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IMPRESIONES

VERANO FESTIVO EN ZARAGOZA

VERANO FESTIVO EN ZARAGOZA

    Los primeros días del otoño en Zaragoza suelen ser apacibles y benévolos desde el punto de vista meteorológico. Si el cierzo respeta el valle del Ebro, la capital prolonga su verano hasta mediados de octubre. A todo esto contribuye la celebración de las fiestas del Pilar, que este año darán comienzo el primer fin de semana de octubre.

     Una vez concluida la Expo y, a falta de ingredientes importantes a corto plazo - porque el proyecto de Gran Scala parece el cuento de nunca acabar -, la Semana del Pilar ya empieza a preocupar y ocupar a los responsables del ayuntamiento y a los representantes de las peñas. Como cada año, se anda buscando una ubicación idónea para el pabellón Interpeñas. Este año se ha pensado en el aparcamiento de la Expo, en el barrio del Actur. Pero, al parecer, los vecinos de esta zona no están conformes y van a hacer lo posible para que los jóvenes no acudan allí por la noche. Nadie quiere zonas de ocio cerca de sus hogares. Eso sí, todos queremos que nuestros hijos se diviertan. ¿Cuál es la solución?

    Tampoco hay acuerdo en el programa festivo. Es normal. Resulta difícil contentar a todos. Algo similar ocurre con el cartel anunciador, que a muchos les resulta extraño y poco representativo. Por no hablar de todos los inconvenientes que los días festivos conllevan año tras año: aglomeraciones, ruido, caos de tráfico por el centro,... Pero está claro que la fiesta es para vivirla en la calle y que, gracias a estas celebraciones, el verano se prolonga un poco más y la ciudad se resiste a entrar en el largo letargo invernal. ¿Letargo cultural, lúdico y artístico? Esperemos no sea así.

CIUDAD CAÓTICA

CIUDAD CAÓTICA

     La ciudad se viste de otoño al filo de la tarde. Un ejército de nubes cárdenas sobrevuela sobre las terrazas y azoteas. Todos han regresado ya del relajante verano. Los coches inundan las calles y avenidas. Cada vez hay más vehículos en la gran ciudad. Desde lo alto se divisan como cucarachas ambulantes, nerviosas, aceleradas. Mientras tanto, los peatones - algo más prudentes - desfilan por las estrechas aceras en busca de algo o de alguien. De vez en cuando, una bicicleta sortea a los viandantes y busca su lugar natural - o antinatural - en la poblada acera.

    Cuando llegan las horas más conflictivas - las llamadas horas punta - el caos se organiza de repente en las plazas y avenidas más céntricas. La plaza de España es una de las más concurridas. Autobuses y taxis se enseñorean del asfalto. Los autobuses articulados parecen lombrices rojizas que se enroscan entre los pequeños vehículos y las motocicletas. El rumor de los motores lo invade todo. Nadie se escapa de este estallido de estrés. Es el pulso acelerado de la urbe, el aliento vital de miles de ciudadanos, la prisa que, en ocasiones, no conduce a ninguna parte.

     Hay muy pocos peatones que respetan los semáforos en rojo. Quizás sólo un uno o un dos por ciento. Luego pasa lo que pasa. Pero el caos, paradójicamente, es un orden desordenado. Y todo el mundo apura hasta el límite. Es el señuelo del riesgo y de la aventura. Es el afán de apurar sin tregua los minutos y los segundos. Es el irrefrenable impulso de regresar a casa cuanto antes. Es la huida hacia adelante. O hacia ninguna parte.

     La ciudad preotoñal seduce, sin embargo, a propios o extraños. Porque, ¿qué sería de una urbe sin tráfico, sin prisas, sin ruido, sin estrés? Es el precio que el ciudadano tiene que pagar. Por eso algunos esperan con ansiedad la llegada del viernes para emprender una huida efímera del ruido y del asfalto. Aunque sólo sean unas horas. Aunque nada más llegar a cualquier rincón solitario, ardan en deseos de regresar al ruido, al tráfico, a los grandes almacenes, a la música estridente, a los autobuses atestados, a las aceras sin control, al paso acelerado del tiempo.

EL OMBLIGO DE ESPAÑA

EL OMBLIGO DE ESPAÑA

     A nadie se le oculta la preferencia, cada vez más acentuada, de los medios de comunicación nacionales por la capital de España. Es cierto que siempre ha habido en nuestro país un tufo de centralismo. Es verdad que el área metropolitana de Madrid crece sin cesar y tiene una de las mayores densidades de habitantes del país. Pero de ahí a encumbrar todo lo que ocurre en esta gran urbe en detrimento de otras zonas de la amplia y variada España va un trecho muy grande.

     La ciudad del oso y del madroño es el ombligo de España. Varios ejemplos pueden corroborar esta afirmación: el alcalde de Madrid aparece como adalid del futuro en un programa de televisión en horario de máxima audiencia, el Real Madrid sigue siendo el equipo de los españoles y el que ocupa más páginas de diarios deportivos y no deportivos, los eventos de todo tipo sólo suceden en España cuando ocurren en Madrid,... Hoy mismo, el teletexto de la televisión que pagamos entre todos decía: "Inicio de las pruebas de selectividad" - en Aragón terminaron la semana pasada-. Otro titular indicaba ayer: "Comienzo del curso escolar" - en otras autonomías ya llevamos una semana de docencia-. Los ejemplos se podrían multiplicar día tras día: pasarela Cibeles, Madrid-2016, granizada en la capital, final de la Vuelta Ciclista,...

    Este afán por concentrar casi todos los eventos en torno a este ombligo casi perpetuo puede llegar a tal extremo que acontecimientos importantes de otras autonomías queden eclipsados y casi ninguneados por los medios de comunicación nacionales. Y si no que se lo pregunten a los aragoneses que viven lejos de su tierra y que no pudieron contemplar en directo algo único e irrepetible como es la clausura solemne de la Exposición Internacional 2008. Vivir para ver. Ya veremos lo que ocurre si Madrid es elegida - algo deseable - como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Los ecos de la celebración llegarán a todos los confines del país. Y el ombligo se convertirá en algo absorbente y narcisista. Tal vez se ensanche tanto que llegue a ser el ombligo de Europa.

REGRESO A LA RUTINA

REGRESO A LA RUTINA

      El inicio del mes de septiembre, especialmente el comienzo del curso escolar después de unas vacaciones de casi tres meses, supone un regreso a la rutina o a la normalidad. Eso sí, quiero referirme a la rutina en sentido positivo, aunque sea difícil considerarla así. Porque rutina puede ser la vuelta a los madrugones, el regreso al estrés de la gran ciudad y la espera casi ansiosa del próximo fin de semana.

     Septiembre aparece, sin embargo, aderezado con otros ingredientes que conforman un cóctel difícil de digerir. La llamada "vuelta al cole" supone un desembolso especial para muchas familias - a pesar de la gratuidad de los libros en primaria y secundaria -. Además, después de las vacaciones de verano, las tarjetas de crédito están muy castigadas y los bolsillos, casi vacíos. Esto se nota en los supermercados, en los establecimientos hoteleros y en las terrazas de verano. No hay más remedio que apretarse el cinturón, o pedir un crédito. Si es que los bancos - cada vez con menos beneficios según dicen - se dignan concederlo.

      Muchas voces hablan de crisis, otras de recesión. Lo que está claro es que la vuelta a la rutina viene acompañada este año de un descenso en la venta de coches, de un aumento de la morosidad y de un recorte en el presupuesto familiar. Al parecer, el horno no está para bollos. Menos mal que ha bajado el petróleo y nos ha dado un pequeño respiro. Pero es un retroceso engañoso, ya que las petroleras no aplican el mismo porcentaje a sus productos. Tampoco ha bajado el precio de los alimentos que tanto aumentaron el pasado otoño. No sé cuál será la causa, pero lo que sube difícilmente vuelve a bajar. Como dice un amigo mío, lo único que no sube son los sueldos.

     Pero todo no es negativo en esta vuelta preotoñal a la normalidad: las ciudades recobran su pulso. Los ciudadanos apuran las últimas tardes veraniegas. Las noches todavía saben a agosto. Los barrios vuelven a sus fiestas anuales. En cambio, los pueblos se han vuelto a quedar vacíos. Todos a la ciudad. Aunque de vez en cuando nuestra mente vuele al campo, a la montaña o a aquella recoleta cala. Los más optimistas ya piensan en el próximo puente o en Navidad. Aunque, eso sí, los fines de semana están muy bien inventados.

LA CUENTA ATRÁS

LA CUENTA  ATRÁS

     Cae la noche sobre Zaragoza, cae la noche sobre el recinto de la Expo, cae la noche sobre Aliaga. Las terrazas de la ciudad del Ebro están atestadas en esta casi bochornosa noche de viernes, previa al inicio del curso escolar. Muchos zaragozanos han decidido apurar las últimas horas del día a orillas del Ebro, en pleno recinto de la Exposición Internacional, que ha iniciado ya su inevitable cuenta atrás. En cambio, en Aliaga están viviendo con ilusión la primera noche de las fiestas patronales en honor a su patrona, la Virgen de la Zarza. No faltará el bullicio. No faltará la juerga sana. No faltará el toro embolado ni la verbena hasta que el cuerpo aguante.

     Los que nos hemos quedado en la gran ciudad, contemplamos desde la distancia el perfil de la Torre del Agua, uno de los iconos de la Expo, y nos preguntamos cómo quedará el recinto de la muestra después del 14 de septiembre. Unos hablan de remodelación; otros, de desmantelamiento. La mayoría espera, sin embargo, que algunos de los pabellones más significativos queden en pie. Nos gustaría visitar el Acuario sin agobios y sin esperas. Nos gustaría volver a contemplar Zaragoza a vista de pájaro. Lo que no sabemos todavía es si podremos visitar con tranquilidad el pabellón de Aragón y el de España. Habrá que dar tiempo al tiempo y esperar. Cuando pasen unos meses, se podrá valorar con más objetividad la oportunidad de la Expo y los beneficios que ha reportado a Zaragoza.

     Recuerdo mi estancia en la Expo y la extensión de cemento y asfalto en que se ha transformado la fecunda huerta de hace pocos años. Recuerdo el olor amargo del agua del Ebro a su paso delante del iceberg. Recuerdo el color aceitoso de sus aguas, casi pútridas. Esa sería una buena labor para el futuro: sanear el agua del río, transformar su caudal en algo más agradable para los sentidos. De momento, los visitantes apuran las últimas noches. Otros se han desplazado a los pueblos a pasar el fin de semana y recoger a los niños para que estén listos el lunes. En Aliaga también ha comenzado la cuenta atrás del verano. Hasta el día nueve, la diversión estará asegurada. Luego llegará el otoño y volverán las inquietudes por el futuro del pueblo. Siempre hay que luchar por la mejora del medio rural, aunque las miradas y las inquietudes vuelvan inevitablemente a la gran ciudad. Hasta el próximo verano.

ENTRE EL RECUERDO Y LA ESPERANZA

ENTRE EL RECUERDO Y LA ESPERANZA

    Todo regreso supone un pequeño desgarro, una sorda despedida, un adiós silencioso. Regresar a la ciudad después de un mes de vacaciones conlleva, además, un reajuste mental. Porque la nueva situación - asociada a la rutina de lo cotidiano - nos exige un esfuerzo complementario después de la relajación, el ocio más o menos activo y el olvido voluntario de problemas, inquietudes o proyectos.

     Regresar a Zaragoza después de dos semanas en Massalavés y otras dos en Aliaga ha supuesto para mí una vuelta a la nostalgia del pasado, al recuerdo de momentos de intimidad, de amistad, de familia. Pero esta "vuelta a casa" ha sido para mí un nuevo reto para la etapa que está a punto de comenzar. Porque la vida está hecha de retos, de ilusiones y de esperanza. Por ello, a pesar de la nostalgia, a pesar del recuerdo, ya comienzo a pensar en mi próxima visita a la Expo - tantas veces aplazada -, en el reencuetro con mis compañeros de trabajo y con mis alumnos. Tampoco olvido la vuelta de Javier a los entrenamientos y a los partidos de la Unión Deportiva San José y el descanso de los fines de semana, que están muy bien inventados.

     El bagaje de vivencias de estos meses de verano ya ha quedado atrás. Ha habido de todo. Pero prefiero quedarme con lo bueno: las rutas en bicicleta, las partidas de guiñote con los amigos, las tertulias vespertinas, los paseos por el campo, las horas de lectura en el solanar, las tormentas de verano en Aliaga, los campos de naranjos de Massalavés, el calor de la familia y la satisfacción de seguir viviendo. 

FOTOGRAFÍA: Tarde de tormenta en Aliaga

EVOCACIÓN DEL PASADO

EVOCACIÓN DEL PASADO

     Mientras se despereza en Aliaga esta mañana agradable de agosto, oigo desde el solanar el sonido de unas jotas que son el preámbulo de uno de los muchos pregones que se anuncian a los cuatro vientos durante estas fechas. La verdad es que estos anuncios públicos suelen ser bastante eficaces y llegan con relativa nitidez al público interesado. Pero los pregones ya no son lo que eran. Recuerdo todavía, en los lejanos años sesenta, a aquel pregonero que con su trompetilla dorada en forma de cuerno recorría todas las calles y plazoletas del pueblo anunciando esto, eso o aquello. En Aliaga me viene a la memoria la figura de Marcelino, al que muchos niños reverenciaban y otros admiraban entre calladas sonrisas.

     Hoy ya no quedan casi vestigios de esos pregones vivos, directos, espontáneos, eficaces. Como tampoco permanecen otras costumbres. Afortunadamente, el progreso ha dejado atrás los viajes a la fuente más cercana para llenar con agua cristalina los cocios de casa. También han desaparecido las idas y venidas hacia el lavadero o hacia el río para lavar y aclarar la ropa sucia. El basurero ya no pasa con su caballería y su carro por nuestros portales. Y la leña se pudre en los montes en lugar de alimentar las estufas y cocinas. El cambio ha sido radical. En sólo unas décadas. Ha cambiado más el mundo rural en los últimos cincuenta años que en varios siglos.

     Todos nos hacemos, sin embargo, la siguiente reflexión: ¿será para bien? Aparentemente, así lo parece. De todos modos, desde el punto de vista ecológico, da pena ver el caudal del río cada vez más mermado, los chopos cada vez más viejos y abandonados, el lavadero, solitario y la hierba avanzando por doquier en calles, huertas y tejados.  Nadie quiere, de todos modos, un retorno al pasado. Pero hay costumbres que no deberían desaparecer.

EL PERFIL DE LA NOTICIA

EL PERFIL DE LA NOTICIA

     Agosto suele ser un mes de escasas noticias. Al menos aparentemente. A medida que ascienden las temperaturas, descienden los ecos políticos, los grandes rumores económicos e, incluso, las noticias deportivas. Menos mal que este año acaban de comenzar los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y ese acontecimiento mantendrá encendida durante casi un mes la llama de los aficionados al atletismo y a otros deportes de masas.

     La ausencia de noticias de este mes se ve compensada casi siempre con el triste filón de los indeseables y evitables sucesos. Ya han comenzado los casi tópicos incendios - ¡qué pena!, sigue aumentando la cifra de los fallecidos en accidentes de tráfico y la montaña y el mar se cobran día tras día víctimas que se encuentran disfrutando de unos merecidos días de ocio. Es una pena que agosto sea el mes de los récords de todo tipo de accidentes. Y es una pena que no disminuya sino que aumente el número de víctimas por esa mal llamada violencia de género.

     Agosto es también el mes de las prórrogas. Todo lo que no consideramos urgente ni importante lo posponemos para el mes de septiembre. Da la impresión, incluso, de que la misma crisis está solapada y se mantiene agazapada por unos días. Nadie quiere saber nada de crisis económica en este mes de vacaciones. La mayoría piensa que la crisis va a afectar solamente al bolsillo del vecino. Otros opinan que son sólo rumores. Pero la crisis está ahí. En el bolsillo del consumidor, en la subida de las hipotecas, en la disminución de la venta de coches... Eso sí, uno va por las calles de una gran ciudad y parece que aparentemente no hay crisis: terrazas atestadas, restaurantes de bote en bote y movimiento en los grandes almacenes comerciales.

     De todos modos, hay que seguir disfrutando de unos días de descanso y apurar el mes. Ya llegará septiembre con sus demandas, problemas y exigencias. No será el primero ni el último.

LA TAREA DE ESCRIBIR

LA TAREA DE ESCRIBIR

     Hay días en que uno no sabe de qué escribir. Y uno se planta ante la pantalla blanca del ordenador sin un pequeño guión o sin una idea más o menos original que compartir. 

    Tal vez sea el calor asfixiante de estos primeros días de agosto. O quizás la ausencia de noticias relevantes que comentar o criticar.  Sin embargo, la realidad cotidiana no deja de sugerirnos temas, asuntos o motivos. En los medios de comunicación, en las vivencias aparentemente anodinas de cada día, en los proyectos de futuro, en los blogs amigos o en los recuerdos del pasado hay siempre un filón literario por explotar.

     Hoy me ha sugerido un pequeño motivo la lectura del artículo de Víctor Juan Borroy en su blog "Solanar". El escritor y pedagogo recuerda los años de su infancia en el pueblo con sus abuelos. Y evoca con exquisita elegancia cómo se encaprichó con unos patines elaborados artesanalmente con cojinetes, un palo de escoba y una tabla. Con ese improvisado juguete bajaba las cuestas más empinadas. Luego su abuelo se lo escondió y le dijo esta mentira piadosa: "alguien se lo ha llevado". Poco tiempo después, recuperaría el patín, pero ya había perdido la ilusión inicial por ese artilugio.

     Todos los que hemos vivido en un pueblo durante los años de la infancia hemos jugado por las calles con patinetes, con aros, con chivas o con antorchas con madera de tea. La evocación de Víctor Juan me ha trasladado a los ya lejanos años sesenta. A veces, los recuerdos de una persona de tu generación te iluminan algunas zonas oscuras de la memoria y te animan a hilvanar una líneas en medio de la tarde bochornosa. Aunque sólo sea para no perder la práctica y mantener -  bajo mínimos - la valiosa tarea de escribir.

* La fotografía es de Gerald Bloncourt (1957)

 

UNA LOABLE EXCEPCIÓN

UNA  LOABLE EXCEPCIÓN

Está uno tan acostumbrado a la incompetencia, a la ineficacia, al oportunismo, a las verdades a medias, a la publicidad engañosa, a las promesas incumplidas, al "vuelva usted mañana", que cuando te ofrecen un trato exquisito, cuando cumplen con lo acordado, cuando se ajustan a la realidad, cuando no hablan por hablar, cuando son puntuales, cuando son eficaces, cuando actúan con profesionalidad, casi lo consideramos como un mirlo blanco, como una loable excepción.

Me ha ocurrido recientemente como cliente de una empresa privada. Y quiero dejar constancia de ello en esta época de falsas apariencias, de quiero y no puedo, de huera palabrería y de sí pero no. Porque lo más normal, por desgracia, es que comiences a desconfiar hasta de tu propia sombra. Y eso no es bueno ni positivo. Por eso te alegra un poco el cuerpo el que te traten bien, te pregunten si estás satisfecho y te emplacen para una próxima entrevista. Todo ello con el fin de mejorar la atención al cliente y de dar un salto de calidad. A ver si cunde el ejemplo.

LLEGARÁ LA TORMENTA

LLEGARÁ LA TORMENTA

     Llueve sobre Aliaga, llueve sobre Zaragoza, llueve sobre Aragón. Dicen que va a ser un verano atípico. Que de altas temperaturas, nada de nada. Dicen que va a ser un verano de tormentas, de paradojas, de sinsentidos. Y todo esto se palpa en el ambiente. Y en las playas. Y en las montañas.

     La Expo también está sufriendo las consecuencias. No va a ser un éxito. Ni tampoco un fracaso. Pero que quede claro que las expectativas no se van a cumplir al cien por cien. Es lo más normal. Y no hay que rasgarse las vestiduras.

      El cielo está gris en Aliaga. El horizonte se viste de otoño y reniega una vez más de los rigores estivales. A la mayoría nos gusta este clima cambiante. Sobre todo a los que huimos del calor de la capital, del agobio, del estrés, del sinvivir. En este rincón del Maestrazgo hay sitio para el sosiego, para el solaz, para el ritmo lento, para la reflexión, para encontrarse con uno mismo y con los demás. Aliaga es la metáfora de tantos pueblos a los que hemos dado la espalda y, paradójicamente, nos brinda una vez más su cara más amable.

     Ha llegado la tormenta. Ha llegado el cambio de ritmo, la ruptura de la monotonía, el olvido del calor agobiante. Desde el mirador privilegiado del solanar, observo el verde perpetuo rociado por las gotas frescas, amables, fugaces. Los tejados rojizos brillan entre el gris del paisaje. Los pinos y los abetos se convierten en dueños y señores de las montañas eternas. Cae la lluvia sobra Aliaga. Un paréntesis veraniego que sabe a bendición, a esperanza, a renacer de la naturaleza. Todo un regalo para los sentidos y para el espíritu soñador e inconformista.

UNA LUZ ENTRE LAS SOMBRAS

UNA LUZ ENTRE LAS SOMBRAS

    Con frecuencia surgen en la vida situaciones difíciles que uno no sabe cómo solventar. Y llega entonces la impotencia, el nerviosismo y un pequeño asomo de desesperación. Algo similar me ocurrió el viernes por la tarde en Zaragoza cuando, en la avenida de Madrid, el coche no quiso seguir y tuve que quedarme sin saber qué hacer en medio de la calzada.

     La reacción de los demás conductores fue la esperada: bocinazos y algún pequeño grito. Ninguno se bajó de su automóvil y se prestó a empujar o a sugerir alguna solución. Mientras tanto, intenté llamar sin éxito a mi aseguradora desde una cabina y desde un locutorio. Javier se quedó junto al coche con muestras de impotencia y de resignación. Los minutos transcurrían sin tregua y, cuando ya no sabíamos qué hacer, apareció una ciudadana anónima y nos prestó su móvil para que siguiéramos insistiendo para localizar una grúa. Al final, logramos contactar con la compañía y todo quedó en una complicada situación.

     De todo esto, lo que se ma ha quedado dentro es la frase que me respondió Ana cuando le agradecí su gentileza y extrema generosidad: "Si esto le ocurre a alguien alguna vez, haz tú lo mismo". Fue una luz en medio de las sombras, un soplo de solidaridad en medio del individualismo, un gesto de generosidad encomiable.

ENTRE LA EMOCIÓN Y LA NOSTALGIA

ENTRE LA EMOCIÓN Y LA NOSTALGIA

     Durante estos días de finales de junio, se multiplican los actos de despedida: entregas de diplomas, reconocimientos, homenajes,... Como padre de un alumno del instituto Pablo Serrano de Zaragoza, tuve la oportunidad de asistir el jueves pasado a uno de estos actos. Contemplé las actuaciones y entregas de premios desde la otra orilla: desde la butaca del público invitado. Lo digo porque el próximo jueves tenemos previsto otro acto similar en el instituto Ramón y Cajal. En este caso me tocará presentar el acto y entregar diplomas y obsequios a los alumnos que terminan su etapa en el Centro. En ambos casos va a predominar el tono emotivo y va a recorrer por el interior de cada uno de los protagonistas - los propios alumnos - un latido de nostalgia.

     La poesía estará presente el próximo jueves en el Ramón y Cajal como ya lo estuvo el pasado jueves en el Pablo Serrano. Espigo dos fragmentos poéticos de este último acto que pueden ayudarnos a reflexionar en este final de etapa y en este inicio de un camino diferente:

                                            Resolución de ser feliz

                                      por encima de todo, contra todos,

                                             y contra mí de nuevo

                                      - por encima de todo, ser feliz -

                                      vuelvo a tomar esa resolución.

                                                          Jaime Gil de Biedma

 

                                      Sigue, sigue adelante y no regreses,

                                      Fiel hasta el fin del camino y de tu vida.

                                      No eches de menos un camino más fácil,

                                      Tus pies sobre la tierra antes no hollada  

                                          Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

                                                                          Luis Cernuda

                                                                 

OASIS VERANIEGO

OASIS VERANIEGO

Desplazarse a Aliaga durante un fin de semana supone abrir un oportuno y sosegado paréntesis después de unos días estresantes y acelerados. En este pueblo turolense se puede encontrar un oasis veraniego. Después de una primavera lluviosa, el tono verde y el aroma intenso envuelven el valle de la Val y se desplazan hacia la ribera del Guadalope.

He dejado el ordenador en Zaragoza y he abierto un pequeño paréntesis en esta página blanca. Aunque parezca mentira, sin el reclamo del portátil, el tiempo se dilata y se ralentiza. En este valle lozano se encuentra tiempo para la reflexión, tiempo para el reencuentro con los amigos, tiempo para el recuerdo, tiempo para una buena lectura, tiempo para no hacer nada.

El regreso a Zaragoza - casi caótico en los últimos kilómetros - ha supuesto el reencuentro con el ajetreo, con los asuntos pendientes para esta próxima semana, con el calor sofocante, con el cemento, con el asfalto, con la rutina. Vuelvo a mi blog - muy poco visitado en estos días prevacacionales - e intento hilvanar unas ideas, tejer unas sensaciones, trenzar unos sentimientos. De momento, se respira silencio y expectación en el entorno de mi barrio. Todos están pendientes de la selección española. De momento, no se ha movido el marcador. Pronto me enteraría si marcara la selección rojilla. Para algunos es otro partido del siglo; para otros, un encuentro importante; para una gran minoría, un escalón más para lograr algo tan difícil como ganar la Eurocopa del 2008. Porque ya ha llovido desde aquella victoria sobre Rusia en 1964 con el golazo de Marcelino. Aún lo recuerdo borrosamente, con esas imágenes imperfectas en blanco y negro. Mientras avanzan los minutos, prefiero expresar lo que siento, leer los correos electrónicos de interés - la mayoría son basura - y ponerme al día en todos los aspectos. El paréntesis ha sido muy positivo e intentaré repetirlo más a menudo.

SENSACIONES

SENSACIONES

Junio es el mes de los balances, de las valoraciones, de la autocrítica y, ¿por qué no?, de la autoestima. Junio tiene el sabor de un verano anticipado y el olor a humedad profunda, a fragancia, a flor silvestre, a nieve derretida.

Junio es también un mes ambivalente, ambiguo, contradictorio. El sabor agridulce de las despedidas se mezcla con el sabor acaramelado de los logros, de las metas alcanzadas, de los homenajes, de las vivencias compartidas, de los planes de futuro.

Es verdad que estamos en un mes de junio atípico, y que da la impresión de que el calendario se haya detenido en el mes de abril. Pero este tiempo acelerado nos acerca ya a la inauguración de la Expo de Zaragoza, a la celebración de San Juan - el solsticio de verano - y al inicio de una etapa de vacaciones, de ocio o de cambio de ocupación.

Por eso, en esta tarde lluviosa, apetece asomarse de nuevo al cauce del río Ebro, disfrutar de sus riberas recién estrenadas, observar el cielo grisáceo y caprichoso. Eso sí, siempre que lo permitan las maratonianas sesiones de evaluación, la preparación de otros exámenes extraordinarios y el intenso trabajo de estos últimos días de curso.

 

 

TIEMPO DE SILENCIO

TIEMPO DE SILENCIO

     Hay días en que el silencio se cuela por todas las rendijas.

     Hay momentos en que el recuerdo nos envuelve con su halo de nostalgia.

     Hay jornadas en las que sólo cabe el poso agridulce de la memoria.

     Hay fechas que es imposible olvidar.

     Hay instantes dominados por la tristeza y la melancolía.

     Hoy es uno de esos días,

     porque un ser querido ya no está,

     porque un ser querido seguiría disfrutando de la vida.

     porque un ser querido cumpliría con gozo un año más.

     Por eso, es tiempo de silencio,

     tiempo gris, como esta tarde otoñal,

     tiempo para el recuerdo y la esperanza.

 

ENTRE CUOTAS Y ESTADÍSTICAS

ENTRE CUOTAS Y ESTADÍSTICAS

No es nada nuevo recordar que vivimos en una sociedad cada vez más esclava de los números y de las estadísticas. Desde que tengo uso de razón, ha predominado el tener sobre el ser, la cantidad sobre la calidad, los números sobre las letras, los balances sobre las valoraciones, las estadísticas sobre los análisis equilibrados y coherentes.

En una cadena estatal de televisión se hablaba hoy de cuotas de pantalla. Es una de las expresiones de moda. Todo se mide por la audiencia. Aunque sea la audiencia de un solo minuto. Aunque sea una crecida instantánea y fugaz. Y el programa que no alcanza una determinada cifra de televidentes, queda eliminado de la parrilla a los pocos días, o se le pone en cuarentena. Da igual que el espectáculo sea de ínfima calidad - como una gran mayoría de los programas de las llamadas horas punta -, da igual que sea original, creativo o con un pequeño apunte cultural. Si no alcanza ese tanto por ciento soñado y deseado, se caerá a la primera de cambio. Y será sustituido por otro quizás más cutre y más popular.

Este mismo afán estadístico se ha trasladado a otros campos de la vida. Lo compruebo, sobre todo, en el ámbito educativo. Hay que conseguir más demanda de alumnado que oferta. Hay que obtener las máximas calificaciones en selectividad. Hay que sacar las mejores medias en cualquier evaluación externa. Mientras tanto, se suelen dejar de lado la calidad, el trato más cercano, la cara más humana del alumno, el fomento de las actitudes o la consideración social.

Y es que las cifras nos ahogan cada vez más. ¿Qué sería de una sociedad sin cifras, sin estadísticas, sin cuotas? Está claro que le faltaría algo. Pero, al menos, dejarían un pequeño resquicio a lo que entendemos por calidad de vida. Hoy mismo, en Zaragoza, preocupa más la altura y los metros cúbicos del caudal del Ebro que la calidad de sus aguas. Preocupa más el número de visitantes que llegarán a Zaragoza con motivo de la Expo que el tipo de acogida que se les va a otorgar. Preocupa más el número de metros cuadrados de la Muestra que la obra bien hecha o bien terminada.

Eso sí, a pesar de los números y de la contabilidad, al final lo que queda es la calidad. Ya ha sucedido con proyectos similares a la Expo de Zaragoza y sucede cada día en todos los ámbitos sociales. Incluido el ámbito económico.

 

TIEMPO DE DESPEDIDA

TIEMPO DE DESPEDIDA

Como todos los años, cuando se acercan estas fechas de finales de mayo, los alumnos de 2º de Bachillerato culminan una etapa de seis años de estancia en el Instituto. Hoy he asistido al acto de despedida de los alumnos de la promoción 2006-2008 del Instituto "Miguel Catalán" de Zaragoza. Ha sido un acto emotivo, familiar, muy cuidado. He vuelto a saludar a algunos alumnos y alumnas a los que impartí Lengua en 1º de ESO el segundo año de mi fugaz estancia en ese Centro. Todos estaban muy cambiados. De niños a jóvenes; de niñas a mujeres. Dentro de un mes volveremos a celebrar el mismo encuentro en el Instituto "Ramón y Cajal". Será un acto similar. Alegre, emotivo y con un poso agridulce. Porque todas las despedidas dejan una huella difícil de borrar y suponen un pequeño desgarro en el corazón de cada uno.

En el programa de mano que nos han entregado figuran unos versos de uno de los poemas más conocidos de José Agustín Goytisolo: Palabras para Julia. Reproduzco el poema, tantas veces cantado por Paco Ibáñez. En él se funden el recuerdo de la madre y el cariño a su hija. Son también palabras de despedida, palabras de buenos deseos, palabras agridulces y conmovedoras.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable,
hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
yo se muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Un hombre solo
una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo
no son nada,
pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres,
tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino,
nunca digas no puedo más y aquí me quedo,
la vida es bella
tú verás como a pesar de los pesares
tendrás amor
tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es será todo tu patrimonio,
perdóname no sé decirte nada más,
pero tú comprende que yo aún estoy en el camino,
y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

CARA Y CRUZ EN LA EDUCACIÓN

CARA Y CRUZ EN LA EDUCACIÓN

Una de cal y otra de arena. Esa parece ser la política de la consejería de Educación del Gobierno de Aragón a la hora de proponer mejoras para los docentes aragoneses.

Después de muchos años de demandas y de reivindicaciones, parece que se van a decidir a incentivar más las tareas de los trabajadores de la enseñanza, especialmente las de los miembros de los equipos directivos o las de los que trabajan en algunos núcleos rurales. Al parecer -dicen - la LEA (Ley de Educación Aragonesa) va a llegar con un pan debajo del brazo. Eso sí, de momento todo son buenas palabras y buenas intenciones.

Lo que no va a satisfacer tanto a los docentes es la propuesta del nuevo calendario escolar en Aragón para el curso 2008-2009. Los periodos lectivos siguen sin desligarse de las fiestas religiosas. Las vacaciones trimestrales no han cambiado con relación a años anteriores, a pesar de las propuestas razonables de algunos sindicatos. Y el curso escolar comienza cada vez más pronto, lo que conlleva prisas e improvisación.

Paralelamente a estas inquietudes, y sin salir del ámbito educativo, encontramos a un grupo de padres de la enseñanza concertada concentrados delante del departamento de Educación. Su reivindicación quizás sea justa, pero muy discutible. La enseñanza concertada nació como complemento de la pública. Y no al revés. Lo que no se puede negociar es algo tan paradójico como dejar vacíos los colegios públicos e incrementar las aulas de los concertados. Sería tirar piedras contra el propio tejado. Y Educación no está por la labor. Sería una lamentable marcha atrás.

POR LA RIBERA DEL EBRO

POR LA RIBERA DEL EBRO

     Muchos vecinos de Zaragoza hemos aprovechado esta tarde primaveral para acercarnos al nuevo tramo del parque lineal del Ebro, recién inaugurado. Desde el original puente sobre el río Huerva - como observamos en la foto - se contempla la capital desde un ángulo distinto. Las vetustas torres del Pilar aparecen hermanadas con la erguida torre de la Seo. Es un concierto de verdes entretejido de cemento, ladrillo y arte.

     Es gratificante contemplar la ciudad al caer de la tarde y pensar en los pocos días que faltan para la inauguración de la Expo, un acontecimiento excepcional en la Zaragoza del siglo XXI. Es bueno evadirse durante media hora de la rutina cotidiana y olvidar el estrés, las reclamaciones, los recursos, los contenciosos, las caras largas y los nervios a flor de piel. Es positivo mirar hacia el horizonte y adoptar un talante más optimista pensando, aunque sólo sea por unos segundos, en la solidaridad, la tolerancia, la flexibilidad, el cariño, el diálogo, la autocrítica y el buen humor. Uno se da cuenta de que son monedas poco corrientes en la sociedad actual. Y vuelve a pensar en ese acontecimiento tan importante para Zaragoza y quizás para Aragón. Aunque no puede evitar dirigir la mente hacia los Monegros - con ese fantasma del parque temático - hacia las Cuencas Mineras turolenses - con esa negativa a dar vía libre a una pequeña industria en Aliaga -, hacia las desoladas estepas de Belchite, hacia las carencias de tantos pueblos de las comarcas oscenses.

      Uno regresa a casa para enfrascarse de nuevo en los libros, para llenar de contenido la página blanca del ordenador. El cielo sigue encapotado. El Ebro amenaza de nuevo. Pero en Cataluña cierran los ojos a este regalo de la primavera y hacen oídos sordos a la cruda realidad. ¡Qué difícil es rectificar! ¿No dicen que es una tarea de sabios?