Blogia
josemarco

IMPRESIONES

DESAJUSTES COTIDIANOS

DESAJUSTES COTIDIANOS

     Hay días en los que a uno le gustaría escribir de novedades literarias, de logros culturales o de avances en la investigación. Pero, lamentablemente, el peso de los pequeños desajustes cotidianos puede más que la frescura de un relato o de una poesía preprimaveral.

    Hace tiempo que no escribo cartas a la prensa - las clásicas "cartas al director" - ¿para qué? Aunque me las solían publicar casi todas - algunas intencionadamente mutiladas - muy pocas lograban el objetivo propuesto: que se resolviera una situación anómala o, al menos, incómoda. Por eso he decidido mostrar mi pataleo en esta modesta bitácora y manifestar mi disconformidad con actos claramente arbitrarios e injustificados.

    Hoy podría hablar de la manifestación de ayer contra la prolongación de la edad de jubilación. Podría hablar de las interminables y polémicas obras del futuro tranvía, de los kamikazes que invaden las aceras con sus bicicletas, del recorte indiscriminado de las partidas dedicadas a la cultura, de las repetidas llamadas  a horas intempestivas de compañías de teléfono, de compañías de seguros o de entidades bancarias... Pero quiero comentar solamente lo que me ha ocurrido esta mañana en una entidad bancaria de la capital aragonesa. He acudido a hacer una transferencia interna de una cuenta a otra del mismo banco y cuál ha sido mi sorpresa cuando me han cobrado como comisión ¡un dos por ciento! de la cantidad ingresada. Menos mal que me he dado cuenta cuando ya no estaba en la sucursal. Si no, no sé cómo habría reaccionado. ¿Será también un efecto colateral de la tan cacareada crisis?

     Y es que la mayoría de las entidades bancarias - por no decir todas - se aprovechan del modesto ahorrador para sangrarle por donde pueden y cobrarle hasta por decir buenos días. Saben que tienen la sartén por el mango y actúan así, indiscriminadamente. Más les valdría cuidar mejor al cliente. Porque, al parecer, nos van a obligar a guardar el dinero debajo del colchón, como se hacía antaño. O a dilapidarlo de inmediato. Eso sí, los expertos en economía de este país aconsejan el ahorro a largo plazo por lo que pueda pasar. Pero, ¿cómo vamos a ahorrar si por una pequeña cuenta corriente te cobran anualmente comisiones de mantenimiento tan injustas como ilógicas? Luego se atreven a emplear el eufemismo "desajustes cotidianos" y se quedan tan tranquilos.

EL PULSO DE LA ACTUALIDAD

EL PULSO DE LA ACTUALIDAD

     Se despide enero, mes invernal por antonomasia, con su cortejo de miserias y su rosario de incertidumbres. Aunque sea un tópico caducado, el primer mes del año presenta du candidatura y desbroza el camino de los once restantes.

     Sin embargo, a uno cada vez le gusta menos programar por meses. Prefiere programar por semanas y, en ocasiones, incluso por días. Pero el mes de febrero es tan especial, es tan loco, tan imprevisible, que se presta a figurar como centro de actualidad y generador de eventos. A pesar de que no es mi mes preferido - ni mucho menos - en febrero nació mi hijo, en febrero leí y defendí mi Tesis Doctoral - un 22 de febrero que se recordará en Zaragoza por su última gran nevada -, y en febrero he disfrutado de viajes, efemérides y celebraciones.

     Pero el mes de febrero - que comienza por las fiestas de San Blas y de Santa Águeda, y alberga habitualmente la celebración del carnaval, ha sido testigo de uno de los momentos más difíciles de la democracia española. Precisamente durante ese mes tengo intención de leer la obra de Javier Cercas, Anatomía de un instante, basada en esos hechos cada vez más lejanos, pero muy presentes en la memoria colectiva de los que los vivimos más o menos cerca.

    No sé lo que nos deparará este próximo febrero en Zaragoza, en Aragón o en España. Tal vez sean días de incertidumbre, de debates, de contradicciones, de nuevas ideas, de nuevos retos, de nuevos desafíos. En la ciudad del Ebro muchos dirigiremos nuestra mirada hacia ese cauce del río Huerva, cubierto hace 86 años. Un cauce escuálido, desangelado, ninguneado, hundido en su propia miseria. ¿Se volverá a recuperar para la ciudad este aprendiz de río? Lo dudo mucho. En la autonomía se seguirá hablando de la candidatura para los Juegos de Invierno de 2022. Pero lo que todos los políticos tendrán entre ceja y ceja serán las elecciones de 2011. Va a comenzar la cuenta atrás y nadie quiere desligarse del carro electoral. En el ámbito nacional todo serán interrogantes, con la crisis económica como espada de dámocles. Es de desear que los dirigentes políticos - sean del partido que sean - no metan más la pata, moderen su lenguaje, se ahorren los exabruptos y pongan los pies en el suelo de una vez.

    Rescato un artículo sobre el río Huerva, que escribí en esa bitácora el 14 de noviembre de 2007:

 

     Tengo entre mis manos un libro de poemas de don Julio Monreal y Ximénez de Embún, una edición de lujo de 1994, editada con el título Aragón en poesías. En esta antología personal, este poeta zaragozano de noble familia aragonesa (1839-1890) desgrana con peculiar lirismo y con talento creativo treinta y dos composiciones sobre Zaragoza, su historia, sus tradiciones y sus efemérides más relevantes.

     Mientras Gustavo Adolfo Bécquer escribe sus Rimas, poco antes de que Galdós se diera a conocer con sus famosos Episodios Nacionales, este ilustre aragonés, colaborador literario de la prestigiosa revista "La Ilustración Española y Americana", dedica un breve romance al humilde río Huerva. Con un tono festivo y un enfoque irónico, el poeta zaragozano contempla desde la orilla un río que ya por aquel entonces - año 1861 - se deslizaba escuálido por la ciudad y presentaba los mismos problemas que ahora, siglo y medio después. No es para que nos sirva de consuelo, sino todo lo contrario. Transcribo unos versos para aquellos que quieran conocer a un poeta de la tierra, del que se conserva un pequeño monumento en la plaza Aragón de la capital y un busto en La Almunia de Doña Godina, ciudad de la que era oriundo.

                                                        ORILLA DEL GÜERVA

                                                         El Huerva, río famoso,

                                                        si famosos ríos hubo,

                                                        de la gran Cesaraugusta

                                                        las tapias lame o los muros.

                                                        Y no digo que los baña

                                                        porque fuera hacerle insulto

                                                        que a duras penas podrían

                                                        tomar unos pediluvios,

                                                        lavar tampoco supiera,

                                                        que lavar, según arguyo,

                                                        limpieza indica y él es

                                                        albañal de puro sucio.

                                                         Corre con sumo trabajo,

                                                        medio lírico y sin pulso,

                                                        aunque vergüenza le corre

                                                        de verse en un espejo, turbio,

                                                        padece de mal de ricos,

                                                        aunque es pobre en su flujo,

                                                        pues padece mal de gota,

                                                        que es en ríos mal anémico.

* FOTOGRAFÍA: El río Huerva a su paso por Zaragoza, del blog "Texto casi diario" de María Pilar Clau y Mariano Gistaín.

UN DÍA DE RECUERDOS

UN DÍA DE RECUERDOS

     No he estado esta mañana en la zaragozana plaza del Pilar para participar de esa fiesta colectiva en la que se degusta un pequeño trozo de roscón y medio vaso de chocolate caliente. Hoy, día de San Valero, patrono de la ciudad del Ebro, he aprovechado para viajar a Aliaga. Ha sido mi primer viaje del año a mi pueblo y he podido disfrutar de un día apacible, con un cierto poso de nostalgia y con el lastre agridulce de los recuerdos.

    Durante el viaje de ida, se podían contemplar manchas de nieve en las montañas, en las umbrías y en las cunetas. Nunca había visto zonas de nieve en las proximidades de Lecera. Tampoco son muy habituales en Muniesa, donde se atisba ya cómo repunta el cereal y cómo los campos están satisfechos, colmados de humedad. De todos modos, lo que más llama la atención es la sierra que corona el puerto de San Just, cerca de Valdeconejos.  La nieve tiñe de blanco todas las colinas. Parece que las nevadas se han ido acumulando una tras otra. Un paisaje invernal casi idílico.

    En Aliaga todavía queda nieve en algunos tejados, aunque el hielo ya ha desaparecido de las calles más empinadas. Al llegar a Cobatillas, el río Seco contradecía su nombre con un caudal alegre y cantarín. El río La Val bajaba copioso, más raudo que nunca. Y hasta el chorredor de Santa Bárbara vertía un pequeño hilo amarronado. En el pueblo, contraste invernal entre la desnudez de los chopos y el verdor casi opaco de los pinos. Los tímidos rayos de sol alegraban el atardecer e invitaban a dar un paseo. Porque está claro que en los pueblos el tiempo cunde más que en las ciudades, parece que los relojes se ralentizan y que el pasado nos guiña con complicidad. Porque es inevitable volver a la infancia y recorrer con la memoria los mismos caminos, las mismas calles, el mismo paisaje casi inamovible. Un día de recuerdos. Una jornada de nostalgia. Un paréntesis en la rutina casi enfebrecida de los días y de las semanas.

PÍLDORAS INVERNALES

PÍLDORAS INVERNALES

     El día acude perezoso a su cita y gana terreno a la noche invernal. El tono rosáceo compite con el gris diseñando un paisaje de contrastes. El alba se asemeja cada vez más al crepúsculo.

     Un manto blanco envuelve todavía los pueblos solitarios de la sierra turolense. A lo lejos, se divisan pequeños puntos negruzcos que rompen la monotonía de un paisaje casi desértico, incontaminado.

     En la ciudad, el invierno se disfraza de tonalidades grises y cárdenas. Sólo el silencio de los parques y el cuchillo del viento gélido alteran la monotonía de las avenidas y el molesto ruido de los motores.

     A medida que avanza el mes de enero, la luz va ganando terreno a la oscuridad. Es una pugna silenciosa, casi desapercibida. La tarde recupera su fisonomía preprimaveral y se engalana por momentos.

     La naturaleza permanece dormida, al menos aparentemente. Porque el cereal apunta con timidez y la savia de los árboles de hoja caduca se mantiene en continua ebullición.

NOCHE DE REYES

NOCHE DE REYES

      Noche de Reyes. Noche de esperanza. Noche de inquietud y de ilusiones para los niños. Queda lejos ya el importado papá Noel y los pequeños tienen una nueva oportunidad para disfrutar de los regalos de sus Majestades de Oriente.

      Recuerdo esta noche con especial cariño. En Aliaga los regalos llegaban al amanecer del día 6. Asocio esta fecha al frío y a las frecuentes nevadas. Me dejaban los regalos en la ventana. Pocos regalos, pero era lo que yo solía esperar y con lo que había soñado. Aún me emociono al recordar esos momentos.

     Han pasado los años y todo ha dado un giro copernicano. Los niños de los países desarrollados ya no saben lo que pedir, porque ya tienen de todo. Están saturados de juguetes y de medios informáticos. Los mayores queremos regalarles algo que les guste. Y, la verdad, es que no sabemos qué elegir. Es tan difícil acertar. Un amigo me decía que para muchos niños son reyes magos todos los fines de semana. Y, en cierto sentido, tenía razón.

     Esta noche los más pequeños tardarán en conciliar el sueño. Soñarán con camellos, con unos visitantes que vienen de países lejanos. Pero no sé si se acordarán de tantos y tantos niños que esta misma noche y todas las noches del año pedirán algo para llevarse a la boca. Quizás les falte también el cariño de sus seres queridos y estén esperando lo más elemental para sobrevivir.

     Noche de Reyes dispar. Noche de Reyes paradójica. Noche de Reyes de contrastes. Los recuerdos se entrecruzan con la realidad. Una realidad difícil para la mayoría. Por eso los mayores les pedimos a sus Majestades de Oriente toneladas de paz, quintales de justicia y miles de kilos de alegría e ilusión compartidas.

PEQUEÑOS PROPÓSITOS

PEQUEÑOS PROPÓSITOS

     La vida está hecha de pequeños propósitos. Sólo así se puede aspirar a modestos logros, a efímeras ilusiones, a esperanzadoras metas. Nunca me han gustado los manidos tópicos que salen a relucir cada año nuevo: voy a dejar de..., voy a empezar a..., voy a apuntarme a..., voy a realizar,... Prefiero los objetivos cercanos, casi del dia a día. Incluso la planificación semanal me parece, en ocasiones bastante ambiciosa. Hay tanta incertidumbre. Y tantas sorpresas. Y tantos acontecimientos imprevisibles.

     De todos modos, aunque me considero una persona organizada, cada vez dejo más de lado la pequeña servidumbre de la agenda. Y eso que las agendas me han atraído durante años y fueron uno de mis clásicos regalos de Reyes hasta hace poco. Pero, bien mirado, la agenda sólo es una pauta, un pequeño recordatorio. Como el calendario de bolsillo o el tradicional calendario de pared. Hay que reconocer  también que, aunque enero suene a estreno, no deja de ser un mes más. Que aunque el 2010 suene a estreno, no deja de ser un año más. Eso sí, un año redondo. Una nueva década. Parecía que fue ayer cuando comenzamos un nuevo siglo y un nuevo milenio.

     Todas estas reflexiones al filo del año nuevo - aunque ya han transcurrido casi tres días - pueden ir unidas a las grandes promesas de nuestros políticos, a los sinceros deseos de nuestras amistades, al pequeño propósito de cada día. Aunque hay muhas personas que prefieren evitar incluso estas pequeñas metas. Quizás así valoran más el momento presente y no se dejan llevar por ilusiones fáciles. Me gusta más valorar el paso del tiempo como una rueda, o como una sinuosa espiral. Eso sí prefiero la medieval rueda de la fortuna. Y es esa la que recomiendo a todos. FELIZ AÑO 2010.

* La fotografía es de la página web de Tomás Crespo.

ADIÓS AL 2009

ADIÓS AL 2009

     Siempre me ha resultado incómoda la última tarde del año. Suele ser una tarde gris, apagada, silenciosa. En realidad, debería ser como una tarde más. Pero no es así. Las horas se deslizan lánguidas y parece que nos dicen un adiós definitivo. Son los últimos minutos de un año que tiene poco que recordar y mucho que olvidar. Y nuestra memoria, como es tan selectiva, se quedará con lo positivo: con los excelentes nuevos amigos, con la entrada en la adolescencia de Javier, con el reencuentro con familiares a los que hace tiempo que no veía, con las inquietudes culturales y literarias, con el estreno de cada día con ilusión y esperanza.

     Aunque no me gusta hacer balances, no deja de ser una tarde de reflexión, de ojeada rápida hacia el pasado y de mirada sostenida en el horizonte del futuro. Es una tarde de interrogantes, de promesas y, por qué no, de expresiones de gratitud. Una tarde que quiero compartir con tantos amigos virtuales a través de estas más de mil páginas. Escribir me ayuda a crecer, a compartir y a exteriorizar aquello que pienso. En el horizonte, un año 2010 lleno de interrogantes. Es verdad que mañana será un día más en el calendario. Pero es bueno vivirlo como un estreno, como un trampolín privilegiado, como un nuevo impulso vital. Impulso que deseo compartir con todos los que os vais a seguir acercando a estas páginas que espero seguir creando y recreando.

     * La imagen es de la luna azul, que entrará esta tarde en eclipse parcial.

LA AUTÉNTICA NAVIDAD

LA AUTÉNTICA NAVIDAD

     Ha cambiado mucho la Navidad en las últimas décadas. En este mundo cada vez má globalizado en que vivimos, en esta sociedad cada vez más consumista, en este entorno cada vez más individualizado, es difícil reconocer la Navidad rural de nuestra infancia, la Navidad en familia, la Navidad sin lujos ni banalidades, la Navidad de villancicos y panderetas, la Navidad fría y desapacible junto al fuego del hogar, la Navidad sin teléfonos móviles, sin ordenadores, sin internet, con sólo dos canales de televisión.

     La reflexión que uno se hace durante estos días es evidente: ¿Cuál es la auténtica Navidad? ¿Qué Navidad preferimos los mayores? ¿Qué Navidad prefieren nuestros hijos? Si es que prefieren alguna,...

     Me inclino por unos días de celebración familiar sin inútiles despilfarros, sin comportamientos postizos para quedar bien, sin la fiebre compulsiva por comprar y comprar. Me inclino por una Navidad rural, con los ecos del silencio, con la compañia de la soledad, con la naturaleza como telón de fondo. Prefiero una Navidad que recupere las tradiciones, que no se deje llevar por el hechizo de papás noeles importados, que no pierda sus auténticos valores. Prefiero  una Navidad con belenes artesanales, con música de villancicos, con estrellas coronando árboles autóctonos. Prefiero una Navidad con Reyes Magos, con leyendas religiosas, con relatos tradicionales, una Navidad literaria.

     Uno es consciente de que no todos coincidirán en estas apreciaciones personales. Hay personas agnósticas, y hay que respetar sus ideas. No sé cuál será la celebración del futuro. No sé si se perderá - si no se ha perdido ya - la esencia de la palabra Navidad. En mi modesta opinión, vamos camino de unas celebraciones paganas, similares a las antiguas fiestas saturnales que celebraban los romanos con motivo del nacimiento del nuevo periodo de la luz. Sería una lástima, sin embargo, se perdiera la esencia de la auténtica Navidad cristiana, la que hemos heredado de nuestros mayores.

* La fotografía es de la colección de Albert Reyes Helguera.

DÍA DE LA SALUD

DÍA DE LA SALUD

     Un compañero de trabajo me ha comentado al final de la mañana que hoy era el día de la salud. Al principio me he quedado perplejo, pero después me he dado cuenta de que es una gran verdad. La lotería ha pasado de largo, como todos los años. Sólo un pequeño pellizco - pedrea y terminación - se ha quedado en Aliaga. La lotería de la comisión de fiestas ha vuelto a dar una pequeña alegría a los que año tras año vendemos un talonario. Aunque suponga una pequeña molestia, me alegra poder repartir entre mis amigos y conocidos setecientos cincuenta euros. Menos es nada.

     El 22 de diciembre es para mí una fecha agridulce. Pero, como la memoria es selectiva - afortunadamente - me quedo con la parte positiva: con las fiestas de final de trimestre, con los sinceros buenos deseos de los amigos, con el brindis por la salud, con el reencuentro con los tuyos, con la ilusión de mi hijo, con la esperanza a flor de piel.

     Sólo me resta desear a todos los que os acercáis de vez en cuando a estas páginas unos días muy felices. Y del año 2010 tendremos tiempo de hablar y escribir más adelante. De todos modos, que sea, al menos, como este que está terminando. Y, si puede ser, mejor.

ENTRE EL RECUERDO Y LA NOSTALGIA

ENTRE EL RECUERDO Y LA NOSTALGIA

     Este fin de semana me he desplazado de nuevo a Aliaga, al pueblo turolense que me vio nacer. Me gusta iniciar el viaje al filo del crepúsculo y atravesar la comarca de las Cuencas Mineras mientras cae la noche otoñal. Me gusta contemplar la silueta de los pueblos que emergen como pequeños planetas en medio de la oscuridad. A través del espejo retrovisor veo las casas de Cortes de Aragón, apiñadas formando un pequeño belén navideño. Luego se suceden los pueblos y los caseríos y las luces lejanas y las estrellas más madrugadoras. El castillo de Hoz de la Vieja exhibe su silueta inconfundible por encima de una pequeña colina. La torre de Montalbán - casi gemela de la de Aliaga - aparece en lontananza con su orgullo habitual. Utrillas, Escucha, Valdeconejos, Mezquita, Cuevas de Almudén, Jarque de la Val, Hinojosa de Jarque, Cobatillas y Aliaga. Casi me conozco el camino de memoria. A pesar de que es noche cerrada, el coche adivina las curvas, se acomoda a los recodos, surca raudo esa ruta casi habitual en los últimos años.

     En Aliaga nos espera la estufa de leña recién encendida. Unas patatas se asan lentamente en el pequeño horno casero. Son las ocho de la noche y parece que sean las doce. El termómetro señala ocho grados, algo agradable por estos pagos en esta época del año. Tenemos por delante un breve fin de semana. Un fin de semana de silencio. Un fin de semana al filo de la soledad. Un fin de semana de recuerdos. Un fin de semana de nostalgia. Me gusta pisar las hojas amarronadas de los chopos cabeceros mientras inicio mi paseo matinal por las riberas de La Val y del Guadalope. Me gusta contemplar cómo se desliza esa agua cristalina, escasa, casi testimonial. Me gusta caminar por las calles vacías y recordar la época de mi infancia. Observo los rótulos de algunas calles estrechas y empinadas: calle del Sol, calle de las Estrellas,... Me acerco a lo poco que queda de aquella Escuela de Niños Unitaria, donde entré con timidez a los seis años. Por unos momentos, vuelvo a los años sesenta, al alboroto de las calles, a la animación de la calle Mayor. Por unos momentos, pienso en lo que fue Aliaga durante esas décadas, y me imagino un futuro diferente, tal vez peor que este presente incierto.

    Han sido dos días sin ordenador, sin internet, sin teléfono móvil. Dos días alejado del ajetreo de la gran ciudad, del estrés, de la rutina cotidiana, de las inquietudes que nos plantea el día a día. A veces, el regreso a las raíces, aunque sea efímero y fugaz, sirve para restañar algunas heridas y para reencontrarnos con un pasado lejano y cercano a la vez.

OTOÑO CAPRICHOSO

OTOÑO CAPRICHOSO

     Si no fuera porque los días se van acortando irremediablemente, si no fuera porque la brisa del amanecer penetra cada mañana de modo insolente por las rendijas más insospechadas, si no fuera porque el calendario señala sin margen de error que estamos a finales de noviembre, nadie diría que estamos en otoño.

     Mediada ya la estación, y a un mes de la llegada del invierno, podemos afirmar que el otoño está pasando de puntillas por la península Ibérica y por gran parte de Europa. Salvo las nieves caídas en las cumbres de las montañas a principios de noviembre y las lluvias generosas e irregulares en el norte de España, los meses de octubre y noviembre - que deberían ser húmedos - están presentando su cara más triste y anodina en cuanto a meteorogía se refiere.

     En Zaragoza ni siquiera han aparecido las molestas y prolongadas nieblas. El cierzo ha cedido su protagonismo a los vientos del sueste y, no es de extrañar, que hasta las grullas que llegan a la laguna de Gallocanta estén desorientadas.

     Unos hablan de algo excepcional, otros opinan que todo ello es consecuencia del calientamiento global. Pero todos miramos con desconcierto este clima inusual que, aunque puede retrasar las tan cacareadas gripes, no favorece en nada a la agricultura, a los embalses o al entorno natural.

     Eso sí, en diversas zonas naturales privilegiadas - como en los valles pirenaicos de Hecho y Ansó o en las faldas del Moncayo - han vuelto los colores del otoño, el manto de hojas orlando los caminos imposibles y los ecos del silencio ocultos en las ramas desnudas de los árboles caducos castigados por el viento.

UNA INQUIETANTE ALEGORÍA

UNA INQUIETANTE ALEGORÍA

     El reciente fallecimiento del gran actor español José Luis López Vázquez ha motivado una serie de homenajes a su memoria. Mi mejor homenaje ha consistido en la visión - por segunda o tercera vez - del cortometraje La cabina, una película inquietante que me ha trasladado a la España de los años setenta, una España gris, casposa, aplastada por los tópicos y las convenciones; una España encerrada en su cáscara inaccesible, una España que pedía a gritos un nuevo clima de convivencia en libertad.

     No sé si su director, Antonio Mercero, - que se inspiró en un cuento de Juan José Plans - tuvo en su mente esa intención alegórica. Es verdad que tiene más peso el motivo del terror y de la ciencia ficción, pero, al contemplar la película casi cuarenta años después, uno se da cuenta de lo mucho que ha cambiado este país. El color rojizo de la nueva camina contrasta con el gris del entorno urbano, con el gris de la policía, con el gris de los empleados de Telefónica y con el negro de los bomberos.

      José Luis López Vázquez borda un papel difícil y agotador. Brinda al espectador una imagen cruda y realista. Una imagen que se podría repetir de nuevo en la actualidad, salvando las circunstancias históricas y sociales. La inquietante alegoría permanece en mi mente y podría aplicarse a este Planeta en el que estamos encerrados y en el que cada vez va a ser más difícil sobrevivir. No sé si Antonio Mercero u otro director se embarcará en una aventura similar. No le faltarán vivencias reales que evidencien la cerrazón ideológica y las cortapisas sociales. Eso en pleno siglo XXI.

FUTBOLISTAS PRIVILEGIADOS

FUTBOLISTAS PRIVILEGIADOS

     Mientras espero en la peluquería del barrio, dos señores comentan una de las noticias deportivas de la jornada: la supresión por parte del gobierno de la llamada ley Beckham, que desde 2003 permite a los jugadores extranjeros que participan en nuestra liga tributar a Hacienda un 24 por ciento, casi la mitad que los españoles. Hablan además de lo que cobra uno de los últimos fichajes galácticos del Real Madrid: la friolera de 83.000 euros al día, juegue o no juegue, trabaje o no trabaje. Y se preguntan, ¿Por qué se ha llegado a estos extremos? ¿Quién paga a estos virtuosos del balón? La conclusión parece obvia: son los propios espectadores y telespectadores los que sostienen este negocio. Somos los aficionados los que, con nuestra presencia en los estadios o pagando por ver algunos partidos, alentamos esta dinámica y elevamos casi al infinito las ganancias de las estrellas.

     No sé si la crisis contribuirá a moderar las cifras. En algunos clubes parece que no ha influido mucho, al menos de momento. Lo que está claro es que debe desaparecer ese privilegio de Hacienda, aunque protesten los mandatarios de la Liga de Fútbol Profesional. Las razones que esgrime su presidente no son de peso, ni mucho menos. Hay equipos que, casi sin estrellas, están ofreciendo  un buen espectáculo. Hay aficionados al deporte rey que están deseando se reduzca el número de extranjeros y se potencie más la cantera. Un ejemplo claro es la selección española, que está en la élite, a pesar de los foráneos que juegan en los equipos españoles.

     Opino que esta polémica se zanjará por sí sola y volverá a reinar la sensatez. Porque a nadie se le oculta la diferencia abismal de sueldo entre un futbolista de élite y un investigador. Y la controvertida ley se hizo, sobre todo, para favorecer la llegada a España de investigadores de otros países y para recuperar cerebros establecidos en el extranjero. Es una pena que el fútbol sea cada vez más un negocio, que no se luche por los colores, que no se trabaje en equipo, que prime más el lucimiento personal de cara a la galería que el esfuerzo por ofrecer un buen espectáculo colectivo.

    La conversación sobre el tema continuaba cuando, media hora después, abandonaba la peluquería después de un moderado corte de pelo.

EL CAUCE DEL OTOÑO

EL CAUCE DEL OTOÑO

     El otoño está llegando con timidez a las tierras turolenses. Es un otoño suave, dulce, cadencioso. El murmullo del escaso caudal del río Alfambra se entremezcla con el susurro espontáneo de las hojas de los chopos, que caen livianamente a las orillas de este río que nace en las inmediaciones del pico Peñarroya y se desliza por Aguilar de Alfambra, Galve, Orrios, Alfambra, Peralejos, Tortajada, Cuevas Labradas y Teruel, hasta desembocar en el río Turia, muy cerca de la capital.

     En Villalba Baja - como muestra la fotografía - el contraste entre verdes, ocres y amarillos es cada día más patente. El río ha abandonado ya su trazado salvaje y sinuoso y se ha ceñido a la geografía de un valle poblado de chopos  y salpicado de huertas. La temperatura es tan agradable que no parece otoñal. Los cerros desnudos y grisáceos muestran su inconfundible silueta. A lo lejos, los montes cercanos a Castelfrío, heridos de muerte el pasado verano, cuando los incendios se cebaron impunemente con esta provincia aragonesa.

     Pocas turismos transitan por esta carretera durante la mañana del sábado. Algunos coches se dirigen a los pueblos más cercanos para honrar a los familiares que ya se han ido. Otros años caían las primeras nevadas por estas fechas. Otros años las heladas vestían de blanco las orillas del río. Pero durante estos días, ya casi mediado el otoño, uno piensa que el tiempo se ha vuelto loco, que las lluvias han dado la espalda a estos valles, que estamos pagando muy caro el cambio climático. Tal vez haya otros motivos. De momento, disfrutaremos de la placidez de estos días y del paisaje otoñal que, tarde o temprano, llegará de nuevo a su cita.

ODA AL REBOLLÓN

ODA AL REBOLLÓN

                         Recatado, discreto, camuflado

                   bajo la verde capa que el otoño

                   viste de dulces ocres y amarillos

                   colmando los sentidos del viajero.

                         Con sangre anaranjada

                   y tu dibujo casi inconfundible,

                   asomas la cabeza engalanada

                   de musgos y despojos vegetales.

                         Te llaman níscalo - aunque tu nombre

                    no está en el diccionario.

                    Pero, los que conocen tu sabor

                    y ese suave rugoso inconfundible,

                    prefieren el agudo y contundente

                    apelativo familiar, cercano.

                          No todos los que buscan tu silueta

                   te tratan con ternura y con cariño.

                   Sólo los que conocen ese frágil

                    y efímero latido tan caduco

                    te acogen con calor de terciopelo

                   en la cesta que colmas como un nido

                   de esa sangre vinosa coagulada.  

EL ARTE DE ESCRIBIR

EL ARTE DE ESCRIBIR

     Mientras escribo estas impresiones en mi ordenador, compruebo que ya escribo con más rapidez a mano que con la pluma, el bolígrafo o el lápiz. Y es que, como les ocurre a la mayoría de los creadores literarios, el bolígrafo o la pluma han dado paso al ordenador, previa etapa en la máquina de escribir. Lamentablemente la escritura manuscrita se va perdiendo a marchas forzadas. Con la irrupción de los teléfonos móviles y del correo electrónico, las nuevas generaciones cada vez usan menos el lápiz o el bolígrafo. Con la llegada de los Tablets PC a las aulas y de la pizarra digital, la caligrafía irá perdiendo terreno y la ortografía se convertirá en algo caduco e incluso obsoleto.

     Esta misma  mañana me he atrevido a poner a mis alumnos de Secundaria un pequeño dictado y muchos se han sorprendido. ¿Es que se está dejando de lado esta práctica? Lo mismo ocurre con las tradicionales redacciones que realizábamos a mano y con pluma estilográfica en el antiguo Bachillerato. Ahora, nuestros alumnos de Secundaria sólo son capaces de hilvanar cuatro o cinco líneas con coherencia y corrección. Por eso los armonizadores de las Pruebas de Acceso a la Universidad insisten tanto en la corrección expresiva, la coherencia de ideas y la correcta ortografía no sólo en la prueba de Lengua Castellana, sino en los demás ejercicios.

     Conservo cartas escritas a mano de mis seres queridos y siguen siendo para mí un tesoro. Ahora ya no recibo misivas manuscritas. Mi buzón está lleno de papeles anónimos y burocráticos de los bancos o de otras entidades. Es verdad que los tiempos han cambiado. Pero sería deseable que ni el libro impreso desapareciera absorbido por el soporte electrónico, ni la escritura a mano quedara como una reliquia de otros tiempos.

LATIDOS COTIDIANOS (5)

LATIDOS COTIDIANOS (5)

     El otoño avanza lentamente en esta Zaragoza, hija del cierzo y del Moncayo. Aprovechas las últimas horas de la tarde del jueves para asistir en el salón de actos de FNAC a la presentación del poemario La voz en la memoria, del poeta albaceteño afincado en Zaragoza Ricardo Fernández Moyano. Como anticipa su presentador, el profesor y crítico Alfredo Saldaña, el libro contiene poemas sinceros, afilados como flechas, que llegan directamente al corazón. El poeta de Minaya evoca la pérdida de un ser querido y logra transmitir al lector un sentimiento de nostalgia, de melancolía y de secreta esperanza. Transcribo uno de los poemas, leídos por miembros de la Asociación Literaria Rey Fernando de Aragón:

 

                                                                LUZ EN LAS SOMBRAS

                                       Su inesperada ausencia

                                      dejó al mundo huérfano

                                      de su voz,

                                      pero no de su fuerza.

                                      Permanecerá fresca

                                     como un torrente de ternura

                                     que alentara nuestras huellas.

                                      Y cuando la vida nos pida

                                     reconciliar el alma y su destino,

                                     invadirá alegre los corazones

                                     un relámpago de primavera.

     A pesar del otoño, una brisa primaveral recorre tus entrañas cuando abandonas el salón y caminas por el Coso entre una multitud hechizada por la fiesta y deseosa de un callejeo perpetuo. Piensas, mientras tanto, en los seres queridos ausentes, en las personas solitarias, en los que bucean en la soledad en medio del falso y engañoso bullicio. A pesar del cierzo, la plaza de los Sitios está a rebosar. Poco después, mientras te diriges al barrio San José, atraviesas una de las cunas del botellón zaragozano: el maltrecho parque de Miraflores. Botellas, vasos, inmundicia por doquier. Restos de un consumo incontrolado. Huellas de una madrugada de evasión. Símbolos de una generación desnortada y rebelde. Ya al anochecer, continúas recordando esos versos que te han alejado momentáneamente del bullicio de unas fiestas en las que pesan más las ausencias que el deseo de divertirse porque sí, porque lo señala el calendario.


 

LATIDOS COTIDIANOS (4)

LATIDOS COTIDIANOS (4)

     La semana se desliza plácidamente en Zaragoza. Unos días semifestivos siempre ayudan a sobrellevar las jornadas laborales. Además, aprovechas para realizar algunas actividades que esperaban en tu agenda desde hace varias semanas. Paseas por el centro de la ciudad y compruebas cómo avanzan las obras del polémico tranvía. Decides caminar, porque las principales líneas de autobús están desviadas. Y, además, es bueno de vez en cuando callejear sin prisas, sin agobios, sin la servidumbre del reloj.

     Los establecimientos funcionan a medio gas. La vida ciudadana está adormilada, a la espera de una tarde más bulliciosa y de una noche de verbenas y conciertos. Sólo por los medios de comunicación te enteras de la difícil negociación para que la Opel de Zaragoza no pierda ni un solo puesto de trabajo. A nivel nacional, las aguas del PP valenciano siguen convulsionadas. Por fin comienzan las dimisiones y renuncias - algo casi insólito en este partido. No sé hasta dónde llegará todo esta trama, que casi nadie comprende en esencia. Podría producirse un efecto dominó. Y quizás las consecuencias sean imprevisibles.

          Mientras tanto, te preparas para salir hacia la Plaza de los Sitios, un lugar ya clásico en las fiestas del Pilar. Cerámica y productos aragoneses son un reclamo para zaragozanos y visitantes. Prefieres el jamón de Ejulve y la cecina de Castellote. De vez en cuando, hay que barrer para casa. Después recorrerás el paseo de la Independencia y observarás la cantidad de vendedores ambulantes y artistas callejeros que recalan en Zaragoza por estas fechas. Es una vida dura, nómada. Es como una huida hacia adelante. Aún les quedan unos días de permanencia en Zaragoza. Luego se dirigirán a otra ciudad, o a otro país. Sempre en busca de una difícil supervivencia. Hasta que la vida les sonría, si es que eso ocurre alguna vez.

Y es que la vida está hecha de contrastes: la algarabía y la soledad; la sobreabundancia y la penuria; la seguridad y la inquietud; el despilfarro y la miseria; la euforia y la depresión...

LATIDOS COTIDIANOS (3)

LATIDOS COTIDIANOS (3)

    Hacía bastantes años que no te perdías el pregón de las Fiestas del Pilar de Zaragoza. Este año te ha sabido un poco mal porque volvía al balcón del Ayuntamiento el aragonés más carismático, José Antonio Labordeta. Y el polifacético cantautor zaragozano no defraudó, según has podido leer en diversos medios de comunicación. De todos modos, has aprovechado muy bien este fin de semana un poco más largo: viaje a Arros de Nay, pequeña localidad de la región francesa de Aquitania y del departamento de los Pirineos Atlánticos. Y te has desplazado por el Portalet, más agreste, más sinuoso, pero más pintoresco que el Somport. La lluvia ha hecho acto de presencia nada más entrar en el país vecino. Los campos verdes, los montes verdes, la naturaleza más lozana que a este lado de los Pirineos. Y ya en Arros de Nay, la hospitalidad de una familia de amigos, las visitas culturales a la cercana localidad de y el ascenso a una de las colinas más emblemáticas de los Pirineos franceses.

     El regreso a tu ciudad en el día de su fiesta grande, ha venido marcado de contrastes, como era de esperar: filas de turismos por doquier, calles atestadas de gente, la plaza del Pilar a rebosar y niños, jóvenes y no tan jóvenes vestidos de los trajes regionales para inundar de flores la pirámide blanquirroja, que cada año resulta más pequeña. Todavía quedan días de celebración por delante, aunque, en realidad, los días más grandes acaban con la jornada del día trece, más local, más tranquila y menos multitudinaria. No te perderás el Rosario de Cristal e intentarás acercarte a la plaza de los Sitios y a otros lugares emblemáticos del Casco Viejo. Valdespartera te queda demasiado lejos y los conciertos tampoco tienen el gancho de otros años. Eso sí, volverás a Arros de Nay en otra ocasión y te volverás a perder en plena naturaleza, observando la altivez de las montañas, el vuelo airoso de los alimoches y esa lluvia finísima que empapa la tierra y serena el ánimo, tu ánimo y el de los que te acompañan.

LATIDOS COTIDIANOS (2)

LATIDOS COTIDIANOS (2)

     Hoy la ciudad se ha despertado con otro aire, con otro talante. No sólo es la cercanía del siempre esperado fin de semana, es la inminencia de las fiestas de Zaragoza, de las fiestas del Pilar. En las calles se respira otro ambiente, los escaparates se engalanan y algunas avenidas - Coso Bajo, calle Mayor, paseo de las Damas - lucen ya el nuevo asfaltado y ese color blanco, casi níveo, de las señales de dirección o aparcamiento. En cambio, otras calles no tan céntricas tendrán que esperar unos días.

     En los aledaños de la plaza de toros el ambiente prefestivo es algo especial: barras de bar provisionales en las puertas de los establecimientos, churrería instalada en el mismo lugar de siempre, colas en las taquillas de la plaza, turistas que se fotografían delante del cartel que anuncia la feria y algún revendedor que intenta hacer su agosto.

     Zaragoza se vestirá de gala durante diez días. Algunos hablan de que son un poco largas las fiestas. Otros desearían se prolongaran hasta Navidad. Hay que reconocer, sin embargo, que los actos más importantes están programados en el centro de la ciudad. Eso sí, cada vez cobra más protagonismo el recinto ferial de Valdespartera y el entorno de la Expo. Hasta el buen tiempo parece que quiere acompañar. Este dulce otoño del que habla Labordeta. Estas tardes apacibles que se dilatan hasta el amanecer.

     Algunos aprovecharemos estos días para alejarnos del jolgorio festivo; otros se sumergirán en la vorágine de actos y celebraciones, especialmente los más jóvenes. Muchos no saben qué actuación elegir o qué concierto seleccionar en su agenda festiva. Porque la crisis sigue rondando en el ambiente y el bolsillo no está para muchos despilfarros. Eso sí, el ayuntamiento ha conseguido algo aparentemente milagroso: más actos con menos presupuesto. ¿Cómo ha sido esto posible? Que se lo pregunten a las autoridades municipales y al concejal de festejos. Y que viva la fiesta.