Blogia
josemarco

LITERATURA

UN POETA DEL ENTUSIASMO

UN POETA DEL ENTUSIASMO

     Ha fallecido recientemente el poeta chileno Gonzalo Rojas, que siguió la estela de Pablo Neruda y de César Vallejo. Gonzalo Rojas - premio Cervantes en 2003 - representa la coherencia, el entusiasmo, el buceador en lo enigmático. Desde su humildad, va perfilando una trayectoria poética rica en matices y profunda en sentimientos, de corte surrealista y de posterior libertad creadora.

     El mejor homenaje que podemos hacerle a este poeta es la lectura de sus versos. Por ello, plasmo el poema Carbón, en homenaje a su padre, que despierta mi sensibilidad y mi eterno cariño hacia el mío, también minero.

 

Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

 

 

LA MONTAÑA DE LOS OLVIDOS

LA MONTAÑA DE LOS OLVIDOS

     La joven escritora Karen Díaz - Kadia - publicó en el 2009 su primera novela, creó su propia editorial y se está acercando cada día al potencial lector - especialmente a niños y adolescentes - para contagiarles ese espíritu soñador, ese soplo de optimismo y esos valores que son tan importantes en la vida.

     El título de este breve relato - La Montaña de los olvidos - nos invita a un viaje de manos de la fantasía pra acercarnos a un mundo donde los sueños tienen un lugar privilegiado en esa Biblioteca que guarda nuestros tesoros más preciados.

     Valores como respeto, amistad, lealtad, sacrificio, solidaridad,...quedan reflejados en unas páginas que nos invitan a un viaje metafórico a esta montaña en la que la vida es muy distinta a la de los humanos del siglo XXI. El relato nos invita a una lucha constante por conseguir nuestros sueños, a un regreso al mundo de la autenticidad, a intentar conseguir día tras día todos nuestros retos.

     Karen Díaz estuvo ayer en el instituto Ramón y Cajal de Zaragoza y dialogó con los alumnos de primero y segundo de Secundaria. Les invitó a reflexionar sobre su vida, sus aspiraciones, sus sueños, la autoestima y la percepción de los valores en la sociedad actual. Además, les contagió su entusiasmo y les motivó para ser creativos e imaginativos. Para ello, elaboraron dos relatos colectivos e intentaron buscar un final distinto para el libro que habían leído y trabajado en clase. Tanto la autora como los alumnos se fueron satisfechos de este encuentro literario.

     Para aquellos que tienen que enfrentarse a la realidad cotidiana, para los que tiran la toalla a la primera de cambio, las palabras que cierran el libro pueden servir de impulso y de motivación:

     Nunca dejes de soñar. Tus sueños, por muy pequeños que sean, alimentan este mundo y nos llenan de alegría y optimismo. Cualquier sueño se puede realizar. Sólo necesitas mucha fe, esperanza y perseverancia, pues es posible que no lo consigas a la primera. Mas el esfuerzo siempre se premia y las oportunidades vendrán.

     Karen nos demostró este entusiasmo y reconoció que el afán por conseguir sus sueños le había llevado a escribir y autopublicar una novela que invito a leer a niños, jóvenes, padres y educadores.


RIÑA DE GATOS

RIÑA DE GATOS

     Cualquier lector que vea el título y contemple la ilustración de la portada de la última novela de Eduardo Mendoza, Riña de gatos, Madrid 1936 (Premio Planeta 2010) pensará que es una novela más sobre el tópico de la guerra civil española. Nada más lejos de la realidad. La última novela del escritor barcelonés nos acerca a un Madrid convulso en los primeros días de marzo de 1936, tras el reciente triunfo en las elecciones del Frente Popular y en medio de continuas algaradas, conspiraciones e intrigas.

    La novela comienza con una carta fechada el 4 de marzo de 1936. La escribe Anthony Whitelands, protagonista de la novela. Este experto en datación y autentificación de obras de arte - curador - se traslada a Madrid para comprobar de cerca un cuadro de Velázquez de gran valor, guardado en uno de los sótanos de la casa del duque de la Igualada, amigo personal de José Antonio Primo de Rivera. A partir de ese momento, el experto inglés deja atrás su vida anterior e inicia un recorrido fatal por un Madrid laberíntico, suburbial y casi fantasmal.

   Eduardo Mendoza vuelve a ser con esta novela el gran narrador de sus primeras obras - especialmente La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios. Eso sí, cambia de época y de ciudad. De su Barcelona natal se traslada al Madrid republicano. Y da muestras de nuevo de sus excelentes dotes de narrador, de su arte para describir sin excesivo detallismo y, sobre todo, de su acierto en la plasmación de unos diálogos vivos y realistas. Además, nos deja el fruto de una gran labor documental - acercándonos a políticos relevantes de la época como Manuel Azaña o José Antonio Primo de Rivera - y nos regala el fruto de su admiración por Velázquez y por la época que le tocó vivir.

    El viaje con el que comienza la novela, al ritmo monótono del traquetreo del tren por la yerma meseta castellana, culmina con otro viaje que se convierte en una nueva huida. Una huida muy distinta a la anterior. Una huida urgente de la España convulsa de la primavera del 36, una huida de los azares del destino, una huida agridulce que deja al lector con la incertidumbre de un final truncado y tan real como la vida misma.

TIEMPO DE VIDA

TIEMPO DE VIDA

     El escritor Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) sorprendió el año pasado a la crítica y a los lectores con la publicación de su novela Tiempo de vida en la editorial Anagrama.

     El autor de novelas como París - que obtuvo el premio Herralde - y Los seres felices, ha escrito una novela autobiográfica, descarnada, abiertamente sincera y decididamente reflexiva.

     El nieto de Gonzalo Torrente Ballester rinde un homenaje literario a su padre, el pintor Juan Giralt (1940-2007) a quien acompaña durante los últimos meses antes de una muerte anunciada.

     Hay que valorar en la novela la sencillez de su prosa, la profundidad de sus reflexiones y la metaliteratura, esas dudas iniciales sobre la tarea a la que se enfrenta, ese pudor del que va a desnudar su alma, esa verosimilitud buscada y lograda.

    Me hago eco de las últimas líneas de la novela. En ellas podemos mirarnos como en un espejo los que hemos sufrido ya la pérdida de nuestro progenitor y hemos heredado el papel de padres:

      Pienso, entonces, en mi hijo aún no nacido, que llevará su nombre, y me pregunto en qué lo condicionaré, en qué le fallaré, qué deberé yo perdonarle y qué deberá él perdonarme, si no lo hace antes, cuando como mi padre me diluya en la nada.

     Qué recordará de mí con nostalgia.

     Me gustaría conservar algo de lo mejor de mi padre para que le llegue a través de mí.

JOSEFINA ALDECOA, LITERATA Y PEDAGOGA

JOSEFINA ALDECOA, LITERATA Y PEDAGOGA

     Acaba de dejarnos en un pueblecito de Cantabria la escritora Josefina Aldecoa, que hace pocos días cumplió ochenta y cinco años. La literata de la llamada Generación de los Cincuenta, compartió con su esposo Ignacio Aldecoa, con Jesús Fernández Santos, con Carmen Martín Gaite y con Alfonso Sastre, entre otros, una serie de inquietudes sociales que germinaron en plena posguerra y que tenían sus raíces en los años de la efímera Segunda República.

     La escritora leonesa (La Robla, León, 1944) fue hija y nieta de maestras republicanas. Por ello la pasión por la educación marcó su vida y esta pasión se refleja tanto en sus obras como en sus ideas pedagógicas, plasmadas en numerosas reflexiones y puestas en práctica en la fundación del colegio Estilo, pionero en pedagogía y heredero directo de las ideas de la Institución Libre de Enseñanza.

     He leído muchas obras de Josefina, pero entre todas ellas me quedo con Los niños de la guerra (1983) e Historia de una maestra (1990). En ambas novelas están presentes sus inquietudes personales, su difícil andadura como maestra rural y sus preocupaciones por un entorno social y cultural pobre y degradado. Sus ideas sobre la educación están esparcidas en sus novelas, ensayos y numerosísimos artículos. He espigado algunas de ellas como educador y admirador de su manera de llevar a la práctica esta difícil tarea:

     EDUCAR ES AYUDAR A DESCUBRIR LO QUE EL NIÑO LLEVA DENTRO.

     ES NECESARIO DESPERTAR EN LOS NIÑOS EL SENTIDO CRÍTICO, LA FUERZA DE RAZONAR Y, SOBRE TODO, LA IMAGINACIÓN. HACER DE ELLOS PERSONAS TOLERANTES.

     CADA NIÑO ES ÚNICO Y DIFERENTE A TODOS LOS DEMÁS, Y TIENE QUE ADAPTARSE A UNA SOCIEDAD DIFERENTE.

DULCES AUSENCIAS

DULCES AUSENCIAS

                                        Como un tenue Leteo

                                       que fluye por las sendas del olvido

                                       se cruzan muchas vidas

                                       en tu camino incierto

                                       y dejan una estela,

                                       un recuerdo fugaz.

 

                                        Son vidas como huellas,

                                       como dulces ausencias

                                       vidas enamoradas,

                                       vidas apasionadas,

                                       vidas con la mirada en el futuro.

 

                                       Y un día,

                                      como en sueños,

                                      reaparecen todas las personas

                                      que encendieron la luz

                                      de tu mirada

                                      en un fugaz instante.

                                       Y vuelven al presente

                                      desafiando al tiempo

                                      y rompen ese lazo

                                      que te ataba al pasado

                                      como un espejo roto.

 

                                      Espejos, sueños rotos

                                     y una mira azul hacia el mañana

                                     mientras el tiempo pasa

                                     y la memoria

                                     desafía el olvido

                                     y abraza el infinito.

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

     Leer la última novela de Antonio Muñoz Molina es adentrarse en un mundo sinuoso, carnavalesco y, en ocasiones, espectral. La noche de los tiempos, un libro que se acerca a las mil páginas, me ha envuelto desde el principio por su portentosa capacidad para el detalle, por su prosa envolvente y por su estilo limpio, nítido y sugerente.

    Sin llegar a la altura de su obra maestra, El jinete polaco, esta novela supone un regreso a las mejores páginas de un maestro de la narrativa y de un gran conocedor de la lengua con todos sus registros. Porque la historia del arquitecto madrileño Ignacio Abel es sólo un pretexto para acercarnos a los primeros meses de 1936 y a las semanas posteriores al inicio de la guerra civil.

     El tejido narrativo y la trama amorosa no deben cegar a los buenos lectores e inducirlos al desprecio o al olvido de un relato coherente y deliberadamente poético. Es verdad que a la novela pueden sobrarle algunas páginas, es verdad que el tema de la guerra civil ya está trillado y saturado. Pero también es cierto que pocos autores como el narrador de Úbeda han sido capaces de crear un clima intrahistórico, olvidado con frecuencia por las jóvenes generaciones.

    Me han cautivado las descripciones de ese Madrid prebélico y desconcertante. Me han llegado muy adentro las reflexiones sobre la inutilidad de las guerras, sobre los falsos fanatismos y sobre las secuelas de la cruedad. Pero lo que más me ha seducido es ese fluido de la prosa, ese dominio del arte de narrar, esa deliberada reiteración de atmósferas, de sentimientos, de vidas truncadas, de futuros inciertos, de viajes sin retorno.

    Es verdad que los personajes no están tan perfilados como quisiera el lector, es verdad que la trama no es original, es verdad que el final es bastante previsible.  Pero los que leemos una novela bien escrita, pasamos de puntillas por encima de estos perfiles anecdóticos y nos adentramos en lo que realmente importa: el arte de escribir bien, la tenue frontera entre la narración y el ensayo, el latido poético de cada párrafo, la agilidad de una prosa que pocos escritores actuales pueden igualar. 

UNA UTOPÍA CULTURAL

UNA UTOPÍA CULTURAL

     A veces, y con demasiada frecuencia, embarcarse en una empresa cultural puede rozar lo utópico y lo inverosímil. Esto es lo que le ocurre a Florence Green, protagonista de La librería, novela escrita en 1977 por la autora inglesa Penelope Fitzgerald (1916-2000) y traducida al español para la editorial Impedimenta por Ana Bustelo.

     La librería es una novela sencilla, pero no simple. Su lectura nos invita a reflexionar sobre los problemas que una apuesta desinteresada por la cultura desencadena en un minúsculo pueblo costero de Suffolk hacia 1959. Una viuda decide abrir una librería-biblioteca en una mansión deshabitada y corroída por la humedad. Sólo tiene la ayuda de una niña de diez años y el apoyo de un viejo amigo. Pero esta empresa ilusionante sólo dura apenas doce meses. Las fuerzas vivas del lugar, el caciquismo, la envidia y la hipocresía moral reinante van socavando poco a poco el entusiasmo inicial de la protagonista. Florence, cansada y acorralada, decide abandonar el pueblo y dejar a sus habitantes sin este proyecto utópico e ilusionante. La casa vuelve a quedarse vacía, con sus extraños fantasmas y en manos de especuladores que la dotarán de un uso más práctico y lucrativo.

      La lectura de esta pequeña novela, aunque no me ha entusiasmado, me ha llevado a evocar esa España rural de los años sesenta, huérfana de cultura, desconfiada con todas las novedades editoriales, caciquil, corroída por la envidia y dominada por el qué dirán. Sin embargo, no hay que remontarse a esos años tan grises para volver a vivir situaciones similares a la que narra Penelope Fitzgerald. Tanto en el medio rural como en determinadas zonas urbanas, se sigue viendo con extrañeza, e incluso con recelo, una apuesta por la cultura sin otros intereses lucrativos o políticos. Y ahora, con la crisis económica como espada de dámocles, apostar por la cultura es más que nunca una utopía, una aventura llena de incertidumbre.  

ÁNGEL PARÍS

ÁNGEL PARÍS

     Me considero afortunado al tener entre mis manos el primer poemario de la poeta aragonesa Clara Santafé (Zaragoza, 1985), publicado en 2009 por la editorial Comuniter en su colección Resurrección. Ángel París es un libro de pequeño tamaño, pero de gran aliento poético. La autora aborda en 52 poemas la vida de la actriz de porno francesa Karen Bach, conocida también como Karen Lancaume y como Ángel París.

    Son versos que fluyen entre la tristeza y la angustia de una mujer desgraciada y desengañada de la vida - se suicidó a los 31 años - El acierto de los poemas de Clara Santafé reside sobre todo en el tratamiento poético de un tema tabú de un modo profundo, sugerente y entrañable. Poemas como Abierta hasta el amanecer - Pero hay días en que necesito /vengarme de la Humanidad - Garganta profunda - Toda la melancolía del mundo / nació en la primera noche febril de la tierra - o Cronos (carta del suicida necesario) - Pero para no vivir hay que morir / y no es tan sencillo el verbo - nos sumergen en un microcosmos de miedos, recuerdos, soledad y hastío. La vida y la muerte se dan la mano. El placer y el dolor se hermanan en una profunda y descarnada paradoja: Muero y soy un esqueleto de tierra / y entonces descubro la felicidad / estrenando el regalo tardío / de lo opaco.

     La autora - que se declara admiradora de Bertolt Bretch,  de los poetas del 27 y de Ángel González - nos regala además un ramillete de aforismos poéticos que se acercan a las greguerías vanguardistas de Ramón Gómez de la Serna: LA LENGUA: Beluga / amaestrada; LOS OJOS: Carrillón / por el que a veces / se asoman / panteras / o medusas; LOS LABIOS: La luna / articulada; EL CLÍTORIS: Mosca a punto / de morir ahogada / en gelatina.

     Después de saborear los versos de este rico poemario, nos queda el sabor agridulce de una vida desdichada  de la venganza poética, del triunfo de lo vital sobre lo efímero y vulnerable. Nos queda además el sorprendente impacto visual de unos versos que se deslizan con una sensibilidad a flor de piel, a flor de palabra, a flor de sentimiento. Ángel París es el fruto poético de una historia febril y desgarradora, es la invitación a un viaje metafórico por los suburbios de un París nocturno y paradójico, es un homenaje a la vida como camino fugaz e imprevisible.

LENGUA DE MAPA

LENGUA DE MAPA

     La joven poeta Almudena Vidorreta (Zaragoza, 1986) acaba de presentar su tercer poemario - Lengua de mapa - que obtuvo el año pasado el primer premio de poesía en castellano de la Universidad de Zaragoza. Después de los dos libros anteriores - Tintación y Algunos hombres insaciables -, esta antología se adentra de nuevo en un lenguaje metafórico, alegórico y decididamente coloquial.

     Lengua de mapa nos propone varios viajes, diversas aventuras por un entorno urbano, por una andadura literaria y por los entresijos de la pasión y el erotismo. Es una geografía íntima llena de incertidumbre y preñada de presagios. Una lengua que requiere un aprendizaje, pero que nos cautiva "con el suave bálsamo de la palabra". Una lengua que se remonta a los tiempos más remotos, pero que nos reclama desde el silencio. Una lengua que diseña los caminos secretos del amor, los vericuetos de los sueños, las trampas del destino.

    Almudena llega con este libro a una madurez poética digna de tenerse en cuenta. En alguno de sus poemas hace un guiño a José de Espronceda, a Cavafis, a Brenda Ascoz, a Ángel Petisme. Porque en esta geografía urbana, humana e íntima se trasluce un aliento literario, una admiración por la palabra con mayúscula, un homenaje a los que día a día realzan el idioma. El camino está abierto,la senda está marcada. Sólo nos queda disfrutar con la lectura cadenciosa de este regalo poético y encontrar nuestro lugar en el mapa de la vida.

     He elegido uno de los poemas que leyó la autora el pasado miércoles, durante la presentación del libro en la librería Cálamo de Zaragoza:

                                             CAMINO

                                 Pies para caminar una senda mojada

                                por el sudor de los otros y tus propias lágrimas,

                                el camino que a veces se desentraña en mis brazos

                                y se abre para ti en lo profundo de mis piernas.

                                 Te daré mis pies para los recados incómodos,

                                para los caminos que no estaban previstos

                                y si hay que dar la cara ante el enemigo nuevo

                                también te daré mis pies.

                                 Todo para que sean las llagas de mis dedos

                                y las grietas de mis plantas

                                las que recojan las semillas secas

                                mientras caminan tus pies por las hojas verdes

                                de los valles que sembramos en otoño

                                cuando todos los demás se lamentaban

                                creyendo ver morir al último árbol.

EL SUEÑO DEL CELTA

EL SUEÑO DEL CELTA

     Acabo de leer El sueño del celta, la última novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en el 2010. Es una novela muy trabajada, para degustarla, como los buenos postres. Una novela para los amantes de la buena literatura. No tiene que envidiar nada a La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo o la extraordinaria La fiesta del Chivo.

     Mario Vargas Llosa nos regala un relato en el que destaca, ante todo, la figura de un soñador, de un héroe del siglo XX, de un hombre lleno de contradicciones y paradojas. El irlandés Roger Casement, uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo, se convierte en el eje de vivencias, peripecias históricas e inquietudes existenciales. Condenado a muerte en una cárcel de Londres en 1916, evoca los primeros años de su infancia en Irlanda, sus viajes al congo belga y su estancia de casi un año en la Amazonía peruana.

     Los amantes de la buena literatura podrán disfrutar de párrafos inolvidables, de descripciones magistrales y de acertadas reflexiones críticas. Los que leímos en su día El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y nos conmovimos con la película Apocalyse now, podemos hacernos una idea de la explotación de los indígenas en dos zonas del planeta, a principios del siglo XX. La terrible explotación del Congo  de Leopoldo II y del Putumayo peruano de Julio C. Arana es la punta del iceberg de una situaciónn de esclavitud humana rayana en la crueldad más espantosa. Todo por la codicia y el capitalismo salvaje.

     Pero el protagonista va más allá de estos lamentables hechos y nos revela una aventura existencial que tiene como norte y guía la causa del nacionalismo irlandés en la que trabaja sin descanso. Esta obsesión casi utópica le costará la vida. Pero será la semilla de una futura liberación para tantos seres humanos humillados, ninguneados y discriminados.

     De esta densa y rica novela, me quedo con el inicio del Epílogo. La metáfora del escritor peruano nos acerca a un héroe de carne y hueso, a un soñador, a una persona que dedicó su vida a ideales sublimes y permanentes. Ideales que  pervivirán, a pesar del paso del tiempo:

     La historia de Roger Casement se proyecta, se apaga y renace después de la muerte como esos fuegos de artificio que, luego de remontarse y estallar en la noche en una lluvia de estrellas y truenos, se apagan, callan y, momentos después, resucitan en una trompetería que llena el cielo de incencios.

LA CANCIÓN DEL SILENCIO

LA CANCIÓN DEL SILENCIO

     Los Reyes Magos han vuelto a ser generosos. Porque me han regalado, un año más, buenos libros, buena literatura. Uno de los regalos anticipados ha sido La canción del silencio, novela de la joven escritora Leara Martell (Málaga, 1988). Leara escribía desde pequeña sus propias historias en el autobús, camino de la escuela. Y quedó finalista en 2006 en el premio literario Jordi Sierra i Fabra con El enigma de Isis, su primera novela.

     La canción del silencio gira en torno a un tema desgraciadamente cada vez más actual, la violencia de género. Pero lo que más me ha llamado la atención de la novela es su planteamiento estructural, ya que está dividida en cinco actos, y el punto de vista múltiple que aporta cada uno de los personajes - Aída, la protagonista; Fran Dávalos, el abogado defensor; Violeta, la amiga; Bruno, el enfermero, y el pequeño Canio, que toma el protagonismo desde el vientre materno. Todos estos personajes conforman un coro dramático e intentan salir del túnel oscuro en que se encuentran  a raíz del asesinato de Carlo Delveccio, un marido violento y maltratador.

    Este coro de voces, cual una sinfonía silenciosa, busca una complicidad para defender lo aparentemente indefendible. Porque Aída, que supuestamente ha matado a su marido, no sólo no se reconoce culpable, sino que reclama una absolución casi milagrosa. Su acto delictivo ha sido la consecuencia fatal de una situación insostenible, como la que viven tantas y tantas mujeres en pleno siglo XXI.

     La novela es también un guiño deliberado a la famosa ópera de Giuseppe Verdi, que aglutina a sus personajes en un coro dramático y se desarrolla entre la fatalidad y la incomprención. Precisamente la última frase de la famosa ópera aparece al principio y al final de la novela como un leit motiv asociado a las vivencias interiores, al silencio del alma y a esa eterna canción que alivia con frecuencia los momentos más crueles de la vida cotidiana: "Se abre el cielo y las almas errantes vuelan hacia la luz del día sin fin".

     La editorial malagueña Aladena nos brinda una novela para reflexionar sobre esta problemática social. Pero, sobre todo, nos ofrece la oportunidad de disfrutar de una lectura a caballo entre la narración, la introspección y la acción dramática.

LA IRREALIDAD NUESTRA

LA IRREALIDAD NUESTRA

    Tengo entre mis manos el primer poemario de la joven poeta aragonesa Clara Dávila Mateo (Zaragoza, 1987). Su título, La irrealidad nuestra, nos sumerge en un mundo personal que oscila entre el sosiego agridulce de la soledad y la tormenta interior de un amor que hiere y cicatriza.

     Es precisamente el amor el gozne sobre el que giran las tres partes de esta antología de poemas, editados por le leonesa Puente de Letras. El amor aparece y desaparece entre la niebla de un tiempo machadiano en una primera parte - "Búsqueda del tiempo" - en que las experiencias vividas trazan un camino efímero y evanescente. Esa búsqueda del tiempo se convertirá en esperanza, en incertidumbre y en afán de apresar lo efímero.

     Por eso en la segunda parte - "Desde lo más profundo" - la autora se agarra a la escritura, se aferra a la poesía - esa "palabra en el tiempo" - para desterrar la soledad y curar las heridas que van dejando las arenas movedizas de la memoria.

     Todo ello culmina en "Batallas y aventuras", esa tercera parte que intenta hermanar las contradicciones del amor, las huellas del desamor y el hechizo de los sueños de futuro. Los versos se van desgranando cual juegos infantiles que se transforman en latidos profundos de un corazón enamorado. Es la síntesis de un canto a la presencia del otro, del duro lastre de la ausencia, de la huella brumosa de un recuerdo efímero.

     Elijo uno de los poemas más representativos del libro como acercamiento a la obra de esta poeta zaragoza;

                                                DUELE

                               Una vida para sentirme mejor.

                               Daría mil veces, mil, lo que pidieras

                               porque dejara de llover

                               y la araña que teje nuestros corazones

                               quedase intacta, tejiendo y tejiendo...

                               Paseos por el súper mientras elijo nuestra cena

                               desterrando así la soledad que nos anochece.

                               Un eco de lo que tal vez pudo ser.

                               Ya no tengo nada que perder, y me duele.

LA MEMORIA DE AGOSTO

LA MEMORIA DE AGOSTO

     Una fecha del mes de agosto de principios del siglo XXI, un episodio de amor laberíntico e intermitente, un buceo en la España del siglo XIX, un apasionante viaje en el tiempo, una novela sobre el azar, los sentimientos y esos instantes fugaces que se recuerdan para siempre.

     Lo que más me ha impresionado de La memoria de agosto, primera novela de la granadina Cristina Pérez Valverde (Loja, 1966) es su sorprendente originalidad. Una originalidad que no sólo se manifiesta en su estructura no lineal o en su deconstrucción del tiempo. Los sentimientos afloran línea tras línea. Unos sentimientos que van más allá de la relación entre Belén y César. El laberinto del amor se bifurca y va más allá del momento fugaz para hermanarse con el destino y bucear en las relaciones entre los antepasados. Una historia de espejos, de enigmas, sin resolver, de viajes apasionantes en el tiempo y el espacio.

    Pero la ópera prima de esta profesora de la universidad de Granada, ofrece además al lector retazos literarios, excelentes muestras del género epistolar y detalladas descripciones de Granada, La Coruña o Viena. Desde los poemas amorosos en francés hasta fragmentos de los sonetos de Shakespeare, la novela nos acerca a una narrativa intelectual, con guiños a la música, al cine y al arte.

     En La memoria de agosto los recuerdos se entrelazan con los sueños de futuro. Ese 11 de agosto de 2004, día de santa Clara volverá como un carrusel sentimental un año después. Todo ha cambiado, a pesar del afán por revivir el pasado. Lo único que no cambia es ese historia enigmática que aflora desde el fondo de un corazón que palpita a destiempo. Por eso las casualidades  extrañas y los azares recurrentes son las señas de identidad de esta novela.

UN MUNDO QUE NO SE DETIENE

UN MUNDO QUE NO SE DETIENE

     La poeta soriana, afincada en Zaragoza, Maribel Hernández del Rincón acaba de publicar el poemario Sonora en la editorial Eclipsados. No pude asistir a la presentación del libro en la capital aragonesa, pero sí que estuve presente el pasado día 9 en la presentación de la antología YIN. Poetas aragonesas 1960-2010, elaborada por Ángel Guinda e introducida por Ignacio Escuín Borao. Maribel participa con sesenta y tres poetas más en esta antología dedicada a las mujeres que han publicado algún poema en los últimos cincuenta años.

    Tengo entre mis manos la obra colectiva, pero también me acaba de llegar el número 96 de la revista cultural TURIA, dedicado a Miguel Labordeta y a Luis Landero. En Poesía, una de sus secciones, aparece un poema de Maribel que quiero plasmar en esta página por su calidad expresiva, su audacia metafórica y por su profunda reflexión sobre un retazo de la vida cotidiana:

                                       Me levanto y sigo. Golpeo las vías del tren

                                     con el acero intermitente de unos tacones de aguja.

                                     La ciudad, supura de sí misma una mancha de humo

                                     fosforescente.

                                     Algunas luciérnagas brillan,

                                     atormentadas

                                     en una oscuridad de piedra sobre piedra.

                                     A bocajarro, las horas callan. Se precipitan

                                     sobre el suelo. De bruces

                                     contra su existir nimio de ida sin vuelta.

                                     La sonrisa de Marilyn, quizá

                                     disimulando la muerte,

                                     pende de un clavo diminuto

                                     sobre la cama, y en el insomnio

                                     una gota de luz

                                     agujerea la mano que levanto

                                     en señal de stop contra el mundo,

                                     que no se detiene.

* La fotografía de Maribel es del perfil de su blog BUSCADORES DE PALABRAS.

 

 

 

 

 

 

 


LA POESÍA DE CARMEN RUIZ

LA POESÍA DE CARMEN RUIZ

    Como cada otoño, la Asociación Aragonesa de Escritores, con la colaboración del Gobierno de Aragón, organiza un ciclo de poesía en el local zaragozano La Campana de los Perdidos. El viernes pasado se dieron cita en el local los jóvenes poetas Octavio Gómez Milián, Carmen Ruiz Fleta y el músico y compositor Juan Luis Saldaña. Los ecos de los poemas de estos autores resonaron en las paredes de un local que acoge cada dos semanas el ciclo "Poesía para Perdidos".

    Me entusiamó la música de un Juan Luis comprometido y crítico, me llegó muy adentro la voz profunda del escritor Octavio Gómez. Pero lo que más me emocionó fueron los versos de Carmen Ruiz, una poeta de lo cotidiano, una escritora que crece día tras día y prepara con ilusión su próximo poemario. La joven compositora zaragozana - incluida en la Antología de Ángel Guinda que será presentada el próximo día 9 en la Biblioteca de Aragón - vive cada uno de sus poemas, explota cada palabra, nos hechiza con un entusiasmo desbordante. Lo demostró anoche en este acto poético y lo ha demostrado en las obras que ha publicado hasta la fecha. Los poemas de Carmen hablan del amor, de la vida, del latido cotidiano, del surco de los días, de las relaciones humanas, del entorno, de los sueños de futuro.

    Plasmo uno de los poemas que leyó ayer la autora aragonesa:

                              

Hace ya unos días que no creo en las películas,
en el mutuo entendimiento de ojos.
Hace unas noches que sólo sueño con párpados ardientes
que supuran rocío negro.
Se me ocurre preguntarle a la espalda que duerme junto a la mía
si alguna vez se quebró de amor,
si se hernió de costumbres
y si alguna vez soñó con párpados al borde del suicidio.
Pero pocas veces encuentro algo más que silencio.
Eres un ovillo de pan caliente
al que pregunto confundida,
sedienta de palabras que nunca me dirás,
que ni siquiera conoces.
Estúpida vuelta de tuerca,
cabeza aprisionada de deseos,
perfecta sonrisa.
Mírame bien.
¿no ves que estoy llorando?

                         

CARLOS EDMUNDO DE ORY, POETA ICONOCLASTA

CARLOS EDMUNDO DE ORY, POETA ICONOCLASTA

     Acaba de fallecer en la localidad francesa de Thezy-Glimont el poeta gaditano Carlos Edmundo de Ory, fundador el postismo, iconoclasta, original, vital.

    Conocí a Carlos en abril de 1994 en el congreso celebrado en Zaragoza en homenaje a otro gran iconoclasta, Miguel Labordeta. A pesar de su edad, Carlos respiraba juventud y entusiasmo por los cuatro costados.

    Plasmo un poema de su antología como homenaje póstumo a este escritor injustamente olvidado y poco conocido:

Olor de amor

Hueles de una manera diferente.
Amar es una forma de olor. El cuerpo impone
su presencia de aroma que subleva
esa selva, ese bosque
que somos.
No te veo.
No llego a tu contacto. Llegan flores
raras, deshechas, invisibles.
Certidumbre de ti en medio de la noche.

Un salvaje rosal es tu olor. Una
paloma es, y su vuelo recorre
hasta mí el aire. Una
profunda cabellera esparcida en el borde
de mi memoria.

Tu enredado aroma
entre mis dedos algo tuyo esconde.
Hasta mi llegas cada día hecha
olor enmarañado de azucenas y áloes.

Trasminas existencias. Te declaras
realidad amorosa que responde
a mi busca. Llamada
que su contestación en mi recoge.

Rastro exhalado, huella
reconocible, evanescente torre 
de olorosa verdad. Humano aroma
de mujer junto al hombre.

Amar es una forma de olor. Llegas
fragante. Llego. Nos acoge
la onda que huele a vida enamorada,
a claveles que en dos bocas se rompen.

 (FOTOGRAFÍA: Carlos Edmundo con Petisme en la fiesta final del congreso sobre Miguel Labordeta)

EL VIOLÍN NEGRO

EL VIOLÍN NEGRO

     El corazón de París y los subterráneos de la Ópera Garnier son el marco privilegiado que ha elegido la joven escritora zaragozana Sandra Andrés Belenguer para ambientar su primera novela El violín negro.

     El violín negro no sólo es un homenaje a Gastón Leroux, autor de la famosa obra El Fantasma de la Ópera. Es, además, un buceo original e inteligente en uno de los mitos que, hace ya más de cien años, corrieron de boca en boca por los mentideros de la capital francesa. La novela de Sandra Andrés nos sumerge desde el principio en un mundo de leyenda, en un ambiente esotérico, en una ciudad llena de edificios emblemáticos y surcada por catacumbas pestilentes.

    Así comienza la novela: Atardecía ya en París. Enfundado en un abrigo negro y una desgastada gorra, un hombre atravesaba precipitadamente Le Pont des Arts dirigiéndose hacia el lado derecho del Sena. La ciudad entera sufría el temporal propio de diciembre y el frío se dejaba sentir con intensidad por los escasos viandantes que aún circulaban. París se sepultaba poco a poco bajo la nieve, y sus calles, casi desiertas, le conferían un aspecto gris y fantasmal. El único sonido existente era el inquietante bramido del gélido viento y el ruido de las ruedas de los carruajes sobre los blancos adoquines.

    Una novela dirigida a todo tipo de lectores, especialmente a aquéllos que se sienten atraídos por un mundo distinto al que vivimos todos los días. Bajo una apariencia rutinaria, puede surgir un secreto o una pista inefable que nos hermane misteriosamente con nuestros antepasados. Es lo que le pasa a Christelle, la joven protagonista, que intenta averiguar cuál es el secreto del violín que llega a sus manos. La intriga está servida. Además, hay un movimiento pendular que nos sumerge alternativamente en el París de mediados del siglo XIX, en la ciudad preindustrializada de inicios del siglo XX y en la actual capital europea de principios del siglo XXI.

     Hay que destacar, además, que la redacción de la novela es fluida, sin aderezos inútiles y con una prosa clara, con acertadas descripciones detallistas y diálogos ágiles. Cualquier lector interesado en la buena literatura disfrutará con la lectura de una novela que está despertando gran interés entre jóvenes y adultos.

FERNANDO LALANA, PREMIO CERVANTES CHICO

FERNANDO LALANA, PREMIO CERVANTES CHICO

     El escritor aragonés Fernando Lalana (Zaragoza, 1958) recibió ayer en Alcalá de Henares de manos de la princesa doña Letizia el premio Cervantes "chico". Con este galardón - que no tiene compensación económica - se quiere reconocer la labor de un autor que ha escrito más de cien obras dirigidas especialmente a un lector juvenil.

     Desde que escribió El secreto de la arboleda (finalista premio Barco de Vapor en 1981) y El zulo (premio Gran Angular en 1984), Fernando se ha dedicado a la creación literaria con el objetivo de despertar en los niños y jóvenes el amor a la lectura y las inquietudes literarias. 
     Una de las novelas que más me impactaron fue Morirás en Chafarinas, llevada a la pantalla por el director Pedro Olea en 1995. Lalana vino al instituto zaragozano de Miralbueno a dialogar con unos jóvenes encantados con una obra que reflejaba en cierto modo su etapa de servicio militar en este enclave melillense. Después siguieron muchas otras obras, todas caracterizadas por ese lenguaje fluido, terso, directo, sin concesiones a la galería ni a la literatura fácil.

     Porque si algo caracteriza a las novelas de Fernando Lalana es - según han manifestado los que le han concedido este prestigioso premio - "la capacidad de crear obras que cautivan a los jóvenes por la profundidad de sus protagonistas y por ser tan bien contadas, además de tener una gran aceptación en el ámbito escolar y educativo". Porque han sido muchos los niños y jóvenes que, gracias a Fernando, se han enganchado a un hábito lector que tal vez no abandonen nunca. Lalana lo sabe y por eso escribe lo que le gustaría leer. Y, aunque sus obras vayan dirigidas a un público juvenil, también los adultos pueden sumergirse en un mundo de aventuras, teñido de un enfoque humorístico y aderezado de reflexiones sobre la historia, el presente y el porvenir.

NUEVA NOVELA DE ANA ALCOLEA

NUEVA NOVELA DE ANA ALCOLEA

     Acabo de leer de un tirón la última novela de la escritora y profesora zaragozana, Ana Alcolea. Me ha parecido simplemente genial y me ha recordado pasajes de sus tres primeras novelas juveniles, en especial de El medallón perdido (2001), esa novela que entusiasmó a tantos adolescentes y que despertó el hábito de la lectura en tantos alumnos y alumnas de nuestra geografía.

     La sonrisa perdida de Paolo Malatesta - así reza el título del octavo libro de la autora - forma parte de la colección "El árbol de la Lectura" que presentó la editorial Oxford en la Feria del Libro de Huesca el pasado mes de junio. Es una novela dirigida a lectores jóvenes, pero que merece la pena ser leída por cualquier adulto interesado por el arte, por el teatro y, sobre todo, por las reflexiones profundas sobre la vida, el amor y los sueños de futuro.

     La novela surgió de un viaje a Zurich de la autora en mayo de 2009 para asistir al cumpleños de una amiga. Este será el punto de partida de casi trescientas páginas de intriga policíaca, entremezclada con retazos de literatura, de arte y de teatro. Ana Alcolea alcanza con esta novela un escalón más en su trayectoria creativa. Su prosa diáfana, sus descripciones exquisitas y sus acertadas reflexiones  convierten a los personajes en seres cercanos, personas de carne y hueso que podemos encontrar cualquier día en nuestro camino.

    Como decía Ana el día de la presentación: "Todos llevamos un adolescente dentro. Quizá es lo que nos ayuda a escribir estos libros". En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta confluyen tantos caminos, se dan cita tantas inquietudes, que yo diría que es una síntesis creativa de sus tres primeras novelas.

    Quiero acabar esta modesta y cariñosa valoración de la obra con una reflexión que la autora pone en boca de Carolina, la joven coprotagonista, en los primeros compases de la novela: A veces es difícil asomarse a la vida. A veces, la vida es un acantilado del otro lado de la terraza a la que nos da vértigo asomarnos. En cambio, otras, la vida tiene vidrieras que nos pintan de colores los momentos que nos parecen más grises.