiembre.

NOTICIAS

NOTICIAS

   Cada jornada nos trae sus noticias. La mayoría, a través de los medios de comunicación. Otras, son noticias personales, cotidianas, intrahistóricas. La diferencia es evidente entre ambas: la prensa, radio o televisión nos aportan, sobre todo, sucesos llamativos, accidentes, conflictos y miseria; nosotros recibimos otras noticias que, afortunadamente, no están marcadas por tanto tinte dramático: una llamada de un ser querido, una felicitación, una confirmación de plaza docente, un inicio de las vacaciones, un regalo inesperado, una compra satisfactoria,... Prefiero citar las buenas noticias; las malas, vienen solas y sin buscarlas.

   Esta tarde inicio mi mes de vacaciones. Repartiré los días entre el Pirineo de Huesca, Massalavés y Aliaga. No son ambiciosas, pero las espero con la misma ilusión de todos los veranos. Lo importante es cambiar por unos días de lugar, de actividad. Y desconectar de la rutina de todos los días. Deporte, lectura, paseos y charlas con los amigos serán mis principales ocupaciones. Sin descuidar este blog y sin olvidarme de alguna que otra actividad cultural estival. Las noticias seguirán llegando. Esperemos sean positivas, para contrarrestar la negativa situación política y social de nuestro entorno.

MES DE JULIO EN ZARAGOZA

MES DE JULIO EN ZARAGOZA     La gente sólo habla de calor. Y se pasea muy de mañana o por la noche. Paseos de todo tipo: por parques, por la ribera del Ebro, por las orillas del Huerva o por el puente de Manuel Giménez Abad (Tercer Cinturón). Desde allí se puede contemplar el futuro azud y el mínimo caudal del "río más caudaloso de España" (según los manuales de geografía). Desde allí, ya entrada la noche, se contemplan las torres del Pilar, y la de la Seo, y la de la Magdalena. Quedan pocas torres en esta ciudad que llegó a ser "la ciudad de las torres" durante el siglo XVII.    Mes de julio en Zaragoza. Búsqueda de locales con aire acondicionado: cines, cafés, restaurantes, bibliotecas,... Aunque también se puede leer en el autobús, gracias a una iniciativa de la concejalía de cultura del ayuntamiento. Autores clásicos y modernos. Poesía o prosa. Para todos los gustos.     Pasear, leer, quedar con los amigos -  los pocos que no han huido de la ciudad - y pensar con ilusión en las futuras vacaciones. Aunque hayan pasado o estén en el alero. Lo peor es la incertidumbre. Por esto hay que vivir el presente. Aunque sea con calor, paseos y alguna película de estreno. 

LLUVIA DE JUNIO

LLUVIA DE JUNIO

      La lluvia de junio es un regalo del cielo en todos los sentidos. Es un regalo para los campos, es un obsequio para los embalses y es un galardón para los habitantes de las grandes ciudades, amenazadas por el calor agobiante y la creciente contaminación.

      Llueve en junio para compensar un poco ese intratable mes de mayo. Un mayo seco, incluso para las bolsas de medio mundo. Llueve en junio para sofocar esos posibles incendios que ya han empezado a extenderse por España. Llueve en junio para hacernos más llevadero este casi interminable final de curso.

      Desde mi galería, en el barrio de Las Fuentes, contemplo la alegría de los plataneros, que ya no producen alergias, al menos hasta la próxima primavera. Contemplo el AVE que surca con velocidad de crucero el puente sobre un escuálido Ebro, minimizado por el azud. Contemplo la huerta de Las Fuentes: abandonada y amenazada por la maleza y por el crecimiento de la ciudad. Es un día para contemplar. Y reflexionar. Y la lluvia es un ingrediente más para aderezar con optimismo la mañana.

      Juan Ramón Jiménez escribió un librito titulado así: Lluvia de junio. Buen día para sumergirse en la lectura de algún fragmento de las obras del poeta de Moguer en el cincuenta aniversario de la obtención del Premio Nobel de Literatura.

      

        Adjunto un poema de Inés Zeiss, muy apropiado para este día:                                                 

Escribo a la lluvia de Junio

que recogió tu sonrisa,

alada recorro mil arenas,

no hay respuesta, no tienes prisa.

Si con trazos y colores

sientes lo que yo siento en poesía,

¿quieres responder a mi llamado,

a largos años de agonía?

Lluvia de Junio

huiste dibujando peces

quizás tu canto,

envolvió mi triste llanto.

Impaciente espero

el aire que respiras,

tus ojos sonrientes,

tu pelo ya cano

tu mano lenta hacia mi mano.

El frío, la niebla,

el gris del ocaso,

esperan que llegues anhelante,

y con la lluvia de junio

sabrás, que aún te amo.

UN FINAL DE ETAPA

UN FINAL DE ETAPA

            Se acelera junio entre tormentas y borrascas, entre exámenes y ocio preestival. Se acelera un mes que cierra etapas: final de etapa para los estudiantes, que culminan el bachillerato con una más que polémica prueba de Lengua en la selectividad; final de etapa para los profesores, que llegan a su jubilación, o van a cambiar de centro, o se van a examinar para acceder al cuerpo de funcionarios; final de etapa para los amantes del deporte, que ven cómo la incertidumbre planea sobre la selección y sobre muchos equipos, y que esperan con ansiedad los próximos partidos; final de etapa para tantos y tantos trabajadores, que esperan la paga extra del verano y las soñadas vacaciones de julio y agosto.

             Por lo demás, el deslizarse de las horas, de los días, de las semanas,…nos aboca sin querer hacia el futuro, nos sumerge en un presente que no llegamos a disfrutar y nos aleja de un pasado, que olvidamos al momento y quizás añoremos más adelante.

            Siempre me ha gustado junio. No sé por qué ha sido uno de mis meses preferidos. Tal vez por ser la antesala del verano. Acaso porque los días se hacen eternos y las tardes se dilatan perezosas. O quizás por un conjunto de ingredientes que resulta difícil descifrar o analizar. Eso sí: exámenes, balances, cenas de fin de curso, galas, homenajes, despedidas,… El sabor agridulce de la vida y la eterna rueda del tiempo que nunca se detiene. Ni se acelera. Aunque nos parezca lo contrario

INCERTIDUMBRES

INCERTIDUMBRES

            Avanza el mes de junio y, a medida que nos acercamos a ese día 30 simbólico, porque supone una breve parada en el camino, un final de etapa o una ruptura con el pasado, no cesan de surgir sorpresas en todos los ámbitos: político, económico, cultural y educativo. Y, como es lógico, aparece también la incertidumbre, como salsa de cualquier guiso social y como ingrediente de crisis más o menos prolongadas. Incertidumbre sobre el futuro del Gobierno de Aragón, después de la salida de Eduardo Bandrés, uno de sus pesos pesados; incertidumbre sobre la ejecución en los plazos convenidos de las obras de la Expo-2008; incertidumbre sobre la progresiva implantación la LOE (Ley Orgánica de Educación) y sus teóricas ventajas respecto a la ley anterior; incertidumbre sobre los efectos una nueva sequía, al parecer menos aguda que la del año 2005; incertidumbre sobre el futuro del Real Zaragoza, después del reciente menosprecio a la cantera y los cambios en su cúpula directiva.

            De todos modos, ¿hay algo totalmente cierto en nuestras expectativas de futuro a medio o largo plazo? Planificamos, programamos, soñamos, nos ilusionamos,…pero siempre nos queda la duda, la rendija del escepticismo, el asomo de inseguridad que no depende de nosotros. Sin embargo, no por ello hemos de dejar de soñar en un relajante verano, en una paz más duradera, en una educación de mayor calidad o en una ciudad más habitable.

FIESTA EN EL PARQUE DELICIAS

FIESTA EN EL PARQUE DELICIAS

            Esta tarde se ha celebrado en el Parque Delicias la fiesta final del PIEE (Proyecto de Integración de Espacios Escolares). Los coordinadores de estas actividades en los institutos han instalado distintos talleres – teatro, danza, esgrima, maquillaje,…- y han animado a los numerosos alumnos de Secundaria a disfrazarse, danzar, cantar, maquillarse o iniciarse en la artesanía. Los alumnos del IES “Ramón y Cajal” paseaban nerviosos en pequeños grupos por el parque, preparando con ilusión su actuación de funky en el escenario central.

            En un contraste variopinto, numerosos ancianos – asiduos visitantes de este tranquilo recinto – admiraban el dinamismo y la inquietud de estos jóvenes por aprender y mejorar. Entre ellos, entablo conversación con  don Valero Martín, que en noviembre cumplirá cien años y que, aunque nació en Santed, lleva ya mucho tiempo en Zaragoza. Lo sorprendente es que, al hilo del coloquio, que sigue con fluidez a pesar de su sordera, me comenta que uno de sus cinco hijos es director de un Colegio Marista en Barcelona. Se llama como él y da la casualidad de que fuimos compañeros durante mis primeros años de docencia en el Colegio “Las Corts” de la calle Vallespir, a mediados de los años setenta. Me doy cuenta de que el mundo es un pañuelo y de que en los lugares más insospechados puede surgir un reencuentro, cual secreto hilo de Ariadna. Don Valero Martín se guarda mi tarjeta en el bolsillo de su camisa y me promete comentarle a su hijo este azaroso encuentro.

            La tarde va feneciendo, el parque se anima por momentos, y don Valero regresa a su casa en Vía Universitas, como si tuviera veinte años menos. Toda una vida colmada, redonda y con una memoria envidiable. A pocos metros, los alumnos del “Ramón y Cajal” han actuado con soltura, algo más tarde de lo previsto. Eso sí, han tenido más suerte que los del grupo de teatro Falacias, que por una caprichosa ley de la Sociedad General de Autores no sé si podrán volver a representar la obra de Miguel Mihura Maribel y la extraña familia. Parece mentira que estemos en el siglo XXI.  

UN AÑO DE BLOG

UN AÑO DE BLOG

Hace justamente un año. Un 25 de mayo de 2005 inicié esta modesta aventura literaria y espero seguir, al menos, un año más. Se han sucedido los acontecimientos, las vivencias, las impresiones, las opiniones, los sentimientos,... Y la experiencia creo que ha valido la pena.

Un blog es, en cierto modo, una historia de fidelidad. Pero también supone constancia, oficio y, sobre todo, dedicación. Es como un escaparate de tus propias ideas, opiniones y sentimientos. De eso se trataba. Aunque, con el paso de los días, se abren nuevos abanicos de posibilidades, se perfecciona el estilo y se mejora la técnica. En esas estoy.

 Y quiero agradecer la colaboración de todos: de los asiduos lectores, de los silenciosos críticos y de los que han aportado sus excelentes comentarios.

CRUCE DE CULTURAS

CRUCE DE CULTURAS

            Tarde de mayo en la calle Conde de Aranda. Regreso en el autobús 22 – una auténtica ruta turística para el viajero sin prisas – hasta el barrio de Las Fuentes. Todo cambia continuamente a través de la ventanilla del transporte urbano: los edificios, las personas, los establecimientos, los solares, las calles,… Pero lo que más me sorprende es la travesía urbana por esta calle zaragozana que, en menos de diez años, ha cambiado completamente de fisonomía y cada vez me recuerda más a una calle periférica de un barrio de Londres o de un arrabal neoyorkino. Los portales se llenan de personas de distintas culturas y diferentes razas. Muchos, al parecer, viven más en la calle que en los pequeños cuchitriles del Casco Viejo, donde tal vez estén hacinados. Y esos portales que desfilan con rapidez ante mi vista se han nutrido de nuevos inquilinos, de nuevos comercios, de nuevos rótulos. Se mezclan en una babel variopinta tiendas de chinos, bares de chinos, restaurantes orientales con casas que ofrecen comida turca, con bazares marroquís o locutorios subsaharianos. Y así viven, o sobreviven. Y conviven aparentemente en paz. Y se muestran aparentemente felices, a pesar del desarraigo. Porque, al parecer, han logrado escapar de la miseria. Vida de calle. Ocio de calle. Vagabundeo por las estrechas calles adyacentes. Soportando el paso de los días. Sin prisas, sin sobresaltos, como esas palmeras que tan bien cuadran con el marco oriental que engalana esta calle recién remodelada. De vez en cuando, un establecimiento autóctono, de los de siempre: Pompas Fúnebres Aragón, Colegio de las Escuelas Pías o Academia Marco. Y, pocos metros más allá, surcando el horizonte, la torre de San Pablo: de otro tiempo, de otra época, de otra cultura. Mudo reflejo de la mezcla variopinta de estilos, como ese latido intercultural que dota a la calle Conde de Aranda de un aire diferente. Como de otra época ya vivida, definitivamente caducada. Aunque vuelva de nuevo a renacer después de varios siglos.

DEPORTE Y CULTURA

DEPORTE Y CULTURA

           Fin de semana de mayo primaveral. Carrera popular Carrefour el domingo por la mañana. Participamos Javier y yo. Y, aunque lo importante es participar, miramos de reojo el reloj para tratar de lograr nuestros modestos objetivos. Javier se atreve con los nueve kilómetros por primera vez. A sus once años quizás sea de los más jóvenes que emprenden esta aventura y terminan con una marca aceptable para su edad: 47 segundos. Yo llego dos segundos más tarde. Me contento con haber bajado de 50 segundos. Hace diez años que no participaba en la modalidad larga y no había entrenado mucho. Lejos quedan los tiempos en que rondaba los 40 segundos. Los años no pasan en balde.

            Tarde de lectura en casa: prensa dominical y El amor en tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Estoy disfrutando más de su relectura que de su primera lectura. Y es que el escritor colombiano demuestra una vez más en esta novela sus excelentes dotes de fabulador y su admirable dominio del estilo. La prensa dominical está llena de pequeñas noticias: tragedias en la carretera, problemas con la carestía de la vivienda y el empleo juvenil,… Y, en lo deportivo, el adiós de Cani. ¿Qué ha pasado? ¿Quién ha tenido la culpa de esta huida por la puerta pequeña de una de las promesas del Zaragoza del futuro? El tiempo lo dirá,… De momento, la desilusión está servida. Y la incertidumbre, también. Y eso es lo peor para un equipo sin rumbo definido.

IMPRESIONES DEL FIN DE SEMANA

IMPRESIONES DEL FIN DE SEMANA

            Regresas de un breve fin de semana – comparado con los pequeños puentes anteriores – y te encuentras con una Zaragoza que parece que, por fin, se empieza a tomar en serio que sólo faltan dos años para la Exposición 2008: calles cortadas, avenidas desconocidas y obras por doquier. Y la primera idea que te viene a la cabeza es dejar el coche en el garaje hasta el próximo sábado. Porque quizás valga la pena viajar en autobús, a pesar de la irregularidad de este medio de transporte; o desempolvar la bicicleta olvidada en el trastero, con los riesgos que conlleva este tradicional medio; o desplazarte a pie, aunque tengas que levantarte 20 minutos antes y hacer frente a las inclemencias del tiempo. Ganarás en salud, en tranquilidad y hasta le puede ir bien a tu maltrecho bolsillo, tal como se está poniendo el oro negro.

            Tu regreso coincide con varias efemérides, como los 25 años de El Corte Inglés en Zaragoza, representados en otros tantos leones rampantes que flanquean le Paseo de la Independencia; los 5 años del asesinado del senador del PP, Manuel Jiménez Abad, de cuyos asesinos todavía no se sabe nada; el día de la madre, cacareado a diestro y siniestro por los comercios y grandes almacenes; y un largo etcétera. La gente apura en la calle las últimas horas del domingo, mientras regresas de La Romareda con un sabor agridulce: has visto ganar a tu equipo en casa después de tres meses ante un rival sin entidad; has presenciado un partido con el campo medio vacío, con los espectadores desilusionados, con la mente puesta en la próxima temporada; has escuchado en la radio mientras regresabas en un autobús abarrotado que el Zaragoza B está prácticamente en Tercera; que se van a ir otros buenos jugadores del Zaragoza, entre ellos Cani; que ha habido partidos amañados y maletines ambulantes. Y apagas la radio y prefieres contemplar el paisaje urbano: parejas felices, grupos alborotados, ancianos solitarios y calles llenas de basura y desperdicios. Y piensas ya en el lunes, en la vuelta a lo cotidiano, en los asuntos pendientes, en este mayo eterno, largo y corto a la vez, en el no ya lejano final de curso. Y quieres ser positivo, y optimista. Aunque la realidad no te lo pinte de este color y los hechos desmientan a los deseos. Porque piensas que hasta la justicia es, a veces injusta…Pero aún queda mucha primavera. Para soñar despierto y ver la realidad con el arco iris de fondo, como después de una tormenta.

 

EL "TEMPO" COTIDIANO

EL "TEMPO" COTIDIANO

            Hay un tiempo subjetivo y un tiempo objetivo. A medida que avanza la primavera y transcurre el mes de mayo parece que el tiempo se acelera. ¿Por qué? Las razones pueden ser muy diversas: para los estudiantes, se acerca el final de curso y las tan esperadas vacaciones de verano; para los jubilados se aproximan las fechas de acercarse al pueblo que les vio nacer y cultivar su pequeño huerto o jugar la partida de guiñote con los amigos; para los amantes del fútbol, porque se acerca el mundial y quieren ver en acción a sus ídolos,…

            Sin embargo, el único tiempo que existe es el que apuramos día tras día como un cigarrillo efímero que se deshace entre los dedos. Días, semanas, meses, años,…todo un rosario de vivencias que tenemos y, en décimas de segundo, dejamos de tener. Por eso vivimos más hacia ese futuro más o menos inmediato, hacia un futuro de evasión, hacia un futuro de ensoñación, hacia un futuro de ilusiones. En nuestra mente, el futuro no equivale a fracaso, ni a decrepitud, ni a deterioro; aunque, en realidad, ese futuro desconocido nos aporte no sólo lo que anhelamos, sino lo que nunca habríamos soñado ni deseado.

            Tiempo real y tiempo imaginario comparten la misma esfera. Aunque sus pasos sean distintos y su perfil, en ocasiones, casi antagónico.

POR EL BARRIO DE LA JOTA

POR EL BARRIO DE LA JOTA

            El lunes festivo zaragozano nos deja un agradable sabor de boca. Parece un nuevo domingo, pero con la perspectiva de una semana más breve y acelerada. Una temperatura agradable y una brisa suave nos acompaña en el paseo por el barrio de la Jota, en constante y sorprendente evolución. Las viejas fábricas de Cogullada van dejando paso a bloques de pisos; la antigua azucarera permanece erguida con sus dos altivas chimeneas; el nuevo campo del San Gregorio luce sus mejores galas en un partido vespertino, aplazado por la lluvia del sábado. Sin embargo, todavía predomina la suciedad de los solares; el sabor rancio de las casas abandonadas y el abandono de algunas fábricas, ocupadas hasta hace poco por familias sin techo y sin recursos. Mucho tiene que cambiar todavía el barrio de la Jota para ser un lugar agradable para tantas familias jóvenes que estrenan vida en común e inician proyectos compartidos. De momento, parece que va a mejorar en servicios, transporte y equipamiento. Que no es poco. Aunque todo vaya lento y a golpe de proyectos o de empujones presupuestarios. Esperemos no se cruce el capricho de algún político y eche al traste cualquier intento de mejora. No sería la primera vez. Ni la última.

REGRESO

REGRESO

Todo regreso supone un reencuentro. Aunque sea un reencuentro con la estela gris de la ya casi olvidada rutina o con los problemas que habíamos dejado aparcados. Pero todo regreso es también un motivo de alegría, un volver a empezar, un comprobar que estás vivo. Y que tienes ilusión. Y que la vida sigue, de momento. Aunque haya noticias sorprendentes: que el PAR-PP hayan logrado paralizar las obras de la Romareda, que los vendedores del rastro están en huelga echando piedras sobre su propio tejado, que la Expo 2008 sigue avanzando a paso de tortuga,... Y noticias agridulces: que Conchita Martínez se retira del tenis como profesional, que ha llovido poco y la cuenca del Ebro sigue deficitaria, que vuelve el cierzo hasta el cuarenta de mayo,...

El regreso nos enfrenta al espejo de nuestros problemas y, en ocasiones, volvemos a huir hacia adelante y pensamos en el próximo fin de semana, y en el otro. Que son más largos que los habituales. Aunque haya que volver a empezar en martes.

AQUELLOS VIERNES SANTOS

AQUELLOS VIERNES SANTOS

Aquellos Viernes Santos

de los años sesenta

vienen a mi memoria en estas fechas

distintas y distantes.

Recuerdo el Viernes Santo

de un pueblo de la sierra turolense

teñido de morados, de grises o de negros,

lleno de procesiones, de visitas sagradas, de silencios.

Recuerdo Viernes Santos de mi infancia

desde el púrpura triste en los altares

y los bares cerrados, y la gente acallada

por el sonido gris de las carraclas

y las campanas mudas en su espanto.

Recuerdo Viernes Santos en Aliaga

en los años felices de mi infancia

y casi me estremezco

al comprobar que el paso de los años

ha borrado aquel ambiente sacro

que inundaba las mentes y los actos

hasta de descreídos.

 

AZAHAR

AZAHAR

En la Ribera Baja del Júcar, en la comarca de Alcira, donde estoy disfrutando de unos días de descanso, el olor a azahar se desparrama por los caminos, surca las calles y penetra en los patios y jardines. Hasta hace pocos años no había podido disfutar de este aroma inconfundible que caracteriza a la primavera valenciana y que orea el ambiente. Antes de conocer de cerca esta tierra tan favorecida por el clima y por la cercanía del Mediterráneo, soñaba con el olor a azahar de la mano de Blasco Ibáñez - recuerdo la lectura de Entre Naranjos - y de Andrés Hurtado, protagonista de la excelente novela de Baroja El árbol de la ciencia. Pero, en este caso, la realidad supera a la literatura, y poder disfrutar de una mañana apacible rodeado de naranjos y disfrutando del olor a azahar es algo difícil de explicar. Porque el azahar no sólo es aroma, el azahar es tacto, el azahar es movimiento, el azahar es un proceso imparable que culmina con ese diminuto fruto que en menos de nueve meses se convertirá en naranja navelina, clementina o valencia.

DIEZ AÑOS

DIEZ AÑOS

            Hoy hemos celebrado el “día grande” del Décimo Aniversario del Instituto “Ramón y Cajal”. Ha sido una mañana de preparación, de detalles de última hora, de algunos nervios, y una tarde de reencuentro, de celebración, de reflexión. Diez años son muchos y son pocos, depende de cómo se mire. Diez años son los suficientes para marcar una pauta y mirar hacia el pasado con proyección de futuro. Diez años son el fruto de un trabajo cotidiano y el recuerdo de algo que ya no volverá.

            Pero prefiero no volverme muy nostálgico en esta noche y mirar hacia el mañana. Los alumnos también van a celebrar su propio cumpleaños y abrirán así las puertas a unos merecidos días de descanso. Porque la recta final del curso ya está ahí y hay que tener las pilas bien cargadas.

CRUCE DE CAMINOS

CRUCE DE CAMINOS

            Se entrecruzan las fechas, las actividades, los acontecimientos. La vida es un cruce de caminos efímero y paradójico. Mientras el escritor Ramón Acín motiva a los alumnos de 1º y 2º de ESO a leer cuentos y les introduce en el mundo de la ficción, los alumnos de bachillerato comparan y contrastan la poesía de dos transgresores casi coetáneos, aunque muy distantes: Jaime Gil de Biedma y Miguel Labordeta.

            Se entrecruzan los intereses, los afanes, las aspiraciones. Y coinciden simultáneamente las experiencias lúdicas de los alumnos que están disfrutando del sol en la plaza de San Marcos de Venecia con los que se preparan para visitar dos cavidades bajo tierra de muy distinto perfil: las extraordinarias cuevas de Molinos y el Museo Minero de Escucha. Todo un atractivo en ese Teruel que permanece dormido durante meses en el pozo del olvido.

            Se entrecruza la realidad cotidiana con el sueño utópico. Y Kafka convive con Saint-Exupery. Y el arte de Antonio Fernández Molina se expone al mismo tiempo que los cuadros de Pradilla. Y en el Paseo de la Independencia se entremezcla la poesía con la burda creatividad. Y la Feria del Libro Antiguo cede el paso a la Feria del Libro Infantil. Y Lorca vuelve al Principal que va perdiendo público a medida que avanza la primavera y se atisban por fin esas vacaciones efímeras y acotadas.

            Cruce de caminos. La realidad se entremezcla con la ficción. El arte se hace más tangible. Los poetas bajan a la acera. La vida asimila este cóctel agridulce que destila un poso de siglos.

SENSACIONES

SENSACIONES

Mientras avanza la primavera a pasos agigantados y las calles se engalanan de colores chillones y de prendas extravagantes, la mayoría de los estudiantes piensan ya en esas vacaciones de Semana Santa, tan esperadas como efímeras. Lo que más inquieta a nuestros jóvenes adolescentes es ese mañana eterno que comienza en un soñado viernes por la tarde – más dilatada desde el cambio de la hora – y termina en una tarde de domingo de regreso, de reposo o de nostalgia prolongada. Llegará esa semana de asueto y muchos se aburrirán al día siguiente; otros buscarán alejarse de la gran ciudad, y un pequeño grupo se refugiará en la música, el cine, el deporte o la cultura.

            La calle es un reclamo durante estos días. Las plazas recoletas se convierten en refugio improvisado de ancianos, de jóvenes y de niños. En los colegios e institutos se programan semanas culturales o viajes de estudios para complementar un largo trimestre que habrá dejado en ocasiones un sabor agridulce. Todo son sueños e ilusiones, promesas y aspiraciones: los zaragocistas sueñan ya con la séptima Copa del Rey, los cofrades con las procesiones, los pequeños con ser de una vez mayores, los jóvenes por llegar a adultos, los prejubilados por dejar definitivamente un trabajo que cada vez les cansa más.

            Es la eterna rueda de la vida. La espiral ascendente del destino. El laberinto intrincado de la existencia. Porque la primavera también es tiempo para pensar, para filosofar o para plasmar por escrito lo que dicta el corazón y la mente tamiza.