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josemarco

IMPRESIONES

ARAGÓN DESDE LA DISTANCIA

ARAGÓN DESDE LA DISTANCIA

     Después de permanecer cuatro días fuera de Aragón, me he vuelto a convencer - si es que no lo estaba todavía - de lo poco que cuenta nuestra región fuera de sus fronteras. A muy pocos kilómetros de la provincia de Teruel, ni esta provincia existe, ni las celebraciones del Pilar existen, ni el día grande de Zaragoza capital existe. Los medios de comunicación nacionales apenas se han hecho eco de las efemérides de estos días. Alguna alusión rápida a la Ofrenda de Flores y al concierto de Héroes del Silencio y poco más.

     Al parecer, desde que nuestra comunidad autónoma dispone de televisión y de emisora de radio propias, las demás cadenas se han olvidado totalmente de este millón y pico de españoles para dedicarse a otros asuntos. Es una lástima, pero esa es la cruda realidad. Esta tarde, mientras atravesaba de sur a norte la provincia de Teruel, mientras contemplaba las sabinas en las  proximidades de la Puebla de Valverde, las tierras rojizas de Alfambra, los pinares en las inmediaciones de Escucha, volvía a reencontrarme con mi tierra. El día invitaba a la reflexión y el paisaje casi solitario abría sus brazos de par en par a los que regresábamos al lugar que nos vio nacer o a la ciudad que nos acoge día tras día. Atrás ha quedado un paréntesis de cuatro días que, desde la distancia, ha potenciado todavía más el amor a nuestra tierra. Eso sí, por encima del olvido y  de la indiferencia de los medios de comunicación.

    

OTOÑO HÚMEDO Y LLUVIOSO

OTOÑO HÚMEDO Y LLUVIOSO

     Este largo fin de semana de octubre - llamado por algunos "Puente del Pilar" - me he acercado hasta Valencia, hasta un pueblo de la comarca de la Ribera Alta, Massalavés. La lluvia me ha dado la bienvenida sin previo aviso. Una lluvia pausada, fecunda, otoñal. Al parecer, como dicen algunos vecinos, este otoño es como los de antes. Algunos miran repetidamente al cielo y recuerdan todavía la riada de octubre de 1982, cuando la antigua presa de Tous no pudo aguantar y el río se desbordó dejando pueblos anegados y a muchas personas sin hogar. Nadie espera que se repitan esos hechos. Todos confían, sin embargo, en que esta lluvia de temporal no derive en "gota fría". Está bien que se llenen los embalses, pero nadie desea que el agua anegue los campos de naranjos o de caquis con su cosecha a punto y sus árboles felices de verdor.

    Me encuentro en la biblioteca de este pequeño pueblo de poco más de mil habitantes. Está situada en la planta baja del ayuntamiento. Es un recinto pequeño, austero, pero acogedor. Los libros reposan mudos en las estanterías y los niños se disputan una hora en uno de los ocho ordenadores que están conectados a "internet rural". Ninguno de ellos lee la prensa, o consulta algún portal informativo, o escribe en algún blog. La mayoría - por no decir todos - se entretienen con uno de los miles de juegos que les brinda la red o chatean con amigos o conocidos. Uno se pregunta si la red de redes está aprovechada en un centro cultural como éste. Quizás haya que reflexionar sobre el papel de internet en el mundo actual y sobre su propio uso cultural. Eso sí, de momento he acudido a mi cita diaria con esta página, aunque  hoy sólo hayan sido impresiones generales, acordes con esta tierra, que tan bien me acoge desde hace años. 

ECOS FESTIVOS

ECOS FESTIVOS

     Me llegan a través de la ventana de mi despacho los ecos de la charanga de la peña "Los que faltaban", una de las muchas agrupaciones festivas de Zaragoza. Su sonido me devuelve al pasado, su melodía me recuerda las bandas musicales que desfilaban por las calles de Aliaga con motivo de las fiestas de septiembre en honor de la Virgen de la Zarza. Me acerco a la galería y observo a cuatro jóvenes que sostienen una pancarta y encabezan un grupo de unas cincuenta personas. Esta peña, como otras tantas de la ciudad del Ebro, llena de alegría las calles y nos recuerda que aún estamos en fiestas, aunque hoy haya sido día laborable y mañana vuelvan a abrirse las aulas para los escolares.

     Las peñas son una parte muy importante de las fiestas del Pilar. Cuando llegué a Zaragoza a principios de los ochenta, empezaban a crearse estos grupos, a imitación de las fiestas de San Fermín y paralelamente a las peñas de las fiestas de la Vaquilla de Teruel. Entonces había todavía pocos peñistas y se conocían casi todos. El recinto de interpeñas, que se hallaba cerca de la Romareda, era un lugar sin aglomeraciones, un sitio donde te encontrabas con tus amigos o conocías a gente nueva. No había tantos conciertos ni tantos actos callejeros. Pero, poco a poco, los Pilares fueron adoptando un esquema más o menos fijo. Ahora la fiesta ha desbordado a propios y extraños y la oferta es tan amplia que uno no sabe adónde acudir. Personalmente, me quedo con las fiestas de verano de los pueblos turolenses. Y me quedo sobre todo con las de Aliaga. Allí la charanga anima las calles del pueblo durante unos días, las peñas tienen un protagonismo más directo en las fiestas y no existen atascos ni aglomeraciones.

     Mañana me alejaré durante unos días de Zaragoza. Echaré de menos algunos actos. Recordaré el pregón y los fuegos artificiales del primer día. Y volveré con la ilusión de contemplar desde le puente de la Unión los fuegos del día 14 que cerrarán nueve días de fiesta, con ecos de charanga, con jolgorio en las calles, sin muchos incidentes y con un buen sabor de boca para niños, jóvenes y mayores.

DE LA ESTEPA AL ASFALTO

DE LA ESTEPA AL ASFALTO

     He dedicado parte de la tarde de hoy a acercarme en coche hasta el recinto ferial de Valdespartera. Quería conocer el lugar exacto de su ubicación y pasear un poco por su recinto. He conseguido lo primero, pero no lo segundo. Las señales de prohibición para turismos eran frecuentes y casi todas las avenidas estaban cortadas al tráfico. He vagabundeado, por tanto, por la calle La diligencia, por la calle Cantando bajo la lluvia y por la dedicada a Los siete samurais. Al final, después de dar tantos rodeos, he decidido acercarme hasta Plaza Imperial, que está en pleno auge aunque funciona todavía a medio gas. Eso sí, antes de abandonar Valdespartera he comprendido a los dirigentes de Interpeñas. Su intención de no alejarse hasta esa estepa es bastante razonable. Lo que no acabo de entender es la oposición de los vecinos de Valdespartera al recinto ferial. Creía que lo tenían a pocos metros de su casa y no es así, ni mucho menos.

    En Plaza Imperial la impresión ha sido muy distinta: aparcamientos llenos de coches, colas para comprar en los grandes almacenes y obras, obras por doquier. Una nube plomiza ha descargado mientras tanto un pequeño chaparrón. El asfalto destacaba con su negro intenso y contastaba con las montañas cercanas y con el amarillo de los pabellones de la Feria de Muestras. La ciudad crece hacia el sur. Ya de regreso, también Puerto Venecia quiere emular a Plaza Imperial. Me preguntaba desde el cuarto cinturón si habrá consumidores para tanta oferta, si habrá clientes para tanto centro comercial. El tiempo lo dirá. De momento, el asfalto sigue ganando terreno a la estepa mientras el Huerva discurre humildemente debajo de puentes y viaductos. La huerta de sus riberas tiene, al parecer, los días contados. Es una vega fecunda y pintoresca que pide respeto y protección. Al menos, a corto plazo.

EL LATIDO DE LA TARDE

EL LATIDO DE LA TARDE

     Hay tardes que se deslizan como minúsculos gusanos de seda. Otras se visten con la túnica del sosiego y oscilan ralentizadas entre la espera o el dilema.  Con la lectura de la prensa ha abierto el pulso cotidiano de esta tarde otoñal disfrazada de verano. He echado de menos la sección La ciudad de las gaviotas de Mariano Gistaín. Me he ceñido, sin embargo, a las páginas de opinión. Las demás se llenan de anuncios y de escuetas noticias que se repiten en casi todos los periódicos. Sólo los columnistas y alguna carta al director rompen la tónica de la mayoría de los medios escritos Espero que Gistaín regrese pronto a su cita diaria con esta página impar y la siga vistiendo de poesía y de literatura.

      Nada más salir de casa, mi primer dilema ha sido simple, intrascendente: ¿tomaré el autobús hasta la plaza del Portillo o será mejor ir andando? Ha llegado un autobús totalmente nuevo, con olor y sabor a estreno y no he podido a negarme a subir. Sé que realiza un auténtico recorrido turístico por el centro de la ciudad, sé que andando habría ganado tiempo, sé que sus frecuencias son muy irregulares. Pero he preferido salir de casa con un estreno simbólico y aprovechar la atalaya de este transporte ecológico para observar con calma la ciudad. Sin prisas. Sin horarios. Sin inquietudes aparentes.

     La tarde se abre como un abanico de colores a medida que nos acercamos al centro: colores amarillos y negros de los aficionados del Aris griego, que se pasean por el Coso; colores azules y blancos de las bufandas de los zaragocistas, que esperan un autógrafo de sus ídolos en las inmediaciones del hotel Zentro; tapiz multicolor de ciudadanos que caminan, dialogan o simplemente miran desde las aceras de la avenida del Conde de Aranda. El autobús avanza a ritmo lento, como si quisiera mostrar a todos los zaragozanos que es nuevo, que es un "FVX", que lo importante es la ruta, el recorrido, la espera sin relojes y sin alarmas.

      Dejo para otra ocasión los dilemas intrascendentes que rondan por mi mente como una aureola invisible. Plasmo, sin embargo, algunos dilemas de mis amigos y conocidos. Ernesto, que acaba de trasladarse a vivir a Valdespartera no sabe si alejarse de la ciudad durante las fiestas del Pilar: ¿Le dejarán dormir las ferias? Inés vive en Montemolín, muy cerca del pabellón Príncipe Felipe. Es joven y le gusta divertirse. Por eso se alegra de que el pabellón Interpeñas se mantenga allí, en San José, al menos un año más. Ignacio vive en el barrio de Las Fuentes. No sabe si irse al pueblo a descansar o quedarse para acudir al pregón y presenciar algún concierto. Se decidirá mañana. Se ha guardado unos días de vacaciones para la próxima semana. Sólo unos pocos van a tener ese privilegio.

     Tarde de espera en Zaragoza. Colas en las taquillas de la plaza de toros. Ambiente europeo en los aledaños de la Romareda. Compás de espera de los trabajadores de TUZSA. Días de dilemas. Dilemas que son la salsa de lo cotidiano, el latido de todos los días, el regalo otoñal de esta tarde plácida y dilatada.

UNA CALLE PINTORESCA

UNA CALLE PINTORESCA

     En Zaragoza hay muchas calles que guardan entre sus edificios el sabor inconfundible de la historia. Son calles estrechas, sinuosas, llenas de contrastes. La mayoría se encuentran, como es lógico, en pleno Casco Viejo o Centro Histórico de la ciudad. Y suelen llevar nombres de personajes ilustres de la capital del Ebro o de Aragón. Una de estas calles es la dedicada a Agustina de Aragón, la heroína de los Sitios de Zaragoza.

     Aunque está muy cerca del lugar donde trabajo, ya que linda por la parte norte con el Instituto de Educación Secundaria Ramón y Cajal, pocas veces la he recorrido de una punta a otra. Precisamente esta mañana he dado un pequeño rodeo y he caminado sin prisas por esta calle peatonal. Comienza en la calle Ramón y Cajal y termina el la histórica plaza del Portillo. La flanquean edificios de todo tipo y colorido. Unos son bastante recientes y otros soportan el peso de los años y piden a gritos un derribo o una urgente restauración. Por la mañana, la calle estaba solitaria y silenciosa. Tiene muy pocos comercios - sólo una panadería y un taller de motos - y sólo al inicio de la calle hay dos bares nocturnos que permanecen cerrados a estas horas.  Esta tranquilidad me ha transportado a principios del siglo XIX, en la época de los Sitios, cuando las caballerías y algún carro la cruzaban para dirigirse al centro o a las afueras de la ciudad. Galdós evocó este ambiente en sus famosos Episodios Nacionales, en el volumen Zaragoza. He evocado el grito de "agua va" y he pensado en los motivos de su poca anchura y trazado irregular.  Quedan muchas calles como estas en los barrios más antiguos de las grandes ciudades. Poco a poco van viendo la luz y se van adaptando al siglo XXI. Eso sí, sin perder su sabor a pasado, sus raíces históricas y su carácter original. Los románticos se volverían a entusiasmar contemplando esta calle, que ha quedado eclipsada por la avenida del Conde de Aranda, que circula casi paralela, y que sólo ha aparecido en la prensa estos últimos meses para denunciar el deterioro de algunos edificios y el desalojo de algunos vecinos debido a una inminente amenaza de derrumbe. A ver cuándo publican algo sobre su cara oculta, su historia y sus perspectivas de futuro.

A CONTRACORRIENTE

A CONTRACORRIENTE

     Hay en la vida ocasiones en las que hay que nadar a contracorriente. Esta locución verbal se puede aplicar a muchas y muy diversas circunstancias en estos últimos días del verano. A contracorriente han ido los habitantes del pueblo oscense de Lalueza, a quienes ha sorprendido una tremenda granizada en plenas fiestas mayores. A contracorriente han tenido que actuar los dirigentes de la Unión Deportiva San José, que no han podido disponer esta tarde del flamante campo de césped artificial debido a que un colector desbordado ha dejado todos los residuos en una parte del terreno de juego. A contracorriente siguen trabajando los operarios que están adecentando las riberas del Ebro. Dicen que valdrá la pena esta reforma y que veremos el río con otros ojos. A contracorriente han comenzado hoy las clases algunos alumnos universitarios, después de unas dilatadas vacaciones. A contracorriente han iniciado este lunes gris los aficionados al baloncesto, después de la inesperada derrota de la selección española en la final europea.

     Menos mal que las tormentas de granizo no se han generalizado. Parece ser que la cosecha de fruta y la vendimia han quedado a salvo casi en su totalidad. Hacía tanta falta la lluvia que el agua se multiplicaba por las avenidas y plazas. Al menos, habrá servido para limpiar las alcantarillas. Por eso los residuos afloraban por todas partes. ¿Será el primer anuncio del otoño? Seguramente. Lo que está claro es que nunca llueve a gusto de todos.

SEMANA DE DESENCUENTROS

SEMANA DE DESENCUENTROS

     La semana que termina - que podemos considerar de vuelta a la normalidad (¿o a la anormalidad?) - nos ha proporcionado desencuentros, alguno de ellos turbulentos, en casi todos los ámbitos sociales y políticos, locales, autonómicos, nacionales e internacionales. Con la vuelta a las aulas de todo el alumnado no universitario, que se ha desarrollado con bastante normalidad, los problemas nos llegan desde afuera. En las grandes ciudades - entre ellas en Zaragoza - hemos sufrido de nuevo los atascos, las interminables obras, las prisas y el estrés. A los pequeños núcleos rurales ha vuelto la soledad y ha regresado el fantasma de la despoblación - oculto momentáneamente durante los meses de verano. Pero las turbulencias, los desencuentros, han ido más allá de esta percepción cotidiana y, en ocasiones, rutinaria.

    Los extremos se tocan y se repelen. Eso es lo que está ocurriendo en el siempre agitado e incierto ámbito político. Y lo peor de todo es que fallan las formas. Las de unos y las de otros. Y, a veces, se pierden los papeles. Y lo más frecuente es que nadie dimita, todos se exculpen y muy pocos rectifiquen -¡Qué cara se ha puesto la autocrítica! En Estados Unidos se agudizan los enfrentamientos y discrepancias por la incomprensible posguerra de Irak. En Europa se tambalean algunos bancos y comienzan a sufrir las consecuencias de los créditos hipotecarios. En España continúa el rifirafe entre los conservadores y progresistas, entre los monárquicos y los republicanos. (Algunos siguen añorando tiempos pretéritos. ¡Qué gran error!) En Aragón la polémica está servida en el tema del medio ambiente y en el tema de las comunicaciones. Y en Zaragoza continúa la pugna por ese inmenso barco varado en el centro de la ciudad, que es el Fleta. Y el dragado del Ebro siguen enfrentando a ingenieros, políticos y ecologistas. Y la polémica del tráfico se ha centrado en la circulación de bicicletas por el centro de la ciudad. Las aceras no son para todos y la calzada es una trampa para el más débil.

     Mientras tanto, seguimos expectantes ante las incertidumbres del futuro. La normalidad parece desbordarnos en algún momento. Y los fines de semana - aderezados con el buen tiempo y atractivas citas deportivas - se han convertido en el mejor invento. Aunque en el deporte también son frecuentes los desencuentros. Y si no que se lo pregunten a Luis Aragonés, al jugador Óscar González o a los dirigentes y técnicos del equipo McLaren.

 

JORNADA DE EFEMÉRIDES

JORNADA DE EFEMÉRIDES

     Hay días que presentan un color especial en el calendario. El once de septiembre se ha convertido en uno de ellos. Mi memoria vuela hacia el ya lejano 1964 - con Franco como autoridad absoluta y con el pequeño seiscientos rodando por las penosas carreteras de una España que caminaba hacia el controvertido desarrollismo. En un once de septiembre de ese año abandoné por primera vez Aliaga, mi pueblo de toda la vida, para viajar a Llinás del Vallés y emprender un camino sin retorno.

      Ese mismo día, nueve años después, ha quedado grabado en el calendario de Chile como uno de los más trágicos y tristes. Salvador Allende era derrocado y asesinado en el Palacio de la Moneda en uno de los golpes de estado más vergonzosos de la historia: el que protagonizó el prepotente salvapatrias Augusto Pinochet. Pocos años después, de nuevo en España, llegaría la democracia y Cataluña recuperaría sus libertades en la famosa Diada, simbolizada el regreso del exilio del presidente Josep Tarradellas.

    Ya en el siglo XXI, esta fecha marcaría para muchos años el devenir de la humanidad. Todos pudimos presenciar al filo de las tres de la tarde el terrible atentado contra las Torres Gemelas y el caos posterior. El terrorismo presentó su cara más negra y los atentados se han extendido desde entonces a la Europa civilizada y aliada de Bush, sobre todo a España. Luego vendrían las invasiones de Afganistán y de Irak, los errores de las guerras y posguerras y el recorte casi irracional de las libertades.

     A pesar de todo, hay que dejar el pasado y dar paso al presente. Un presente que nos devuelve a la rutina laboral, al inicio de las clases en los colegios e institutos y al final del verano. Un verano que sólo se mantiene en el calendario. Para la mayoría, el verano terminó cuando regresamos a lo cotidiano y bajaron el telón las fiestas de los pueblos con un "pobre de mí" agridulce. Esta noche la ciudad ya respira otro ambiente: se van cerrando las terrazas, los adolescentes vuelven antes a casa pensando en qué les van a decir mañana en el instituto y a qué profesores van a tener. Algunos se agarran a los móviles y al MP4 antes de que les obliguen a dejárselo en casa u ocultarlo en el oscuro fondo de la mochila. Víspera de inicio de las clases. Aunque los más pequeños ya llevan dos días. Días de ilusión para los niños de Gistaín, que recupera su escuela cerrada desde hace trece años. Días de tristeza para los niños de Cortes de Aragón, que no podrán acudir a su escuela de siempre y tendrán que madrugar un poco más para acercarse a Muniesa. Son las luces y sombras de una realidad que se disfraza de incertidumbre y nos sorprende cada minuto. Algunos todavía van a tener suerte: en Alcañiz y Andorra continúan las fiestas. Otros sueñan con las de Delicias y la mayoría, con las fiestas grandes del Pilar.

 

¡VIVA LA IMPROVISACIÓN!

¡VIVA LA IMPROVISACIÓN!

     Dicen que los españoles somos los reyes de la improvisación, de las prisas de última hora y de las obras a contrarreloj. Y, efectivamente, eso es lo que estoy comprobando en mi observación cotidiana y en las noticias que me llegan a través de los medios de comunicación. En Zaragoza tenemos uno de los ejemplos más claros: las obras de la Expo 2008. ¿Se llegará a tiempo? Seguramente sí, pero a costa de horas extras los últimos días y de falta de tiempo para pruebas y ensayos. Algo similar ocurre con las obras que se están realizando en el puente de Piedra. Avanzan, a pesar de las polémicas. El futuro dirá si ha sido un acierto o no quitar la solera histórica de uno de sus arcos. Todos sabemos que las prisas no son buenas consejeras. En el ámbito político hay prisas por inaugurar, por promulgar determinadas leyes, por ocupar puestos de privilegio, por emular a quien sea o como sea. Lo mismo podríamos decir de determinados medios de comunicación. El afán de ganarse audiencia, a costa de lo que sea, convierte a ciertos programas en improvisados platós ocupados por una basura mediática. Sin comentarios.

      Con septiembre, se acerca el nuevo curso escolar. Y también en el ámbito educativo se advierten prisas, improvisación y decisiones a contrarreloj. Y esto sólo provoca inútiles polémicas, como la incomprensible oposición de ciertos sectores de la iglesia y de algunos sectores políticos retrógrados a una asignatura que ni conocen ni han experimentado. Se debería haber explicado mejor el por qué y para qué de esta materia. Aunque hubiera entrado en vigor un curso o dos más tarde. Pero hay tantas prisas... Obras en los colegios sin acabar, libros sin editar, proyectos  a medias. Lo malo es que algunos aprovechan este río revuelto para afilar su lengua viperina y arremeter a diestro y siniestro. Y si no que se lo pregunten a un famoso locutor de la cadena COPE. ¿Cuándo se callará? ¿Quién le respalda? ¿Qué intereses hay detrás de este programa? Muchos sentimos vergüenza ajena de este turolense reconvertido en profeta de nada y en agorero de todo.

 

ENTRE ADIOSES Y POLÉMICAS

ENTRE ADIOSES Y POLÉMICAS

     Agosto está dando sus últimos coletazos. Y se despide entre adioses y polémicas. La prensa - con tan pocas noticias durante estos días - ha encontrado de nuevo excelentes filones. Lo peor de todo es que la mayoría de estas páginas se visten de luto y de tragedias.  Luto en el deporte, por el fallecimiento repentino del joven futbolista Antonio Puerta. Luto en la literatura, por el adiós definitivo del incombustible, polémico, audaz y original escritor Francisco Umbral. Luto en el cine y el teatro, por la desaparición de la actriz Emma Penella, que dejó su impronta en El Verdugo, La Estanquera de Vallecas o en la serie Aquí no hay quien viva. Y luto en el mundo de la cultura y de la educación, por el fallecimiento de Palmira Pla, esa maestra de Cretas, comprometida con la educación y la libertad en tiempos de la República.

     La polémica también está servida en casi todos los ámbitos y situaciones. A pocos días de comenzar el curso, se reabre la polémica sobre la asignatura "Educación para la ciudadanía"´- algunos quieren matarla antes de que nazca -. Polémica también entre los ecologistas, arqueólogos y gestores del ayuntamiento de Zaragoza debido a las obras que van a afectar a parte de la solera del histórico Puente de Piedra. Polémica y dimisión de la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás. Se han cruzado declaraciones contradictorias entre la veterana escritora y el nuevo ministro de cultura, César Antonio Molina. Lo más triste de todas estas polémicas, especialmente de esta última, es que sus consecuencias las sufren los que viajan con ilusión a Madrid, pasan muchas horas consultando archivos en la Biblioteca Nacional y tienen que soportar controles cada vez más rigurosos y exhaustivos. Todo por culpa de algún desaprensivo que se cree que los libros son para usar y tirar. O para enriquecerse en el mercado negro. Es una pena que esta institución cultural sufra estos robos o mutilaciones. Pero tampoco se puede culpar a nadie sin pruebas fehacientes.

ALIAGA A VISTA DE PÁJARO

ALIAGA A VISTA DE PÁJARO

     Aprovechando la mañana preotoñal, hemos ascendido a la popular Loma de San Antón, llamada también la Cubeta, para contemplar este panorama de Aliaga a vista de pájaro. Después de cuarenta y cinco minutos de ascensión, hemos llegado hasta el simbólico pino para reponer fuerzas y disfrutar del paisaje. A nuestros pies, el valle donde se asienta Aliaga, y más allá el cauce del río de la Val con Hinojosa, Jarque y Cuevas de Almudén como telón de fondo. A la derecha hemos contemplado además el barrio de Campos y, un poco más lejos, el pintoresco rincón donde se asienta Cirujeda.

     Antes de emprender el regreso, hemos bordeado la montaña y nos hemos acercado al monte vecino, donde se asientan las antenas de televisión y de telefonía móvil. Desde allí, la panorámica es bastante distinta: el barrio de la Aldehuela, el cada vez más anegado embalse y el cada vez más desguazado esqueleto de la Térmica. Las sensaciones han sido muy dispares: silencio, soledad, nostalgia, paz, sosiego y un pequeño poso de melancolía.

EN EL BARRANCO DEL HOCINO

EN EL BARRANCO DEL HOCINO

     Aliaga ofrece al visitante multitud de excursiones a lugares recónditos y pintorescos. Hoy hemos elegido el barranco del Hocino. A pesar de la sequía estival, la poza conserva su encanto y el lugar mantiene su atractivo por lo sublime. En esa pequeña hondonada, orlada de elevadas rocas y rica en vegetación, uno se siente alejado de la realidad y fuera de la civilización.

    Hemos completado el recorrido con una larga caminata en dirección a Miravete. Como se acercaba el crepúsculo y comenzaba a anochecer, hemos decidido cambiar de plan y volver sobre nuestros pasos. No se pueden emprender aventuras cuando la tarde avanza acelerada. Al final, regreso a casa casi al anochecer y satisfacción por haber conocido - por fin - uno de los lugares más atractivos el entorno de Aliaga. La próxima vez, iremos en otoño o en primavera, cuando las lluvias animen la cascada y engalanen el entorno.

EN EL NACIMIENTO DEL RÍO PITARQUE

EN EL NACIMIENTO DEL RÍO PITARQUE

     He aprovechado esta tranquila y fresca mañana estival para acercarme, acompañado de Javier y de Pablo, al nacimiento del río Pitarque. Ya conocía este ingular entorno paisajístico y natural pero, en estos momentos de escasez de agua y de cambio climático, uno valora todavía más este hermoso paraje. Contemplar las aguas cristalinas de este río que alimenta al Guadalope, oír el murmullo de la corriente que desciende hacia esta pequeña población turolense o disfrutar de sus cascadas a lo largo del recorrido es un placer que experimentan los numerosos visitantes que se acercan durante estos días a este lugar.

     El camino es cómodo y está muy bien señalizado. Desde Pitarque se puede realizar tranquilamente en una hora y media aunque, a buen paso, en poco más de una hora hemos llegado allí. La escasez de lluvias durante los meses de verano no nos ha impedido contemplar ese chorro de agua que nace con ímpetu debajo de las piedras. El regreso ha sido mucho más llevadero y hemos aprovechado el resto de la mañana - es mejor realizar pronto este recorrido - para acercarnos a los famosos Órganos de Montoro, contemplar las truchas asalmonadas de la piscifactoría de Villarluengo y descansar en el parque de la pequeña y pintoresca localidad de Montoro de Mezquita, a orillas de un Guadalope que viene de Aliaga entre estrechos y barrancos. Una jornada completa. Eso sí, no hay que olvidar un buen bocadillo y la cámara digital. Después puede uno recrearse contemplando las fotografías en el ordenador y recordando esta jornada.

UN LUGAR DE REENCUENTRO

UN LUGAR DE REENCUENTRO

          Cada ciudad, cada pueblo, cada aldea, tienen un pequeño lugar que evoca con más nitidez épocas pasadas e invita a la reflexión, al solaz o a la conversación reposada. En Aliaga, uno de estos lugares son los tradicionales porches, donde todavía se instalan los comerciantes ambulantes y donde su privilegiada ubicación es un reclamo para el que, ya en el ecuador del verano, busca un ambiente más fresco y un banco donde sentarse a reposar.    

          La parte baja de la villa de Aliaga es la más antigua y la más señorial. Se conservan fotografías de principios del siglo XX en las que se puede observar cómo los toros se dirigían por las cercanas calles, flanqueadas por dos hileras de porches, a la plaza de la Iglesia. Esta zona adquirió su importancia en otros tiempos como centro de encuentro de mercaderes, ganaderos y agricultores. Se intercambiaban productos o se vendían al público en fechas señaladas.

            Actualmente, desde los porches podemos acercarnos al remodelado ayuntamiento de la población, contemplar los juegos de los niños que en verano corretean por la calle mayor o acercarnos a la cercana iglesia de San Juan Bautista. Cuando llegan las fiestas patronales, en este histórico recinto se celebran los campeonatos de guiñote o se sirve algún aperitivo. En invierno, cuando el frío arrecia o aparece la lluvia o la nieve, los vecinos de Aliaga se encuentran en este lugar cercano y familiar. Un lugar de reencuentro. 

EN BICI HASTA EL ESQUINAZO

EN BICI HASTA EL ESQUINAZO

     Cuando comienzan las rutas de montaña - y casi todas lo son en esta zona del Maestrazgo Turolense - una de las más asequibles es la que he realizado hoy desde Aliaga hasta el puerto del Esquinazo. Es una buena ruta para comenzar el rodaje después de algunos días de inactividad. Uno se acostumbra fácilmente al terreno llano, pero cuando comienzan las pendientes es todo muy distinto. La mañana es fresca, casi preotoñal, y el sol asoma tímidamente entre los chopos que flanquean el río de la Val. Los primeros kilómetros son tranquilos y el paisaje acompaña. En pocos minutos se llega al barrio de Santa Bárbara y poco después dejo a la izquierda a Cobatillas, pequeño núcleo de población rodeado de campos y de huertas. Desde allí hasta Hinojosa de Jarque la carretera serpentea levemente y el paisaje se torna más adusto. En Hinojosa contemplo algunas creaciones de ese ambicioso Parque Escultórico y me dirijo a la vecina Jarque: casas restauradas, la iglesia en un pequeño montículo y silencio en el entorno. Ya queda poco para llegar al cruce de la carretera general Teruel- Alcañiz. Antes hay que ascender una pequeña pendiente, muy cerca de Cuevas de Almudén, que sirve como aperitivo para el puerto del Esquinazo. Desde Mezquita comienza una ascensión de tres kilómetros. Es una pendiente progresiva y continua. Busco el ritmo adecuado y me doy cuenta de que no estoy en mi mejor momento de forma. De todos modos, corono el puerto y desde allí, a casi 1.400 metros, contemplo el valle de la Val que ahora está en todo su esplendor. Se han recogido las últimas cosechas de cereal y la huerta verdea entre las vegas. El río ha menguado durante estos meses de verano. Hace falta más agua para limpiar su cauce. Pero, de momento, la lluvia pasa de largo.

     El regreso ha sido rápido. Sólo un inoportuno pinchazo ha interrumpido mi marcha. De todos modos, la ruta inicial ha merecido la pena. Hoy he usado bicicleta de carretera. Quizás el próximo día opte por la de montaña. La gravilla y algún pequeño bache no favorecen el uso de ciertas bicicletas. Pero vale la pena practicar este deporte y disfrutar de este paisaje solitario, agreste y acogedor.

POR LA RIBERA DEL JÚCAR

POR LA RIBERA DEL JÚCAR

      Al caer la tarde, decido dar un paseo en bicicleta desde Massalavés hasta Sumacarcer. Una vez en la nueva Gavarda, que es pionera en la promoción de bioviviendas, comienza una ruta casi paralela al río Júcar, que en este tramo final de su recorrido muestra todo su esplendor. En Antella, famosa por su azud, los bañistas disfrutan del agua fresca y clara. El color verdoso del río se torna azulado con los destellos del sol de poniente. Unos piraguistas aprovechan al caudal para practicar su deporte favorito. El Júcar se remansa en Antella y serpentea desde Sumacarcer, pueblo ribereño entre la montaña y la llanura tapizada de naranjos.

      Al regresar hacia Carcer, contemplo de nuevo desde la carretera este cauce casi envidiable. Este año su aspecto es bastante mejor que en años anteriores. Mientras veo cómo el Júcar se desliza casi cristalino, me acuerdo de muchos ríos de Aragón que estarán sufriendo por estas fechas una notable merma en sus caudales. Incluyo entre ellos al Ebro, víctima una vez más del estiaje. Y de la especulación. Ahora, a menos de un año de la Expo, todo son disputas por un río al que casi siempre se le ha dado la espalda. Mientras pedaleo, ya cerca de Alberique, el sol se pone en el horizonte y la naturaleza se viste de gala. Es bonito el paisaje valenciano y sus recursos hídricos son, al parecer, suficientes. ¿Para qué querrán el trasvase? Cambiaría el río Júcar por muchos ríos de Aragón.

ECUADOR DEL VERANO

ECUADOR DEL VERANO

     Siempre he considerado el último día de julio como la fecha que marca el ecuador del verano. Aunque, en mis tiempos de estudiante, agosto ya señalaba el momento de abandonar el pueblo, dejar la familia y volver al internado. Creo que las vacaciones no eran tan largas y dilatadas como ahora. Hoy día, los niños y adolescentes disponen de casi tres meses de asueto. Tienen tiempo para todo: para divertirse con los amigos, para ir unos días de campamentos, para desplazarse al pueblo en fiestas o para aburrirse en los portales con el teléfono móvil en la mano. Son pocos los que aprovechan para perfeccionar un idioma, potenciar la lectura o realizar algún viaje cultural.

     Agosto siempre ha sido, sin embargo, el mes más esperado. Y un mes de contrastes, por muchos motivos. La mayoría de los españoles eligen estas fechas para sus vacaciones. Y hasta las ciudades se vuelven más tranquilas y más acogedoras. Las playas están atestadas y muchos prefieren desplazarse a un lugar tranquilo en la montaña o en el interior. Otros eligen viajes fuera de España. Pero algunos tienen que volver a trabajar después de finalizar sus vacaciones. Su único consuelo es soñar, desde el lunes, en el próximo fin de semana.

     Durante este mes que va a comenzar, prefiero la montaña a la playa, la tranquilidad del pueblo al ajetreo de las costas, las carreteras secundarias a las autovías, los caminos de herradura a las rutas del asfalto, un buen libro a una  buena película, una partida de guiñote a una de futbolín, un recorrido en bicicleta o caminando a la ruidosa moto o el cómodo utilitario, el aire fresco del amanecer a los mediodías implacables, las noches de charla con los vecinos a las juergas interminables. Aunque es verdad que todo se puede compaginar y que un día de asueto ofrece múltiples posibilidades. Lo peor es que con agosto comienza de nuevo la cuenta atrás. Es ley de vida. Y septiembre nos espera agazapado a la vuelta de la esquina.

OASIS CULTURAL

OASIS CULTURAL

     Tarde soleada de julio. Oasis cultural en el Centro de Historia de Zaragoza. El Espacio Informativo Cultural del Ayuntamiento, equipado con conexión wifi, permite a los ciudadanos navegar por la red, consultar o escribir sus correos, acercarse a los blogs amigos o asomarse a la prensa. Las noticias llegan minuto a minuto a la pantalla de los diarios virtuales. Noticias políticas, culturales, deportivas,... Destacan entre otras, unas duras palabras del Rey contra el terrorismo. Y es que hoy, hace diez años, fue cruelmente asesinado el joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco. Se consumó la amenaza en una tarde eterna. No hubo milagro. Los terroristas apretaron el gatillo con frialdad de fieras.

     Pero la vida sigue. Y la actualidad nos habla de una marea negra en las costas de Ibiza, de una situación insostenible en el Líbano, de la muerte cerebral de una de las heridas en el atentado del Yemen. En lo deportivo, continúan los fichajes. El mercado se ha vuelto loco. Y nos anuncian ya los enfrentamientos en la jornada inaugural de la liga. Una liga que empieza a finales de agosto. Es de locura. Lo cultural se diluye en pequeños anuncios, que pasan casi inadvertidos: alguna charla, alguna proyección, algún encuentro literario. Casi nada. Porque los teatros ya están cerrados por vacaciones. Y los cines desaparecen paulatinamente: los últimos han sido los multicines Buñuel, en pleno centro de Zaragoza. Todo se traslada a la periferia: Plaza, Valdespartera, Ikea. Es época de despliegue mediático, de grandes obras. Es tiempo de pre-Expo, de pre-inauguraciones, de cambios en los gobiernos, de incertidumbre, de pre-vacaciones.

     Lo que no decae es el ocio estival de los que todavía siguen en la ciudad: terrazas atestadas en las aceras de cualquier calle, lleno total en el parque Bruil, ir y venir a las piscinas, callejeo sin rumbo por el centro, atisbos de fin de semana. Lo que importa es huir de la rutina. Una huida hacia adelante. Es mejor olvidar el pasado. Aunque el lastre de los acontecimientos y de las vivencias nos atenace como un pesado grillete. En ocasiones, sólo nos puede salvar la cultura: un buen libro, una buena película, una visita a alguna exposición. "Orwell en el frente" sigue en el Centro de Historia hasta agosto. Continúa con éxito en este oasis cultural. Porque las bibliotecas también se han ido de vacaciones. Y el lector inquieto no tiene más remedio que adquirir un buen libro o leer algún fragmento on line. Afortunadamente, siempre queda un resquicio para la cultura.

LA NOCHE SILENCIOSA

LA NOCHE SILENCIOSA

     En Aliaga, la noche se viste de silencio y se disfraza de fecunda soledad en este inicio de verano suave y apacible. Y la noche nos habla desde la penumbra y la oscuridad de una luna nueva. Es la noche soñada por todos: recuerdo, evocación, regreso a la infancia, sueño a flor de piel. Al parecer, los amantes del bullicio de las playas, los enamorados de la gran ciudad, no conocen o no valoran lo suficiente la serena suavidad de esta noche casi interminable.

     Las estrellas destacan entre el negro del firmamento. Y una luz tenue y escurridiza ilumina la calle que conduce al castillo mítico e inmemorial. La noche en Aliaga es como un regalo de los dioses reservado para una minoría privilegiada. Porque son muy pocos los que valoran la soledad de la montaña, el silencio de la sierra, la voz profunda de las estrellas.

     Antes de retirarme a descansar, observo este cielo cuajado de estrellas. Es el mismo cielo de mi infancia. El cielo de mis primeros sueños, de mis primeras ilusiones, de mis primeros amores. Lo demás es mejor no recordarlo y vivirlo de nuevo. Hay veces que sobran las palabras, porque la elocuencia de la naturaleza supera a cualquier expresión estética. Por eso, para muchos artistas y creadores literarios, esta noche de la sierra puede evocar belleza, placer estético y serenidad interior.