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josemarco

IMPRESIONES

CONSUMO COMPULSIVO

CONSUMO COMPULSIVO

     Han llegado ya las fechas del consumo compulsivo, del comprar por comprar, del regalar por regalar, del malgastar, del despilfarrar. A veces uno se pregunta dónde está la crisis y reflexiona sobre la situación social de su entorno. Al parecer, los ricos son cada vez más ricos y los pobres se hunden progresivamente en la miseria.

     Va uno por la calle y contempla los mercados llenos, los centros comerciales saturados, las cafeterías o restaurantes a tope. Hay que reconocer que el consumo razonable es bueno y que impulsa el crecimiento económico, pero el consumismo irracional es negativo se mire por donde se mire.

     La Navidad va perdiendo paulatinamente su significado original cristiano y va volviendo a sus orígenes paganos. Muchas familias se reúnen por tradición, por compromiso, por rutina. Pero cada vez son más las personas que celebran la Nochebuena solas. Para muchos estos días se han convertido en jornadas normales. Porque no tienen nada que celebrar o no tienen a nadie con quien compartir sus vivencias. Por eso, el contraste entre los que se enganchan alegremente al tren del consumo y los que se refugian en su miseria o soledad es cada vez más evidente.

 

ALEGRÍA EN EL BARRIO DE LAS FUENTES

ALEGRÍA EN EL BARRIO DE LAS FUENTES

     En esta tarde de niebla, paseo una vez más por una de las principales arterias del barrio zaragozano de Las Fuentes, la calle de Salvador Minguijón. A estas horas todo está bastante tranquilo. Sólo un llamativo cartel, en la puerta de la administración de lotería número 56, pregona que esta administración ha repartido un pellizco del primer premio de la lotería nacional de 2008, del llamado coloquialmente "gordo" de Navidad.

     He pasado cientos de veces delante por delante de esta administración, pero nunca se me ha ocurrido entrar a comprar algún décimo de lotería o rellenar un boleto de la bonoloto o una quiniela. Me conozco la calle puerta a puerta, me conozco la manzana de memoria: la churrería Los Ángeles, el Mercado Ebro, el bar El Puente y la zapatería que hace esquina. Me han atendido en todos los establecimientos que colindan con la administración. Pero en el número 35 de la calle no me he detenido nunca. Ahora miraré ese pequeño local con otros ojos. Y pensaré con sana envidia en el centenar aproximado de agraciados que han sido tocados por la suerte. Son clientes habituales de la administración y les vendrá muy bien para tapar algún agujero o permitirse algún capricho.

     La suerte ha vuelto de nuevo a Zaragoza. Y se ha acercado a dos barrios obreros: Las Fuentes y San José. Son barrios con una importante densidad de población. Son barrios que necesitan reformas. Son barrios cercanos al centro de Zaragoza. De momento, los medios de comunicación han vuelto a estos rincones de la ciudad. Aunque sólo sea con la excusa de la lotería. Observo cuando regreso que hay una cola considerable de personas comprando lotería. No creo que sean los agraciados. Son los que confían en que la suerte regrese el próximo 6 de enero. Algo muy difícil, pero no imposible. Es tan caprichosa la diosa fortuna...

POR EL BARRIO DE TORRERO

POR EL BARRIO DE TORRERO

     No es la primera vez que dedico parte de la mañana del sábado a pasear por las tranquilas y empinadas calles del barrio zaragozano de Torrero. El encuentro de fútbol entre los infantiles del Stadium Venecia y los de la Unión Deportiva San José, me ha servido de pretexto para volver a uno de los enclaves más altos de Zaragoza. Después de aparcar muy cerca del cementerio, he bajado por la avenida de América y he vuelto a contemplar lo que queda de la antigua cárcel, hoy destinada a zona de equipamiento para el barrio. He descendido un poco más hasta atravesar el canal imperial y me he acercado a la iglesia de San Antonio de Padua.

     Desde que leí Dientes de leche, la excelente novela de Ignacio Martínez de Pisón, tenía intención de acercarme a conocer in situ este monumento religioso del siglo XX, junto al cual se alza el Sacrario Militare Italiano, patrocinado por el gobierno de Mussolini y construido en 1940 como monumental mausoleo de los combatientes italianos muertos durante la guerra civil española. No he podido acceder al museo, ni subir a la torre. Desde arriba habría podido contemplar una excelente panorámica de los Pirineos y del Moncayo, coronados de nieve, en una mañana serena y despejada. Lo que tampoco me ha quedado muy claro - aunque Martínez de Pisón lo comenta en su novela - es si todos los combatiente eran del bando fascista o había alguno - muy pocos - del bando republicano. Al parecer, por las fechas y el momento de su inauguración, así como por el arquitecto pamplonés Víctor Eusa, el mausoleo parece exclusivamente dedicado a los soldados que envió Mussolini para ayudar a Franco.

     A media mañana, vuelvo al Stadium Venecia. El equipo local domina claramente el partido y el tres a uno final refleja la superioridad de los de casa y ratifica su situación en los primeros puestos de la tabla. El entrenador del San José ha planteado un esquema muy defensivo y ha reaccionado tarde. Era el último partido del año y ahora vienen dos semanas de descanso. A todos nos vendrá bien para reflexionar y, si es preciso, rectificar.

* La fotografía es del blog de José Antonio Melendo (http://joseanmelendo.blogia.com)

 

UNA PELÍCULA MUTILADA

UNA PELÍCULA MUTILADA

     Nos soy muy aficionado al cine en televisión. Prefiero las películas en gran formato y en una sala comercial. Pero anoche hice una excepción - el viernes se dilata más la madrugada - para ver por segunda vez la película de David Trueba Soldados de Salamina. La primera vez que la vi, me impresionó. Luego leí la excelente novela de Javier Cercas y me conmovió esa historia que oscila entre la realidad y la ficción y que realimenta la memoria de tanto desmemoriado. Ayer, sin embargo, no tuve la misma impresión que la primera vez, ni mucho menos. ¿Cuál fue el motivo? No fue el conocimiento de los hechos, ni la relectura, ni el revisionado. Fue la insoportable, repetitiva, machacona e inoportuna publicidad.

     ¿Adónde vamos a llegar? ¿Quién se va a decidir a poner coto a este desmesurado incremento del tiempo de publicidad en todas las cadenas de televisión? Lo peor de todo fue que, después del penúltimo corte publicitario, - que duró quince minutos de reloj - apenas pudimos ver quince minutos más y, sorprendentemente, cortaron de nuevo. En ese momento, se agotó mi paciencia y apagué inmediatamente el televisor. Eso sí, ya tengo la lección bien aprendida: la próxima vez que me interese una películar iré al videoclub más cercano o recurriré a internet.

      Es una pena que ocurra esto en una cadena pública, que pagamos entre todos los contribuyentes. Es una pena que suceda en la segunda cadena, que debería ser la abanderada de la sensatez, la moderación y el equilibrio. Pero parece que en estas fechas todo roza la desmesura. Si al menos fuera en sentido positivo...

TREGUA OTOÑAL EN ALIAGA

TREGUA OTOÑAL EN ALIAGA

     Como si quisiera despedirse con un sabor dulce y apacible, el otoño nos ha brindado hoy una tregua para disfrutar del paisaje, del ambiente y de la soledad de este valle. La mañana se ha desperezado lentamente cegada por los labios de un sol casi insolente. La humedad del suelo, la alfombra amarillenta de las hojas y el verdor del césped orlan la ribera de los dos ríos que confluyen muy cerca del centro de la población.

     Aliaga vive en esta cercanía del invierno unos días de esperanza en su futuro. Aunque el visto bueno para que Neoelectra vuelva a reanudar su actividad es todavía provisional, todos pensamos que dentro de pocos días llegará el sí definitivo. En caso contrario, sería un duro golpe para este pintoresco pueblo, para la comarca de las Cuencas Mineras y para la provincia de Teruel.

     Anochece al filo de las seis de la tarde y un aleteo de vida recorre la calle mayor. Numeroros vecinos y visitantes han aprovechado este largo fin de semana para visitar su lugar de origen o compartir unas horas con los amigos. La calma predomina de todos modos al filo del crepúsculo. Desde el solanar observo los cielos cenicientos y las primeras estrellas. Hoy no se va a poder contemplar la luna. Eso sí, las siluetas de la porra y del castillo se siguen enseñoreando de un paisaje que me remite, una vez más, a los días más dorados de mi infancia. La melancolía va ganando terreno mientras las luces tenues se erigen en testigos silenciosos de una noche serena, apacible y otroñal.

EL LATIDO DE LA ACTUALIDAD

EL LATIDO DE LA ACTUALIDAD

     Hay días en los que no tengo tiempo de leer el periódico con una cierta calma y sosiego. Los exámenes se acumulan encima de la mesa de mi despacho y tienen una cierta prioridad. Pero siempre me queda en estas ocasiones la consulta rápida de la prensa digital a través de la red. Intento consultar distintos medios de comunicación para hacerme eco de la actualidad con una cierta visión objetiva, aunque lo logro a medias.

     En el ámbito nacional, el aumento del paro encabeza todas las portadas.  Ya tiene a quién echar la culpa el partido de la oposición. Como noticia internacional tiene especial relevancia el hecho de que el presidente saliente de los Estados Unidos reconozca - ¡por fin! - que se equivocó al creer que en Irak había armas de destrucción masiva. ¡Qué ingenuo! Lo sabía casi todo el mundo menos él. En el ámbito autonómico, se entrecruzan el tema de los bienes eclesiásticos de Aragón, que no quiere devolver la diócesis de Lérida; el asunto de la Opel, que parece se va complicando y del que sólo asoma la punta del iceberg, y - ¡cómo no! - el tema de la discriminación, olvido y trato desigual a la provincia de Teruel.

     Este último asunto me da pie a algunas reflexiones: ¿Qué papel desempeñan en Madrid nuestros diputados y senadores provinciales? ¿Hasta cuándo nuestras cabezas pensantes seguirán buscando razones medioambientales para cortar las alas a todo lo que suponga progreso? ¿Cuándo tendrá la provincia unas redes de comunicación propias del siglo XXI? ¿Va a seguir teniendo la capital un campus universitario de tercera?

     Las preguntas podrían multiplicarse. Pero, como es mejor acabar con buen sabor de boca, consulto la prensa deportiva y habla ya del próximo derbi aragonés. Un encuentro por todo lo alto, el del sábado entre el Real Zaragoza y la Sociedad Deportiva Huesca. Aunque soy zaragocista desde siempre, sigo cada semana al Huesca y valoro lo que está haciendo con un presupuesto mucho menor. Los técnicos están trabajando bien, se han realizado buenos fichajes y el fútbol que practica es vistoso y eficaz. Eso sí, que gane el que mejor fútbol practique y que triunfe el espectáculo.

VIVENCIAS DEL PASADO

VIVENCIAS DEL PASADO

     A veces, cuando el presente nos resulta anodino, cuando el futuro muestra desafiante la espada de la incertidumbre, reviso de manera retrospectiva los escritos de esta bitácota de noviembre de 2007. Por esas fechas, no me imaginaba aún lo que me iba a deparar el último mes del año, con el adiós definitivo de Nieves. Eran días de tranquilidad, de grata compañía, de discretos silencios, de esperanza. La ascensión al Moncayo con Javier - el domingo, día 11 - y la visita al Monasterio de Veruela (en la fotografía) marcó el ecuador de un mes en el que se marcharon para siempre Fernando Fernán Gómez y Antonio Candel. Durante esos días se comenzó a plantear el ambicioso proyecto de Gran Scala. Lo reflejé en el artículo Esto no es América. Y a finales de mes, una tórtola vino a anidar durante unos días en uno de los plataneros que limitan con mi galería. Fue una estancia fugaz.

     En tan sólo doce meses mi vida ha dado un vuelco radical. Con la ausencia de Nieves, el final de año se presenta de manera muy distinta. Ya no tengo la ilusión de esquiar en Valdelinares para el puente de la Constitución. Y las Navidades se acercan como unos días agridulces en los que el peso de los recuerdos actúa como un lastre difícil de sortear. Tampoco me hace ilusión la tan cacareada Lotería de Navidad. Eso sí, intento vivir el presente con el mejor talante, con la mejor disposición, con sosiego y calma, a pesar de todo.

     Se esfuma un mes anodino, marcado por la palabra crisis. Numerosos ciudadanos contienen el aliento, porque están viviendo en sus carnes una etapa de vacas flacas. Se nota en el consumo y en la manera de actuar de la gente. Quizás el paréntesis navideño alivie un poco la situación - con la paga extra y los regalos -. Pero la cuesta de enero se adivina más dura y cruel. Muchos han intentado vivir por encima de sus posibilidades y consumir por consumir. Esperemos que la crisis sea breve y aprendamos de los errores. De momento, lo mejor es centrarse en el presente y vivir este domingo tranquilo. Con el poso de los recuerdos, con la reflexión sosegada, con la esperanza en el futuro. 

EL PULSO DE LA CIUDAD

EL PULSO DE LA CIUDAD

     La mejor manera de tomarle el pulso a una ciudad es caminando. Recorrer las calles de una urbe asiduamente, observar la fisonomía de sus edificios y descubrir rincones inesperados es un grato deporte para el ciudadano de a pie.

     En Zaragoza es fácil dedicarse a caminar por el centro histórico, siempre que las condiciones atmosféricas lo permitan. Sin embargo, las frecuentes obras y los inesperados cortes de algunas calles alteran un recorrido teóricamente fácil  y asequible. Lo mismo sucede si alquilamos una bicicleta y nos dedicamos a recorrer las principales arterias urbanas. Pero,en este caso, surgen más dificultades: o elegimos la calzada, con el riesgo consiguiente; o pedaleamos por la acera, con el conflicto entre ciclistas o peatones.

     Al parecer, las mentes bienpensantes, han decidido reformar algunas calles céntricas con muy buen criterio, según ellos. Han pensado que algunos árboles estorbaban, y no han dudado en hacerlos desaparecer con potentes motosierras. Esto ha ocurrido recientemente en la zaragozana calle del Coso. De la noche a la mañana, hemos podido contemplar la calle desnuda de vegetación y los antiguos plataneros abatidos y destinados a leña o a serrín. Nadie ha dicho nada. Nadie ha explicado nada. Sólo algún ciudadano observador se ha dado cuenta del despropósito y ha trasmitido su queja al Consistorio. Eso sí, el mal ya está hecho y no sé cómo lo van a reparar.

     La ciudad es frágil, la ciudad está enferma, la ciudad está saturada de cemento y asfalto, la ciudad se deshumaniza paulatinamente. Es la imagen de esta tarde de otoño en pleno centro de Zaragoza: árboles caídos, calles atestadas de vehículos, contaminación a raudales y predominio del color gris.

SERVIDUMBRES DE LA INFORMÁTICA

SERVIDUMBRES DE LA INFORMÁTICA

     En ocasiones, las llamadas Nuevas Tecnologías nos juegan malas pasadas: el ordenador portátil se niega a funcionar - ni siquiera los técnicos se explican los motivos -, el servidor de esta página tampoco responde,...

     Afortunadamente, después de cuatro días, vuelvo a teclear sobre esta página en blanco. Después de formatear todo el disco duro, parece que el sistema funcione mejor. Es como si estrenara un nuevo portátil - no un portátil nuevo -.

     Ya no voy a escribir lo mismo que tenía pensado hace tres días. Las noticias y las vivencias se acumulan, se atropellan, se eclipsan se solapan. Hoy toca hablar - o simplemente aludir - a algunas noticas curiosas  (de esas que sólo aparecen en algunos periódicos gratuitos y en algún informativo: en Santa Coloma de Gramanet han instalado placas solares en un cementerio. (La imaginación, al poder). Una discoteca valenciana sorteará el próximo 5 de diciembre, entre los asistentes, una operación de aumento de pecho. (¡Sorprendente!). Hunden un barco de piratas somalíes. (Menos sorprendente, pero más lamentable: piratas en el siglo XXI).

    De todos modos, hay noticias que - lamentablemente - casi nunca se apean de los primeros puestos de la parrilla informativa: la tan cacareada crisis, el interminable culebrón del terrorismo, la violencia doméstica,... Todas son noticias negativas e indeseables. Puede, incluso, que a muchos les amarguen los turrones. Eso sí - como diría alguno - siempre nos quedará la lotería de Navidad.

 

JIRONES DE NIEBLA

JIRONES DE NIEBLA

       Jirones de niebla sobre la ciudad

    en esta mañana despacible de noviembre.

    Retazos de niebla sobre el río ausente,

    como un tenue muro gris

    que oculta fugazmente la esperanza.

       El horizonte se viste de nostalgia

     y muchos se preguntan,

     con un inquieto acento machadiano,

     por ese Ser con mayúscula

     oculto por los siglos de los siglos.

       La niebla ya penetra hasta los huesos

     de aquellos ciudadanos que caminan

     - al borde de la crisis -

     hacia la rutina oscura de los lunes

     de noviembre,

     hacia el paraíso gris de la nostalgia,

     hacia el  negro iceberg de los recuerdos,

     hacia la sima cárdena de la memoria.

NIEVE EN NOVIEMBRE

NIEVE EN NOVIEMBRE

     Las copiosas lluvias de este fin de semana en el levante español, se transformaron ayer en nieve en la provincia de Teruel. Ya de regreso hacia Zaragoza, pudimos contemplar ese manto blanco que coronaba las sierras de Gúdar y de Javalambre a ambos lados de la autovía mudéjar. Una vez abandonada la autovía, seguimos disfrutando de un paisaje invernal en los altos del Esquinazo y de San Just. La nieve caía copiosamente y, por fortuna, las máquinas quitanieves habían dejado limpia la calzada. En este último puerto los termómetros se aproximaron a los cero grados y el pueblo de Valdeconejos aparecía como en una postal de Navidad.

     No es la primera vez que nieva por estas fechas. Hace unos catorce o quince años, una nevada inoportuna el día de Todos los Santos nos obligó a permanecer un día más en Aliaga. La carretera que une esta población con el cruce de Mezquita quedó invadida por un ventisquero y resultó inútil luchar contra los elementos. Por eso, aunque la nevada de ayer nos sorprendió a la mayoría,  no es algo infrecuente por estas fechas. Hay que tener en cuenta que los inicios del penúltimo mes del año están llenos de refranes que aluden a este fenómeno más invernal que otoñal.

     Escribo algunos refranes que hacen referencia a este "oro blanco", tan beneficioso para el monte, los ríos y la agricultura:

 

                    Por Todos Santos, frío en los campos.
                    Por Todos Santos, los campos blancos.
                    Por Todos Santos, la nieve en los campos.
                    Por Todos los Santos, campos verdes y montes blancos.
                    Por Todos los Santos, hielo en los altos.

 

TARDE DE TODOS LOS SANTOS

TARDE DE TODOS LOS SANTOS

     Tarde lluviosa y gris en Massalavés. Tarde de recuerdos. Tarde de cementerios. Nunca había estado aquí un 1 de noviembre. Este año nos hemos desplazado para recordar a Nieves. Hemos guardado silencio junto a su lápida, adornada con diez orquídeas blancas. La lluvia caía suavemente y el ambiente era de serenidad.

     Mientras regresaba del cementerio, mi mente ha viajado hasta Alcañiz, hasta Santa Coloma y hasta Aliaga. En esos camposantos reposan mis seres queridos. El destino ha querido que reposaran en lugares distintos. Hoy he viajado con el corazón a cada uno de ellos. Ha sido un día gris, de claroscuros, de paradojas, de esperanza.

     El campo está verde, los montes lucen en este otoño húmedo y las naranjas están todavía esperando una mano que las deposite en los cajones. La noche llega pronto y el calor del hogar se agradece en esta tarde dilatada. Mientras tanto, en la televisión, el deporte llena las tardes de muchos aficionados. El libro de Victoria Camps "Creer en la educación" me acompaña durante unos minutos. Prefiero la lectura reposada al runrún del televisor, con frecuencia molesto e inoportuno.

ATALAYA Y OASIS

ATALAYA Y OASIS

     El parque de atracciones de Zaragoza concluía esta tarde su temporada con la celebración de la Fiesta por la Integración. Disminuidos Físicos de Aragón ha colaborado en el evento y ha conseguido que este recinto de ocio se llenara de niños y adolescentes dispuestos a divertirse de la mejor manera posible.

     Pero este parque de atracciones es algo más que un lugar recreativo. Su posición privilegiada lo convierte en un mirador y en una atalaya. Desde lo alto de la noria se puede contemplar no sólo la ciudad y el extrarradio metropolitano. Si el día es claro y el cielo diáfano, como en este último domingo de octubre, se puede avistar el perfil inconfundible del Moncayo, que este año muestra ha su primera capa de nieve, esa calva de la que hablaba el gran poeta andaluz Antonio Machado.

     Pasear por el recinto de este parque, contemplar las atracciones, comprobar cómo disfrutan los más pequeños, es una especie de oasis al margen del cemento y del asfalto. Además, el marco privilegiado en que está ubicado - muy cerca del Parque Grande de la ciudad - facilita una atmósfera sana y un clima saludable. Eso sí, cuando sopla el cierzo, es uno de los puntos más castigados de la ciudad. Por eso, en esta tarde apacible de otoño, la contemplación del horizonte desde lo más alto ha sido la mejor medicina contra el estrés y contra la rutina cotidiana.

VUELTA A LA NORMALIDAD

VUELTA A LA NORMALIDAD

     Un amigo mío hablaba de "vuelta a la formalidad" cuando llegaba una fecha como la de hoy: un martes insulso que anticipa claramente el inicio de un invierno cultural, recreativo y lúdico. Porque, después de cinco días de asueto - para algunos diez y para otros dos o tres - cuesta regresar al madrugón matinal, cada vez más oscuro, al trabajo que quedó inacabado, a la tarea que quedó postergada, al eterno "mañana será otro día".

     De todos modos, habría que preguntarse qué es normalidad y qué es formalidad. Quizás la normalidad sea hoy día el ocio, el entretenimiento, el descanso. Quizás la formalidad no sea para algunos el trabajo cotidiano sino la actitud que hay que adoptar con frecuencia ante eventos inusuales o incluso extraordinarios. Me queda la duda y seguiré reflexionando sobre este asunto.

     Lo que está claro es que no se puede programar un evento deportivo a las siete de la tarde de un día como hoy. ¿De quién habrá sido la ocurrencia? Luego se quejan de que estén las gradas casi vacías.  Sorprende, además, -en otro orden de cosas - que el balance de estos días de fiesta en Zaragoza sea positivo para algunos y negativo para otros. ¿A quién hacemos caso? Es verdad que nunca llueve a gusto de todos. Pero los datos deberían ser objetivos y las valoraciones bastante más cercanas o coincidentes.

     Cuando llegué por primera vez a la ciudad del Ebro, disfruté como nunca de mis primeras fiestas del Pilar. Era el año 1984, el primero de Interpeñas. Las fiestas se vivían de otra manera - o, al menos, eso me parece-. Lo que más me sorprendió - ingenuo de mí - es que, tal día como hoy, la gente seguía llenando los cafés y los bares de copas. Pensaba que los zaragozanos, acabadas las fiestas, se retirarían a sus cuarteles de invierno hasta el próximo puente festivo. Afortunadamente, no era así. Ahora ya no me sorprende comprobar cómo la fiesta se prolonga de otra manera. ¿Será la llamada normalidad? Tal vez.

      De todos modos, está claro que siempre se disfruta más con lo espontáneo que con lo programado, con la novedad que con la rutina, con las pequeñas vivencias que con las grandes efemérides.

RETAZOS DE OTOÑO (IV)

RETAZOS DE OTOÑO (IV)

     Cae la lluvia sobre Aliaga. Una lluvia dulce, apacible, regeneradora. Una lluvia escasa. Los chopos brillan a lo lejos con un amarillo alegre, esmaltado. Las laderas pedregosas de las montañas desprenden un color acerado, casi de plata. El otoño se sigue recreando en este valle con todo su esplendor.

     Hoy me acerco a uno de los huertos yermos de la partida del río de La Val. Observo los frutales y compruebo que tanto las peras como las manzanas se han quedado pequeñas. No se pueden pedir milagros. Si no tienen agua, ni abono, ni pesticidas, difícilmente pueden medrar en un entorno climático casi siempre hostil. A pesar de todo, este año parece que es un año de peras. Peras dulces, acarameladas, rugosas, diminutas.

     Quedan ya pocas horas para emprender mi regreso a Zaragoza. En mi mente se amontonan proyectos que han quedado pendientes. La semana será corta pero intensa. En la ciudad intentaré disfrutar del color del otoño de otra manera. No será el color amarillo del valle, ni el verde de los pinares, ni el pardo de los campos. Volveré al color gris del cemento y al amarronado del río Ebro. Es otro otoño distinto: de cemento y asfalto, de ruido y contaminación. Aunque, eso sí, la ciudad también tiene sus encantos. Lo importante es buscarlos y atesorarlos día a día.

RETAZOS DE OTOÑO (III)

RETAZOS DE OTOÑO (III)

     El día ha amanecido desapacible en Aliaga. A pesar de todo, la temperatura es más bien agradable para las fechas en que nos encontramos. El otoño quiere entrar de puntillas, poco a poco, casi solapadamente. Hoy predomina el color gris en el cielo. Un gris que anuncia lluvia abundante. Aunque, de momento, sólo ha caído un pequeño chaparrón a primeras horas de la tarde.

     Después de la partida de guiñote, aprovecho para dar un paseo a uno de mis lugares preferidos: el entorno de la ermita de la Virgen de la Zarza. Mi recorrido habitual comienza por la ribera del río casi a la altura de la Porra y termina después de cruzar el puente que vemos en la fotografía. Alrededor de la ermita está el lavadero, prácticamente en desuso, la tradicional fuente de agua potable, el merendero, el camping - cerrado por estas fechas - y el cementerio. El ambiente otoñal viste de melancolía este paraje tan pintoresco. El murmullo del Guadalope contrasta con el rumor del viento que va despojando sin tregua a los chopos de ese vestido amarillo tan efímero y provisional.

     Desde el puente de la Virgen contemplo la mole del castillo, impasible al paso de los años. Atisbo a lo lejos los pinos que cubren la ladera de las montañas más cercanas. Su tono verde oscuro salva al paisaje de su total desolación invernal. Un rebaño de ovejas se retira remoloneando hacia un corral cercano. Se apresuran y casi se atropellan, como si adivinaran la inminencia de la lluvia. El crepúsculo avanza y los focos que iluminan la ermita inundan de repente el progresivo tinte ceniciento de la naturaleza otoñal. Regreso por la vega al centro del pueblo. Poca gente en las calles. Silencio de fin de semana. Ocaso de un sábado de octubre, víspera de la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de todos los aragoneses.

RETAZOS DE OTOÑO (II)

RETAZOS DE OTOÑO (II)

     Amanecer otoñal en Aliaga. Sinfonía de colores a orillas del Guadalope. Durante mi paseo matinal contemplo las aguas cristalinas del río y oigo el suave crujir de las hojas amarillas bajo mis pies. Los chopos centenarios que flanquean la ribera se van despojando paulatinamente de esas hojas que, durante unos días, se transforman en alfombra multicolor. A lo lejos, unas nubes bajas intentan recordarnos que estamos en el límite de la gota fría. De todos modos, el agua no acaba de llegar. Sólo chispea durante unos minutos. La mañana se despereza mientras tanto apacible y silenciosa.

      Por la tarde, nos espera el rebollón en los montes más elevados de la comarca de Gúdar-Javalambre. Han sido muchos los que han hollado los caminos y senderos en busca de este preciado fruto natural del otoño. Por eso, a pesar de la humedad, encontramos pocos rebollones. Sólo hallamos aquellos que se cobijan bajo un enebro o una mata de boj. El monte ofrece condiciones ideales, pero somos demasiados los que damos vueltas y más vueltas buscando un fruto más bien escaso. Al final de la tarde, el crepúsculo otoñal invita a relajarse y descansar en un claro del valle. Es la paz que andábamos buscando. La cesta ha quedado semivacía, pero la naturaleza nos ha regalado aire puro, silencio, sosiego y ejercicio saludable.

RETAZOS DE OTOÑO (I)

RETAZOS DE OTOÑO (I)

     Como muchos zaragozanos, abandono la capital del Ebro a media mañana para dirigirme a Aliaga, el pueblo que me vio nacer. Dejo la ciudad con un sol radiante y molestas rachas de cierzo y me encamino hacia el Burgo de Ebro contemplando el verde de la ribera y el gris-pardo de las lomas de Mediana. El otoño se ha instalado en el campo de Belchite. Las ruinas amarronadas casi se confunden con el cielo, cada vez más cárdeno. Sólo algunos chopos verdeamarillos asoman con timidez en alguna vaguada. De los olivos de Belchite se pasa casi sin respiro a las viñas de Lécera y de muniesa. Los sarmientos muestran los colores ocres y amarillo de sus hojas. Han dado ya su fruto y se preparan para un largo y riguroso invierno. A lo lejos, diviso los tejados de Maicas, pequeño pueblo que me trae entrañables y nostálgicos recuerdos. Hoz de la Vieja me recibe como siempre, silenciosa y solitaria, con su torreón erguido en la colina y su campanario cargado de historia.
      Llego a Aliaga hacia el mediodía. El río de la Val, aprendiz de acequia, me anticipa la escasa lluvia que ha caído durante los últimos meses. Ya a la entrada de mi pueblo, contemplo las pancartas que reclaman una solución rápida y eficaz para la empresa Neoelectra. Se advierte unidad entre todos los vecinos. Hay carteles en casi todas las fachadas y balcones. Es unánime el lema "Salvemos Aliaga". Aún hay un resquicio de esperanza. Nadie quiere la incertidumbre. Nadie desea el cierre de esta industria. Nadie se imagina un pueblo sin escuela, sin centro médico y sin supermercado. Por eso se va a luchar hasta el final. La televisión nacional se ha hecho eco del problema. Me dicen que la televisión autonómica no se prodiga tanto por aquí. Todos conocemos el motivo. Mientras tanto, el compás de espera continúa y la esperanza no se pierde. Tiene que haber un arrego. Debe haber un arreglo. Ni Aliaga, ni la comarca de las Cuencas Mineras, ni la provincia de Teruel se merecen este lamentable desaguisado.
      La tarde se torna grisácea. Hay frío en el ambiente. Soplan vientos del este y parece que la esperada lluvia puede llegar por fin. Me dicen que ya ha helado durante dos o tres noches. Menos mal que los frutos de la huerta están casi todos en casa. El invierno se anticipa, aunque no llueva ni nieve como antes. Casi todos lo atribuimos al tan cacareado cambio climático. Hay partida de guiñote en el bar Alfonso. La tarde se desliza lenta, morosa, otoñal. El contraste con Zaragoza es evidente. Aquí uno busca la tranquilidad y el sosiego. Y alimenta los buenos deseos. Uno quiere que el tiempo trascurra sin sobresaltos y que las pancartas de los balcones se conviertan pronto en alegres fuegos de artificio. Por el futuro de Aliaga.

CADUCIDAD

CADUCIDAD

     La estación otoñal lleva consigo el sello de la caducidad. Nos recuerda que en este mundo todo es caduco, efímero, perecedero. Hay proyectos que terminan porque han cumplido ya todas las previsiones y hay otros que fenecen porque tenían fecha de caducidad. Pero algunos son abortados casi antes de nacer.

     Esto le ha pasado al proyecto de la piscifactoría de Aliaga. Soñado y alentado por todos los vecinos. Impulsado por los principales organismos locales y provinciales. Ninguneado por la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. Y castigado severamente - mucho más que otros similares - por las implacables y cada vez más duras normativas medioambientales.

     Porque la caducidad y el fin de este proyecto, impulsado en los últimos años por la empresa Neoelectra, es un durísimo golpe para este pueblo, castigado desde los años sesenta por la emigración de sus habitantes a raíz del cierre de las minas de carbón y de su central térmica. Para que nos hagamos una idea del daño que puede suponer esta casi caprichosa decisión, es como si la General Motors desapareciera de Zaragoza y de Aragón.

     Va a ser un otoño triste para los once trabajadores de la empresa. Y para los habitantes de Aliaga. Porque surgen en estos momentos las inevitables preguntas: ¿Qué pasará con la escuela? ¿Y con el recién inaugurado supermercado? ¿Y con otros proyectos de futuro? La incertidumbre - que es lo peor que puede pasar - sobrevuela durante estos días por el pueblo. Nadie se lo puede creer. Todos esperamos que se produzca un giro radical. Aunque las cosas no pintan nada bien. Es el sello de una caducidad indeseable, tajante, radical. ¿Dónde está el diálogo? ¿Y la flexibilidad? ¿Y los acuerdos a dos o tres bandas? En estos momentos dudamos incluso de las mal llamadas cabezas pensantes.

AL FILO DEL OTOÑO

AL FILO DEL OTOÑO

     Otoño suave a orillas del Guadalope. Otoño dulce y silencioso. La nueva estación se manifiesta con amaneceres transparentes, con mediodías rotundos, con crepúsculos humildes.

     Otoño verdeamarillo en la ribera del río La Val. Los chopos orlan su trazado sinuoso y las huertas se perfilan a lo lejos con su cortejo de frutos, con sus sabores y olores inconfundibles.

     Al filo del otoño el paisaje de va vistiendo de ocre, de azafrán, de amarillo intenso, de verde mate, de delicado tono amarronado. El contraste es evidente: perales cargados de frutos y manzanos huérfanos, desolados. Las pocas parcelas cultivadas se alternan con trozos yermos, invadidos por las zarzas, casi abandonados.

     Otoño silencioso en Aliaga. Otoño de claroscuros en el valle. Otoño de contraluces en la sierra estremecida. Un pastor contempla su pequeño hatajo desde un pequeño cerro. Mientras observa a las ovejas, sueña y suspira. Pronto se acortarán los días. Y las noches teñirán de sombra el horizonte de los sueños. Mientras tanto, el mediodía luminoso de este final de septiembre parece un simulacro de un verano más. Es la rueda del tiempo. Inevitable, fugaz, casi inefable.