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NEGRO FUTURO PARA LA MINERÍA

NEGRO FUTURO PARA LA MINERÍA

     En el marco de una crisis que parece querer prolongarse indefinidamente, se perfila un horizonte muy negro para la minería del carbón en la cuencas asturiana y leonesa y en las pocas explotaciones que todavía quedan en Aragón, especialmente en la provincia de Teruel.

      Desde hace más de tres décadas han ido desapareciendo todas las explotaciones mineras de la provincia de Teruel. Esto provocó una emigración masiva en la década de los años sesenta del siglo pasado hacia zonas que ofrecían trabajo y futuro. Se cerró también la central térmica de Aliaga en 1981 y ya no han quedado alternativas para una comarca - las Cuencas Mineras - de la que sólo se conserva el nombre como vestigio del pasado. Únicamente la central térmica de Escucha continúa en activo. Eso sí, ya tiene los días contados.

      Ahora le toca el turno a la comarca de Andorra-Sierra de Arcos y, sobre todo, a la población de Ariño. En este pueblo turolense la mayoría de los trabajadores viven de las explotaciones mineras. Eso sin tener en cuenta a los que se benefician indirectamente del carbón. Si se confirman las peores previsiones, pueden perderse hasta 500 empleos directos y 1000 indirectos. En una provincia como Teruel, tan castigada por el éxodo rural, esta sangría de puestos de trabajo supondría el declive casi definitivo.

     ¿Hay alguna alternativa prevista a esta reconversión minera? ¿Qué va a ocurrir en el futuro con la térmica de Andorra? Son preguntas que no dejan de hacerse los afectados por este recorte brutal a la minería y al carbón.

(Fotografía de la central térmica de Aliaga en pleno funcionamiento)

DÍAS CONVULSOS

DÍAS CONVULSOS

      Últimamente, no hay día sin sorpresa, no hay jornada sin sobresalto. Muchos pensábamos que, con el cambio de gobierno, las cosas iban a ir mejor - o al menos no iban a empeorar -. Una gran mayoría mantenía una cierta esperanza y optimismo ante el futuro. Pero, al parecer, la crisis económica aún no ha tocado fondo y no sabemos adónde nos conducirá esta vorágine de malas noticias y de estremecedores vaivenes.

     En la prensa cada vez se habla menos de cultura, de sociedad, del próximo verano, de los eventos deportivos, de sucesos, de efemérides. Porque lo que prima ante todo y sobre todo es la marcha a la deriva de este titánic europeo que navega sin rumbo por aguas turbulentas y puede encallar en cualquier momento, golpeado por la parte saliente del más inesperado iceberg.

      Todos nos planteamos la misma pregunta: ¿hasta cuándo? Y hay palabras que casi ni nos atrevemos a musitar: corralito, inervención, rescate,... A este paso, vamos a ser expertos en economía y nuestra imaginación va a desbordarse en busca de soluciones casi utópicas y de vanos estados de optimismo.

      Mientras tanto, habrá que vivir el día a día. Con cautela, con prevención, sin estrés, sin sobresaltos. Esa es, al parecer, la única medicina para luchar contra esta enfermedad que hemos contraído sin saber por qué.  Y lo peor de todo es que nadie encuentra la vacuna y nadie conoce el camino de retorno, si es que lo hay. Definitivamente estamos ante una vuelta al pasado. ¿Será irreversible? Esa es la pregunta del millón, la más difícil de responder en esta primavera convulsa.

UNA FECHA INOLVIDABLE

UNA FECHA INOLVIDABLE

     Han pasado ya nada más y nada menos que 17 años desde aquella noche mágica en París, en la que el gol casi inverosímil de Nayim nos llenó de alegría a los aficionados zaragocistas y a los amantes del buen fútbol.

     Hoy, el Real Zaragoza, se bate en otros frentes mucho más modestos. El apoyo de los aficionados no ha decaído, pero unos negros nubarrones se perfilan en el horizonte de este club - ahora sociedad anónima - que preside desde hace seis años el polémico y conflictivo Agapito Iglesias.

     Casi no queda rastro del gusto por el buen fútbol, de la presencia de la cantera, de las viajes por Europa, del respeto del mundo futbolístico hacia este club con solera. Ahora sólo nos queda el consuelo de contemplar cómo otros equipos - entre ellos el Atlético de Madrid - han tomado el relevo de los triunfos europeos, del buen fútbol, del saber hacer, de estar en el candelero.

     Del Zaragoza sólo nos queda el consuelo de una victoria en el Coliseum de Getafe el próximo domingo para mantenerse en primera división, con una deuda inasumible y un futuro cada vez más incierto. Esta es la cruda y dura realidad.

      Hoy se lo comentaba a un grupo de alumnos en el recreo. No habían nacido todavía en esa fecha mágica para los zaragocistas. Y el gol del ceutí les suena lejano, obsoleto. Mi hijo tenía tres meses. Y es un gran aficionado de su querido Real Zaragoza. Ha visto muchas veces el gol de Nayim en vídeo, ha disfrutado con Cani, con Zapater, con los hermanos Milito. Y ahora se contenta con que este equipo se salve e intente reflotar en un futuro. ¿Volverá a ver a un equipo europeo, ganador y practicando el buen fútbol de antaño?

     De momento, tendremos que contentarnos con el recuerdo, con la nostalgia y con los sueños de futuro. Aunque, eso sí, nos parezcan utópicos e inverosímiles.

SÍ SE PUEDE

SÍ SE PUEDE

     Desde hace varias semanas, treinta mil gargantas corean al unísono el lema SÍ DE PUEDE, que se ha hecho famoso más allá del campo de la Romareda y de Zaragoza capital. Es un fenómeno curioso y casi sorprendente en estos tiempos de crisis y de actitudes pesimistas  por doquier. Los aficionados del Real Zaragoza quieren llevar a su equipo en volandas hacia esa permanencia en la primera división del fútbol español, algo que hace unos meses parecía un milagro. Este grito colectivo se ha convertido en un símbolo del tesón, de la tenacidad y de esa constancia tan aragonesa por conseguir incluso lo que está más allá de sus posibilidades.

     No sé si, dentro de diez días, logrará el Zaragoza el objetivo que todos deseamos. Pero lo que está bien claro es que el lema quedará como un recuerdo agradable en las hemerotecas y, tal vez, hasta sirva como acicate para la consecución de otros objetivos mucho más importantes. Mientras contemplaba esos momentos de delirio colectivo, estaba pensando en la posibilidad de trasladar este mismo espíritu de lucha y de superación a la vida cotidiana, al día a día lastrado por la crisis, a los vaivenes de la economía y a las consecuencias de los recortes.

     ¿Se puede superar esta crisis tan profunda como inesperada? ¿Se puede confiar en los que están al frente del país? ¿Se puede afrontar el futuro con esperanza y ganas de superación? ¿Se puede aspirar a más día a día? ¡Ojalá el espíritu de los zaragocistas contagie un poco la cruda y dura realidad. Ahí está el lema. Habrá que explotarlo en otros ámbitos, ¿no?

 

UNA NOVELA PROFUNDA Y SUGERENTE

UNA NOVELA PROFUNDA Y SUGERENTE

      Tengo entre mis manos Daniela, la tercera novela de la escritora almeriense Carmen Lorenzo Benavides (Adra, 1970). Carmen se interesó desde muy joven por la literatura y a los trece años intervino como autora junto a otros compañeros de colegio en la elaboración de un libro de poesía y prosa poética titulado Cavite habla. Desde entonces no ha dejado de crecer como escritora, ya que ha intervenido en tres libros de relatos de Arráez Editores hasta la aparición de su primera novela, La identidad perdida, en 2006. Una novela de intriga, policíaca, emparentada con la novela negra. Tres años después se editó El descanso de los justos, un relato muy distinto al anterior. En él nos ofrece una original dualidad temporal entre la Edad Media y le época actual y nos brinda una serie de reflexiones sobre el papel del ser humano en el mundo, sobre el bien y el mal o sobre la religión.

     Daniela participa, en cierto modo de las dos anteriores. Su mayor brevedad permite acercarse al relato de modo tranquilo y sereno. Un relato que fluye espontáneo al hilo del monólogo de Casio, uno de los protagonistas, que mientras está declarando en la Jefatura de la Policía Local de Vera, nos desvela sus sentimientos, su incierto pasado y el poso amargo de su soledad y amargura. Todo gira en torno a la desaparición de Daniela, una periodista valenciana que está investigando sucesos extraños en dos lugares almerienses, el cortijo del Pajarraco en Vera y el pueblecito de Laroya.

     Pero Daniela es mucho más que un thriller al uso. Me ha sorprendido gratamente la visión caleidoscópica de los hechos, el contrapunto de escenas e intervenciones, la intriga sutil y verosímil, el acertado manejo del tempo narrativo y ese final abierto y sugerente.

      Carmen Lorenzo vuelve a demostrar con esta novela que sigue siendo una de las voces más autorizadas de la narrativa almeriense. Las reflexiones sobre la vida, la soledad, el amor, la rutina cotidiana,... dotan al relato de una hondura cercana a la de los grandes narradores actuales. Como botón de muestra, plasmo un fragmento del inicio del monólogo de Casio, al inicio de la novela: Tan corta es la vida...Para qué molestarnos siquiera en vivirla fuera del ritmo tranquilo del ir y venir de las olas que rompen silenciosas a mis pies.

ADIÓS A LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA

ADIÓS A LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA

     A nadie se le oculta que los recortes, ajustes - o cualquier eufemismo similar - en Educación van a repercutir a corto, medio y largo plazo en la calidad de la enseñanza, especialmente de la enseñanza pública.

    Al parecer, da la impresión de que algunos rectores políticos y mandamases educativos están inquietos porque la enseñanza pública llega cada vez más a todos, intenta alcanzar a los más desfavorecidos, pone en práctica la atención a la diversidad y compite abiertamente con la enseñanza privada concertada. Al menos esa es la dura realidad. Parece que algunas mentes pensantes añoran la educación de los años sesenta del siglo XX y quieren volver a una enseñanza elitista, reservada sólo no a los más inteligentes sino a los más pudientes.

    Esos tres mil millones de recorte, que se ha sacado de la chistera el actual ministro de Educación, van a hacer mucho daño al sistema, al profesorado de la enseñanza pública y, sobre todo, a los propios alumnos. El incremento de la ratio va a ser una triste realidad el próximo curso. ¿Cómo vamos a atender a grupos tan heterogéneos y de distintas procedencias? También va a afectar la la calidad educativa el aumento de carga horaria para los profesores. ¿Cuándo van a preparar sus clases, a programar, a corregir, a atender mejor a las familias? Esto implicará inmediatemente reducciones de cupo y miles de profesores interinos en paro. Toda una madeja de despropósitos que se irá desenredando sin tregua.

    Todo ello por no hablar del recorte en programas de innovación educativa, como la Escuela 2.0, en personal de Centros de Formación del Profesorado o en programas de apoyo, orientación o reducción de la optatividad en bachillerato. Un bachillerato que se quiere concertar en el futuro. ¿Quiénes llegarán a la Universidad? Los mejor situados económicamente. Porque las tasas se van a incrementar sensiblemente y el bolsillo de muchos ciudadanos no va a dar para más. Y que no  nos hablen de becas. Que no es lo mismo, ni mucho menos.

    En fin. Se avecinan malos tiempos para la enseñanza pública. ¿Volveremos a las aulas masificadas? ¿Habrá que rescatar de nuevo la clase magistral? ¿Tendremos que seguir peleando contra la indisciplina y el desorden? En pocos meses se podrá comprobar cómo estas medidas van más allá de un mero ajuste. Y aún nos anuncian otras medidas para antes del verano. ¿Dónde volverán a meter la cuchara? El tiempo lo dirá. De momento, ya nos tienen a todos en vilo, a profesores, alumnos, familias y ciudadanos de a pie.

 

LOCUS AMOENUS

LOCUS AMOENUS

     Abandonar por unas horas la rutina festiva de la gran ciudad y acercarse a uno de los valles más atractivos del Pirineo aragonés es un manjar reservado a unos pocos. Porque éramos pocos - muy pocos - los que nos hemos acercado en este Día de Aragón a uno de sus parajes más agrestes y solitarios. Me refiero al Valle de Tena y al balneario de Panticosa.

     Hacia las once y media hemos dejado el coche a la entrada del recinto del balneario - un lugar abandonado y fantasmal - y nos hemos encaminado bajo una ligera nevada hacia el los ibones de Bachimaña. La primera pendiente ha sido dura. Sólo servía de alivio la contemplación de las aguas cristalinas y de las pintorescas cascadas del río Caldaés (fotografía adjunta) que queda a nuestra derecha. Pero lo más difícil está aún por llegar. Tras un pequeño remanso tapizado de nieve virgen, se adivina la temida cuesta el Fraile, con el consiguiente riesgo de aludes, mientras la nieve comienza a caer sin tregua y el paisaje se oculta entre la niebla. Toda una aventura hasta la llegada al ibónn inferior y a un pequeño refugio donde recuperamos fuerzas.

     El regreso no ha sido tan llevadero como esperábamos. Pero, después de poco más de tres horas, ya estábamos en el coche cambiándonos el calzado y tomando un nuevo tentempié. La aventura había terminado. Felices y contentos hemos regresado a Zaragoza. Eso sí, ha quedado atrás el balneario de Panticosa como un espectro solitario, dejado de la mano de Dios y de los hombres. ¿A qué se debe esta situación? Y nos hemos hecho varias veces otra pregunta: ¿Por qué han cerrado tan pronto las estaciones de esquí? Tenemos nieve para rato. ¿O no sabían que el invierno llegaba rezagado?

 

GOYA E ILDEFONSO MANUEL GIL

GOYA E ILDEFONSO MANUEL GIL

     Ayer tarde tuvo lugar en la biblioteca María Moliner de la Universidad de Zaragoza un homenaje al poeta aragonés Ildefonso Manuel Gil, nacido en la localidad de Paniza hace 100 años. Este centenario reunió a estudiosos del poeta, a profesores universitarios y a su hija para recordar la admiración de Ildefonso por su paisano, el pintor universal Francisco de Goya.

    Participaron como conferenciantes en el acto el crítico de arte Jorge Gasca y el doctor en Filología y profesor de instituto Manuel Hernández. Gasca sintetizó la labor cultural del grupo Pórtico, en la Zaragoza de los años 40 y Manuel seleccionó diez poemas del libro Homenaje a Goya, de Ildefonso Manuel Gil, publicao por Pórtico en 1946 e ilustrado por los principales artistas del momento.

    Manuel Hernández habló de la admiración del escritor de Paniza por el pintor de Fuendetodos. Comentó las similitudes entre los dos artistas - guerra y exilio en distintas épocas - y valoró la sensibilidad del poeta para expresar con metáforas, sinestesias y paralelismos aquello que el pintor plasmó magistralmente en cuadros como Los fusilamientos de la Moncloa, Pinturas negras y aguafueres, La gallina ciega, El Columpio, La ermita de San Isidro o Fuendetodos.

    Como doble homenaje a Goya y a Ildefonso, voy a plasmar uno de los poemas de este libro, dedicado a las Pinturas Negras. (En la foto, una de las más conocidas). Es un magistral soneto que refleja el latido oscuro de unas obras profundas e imperecederas.

                                          Estas pinturas son tu despedida

                                         del mundo de las cosas. Aquí empieza

                                         tu búsqueda febril de la belleza

                                         en sueños y delirios escondida.

 

                                         La Misa negra de tu frente herida

                                        movía tus pinceles con fiereza,

                                        descifrando la farsa, la tristeza

                                        y el inútil vacío de la vida.

 

                                        Tus ojos desvelaban sus visiones;

                                       y por cada relumbre que perdía,

                                       entregada a lo oscuro, tu paleta,

 

                                        de la selva confusa de intuiciones

                                       al brío de tus manos te nacía

                                       un verbo milagroso de poeta.

¿EL DECLIVE DE LA MONARQUÍA?

¿EL DECLIVE DE LA MONARQUÍA?

     Son muchos los ciudadanos de a pie que hablan durante estos días del declive progresivo de la monarquía española. Precisamente ayer se celebró un nuevo aniversario de la segunda república y hoy se han manifestado cientos de personas en numerosas ciudades para pedir la abdicación del rey y su retirada a tiempo de la primera línea de la política.

     Es verdad que el actual monarca español, el rey Juan Carlos, ejerció un papel esencial en la transición a la democracia, especialmente durante la larga noche del 23 de febrero de 1981. Es verdad que su talante ha sido abiertamente demócrata y que ha intentado acercarse al pueblo de manera sencilla y natural. Pero, después de casi 40 años de reinado, parece que ha llegado el momento de abandonar el cargo y dejar a los españoles el camino abierto para esa tercera república que tantos anhelan y desean.

     Los acontecimientos de los últimos días han puesto en tela de juicio el cada vez más polémico protagonismo de la familia real. Desde el reciente juicio a Iñaki Urdangarín, uno de sus yernos, hasta el accidente del monarca en un safari de caza deportiva en un país del sur de África, pasando por el accidente de uno de sus nietos mientras manipulaba un arma,... Todo han sido contratiempos y hechos  lamentables que han situado a la familia real en las primeras páginas de los informativos.

     Algunos dicen que esto no ha hecho más que empezar. Otros hablan de un gasto inasumible en tiempos de severa crisis. Los más guardan un cauteloso silencio. Y unos pocos ondean por las calles y las plazas la bandera republicana. Por eso me pregunto: ¿Será el declive definitivo de la monarquía española? ¿Llegará la tan deseada tercera república? Son reflexiones de una tarde de domingo marcada también por otra noticia reseñable: el centenario del hundimiento del Titanic. Un Titanic que, como comentaba Carmen Posadas en un jugoso artículo, simboliza la crisis, el final de un tipo de vida ya obsoleto y el anuncio de nuevos planteamientos sociales y políticos. ¿Estará entre ellos la abdicación del rey? El tiempo lo dirá. De momento, el rumor está en la calle y va de boca en boca.

KAFKIANO

KAFKIANO

     Estoy leyendo y comentando con mis alumnos de Literatura Universal de segundo de bachillerato La metamorfosis de Franz Kafka. A pesar de haberlo leído varias veces, cada vez encuentro algo nuevo en esa situación absurda y angustiosa del joven Gregor Samsa, que se despierta sobresaltado una mañana lluviosa, convertido en un monstruosos insecto.

    Alguno de mis alumnos ha asociado la situación kafkiana del protagonista - salvando las distancias espacio-temporales - a la de muchos jóvenes de la Europa del siglo XXI. La crisis aguda que todos estamos padeciendo, se ceba más si cabe en las futuras generaciones. El absurdo aparece día tras día en las páginas de los periódicos y en los informativos. Nadie sabe a qué atenerse. Reina la paradoja, las contradicciones e incluso la ironía. Ni siquiera los políticos de primera fila tienen claro lo que hay que hacer. Y muchos de ellos adoptan la política del avestruz, la mayoría echa la culpa a los gobiernos anteriores y casi todos prefieren un viaje hacia ninguna parte, como decía Fernando Fernán Gómez.

    La edición de las obras de Kafka que tengo entre mis manos, a cargo de Ángeles Camargo, contiene además, otros relatos no menos sorprendentes. Quiero destacar dos de ellos: La condena y En la colonia penitenciaria. Este último es, sin lugar a dudas, el relato más cruel de toda la obra de Kafka. Es una crítica a la sublimación de la tortura física de tantos regímenes autoritarios. Y es una velada alusión a la condena indiscriminada a todos los culpables, sin juicio previo ni posibilidad de defenderse.

     Por desgracia, los comportamientos kafkianos siguen existiendo en pleno siglo XXI. Y no sólo en los países en vías de desarrollo. Lo que ocurre con la economía, con los ajustes, con las primas de riesgo, con las cotizaciones bursátiles, con la deuda exterior,...es simplemente kafkiano. Parece que estamos volviendo a esos oscuros años de principios del siglo pasado que culminaron con dos guerras mundiales y con con la debacle de Wall Street en 1929.

EVOCACIONES DE SEMANA SANTA

EVOCACIONES DE SEMANA SANTA

     Hoy ha amanecido Aliaga con un clima invernal. Suele ser lo más frecuente en estas fechas de Semana Santa. Mientras la nieve cae copiosamente y comienza a teñir de blanco los tejados, evoco con nostalgia la Semana Santa de mi infancia. Esos días lúgubres y tenebrosos que se parecen más a lo que plasma Luis Buñuel en alguna de sus películas que a la realidad actual. El novelista aragonés Ramón J. Sender lo evocó con realismo en uno de los volúmenes de Crónica del alba: unos días de luto, de silencio, de prohibiciones y de profunda tristeza. 

     La Semana Santa actual - ¿no habría que cambiar el nombre? - ha dado un giro radical debido a los cambios sociales y políticos. Las nuevas generaciones ya no viven en ese clima de temor y de secreta admiración por lo sublime. La Semana Santa se ha democratizado y se está viendo afectada por un clima de laicismo y secularización. La mayoría de los ciudadanos disfrutan de estos días como un tiempo de ocio o como un paréntesis anhelado para romper la rutina cotidiana. Es verdad que quedan todavía personas creyentes, convencias de su fe y de su devoción. Pero si observamos la realidad, veremos que las playas, la montaña o los viajes a otros países son, a pesar de la crisis, los destinos de unos días más o menos primaverales.

     Evoco la Semana Santa de mi infancia y sólo se parece a la actual en este clima invernal inclemente. Los bares están abiertos, la vida discurre con normalidad y sólo las ceremonias religiosas mantienen encendida la llama de la fe para los verdaderos creyentes. En aquellos años oscuros del franquismo se vivían estos días casi con miedo. Ese temor infantil surcaba nuestras venas y nos sumía en un ambiente de tinieblas y silencios. Sólo me cautivaba el sublime secreto de las imágenes ocultas con paños morados, el sonido amaderado de las carracas, el silencio sepulcral de las campanas y, sobre todo, la procesión del Viernes Santo por la vega y el cascajar, con el sonido de los tambores como fondo y las trompetas que desafiaban el silencio del crepúsculo.

     Han cambiando los tiempos y, afortunadamente, predomina el respeto y el talante democrático. El rostro de la Semana Santa ha cambiado tanto, que sólo a través de la literatura y el cine revivirán las futuras generaciones el perfil más tradicional de esta semana de ocio y de descanso.

TORPON III

TORPON III

     La joven escritora Cristina Calle nos acaba de regalar un cuento lleno de ternura, humor, aventuras, sueños y premoniciones. Con una constancia y un tesón encomiables, acaba de publicar el libro Torpon III, un relato alegórico en el que la joven princesa Caroline se exilia del planeta Torpon III, en el que las mujeres son torpes y los hombres perfectos.

     Con una prosa ágil, sencilla y muy sugerente, Cristina consigue atraer a atención del lector y nos seduce desde las primeras páginas. Esta historia nos muestra la imperfección del ser humano, el derecho a luchar por una humanidad más justa y democrática y el esfuerzo cotidiano por superar todas aquellas barreras que impiden ser uno mismo y crecer en un clima de libertad.

      Cristina dedica el libro "a todas las torpinas del mundo, sean hombres y mujeres, para que se atrevan a encontrar su Caroline interior". Y es que todos estamos invitados a realizar este viaje fantástico de crecimiento y superación personal. Un viaje que se encuentra con peligros, amenazas, altibajos, actitudes radicales... Un viaje que culmina con un con un canto a la amistad, a la solidaridad y a la libertad personal. El inicio del último capítulo explicita el estado de ánimo de la joven protagonista y anticipa otras futuras aventuras: "Este es el final de ese viaje, pero no el final de la amistad de los compañeros de viaje. Cada uno sigue su propio camino, algunos en la tierra, otros en Torpón III. Pero, de vez en cuando, en su planeta o en otro, se encuentran todos juntos y recuerdan con cariño esa aventura".

       El viaje de Caroline simboliza también el viaje o peripecia vital de la autora. Un viaje de superación, de tesón, de perseverancia. Cristina Calle, una escritora precoz que a los once años escribió a mano su primera novela en una libreta vieja, reconoce que su vida ha sido un camino de esfuerzo y que su labor creativa refleja los valores humanos que siempre ha cultivado. Así lo confiesa en un breve epílogo que titula Proceso Creativo: "Todos mis escritos tratan sobre valores humanos, como la amistad, el amor, la superación, la lucha y la constancia".

      La lectura de Torpón III me ha dejado una sensación nueva y distinta. Una sensación de crecimiento personal, de apertura a otros mundos, de la concepción de la vida como un viaje apasionante. Una alegoría  muy actual encerrada en la aparente sencillez de una prosa clara y profunda. Espero que los que la leáis, experimentéis estas mismas sensaciones. Vale la pena intentarlo.

LA HERENCIA DE TABUCCHI

LA HERENCIA DE TABUCCHI

     Ha fallecido recientemente unos de los escritores italianos más relevantes de los últimos años: Antonio Tabucchi. Aunque nació en Pisa, desde el 2004 tenía nacionalidad portuguesa. Estaba considerado como uno de los mejores conocedores de la obra del ilustre poeta Fernando Pessoa.

     Se consagró como literato con su obra Sostiene Pereira (1996), ambientada en la dictadura de Salazar en Portugal y llevada al cine muy poco después por Marcello Mastroianni.

    Tabucchi nos ha dejado una rica herencia literaria, tanto narrativa como ensayística. Ha sido reconocido por la crítica literaria como un maestro de las narraciones cortas.

    Mi pequeño homenaje son unas reflexiones de Tabucchi sobre la tarea del escritor y su talante. Las ha recopilado en un jugoso artículo de José Luis Merino.

     La literatura es una búsqueda, un viaje, es una voluntad de conocimiento, es, asimismo, un juego, un disfrute...
     A mí me gusta la vida de cada día, con sus pequeñas cosas. Creo que, en el fondo, nuestra vida es la suma de esas pequeñas cosas. Tienen que existir los filósofos y los escritores que nos explican el sentido más último de una vida...
      La intervención práctica no pertenece a los escritores. Pertenece a las personas que hacen otras cosas, otras funciones...
     Se puede ser una estupenda persona y un pésimo escritor; se puede ser una persona muy antipática y ser un buen escritor...
     La perfección no existe en la obra humana. Existe en la mística, en la religión, puesto que es una aspiración para alcanzar la perfección...
     El equilibrio de la estética griega ya no pertenece a nuestro momento. Es un objeto de reverencia y admiración. Desde que entra la figura del Cristo, se revoluciona completamente la estética moderna. La gran revolución es la figura del Cristo, que es francamente fea, muy delgada, se le ven las costillas. Es una estética muy distinta de la Venus de Milo o del Discóbolo de Mirón. Con Cristo nace una sensibilidad estética para Occidente muy distinta de la clásica...
     El escritor es un ladrón y un mirón, también un voyeur. El escritor no tiene que ser sólo una antena emitente, sino también una antena que recibe. A veces una conversación robada, por así decirlo, en el autobús me puede dar motivo para escribir un relato...
     La silla es un complemento importantísimo para el pensamiento. El hombre melancólico se asocia inmediatamente a la silla. El hombre de pie, que marcha, que es deportista, no es melancólico...
     Como para el poeta Pessoa la melancolía sentada equivalía a la saudade–esa fina categoría del espíritu como él la definía–, de ahí que prefiriera, según dicen, tomársela con dosis homeopáticas.

TIEMPO PARA EL AMOR

                                   A veces me sorprende
                                 que no encuentres el tiempo
                                 de la vida,
                                 el tiempo del amor.
                                  Lo sé.
                                  Sé que te refugias
                                 en el reducto gris de los espejos,
                                 en la rutina aterciopelada
                                 de los días sin ruta,
                                 en el poso silencioso
                                 de las horas amargas.
                                  Por eso
                                 - así me lo confiesas -
                                 no encuentras el momento
                                 para amar sin recato,
                                 para abrazar los días
                                 de inicierta primavera,
                                 para escuchar el eco
                                 de una caricia oculta.
                                  Siempre es tiempo de amor,
                                 aunque la luz nos ciegue
                                 y la penumbra ahogue
                                 el aleteo suave de la vida.

REUS, LA CUNA DE GAUDÍ

REUS, LA CUNA DE GAUDÍ

     A mediados del siglo XIX - en 1852 - nació en Reus (aunque algunos hablan de la cercana Riudoms) el famoso arquitecto modernista catalán Antoni Gaudí i Cornet. Pocas huellas ha dejado en su ciudad natal. Sólo sabemos que procedía de una familia de caldereros y que estudió en los escolapios antes de trasladarse a Barcelona.

     Hay que recordar que esta ciudad, cuyo nombre procede de red o cruce de  caminos, llegó a ser desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX la segunda ciudad en importancia de Cataluña. Su riqueza industrial, agrícola, social y cultural está presente en todas sus calles y en sus principales plazas y avenidas. Porque el casco viejo de esta ciudad, que ya ha superado los 100.000 habitantes, está lleno de monumentos modernistas - el palacio Bofarull, la casa Navás, la casa Rull, el edificio del ayuntamiento en la plaza Mercadal, los pabellones del Instituto Pere Mata -. Además de ser la patria de Gaudí, vieron la luz en Reus personajes famosos como "Agustina de Aragón", heroína de los sitios de Zaragoza, el general Juan Prim o el pintor Mariano Fortuny.

     Durante este último fin de semana, he vuelto a pasear por las calles de Reus y he vuelto a admirar sus monumentos, sus calles comerciales, sus plazas con soportales, sus centros culturales, el campanario de Sant Pere y el flamante recinto deportivo. Me han encantado las plazas de Prim y Mercadal, el teatro Fortuny y los edificios modernistas más emblemáticos. He admirado el nuevo mercado, el nuevo hospital y las nuevas avenidas. Porque Reus está situado en un lugar privilegiado, cerca de la costa y cerca de la montaña. La primavera surcaba sus calles y avenidas. Y algunos de sus monumentos orlaban las calles peatonales, repletas de viandantes el sábado por la tarde. Un crepúsculo ciudadano sin agobios ni ruidos urbanos.

     En la fotografía adjunta está la placa situada en la casa en la que, según todos los indicios, nació Antoni Gaudí. Un reusense internacional, que ha dejado obras irrepetibles por toda Cataluña y por parte de España.

    

MAÑANA DE EQUINOCCIO

MAÑANA DE EQUINOCCIO

      Se desliza la primavera presurosa por las calles casi desiertas de este barrio solitario y fantasmal. Llega a mis oídos el suave rumor del viento y un leve escalofrío sacude mis entrañas.

      Todavía no ha amanecido. La incierta claridad de la mañana se anuncia ya en el horizonte. Un horizonte todavía opacado por las sombras que proyectan los edificios al filo del alba.

      Camino por la orilla del río. A lo lejos se divisa la desembocadura del río Gállego. El padre Ebro aparece y reaparece escuálido, castigado por la sequía y las heridas del largo invierno.

       Nada es lo que parece en este día del nacimiento de la primavera. Eso sí, los días son igual que las noches. Veinticuatro horas perfectamente repartidas, dosificadas, regaladas, esclavas de una efímera incertidumbre.

       Cuando regreso a casa, los primeros rayos de sol se adivinan tras los visillos. Ni una nube, ni un anuncio de lluvia. Sólo una leve neblina y una luz cada vez más intensa. La ciudad comienza a despertar. El ruido de los vehículos ahoga conversaciones matinales, pasos apresurados, bostezos y toses entrecortadas.

       ¿Qué nos deparará el futuro? ¿Cuál será el perfil de esta recién estrenada primavera? Todos deseamos que se acelere el tiempo. Pero, en el fondo, nos lamentamos del ritmo vertiginoso y fugaz de esta vida acelerada e incierta. Es la eterna paradoja del vivir. Es el sueño de una existencia casi contradictoria. Es el pulso de una mañana que pronto, muy pronto, se convertirá en crepúsculo.

        

 

 

LOS ENAMORAMIENTOS

LOS ENAMORAMIENTOS

     ¿Alguien ha estado enamorado locamente alguna vez? ¿Alguien ha vivido el amor conn toda la plenitud? ¿Alguien ha saboreado las mieles de un amor con mayúsculas? ¿O acaso su amor ha sido flor de un día, flirteo adolescente, reto personal, conquista difícil, encaprichamiento o simple atracción fatal?

      Todo esto y mucho más podemos encontrar en la última novela - yo diría novela-ensayo - del escritor madrileño Javier Marías. Los enamoramientos es como un laberinto, como una madeja de reflexiones que va enredando al lector desde las primeras páginas. Es una novela, densa, con escasa trama, con un argumento que sirve de soporte al buceo profundo y moroso - demasiado moroso - en el yo más íntimo de los personajes. Unos personajes que se enfrentan desde el principio a la desaparición de sun ser querido y que tienen que afrontar el día a día post-mortem con entereza y valentía.

      Una voz en primera persona - María Dolz, la protagonista - nos acerca a Luisa, la viuda desolada de Miguel Desvern, cruelmente asesinado.  Y a Javier, un amigo del que está prendado y al que acaba eludiendo con escéptica indiferencia. Por la novela desfilan otros personajes del mundo de las letras, como Francisco Rico - ¿qué pinta el crítico literario en la novela? Pero lo que otorga a esta obra la categoría de casi maestra son las reflexiones sobre la vida y sobre la muerte. Reflexiones que nos llegan a lo más hondo. Reflexiones que nos convierten en personas que viven al filo del destino, al filo del azar, al filo de la soledad.

     ¿Qué ocurriría si el ser querido que damos por fallecido regresara a la vida inesperadamente? ¿Lo volveríamos a aceptar en nuestro nuevo mundo? ¿No sería el muerto una inconveniencia? Marías nos plantea estas reflexiones y muchas más. Con su prosa envolvente y cautivadora - quizás demasiado reiterativa en algún momento - nos plantea además dudas razonables sobre el destino, sobre nuestro pensamiento oscilante, sobre la imposibilidad de saber nunca la verdad cabalmente.

     No me ha entusiasmado la novela. Pero me ha ayudado a reflexionar sobre mi propio yo, mi propia vida, mi propio destino. Y eso ya es más que suficiente para valorar esta prosa demasiado laberíntica. En mi modesta opinión, al libro le sobrarn unas cien páginas y algún que otro capítulo episódico. Vendería más y dejaría al lector mucho más satisfecho. De todos modos, como un ensayo, vale la pena leerlo y quedarse con esa introspección en un mundo interior apasionante.

    

MENOSPRECIO DE CORTE

MENOSPRECIO DE CORTE

     Volver al campo, aunque sólo sea por unas horas. Reencontrarse con tu paisaje, con tus gentes, con el silencio y la soledad de la sierra invernal, es un placer reservado a unos pocos.

     Es verdad que los tópicos renacentistas - Beatus ille, Locus amoenus o el que inspiró la obra de Fray Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea - han caído en desuso. Es cierto que los hechizos de la gran ciudad, la atracción del bullicio, de los lugares masificados, del ruido de los motores, del ajetreo urbano están calando cada vez más en las nuevas generaciones.

     Pero la naturaleza, el silencio del valle, la soledad de la sierra, el murmullo del río, el color amarronado de los campos, los brotes prematuros de los chopos cabeceros, el aire incontaminado, la brisa fresca y suave, el horizonte verdeazulado, el plácido alboroto de los pájaros, la orgullosa eminencia de las colinas, el trazado geométrico de las huertas, los caminos recónditos, las veredas ocultas, la contemplación a vista de pájaro de un paisaje familiar,...Todo confluye en una armonía silenciosa que, a pesar de la soledad de las calles, a pesar de las casas solitarias, a pesar de la ausencia de vecinos, te sume en una dulce melancolía y te ayuda a reflexionar sobre este presente convulso y un futuro cada vez más incierto.

    

    

AMOR CADUCO

                          Agarra este momento
                         con sabor a incipiente primavera.
                          Agarra los efluvios
                         que surcan los portales soleados
                         al filo del ocaso.
                          Agarra, sí,
                         la vida
                         que inunda las aceras.
                          Aunque sepas de sobra
                         ... que tienes ya en tus carnes
                         esa etiqueta negra del destino
                         como animal herido
                         en el costado.
                          Haz acopio de amor,
                         haz acopio de sueños,
                         de sonrisas,
                         de inaplazables pulsos,
                         de sutiles deseos.
                          Atenaza el presente...
                          Acaso te reserve,
                         cual un latido oculto,
                         esa felicidad que se acurruca
                         más allá del azul de un horizonte
                         efímero y fugaz
                         como la vida.
                          Sí.
                          Eres joven aún,
                         joven de corazón
                         y de esperanza.
                          Nunca serás tan joven como ahora...
                          ¿Dejarás que el amor pase de largo?

EL DÍA DE MAÑANA

EL DÍA DE MAÑANA

     La lectura de El día de mañana, última novela del escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), ha supuesto para mí un viaje literario apasionante e inolvidable por esa Barcelona gris de los años cincuenta y sesenta y por esa ciudad convulsionada durante los últimos años del franquismo y los primeros compases de la transición democrática. El autor de El tiempo de las mujeres (2003) y Dientes de leche (2008) nos ofrece en este relato caleidoscópico un apasionante y vasto tapiz social de la España de la segunda mitad del siglo XX.

     En mi modesta opinión, la historia novelada de Justo Gil, un inmigrante, un antihéroe, que se sumerge progresivamente en un laberinto degradante y sobrecogedor, me recuerda al joven protagonista de La busca de Pío Baroja o al inolvidable Onofre Boubila de La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza. El procedimiento narrativo que utiliza Ignacio, que ya esbozó en El tiempo de las mujeres, nos recuerda a la mítica Ciudadano Kane. Ese punto de vista plural realza la verosimilitud de los hechos y enriquece la trama con otras historias paralelas surcadas por la pasión, el desamor, el engaño, la clandestinidad, o la penuria social y económica.

        Sin divagaciones, sin artificios explicativos, confiándolo todo a la escueta narración de hechos, Martínez de Pisón alcanza en algunos momentos una sutileza psicológica y una hondura que constituyen indicios inequívocos de la madurez creadora. Además, la lectura resulta ágil, con un estilo preciso, sin inútiles digresiones o retórica innecesaria. Desde las primeras páginas, el lector queda atrapado en un ambiente que, para los que conocemos la Barcelona de esos años, resulta creíble y muy cercano.

      El día de mañana podría considerarse como una de las grandes novelas de la transición. Martínez de Pisón acaba de recibir el Premio de las Letras Aragonesas 2011  y el Premio Ciutat de Barcelona 2012. Un reconocimiento a la trayectoria de este novelista que ya nos sorprendió positivamente con La ternura del dragón (1984) y que hizo gala de sus dotes de ensayista con Enterrar a los muertos (2005)