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IMPRESIONES

OASIS PRIMAVERAL EN ALIAGA

OASIS PRIMAVERAL EN ALIAGA

     Tardía, exuberante, llena de intensidad  y colorido ha llegado la primavera a este encantador pueblo de la provincia de Teruel, en la comarca de las Cuencas Mineras. La mañana dominical me ofrece una sinfonía sinigual de sonidos, de colores, de aromas y de paz, de profunda paz. Las riberas del río Guadalope exhiben sin pudor el verde manto de hierba multicolor y la sombra inconfundible de los chopos. El valle es un oasis primaveral. El río discurre rumoroso, sin prisas, sin agobios. Las huertas muestran su geometría inconfundible y los pocos campos de cereal exhiben sin recato el rojo insolente de las amapolas.

     Me he alejado por unas horas de la gran ciudad, del agobio de las obras, de la inevitable música de la campaña electoral, de la fría panorámica de cemento, asfalto e hileras de vehículos por doquier. En Aliaga la primavera me sonríe, me tutea, me acoge en su seno. Un pajarillo trina sin cesar en lo más alto de una acacia. Un pequeño rebaño de ovejas se desparrama por la ladera de una de las montañas que cortejan el valle. Unas vacas caminan pacientemente hacia el prado que han convertido en su reino por unos meses. El sol calienta más de lo normal. Tal vez vuelva de nuevo la tormenta, como suele ser habitual por estas fechas. Bebo un sorbo de agua cristalina en la fuente de la Cedrilla y, al filo del mediodía, busco una sombra muy cerca de la ermita, del lavadero y del merendero. Sigo por la orilla del río y me detengo en un pequeño remanso. El agua cristalina se mezcla con un aire incontaminado. Observo las flores amarillas de las aliagas y pienso en lo efímero de la vida de la naturaleza, en los ciclos del tiempo, en la vida cambiante, en lo que permanece, a pesar de las modas, a pesar de las costumbres, a pesar de la influencia inevitable de las costumbres de la gran ciudad.

CUATRO AÑOS DE BITÁCORA

CUATRO AÑOS DE BITÁCORA

    Hace ya cuatro años comencé a teclear en esta pantalla en blanco y a plasmar mis vivencias, impresiones, recuerdos y experiencias. Han sido más de mil páginas en las que ha predominado el aliento cultural y literario. El día a día me ha proporcionado la materia prima suficiente para intentar que estas páginas sean variadas y, a ser posible, amenas. De todos modos, son los lectores los que tienen que dar su opinión.

     Quiero agradecer, una vez más, a todos los que se han acercado a este blog la atención que han prestado a su contenido y quiero dar las gracias especialmente a todos aquellos que con sus oportunos comentarios han enriquecido estas líneas y han alentado esta tarea.

     De momento, espero seguir adelante con esta ilusionante tarea creativa. Hay días en los que la rutina pasa como un rodilo por encima de la creatividad y de la inspiración. De todos modos, seguirán surgiendo oasis creativos y vivencias enriquecedoras que intentaré compartir con tantos anónimos lectores. Gracias a todos, de corazón.

UN BARRIO INCOMUNICADO

UN BARRIO INCOMUNICADO

     No sé cómo podré desplazarme mañana a mi lugar de trabajo. Tendré que aguzar el ingenio y poner a tono la imaginación. O tal vez me acerque esta noche dando un paseo por el itinerario habitual para comprobar si las paradas del autobús siguen en el mismo sitio, si alguna calle más ha sido cortada o si me obligan a dar un rodeo de película para desplazarme en coche hacia otro barrio de la ciudad. La cruda realidad es que el barrio de las Fuentes va a estar durante unos seis meses - que quizás sean nueve - casi incomunicado. Van a cortar una de sus principales arterias - la calle Salvador  Minguijón - y han acotado ya el tramo de la calle Compromiso de Caspe cercano a Miguel Servet. El asunto está complicado. Habrá que volver a la caminata matinal o a la bicicleta. Aunque este último medio de transporte presenta también sus inconvenientes.

    No me sorprende, por tanto, que el Ayuntamiento de Zaragoza, responsable de estas remodelaciones de calles, siempre inoportunas, se cuelgue la medalla del éxito por la promoción de la bicicleta  para desplazarse por la ciudad. La "bizi-Zaragoza" ha superado todas las previsiones. Hasta tal punto que te puede ocurrir que no encuentres ninguna bicicleta disponible en el lugar habitual o que no puedas dejarla en ningún sitio porque está todo saturado. Tenía intención de sacarme la correspondiente tarjeta, pero, de momento, y visto lo visto, me lo voy a pensar. Como dice un vecino, habrá que dejar el coche en casa y el bolsillo saldrá ganando. Sin embargo, hay que pensar en la cantidad de personas del barrio que tienen el coche o la furgoneta como herramienta de trabajo. Hay que pensar en los taxistas, en las autoescuelas, en las pequeñas empresas. Habrá que esperar y comprobar cuál es la alternativa. Esta noche lo intentaré. Y mañana tomaré una decisión al respecto. De todos modos, parece que llueve sobre mojado. Este barrio zaragozano se ha quedado casi sin aparcamientos públicos y, de momento, se va a quedar sin sus dos vías principales. ¿Habrá que recurrir a alguien?

UNA ESTACIÓN SOLITARIA

UNA ESTACIÓN SOLITARIA

     Regreso a la capital después de dos días de tranquilidad en Aliaga. Un paréntesis necesario. Tarde veraniega en Zaragoza. Entrenamiento vespertino de lo infantiles de primera del San José. Paseo por los aledaños del flamante recinto deportivo. Entorno lleno de contrastes: urbanización aceptable de los alrededores del pabellón Príncipe Felipe y dejadez absoluta del recinto de la estación de cercanías de Miraflores.

     De momento, la estación de Miraflores es un edificio - o aprendiz de edificio - producto de las prisas y de la improvisación. Para llegar a los andenes hay que bordear una huerta o saltar materialmente la valla del tercer cinturón. Luego llegan los caminos, senderos, atajos y obstáculos por doquier. Es difícil encontrar la única entrada - al parecer provisional - que parece la puerta de atrás. Luego vuelven los contrastes: andenes con buena señalización, trenes casi nuevos y, eso sí, soledad y desolación en el recinto.

      A las 19 horas y 31 minutos llega un tren procedente de Casetas. ¡Sin pasajeros! Nueve minutos después emprende su viaje de regreso con sólo tres personas en sus vagones. Es una lástima - comenta un vecino del barrio -. Y tiene toda la razón. Tanta inversión para nada o para casi nada. Al menos de momento. Cuando salgo de la estación para dirigirme al campo de la Unión Deportiva San José elijo otro camino: el llamado Camino de Miraflores. Otra vez el tercermundismo y la improvisación. De nuevo la dejadez municipal. Otra vez los intereses de unos pocos. Triste imagen de esta zona que, según dicen, podría ser una parte importante en la Zaragoza del futuro.

 

NIEVE EN PRIMAVERA

NIEVE EN PRIMAVERA

 

            Cae la nieve sobre el valle del Guadalope. Cae la nieve sobre la sierra. Cae la nieve sobre Aliaga. Antes era algo habitual que, incluso en el mes de abril, el precioso regalo blanco vistiera de claridad los montes, las calles, los tejados. Ahora no es tan frecuente ver nevar así en primavera.

            Un niño contempla atónito desde su balcón el moroso y constante descenso de los copos hacia la tierra, que los recibe agradecida. Se sorprende, se extraña, se alegra. Lástima que hoy sea día festivo. Pocas personas han salido a la calle en esta mañana blanca y desapacible. Muchos no habían visto nunca nevar así. Otros nos habíamos acostumbrado a la escasez de precipitaciones en forma de nieve. Porque contemplar la nieve desde el solanar es un espectáculo reservado a unos pocos. Son muchas las sensaciones que se dan cita en este momento. Sensaciones y emociones. Emociones y recuerdos. Recuerdos de la infancia en este valle cada vez más solitario. Recuerdos de los días de grandes nevadas y de alegría contenida en el rostro porque nos librábamos de la escuela. Recuerdos de tardes de juegos, de aventuras, de calles blancas y carreteras cortadas.

            Cae la nieve sin tregua. Todo un regalo para los sentidos. Aunque tenga sus inconvenientes. Sobre todo para los que, a pesar de ser sábado, han de trabajar. O para los que han de afrontar alguna emergencia o algún viaje inaplazable. Ayer tarde nos sorprendió en la puerto de Majalinos (1450 metros), de regreso de Calanda y de Alcorisa. El “Drama del Calvario” se tuvo que suspender debido a un gran chaparrón. No había ocurrido algo igual en 32 años. Todos nos fuimos de Alcorisa cabizbajos y resignados. Otra vez será. Era el preludio de un fin de semana desapacible, de una Pascua blanca, de una serena mañana de nieve y primavera. Una primavera tardía, como tantas otras en este valle del Guadalope, a más de mil metros de altitud.

 

LLUVIA PRIMAVERAL

LLUVIA PRIMAVERAL

     Cae la lluvia lenta sobre el tapiz verde de los campos de naranjos en la comarca valenciana de la Ribera Alta. Cae la lluvia copiosa y se deslizan sus gotas plateadas por las ramas repletas de flores de azahar. Aroma de azahar por doquier. Aroma de azahar en la ribera del río Verde, anegado en algunos tramos por residuos de todo tipo. De vez en cuando, un trueno rompe el silencio del paisaje y se filtra entre los caminos que conducen a las propiedades más recónditas. Color cárdeno en el horizonte. Color de Semana Santa. Color de un abril cambiante y caprichoso.

     La lluvia primaveral cesa casi de repente y da paso a un sol insolente, casi veraniego. Es el momento del paseo, de la contemplación de un paisaje típicamente mediterráneo, de dar rienda suelta a los sentidos, de disfrutar de este paréntesis primaveral. Con el crepúsculo, volverá la lluvia. Y la humedad se filtrará por las rendijas de las ventanas. Y quedará en el horizonte una tenue luz casi inapreciable.

     El largo y dilatado invierno ha cedido, por fin, el relevo a unos días de luz y de contrastes. Contraste entre el día y la noche, entre la mañana y el atardecer, entre el silencio del campo y el bullicio de la ciudad, entre la efervescencia de la naturaleza y el sopor del asfalto y el cemento. Porque abril es el pórtico de la primavera, el abanderado de la lluvia, el anticipo del verano. Por eso esta lluvia copiosa nos reconcilia con el paisaje y nos empuja, como un trampolín, hacia la vida y la esperanza.

PARADOJAS COTIDIANAS

PARADOJAS COTIDIANAS

     La vida está hecha de paradojas. El paso del tiempo es una paradoja continua: queremos que llegue el mañana, soñamos en el futuro, nos ilusionamos con el porvenir, pero en el fondo nos lamentamos de que se esfumen minuto a minuto las vivencias cotidianas. Cuando explico a mis alumnos la paradoja, les suelo poner este ejemplo: "Vivir es ir muriendo cada día", frase sentenciosa del genial poeta barroco Francisco de Quevedo. Y, bien pensado, esta afirmación aparentemente contradictoria encierra una gran verdad.

     Otras paradojas son menos evidentes, menos vitales y menos filosóficas. Hoy, por ejemplo, hemos adelantado a hora para ahorrar un poco de energía y hemos comezado el mal llamado "horario de verano". Pero, si nos asomamos a la galería o nos damos un paseo por la calle, podremos comprobar que el clima es más invernal que durante muchos días de febrero. Sorprende también que, en tiempos de crisis, los bares y restaurantes estén a rebosar, las carreteras se llenen de vehículos en cualquier puente o fin de semana y las playas comiencen a recibir a miles de turistas, a pesar del tiempo inestable y caprichoso.

     También hay paradojas en el mundo del deporte. Ayer el Real Zaragoza, sin hacer un buen partido - como ya es habitual - se encontró con dos regalos del portero visitante. Disfrutó, como se suele decir, de la suerte de los campeones. Algo similar le ocurrió a la selección española, que ganó por la mínima a Turquía sin demostrar claramente su superioridad y sin practicar el buen fútbol al que últimamente nos tenía acostumbrados.

     Las paradojas son como la salsa de la vida. Sería todo demasiado insulso, desmasiado rutinario, demasiado previsible, si no existiera esa contradicción, ese acontecimiento inesperado o esa ruptura abrupta de la lógica. Gracias a las paradojas hasta el amor puede mostrar su cara más oculta, su aliento de sorpresa, su irracionalidad.

 

MAÑANA PRIMAVERAL

MAÑANA PRIMAVERAL

     Mañana primaveral en Zaragoza. El sol va ganando terreno a pocos días del equinoccio. Una suave brisa me acompaña en mi paseo por el barrio del Arrabal mientras los jugadores de la categoría infantil del San Gregorio y del San José preparan un encuentro muy importante para ambos equipos. Me acerco al edificio que queda de la antigua azucarera y contemplo las dos chimeneas, salvadas en el último momento de la piqueta. Me asomo a lo que será la futura biblioteca tecnológica y centro cultural del barrio. Nada de nada. Sólo puedo leer una placa que explica cómo en junio de 2008 se acabó la rehabilitación. Pero todo sigue igual desde entonces. ¿Será a causa de la crisis? Sigo mi camino por la calle de Mas de las Matas. Me gustan las calles dedicadas a pueblos y las dedicadas a ríos y a montes. Y a intelectuales. No me gustan; en cambio, las calles dedicadas a políticos, ni a santos, ni a militares. Porque luego las cambian y surge la inevitable polémica. Me aproximo al nuevo instituto de secundaria llamado también la Azucarera. Es un edificio amplio, funcional, aséptico. Mucho cemento y poco arbolado. Una nueva concesión a la dudosa modernidad urbanística.

     El encuentro entre el San Gregorio y el San José está muy trabado, con muchos minutos de tanteo. Hasta que los locales inauguran el marcador con un gol facilitado por un despiste de la defensa visitante. Luego llega el empate del San José. Pero dura muy poco la alegría. Un fallo en cadena de la defensa y el portero vuelven a poner por delante al San Gregorio. La segunda parte es más de lo mismo. Los locales incrementan su ventaja en dos ocasiones. Demasiado premio para tan pocos méritos. Ha sido una lástima, porque el cambio de entrenador en el San José ofrecía alguna esperanza. Pero todo ha sido un espejismo. A pesar de todo, Javier ha mantenido el tipo durante todo el encuentro y ha cumplido con creces en su nueva ubicación de lateral izquierdo. Una lástima la imagen y el resultado. Habrá que luchar mucho para mantener la categoría. De momento, a pensar en el Amistad. Toca, de nuevo, ganar o ganar.

TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

     "Lo peor es la incertidumbre". Se oye esta frase con demasiada frecuencia y en las situaciones más dispares. Se habla así cuando a uno le ronda una enfermedad que no se acaba de diagnosticar. Se utiliza esa expresión en estos tiempos oscuros y grisáceos - como la tarde de hoy- de galopante crisis económica, de hundimiento de la bolsa y de goteo progresivo de ERES, despidos y ajustes laborales. Se pronuncian estas palabras para expresar un malestar social y político que va dando bandazos y presenta nuevas caras, nuevas mayorías, nuevas coaliciones o nuevos líderes.

     La incertidumbre se ha apoderado ya de este mundo globalizado. Nadie está seguro en ninguna parte. Lo definitivo ha cedido el terreno a la provisionalidad, el largo plazo se ha convertido en una apuesta casi inmediata. La gente ha optado por hacer frente a la crisis intentando vivir el día a día. Nadie quiere sacrificar su tiempo de ocio, nadie quiere renunciar a sus caprichos, nadie quiere tirar por la borda las conquistas sociales y económicas.

    Al parecer, el gobierno - los gobiernos - ya no sabe por dónde hincar el diente a la crisis. Ahora está pensando en los funcionarios. Vuelven a la palestra con su papel de privilegiados y, en el horizonte, planea una nueva congelación de los sueldos. Siempre lo pagan los mismos. Uno se pregunta si esta medida será la más idónea o, tal vez, contribuya aún más a la drástica disminución del consumo. Porque, en estos tiempos de incertidumbre, ya no se venden coches, ya no se venden pisos. Eso sí, el que puede, no renuncia a su pequeño gasto cotidiano en ocio.

OLOR A PRIMAVERA

OLOR A PRIMAVERA

     Me alejo unos kilómetros de Zaragoza. Utilizo para ello la bicicleta de montaña, que ha dormido en el trastero durante este largo invierno. Después de una leve lluvia matinal, el campo huele a primavera, los primeros frutales - almendros y melocotoneros - comienzan a florecer, y los chopos muestran sin recato las yemas que albergan las futuras hojas. Falta ya muy poco para que termine el invierno. Ya ha quedado atrás febrero, ese mes caprichoso y cambiante, carnavalesco y paradójico. Marzo se presenta con otra cara, con otras perspectivas, con otros horizontes.

     Hace varios meses que no montaba en bicicleta. Lo notan mis piernas, lo notan mis pulmones. Mientras regreso por el tercer cinturón, un grupo de corredores se encamina en dirección contraria, hacia el barrio de San José. Me dicen que están celebrando el centenario de La Salle en España. Y es que el deporte cada día gana más adeptos de todas las edades. Al ejercicio físico no le afecta la crisis. Además, es una buena medicina para superar el estrés y la ansiedad. Es bueno practicar cualquier deporte, aunque sólo sea una vez a la semana. El sol de marzo invita a salir al campo, o a acercarse a la montaña, o a pasear por la ciudad.

     Mientras tanto, en el centro de Zaragoza se celebra el bicentenario de los Sitios. Una batalla simbólica para recordar un fracaso, una derrota, una tragedia. ¿Sirve para algo rememorar estos eventos? ¿Vale la pena quemar kilos de póvora para recordar unas jornadas sangrientas para la ciudad? Tengo mis dudas. Eso sí, la gente se divierte. Y la prensa habla de hermanamiento, de regreso al pasado, de acto lúdico. Todo es respetable. Y, como es habitual, hay opiniones para todos los gustos. En el fondo, es mejor potenciar lo festivo que regodearse en polémicas inútiles, como la de la famosa calle dedicada al fundador del Opus, el eterno proyecto de Gran Scala o la expansión urbanística de la ciudad del Ebro.

EL EBRO SE AGIGANTA

EL EBRO SE AGIGANTA

     El cauce del Ebro se está agigantando durante estos días a su paso por Zaragoza. Dicen los expertos que, si no fuera por las presas construidas aguas arriba, el Ebro alcanzaría cotas casi nunca vistas. Numerosos zaragozanos han aprovechado el paréntesis laboral del fin de semana para acercarse a las orillas del río más caudaloso de España y contemplar esa masa amarronada de agua que se desliza impasible hacia la desembocadura. Ayer tarde contemplé desde el azud - en el barrio de Las Fuentes - cómo las aguas anegaban el embarcadero construido con motivo de la Expo para un uso recreativo. Esta mañana me he acercado hasta el recinto de la Expo y he visto anegadas numerosas zonas de la Muestra. Menos mal que las avenidas han llegado en invierno.

     Los más perjudicados son, una vez más, los campesinos de aguas arriba del Ebro y algunos de aguas abajo. En Pradilla de Ebro están muy preocupados, no sólo por los efectos de esta riada, sino por los de la de hace dos semanas y de las que pueden volver a repetirse cuando la gran cantidad de nieve acumulada comience a fundirse en primavera. También están preocupados en Fuentes, en Pina y en Quinto de Ebro, aunque los agricultores comentan que están más preparados que en otras ocasiones. El caso es que siempre se pasa de la gran sequía a la gran remojada. Y que nunca llueve a gusto de todos. Menos mal que la lluvia nos va a dejar durante los próximos días y el anticiclón se va a adueñar de la Península. Eso sí, tal vez vuelva la niebla. Y las noches frías. A pesar de que la primavera ya se adivina en los árboles de los parques y paseos. Queda poco más de un mes. Aunque el clima no siempre suele coincidir con fechas y calendarios.

DESDE EL FONDO DEL ESPEJO

DESDE EL FONDO DEL ESPEJO

     Ayer tarde, en El Pequeño Teatro de los Libros, la nueva librería zaragozana del barrio de las Fuentes, se celebró el tercer encuentro del programa Tardes de Blog, que coordina Javier López Clemente. Fue un acto entrañable, familiar, sincero, en el que, al hilo de un guión exquisitamente preparado, buceamos en las más de mil páginas de este blog, que ya va camino de los cuatro años de vida. Una radiografía profunda, una disección inteligente, un viaje al fondo del espejo supuso rescatar los recuerdos, alimentar la memoria y dar vida a tantos latidos literarios.

    Durante una hora hemos reflexionado sobre la literatura -  Miguel Delibes, Luis García Montero, Manuel Vilas, Antón Castro, Maruja Torres, Miguel Mena, Ana Alcolea, Lorenzo Silva, Joan Gisbert, África Vázquez,... - recordamos las vivencias de mi infancia y juventud en Aliaga, viajamos desde la evocación romántica de José María Quadrado y Francisco Javier Parcerisa hasta los ecos más recientes de Jérica y Mora de Rubielos. La conversación ha sido fluida y se ha detenido en algunos meandros, como un río de sensaciones. De este modo, al filo del espejo, ha reaparecido el río Huerva tal como era valorado en el siglo XIX, han aflorado mis experiencias creativas en la revista Trébede y en la publicación cultural Turia, ha renacido de sus cenizas mi tesis doctoral "Recuerdos y Bellezas de España. Ideología y estética", y han surgido guadianescamente alusiones a la educación - con el juez Calatayud y Victoria Camps como protagonistas -, a los premios literarios, al programa "Invitación a la Lectura" y al aliento esperanzado de Obama.

    Al finalizar el acto, he tenido la sensación de  haber estado contemplando una etapa de mi vida desde el fondo del espejo. Un espejo a veces transparente, a veces borroso, a veces ligeramente cóncavo. Ha sido una valoración de mi blog desde la otra orilla, desde una óptica crítica, tolerante, solidaria y reflexiva. Javier, el maestro de ceremonias, ha sabido descubrir algún filón oculto que ni siquiera había advertido. Ha supuesto un pequeño impulso para seguir adelante al menos unos meses más, desde la variedad, desde la cultura, desde la autocrítica, desde el aliento literario.

 

TARDES DE BLOG

TARDES DE BLOG

     He comenzado a preparar con ilusión la entrevista-coloquio con Javier López Clemente en la tercera sesión de Tardes de Blog, que tendrá lugar el próximo sábado, 24 de enero, a las 19 horas, en la librería El pequeño Teatro de los Libros - http://teatrodelibros.blogspot.com - en la calle Silvestre Pérez, 21, del barrio zaragozano de las Fuentes. Durante una hora presentaré los aspectos más relevantes de esta aventura literaria que inicié en mayo del 2005 y que ha superado ya las mil páginas de creación.

     La nueva librería será un marco excepcional para hablar de todo aquello que he ido plasmando durante estos meses en las páginas de blogia, con el sobrenombre de JOSEMARCO. Javier llevará la voz cantante. Pero detrás estarán los responsables de este privilegiado ámbito cultural y el polifacético Nacho Escuín.

     No me va a resultar fácil seleccionar aquellos textos que más puedan interesar a los que se acerquen a compartir con nosotros el final de la tarde del sábado. Intentaré espigar algún fragmento de cada tema. Aragón, Pueblos, Impresiones, Cultura y, sobre todo, Literatura son los motivos que más páginas han ocupado. Pero también dejaremos un margen a la improvisación, al diálogo, a la creatividad, a la imaginación, a la poesía.

 

DESDE MI VENTANA

DESDE MI VENTANA

     En esta tarde invernal de un domingo de enero, observo desde mi ventana que el día se prolonga paulatinamente y le va robando minutos al crepúsculo. Desde mi ventana, observo la copa de los árboles más altos de la calle Monasterio de Silos, en el barrio de las Fuentes. Es una calle corta, tranquila y muy oscura cuando llega la noche. Los chopos que orlan una de sus aceras parece que quieran despuntar antes de tiempo, como si quisieran anticipar con impaciencia una primavera todavía lejana. Se codean en las alturas con las antenas, con las chimeneas, con las azoteas más altas. Es la convivencia casi ilógica entre la naturaleza y el cemento, entre lo espontáneo y lo artificial, entre la vida y la muerte.

     Me gustan estos crepúsculos invernales. Invitan a la reflexión, a la creación literaria, a la lectura reposada, al silencio. De vez en cuando, un ruido de sirena rompe la calma. Tal vez sea una ambulancia, o un coche de policía, o un camión de bomberos. Son las servidumbres de vivir en una ciudad que cada vez se hace más grande e impersonal. Eso sí, en los barrios parece que se vive como en un pequeño pueblo. La gente se conoce por las calles. Cientos de fisonomías nos son familiares. Aunque nunca les hayamos dirigido una sola palabra, ni un saludo, ni un adiós. Es el anonimato de los núcleos urbanos. Un anonimato que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Porque, a veces, nos apetecería hablar con unos y con otros, compartir sus inquitudes, intercambiar ideas. Pero, en otras ocasiones, preferimos que nadie nos detenga. Las prisas o la impaciencia nos empujan aquí o allí. Como la noche empuja al día en este crepúsculo de un domingo de enero.

TARDE INVERNAL

TARDE INVERNAL

     Cae la nieve sobre Zaragoza. Los copos blancos se posan sosegadamente sobre los capós y los cristales de los coches que están aparcados en el garaje abierto de la comunidad. No acaba de cuajar esta especie de algodón blanco. Javier está esperando que cuaje, que la calles se vistan de blanco, que los tejados y azoteas se disfracen de blanco. Pero, al parecer, no va a ser así. No va a ocurrir lo mismo que en Madrid o en otras ciudades del norte de España. La nieve se ha convertido en aguanieve y, al final, sólo unas gotas de agua se deslizan por los cristales de las ventanas.

     Estamos en pleno invierno y a nadie deberían sorprender estos fenómenos, tan frecuentes hace unas décadas. La última nevada importante que cayó en Zaragoza nos sorprendió un 22 de febrero de 2005. Lo recuerdo perfectamente. Esa mañana estaba programada la lectura de mi Tesis Doctoral. A pesar de los problemas meteorológicos, se pudo celebrar el acto con bastante normalidad. Eso sí, algunos amigos y conocidos no pudieron asitir y un miembro del tribunal, que venía de Madrid, tuvo serios problemas para desplazarse desde la estación de Delicias hasta la plaza de San Francisco. La nieve permaneció durante unos días en tejados y jardines. Después se desvaneció como el rocío de la mañana.

     Siempre que veo nevar, recuerdo los inviernos de mi infancia en Aliaga, allá por los años sesenta. Caían auténticas nevadas. La carretera permanecía cortada durante varios días y la escuela tenía que cerrar sus puertas por falta de alumnos. Para los niños de entonces, era un auténtica diversión patinar por las calles heladas o fabricar muñecos por doquier. Aunque lo más interesante eran las peleas con bolos de nieve antes de entrar en la escuela o durante los recreos. Algunos chavales fabricaban bolas provistas de piedras, como munición oculta. Siempre surgía el pícaro que se saltaba las reglas del juego. También los profesores sufrían las consecuencias de estas pequeñas batallas. Era la diversión invernal, en una época sin televisiones, ni consolas, ni ordenadores. 

EL COLOR DEL INVIERNO

EL COLOR DEL INVIERNO

     Una tenue línea gris dibuja en el horizonte el perfil de una tarde apacible y fría de enero. La nieve no ha sido generosa en la provincia de Teruel. Casi no ha llegado ni a cuajar. Sólo, a lo lejos, las eminencias del Javalambre muestran orgullosas el tono blanquiverde de un invierno húmedo y prolongado. Avanzamos por la carretera hacia el puerto de El Esquinazo: soledad gris en los pueblos, soledad gris en los caminos solitarios, soledad gris en el cruce de Mezquita. El valle de La Val muestra sin recato algunos bancales recién labrados. Hay humedad en el ambiente. Hay soledad en los pueblos. Es el color de un invierno que se prolongará hasta bien entrado el mes de abril.

     Ya en Aliaga, atravesamos el pueblo al filo de las tres y vemos a algunos conocidos que se dirigen con puntualidad al bar a jugar al guiñote . Casi sin detenernos, enfilamos la carretera hacia la Aldehuela y, al llegar a la masada del Río, - o a lo que queda de ella - tomamos  un camino asfaltado para dirigirnos a la central de cogeneración de gas Neoelectra. Un perro ladrador nos aborda de inmediato. Comtemplamos la planta de la industria y tomamos algún apunte para realizar un trabajo. El río Guadalope se desliza limpio. No hay ningún indicio de contaminación, ni acústica, ni medioambiental.  ¿Qué pretendía el Inaga? Nos tomamos un bocadillo a la orilla del río y regresamos sin pausa a Aliaga.  El embalse de la Térrmica no está helado, simplemente sobrevive. La escombrera resiste el paso de los años y  airea por doquier el gris negruzco de la contaminación. La temperatura ronda los cinco grados. El sol luce con timidez y apura sus últimos rayos. Se ven coches aparcados en la plaza. Damos una vuelta por la casa, por mi casa de toda la vida. Está vacía, fría, solitaria. Rezuma humedad por todas partes. Una humedad gris. Un color gris. El color del invierno.

SUEÑOS DE FUTURO

SUEÑOS DE FUTURO

     El escritor Juan Goytisolo escribe hoy en El País un sugerente artículo con el título "Sueños de Nochevieja para 2009". En breves y condensados párrafos, el novelista barcelonés se imagina un mundo al revés, una sociedad sin trabas, sin atavimos, sin gobernantes ineptos, sin crispación, sin corrupción, sin fanáticos, sin especuladores, sin mojigatos, sin aguafiestas, sin terroristas, sin guerras absurdas, sin prejuicios culturales, sin doble moral. 

     Goytisolo deja al lector la tarea de continuar por su cuenta este sueño de nunca acabar. Todos hemos deseado a nuestros familiares y amigos un año nuevo lleno de buenos deseos y propósitos. La mayoría anhelarán mantener o mejorar su estado de salud; otros intentarán mantenerse alejados del fantasma de la crisis y, por si acaso, procurarán apretarse el cinturón; tampoco faltarán los que aboguen por la armonía familiar, por el amor sincero, por la solidaridad. Serán trescientos sesenta y cinco días de vaivenes, de contrastes, de paradojas. De todos modos, lo más importante es intentar ser realistas y procurar que alguno de esos sueños - la mayoría utópicos - sean una feliz realidad a lo largo de los próximos doce meses.

INSTALARSE EN LA COHERENCIA

INSTALARSE EN LA COHERENCIA

     Estoy leyendo durante estos días algunas páginas del último número de la revista cultural TURIA. Una de mis secciones preferidas es La isla. En ella, el codirector de la publicación, Raúl Carlos Maícas, plasma sus ideas y reflexiones sobre lo cotidiano en forma de diario. "Los diarios - afirma Raúl en La mano sobre los ojos - son los mapamundis del yo".

     De estas jugosas páginas, he seleccionado un párrafo en el que habla de la coherencia. Lo transcribo aquí - con permiso implícito del autor - porque, en este principio de año, puede servir de pequeña guía para aquellos que aspiran a actitudes coherentes y quieren estar por encima de tantos agoreros y de tantos falsos profetas:

     "Sólo vive el que sabe", dijo un inspirado Baltasar Gracián. Seamos sabios, pues, y esforcémonos en vivir como pensamos, sin ataduras ni hipocresías. Y hagámoslo con plenitud y con convicción. Sin miedos ni autoengaños. Sobre las cenizas de los viejos hábitos.Y dejemos a los murmuradores, a los chismosos, a los amargados, a los envidiosos, a los infelices, que hagan y digan lo que les plazca. No existe más poderoso antídoto que el desdén sin límites hacia quien envenena nuestras vidas. Al menos, comportándonos de acuerdo a nuestras convicciones, uno se vacuna contra tanta necedad como la que como la que contamina hoy el mundo y la convivencia".

FELIZ AÑO 2009

FELIZ  AÑO 2009

     Aunque parezca un tópico, quiero desear un feliz inicio de año a todos los que os asomáis con frecuencia a esta bitácora. El año que hoy termina ha sido un año difícil, sobre todo en el aspecto personal. Además, 2008 ha culminado con una crisis económica a nivel mundial que, en mayor o menor grado nos ha afectado a todos. 2008 ha sido también un año de contrastes, de claroscuros, de paradojas. Pero, en mi opinión, ha sido un año para olvidar.

     Por eso, desde estas páginas, quiero compartir con vosotros esa burbuja de esperanza que alienta en mi interior al acercarse un tiempo de estreno. Quiero que el 2009 colme con creces todas vuestras expectativas y proyectos. Quiero contagiaros un talante optimista y una visión positiva de la vida. Mañana nos despertaremos con una nueva página en blanco, la primera de 365 hojas para rellenar. Va a ser una tarea cotidiana y progresiva. Que triunfe la tolerancia, la tenacidad y el sentido común.

 

TARDE DE NAVIDAD

TARDE DE NAVIDAD

     El fuego del hogar crepita con suavidad e intermitencia en esta dilatada tarde de Navidad. Nunca me ha gustado esta tarde festiva tradicionalmente familiar. Una vez están saturados los estómagos, el calor del salón o de la sala de estar invitan a una siesta reparadora. Mientras tanto, el sol pierde su intensidad - si la niebla no lo impide - y el crepúsculo se adueña de las calles y de las plazas de Massalavés, pequeño pueblo de la comunidad valenciana.

     La noche se prolonga más que nunca. Aunque dice un refrán catalán: "per Nadal, pas de pardal" -. Y el fuego del hogar concita a todos los habitantes de la casa a situarse en torno a unos troncos de naranjo o de olivo que se consumen con rapidez y mantienen el calor físico y el calor ambiental.

     La tarde de Navidad transcurre en silencio. Las calles del pueblo están casi desiertas y los establecimientos públicos permanecen cerrados a cal y canto. Los jóvenes se desplazan a Alzira o a Valencia. Las ciudades presentan más alicientes durante estos días de ocio y vacación. Menos mal que llevo siempre conmigo un par de libros y lleno algunas horas de estos días con buena literatura. Alguno se preguntará cuál es la buena literatura o si existe una buena literatura. Todo depende, en mi opinión, del momento, de la edad, de la disponibilidad y del afán de aprender. Eso sí, un buen libro tiene que estar bien escrito para que el lector disfrute no sólo con el contenido sino con la expresión sugerente, original y creativa.