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IMPRESIONES

LA MAGIA DEL MONCAYO (II)

LA MAGIA DEL MONCAYO (II)

     Hace casi cinco años y medio, el once de noviembre de 2007, ascendí por primera vez al Moncayo acompañado de mi hijo Javier, al pico más alto de la provincia de Zaragoza, todo un símbolo y una aspiración para los amantes de la montaña y de la naturaleza. Así terminaba mi impresión de esa ascensión ilusionante - y que podéis leer en este mismo blog: El descenso ha sido rápido y francamente maravilloso. Hemos dejado la cumbre con una cierta nostalgia y con el deseo de volver. Tal vez en primavera y, si puede ser, con ese manto de nieve que atraía e inspiraba a Antonio Machado. Pero el Moncayo tiene más tesoros escondidos. Lo importante es descubrirlos poco a poco. Y degustarlos. Como ese exquisito menú con el que hemos culminado una mañana de aventura y de regreso a la montaña. A una de nuestras montañas más legendarias.

     Han transcurrido cinco largos años para que cumpliéramos estos deseos de volver en primavera con ese manto blanco que cubría la machadiana espalda del pico del Moncayo o de San Miguel (2312 metros). Era un reto, una promesa, una secreta aspiración que logramos ayer, día de San Jorge, día de Aragón. Ha sido una ascensión agridulce, marcada por el recuerdo, por las huellas secretas de la memoria. Una ascensión dedicada a Nieves, a su presencia, a su prematura ausencia, a su impuso vital, a su afán de superación, a su talante solidario. Desde la cumbre volvimos a contemplar un paisaje inolvidable. Pero ya no era lo mismo que la primera vez. Han transcurrido días, meses, semanas marcados por el horizonte de la incertidumbre y por la presencia de una incómoda soledad. Pero nos hemos sabido levantar, nos hemos mantenido erguidos, hemos seguido las huellas del optimismo y hemos ascendido paso a paso la cumbre de los días agrisados y otoñales.

     El Moncayo nos marcó ayer una pauta para la superación, para la lucha contra el paso del tiempo, con el recuerdo de Bécquer y de Machado, con la visita al castillo de Trasmoz y a su recoleto cementerio, con el aliento de una brisa suave, con la contemplación de una nieve virgen, con el cortejo de pinos, hayedos y robledales, con el rumor de la fuente cristalina e incontaminada, con el brillo plateado del sol sobre la nieve, con el cansancio dulce y el suave rumor de los pasos sobre las piedras grises y apizarradas. Un día para recordar, una nueva aventura para romper el lastre de la rutina cotidiana, un regreso al pasado a través de los sueños de futuro y de un presente que se acelera sin tregua ni respiro.

MOMENTOS

MOMENTOS
                                    Nunca dejes
                                  que la vida desfile sin recato
                                  delante de tus ojos.
                                   No te resignes 
                                  al rumor cotidiano
                                  de los días sin luz ni amaneceres.
                                   Aprovecha el momento
                                  del amor,
                                  ... de los sueños,
                                  de las horas sin tregua.

                                   ¿Es que esperas acaso
                                  besar el infinito
                                  olvidando el presente acurrucado
                                  al filo del silencio?

                                   La vida es un regalo
                                  envenenado.
                                   Pero no te resignes.
                                  Aunque el ocaso vista de violeta
                                  tus latidos de luz
                                                         primaverales.

FELICIDAD

FELICIDAD

     En su columna de hoy en Heraldo de Aragón la escritora Irene Vallejo nos habla de la ambición, el afán por poseer y dominar, como camino equivocado para lograr la felicidad. Se adentra como siempre en el meollo de la sabiduría de los clásicos para mostrarnos cómo el afán desmedido de tantos gobernantes y monarcas por extender sus dominios les llevaron a un continuo desasosiego y a una inquietud lindante en ocasiones con la angustia.

     Todos sabemos por propia experiencia que, en este mundo capitalista en el que vivimos, el afán de tener no es el camino para ser felices. Pero casi siempre tropezamos en los mismos despropósitos y contradicciones. Por eso es bueno que volvamos de vez en cuando a los clásicos - y no sólo a los griegos y latinos - para beber en las fuentes de la experiencia, apuntalar nuestra frágil esperanza y libar un poco de néctar de la felicidad.

     A veces nos resulta fácil ser felices en un momento determinado. Pero esa felicidad se nos antoja efímera y tornadiza. Y por ese mismo motivo buscamos más, deseamos más, aspiramos a más. Y esta aspiración es la que nos sumerge en un clima de ansiedad. Aspiramos a mejorar en todo los sentidos. Y eso es bueno, en principio. Pero nuestro nivel de insatisfacción es tal, que los logros alcanzados no nos llenan ese vacío interior tan humano.

      ¿Qué es la felicidad? ¿Puede alcanzar el ser humano una felicidad plena en esta vida? Pienso que la felicidad es algo muy difícil de definir y valorar. Y que es muy difícil alcanzarla, porque su misma caducidad la transforma en pérdida y en añoranza. Añoranza que a veces es nostalgia y otras melancolía. Por eso me gusta decir que, si en algún momento hemos sido felices, ha sido precisamente por su brevedad. Y porque hemos dejado de lado la ambición, los sueños inalcanzables y la vanidad que nos puede aportar el dinero, la fama o el prestigio social.

CADUCIDAD

CADUCIDAD

     Cada vez me sorprenden menos estos meses de febrero turbulentos, caprichosos y paradójicos. No tengo muy buenos recuerdos de este mes, marcado por el frío, los carnavales y el inicio de la cuaresma. Tal vez el único recuerdo positivo sea el nacimiento de mi hijo, fecha irrepetible e inolvidable. Lo demás creo que pertenece al ámbito de lo caduco y perecedero.

     Febrero es un mes caduco, anodino, ancajado entre el primer mes del año y el mes que sirve de pórtico a la primavera. Y es que "febrerillo el loco", como le ha bautizado el refranero popular, nos suele traer pocas alegrías a los que soñamos con una anticipada primavera y aún tenemos esperanzas e ilusiones. Es verdad que es un mes de celebraciones populares - San Blas, Santa Águeda, el jueves Lardero, San Valentín,... - pero, a pesar de ello, no le luce en su cartel de mes anodino y con fama de malos augurios.

     Hay que decir, sin embargo, que febrero es el mes de la natalidad, el mes del amor y, según algunos, el mes adolescente - por eso de ser más breve que los demás. Por eso su brevedad es tal vez el mejor encanto. Brevedad como anticipación - salen las primeros brotes primaverales - brevedad como símbolo de lo efímero, brevedad como destino inexorable de estos 28 ó 29 días.

       De todos modos, lo caduco y perecedero está presente en todos los meses, en todos los días, en todas las horas. Caducan aceleradamente las horas, se esfuman los días, se aceleran las semanas y se acumulan los meses y los años. Lo caduco y efímero es un signo de los tiempos, es un sino vital, es una inevitable e irremediable realidad. Por eso a veces nos gustaría que no caducara la vida, que no caducaran los momentos felices, que no caducara el amor.

      Nos gustaría, eso sí, que caducara la crisis, que desaparecieran de un plumazo los casos de corrupción, que no se hablara nunca más de desahucios, de recortes irracionales, de paro inasumible, de un futuro cada vez más incierto para las generaciones más jóvenes. Esa caducidad es la que no acaba de llegar lamentablemente. Y lo peor de todo es que, según vaticinan los expertos, la crisis y sus secuelas aún no ha tocado fondo.

      Dejaremos de momento los malos augurios y nos centraremos en ese presente que se esfuma después de cada pulsación de las teclas del ordenador. Pensaremos en la paella dominical y en la tarde lánguida asaeteada por un sol cada vez más cálido y esperanzador. Al parecer, todo es según cómo se mira: subjetivo, plural y ambivalente.

SOL CREPUSCULAR

SOL CREPUSCULAR

      Un sol crepuscular, dorado e invernal me acompaña durante la hora y media de regreso a la ciudad del cierzo y de la niebla. A mi vera, pueblos dormidos, vacíos, irremediablemente condenados al olvido. A ambos lados de la carretera, montañas grisáceas, rocas machadianas y valles recoletos.

     Casi todas las fachadas encaladas están orientadas hacia el sur. De este modo, se convierten en mudos espejos de otro día que camina hacia el ocaso. En torno de los caseríos apiñados y presididos por esbeltas torres, las huertas amarronadas o yermas, los pinares solitarios y el río que murmura quedamente la eterna melodía del desamparo y la fugacidad.

     Desde la lejanía, se divisa la franja cárdena de niebla del valle del Ebro y, a lo lejos, los picos nevados de los Pirineos. Pero mucho más cerca, observo la central de Escucha, definitivamente clausurada, cual fantasma de cemento y escoria. Mientras tanto, en la radio recuerdan el setenta y cinco aniversario de la batalla de Teruel, que dejó la ciudad casi totalmente en ruinas. Hablan también de la marea blanca, del tirón de las rebajas y del final de un ciclo festivo.

     Mañana vuelta a la normalidad, a la bendita rutina, al fragor de la gran ciudad, a los atascos, a las prisas, a los reencuentros, al trabajo - para los afortunados que aún lo tenemos. Atrás quedan dos semanas de alegrías, de tristezas, de nostalgia, de charlas con los amigos, de melancolía, de soledad.

(Fotografía: Río Guadalope a su paso por Aliaga)

NUEVOS HORIZONTES

NUEVOS HORIZONTES

Es mejor
que entierres tu nostalgia
en la cuneta gris
de los deseos.
No rebusques ansioso
las huellas aceradas
del pasado
en el contenedor estéril y
efímero.
Deja caer la lluvia
cual lágrima de luz
acariciante
preñada de esperanza.
Y deja que estos días
invernales
siembren en tus pupilas
la escarcha plateada
de los sueños.

UN AÑO PARA OLVIDAR

UN AÑO PARA OLVIDAR

     Mientras la niebla cubre de nostalgia gris los tejados y avenidas de mi ciudad, el año 2012 agoniza sin remedio. Atrás quedan 365 días de ilusiones, de esperanza, de lucha, de incomprensión, de arbitrariedades, de incertidumbre. Porque este año que termina es un año para olvidar. No sólo en lo económico, sino en lo político, en lo social e incluso en lo personal

     A veces me pregunto si el año 2013, que estamos a punto de estrenar, volverá a ser igual o peor que el presente. Me da la impresión de que no van a mejorar mucho las cosas. Pero eso no impide que desde el primer día me levante cada mañana con la esperanza a flor de piel y con la ilusión de un adolescente. Siempre nos pasa igual en los primeros día de enero. A pesar del frío, a pesar de las penurias económicas, a pesar de los problemas familiares o laborales, trenzamos un rosario de buenos propósitos y nos disponemos a caminar con elegancia por la difícil travesía de un año más, de un año que soñamos distinto. Luego vienen la decepción, el desencanto y la cara agridulce de la realidad.

    No quiero ser excesivamente pesimista en estas últimas horas de 2012. Pero me pregunto si hay algún motivo para el optimismo franco y desaforado. Personalmente pediría salud, cariño, amistad y estabilidad laboral. No sólo para mí. Sino para tantos amigos, conocidos, vecinos,...que están sufriendo las consecuencias de esta crisis que, al parecer, se ha instalado en nuestras vidas.

    Sólo me resta brindar metafóricamente por los que están solos durante estas fechas, por los que no van a poder llegar a fin de mes, por los que tienen que rebuscar en los contenedores, por los que duermen en la calle o en los parques, por los que han perdido la esperanza. Es de desear que esta espada de Damocles que pende sobre tantas cabezas no impida atisbar una rendija de luz en el horizonte de tantas vidas rotas y ajadas por la crisis. Eso sí, habrá que dejar atrás 2012 como un año funesto, con pocas alegrías y muchas decepciones.

MANOS AMIGAS

MANOS AMIGAS

Manos aladas.
Manos sarmentosas.
Manos de porcelana.
Manos abiertas al futuro.
Manos cálidas.
Manos curtidas por el tiempo.
Son tus manos
un tesoro de luz y amanereceres.
... Con ellas
buscas el infinito de tus sueños
y tejes día a día
una tela de amor y de esperanza.
Manos de barro,
manos de tierra,
manos de nostalgia,
manos que palpitan
y seducen.
Manos de laten
con un leve murmullo
aserenado.
Manos de soledad.
Manos blancas o negras.
Manos amigas.

ARMAS CONTRA EL PROGRESO

ARMAS CONTRA EL PROGRESO

     Hace dos décadas estuve en Seattle, en el estado de Washington. Y uno de las normas que más me llamó la atención fue la prohibición de consumir bebidas alcohólicas a los menores de 21 años. La verdad es que no estoy en desacuerdo con la medida, después de lo que compruebo un fin de semana tras otro por las calles y parques de mi ciudad. Pero lo que me sigue sorprendiendo es la paradoja de prohibir algo aparentemente inofensivo desde el punto de vista criminal y tolerar hasta límites insospechados la venta y posesión de armas a jóvenes y adultos de todas clase y condición social.

     La reciente masacre cruel e indiscriminada en una escuela de Newtown, en el estado de Connecticut ha vuelto a reabrir un debate que, al parecer, tampoco va a cambiar mucho esta situación casi insostenible. Los gestos públicos y las declaraciones del presidente Obama no acaban de poner el dedo en la llaga y buscar soluciones a este rosario de asesinatos colectivos que aparece con demasiada frecuencia en los medios de comunicación.

     Es sorprendente y casi raya en el absurdo que el país teóricamente más avanzado del mundo se convierta con frecuencia en un espejo de miserias más propias de una nación en vías de desarrollo.

     Siempre me ha repugnado el uso y tenencia de armas. Siempre he manifestado temor, más que respeto, ante las personas que por su profesión tienen que manejar un arma de fuego. ¡Cuánta razón tiene el refrán que dice: "Las armas las carga el diablo"! Eso ha ocurrido recientemente en esta escuela de primaria americana. ¿Servirá para algo esta nueva tragedia? Habría que ir más allá de la reflexión y de las buenas intenciones. Pero hay tantos intereses de por medio...

   

FUTURO INCIERTO

FUTURO INCIERTO

     Viajar por la comarca de las Cuencas Mineras en un día preinvernal invita no sólo a la contemplación de un paisaje conocido, pero cada vez con distinta fisonomía, sino sobre todo a la reflexión serena, sosegada, al margen del rumor de la gran ciudad, de los dimes y diretes de los medios de comunicación y de las tertulias vacuas de los fines de semana.

     Son tan importantes los problemas que se ciernen, cual espada de dámocles, sobre la provincia de Teruel y, especialmente sobre esta comarca, que es difícil sustraerse al peso de la realidad, al poso de la incertidumbre y del abandono. Un abandono que sume a estos pueblos en un largo letargo invernal, un abandono que conlleva despoblación y vacío de casi todos los núcleos rurales.

     Mientras paso por el cruce de Azuara, después de dejar a mi derecha el viejo Belchite, con su inconfundible silueta de ruina y destrucción, me viene a la mente el probable desmantelamiento del centro de salud de este pueblo y de esta comarca. Y temo que esto se contagie a otras zonas como un acelerado dominó. El frío preinvernal me sorprende a medida que me acerco a Muniesa, Cortes de Aragón y Hoz de la Vieja. La lluvia otoñal ha teñido de verde los campos y la reja del arado rotura estas tierras casi desoladas. Utrillas muestra la cara más animada de estos pueblos semivacíos, pero poco después aparece el en horizonte la chimenea de la central de Escucha, a la que le quedan pocos meses de funcionamiento. Es verdad que han sido 42 años de producción de electricidad, pero suele comprobar cómo un centenar de trabajadores van a tener que abandonar su tierra, su familia y, tal vez, un trabajo estable.

     La radio informa al filo del mediodía de las manifestaciones en Teruel y Alcañiz contra el cierre o reducción de plantilla de sus paradores. Dicen que el de la capital no es rentable y que el del Bajo Aragón no responde a las expectativas. Nadie entiende esta decisión. Ni siquiera las autoridades locales. Un golpe más para Teruel, un golpe más para esta provincia que se perfila como un futuro coto de caza o lugar de ocio para adinerados.

     Me acerco ya a mi destino. Y me consuela y alegra que el río Guadalope haya recuperado de nuevo su caudal otoñal y siembre de alegría estos parajes grisáceos, teñidos de verde por las copas de los pinos y abocados a un nuevo invierno incierto y prolongado. El sol del mediodía me hace olvidar las grises ideas que he ido hilvanando durante el trayecto. Y, aunque sea sólo por unos días, las calles se visten de murmullos, alborozo y ambiente prenavideño.

DULCE OTOÑO

DULCE OTOÑO

     Otoñea en la sierra, otoñea en el valle, otoñea en los corazones solitarios. El caminante se dirije con parsimonia hacia la ermita. Mientras camina por la vega, contempla las huertas vestidas de un tapiz verdeamarillo y se asoma con curiosidad por las paredes con sabor a ruina y abandono. Su mente vuela hacia el pasado mientras sus pasos le acercan a la ribera del Guadalope. Nada es igual que antes. También el paisaje cambia, se metamorfosea, se vuelva más recoleto, más apocado, más agreste, más salvaje.

    Al llegar al pradico de la ermita de la Virgen de la Zarza, su corazón comienza a palpitar un poco más acelerado y los recuerdos se entrelazan por momentos. Evoca especialmente su infancia. Y no puede evitar el halo de melancolía que le rodea como una nube pasajera. Una melancolía teñida de amarillo, como esos chopos centenarios que se someten al ritual de cada mes de noviembre: despojarse de las hojas y mostrar su desnudez, su esqueleto que anticipa el crudo invierno.

    La suave temperatura de esta mañana otoñal y la fina lluvia que acaricia las piedras del pavimento de la plaza le devuelven por momentos a otros otoños dulces, lejos de la sierra, muy lejos del valle, avasallado por el tumulto  de la gran ciudad. Hoy, sin embargo, el silencio y la soledad son sus mejores aliados. Y sólo una suave brisa compite con el murmullo de un río renacido para dotar al paisaje otoñal de fugaces sonidos. Los ecos del pasado que acompasan el latido de su corazón, de nuevo aserenado.

BRAZOS ABIERTOS

Tienes los brazos largos,
largos como la vida,
dilatados e inmensos
como el aliento de los pájaros
o el vuelo del albatros.

Con tus brazos alados
atenazas suspiros e ilusiones
y creas otros mundos  azulados
al margen de las grises
bambalinas fugaces de la vida.

Son tus brazos amor
y amaneceres lentos en otoño
y brotes de entusiasmo
compartido.

Tus brazos hablan firmes
cuando el silencio de las noches tristes
se convierte en ocaso
y lastra el aleteo de los días.

OTOÑO CONVULSO

OTOÑO CONVULSO

     Acaba de comenzar el mes de octubre con unas temperaturas casi veraniegas y una preocupante escasez de agua que parece no tener fin. Y es que parece un otoño falso, disfrazado, esperpéntico. O tal vez sea el otoño dulce labordetiano. Lo cierto es que, bajo estas apariencias climatológicas, se oculta una intensa marejada y un porvenir político y social más que tormentoso.

     El movimiento del 25-S volvió a abrir la espita de las numerosas movilizaciones que se habían adormilado temporalmente durante el verano con la amenaza de ocupar al Congreso de los Diputados. Por muy diversos motivos, el ciudadano medio español - como el de otros países europeos - está indignado, cabreado y sumido en un cada vez más creciente pesimismo. Los políticos están decepcionando a sus electores porque no cumplen con sus promesas electorales. Los sucesivos recortes están dando al traste con un estado del bienestar aceptable que ha costado décadas conseguir.  

    Y, para complicar todavía más la situación, pende sobre las cabezas de los españoles la espada de damocles de un cada vez más probable rescate. No sólo un rescate bancario, sino un rescate al país, en la misma senda que Grecia y Portugal. Si esto llega a producirse, entraríamos en un callejón sin salida y sumiría a España en una profunda depresión económica y social.

     Por si no fuera poco, la situación política española se caldea día a día ante la perspectiva de unas elecciones autonómicas que pueden alterar en algunos casos la situación de algunas comunidades. Si bien en Galicia parece van a seguir con el mandato del PP, revalidando incluso la mayoría absoluta, en Cataluña y en el País Vasco está sucediendo algo muy distinto. Tanto catalanes como vascos van a votar a una mayoría nacionalista. Esto dibujará un mapa político en cierto modo preocupante para los poderes centrales y para muchos ciudadanos de estas comunidades. En Cataluña están dispuestos a plantear un proceso irreversible de independencia mediante un referéndum. Y en Euskadi empieza a preocupar el ascenso de la otrora ilegalizada Bildu y el afán soberanista de gran parte de la población.

    Todas estas situaciones perfilan un otoño difícil y convulso. Si a eso añadimos el aumento del paro, los brutales recortes en el presupuesto de 2013 y la amenaza de una nueva huelga general en noviembre, tenemos ya el cóctel completo. Es de esperar no sea un cóctel explosivo y que se pueda degustar en unas próximas navidades plácidas y más calmadas.

   

    

    

HATAJOS

HATAJOS

     Cuando el verano agoniza lentamente y se adivina un incipiente y sereno otoño, las ovejas y los corderos ramonean por los campos yermos y por las riberas de los ríos sedientos en busca de su alimento cotidiano. Son los hatajos, esos pequeños rebaños de ovejas y cabras que esmaltan el campo y el monte de un color pardusco y de una tomalidad blanquiamarronada.

     Siempre me ha gustado contemplar el regreso de los hatajos a sus rediles, corrales o cobertizos. Es una estampa muy machadiana, muy presente en Campos de Castilla. Son muchos los poetas y narradores que nos han acercado a este paisaje idílico, desde los escritores clásicos, pasando por el poeta toledano Garcilaso de la Vega.

     Cada vez quedan menos hatajos por la geografía aragonesa. Los pastores se van jubilando y no encuentrarn un relevo generacional. En la sierra turolense todavía se pueden contemplar pequeños rebaños en los valles de La Val, del Alfambra o del Guadalope. En medio de la soledad del paisaje, resuenan tenuemente sus esquilas y acentúan como contraste un silencio de siglos.

     Durante mi último viaje de regreso a Zaragoza, aún pude contemplar cuatro hatajos en una zona muy próxima a Aliaga. Parece un milagro comprobar cómo sobreviven a la sequía, al calor y a las inclemencias del tiempo. Estos animales son una metáfora del estoicismo y de una filosofía de la vida muy distinta al ajetreo y estrés de los que vivimos en las ciudades. Eso sí. Su vida se nos antoja muy rutinaria y con pocas expectativas. Todo tiene sus pros y sus contras. Como la vida misma.

     Hoy les he comentado a mis alumnos la homofonía de la palabra hatajo. Ninguno ha sabido responder a la acepción de pequeño rebaño. Y muy pocos conocían la de camino que acorta y que suele presentar mayores dificultades. La Lengua y la vida. La Literatura y la vida. Y la lección filosófica de lo cotidiano.

   

CAMPANAS

CAMPANAS

    Las hay de todas las formas, de todas las texturas, de todos los tamaños. Por metonimia se llaman también bronces. Pero lo que más llama la atención es su sonido singular, único, inconfundible. Tengo guardados en mi mente los sonidos de numerosas campanas, pero son las campanas de Aliaga, mi pueblo natal, las que llevo en el fondo de mi corazón.

    Son varios los sonidos que desde hace décadas ondeaban en el aire del valle del Guadalope y llegaban a todos los rincones de la localidad. Distinguía especialmente el sonido solemne, pausado, profundo de la campana de la iglesia parroquial, del sonido cantarín, alegre, festivo, de la campana y el campanico de la ermita de la Virgen de la Zarza. Asociaba el sonido de las campanas a diversos acontecimientos, tanto festivos como luctuosos. Todavía recuerdo el toque de campanas cuando acababa de fallecer algún vecino del pueblo. Me estremecía al oír ese contrapunto de sonidos lentos que expresaban un contraste entre el agudo y el grave que despertaba la curiosidad de todos los vecinos en torno al nuevo difunto. En Semana Santa, enmudecían las campanas y daban paso a las matracas o a las carraclas. También sonaban las campanas de modo acelerado cuando había un incendio o una desgracia colectiva. Afortunadamente, eso no ha ocurrido demasiadas veces.

    Las campanas marcaban también el paso de las horas. De madrugada, cuando había tan pocos relojes en las casas, el sonido de las campanas nos ayudaba a conocer la hora exacta e incluso las medias horas o los cuartos. Ahora ya casi no les prestamos atención. Además, la megafonía está supliendo muchas de las funciones de los antiguos campanarios. Eso sí, en Aliaga aún se mantiene la tradición de bandear - darle la vuelta entera a la campana - el día de San Juan Bautista, patrono de la parroquia. Antes lo hacían los quintos; ahora se reclama a voluntarios con fuerza y mucha maña.

    En la literatura y en el cine las campanas siempre han tenido un protagonismo esencial. Basta recordar clásicos como La Regenta de "Clarín", Tristana de Galdós o la célebre obra de Hemingway, Por quién doblan las campanas. En Zaragoza hay un local que se llama la Campana de los Perdidos y en Velilla de Ebro una jugosa leyenda asociada a una campana. Pero dejo para otro día estas consideraciones literarias y artísticas.

   

PEÑAS

PEÑAS

    No voy a hablar esta vez del paisaje agreste y rocoso que rodea mi pueblo natal. Tampoco voy a hacer alusión a una de las obras más famosas del escritor regionalista José María de Pereda. Cuando aún está caliente la carcasa de la traca de fin de fiestas con la que concluyeron las fiestas de Aliaga en honor a la Virgen de la Zarza, guardo en mi memoria la silueta inconfundible de los peñistas de cada una de las veintitantas agrupaciones de amigos que hay en la localidad.

    En las últimas palabras del alcalde y de los miembros de la comisión de fiestas 2012 había una afirmación unánime: si no fuera por las peñas, las fiestas del pueblo serían muy distintas. (¿Serían fiestas?) No intento mitificar el papel de las peñas. Ni mucho menos. Intento expresar lo que he ido observando durante este largo e intenso fin de semana. Detrás de cada acto festivo hay un peñista más o menos comprometido, muy entusiasmado y, eso sí, enamorado de su pueblo.

    Desde niños, los hijos o nietos de los habitantes de Aliaga - casi todos ellos residentes en la capital - comienzan a agruparse por edades e intereses y empiezan a buscan un local donde reunirse, a pensar en el nombre que los identifique y a elegir la indumentaria adecuada: pantalón con peto y sudadera. La peña se convierte desde entonces en un motivo de ilusión, en una buena excusa para volver con frecuencia al pueblo, para no perder las raíces, para fomentar la convivencia no sólo durante los días festivos sino en otros momentos puntuales del largo invierno de la sierra.

    Cuando hablamos de las peñas, podemos despertar una cierta polémica. Porque no todo es blanco ni todo negro. Y hay zonas grises, claroscuros y momentos brillantes. Pero está claro que, desde hace varias décadas, es un modo de vivir las fiestas, lejos de las aglomeraciones tradicionales, del mando y ordeno de la autoridad y de los actos organizados desde arriba. Gracias a las peñas, ya hay comisión de fiestas para el 2013. Y ayer, lunes, empezaron a trabajar. Y a soñar con las efemérides que salpican el calendario festivo del curso que comienza.

(FOTOGRAFÍA: Una peña de Aliaga durante la vaquilla)

 

   

RETORNOS

RETORNOS

    Al filo del crepúsculo, emprendes tu camino de regreso a la gran ciudad con el equipaje lleno de nostalgia y de incertidumbre. Te vas despidiendo mentalmente de todos los vecinos, de todos los amigos. Dejas atrás tardes interminables de guiñote, rutas pintorescas en bicicleta, marchas senderistas, partidas de frontenis en el trinquete, encuentros festivos en los pueblos de la sierra y un verano inclemente que parece no querer llegar a su fin.

    Miras de vez en cuando por el retrovisor del coche y contemplas las primeras luces de Hinojosa de Jarque en plenas fiestas, atestada de coche, aunque sólo sea por tres cortísimos días. Avanzas hacia la ciudad, hacia el cemento, hacia la rutina, hacia un ritmo de vida muy distinto. Ahora sólo piensas en algún fin de semana otoñal. Y esperas que vuelvan las tan esperadas lluvias, que el río vuelva a renacer, que la humedad rezume por todas las esquinas, que el campo se vista de un amarillo otoñal, no de un amarillo de sequía y desolación.

    Cada retorno es distinto. Pero, en el fondo, casi todos los regresos de vacaciones tienen el sabor agridulce de la nostalgia. Eso sí, te consuela tal vez el reencuentro con los amigos que se quedaron en la ciudad, la vuelta a una mal llamada normalidad, la ilusión de soñar con nuevas metas y diferentes retos. Pero, en el fondo, no puedes evitar el peso del recuerdo y la sensación de fugacidad de tantas vivencias. Te despides hasta el año que viene, hasta el verano que viene, hasta las próximas vacaciones. Y piensas en lo inmediato. En los asuntos que te quedan pendientes, en los temas siempre diferidos, en los momentos de silencio y soledad que acompañarán muchos de tus días.

    Ya estás llegando a tu destino. Ha sido poco más de hora y media de viaje. Lo suficiente para lanzar esa mirada retrospectiva a un mes largo de ocio, de tranquilidad y - por qué no - de actividades de todo tipo. Un verano más en tu memoria. Un verano más en el sendero abonado de los sueños.

CASTILLOS

CASTILLOS

     Desde mi ventana contemplo cada mañana después de desayunar la silueta austera e inconfundible del castillo. En realidad, lo que diviso hacia el oeste es la mole de piedra sobre la que se asentó el antiguo castillo sanjuanista de Aliaga, lugar fortificado erigido en una eminencia desde la que se podían vigilar las entradas y salidas a la ilustre villa turolense.

    La historia de este castillo se remonta, al menos, al siglo XII. Fue reconquistado por Alfonso I en 1118, pero volvió a manos musulmanas pocos años después. Se sabe con seguridad que en 1163 perteneció a la orden de San Juan y a partir del siglo III se conformó una importante encomienda en torno a esta fortificación. Los episodios más recientes se remontan a la segunda guerra carlista. En 1840 el general O’Donnel sitió el castillo de Aliaga que se sometió a las fuerzas isabelinas sin sufrir grandes destrozos.

     Pero la realidad actual es muy distinta a la que muestran los antiguos grabados. Durante el siglo XX el abandono y deterioro del castillo fue constante. Y así se ha llegado a una situación difícil de solucionar. Ruinas, escombros y algún fragmento de la antigua muralla son testigos mudos de esos 4000 metros cuadrados de su recinto. Se antoja como algo utópico hablar de una posible restauración, pero no sería una idea descabellada trazar una pequeña ruta desde el pueblo hacia el castillo para que los vecinos y turistas pudieran ascender con una cierta comodidad y contemplar desde lo más alto no sólo la población sino incluso parte de la comarca.

     En esta mañana veraniega, mientras asciendo al castillo por un camino estrecho y pedregoso, recuerdo los sueños de mi infancia, las aventuras con los amigos al pie de sus maltrechas murallas, las cabañas, los juegos, la huida de lo cotidiano y la búsqueda de vestigios de otros tiempos. Eso sí, la mole sobre la que se asentaba la antigua fortaleza sigue siendo una de las señas de identidad del pueblo, junto con la Porra y todas las montañas que conforman este importante Parque Geológico. Desde arriba contemplo el pueblo en este día caluroso de agosto. Contemplo los perfiles de las casas, la huerta, el cauce desolado del Guadalope, la hilera de chopos centenarios, el horizonte azul sin una nube que anuncia el regalo tan esperado de la lluvia.

    Hay tantos castillos abandonados en España, hay tantas fortalezas diseminadas por la geografía aragonesa que es casi imposible pensar en una restauración de estos enclaves históricos para usos turísticos o culturales. En la provincia de Teruel, ciudades como Alcañiz o Mora de Rubielos tienen excelentes castillos perfectamente restaurados y transformados en paradores. Pero queda mucho camino por recorrer. De momento, uno se contentaría con ese acceso a lo más alto y un pequeño Centro de Interpretación.

    

FUENTES

FUENTES

     Cuando se tiene sed, nada hay más placentero que beber agua directamente de una fuente o de un manantial. Es como comer un pan recién horneado o saborear una fruta recién cogida del árbol. Todo ello, a pesar de las prevenciones y de los avisos de los precavidos dirigentes sanitarios. Muy cerca del puerto de San Just, en la carretera de Teruel a Alcañiz, está la famosa fuente del Vaso. Es un lugar de parada obligada para muchos viajeros que aprovechan para llenar sus garrafas de agua, haciendo caso omiso del cartel que indica que es agua no potable. Tendrían que indicar que es agua no tratada. Cada cosa por su nombre.

     En el término municipal de Aliaga hay varias fuentes y manantiales. Debido a su orografía y a su singular situación geográfica, este pueblo turolense está rodeado de norte a sur de diversas fuentes, todas ellas con su nombre y su peculiaridad. Si llegamos al pueblo desde Teruel o Zaragoza, poco antes de llegar al barrio de Santa Bárbara, se encuentra en una pequeña cueva, al borde de la carretera, la fuente de la Canaleta. Un lugar fresco, agradable y recoleto. Poco antes de llegar a Aliaga, está la fuente de la Porra, un pequeño manantial castigado últimamente por la sequía y el estiaje. Si tomamos la carretera de Miravete, siguiendo el cauce del río Guadalope, dejamos a la izquierda, después de cruzar el río, una de las fuentes más emblemáticas de Aliaga, la de la Cedrilla, siempre con su pequeño chorro de agua fresca, a pesar de la sequía que estamos padeciendo. Poco más adelante está la fuente de los Baños, con su correspondiente abrevadero para el ganado de las masadas más cercanas. En el mismo pueblo, muy cerca de la ermita, el merendero y el cámping, está la fuente de la Virgen, que está tomada de la red de suministro de agua a la población. Y hacia el oeste, en la parte alta de Aliaga, muy cerca de las antiguas escuelas, se encuentra la fuente de Capileta, casi siempre seca, adonde acudíamos a refrescarnos en los recreos de nuestros tiempos de escolares. Y ya un poco más lejos, tomando un camino a la izquierda desde la carretera de la Aldehuela, se esconde una de las fuentes más escondidas y desconocidas, la fuente del Molar, con un agua de excelentes propiedades medicinales.

     Siempre que vuelvo a mi pueblo natal, me gusta visitar todos estos lugares y saborear sus cristalinas aguas. Son pequeños oasis que tal vez las jóvenes generaciones ni siquiera conozcan. Son rincones en los que hemos disfrutado de meriendas con los amigos, de encuentros vespertinos o de avituallamientos durante una larga travesía. A veces me pregunto qué sería de Aliaga sin sus fuentes. Para mí siguen siendo una de sus señas de identidad.

 (FOTOGRAFÍA: La escondida y pintoresca fuente del Molar)

HUERTOS

HUERTOS

     Se están poniendo de moda los huertos urbanos. Con el incremento del paro, las prejubilaciones y la prolongación de los años de vida, muchos hombres, y también algunas mujeres, ocupan su tiempo de ocio en cultivar una pequeña parcela y disfrutar del aire libre y de las hortalizas que a los pocos meses van produciendo. Pero los huertos con más historia y tradición son los huertos rurales.

     Antes los huertos eran un medio más de vida y, en algunos casos, un medio de supervivencia. Casi todos los pueblos de la provincia de Teruel estaban surcados por un río o una acequia y rodeados de una superficie de huerta más o menos cultivable. Los tiempos han cambiado y el huerto va cediendo paso a las parcelas para edificar segundas residencias, a los espacios para que paste el ganado o al recinto de recreo para la familia o los amigos.

    En Aliaga todavía quedan algunos excelentes huertos – como el que figura en la fotografía -. Pero, lamentablemente, cada vez son menos las personas que se animan a cultivar un trozo de tierra. La zona que tiene las mejores huertas es la de la Vega, muy cerca del pueblo. También se siguen cultivando pequeños huertos en la zona de la Masada Romero, en Las Tablas o en los aledaños del Cascajar. Sin embargo, los terrenos que bordean el río La Val en dirección a Santa Bárbara están casi todos yermos y abandonados desde hace varios años. Poco a poco van desapareciendo los límites entre un huerto y otro,  se van cegando las acequias y la maleza se está adueñando de lo que hace unas décadas eran lozanas huertas. Sólo quedan como testigos mudos algunos frutales, una partida de chopos y los robustos chopos cabeceros.

     Algunos hablan de una posible vuelta al campo y al cultivo de estas tierras yermas y abandonadas. Soy escéptico al respecto. Muy mal se tienen que poner las cosas para que nuestros hijos o nietos regresen a la azada, al tractor o la mula mecánica. Ojalá no sea así. De todos modos, tal como están las cosas, nada se puede descartar. Eso sí, está claro que la mayoría de los jóvenes prefieren dedicar el tiempo de ocio a otra actividad. El cultivo de la huerta no les atrae, salvo contadas excepciones. Los huertos los asociamos a las personas mayores. Quizás no debería ser así. Pero es lo que hay, como decía un amigo mío.