Blogia
josemarco

IMPRESIONES

CINCO AÑOS DE VIVENCIAS

CINCO AÑOS DE VIVENCIAS

     He vuelto a navegar esta tarde por mi blog y he retrocedido cinco años en el tiempo. Un tiempo que se esfuma entre los dedos y que ha quedado plasmado en estas páginas como testigo mudo de vivencias, recuerdos e ilusiones. Aquel año 2005 lo recordaré porque el 22 de febrero, un día de nevada histórica en Zaragoza, leí mi tesis doctoral.

     Pero estos cinco años han traído también consigo sinsabores. Y ausencias. Grandes ausencias. Todo ello ha quedado reflejado en esta bitácora. Todo ello ha quedado como una huella, como un profundo poso, como el espejo más o menos deformado de la memoria cotidiana.

     Hoy quiero recuperar mis primeros escritos en este blog. Quiero plasmar mis primeras impresiones de finales de mayo y mis primeras vivencias y recuerdos. Eso sí, vuelvo a reiterar mi gratitud a los que dedican un poco de su tiempo a leer estas páginas, a los que escriben algún comentario y a los que me animan a seguir, de momento, un año más.

     Tarde dilatada de mayo, mientras se desgranan los recuerdos de otros mayos ya olvidados, entre el murmullo suave del Guadalope y los verdosos chopos que flanquean su frágil cauce. Tarde dilatada de mayo y mi mente divaga estremecida hacia ese Amazonas cada vez más amenazado, hacia la locura del tráfico, hacia este casi eterno final de trimestre. Tardes dilatadas de mayo y la esperanza convoca amaneceres nuevos, lluvias sosegadas y un ansiado callejear al estilo labordetiano. Lo demás es mejor dejarlo, de momento, en el tintero oscuro del olvido. (25 de mayo de 2005)

 

     Algunos pueblos de Teruel, en especial de la comarca del Maestrazgo, brindan al viajero un encanto especial. Sus calles estrechas y empinadas respiran todavía un aire medieval. Sus casas nos acogen entre la penumbra y nos ofrecen el solaz que escasea en las grandes ciudades. Algunos pueblos de Teruel nos llenan de melancolía y sólo cuando la primavera avanza - siempre un poco tarde - despiertan del largo letargo invernal y nos invitan a gozar de la vida con calma, sin estrés y con un horizonte distinto al del cemento y el asfalto. En algunos pueblos de Teruel, como en Aliaga, el silencio habla y las estrellas se multiplican con el crepúsculo. (26 de mayo de 2005)

* FOTOGRAFÍA: Vista de Aliaga desde el solanar de mi casa.

 

 

SÓLO QUEDA EL PAISAJE

SÓLO QUEDA EL PAISAJE

                                                                                 Sentado en un recodo el camino,

                                                            mientras las aguas surcan rumorosas

                                                            el valle solitario,

                                                            evocas con nostalgia ese pasado,

                                                            ese ayer tan distinto y tan distante,

                                                            al filo del olvido.

                                                              Te preguntas qué queda ya de aquello

                                                            que acompañó tu infancia

                                                            y fue un testigo mudo

                                                            de aquellos años tiernos y felices

                                                            teñidos por la bruma.

                                                              Queda tan poco ya

                                                             de aquel pequeño pueblo bullicioso,

                                                             con las calles repletas de sonrisas

                                                             y las casas abiertas a la vida.

                                                               Casi no queda nada

                                                             del pantano, la térmica, los huertos,

                                                             la cedrilla, las minas y el molino.

                                                                Pero queda el paisaje,

                                                             los chopos centenarios,

                                                             el río rumoroso

                                                             y la vida que fluye silenciosa

                                                             en la mañana azul de primavera

                                                             al borde del camino. 

¿SÓLO UN JUEGO DE PALABRAS?

¿SÓLO UN JUEGO DE PALABRAS?

    No voy a entrar a juzgar las reacciones de los diferentes medios de comunicación aragoneses a raíz de la fotografía que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha publicado en su blog - "La luna de Valencia" - como graciosa anécdota de un viaje privado.

     Quizás la veterana política ignore que los aragoneses no tenemos el mismo sentido del humor que los valencianos. Tal vez no sepa que un cargo público debería actuar con discreción, incluso en su vida privada, y debería reflexionar antes de tomar algunas decisiones.

     De todos modos, ya que nos lo hemos de tomar con el fino e inteligente humor valenciano - que nos gustaría compartir algún día - es curioso observar en la fotografía,que  hemos tomado de un medio de comunicación, que el juego de palabras que llamó la atención a la alcaldesa valenciana está orientado - según ella - a animar a sus potenciales votantes para que en el 2011 vuelvan a volcarse en su candidatura. Pero no sé si sabe doña Rita que "botar" tiene varias acepciones en el diccionario de la Real Academia y que una de ellas es "arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo".  Por tanto, no es lo mismo Vota a Rita que Bota a Rita. En este caso, la anécdota de la alcaldesa se puede volver totalmente en su contra. Porque a ningún habitante de esta localidad zaragozana se le ocurriría pensar - y menos escribir - su topónimo con "v".

     Lo único positivo que tiene esta curiosa y sorprendente noticia es que nos ha sacado por unos momentos del pozo oscuro del panorama económico, de las sinrazones de la judicatura, de los rifirrafes entre los políticos y de la interminable recta final de un largo curso escolar.

LOS PAGANOS DE LA CRISIS

LOS PAGANOS DE LA CRISIS

     Se veía venir. Aunque casi nadie se esperaba que, de buenas a primeras, el presidente del gobierno, presionado por la Unión Europea y por Obama, iba a tomar una de las medidas más impopulares de sus seis años de mandato: rebajar el sueldo a los funcionarios.

     No se sabe todavía si la medida es la más acertada, aunque los expertos en economía han dado su visto bueno e, incluso, la han aplaudido. Pero lo que está en boca de todos es que los funcionarios seguimos siendo considerados como un grupo privilegiado - no sé por qué - y que, queramos o no, tenemos que pagar los platos rotos de una crisis que se ha desencadenado, al parecer, por motivos financieros.

      Uno se pregunta, además, qué ocurrirá a finales de julio, en plenas vacaciones de verano, si al previsible recorte en la nómina se añade una subida del IVA de dudosa eficacia. Está claro que, como dice el tópico, habrá que apretarse el cinturón. Y esto repercutirá en el consumo. Un consumo que ya está bastante afectado desde hace casi dos años.

      Al parecer, afirman los expertos, estas medidas han llegado demasiado tarde y son un mal menor. ¿Estamos, quizás, en el inicio de un nuevo ciclo de recesión? De momento, nadie es capaz de responder a esta pregunta. Lo que está claro es que, mientras los funcionarios cargamos con la cruz de la crisis, muchos especuladores están haciendo su agosto y numerosas empresas privadas aprovechan para mantener altos los precios y aumentar escandalosamente sus beneficios. Dicen que es la ley del mercado. Puede que sea así. Pero no sé si habrán pensado en bajar los precios de algunos productos de primera necesidad para aliviar un bolsillo cada vez más castigado por la crisis.

RECUERDOS Y NOSTALGIAS

RECUERDOS Y NOSTALGIAS

     En la rueda incesante e irreversible de los días, hay momentos para el reencuentro, hay instantes para la nostalgia y hay pequeños resquicios para el recuerdo. Porque, si te pones a pensar un poco, tal día como hoy, hace nada más y nada menos que quince años - tu hijo era casi un recién nacido - tu Real Zaragoza, tu equipo de siempre, alcanzaba una de las metas históricas que han quedado guardadas en la hemeroteca de tu memoria: conquistaba frente al Arsenal inglés la Recopa en París, en el último suspiro de un encuentro inolvidable.

        Pero este 10 de mayo ha sido también una jornada de reencuentros: has vuelto a recuperar una antigua amistad gracias a una de estas redes sociales tan denostadas; has vuelto a leer en un periódico local una columna de Cristina Grande, con su habitual estilo lleno de sugerencias y palpitaciones; y has vuelto a ver, gracias a la gentileza de una compañera de trabajo, la grabación del programa Borradores, dirigido por Antón Castro, que había desaparecido misteriosamente de tu videoteca.

       Recuerdos, encuentros y nostalgias, como un abanico que se pliega misteriosamente. Porque la nostalgia está semioculta bajo el velo sutil de los recuerdos. Y has notado un escalofrío de nostalgia mientras contemplabas fotografías de tu hijo cuando era aún un bebé. Has sentido nostalgia cuando veías a tus alumnos fotografiados en primero de secundaria - todavía niños - y ya están a punto de acabar el bachillerato. Te has sumergido en un halo de nostalgia cuando, al filo de una tormenta vespertina, has recordado tu temor a las tormentas durante esos años de tu niñez en Aliaga.

       Porque, a decir verdad, hoy no ha sido un día más. Ninguna jornada es una jornada más. Todas muestran esa cara oculta, con frecuencia agridulce, que hermana los recuerdos con las nostalgias, los reencuentros con las vivencias efímeras de cada momento.

 

LA CIUDAD DORMIDA

                                                            Mientras la ciudad duerme,

                                       te sumerges en mares de silencio

                                       y acaricias las horas que se esfuman

                                       cual pájaros de espuma.


                                        Mientras la ciudad duerme,

                                       un huracán de luz azuleante

                                       se desata sin freno y sin recato

                                       al filo del futuro.


                                        Mientras la ciudad duerme,

                                       se condensan sin tregua los recuerdos

                                       y el eco de la vida

                                       se transforma en un grito de esperanza.


                                        Mientras la ciudad duerme

                                       cortejas a la noche enamorada.

PARAJES SOLITARIOS

PARAJES SOLITARIOS

     Me gusta conducir por carreteras secundarias. Me gusta contemplar parajes, agrestes, solitarios, casi abandonados. Me gusta observar las siluetas de esos pequeños pueblos que intentan a duras penas renacer del duro invierno y olvidar la cruda realidad de soledad y aislamiento.

     La ruta elegida para viajar a Aliaga desde Belchite no es en esta ocasión la habitual. A veces es bueno dejar los caminos trillados y buscar veredas imprevistas - como diría en el siglo XIX el escritor e historiador romántico José María Quadrado -. A veces conviene volver a itinerarios casi olvidados y acercarse a Maicas - ese pueblo encantador que vemos en la fotografía - y recordar momentos felices vividos en su recoleta plaza. Y evocar momentos de tristeza, de ausencia de un amigo que se nos fue para siempre.

     La carretera serpentea entre pequeñas colinas sembradas de carrascas. Lo primero que se contempla en lontananza son los Baños de Segura un antiguo balneario que funcionó como centro de aguas termales desde el siglo XIX hasta 1986, y que tuvo momentos de apogeo hasta que quedó casi asolado después de las guerras carlistas. Se advierte desde lo alto una futura restauración del edificio antiguo. Poco después, aparece el pequeño pueblo de Segura de Baños, después de una curva que bordea las casas arracimadas en torno a una iglesia sin campanario, entre dos cerros, y cortejadas por sendas torres semiderruidas de antiguos castillos que sufrieron las consecuencias de las guerras carlistas. Toda esta zona de la comarca turolense de las Cuencas Mineras ha sufrido, como tantas otras, el éxodo casi masivo de sus habitantes hacia lugares más prósperos y con mejores servicios. En Maicas me comentan que sólo hay cuatro o cinco casas abiertas en invierno, habitadas por jubilados. En Segura de Baños ocurre algo similar. Hasta que salimos a una carretera más acorde con el siglo XXI, en Vivel del Río, cruce de caminos y entrada al valle del río Martín que se encamina rumoroso hacia Martín del Río y Montalbán.

      Me comenta un vecino de Segura que están preparando una romería para el próximo fin de semana. Que muchos vecinos se van a reunir en la ermita  de la Virgen del Pilar después de recorrer unos seis kilómetros, que es una fiesta muy tradicional y un inicio lejano del verano. Aunque este año no parece que el tiempo sea ni siquiera primaveral. Me cuenta también que esta zona atrae cada fin de semana muchos cazadores y que el turismo es el único reclamo - si se puede llamar así - para este recodo olvidado de la provincia de Teruel.

EL REINO DEL VERDE

EL REINO DEL VERDE

     Te acercas a la ribera del Guadalope en una mañana fresca, soleada, levemente desapacible. La suave hierba, cada vez más verde, acaricia las plantas de tus pies y emite un susurro casi inapreciable. Es el reino del verde, el reino de la primavera, el reino de la frescura y la lozanía.

     El río desciende con orgullo, casi con altanería, hacia lugares más escabrosos y acaso inhóspitos. De momento, se alía con las riberas y se contagia de ese verdor milagroso, casi inverosímil. El último mes de abril - húmedo y lluvioso como pocos - ha dejado una estela de humedad en el ambiente que se extiende a todo el valle y acaricia incluso las laderas de las cercanas montañas.

    Llegas a un remanso del río, junto a un pequeño recodo. El agua parece que se detiene a reflexionar y renuncia, al menos en apariencia, a ese continuo fluir tan inquieto y efímero. Vuelves a comtemplar el paisaje más cercano: las huertas amarronadas, los chopos con sus primeras hojas diminutas verdeamarillas, que brotan con timidez, los frutales en flor, los arbustos que se desperezan después de un largo y monótono invierno. En el cielo, unas nubes blanquecinas parecen acudir a este reino primaveral como si estuvieran invitadas al festín visual y auditivo de la naturaleza.

     Por unos minutos, te refugias en el silencio sosegado del valle y te olvidas de la gran ciudad. Allí reina el gris y el verde de los árboles asiste como un convidado de piedra al triunfo de lo artificial, de lo amanerado, del bullicio del asfalto y de los amaneceres opacos.

 

RETAZOS POÉTICOS

                                                              La aurora dulce

                                        adquiere en el ocaso

                                            un poso amargo.


                                            La primavera

                                       se burla a carcajadas

                                           del crudo invierno.


                                             Noche serena

                                        con la luna cual duende

                                             desde la vega.


                                            Desde el otero

                                         contemplo aquel paisaje

                                            dormido y yerto.


                                               El río fluye

                                          entre los viejos chopos

                                              casi en silencio.


                                              Se esfuma el tiempo

                                            como gotas de lluvia

                                               entre los dedos.


                                                El amor pasa

                                             entre las amapolas

                                                y las carrascas.


                                               Cuando amanece

                                             parece que la vida

                                               vuelve a su cauce.

NIEVE EN PRIMAVERA

NIEVE EN PRIMAVERA

     Caminar por el valle de Ordesa el día 23 de abril, en plena primavera, es un placer reservado a unos pocos. Y hollar la nieve casi virgen durante varios kilómetros hasta llegar al final de este valle - Parque Nacional desde 1918 - en el Circo de Soaso y contemplar la imponente, sublime, Cola de Caballo es algo para recordar y - ¿por qué no? - para recomendar a todos los amantes de la naturaleza.

     La ruta comienza al principio del valle, junto a un aparcamiento restringido. A partir de ahí, se nos  presentan quince kilómetros de camino a orillas del río Arazas, que nace en el macizo del Monte Perdido (3355 metros) y vierte sus aguas al río Ara que, esplendoroso y juvenil, con un color blanquiverde envidiable, recorre todo el valle de Broto, Boltaña y Aínsa. El camino es sinuoso, con altibajos, con pequeños repechos. Lo alfombran al principio pequeñas piedras grises, después uno va pisando suaves hojas amarronadas de los miles de hayedos que pueblan este valle y, al final, algo que no podíamos imaginar esta mañana: un camino de nieve, un sendero blanco que ofrecía una estampa invernal en esta primavera tardía y desapacible.

     Nos detenemos en cada una de las cuatro cascadas que forma el río en pugna con las piedras y otros elementos naturales. Admiramos la cascada de Arriba, la del Estrecho, la de la Cueva, las Gradas de Soaso - que podemos ver en la fotografía - y, por último, el espectáculo de la Cola de Caballo. Una cascada que rompe el silencio del final del valle y marca un camino vertical e inaccesible hacia el refugio de Góriz (2200 metros), lugar privilegiado para tantos montañeros que preparan su ascenso al Monte Perdido, visitan las Grutas de Casteret o descienden por Marboré al valle de Pineta.

     Es la tercera vez que recorro este valle. La primera de ellas fue para ascender por esas clavijas que hoy hemos contemplado hasta Góriz y luego hasta el Monte Perdido. Una jornada inolvidable, no exenta de riesgos y de algún pequeño susto. Un día para recordar. Como este 23 de abril, día de Aragón, en el año de la Biodiversidad.

BAJO EL VOLCÁN

BAJO EL VOLCÁN

     Tarde plácida de primavera a orillas del Ebro. El río se desliza con un color ceniciento, como si llevara hacia el mar las cenizas del tristemente famoso volcán islandés Eyjafjalla. Parece mentira que la erupción de un volcán con la consiguiente vomitina de cenizas y lava haya logrado paralizar casi todo el tráfico aéreo de la Europa posmoderna y civilizada. Bajo el volcán - parafraseo la novela de Malcom Lorry, llevada con éxito a la pantalla por John Huston en 1984 - han quedado sumergidos durante casi una semana muchos de los problemas que preocupan cada día al ciudadano de a pie. Bajo el volcán, y víctimas de sus cenizas, miles de ciudadanos europeos no han podido realizar el viaje soñado, regresar de vacaciones o acudir a sus obligaciones laborales. Las cenizas de ese volcán casi olvidado en las enciclopedias han logrado llamar tanto la atención, que muchos problemas hasta ahora candentes se han pospuesto o difuminado. Ni siquiera nos hemos dado cuenta de que la primavera ha llegado por fin a las riberas de este río tan histórico. Y, hablando de historia, recuerdo en este momento esa película romántica de tintes históricos que me cautivó en mis años infantiles: "Los últimos días de Pompeya" (1960). El Vesubio arrasó esa ciudad e hizo desaparecer de la faz de la tierra cientos y cientos de hectáreas. Los hombres y mujeres huyen despavoridos de los ríos de lava que descienden de esa montaña maldita, casi fantasmal. Entonces no había vuelos a través des espacio aéreo, pero las consecuencias fueron más trágicas que ahora. Las cenizas del volcán islandés nos han hecho olvidar con cierto alivio durante unos días el rifirrafe continuo de los políticos, las idas y vueltas con los casos de corrupción, la crisis griega, los problemas de la inmigración, los secuestros, la violencia de género, los accidentes de tráfico,... Pero, desde hace unas horas, cuando la situación parece que tiende a normalizarse, ha vuelto a reaparecer el fantasma del paro, las discusiones en el Senado y en el Congreso, la nueva Rumasa y los altibajos casi crónicos de la bolsa. Hasta en el deporte rey han dejado algo de rastro las cenizas nórdicas. Ayer noche casi ningún aficionado reconoció al auténtico Barcelona de Guardiola, estaban como aturdidos, timoratos, agarrotados. Y eso sorprende hasta a los menos aficionados. Menos mal que las cenizas toman otro rumbo. Tal vez así los grandes jugadores recuperen de nuevo su olfato y volvamos a disfrutar del buen fútbol de Messi y compañía.

     Todo ello surge bajo las cenizas, bajo el halo fantasmal de un volcán hasta ahora desconocido, en una plácida tarde de primavera.

(La fotografía es de bolivia24.com)

OJOS DE MADRE

                                                           Ojos de madre,

                                       ojos enamorados,

                                       ventanas abiertas al mundo,

                                       abismos de nostalgia y de tristeza.

                                        Son esos ojos

                                       los que acunaron con ternura tus sueños

                                       infantiles.

                                        Son esos ojos

                                       los que restañaron las heridas

                                       de tu rebelde adolescencia.

                                        Son esos ojos

                                       los que te abrieron el camino

                                       hacia un horizonte de esperanza.

                                        Ojos de madre,

                                       eternos ojos femeninos,

                                       surcados por el paso de los años,

                                       efímeros, al fin,

                                       espejos del silencio del ocaso,

                                       abandonados al perenne sueño.

                                        Ojos de madre, sí,

                                       resucitados.

DÍA GRIS DE PRIMAVERA

DÍA GRIS DE PRIMAVERA

      La primavera viste de verde el paisaje de los campos y las laderas de las montañas. Pero, en la ciudad, en la urbe dominada por el cemento y el asfalto, viste de gris las avenidas, las siluetas de las personas que callejeann en esta tarde dominical, los paraguas, las farolas, las aceras, los visillos de las ventanas, el perfil de los árboles, la superficie del río, el cielo encapotado.

     Un cielo gris que en el horizonte más lejano se funde con el color cárdeno de las montañas y con el color blanquecino de esas nubes pasajeras, efímeras, casi inconsistentes. Desde mi ventana contemplo las altivas copas de unos chopos que pasan por encima de los tejados y dejan como regalo primaveral finas partículas de polen que producen las alergias y desencadenan una sinfonía de estornudos que rompen el aparente silencio de la tarde de este domingo de abril.

      Se dice con frecuencia que la primavera compite con el otoño, aunque sean dos estaciones aparentemente inversas. En cierto modo, es así. Al menos, cuando el sol brilla por su ausencia durante varios días y las nubes se enseñorean del paisaje. Primavera lluviosa, como las de antes. Primavera inestable y carprichosa. Primavera efímera y paradójica.

       Prefiero, de todos modos, estas tardes lluviosas que las insolentes tardes soleadas del mes de mayo. El tono gris del paisaje urbano invita a la reflexión, a la creación literaria, a la expresión de los sentimientos, al buceo en el mundo de los sueños, a un cierto perfil surrealista. En el fondo, el surrealismo aflora en casi todas las situaciones cotidinas y en casi todos los ambientes. Y en esta tarde de domingo se cuela la primavera por el recuadro gris de mi ventana como un fantasma silencioso y absurdo. Decididamente surrealista, como tantas escenas de las películas de Buñuel.

(La fotografía pertenece a la página taringa.net)

AMOR O VENENO

                                                                       A veces me pregunto

                                               si tu sonrisa azul de las mañanas

                                               es hechizo de luz o es simulacro

                                               surgido de las sombras del ocaso.

                                               A veces me pregunto

                                               si el esbozo que brota de tus labios

                                               teñidos de amapolas

                                               es amor o veneno.

                                                A veces me pregunto

                                               qué se esconde en el fondo de tus sueños,

                                               qué oculta tu mirada entristecida

                                               al filo de una tarde sin retorno.

                                                Quisiera ser profeta,

                                               quisiera ser un duende o adivino

                                               para pulsar el ritmo

                                               de tus dulces secretos.

                                               Pienso, de todos modos,

                                               al filo de las horas deshojadas,

                                               que es mejor ignorar

                                               o alimentar la dócil fantasía

                                               del que sueña en silencio.

                                                                     

POR EL BARRIO DE GARRAPINILLOS

POR EL BARRIO DE GARRAPINILLOS

     La celebración de un encuentro de fútbol en un campo distinto al que habitualmente utiliza el equipo visitante, me ha permitido volver a este barrio rural de Zaragoza - a 9 kilómetros de la capital y muy cerca del aeropuerto y de la plataforma logística PLAZA - que me trae pocos, pero buenos recuerdos.

     La mañana soleada y agradable de primavera invita a dar una vuelta por esta pedanía, que ha experimentado en los últimos años un notable crecimiento de población. Pero el crecimiento ha sido también en calidad de vida. Porque Garrapinillos tiene buenos servicios, selectos restaurantes, la Unión Musical y muchas peñas, como la de Jaime, ese amigo y compañero del Instituto de Miralbueno que nos invitaba a merendar a su peña, donde celebramos no pocas efemérides. Además, este barrio zaragozano ha peatonalizado recientemente la zona de las dos plazas, en el entorno del templo parroquial - cuya torre desafía al cielo en la fotografía - y del consultorio médico.

    En lo estrictamente deportivo, los cadetes del San José se han dado un auténtico paseo en un terreno de juego con hierba natural, bien cuidado. El resultado final - siete a uno para los visitantes - da una idea de la superioridad de la Unión Deportiva contra un Miralbueno que no ha tenido su día. Ha sido, por lo tanto, un partido de guante blanco y un impulso moral para un equipo que aspira a estar entre los cuatro primeros clasificados.

     Por lo demás, llama la atención la situación del campo al lado del cementerio, la mejora en los accesos al barrio por la carretera del aeropuerto - a costa de la tala de numerosos árboles - y las huertas que verdean a ambos lados del asfalto. Hemos pasado por Casa Justo, otro lugar de recuerdos y olvidos, y a lo lejos, hemos vuelto a contemplar casi eclipsado por tantos y tantos adosados, el antiguo Instituto de Formación Profesional de Miralbueno - hoy Instituto de Secundaria - en el que viví nueve felices años de mi vida docente.

EL GATO SOLITARIO

EL GATO SOLITARIO

     Te acercas con cautela y miedo en el cuerpo a ese pequeño caserío que todavía conserva algunas paredes de adobe y algunos tejados rojizos. Durante los quince kilómetros que ha durado el viaje  has sentido un oscuro desasosiego que ha ido  aumentando a medida que te aproximabas a la zona quemada el verano pasado. Han pasado ya más de ocho meses, pero la huella del fuego y de la ceniza sigue omnipresente en ese paisaje tan familiar hasta hace poco. Pensabas que las lluvias del otoño y las nieves del invierno iban a borrar la huella de la fatalidad. Pero no ha sido así. Es verdad que algunos pequeños brotes de pino pugnan por renacer de las cenizas, es verdad que en el horizonte se divisa algún árbol salvado milagrosamente de la tragedia. Pero, en el fondo, todo está igual o peor de lo que te imaginabas.

     Por eso, al llegar a ese caserío solitario rodeado por los meandros de la estrecha carretera y casi oculto en el seno de un valle hasta hace poco pintoresco, no puedes evitar un gesto de tristeza y de decepción. Aunque ya te lo imaginabas, te das cuenta de que la vida en ese valle ya no será como antes. Ya no se oye el balido de las ovejas, ni el campanilleo de las vacas, ni el aullido de los perros. Un silencio de plomo contrasta con el azul celeste de esta tarde de abril algo desapacible. Te acercas a la primera casa y observas un pequeño regato que nace de las entrañas de la colina. Te gustaría beber un poco de agua como hacías antaño. Pero no te atreves. Todavía parece un agua cenicienta, plomiza, como oxidada. Y es que la vida que nace de las entrañas de la tierra lucha día a día contra el poso de los campos arrasados, contra la tiranía del fuego, contra el dolor del bosque castigado cruelmente hace menos de un año. Sólo oyes a lo lejos el maullido lastimero de un gato. Quizás busque a su amo o tal vez haya sobrevivido como testigo mudo de aquellos días grises e implacables.

* La fotografía pertenece a la web telecinco.es

LOS ECOS DEL SILENCIO

LOS ECOS DEL SILENCIO

                                                                     Todo me habla de ti

                                              en esta ya incipiente primavera

                                              teñida de recuerdos y nostalgia.

                                             

                                                                     Todo me habla de ti.

                                              El silencio sonoro de las calles,

                                              el rumor de mi río,

                                              nuestro río,

                                              el ocaso fugaz de la arboleda

                                              en este valle azul

                                              estremecido.

                                              

                                                                     Todo me habla de ti

                                              mientras contemplo

                                              el envidiable verde de las mieses

                                              y los brotes de luz

                                              adolescentes

                                              de los chopos eternos.

                                             

                                                                      Sin palabras, sin voces,

                                              bajo un manto de estrellas insolentes,

                                              evoco entre la bruma

                                              tu cercana presencia

                                              cual un eco de vida en el silencio.

TIEMPO DE REFLEXIÓN

TIEMPO DE REFLEXIÓN

                                                                           El tiempo se te esfuma entre los dedos

                                                         y se posa, efímero,

                                                         en un turbio amasijo de recuerdos

                                                         o en un mar de silencio.

                                                         Las horas, los minutos, los segundos

                                                         marcan el devenir irrefrenable

                                                         de tus sueños sedientos de futuro.

                                                         La vida te atenaza ente los diques

                                                         de un pasado imposible

                                                         y de un futuro azul, sin horizontes.

                                                         Vuelves la vista atrás

                                                         y te recreas en lo que has vivido,

                                                         aunque hayan sido días agridulces,

                                                         horas de contraluz, minutos negros.

                                                         Por eso te emborrachas de presentes

                                                         sin pensar el el río heraclitiano

                                                         que te arrebata todos los segundos

                                                         sin que tengas apenas una brizna

                                                         de gozo aserenado.

ENTRE EL ABANDONO Y EL OLVIDO

ENTRE EL ABANDONO Y EL OLVIDO

     Caminas por las vías del canfranero, a la altura de Villanúa. La ruta ferroviaria serpentea entre suaves colinas, surca los barrancos y se encamina a su irremediable y frustante final. Es una tarde primaveral y te detienes a menudo a observar esa naturaleza exuberante, ese paisaje casi idílico aún no contaminado por el desarrollismo incontrolado. Esperas impaciente a que pase el último tren del día, el tren de la tarde, el tren de los románticos enamorados de esta vía que camina hacia la nada. A lo lejos, oyes el lento rumor de la máquina y emprendes con presteza una rápida escalada hacia un promontorio abrupto para observar ese pequeño convoy, casi sin pasajeros, surgiendo de la nada, caminando hacia su ocaso.

     Recuerdas durante unos segundos que, hace cuarenta años, esta línea dejó de atravesar la frontera y se quedó truncada, definitivamente amputada. Un accidente anunciado y casi esperado por algunos en tierras francesas sirvió de justificación al país vecino para clausurar una línea en la que casi nunca habían creído. Sólo los románticos y unos pocos más creían en ella. Sólo los de la región aquitana comienzan a creer en una difícil reapertura. Desde la estación de Canfranc, que va dejando su apariencia esquelética y fantasmal para transformarse en un pintoresco y acogedor hotel, observas los andenes, las vías, el reloj, la caseta del guardaagujas. Y evocas otros tiempos. E intentas imaginar esos cuarenta años de funcionamiento - desde 1928 hasta 1970 - con algún pequeño paréntesis. Y recuerdas la historia que guardan sus andenes. Y te viene a la mente la época de la segunda guerra mundial, con ese cargamento de lingotes de oro que llegaba a España y a Portugal por esta vía del Pirineo Central, todavía viva.

      Hoy todo huele a abandono e incertidumbre. Sólo queda una pancarta semidesgarrada como vestigio mudo de una manifestación - otra más - en defensa de este paso. Pero temes que todo caiga en saco roto. A no ser que algunos políticos se disfracen de romanticismo y afronten el futuro con otra mirada, con otro talante, con otra actitud.

LETARGO INVERNAL

LETARGO INVERNAL

     Silencio y soledad a orillas del Guadalope. Silencio y soledad en Aliaga. Las riberas conservan todavía a duras penas el color verdeamarillo de la hierba, castigada por un invierno húmedo y desapacible. La naturaleza comienza a desperezarse en estos días de marzo previos al inicio oficial de la nueva estación. Aunque por estos valles, la primavera se asemeja más a la primavera soriana de Machado y se resiste a levantar el vuelo. El letargo invernal se prolonga, casi siempre, hasta principios de mayo.

    Pero las huertas parecen tener otro color, otra fisonomía, otra mirada. Es la sonrisa secreta del paisaje la que hechiza al viajero que se detiene con su cámara digital para inmortalizar ese instante fugaz y efímero como la vida misma. Mientras tanto, el río, aparentemente ajeno a las estaciones y a las luces y sombras, se desliza sin tregua hacia otros parajes menos agrestes, menos invernales, menos solitarios.

    Silencio y soledad en el valle del Guadalope. Silencio y soledad en la comarca de las Cuencas Mineras. Los pueblos todavía están semivacíos. Las calles muestran su imagen más melancólica. A lo lejos, las luces de un pequeño caserío. Sólo vive un pastor. Se retira con la luz del día y prepara en el fuego del hogar un hervido que le alivie de los fríos de estas sierras turolenses. Más adelante, la chimenea de la térmica de Escucha y, poco después, el torreón del castillo de Hoz de la Vieja. Caravana de coches que regresan a la gran ciudad. Ha quedado atrás la huella del invierno y el sueño de una esperada primavera.