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josemarco

IMPRESIONES

LAS ERAS

LAS ERAS

     Todavía recuerdo que, en mi temprana infancia, las eras eran un lugar de juegos, de aventuras, un recinto lúdico. En mi pueblo había eras de todo tipo. Estaban cubiertas de hierba y en verano, cuando llegaba el tiempo de la cosecha, recibían la mies espigada que era triturada por el trillo que daba vueltas y más vueltas como una noria, y aventada por una máquina rudimentaria, que entonces nos parecía el invento más sofisticado.

     Recuerdo especialmente la era del tío Juan – que aparece en la fotografía adjunta -. Está situada en el lugar más elevado del pueblo. Desde allí se divisaba el perfil de las casas arracimadas hacia el castillo, las cruces del calvario y la airosa torre de la iglesia de San Juan Bautista. Esperábamos ansiosos la llegada de las caballerías, que acarreaban el cereal y lo esparcían formando un curioso círculo. Todos buscábamos la oportunidad de montarnos encima de la tabla del trillo y comenzar a rodar y rodar. Eso sí, intentábamos mantener el equilibrio y huir como de la peste de esos filos dentados que suponían un peligro para nuestra integridad física. Mientras tanto, la aventadora no paraba de expulsar un polvo insolente que llamaba nuestra atención, pero nos mantenía lo suficientemente alejados para evitar cualquier imprevisto.

      En Aliaga había dos eras un poco más grandes, como de más categoría. Eran las eras largas y las eras cortas. En ellas se concentraban varios corrales y se trillaban varias cosechas de mies al mismo tiempo. Las que más me gustaban eran las eras largas. En ellas, cuando llegaban las fiestas de septiembre, se celebraban diversos juegos populares como carreras de sacos, carreras de burros o la captura de un gallo que pendía de un palo alto en forma de cucaña. Todo ello ya pertenece al álbum olvidado de la memoria.

      Hoy las eras son lugares solitarios y desolados. Los pequeños corrales están abandonados o se han convertido en garajes o almacenes. Sólo queda el recinto cubierto de hierba y de maleza. Ha ocurrido lo mismo que con las otras eras, esas pequeñas parcelas o bancales que tapizaban las colinas del castillo y que se trabajaban año tras año para extraer de la tierra un fruto escaso pero necesario. Los tiempos han cambiado tanto en las últimas décadas, que nuestros hijos sólo conocen una acepción de la palabra ERA: período de tiempo más o menos amplio en que puede dividirse la historia. Las demás acepciones sólo quedan en ese mausoleo de las palabras que es el diccionario. Y en la memoria de los que vivimos esa época irrepetible.

 

TEJADOS

TEJADOS

     Siempre me ha atraído y cautivado la contemplación de la silueta de los tejados y azoteas de un pueblo desde una eminencia. Los tejados son una metáfora de las ensoñaciones, de las esperanzas, de las ilusiones. La literatura, el cine y el arte en general están surcadas de tejados de todo tipo: tejados de zinc, tejados de uralita, tejados de pizarra o tejados rojizos de la clásica teja castellana.

    La reparación del tejado de mi casa del pueblo, me ha llevado estos días a reflexionar sobre esas Visiones y sueños de Torres con Quevedo por Madrid, sobre este Diablo Cojuelo satírico y picaresco y - ¡cómo no! - sobre la obra de teatro de Tennessee Williams, La gata sobre el tejado de zinc caliente, que logró una gran acogida a finales de los años cincuenta del siglo XX.

    Consulto el blog de Lola Mariné - http://gatosporlostejados.blogspot.com - y me llama la atención esta reflexión que la escritora plasma en su portada, a modo de bienvenida: El escritor, la escritora, como gatos por los tejados observan la vida a su alrededor desde la distancia, aparentemente impasibles; pero en algún momento, una palabra, un gesto, una mirada, empiezan a configurar en su mente una historia y no recobran el sosiego hasta que se sientan a escribirla.

    Todos hemos sido como gatos por los tejados en algún momento de nuestra vida. Todos hemos vivido aventuras infantiles en las que intentábamos saltar de un tejado a otro, o de una azotea a la del vecino para emprender una huida o buscar una experiencia fascinante. Pero no sé si nos hemos detenido de vez en cuando a observar desde la distancia el discurrir de la vida de un pueblo, de una aldea, de un barrio, de una pequeña ciudad. Desde los tejados, desde las azoteas, desde lo más alto de los edificios, muchos escritores han seguido la pauta de la escritora barcelonesa y han enriquecido su experiencia interior con nuevas visiones, nuevas perspectivas, nuevas percepciones.

     Esto me está ocurriendo durante estos días calurosos de julio en Aliaga. La silueta del pueblo se me presenta dibujada como en un cuadro realista. Lo demás es ya fruto de mi imaginación, de mis recuerdos, de mi memoria del pasado. Un tejado nuevo será pronto un cambio de imagen, un viraje distinto de los sueños, una mirada nueva de futuro.

(FOTOGRAFÍA: Vista parcial de los tejados de Aliaga, mientras destejan el mío)

MIRANDO AL CIELO

MIRANDO AL CIELO

     Hay días en que es mejor mirar al cielo. Tender la vista hacia el horizonte infinito y contemplar ese azul implacable que nos cura de las heridas y nos revitaliza por dentro. Es mucho mejor mirar al cielo que inclinar las pupilas hacia las miserias cotidianas. Hay tanta desolación en nuestro entorno, tanta miseria, tanta incertidumbre, que la contemplación de las montañas de la sierra en esta mañana dominical puede ser incluso algo terapéutico.

    Los fines de semana tienen últimamente muchas ventajas. Hay que destacar, entre otras, el obligado paréntesis de la rueda siniestra de la economía, que nos da un mazazo un día sí y otro también. Todo se encamina al borde del precipicio, todo está bajo sospecha. Hasta el clima parece que se ha puesto de acuerdo con las cotizaciones de la bolsa. Descensos, escasez de agua y cauces de los ríos desolados. Parece que estemos viviendo un verano de transición, un estío de sobresaltos, una estación incómoda. Casi sin querer ya anticipamos el otoño, un otoño caliente, un otoño de crudas realidades y oscuros presagios.

    Por eso hay que mirar al cielo, hay que contemplar las estrellas al anochecer, hay que pasar de puntillas por esta sequía pertinaz, por este bombardeo de noticias incongruentes, por esa escalada cruel de la prima de riesgo. Y hay que intentar sonreír, hay que intentar vivir intensamente el presente, hay que intentar soñar. Y valorar la amistad, las tardes dilatadas en el campo, las veladas alegres y despreocupadas, las tertulias, las lecturas amenas, el ocio bien empleado.

     Y hay que mirar también hacia el cielo para adivinar la llegada de alguna nube por el horizonte, que siembre de copiosa lluvia los campos, que revitalice los cauces de los ríos, que aleje para siempre el fantasma de la sequía. Para que el río Guadalope, mi río de toda la vida, no muestre esta imagen fantasmal y descarnada, con sus entrañas despojadas de vida y de alegría.

(FOTOGRAFÍA: Cauce seco del río Guadalope a su paso por Aliaga)

CORAZÓN SIN ARRUGAS

CORAZÓN SIN ARRUGAS
                                  Cuando despunta el alba,
                                 caminas por las calles solitarias
                                 de tu querido pueblo
                                 y adensas los recuerdos,
                                 los posos del pasado,
                                 las vivencias lejanas
                                 con una dulce y gris
                                 melancolía.

                                  Tienes la mente clara
                                 y tus ojos despiden
                                 un halo de nostalgia
                                 surcada por los años
                                 y por las estaciones sin retorno.

                                  Tienes el alma joven
                                 y un corazón alegre,
                                 sin arrugas.

                                  A pesar de los años,
                                 a pesar de los ecos solitarios
                                 de un pasado lejano,
                                 aderezas las horas
                                 con tu eterna sonrisa
                                 y el brillo juvenil
                                 en tus pupilas.

                                  Corazón sin arrugas,
                                 desafías el ritmo acelerado
                                 del tiempo que se esfuma
                                 desde el alba al ocaso
                                 por las veredas grises y empinadas  
                                 de este pueblo vacío.
 
(FOTOGRAFÍA: Del blog de Jesús García Peón, Diversidad funcional)

A VISTA DE PÁJARO

A VISTA DE PÁJARO

     Un paseo matinal por los alrededores de Aliaga lleva consigo el ascenso de alguna pequeña montaña y la contemplación del paisaje de este hermoso valle desde cualquier eminencia dentro del itinerario. La sierra tiene unas ventajas que el llano no nos ofrece. El ascenso rompe la monotonía del paisaje y nos ayuda a ver lo cotidiano de un modo distinto. Es como la vida misma.

    Hoy me he dirigido hacia la carretera de Camarillas. Desde la Porra, he tomado un sendero pedregoso que va ascendiendo progresivamente hasta la carretera. Un atajo que ha sido utilizado durante muchos años por los caminantes y por las caballerías. A mitad del camino, el abrevadero que llegó a saciar la sed del ganado está casi seco y abandonado. La misma sequía que el río La Val. Hace muchos años que no veía el cauce de este río tan desolado. Al llegar a la carretera, compruebo que hay una máquina excavadora y que la están arreglando. Quieren añadir un carril más a este tramo que no se ha reparado nunca. Me sorprenden estas obras en tiempos de crisis. Casi no pasan coches. Parece una ruta desolada y fantasmal. Eso sí. La vista que contemplo desde un mirador del Parque Geológico es impresionante: Aliaga en el fondo del valle, con la torre de la iglesia y la hilera verde de chopos cabeceros; hacia el norte Hinojosa de Jarque y Jarque de la Val, que parecen un mismo pueblo; y, sobre todo, cerros, colinas, pequeños picos y los plegamientos que indican que hace miles de años esta zona estuvo bañada por las aguas de algún mar oculto.

      Desciendo hacia el barrio de Santa Bárbara y me acerco a la partida de campos que bordean el río La Val. Compruebo con tristeza cómo la hierba va ganando terreno, los frutales pierden sus ramas, las paredes se desmoronan y las lindes desaparecen. El abandono y la soledad son el denominador común de unos campos que hace cuatro décadas producían todo tiempo de hortalizas y frutas de invierno. Al acercarme al cauce del río, compruebo de nuevo los devastadores efectos de la sequía. Cada vez se estrechan más sus márgenes y cada vez se parece más a una acequia. Sólo los chopos sobreviven a este deterioro del paisaje. A vista de pájaro se apreciaban mejor todos los detalles del valle, pero ya más cerca se pueden comprobar los efectos de los inviernos desolados y de la escasez de agua.

     Me quedo con la sensación agridulce de lo que fue y con la incertidumbre de lo que serán estas sierras cada vez más agrestes y solitarias. Eso sí, lo pintoresco del paisaje gana terreno día tras día.

 

NOCHE SIN LUNA

NOCHE SIN LUNA
                                    No busques en la noche
                                   el amargo sabor de la nostalgia
                                   ni la huella sin fondo
                                   de estas calles heridas 
                                   por la niebla.
                                    Acaso te equivocas
                                   si buceas sin tregua
                                   en el poso agridulce del pasado.
                                    Tal vez ya has olvidado
                                   que esa luna que oculta tu mirada
                                   es una luz sin fondo
                                   en las pupilas dulces del presente
                                   que acaricia la noche
                                   de este sábado incierto                                
                                   y desolado.
                                    Es tan largo el camino de los sueños
                                   que aún vale la pena
                                   surcar las avenidas
                                   sin destino
                                   antes de que el mañana
                                   impredecible
                                   nos sorprenda con nuevos sobresaltos
                                   y la luna despierte
                                   de su sueño fugaz de enamorada.
 
(FOTOGRAFÍA: senderos-musicales.blogspot.com)
 

LOCUS AMOENUS

LOCUS AMOENUS

     Abandonar por unas horas la rutina festiva de la gran ciudad y acercarse a uno de los valles más atractivos del Pirineo aragonés es un manjar reservado a unos pocos. Porque éramos pocos - muy pocos - los que nos hemos acercado en este Día de Aragón a uno de sus parajes más agrestes y solitarios. Me refiero al Valle de Tena y al balneario de Panticosa.

     Hacia las once y media hemos dejado el coche a la entrada del recinto del balneario - un lugar abandonado y fantasmal - y nos hemos encaminado bajo una ligera nevada hacia el los ibones de Bachimaña. La primera pendiente ha sido dura. Sólo servía de alivio la contemplación de las aguas cristalinas y de las pintorescas cascadas del río Caldaés (fotografía adjunta) que queda a nuestra derecha. Pero lo más difícil está aún por llegar. Tras un pequeño remanso tapizado de nieve virgen, se adivina la temida cuesta el Fraile, con el consiguiente riesgo de aludes, mientras la nieve comienza a caer sin tregua y el paisaje se oculta entre la niebla. Toda una aventura hasta la llegada al ibónn inferior y a un pequeño refugio donde recuperamos fuerzas.

     El regreso no ha sido tan llevadero como esperábamos. Pero, después de poco más de tres horas, ya estábamos en el coche cambiándonos el calzado y tomando un nuevo tentempié. La aventura había terminado. Felices y contentos hemos regresado a Zaragoza. Eso sí, ha quedado atrás el balneario de Panticosa como un espectro solitario, dejado de la mano de Dios y de los hombres. ¿A qué se debe esta situación? Y nos hemos hecho varias veces otra pregunta: ¿Por qué han cerrado tan pronto las estaciones de esquí? Tenemos nieve para rato. ¿O no sabían que el invierno llegaba rezagado?

 

EVOCACIONES DE SEMANA SANTA

EVOCACIONES DE SEMANA SANTA

     Hoy ha amanecido Aliaga con un clima invernal. Suele ser lo más frecuente en estas fechas de Semana Santa. Mientras la nieve cae copiosamente y comienza a teñir de blanco los tejados, evoco con nostalgia la Semana Santa de mi infancia. Esos días lúgubres y tenebrosos que se parecen más a lo que plasma Luis Buñuel en alguna de sus películas que a la realidad actual. El novelista aragonés Ramón J. Sender lo evocó con realismo en uno de los volúmenes de Crónica del alba: unos días de luto, de silencio, de prohibiciones y de profunda tristeza. 

     La Semana Santa actual - ¿no habría que cambiar el nombre? - ha dado un giro radical debido a los cambios sociales y políticos. Las nuevas generaciones ya no viven en ese clima de temor y de secreta admiración por lo sublime. La Semana Santa se ha democratizado y se está viendo afectada por un clima de laicismo y secularización. La mayoría de los ciudadanos disfrutan de estos días como un tiempo de ocio o como un paréntesis anhelado para romper la rutina cotidiana. Es verdad que quedan todavía personas creyentes, convencias de su fe y de su devoción. Pero si observamos la realidad, veremos que las playas, la montaña o los viajes a otros países son, a pesar de la crisis, los destinos de unos días más o menos primaverales.

     Evoco la Semana Santa de mi infancia y sólo se parece a la actual en este clima invernal inclemente. Los bares están abiertos, la vida discurre con normalidad y sólo las ceremonias religiosas mantienen encendida la llama de la fe para los verdaderos creyentes. En aquellos años oscuros del franquismo se vivían estos días casi con miedo. Ese temor infantil surcaba nuestras venas y nos sumía en un ambiente de tinieblas y silencios. Sólo me cautivaba el sublime secreto de las imágenes ocultas con paños morados, el sonido amaderado de las carracas, el silencio sepulcral de las campanas y, sobre todo, la procesión del Viernes Santo por la vega y el cascajar, con el sonido de los tambores como fondo y las trompetas que desafiaban el silencio del crepúsculo.

     Han cambiando los tiempos y, afortunadamente, predomina el respeto y el talante democrático. El rostro de la Semana Santa ha cambiado tanto, que sólo a través de la literatura y el cine revivirán las futuras generaciones el perfil más tradicional de esta semana de ocio y de descanso.

TIEMPO PARA EL AMOR

                                   A veces me sorprende
                                 que no encuentres el tiempo
                                 de la vida,
                                 el tiempo del amor.
                                  Lo sé.
                                  Sé que te refugias
                                 en el reducto gris de los espejos,
                                 en la rutina aterciopelada
                                 de los días sin ruta,
                                 en el poso silencioso
                                 de las horas amargas.
                                  Por eso
                                 - así me lo confiesas -
                                 no encuentras el momento
                                 para amar sin recato,
                                 para abrazar los días
                                 de inicierta primavera,
                                 para escuchar el eco
                                 de una caricia oculta.
                                  Siempre es tiempo de amor,
                                 aunque la luz nos ciegue
                                 y la penumbra ahogue
                                 el aleteo suave de la vida.

REUS, LA CUNA DE GAUDÍ

REUS, LA CUNA DE GAUDÍ

     A mediados del siglo XIX - en 1852 - nació en Reus (aunque algunos hablan de la cercana Riudoms) el famoso arquitecto modernista catalán Antoni Gaudí i Cornet. Pocas huellas ha dejado en su ciudad natal. Sólo sabemos que procedía de una familia de caldereros y que estudió en los escolapios antes de trasladarse a Barcelona.

     Hay que recordar que esta ciudad, cuyo nombre procede de red o cruce de  caminos, llegó a ser desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX la segunda ciudad en importancia de Cataluña. Su riqueza industrial, agrícola, social y cultural está presente en todas sus calles y en sus principales plazas y avenidas. Porque el casco viejo de esta ciudad, que ya ha superado los 100.000 habitantes, está lleno de monumentos modernistas - el palacio Bofarull, la casa Navás, la casa Rull, el edificio del ayuntamiento en la plaza Mercadal, los pabellones del Instituto Pere Mata -. Además de ser la patria de Gaudí, vieron la luz en Reus personajes famosos como "Agustina de Aragón", heroína de los sitios de Zaragoza, el general Juan Prim o el pintor Mariano Fortuny.

     Durante este último fin de semana, he vuelto a pasear por las calles de Reus y he vuelto a admirar sus monumentos, sus calles comerciales, sus plazas con soportales, sus centros culturales, el campanario de Sant Pere y el flamante recinto deportivo. Me han encantado las plazas de Prim y Mercadal, el teatro Fortuny y los edificios modernistas más emblemáticos. He admirado el nuevo mercado, el nuevo hospital y las nuevas avenidas. Porque Reus está situado en un lugar privilegiado, cerca de la costa y cerca de la montaña. La primavera surcaba sus calles y avenidas. Y algunos de sus monumentos orlaban las calles peatonales, repletas de viandantes el sábado por la tarde. Un crepúsculo ciudadano sin agobios ni ruidos urbanos.

     En la fotografía adjunta está la placa situada en la casa en la que, según todos los indicios, nació Antoni Gaudí. Un reusense internacional, que ha dejado obras irrepetibles por toda Cataluña y por parte de España.

    

MENOSPRECIO DE CORTE

MENOSPRECIO DE CORTE

     Volver al campo, aunque sólo sea por unas horas. Reencontrarse con tu paisaje, con tus gentes, con el silencio y la soledad de la sierra invernal, es un placer reservado a unos pocos.

     Es verdad que los tópicos renacentistas - Beatus ille, Locus amoenus o el que inspiró la obra de Fray Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea - han caído en desuso. Es cierto que los hechizos de la gran ciudad, la atracción del bullicio, de los lugares masificados, del ruido de los motores, del ajetreo urbano están calando cada vez más en las nuevas generaciones.

     Pero la naturaleza, el silencio del valle, la soledad de la sierra, el murmullo del río, el color amarronado de los campos, los brotes prematuros de los chopos cabeceros, el aire incontaminado, la brisa fresca y suave, el horizonte verdeazulado, el plácido alboroto de los pájaros, la orgullosa eminencia de las colinas, el trazado geométrico de las huertas, los caminos recónditos, las veredas ocultas, la contemplación a vista de pájaro de un paisaje familiar,...Todo confluye en una armonía silenciosa que, a pesar de la soledad de las calles, a pesar de las casas solitarias, a pesar de la ausencia de vecinos, te sume en una dulce melancolía y te ayuda a reflexionar sobre este presente convulso y un futuro cada vez más incierto.

    

    

AMOR CADUCO

                          Agarra este momento
                         con sabor a incipiente primavera.
                          Agarra los efluvios
                         que surcan los portales soleados
                         al filo del ocaso.
                          Agarra, sí,
                         la vida
                         que inunda las aceras.
                          Aunque sepas de sobra
                         ... que tienes ya en tus carnes
                         esa etiqueta negra del destino
                         como animal herido
                         en el costado.
                          Haz acopio de amor,
                         haz acopio de sueños,
                         de sonrisas,
                         de inaplazables pulsos,
                         de sutiles deseos.
                          Atenaza el presente...
                          Acaso te reserve,
                         cual un latido oculto,
                         esa felicidad que se acurruca
                         más allá del azul de un horizonte
                         efímero y fugaz
                         como la vida.
                          Sí.
                          Eres joven aún,
                         joven de corazón
                         y de esperanza.
                          Nunca serás tan joven como ahora...
                          ¿Dejarás que el amor pase de largo?

DOMINGO DE CONTRASTES

DOMINGO DE CONTRASTES

     Reparto la mañana del domingo entre un paseo en bicicleta por los aledaños del recinto de la Expo de Zaragoza en 2008 y un recorrido a pie por uno de los nuevos barrios de la ciudad del Ebro: el parque Goya. En el recinto ferial, todo huele a pasado, a decrepitud, a dejadez, a abandono. Cada vez se parece más a un titánic terrestre escorado hacia el cauce del Ebro y contagiándose de la soledad e indolencia de este meandro fluvial. Sin embargo, en el parque Goya se advierte otro aire, otra concepción de la vida, como una mirada de futuro, de progreso, de diseño más racional de esta ciudad cada vez más dispersa y más diversa. Me doy cuenta de que la mayoría de sus calles y establecimientos están dedicados al famoso pintor de Fuendetodos. Me informo, además, de que Goya pintó una obra dedicada a nuestra primera novela picaresca, El Lazarillo de Tormes.

      En mi camino de regreso de la Expo, ya al filo del mediodía, oigo dos murmullos callejeros, claramente distintos, nítidamente contrastados: los ecos de la masiva manifestación convocada por los sindicatos - unas 70.000 personas - contra la reciente reforma laboral del gobierno del PP - y el alboroto infantil de los cientos de niños que disfrutan del carnaval en la cercana plaza del Pilar. Mientras tanto, en Sevilla, el partido del gobierno celebra su convención haciendo caso omiso de tantas y tantas manifestaciones populares. Ellos prefieren pensar en las elecciones autonómicas de finales de marzo. Es el último feudo socialista que ansían recuperar, cueste lo que cueste.

      Domingo de contrastes. Con el cierzo por bandera. Con la fiesta de los Amantes en Teruel. Con el anticipio paulatino de la primavera. Con la sensación de que este febrero es eterno, casi interminable. Domingo de recuerdos. Domingo de celebraciones. Sólo queda para el lunes un nuevo partido agónico del Real Zaragoza. Con este nuevo horario, van a vaciar de espectadores los terrenos de juego. Es una lástima. Nos han quitado hasta las tardes dominicales de sueños e ilusiones.

 (Fotografía: Reproducción de "El Lazarillo de Tormes" de Goya.)

 

AL HILO DE ESTE MES LOCO

AL HILO DE ESTE MES LOCO

      Muchos son los refranes que ha recogido la sabiduría popular sobre el mes de febrero. Un mes loco, irregular, caprichoso, imprevisible. Hasta el invierno rezagado se recrudece durante estos días previos a los Carnavales, a la Cuaresma y a la postiza celebración de San Valentín. Cito algunos dichos populares: "En febrero loco, ningún día se parece a otro". "En febrero, un día al sol y otro al brasero". "En febrero, guarda leña en tu leñero".

      No sé si será pura casualidad, pero en febrero tuvo lugar la asonada esperpéntica de Tejero en 1981 y en febrero acaban de conocerse decisiones judiciales que han caído como una bomba sobre gran parte de los ciudadanos progresistas y auténticos demócratas de este país. Tanto es así, que uno se pregunta con frecuencia si existe la justicia y si el Tribunal Supremo decide con la objetividad y el sentido común que se espera de él.

     La inhabilitación al juez Garzón durante once años, que ha arruinado definitivamente su carrera, la absolución de Camps y la esperpéntica sanción a Contador son la punta del iceberg de un trasfondo revanchista, sibilino y, a todas luces, incongruente.

      Es verdad que la vida está hecha de incongruencias, que la realidad está tejida de paradojas, que el día a día nos confirma que la realidad supera con frecuencia a la ficción. Y todo ello está ocurriendo en este mes convulso, que renace año tras año como un paréntesis invernal difícil de olvidar. Eso sí, todavía queda mucho mes por delante y se nos viene encima una nueva y polémica Reforma Laboral, cambios sorprendentes en Educación y en Sanidad, Grecia al borde de la bancarrota, el petróleo en alza, el paro en un incremento imparable y la incertidumbre aderezando las frías mañanas como una espada de dámocles.

     Uno reflexiona sobre esta oleada de acontecimientos y, en lugar de liarse la manta a la cabeza, prefiere vivir el día a día, contemplar el cielo azul desde la ventana, leer un buen libro, quedar con los amigos y esperar a que quizás algún día las noticias dejen este tono gris invernal y anticipen una primavera añorada y deseada.

FELIZ AÑO NUEVO

    Agazapado, huidizo y algo cabizbajo se ha asomado a nuestras vidas este año 2012. Un año bisiesto y lleno de incertidumbre. 365 días para sembrar, para soñar, para encender llamas de ilusión y de esperanza. 12 meses para cobijarse a la sombra de este árbol del amor y de los buenos deseos.

                                

                                                   Ríe
                                                Relájate
                                                Perdona
                                               Pide ayuda
                                              Haz un favor
                                             Delega tareas
                                           Rompe un hábito
                                           Expresa tus ideas

                                           Haz una caminata
                                                 Sal a correr
                                     Pinta un cuadro. Sonríe a tu hijo
                                   Permítete brillar. Mira viejas fotos
                                  Lee un buen libro. Canta en la ducha
                                Escucha a un amigo. Acepta un cumplido
                             Ayuda a un anciano. Cumple con tus promesas

                                        Termina un proyecto deseado
                                  Sé niño otra vez. Escucha la naturaleza
                                 Muestra tu felicidad. Escribe en tu diario
                              Trátate como un amigo. Ama a los animales
                           Haz un álbum familiar. Date un baño prolongado
                         Por hoy no te preocupes. Deja que alguien te ayude
                       Apaga el televisor y habla. Escucha tu música preferida

                       Mira una flor con atención. Dedica tiempo a los demás
               Haz una buena acción cada día. Sonríe cada vez que alguien te mire

                                    Aprende algo que siempre deseaste
    Haz un pequeño cambio en tu vida. Cierra los ojos e imagina las olas de la playa

        Llama a tus amigo. Mejor, visítalos. Ve a la biblioteca y escucha el silencio

   Haz una lista de las cosas que haces bien. Haz que las personas  se sientan bien

                Diles a las personas amadas cuánto las quieres y demuéstraselo
                                        Dale un nombre a una estrella
                                             Piensa en lo que tienes
                                                  Planifica un viaje
                                                  Respira profundo

                                                   Hazte un regalo

                                                          Recicla

                                                    Cultiva el amor

      Muy feliz año 2012 a todos los que os acercáis por este blog y me animáis a seguir creando y recreando.

FELIZ NAVIDAD 2011

FELIZ NAVIDAD 2011

     Quisiera pasar de puntillas por estos días. En silencio. Sin ruido. Pero no puedo. Porque, a pesar del poso agridulce de la nostalgia, a pesar de los oscuros recuerdos, a pesar del paso inexorable del tiempo, tengo a mi lado a los seres queridos que me arropan, me animan, me llenan de esperanza.

     Quisiera trasladarme con sigilo a la rutina cotidiana de principios de enero, pero no puedo obviar las vivencias de estas fechas, el calor de mis amistades, los buenos deseos de tantas personas que he conocido a lo largo de este 2011 efímero y convulso.

     Quisiera olvidar el pasado. Y borrar de un plumazo las heridas del tiempo. Pero no puedo. La ilusión me empuja hacia delante. El amor revive como una brasa en mis entrañas. Y la vida me da una oportunidad más para compartir una sonrisa, un gesto de ternura o una mirada dulce.

     FELIZ NAVIDAD  a todos los que leéis habitualmente estas páginas. Y a los que me animáis a seguir expresando mis sentimientos, inquietudes y vivencias.

(La fotografía de La Porra de Aliaga es un regalo de mi amigo Juan Marqués)

¿REGRESO AL PASADO?

¿REGRESO AL PASADO?

     Nunca he creído en lo que he oído cientos de veces - "Cualquier tiempo pasado fue mejor" -. Al contrario, tengo fe en el progreso, en los avances de la ciencia y, sobre todo, en la mejora de las condiciones de vida de las personas.  

     De todos modos, cada vez nos amenazan más fantasmas disfrazados de crisis económica, de un paro galopante, de embargos o de deterioro de las condiciones de vida. A tal estado está llegando la situación en la Unión Europea, que hoy se hablaba en algunos medios informativos de la desparación del euro y de la vuelta a la moneda anterior. ¿Os imagináis una vuelta a la peseta? ¿Os imagináis un regreso a la segunda mitad del siglo XX con todo el lastre que ello supondría? A mí me resultaría extraño, paradójico y rocambolesco.

    Un amigo mío me hablaba incluso de una posible vuelta a la tierra, a los pueblos solitarios, a las casas vacías, al cultivo de los bancales yermos, a la explotación de minas abandonadas, a la mano de obra barata, al carbón, a la leña, a un nivel de vida de supervivencia.  Es de esperar que eso no llegue. Pero lo que está claro es que la situación de incertidumbre se podría prolongar durante unos años más. Porque, de momento, nadie encuentra la solución ni en Europa ni en Estados Unidos. Y la solución debería ser global, porque los problemas se han extendido como una mancha de aceite más allá de las fronteras.

    Paradojas de la vida en esta tarde de noviembre aderezada por la niebla. Una tarde de descanso dominical para la mayoría, de reflexión para los políticos, de tregua para los economistas. Una tarde otoñal, teñida de gris y ocre. Una tarde para seguir mirando al futuro, aunque por el espejo retrovisor de nuestra vida atisbemos el fantasma de la regresión, de una vuelta al pasado indeseable. Sería algo caótico. De todos modos, es bueno nos demos cuenta de que el estado del bienestar tiene un límite y no sería aconsejable sobrepasarlo.

   

HOJAS DE OTOÑO

HOJAS DE OTOÑO

                                   Oigo el susurro suave de las hojas

                                  sobre el asfalto envejecido

                                  en la  ciudad del cierzo

                                  y de la niebla.

                                  Percibo en el silencio matinal

                                 el eco de la vida en las aceras

                                 y el desolado gris de este noviembre

                                 herido de nostalgia.

 

                                 Son los despojos de un otoño dulce,

                                acerado y fugaz como la vida,

                                frágil como el amor en la distancia,

                                acurrucado bajo el cielo cárdeno

                                de esta mañana opaca.

 

                                 HOJAS DE OTOÑO.

                                Amarillo de amor y de nostalgia,

                                ocre de soledad y de silencio,

                                tenue verde de luz

                                sobre el asfalto gris,

                                sobre el alcorque suave, amarronado,

                                sobre la acera herida por las huellas

                                de vidas que se fueron,

                                de amores tan fugaces

                                como el alba.

TARDE DE NOVIEMBRE

TARDE DE NOVIEMBRE

     Nunca me ha gustado el día de Todos los Santos. Ni siquiera cuando era pequeño. Ese ir y venir a los cementerios, esos simulacros encubiertos, esa solapada hipocresía, ese tener que recordar a nuestros seres queridos precisamente este primer día de noviembre. Flores y más flores; velas y más velas; recuerdos, nostalgias y sensación agridulce típicamente otoñal.

     Cada ver recuerdo más al gran escritor romántico Mariano José de Larra, que en su famoso artículo Noche de difuntos de 1836 caricaturizó y criticó con amargura esa peregrinación casi rutinaria al camposanto madrileño. Otros literatos como Leopoldo Alas Clarín en La Regenta han plasmado con realismo las vivencias, emociones y sentimientos que despierta este día. Un día presidido por el sonido lánguido de las campanas, por las hileras de nichos más o menos engalanados, por los recientes jardines de la memoria.

     Es verdad que no hay que olvidarse de los que han compartido parte de nuestra vida. Pero para ello no es necesario fijar un día en el que unánimemente les recordemos de uno u otro modo. No sé si se perderá esta tradición cristiana. Tal vez con las incineraciones - que en algunas ciudades como Zaragoza  ya superan el cincuenta por ciento - las flores y las velas vayan pasando poco a poco a segundo plano. Y los rituales y ceremonias cedan el paso al sentimiento auténtico del corazón. Lo malo es que, desde hace unos años, la tradición anglosajona del Halloween está alcanzando cada vez más protagonismo. ¿Es otra manera de recordar a los muertos? ¿O de caricaturizar a la dama de blando? ¿O de buscar un hueco más para el ocio y el consumismo? Eso me parece a mí. Pero está claro que la seriedad, la tristeza y el recogimiento van cediendo el puesto al jolgorio y la alegría desbocada. Es el signo de los tiempos. El triunfo de lo macabro y de lo grotesco.

     Pero, a pesar de todo, seguiré considerando a noviembre como un mes anodino y a este día inaugural como una fecha inoportuna y artificial. Como tantas otras.

LA SONRISA DEL ALBA

LA SONRISA DEL ALBA

 

Ya huele a madrugada

ya platea la luna los caminos,...

Se despereza el alba.

 

Los sueños dulces ya se desvanecen

como una espuma blanca

y el alba recupera su sonrisa

cual dama engalanada.

 

Ya huele a madrugada

y el amor aletea en tu ventana

con su traje de gala.

 

La mañana te espera aserenada...

Deja el latido inquieto de tus sueños

y siembra de alegría tu mirada.

 

(La fotografía es de Sol Estevan López)