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josemarco

IMPRESIONES

LA MAREA BLANCA

LA MAREA BLANCA

                                       Cae la nieve fugaz

                                       en este valle gris asilenciado

                                       por los duros rigores del invierno.

                                       Se posa el manto blanco

                                       sobre el cauce del río

                                       y sobre los tejados relucientes

                                      de  casas encaladas

                                      que albergan silenciosas

                                      con ojos de nostalgia

                                      el eco de un pasado.

                                      Casas como personas,

                                      casas como azucenas

                                      ajadas por el tiempo.

 

                                     Mientras la nieve cubre

                                     las calles de tu infancia,

                                    contemplas la fachada de tu casa

                                    inundada de paz y de recuerdos.

                                    Una oleada azul

                                    revive aquellos días invernales

                                    de sueños e inquietudes,

                                    perdidos ya en la bruma

                                    de esta marea blanca

                                    que oculta el tono gris

                                    de los adioses

                                    y el poso de nostalgia

                                    eternizado.

 

                                 Cae la nieve fugaz.

                                Y el valle se recrea en los silencios

                                de vidas que se fueron

                                y alimentan el eco

                                de las casas con alma,

                                con ojos de pasado,

                                con ojos de nostalgia

                                heridas por el tiempo

                                y la memoria.

SUEÑOS OCULTOS

SUEÑOS OCULTOS

                                  

COMPÁS DE ESPERA

COMPÁS DE ESPERA

     La tarde de San Silvestre siempre ha sido para mí una tarde de nostalgia, de recuerdos, de reflexión. Es verdad que el 31 de diciembre es un día más, que no es el final de ningún ciclo, ni el cierre de ningún proyecto. Pero el calendario lo ha elegido como una fecha simbólica y significativa.
     Esta tarde invernal, grisácea y húmeda me lleva año tras año a pensar en los trescientos sesenta y cinco días que han quedado atrás definitivamente. Y, como la memoria es muy selectiva, desfilan por mi mente los momentos positivos de estos doce meses. Recuerdo los pequeños logros personales, el crecimiento de mi hijo, las nuevas amistades, el calor de la familia, las ilusiones que siguen en pie, los sueños de futuro, el día a día esperanzado a pesar de los pesares.
     Esta tarde es también una tarde de deseos y de gratitud. De buenos deseos y de mil gracias para todos aquellos que han compartido conmigo estas líneas. Mi gratitud para los más de cien mil visitantes de esta bitácora desde el pasado mes de abril. Mis mejores deseos de felicidad para todos aquellos amigos y amigas que me empujan día tras día a vivir con ilusión el futuro más cercano.
     El año que termina no ha sido el mejor el el ámbito social y económico. Ni mucho menos. Es de desear que, a partir de mañana, la balanza se vaya inclinando hacia las cosas bien hechas, hacia la ausencia de hipocresía y victimismo, hacia la honradez de los políticos, hacia una economía más saneada y más justa. Es de desear que, más allá del limitado horizonte de nuestra ciudad, país o nación, los habitantes del planeta Tierra seamos cada vez más conscientes de que este capitalismo salvaje no conduce a ninguna parte. Es de desear que nos demos cuenta de que no es más feliz el que consume más, sino el que ama más, el que comparte más, el que contagia más entusiasmo e ilusión.
     Los problemas de este año no deben empañar una mirada limpia hacia el futuro, un talante cada vez más optimista, una actitud liberada de prejuicios. Por eso me gustaría brindar esta noche con la copa del optimismo, con las uvas de la generosidad, con los dulces de la felicidad de los pequeños momentos.


FELIZ AÑO 2011 PARA TODOS LOS QUE HABÉIS DADO MÁS VIDA A ESTAS PÁGINAS CON VUESTRO APOYO E INMENSO CARIÑO.

BRUMA PRENAVIDEÑA

BRUMA PRENAVIDEÑA

    Te levantas con talante reflexivo y espíritu crítico. Te encaminas hacia el centro de la ciudad. Una ciudad semidormida, cubierta por la bruma en estas primeras horas de la mañana. Una ciudad alejada por unos momentos del ajetreo de las compras compulsivas, del concierto de luces y música navideña, del falso hechizo de estos días cada vez más lastrados por el capitalismo y la paradoja del progreso.

     La bruma que adormece la ciudad es como una metáfora de estos tiempos que nos ha tocado vivir. Una metáfora de unos políticos adormecidos, de unos jóvenes sin iniciativas, de una sociedad resignada y conformista. Mientras surcas las calles más céntricas, observas una manifestación en una de las plazas más emblemáticas

y ves en las puertas de los comercios y de las entidades bancarias algún mendigo que llora de necesidad.

     Estás en vísperas de Navidad. Una Navidad más, cada vez más laica, cada vez más desprovista de todo ropaje tradicional, cada vez más comercializada. Hojeas la prensa y te sorprende que se hable poco de lo que crees esencial. Te extraña que se dediquen tantas páginas, tantos titulares, a la posible supresión de la liga el próximo 4 de enero, a los pocos agraciados con la lotería, a los falsos ídolos del espectáculo o del deporte.

     Mientras regresas a casa, se comenta una noticia en el autobús: esta noche se despide Iñaki Gabilondo de su programa en la cadena CNN+. Y piensas que es una despedida agridulce, un adiós decepcionante. Iñaki va a dejar un hueco difícil de cubrir. Algunos respirarán tranquilos. Pero los auténticos demócratas notarán un vacío, un tremendo hueco.

    Al filo del mediodía, la ciudad comienza a desperezarse. Se notan las vacaciones escolares, se nota el ajetreo de las últimas compras. Se nota la paga extra - tremendamente recortada en tu caso. Algún ciudadano lleva su aguinaldo en la mano y camina presuroso. Quizás piense en los suyos. Y en la cena de mañana. Una cena de ausencias, de recuerdos, de cálidos mensajes. Al margen de las servidumbres del progreso, al margen del consumo compulsivo.

NO HAY MÁS REMEDIO

NO HAY MÁS REMEDIO

     En la vida hay veces en las que no hay más remedio que resignarse a lo inevitable. Pero esas ocasiones tienen que ser, en mi opinión, muy pocas e irreversibles. Porque es una pena que oigas cada día en boca de representantes del gobierno y en la de muchos políticos, economistas, intelectuales, e incluso periodistas, la frase "no hay más remedio", que aplican indiscriminadamente a las situaciones más dispares.

     Confiesan sin ningún tipo de atenuante y sin dejar un resquicio a la mejora o al cambio, que no hay más remedio que resignarse a las consecuencias del cambio climático, que no hay más remedio que aceptar un progresivo recorte salarial, que no hay más remedio que acatar determinados decretos, que no hay más remedio que mentalizarse para trabajar hasta los 67 años, que no hay más remedio que apretarse el cinturón...

     Y el ciudadano de a pie se pregunta si esto es una marcha atrás irreversible o si tiene alguna solución.

     Siempre me he inclinado a mirar la botella medio llena en lugar de medio vacía. Siempre he tendido al optimismo más que al derrotismo. Siempre he buscado la tenacidad por encima de la resignación. Siempre he intentado arañar algo de utopía al lastre de la rutina cotidiana. Por eso me sorprende que personas relevantes en la política nacional y autonómica se dejen llevar por la inercia del derrotismo, de la resignación o del quiero y no puedo.

     No sé lo que pensarán los futuros votantes. Pero me imagino buscarán a líderes más optimistas, más inquietos y más creativos. Todo un reto para los políticos. Toda una apuesta de futuro. ¿Alguien será capaz de superarla?

 

DESDE TU BALCÓN

DESDE TU BALCÓN

     Al filo del crepúsculo, contemplas ese cielo agrisado, caprichoso, casi insolente. Desde tu balcón - ese mirador privilegiado que te remite a tu infancia - observas el perfil de una de las montañas que circundan Aliaga, con sus pinos jóvenes, sus arbustos humildes, sus piedras eternas tejidas de un blanco agrisado.

    Desde tu balcón, percibes tenuemente el fluir de la tarde, herida de soledad y de nostalgia. Un lejano sonido se personifica por momentos y el silencio emite paulatinos latidos de melancolía.

    Desde tu balcón, te recreas atisbando a vista de pájaro el perfil de las casas deshabitadas, el color rojizo de los tejados humedecidos por las últimas lluvias, la chimenea humeante del antiguo horno de leña, hoy excelente casa rural.

    Desde tu balcón, adivinas el cauce del río, que discurre agazapado entre una hilera de chopos desnudos. Vuelves al pasado de este pueblo turolense, tu pueblo. Y no puedes evitar que el corazón se llene de emociones contenidas y que en tu mente se entrecucen caminos ya olvidados, senderos infinitos, sueños de futuro.

MÁS ALLÁ DE LOS SUEÑOS

MÁS ALLÁ DE LOS SUEÑOS

                                 Cada día que nace

                          se perfila un camino,

                          una andadura virgen

                          más allá de lo sueños.

 

                           Cada día que nace

                          se abre una nueva ruta

                          teñida de esperanza

                          y preñada de oscura

                          incertidumbre.

 

                           Cada día que nace

                          se esboza un horizonte

                          que besa el infinito

                          y anticipa sin tregua

                          vivencias no soñadas,

                          hechizos del azar

                          y un cruce de caminos

                          más allá del amor,

                          más allá del presente,

                          más allá del latido cotidiano.

BELLEZA SIN OCASO

Dicen que tu belleza es tu juventud.

 

Pero no.

 

Tu belleza es la dulzura de tus ojos,

profundos como el mar,

la tersura febril de tu mirada,

cual océano azul,

inabarcable.

 

Tu belleza es tu sonrisa recatada,

dulce como una nueva primavera,

sin el ocaso gris de los otoños

ni el letargo apagado del invierno.

 

Tu belleza son suspiros amorosos

que nacen como espigas

desde tu corazón,

más allá del ocaso,

más allá de lo efímero del tiempo.

 

Pero que no te engañen.

 

Llevas la juventud en tus entrañas.

No es una juventud de porcelana

ni de guiños postizos.

 

Tu belleza es quizás

un regalo secreto de los dioses.

OJOS DE NIÑO

Quisiera traspasar

esta niebla agrisada de los años

y volver a esa vida de la infancia

con mis ojos de niño,

ojos de soledad y de ternura,

ojos escrutadores,

ojos enamorados del futuro.

 

Quisiera revivir

esos años de luces y de sombras,

de sueños agridulces

vividos al compás del blanco y negro,

entre montañas grises

y un río enmarañado

sin rumbo ni destino.

 

Fue mi primera vida,

esa que sólo queda en una imagen,

casi difuminada,

con mis seres queridos,

con mis ojos de asombro,

con la esperanza azul de las mañanas.

 

Me cuesta recordar esos momentos,

cada vez más lejanos.

Sólo me gustaría

revivirlos sin más

en la memoria

de los pasos perdidos.

AMOR DE OTOÑO

AMOR DE OTOÑO

Como estas gotas de lluvia,

frágiles, recatadas, presurosas,

que repiquetean en mi ventana

en esta tarde otoñal,

así son tus caricias.

 

Como esta luz crepuscular,

que tiñe de color cárdeno el horizonte

en esta tarde dulce y silenciosa,

así son los destellos

de tu mirada densa, enamorada.

 

Como este paraje solitario,

inundado de verdes y amarillos

cual  una nueva arcadia,

así  es tu presencia,

fugaz e inadvertida

como la vida misma.

UN PASEO MATINAL

UN PASEO MATINAL

     Volver a La Clara en una fresca mañana de finales del verano es un viaje hacia un auténtico oasis natural sólo reservado a unos pocos.

     Volver a este rincón de Aliaga es embeberse de belleza natural y disfrutar de una sinfonía plural de colores, aromas y sonidos.

     Volver a surcar este sinuoso camino, dejando a la izquierda un regato claro y cristalino, es disfrutar por unos instantes de un tiempo detenido, asilenciado.

      Te acercas a uno de los rincones más pintorescos de tu pueblo el domingo por la mañana y vuelves a disfrutar de un sol que acaricia, de una brisa que cosquillea, de un silencio que traspasa todas las fronteras.

       Dejas la bicicleta al borde de la carretera que conduce a Miravete de la Sierra y comienzas a caminar entre chopos, carrascas, sabinas y algún enebro. El camino serpentea y, como lo conoces casi de memoria, no te resulta pesado. Después de avanzar unos quinientos metros, contemplas la cascada que no cesa de entonar sobre el verde del musgo y sobre la piedra humedecida una eterna canción de sosiego y fugacidad heraclitiana.

      Contemplas el fluir del agua durante unos minutos. Unos buitres merodean en el horizonte nítido y azulado. El aroma de las plantas lo inunda todo. Las mariposas pregonan su libertad y, bajo el agua cristalina, dicen que aún queda algún cangrejo autóctono, incontaminado.

      Regresas de La Clara con los sentidos inundados de este plácido amanecer dominical. Te has saturado de luz, de claridad, de verdor. Te has embebido, un año más, de lo más natural. Este año el agua y la humedad lo dominan todo. El verano ha pasado sólo de puntillas por este bello rincón tan admirado por los habitantes de Aliaga y por todos los que disfrutan de su entorno.

HUELLAS DEL PASADO

HUELLAS DEL PASADO

     Las tardes de los domingos se han convertido en momentos de nostalgia, en instantes de despedidas agridulces, en testigos mudos de adioses amargos.

      Mientras los coches desfilan hacia Zaragoza, paseas por la ribera del río La Val hacia los pequeños huertos cada vez más abandonados, cada vez más olvidados. A medida que te acercas a tu huerta y contemplas los perales semisecos, el manzano desmochado y el nogal agonizante, recuerdas cómo hace unas tres décadas esta huerta producía hortalizas de todo tipo, un agua clara surcaba la acequia y los frutales acudían cada otoño a su cita habitual. Manzanas, peras, nueces,  membrillos y alguna que otra ciruela alegraban la entrada del otoño e iban a parar a los graneros o falsas de las casas.

      Después de este verano lluvioso, la hierba se ha adueñado de casi todos los huertos. Las paredes se desmoronan, los caminos se desdibujan, los linderos desaparecen. En esta tarde de domingo, mientras contemplas este paisaje cada vez más asalvajado, un halo de nostalgia recorre tu espina dorsal y en el paisaje solitario adivinas el inicio del cercano otoño. Un otoño sin los frutos de antaño, un otoño sin el trasiego de carretillas, caballerías o pequeños tractores.

     Son las huellas del pasado, el inevitable poso del paso del tiempo. La naturaleza sigue su ritmo mientras la mano humana desaparece de estos caminos, de estas casetas abandonadas, de este río que desafía con su corriente el eco de lo efímero e irreversible.     

EL PULSO DE LA CIUDAD

EL PULSO DE LA CIUDAD

     La ciudad va recobrando su pulso cotidiano a medida que se acercan los últimos días de este atípico mes de agosto. Pero, al parecer, si paseas por las calles de Zaragoza durante un día cualquiera de esta semana de calor agobiante, compruebas que los establecimientos, las calles, las plazas, las avenidas, quieren renacer de un largo letargo, como si intentaran desperezarse después de una dulce siesta bruscamente interrumpida.

    En las terrazas todavía se habla del verano, de las fiestas de los pueblos, de las horas de playa, del "dolce far niente". Alguno pregunta por el hijo de la vecina, el que acaba de comprarse un coche de alta gama. Tener en lugar de ser. Apariencia en lugar de realidad. En los bancos del paseo, los ancianos aprovechan la sombra de la mañana, antes de que el sol vacíe las avenidas. Piensan ya en el otoño, en ese futuro tan cercano. Hablan del agua del embalse de Yesa, que es algo mejor que la que se bebía antes. Critican a los políticos, sean del partido que sean. Y esperan que la crisis se desvanezca. Pero la mayoría son escépticos e incluso pesimistas.

     Los niños y adolescentes comienzan a llenar las calles de los barrios. Barrios en fiestas, como el de San José. Barrios en vísperas de fiesta, como el de Las Fuentes. Es como si las fiestas de los pueblos se prolongaran. Como si todo el año fuera una fiesta eterna. Es la noria del tiempo. Es la evasión de la rutina, la lucha contracorriente. Todo para eludir esa espada de dámocles que pende de un hilo muy tenue y que marca el inicio de un nuevo curso: madrugar, ajustarse a un horario, organizarse un poco, intentar hacer algo para evitar el cada vez más extendido "ni-ni".

    El pulso de la ciudad se va acelerando poco a poco a medida que el pulso de los pueblos se desvanece, se ralentiza, pierde su intensidad. Contrastes profundos. Sensaciones opuestas. Vuelta a la rutina y a la cotidianeidad.

LOS SECRETOS DEL BUZÓN

LOS SECRETOS DEL BUZÓN

     No me gustan los buzones actuales de las comunidades de vecinos. Parecen pequeños nichos entre cursis y decadentes. Prefiero los de las casas de campo americanas: amplios, independientes, casi solemnes. Tampoco me gustan los buzones como receptáculos pasivos de cartas. Prefería las cartas entregadas en la mano, después de un grito del cartero de Aliaga o las cartas debajo de la puerta durante mi breve estancia en Alcaraz.

    De todos modos, los buzones siempre guardan algún secreto, alguna pequeña sorpresa. Todo ello a pesar de que el corro electrónico y las redes sociales hayan dejado fuera de combate a esas cartas de amor, a esas misivas familiares, a esas epístolas profundas y dilatadas. Pero la cruda realidad es que mi buzón, después de cuatro semanas fuera de Zaragoza, estaba rebosante de cartas de bancos, de recibos y más recibos. Sólo alguna carta me ha interesado de modo especial: los abonos del Real Zaragoza para la próxima temporada liguera con dos acciones de Agapito Iglesias, la felicitación de El Corte Inglés en vísperas de mi cumpleaños, un vale de 12 euros de mi óptica por el mismo motivo y, como sorpresa final, el apunte detallado de mi nómina de julio con un importante y sensible descuento. ¡Qué le vamos a hacer! Todo sea para contribuir a salir de una crisis que no se ha dejado ver durante el verano, al menos en lo que a ocio y consumo se refiere.

    En dos o tres décadas, los buzones irán de capa caída. Todo nos llegará por la red. Quizás así ahorremos algo de papel y contribuyamos a la cada vez más precaria salud del Planeta. Quizás el buzón sólo quede como una nostálgica reliquia. Como esos buzones de las casas de los pueblos, que acogen polvo, agua y algún que otro papel publicitario durante los diez meses que está la casa vacía. Diez meses que en muchos pueblos están comenzando ya. Finales de agosto, regreso a la rutina y vuelta a la ciudad. ¡Menos mal que nos queda la ilusión de los fines de semana!

UN POEMA OLVIDADO

     Mientras ordenaba mi despacho, he rescatado un poema que escribí a principios de 1998. Es como una modesta declaración de intenciones y como una defensa de la vida del poeta caracterizada por la honestidad, el compromiso y el afán de desentrañar la emoción de lo cotidiano. Aunque hoy no lo escribiría así, lo rescato tal como lo creé en aquel día de enero, hace ya doce años.

                                                  SER POETA

                                  Ser poeta o mendigo o cualquier cosa,

                                  ser, en definitiva, un hombre honesto

                                  que se levanta audaz y enamorado

                                  embriagado de luz azul del alba.

 

                                  Ser poeta o bohemio o cualquier cosa         

                                  ser, en definitiva, un peregrino

                                  tras las huellas austeras de Machado

                                  o de León Felipe en el exilio.

 

                                  Ser o no ser más que hombre sincero,

                                  un hombre del montón de los mortales

                                  - en el mejor sentido del vocablo -

                                  si Dios y la Fortuna lo permiten.

 

                                   Lo demás son postizos añadidos

                                  que cual ropaje y frágil atavío

                                  hemos de renovar día tras día

                                  si no queremos ver cómo el hastío

                                  nos devora por dentro sin remedio.

EL SABOR DEL VERANO

EL SABOR DEL VERANO

     Paseo vespertino por la ciudad del cierzo y del bochorno. Surcas con la bicicleta las nuevas vías verdes - carriles bici - herencia de la Exposición Internacional de 2008. Contemplas el cauce del río, cada vez más escuálido, a pesar de las copiosas lluvias primaverales. La ciudad huele a madera quemada, a hierba socarrada, a cemento rusiente. Mientras pedaleas por una superficie llana y sinuosa - sin reloj, sin prisas, sin agobios - recuerdas otras tardes estivales, evocas otros ríos más vivos, más cercanos, y comienzas a saborear los primeros días de un verano que se te antoja fugaz y escurridizo, como tantos otros.

     El sabor del verano es diferente al de las demás estaciones. Es un sabor agridulce, es un sabor penetrante, es un sabor prolongado. Porque la tarde se prolonga hasta el infinito. Porque el crepúsculo se esfuma de los dedos y cede el paso a una noche efímera. Porque el sol se resiste a abandonar el horizonte y adquiere un protagonismo difícil de eludir. Regresas por el mismo camino tapizado de cemento verde. Sólo te detienes en los pasos de peatones. Observas de nuevo las riberas del Ebro y contemplas a lo lejos los edificios de la Expo, casi todos vacíos, silenciosos, como esqueletos de piedra.

     Al filo de la noche, desde la galería, muy cerca de los inevitables plataneros, vuelves a contemplar el cauce del río, esta vez más plateado, más idílico, más atractivo. Es el sabor de las noches estivales en una ciudad semidormida, sedada, casi irreconocible. Es el sabor del verano.

AL FILO DEL VERANO

AL FILO DEL VERANO

     Como otros fines de semana, aprovechas la mañana soleada del domingo para pasear por las riberas del Guadalope. El agua fluye alegre, presurosa. Las lluvias de la primavera han alimentado el cauce de este río que suele tener problemas de estiaje.  Antes de iniciar tu recorrido bajo la sombra generosa de los chopos cabeceros, contemplas el pueblo desde las eras. La panorámica presenta un elemento nuevo, ocasional: una plaza de toros portátil que ha servido de lugar de encuentro para todos los aficionados durante las fiestas de San Juan, de gran tradición y arraigo en Aliaga. Los toros embolados, las vaquillas y el concurso de recortadores se han celebrado sobre la verde hierba del campo de fútbol, convertido durante unos días en ruedo improvisado. La gente ha disfrutado durante dos días con estos festejos. Eso sí, los toros y las vaquillas se han encontrado más cómodos en su terreno, como si estuvieran en el campo.

     Mientras te encaminas a la fuente de La Cedrilla, contemplas el paisaje primaveral. A pesar de que el calendario señala los primeros días del verano, todavía perduran las tormentas y la brisa fresca de las mañanas. Los árboles sonríen satisfechos. Algunos aún sobreviven, a pesar de la crudeza de los largos inviernos. Los que se encuentran enfrente del molino, fueron plantados hace cuatro décadas por los escolares del pueblo. En la ladera de las montañas, uno pinos jóvenes muestran toda su lozanía y las sabinas salpican la aparente aridez de algunas colinas pedregosas. Al filo del verano, todo se conjura para afrontar tres meses de temperaturas más altas, de crepúsculos dulces y dilatados, de noches interminables bajo el fresco rumor de la madrugada. La fiesta de San Juan marca un antes y un después en el devenir del pueblo. Y el mayo, como testigo mudo, dará la bienvenida a los vecinos y visitantes hasta que el verano vaya declinando, poco después de las fiestas de septiembre en honor de la Virgen de la Zarza.

AMAPOLAS EN PRIMAVERA

AMAPOLAS EN PRIMAVERA

                                                       Mariposa de luz,

                                                     libélula escarlarta en la mañana

                                                     vestida de silencio.

                                                      Perla roja efímera

                                                     entre el verde armonioso de los campos

                                                     y el azul insolente de este cielo

                                                     sin nubes ni horizontes.

                                                      Brotas en los ribazos o en la acequia

                                                     o en medio de los trigos primerizos.

                                                      Surges desde la nada

                                                     - ababol de mi infancia -

                                                     cual desafío al tiempo,

                                                     con tus pétalos suaves

                                                      heridos de misterio.

                                                       Cuando llega la noche,

                                                      te ocultas tan sumisa como frágil

                                                      y cedes el relevo a las estrellas

                                                     que tapizan el cielo

                                                     y siembran de armonía este paisaje

                                                     que huele a primavera.

LISTAS DE ESPERA

LISTAS DE ESPERA

     Nunca me han gustado las listas de espera, ni las colas interminables, ni los números que te asignan en los mercados, ni el tener que pedir la vez, ni los inútiles minutos que uno tiene que esperar después de marcar un 902 mientras suena una monótona música de fondo y se repite como una cantinela la voz apergaminada de un empleado o empleada.

     Es tal la saturación de determinadas oficinas de la administración que, o te plantas en la puerta a horas intempestivas, o te quedas fuera de juego. En Zaragoza ocurre esto si quieres renovar el DNI. No hay manera de conseguir cita por internet, ni por teléfono. Y es casi imposible hacerlo por la mañana, a no ser que te ausentes horas y horas del trabajo. Menos mal que algunos de los que tenemos del documento de identidad caducado no tenemos que presentarnos ante notario ni viajar al extranjero a corto plazo. Lo mismo sucede con la declaración de la renta en las oficinas habilitadas por Hacienda. es impostible conseguir un número o una cita. Cada uno tiene que buscarse la vida como pueda. O paga a algún gestor particular o realiza un cursillo intensivo y acelerado.

     Pero las esperas y las largas colas no son sólo por motivos oficiales ni para apuntarse a las listas del Inem. Ayer por la mañana, mientras me desplazaba en coche a mi lugar de trabajo, me sorprendió una larga cola de jóvenes - sobre todo chicas - a las puertas de un céntrico hotel zaragozano. Me quedé con el interrogante. Hasta que hoy, hojeando el periódico, he comprobado que estos jóvenes no buscaban un trabajo o iban a comprar entradas para algún concierto. Nada de eso. ¿Sabéis a qué estaban esperando? A una prueba para llegar a ser nuevos "triunfitos", es decir, para participar en el enésimo programa de Operación Triunfo. Todos querían triunfar, hacer valer su autoestima, alcanzar la fama y, si es posible, llevar en el futuro una vida más o menos desahogada.

     En mi barrio ocurre desde hace unos meses un fenómeno curioso: una frutería que ha abierto recientemente está siempre tan llena que llama la atención a los que pasan por la calle. Los dueños han instalado bancos para que los clientes esperen sin cansarse ni impacientarse y, además, se puede coger un número y volver al cabo de un lapso de tiempo razonable. ¿Por qué será? ¿Mejores precios? ¿Mejor trato? Algo distingue a este estableciemiento de otros que están casi vacíos.

     Donde no había muchas colas esta tarde era en la Feria del Libro de Zaragoza. Algunas casetas estaban casi vacías. Y eso que el clima era ideal - no hacía calor ni amenazaba tormenta-. Un librero se quejaba de la falta de compradores y decía lo que parece ya un tópico: "muchos curiosos - mirones - y pocos compradores". ¿Será que la crisis se ha cebado con la cultura? Porque las terrazas adyacentes estaban bien nutridas. Y los clientes hacían cola en un mostrador. Paradojas de la vida. Es verdad que nada es lo que parece. Pero las apariencias, a veces, no engañan.

* La fotografía es de la página http://gizmodo.com

UN VALLE SILENCIOSO

                                                                          Cuando vayas a Aliaga

                                                                 camina por sus calles recoletas

                                                                 y goza del silencio

                                                                 bajo la sombra gris del mediodía

                                                                 al filo del verano.


                                                                  Cuando vayas a Aliaga

                                                                 embébete del verde del paisaje

                                                                 y saborea al alba

                                                                 el lento despertar de la jornada

                                                                 en las mañanas claras.


                                                                  Cuando vayas a Aliaga

                                                                  recorre el Cascajar y paladea

                                                                  el crepúsculo dulce

                                                                  que anticipa una noche tapizada

                                                                  de millones de estrellas.


                                                                   Cuando vayas a Aliaga

                                                                  no olvides la ascensión hasta el castillo

                                                                  y contempla el hechizo

                                                                  de este valle sublime y pintoresco

                                                                  herencia de los siglos.


                                                                   Cuando vayas a Aliaga

                                                                  busca el cauce del río Guadalope

                                                                  en los días de otoño

                                                                  y acaricia los chopos centenarios

                                                                  junto al rumor del agua.


                                                                   Cuando vayas a Aliaga

                                                                  acércate a la Porra, a la Cedrilla,

                                                                  saluda a la Virgen de la Zarza

                                                                  y disfruta en silencio

                                                                  de un entorno de luz en primavera.


                                                                    Cuando vayas a Aliaga

                                                                   no digas nunca adiós,

                                                                   sólo hasta luego,

                                                                   porque querrás volver cual peregrino

                                                                   hacia la senda azul de los recuerdos.