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josemarco

IMPRESIONES

LA HUELLA DE LA AUSENCIA

LA HUELLA DE LA AUSENCIA

      La huella de la ausencia de Nieves sigue calando lentamente en mi corazón. El paso de los días no aminora el recuerdo profundo, cercano, nítido y radical del ser querido. A raíz de esta dolorosa experiencia, la vida se ve de otra manera, el tiempo se valora de modo distinto, la soledad acude a visitarte sin ser invitada y el futuro se tiñe día tras día de oscuras sombras.

      El poeta de Burbáguena Enrique Villagrasa - afincado en Tarragona - acaba de publicar Paisajes, un poemario en prosa poética. Plasmo uno de sus inspirados fragmentos porque me ha transmitido profundas sugerencias y me he visto reflejado en alguna de sus ideas creativas y metáfóricas:

          Cuando tú dejes de ser tú yo seré menos yo. Doblan lentas las voces. Estériles arpegios se repiten por ti. El rasgueo del alba duplica raudo su eco. No puedes verla. Te recreas en el olor de las sábanas. Marcha ella en un taxi. Llueve esta mañana, su otra casa espera. Regresas a tu papel, a escribir. Diríase que llevas en tus manos sus palabras. Has perdido un paisaje, nunca representarás ni el amor ni el dolor. Coge una botella de sombras y compra esta noche pasiones, para encender sus ojos. 

NIEBLA Y TAMBORES

NIEBLA Y TAMBORES

                   Mañana de febrero desgarrada

                  por el sonido gris de los tambores

                  a la orilla del Ebro.

                  Mañana de domingo estremecida

                  por una niebla densa, incandescente,

                  al borde del abismo.

                  Sonido de tambores gris violeta,

                  anticipo de largas procesiones

                  cual una noria eterna

                 que comienza en mi infancia,

                 tan lejana.

                 Se despereza el día entre tinieblas

                 y me agarro a la vida

                 cual náufrago de luz crepuscular.

                  Es milagro nacer cada mañana

                  al gris acantilado cotidiano,

                  aunque sea un domingo de febrero

                  herido de nostalgia y desencanto.          

 

CAMINO DE MIRAFLORES

CAMINO DE MIRAFLORES

     Hay calles en Zaragoza cuyos nombres reflejan irónicamente su aspecto, ubicación y trazado. Una de ellas es el Camino de Miraflores, en el barrio de San José. Es una calle - aunque le viene mejor el nombre de camino - corta, sinuosa y llena de sorpresas. Si accedes desde Zaragoza la Vieja, piensas que es un itinerario normal. Pero pronto salta la sorpresa: después de dejar a sendos lados el colegio María Moliner y el instituto Pablo Gargallo y, una vez has superado la cuesta que desciende a las flamantes instalaciones del Club Deportivo San José, te adentras en un recorrido de unos quinientos metros llenos de emociones y sobresaltos. El ancho de la calzada se estrecha por momentos y, ya a la altura del colegio de escolapias Santa Engracia, comienza el vaivén del vehículo que puede acabar con las suspensiones más duras y sofisticadas. Son doscientos cincuenta metros de tortura, de burla, de guasa. Parece que viajas en una montaña rusa de feria o en un auto de choque zarandeado a diestra y siniestra. Como te lo tienes que tomar con calma - ¡qué remedio! - contemplas unas casas semiabandonadas, el solar desolado del antiguo campo del C.D. Arenas y, a lo lejos, la futura estación de Miraflores y el solar donde, al parecer, se ubicará el futuro campo de La Romareda.

     Una vez llegas al tercer cinturón, en dirección a Las Fuentes, respiras aliviado. Un día más - menos mal que sólo son tres días a la semana - has separado la dura prueba de esta travesía infernal. Ya en tu casa te preguntas por qué se sigue llamando Camino de Miraflores. ¿No sería mejor denominarlo camino del infierno, camino de feria o camino de perdición? Cualquier apelativo sería más adecuado a este casi maldito itinerario. Es de desear que las autoridades municipales, tan ocupadas ahora en la maratoniana preparación de los fastos de la Expo, se percaten del tema y adopten las soluciones pertinentes. O quizás tengan que reclamar los vecinos del barrio, o los alumnos de los colegios colindantes, o los deportistas del San José. ¿Nos harán caso? De momento, lo veo difícil. Quizás con el nuevo campo de fútbol la zona se mejore por eso del entorno. Pero no se tendría que llegar a ese extremo. Mientras tanto, seguiremos dando bandazos a diestra y siniestra. O elegiremos una ruta alternativa, aunque sea más larga y complicada.

EL VALOR DE LA IMPROVISACIÓN

EL VALOR DE LA IMPROVISACIÓN

     La vida nos va enseñando día a día que cada vez los imprevistos van ganando terreno a lo matemáticamente programado, que cada vez la improvisación es más importante, que cada vez la intuición va ganando la partida a lo reflexivamente calculado. Hoy mismo ha surgido un imprevisto que es mejor dejar en el olvido cuanto antes y mirar hacia adelante. Nunca me hubiera imaginado tener que viajar a Aliaga en esta tarde de domingo, aparentemente tranquila y apacible. Y no ha sido por un giro copernicano de la voluntad o por una "ventolera" - como decía un personaje valleinclanesco -. Un accidente doméstico de un familiar me ha obligado a desplazarme con rapidez y a regresar antes de que fuera noche cerrada. Mi intención era viajar el martes, día de San Valero. Pero está demostrado que hoy día las previsiones hay que hacerlas con cuentagotas y con muchas reservas. Una llamada telefónica puede cambiar el rumbo de tus planes y exigirte una reacción inmediata, rápida, fría, sin casi tiempo para reaccionar.

     Como contrapunto a esta situación inesperada, tengo que valorar de nuevo la contemplación de ese paisaje invernal de mi infancia, la reflexión sobre la soledad de estas tierras de Teruel, la melancolía del crepúsculo al atravesar la comarca de las Cuencas Mineras - cada vez más deprimida - y el café generoso en casa de unos amigos, de los amigos de siempre, de los que desgraciadamente sólo se pueden contar con los dedos de la mano. Mañana será otro día y habrá que seguir caminando con el talante optimista y con los planes a muy corto plazo. Eso sí, sin dejar de lado la intuición y la improvisación. Son ingredientes indispensables en el mundo de hoy.

     

VEINTE MINUTOS DE TEATRO

VEINTE MINUTOS DE TEATRO

     Cada vez me atrae menos la pequeña pantalla. Paradójicamente, la cada vez más variada oferta televisiva se ha llevado por delante la calidad de algunos programas. Muy pocos se salvan de la quema. No me extraña que los televidentes vayan abandonando progresivamente este medio y huyan hacia internet o hacia otros medios de comunicación más fiables.

     Debido sobre todo a mi falta de tiempo, selecciono cuidadosamente aquellos programas que me interesan. Últimamente sólo dedico algunos minutos a los programas informativos y a algún evento deportivo. Las películas prefiero verlas en DVD o en un local acondicionado. Ayer noche, después de las noticias de Aragón Televisión, habían anunciado la aparición en directo del actual presidente del Real Zaragoza, don Eduardo Bandrés. Esperé con una cierta expectación la aparición en los estudios de la calle María Zambrano del exconsejero de economía del Gobierno de Aragón. Supongo que harían lo mismo a esa hora muchos aficionados del Real Zaragoza. Pensaba que iba a hablar de los entresijos del pasado - dos entrenadores en una semana -, de los problemas del vestuario, del jugador díscolo que se quiere ir a Argentina, de la cantera, de algún refuerzo inminente, de la falta de autoridad, de la falta de mano izquierda, de los errores del cuerpo técnico, de los errores de la directiva,...

    De todo eso, nada de nada. Todo me sonó a teatro. A un teatro del género más bajo y degradado. A una farsa de veinte minutos. Menos mal que la comparecencia fue breve. Hasta el propio entrevistador, Pedro Hernández, optó por acabar cuanto antes, dado el cariz que presentaban las respuestas. ¡Qué buen político es Bandrés! ¡Cómo supo barrer para casa y llevar el agua a su molino! Porque no pude oír ni una sola autocrítica, ni el más mínimo autorreproche, ni la menor aclaración. Todo sigue igual de turbio, igual de confuso. Esperemos que algún día todo salga a la luz. Y que Víctor Fernández y Ander Garitano nos den su versión. Sin tapujos, sin demagogia, sin farsa. Espero que la nave zaragocista no zozobre, a pesar de que su tripulación ya no inspira confianza. Anoche don Eduardo, a quien siempre he admirado, me dejó estupefacto. Y me imagino que muchos aficionados opinarán lo mismo. ¿O se creyeron todo a pie juntillas? Afortunadamente, ya han pasado los tiempos de la ingenuidad y del asentimiento colectivo.

AL FILO DEL SILENCIO

AL FILO DEL SILENCIO

               El crepúsculo invernal

              se disfraza de nostalgia

              y se emborracha de melancolía.

                La tarde se deshace

              como cárdena bruma

              al filo del silencio.

               Un negro escalofrío

              visita mis entrañas

              sin consuelo.

               Se avecina la noche,

              duende de soledad,

              surco de lágrimas.

               Mis ojos se humedecen

              y el recuerdo recorre mis entrañas

              como un duende fugaz,

              inevitable.

 

LAVADO DE CARA

LAVADO DE CARA

     La ciudad de Zaragoza se prepara a marchas forzadas para los fastos de la Expo. Numerosas obras surcan avenidas céntricas y calles periféricas. Operarios del ayuntamiento trabajan casi a destajo para adecentar parques, limpiar grafittis o restaurar el mobiliario urbano. El catorce de junio parece ya tan inminente, que los ediles locales están multiplicándose para ultimar casi todos los proyectos. Digo casi todos porque, cuando la Exposición Internacional abra sus puertas, todavía no estará solucionado el tema del transporte público - ni metro, ni tranvía -, aún no podremos de una nueva Romareda y el Cuarto Cinturón seguirá probablemente sin completarse.

    Eso sí, al parecer se han tomado en serio el llamado Plan de riberas. Esta tarde, cuando regresaba del trabajo, he podido observar tres brigadas de operarios limpiando a fondo (nunca mejor dicho) el cauce del río Huerva. Parecía una limpieza integral, casi definitiva. Hasta que haya una nueva avenida y arrastre todos los residuos desde Mezalocha hasta Cuarte. Mientras contemplaba esta encomiable tarea, pensaba si harían lo mismo con el Ebro en los próximos días. Creía, esperanzado y algo ingenuo, que este saneamiento del aprendiz de río podría ser un ensayo para el saneamiento total del río de los ríos de España. Pero creo que eso es harina  de otro costal. O tal vez me equivoque y compruebe en los próximos días cómo no sólo se inauguran los tramos de las riberas que están en obras - dicen que para la Cincomarzada - sino que los operarios trabajan con trajes de buceadores dispuestos a sacar del lecho del Ebro todos los residuos que año tras año se depositan en el fondo negro de su cauce ocupando el lugar que años atrás era propiedad de algunos peces.

     Si la Expo sirve para impulsar el Plan de Riberas y para adecentar la ciudad, bienvenida sea. Lo difícil será mantener este mismo dinamismo restaurador durante el próximo otoño, cuando la Exposición de 2008 sea ya historia y quede archivada para siempre en las hemerotecas y en la memoria colectiva de los que ahora son niños o jóvenes. ¿Cuál será entonces el objetivo?

¡VIVA LA INEPTITUD!

¡VIVA LA INEPTITUD!

     Hay jornadas que amanecen marcadas por el color negro, por el tono grisáceo, por el sello de la incompetencia y de la ineptitud. Y no me refiero sólo a la repetida debacle de las bolsas mundiales - para algunos expertos sin demasiado motivo - ; me refiero también al fluir de lo cotidiano y a lo que salpica las primeras páginas de los periódicos o los foros de internet.

     En Aragón, y concretamente en Zaragoza, las obras de la próxima Exposición Internacional avanzan a marchas forzadas. Todos esperamos que se llegue a tiempo. Aunque, a fecha de hoy, la mayoría somos escépticos a sólo tres meses y medio de la inauguración. Otro de los asuntos que aún colea es el del macroproyecto turístico Gran Scala, cuya instalación está prevista en una zona todavía indeterminada de la comarca de Los Monegros. No hay nada seguro. Cada vez aparecen más detractores. Se habla de falta de planificación, de dudosos beneficios, de atentado al pasisaje, de ineptitud. Por no hablar de otros temas como la interminable polémica por la devolución de los bienes eclesiásticos de Aragón que están en Cataluña, la reapertura del Canfranc o las siempre obsoletas comunicaciones.

     Y esta semana, para colmar el vaso de la ineptitud y de los despropósitos, ha surgido un esperpento en el ámbito deportivo, que produciría carcajadas en los admiradores de Valle-Inclán. De buenas a primeras, inesperadamente, sin previo aviso, casi a contratiempo, Ander Garitano, el nuevo entrenador del Real Zaragoza ha presentado su dimisión irrevocable por importantes problemas personales. Nadie ha sabido o nadie ha querido averiguar esos problemas: unos hablan de falta de palabra en la Directiva y otros hablan de problemas con el vestuario, en concreto con un jugador argentino, Andrés D'Alessandro. Desde luego, sería gravísimo que fuera este último el principal motivo. Habría que ponerle un suspenso mayúsculo a la directiva del Real Zaragoza por proteger a este joven díscolo y no apartarlo del equipo desde hace ya unos meses. Porque uno se pregunta, ¿para qué lo ficharon? ¿no conocían su carácter y su falta de disciplina? Pero, al parecer, es el niño mimado de don Agapito Iglesias. ¿O hay acaso intereses económicos detrás de este afán proteccionista? El problema sigue ahí y los aficionados estamos desconcertados. Lo que parecía una campaña ilusionante se está convirtiendo en un calvario. ¡Que acabe ya la liga!

LA VISITA DE LA NIEBLA (II)

LA VISITA DE LA NIEBLA (II)

     Amanecer con niebla en la ciudad dormida. Lunes gris de enero. Los árboles de la ribera del Ebro se tiñen de un color blanquecino, como de suave y tenue nevada. La niebla envuelve parques y jardines, huérfanos de niños y de ancianos a estas horas tan tempranas.

     Plasmo un sugerente poema del escritor de Almonacid de la Sierra (Zaragoza) Antonio Redondo Andújar. En Va cayendo la niebla sobre el parque, el poeta aragonés condensa sensaciones casi insospechadas:

Doce negras e indómitas prisiones                         
                                                         
me han dejado amargura de autobuses:                     
                                                         
la niebla se ha llevado cuanto existe.                   
                                                         
A lo lejos, como en el primer día,                       
                                                         
de dolor se ha llenado la catedral farsante.             
                                                         
Me han dejado amargura de autobuses                       
                                                         
los trajes de domingo.                                   
                                                         
Me han dejado colgado                                     
                                                         
como a un pobre cartel publicitario                       
                                                         
en medio de un vacío luminoso.                           
                                                         
Negro y tristísimo adiós de los semáforos:               
                                                         
un camino como un pasaje negro                           
                                                         
que no tiene final,                                       
                                                         
de piedras duras sobre los pies desnudos.                 
                                                         
Luces rojas al fondo de la niebla:                       
                                                         
el cuerpo de la mujer ansía la primavera,                 
                                                         
el estío, la desnudez del sol, por eso callan.           
                                                         
Es verdad que callan porque están inmóviles               
                                                         
como puentes antiguos sobre un río indiferente.           
                                                         
Desperdicios ahogados en cubos olorosos:                 
                                                         
todo reconstruido, amantes de la destrucción.             
                                                         
Una sílaba, tan sólo una sílaba                           
                                                         
para quemarnos todos en la hoguera de la prepotencia.     
                                                         
Luces rojas al fondo de la niebla:                       
                                                         
cabinas telefónicas esperando una voz lúgubre             
                                                         
que transcriba el instante, que apague este martirio.     
                                                         
Un campanilleo: va cayendo la niebla sobre el parque.     

LA VISITA DE LA NIEBLA

LA VISITA DE LA NIEBLA

     Siempre es inoportuna la visita de la niebla. Al menos, para los que tenemos tendencia a la melancolía. Hoy ha vuelto a caer la niebla sobre Zaragoza. Ha sido su primera cita en este 2008 recién estrenado. Pero no será la última. Ya se despidió el 2007 con días de intensa niebla. Desde el hospital Miguel Servet se observaba la ciudad sumida en esta bruma grisácea que mantiene bajas las temperaturas y nos impide gozar del tímido sol invernal.

     Es verdad que Zaragoza no es Londres, ciudad envuelta por la niebla durante muchos días al año. Mi experiencia de este fenómeno no se ciñe sólo a la capital del Ebro. Durante mis dos años de estancia en Balaguer, pude comprobar cómo la niebla envolvía la capital cuando viajábamos a Lérida al dentista o a alguna gestión. Te adentrabas en la niebla como del día a la noche. El regreso era distinto, porque la niebla desaparecía nada más dejar Balaguer - ciudad que asocio al molesto olor de la papelera, al estilo de la de Montañana - y volvía a brillar un sol alegre y esperanzador. Otra ciudad azotada por la niebla es Fraga. Este enclave oscense está metido en una auténtica hoya y pocos días del invierno se libra de la niebla, cuando el anticiclón se asienta en la península.

     De todos modos, dicen que la niebla es beneficiosa para algunos cultivos y que, en algunos casos, mantiene la humedad que necesitan ciertas plantas. Está claro que nunca llueve a gusto de todos. Algunos poetas también se inspiraban bajo una espesa niebla y compusieron versos dignos de recordar.

POEMA DE AMOR

POEMA DE AMOR

     El día 22 de diciembre, cuando Nieves llevaba ya una semana ingresada y cuando la esperanza todavía se mantenía como una luz intermitente, le dediqué este poema a mi esposa. Ese  mismo día, el día de la Lotería de Navidad, nos habíamos conocido en una fiesta de despedida del trimestre, en un piso de la zaragozana calle Arias. Habían pasado 18 años.

     Con el poema, le regalé una orquídea, símbolo de la inmortalidad y la pervivencia. La tengo en mi despacho y la cuido con mimo cada día. Lo escribí en la calle, de prisa, con el corazón.

                         Amor desde el silencio,

                         amor profundo,

                         amor a contratiempo.

                         Amor de corazón

                         y de esperanza

                         con un sabor eterno.

                         Amor en la ilusión

                         y el sufrimiento,

                         amor en la alegría

                         y la nostalgia.

                         Amor que vence al tiempo

                         cual rescoldo infinito,

                         desde dentro.

 

 

EL CAMINO DE LAS LÁGRIMAS

EL CAMINO DE LAS LÁGRIMAS

     Cuando se pierde a un ser querido, cuando se va para siempre la persona con la que has compartido los últimos quince años de tu vida, te queda un vacío inmenso en el alma y un desgarro profundo en el corazón. Después de casi un mes de silencio, después de veinte días de tristeza, de dolor y de desolación, vuelvo a las páginas de este blog dispuesto a seguir compartiendo mis vivencias, mi esperanza y mi afán de superación.

     Quiero agradecer sinceramente desde esta página el apoyo, el cariño y los consejos de tantos y tantos amigos que me aprecian de verdad. Ha sido una experiencia muy dura. Tal vez, la más dura de mi vida. Pero quiero afrontar el futuro con entereza y con fortaleza interior. Sé que no va a ser un camino de rosas, que es un reto impresionante. Esto leyendo el libro de Jorge Bucay, El camino de las lágrimas, que aconsejo a todos los que han sufrido algún tipo de pérdida. Sus consejos son muy válidos para estos momentos.

     La ausencia de Nieves crece como una sombra al filo de cada crepúsculo invernal. El desaliento merodea detrás de cada esquina y el aliento queda retenido en las horas de insomnio. Ángel González, el poeta asturiano que falleció la semana pasada, me proporciona unos versos inolvidables, que pueden servir de espejo de mi estado de ánimo. Plasmo el soneto como homenaje a mi esposa:

Me he quedado sin pulso y sin aliento

separado de ti. Cuando respiro,

el aire se me vuelve en un suspiro

y en polvo el corazón de desaliento.

 

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.

Es que la siente el cuerpo. No te miro.

No te puedo tocar por más que estiro

los brazos como un ciego contra el viento.

 

Todo estaba detrás de tu figura.

Ausente tú, detrás de todo, nada,

borroso yermo en el que desespero.

 

Ya no tiene paisaje mi amargura.

Prendida de tu ausencia mi mirada,

contra todo me doy, ciego me hiero. 

 

TIEMPO DE ESPERANZA

TIEMPO DE ESPERANZA

    Es tiempo de silencio. Es tiempo de esperanza. Tengo a mi esposa, Nieves, ingresada en el hospital. Por eso estas navidades van a ser particularmente tristes. De momento, me despido temporalmente de todos los que leéis asiduamente estas páginas y os dejo con este poema, que me ha enviado una amiga desde Barcelona:

La vida es corta.
Rompe las reglas.
Perdona rápido.
Besa lentamente.
Ama verdaderamente.
Ríe incontrolablemente.

Y nunca te arrepientas de nada que te haya hecho sonreír.

Envía esto a toda la gente que quieres

y que no quisieras perder en el 2008.

La vida puede no ser la fiesta que esperamos,
pero mientras estemos aquí...

deberíamos bailarla.

 

NAVIDAD AGRIDULCE

NAVIDAD AGRIDULCE

     La Navidad se acerca. Para algunos, a paso de tortuga. Para otros, a ritmo trepidante. Nos quieren vender felicidad, paz, fraternidad, calor familiar, armonía,... Y lo aceptamos casi como un tópico. Algo hay que hacer para romper la rutina de estos días invernales, casi anodinos. Son fechas paradójicas, agridulces. En medio de la alegría, en medio del jolgorio más o menos espontáneo, subyace un recuerdo, una nota de nostalgia, una pena secreta, una gravosa incertidumbre. Son las luces y sombras de la vida, el contraste entre la riqueza y la pobreza - agudizado durante estos días -, la rueda de la melancolía que no para de dar vueltas, el peso del azar, la sombra de una duda, la ilusión de un mañana mejor, los deseos postergados, las ilusiones perdidas,... Es la cara oculta de esta Navidad: la de los que sobreviven rebuscando en los contenedores, la de los que la sufren recluidos en una cárcel, la de los que la eluden en un hospital, la de los que buscan un cobijo para resguardarse del frío, la de los que no pueden soportar el peso de la soledad.

    Los niños y los jóvenes quizás sean la excepción. Sólo ellos pueden ser capaces de eludir la melancolía, de cimentar las ilusiones, de evitar los prejuicios, de aquilatar la felicidad, de prescindir de los reuerdos, de mirar con esperanza hacia el futuro. Las Navidades de mi infancia son las que más recuerdo. Eran unas celebraciones, sencillas, entrañables, sin el afán consumista actual, sin el bombardeo publicitario, sin la desmitificación actual. ¿Se han perdido las Navidades tradicionales? Las respuestas podrían ser muy diversas y dispares. O tal vez cada uno recuerda con más cariño lo que vivió en sus años infantiles y se vuelve más escéptico con el paso de los años.

LA EXPO ECLIPSADA

LA EXPO ECLIPSADA

     Faltan sólo quince días para que comience 2008, el año mágico para Zaragoza, no tanto para el resto de Aragón. Porque para Huesca y Teruel tal vez sólo queden pequeñas y simbólicas migajas. De todos modos, habrá que dar tiempo al tiempo. Faltan dos semanas para que el 2008 se haga realidad. Pero las obras de la Expo siguen ahí, envaradas, encalladas, aparentemente inmovilizadas. Ni siquiera los medios de comunicación le dedican lo que merecería un evento de tal magnitud para la capital del Ebro. Y es que, desde hace unas dos semanas, el nuevo proyecto Gran Scala en los Monegros está eclipsando casi totalmente la inminencia de una Exposición que ha entrado ya en la recta final. Los proyectos se solapan, los sueños se amontonan, las ilusiones no dejan ni un resquicio para el presente.

    Porque el presente está aquí, en este final de otoño gélido y destemplado. En el incremento insolente de los precios de los alimentos básicos y de los productos de primera necesidad. En las compras compulsivas para una Navidad cada vez más consumista y laica - o quizás pagana -. En los balances finales de las empresas. En las tradicionales cenas de empresa. En las notas de la primera evaluación. En los buenos deseos. En el sentimiento de paz y de libertad. En las luces navideñas cada vez más ecológicas. En los horteras papás noeles rampantes en los balcones. En los belenes cada vez más sofisticados. En el calor de los centros comerciales. En el calor de la Basílica del Pilar, adonde acuden hasta los sin techo en busca de cobijo, cual personajes de un cuento de Clarín anclados todavía en el siglo XIX. Este es el presente, aunque el futuro esté ahí llamando a la puerta. Porque el futuro es como una huida hacia adelante, un agarradero de ilusiones, una lucha contra la monotonía. Una insaciable ansia de desarrollismo, al estilo del país más capitalista del mundo. ¿Será bueno para Zaragoza? ¿Y para los Monegros? ¿Y para Aragón?

JORNADAS PRENAVIDEÑAS

JORNADAS PRENAVIDEÑAS

     Estas jornadas del mes de diciembre son tradicionalmente días de recuerdos, de adioses, de despedidas. En cierto modo, también son días de esperanza, de paz, de armonía. Las empresas programan sus cenas de Navidad, los ayuntamientos iluminan las principales calles de los pueblos o ciudades y los comercios se visten de las mejores galas para atraer al potencial consumidor.

     De todos modos, se nota en el ambiente un cierto freno en el afán de consumir. Los alimentos de primera necesidad se han puesto por las nubes y los caprichos gastronómicos de estas fiestas resultan prohibitivos para una gran mayoría. Por eso, muchos miran de reojo el calendario y señalan con la pupila el día 22, el día de la lotería, la fecha de la suerte. Sin embargo, el tradicional sorteo suele acarrear año tras año más decepciones que alegrías. Y todos brindan por la salud o por un trabajo estable.

     Desfile de fechas en el calendario de este mes a caballo entre el otoño y el invierno. Los días se acortan paulatinamente y la noche se prolonga sin remedio. Es un tiempo de espera. Es un tiempo de reflexión. Son unas fechas para recordar a los amigos, muchos de ellos alejados en la distancia. Y para recordar a los seres queridos que se fueron. Son unas fechas para sobrevivir al consumismo compulsivo, al bombardeo publicitario por doquier, a los papás noeles encaramados en todas las fachadas. Va a resultar difícil mantenerse al margen de toda esta parafernalia. Algunos quizás lo consigan. Felices ellos.

CREPÚSCULO OTOÑAL

CREPÚSCULO OTOÑAL

     La tarde se adormece. Y nos regala escenas preñadas de ternura. Atardece en Zaragoza. El crepúsculo se apodera de la ciudad y viste de gris los árboles y las avenidas. Es la huella del otoño: nubes cárdenas, horizontes agrisados, escenas de contraluz.

     En un humilde platanero en la calle Fray Luis Urbano, en el zaragozano barrio de Las Fuentes, una tórtola cuida y mima a sus polluelos en un ambiente hostil y desapacible. La contemplamos desde la galería. Es una escena peculiar, casi milagrosa, en esta vorágine de asfalto, hierro y hormigón. La madre alimenta y cuida a sus polluelos. No los deja ni a sol ni a sombra. Quizás al anochecer se atreva a buscar algo de comida en los aledaños del Tercer Cinturón.

     Ignoro cuál será el futuro de este animalillo desprotegido. Las hojas desaparecen día a día. Y el cierzo amenaza con volver en cualquier momento. Por eso parece inquieta, asustada, angustiada. Son muchos los enemigos que acechan en el horizonte. Y el ser humano es uno de ellos. Por eso parece que pida protección, amparo, acogida. En estos días casi prenavideños, la tórtola solitaria en pleno casco urbano no deja de ser una metáfora del destino de tantos seres desvalidos, marginados, sin hogar.

      Javier ha captado la imagen con sigilo, para que el ave no se asuste ni se sienta amenazada. No sé cuándos días aguantará en este hogar frágil y provisional. No sé cuál será el destino de sus polluelos. Sólo sé que, en esta tarde gris de noviembre, este indefenso animal ha puesto una nota de ternura a los que amamos la naturaleza y apreciamos el riesgo y la aventura. Un milagro de la naturaleza en una zona tranquila de la ciudad.

AL FILO DE LO COTIDIANO

AL FILO DE LO COTIDIANO

     El domingo se despereza atenazado por las dentelladas de un aire frío, casi helador. Las calles de mi barrio están casi desiertas cuando voy a comprar la prensa. En las aceras, los restos de cada fin de semana: bolsas de plástico, alguna lata y excrementos, muchos excrementos de animales de cuatro patas. Una hora después, mientras la pequeña pantalla nos mostraba a un Ferrer incapaz de plantarle cara a Federer, vuelvo a la calle desafiando el ambiente invernal: carrera continua por el puente de Las Fuentes, recorrido por Vadorrey y regreso por el puente de Manuel Giménez Abad. Desde la altura, contemplo el cauce escuálido del Ebro y compruebo el avance sin retorno del tan cacareado azud. Me pregunto si después de la Expo servirá para algo y qué ocurrirá cuando se desencadene una gran avenida.

    Pero, como la mañana dominical da mucho de sí si uno remolonea en la cama, al filo de las doce, me acerco al rastro de la calle Pignatelli. Javier quiere cambiar algunos cromos de la liga 2007 y yo aprovecho para visitar los tenderetes de libros. Siempre hay alguna joya literaria escondida donde menos te lo esperas. Me quedo con los tres volúmenes de Los gozos y las sombras del escritor gallego Gonzalo Torrente Ballester, a un precio más que asequible. Desde la glorieta Aznárez hasta la plaza del Portillo, oleadas de ciudadanos de todas las culturas y nacionalidades desfilan premiosamente delante de los puestos de venta, muy bien instalados algunos; otros, improvisados caóticamente sobre el frío asfalto. Todos buscamos el tímido sol otoñal. Muy pocos encuentran lo que buscan, si es que buscan algo. La mayoría se contenta con observar, comprobar o preguntar por un determinado producto o artilugio. Son escasos los que se atreven a regatear. Y muy pocos los que se van con el producto deseado. Lo normal es quedarse con lo que uno no necesita, acumular objetos, colmar la sed de posesión, ejercer de anticuario o de restaurador o de coleccionista de lo que sea. Al filo de las dos, la calle Pignatelli va volviendo paulatinamente a su habitual fisonomía. Eso sí, tendrán que pasar los de FOCSA para dejar esas calles transitables, sin cartones, sin envases, sin perchas, sin residuos de residuos. Porque lo que sobra, lo que no se ha vendido, volverá al mismo lugar el próximo domingo. Aunque haga tanto frío como hoy. Al parecer, la ciudad necesita de este tipo de zocos. El problema es que nadie los quiere en su barrio, ni en la puerta de su domicilio. Pero cientos de zaragozanos voverán cada domingo a los aledaños del Portillo para comprobar si hay algún producto nuevo, original o incluso único.

     Para volver a casa hemos esperado durante varios minutos el autobús. La impaciencia se contagia entre los que poblamos la marquesina. El indicador de frecuencias lleva más de un mes sin funcionar y se le ha acumulado el polvo. Por fin llega uno, aunque no es el que esperábamos. Habrá que hacer trasbordo en la plaza de España. Allí tampoco funciona el indicador electrónico. Decenas de viajeros esperan bajo el frío. Al final, hemos de cambiar de nuevo a otro autobús que nos deja algo más lejos de casa. Llegamos tarde a comer. Y es que, últimamente, parece que algunos autobuses van a paso de tortuga. Pero no pasa nada. Es domingo y no hay que acudir a la Romareda a las cinco. Será una tarde sin liga,  tal vez algo anodina, dilatada, crepuscular, otoñal. El colofón dominical de un buen fin de semana. 

EL TREN DE LOS ADIOSES

EL TREN DE LOS ADIOSES

    El tren de los adioses

surca las soledades y el silencio

del valle de la Val, cerca de Aliaga.

    El tren de los adioses

se tiñe de los ocres y amarillos

de este plácido otoño,

preludio de los días más fugaces

de esta sierra olvidada.

    El tren de los adioses

se viste de nostalgia y de ternura

al filo del crepúsculo

mientras el pastor muestra

sus eternas arrugas,

huellas de vida y luz,

memoria estremecida del ocaso.

 

 

 

 

 

RECUERDOS Y CELEBRACIONES

RECUERDOS Y CELEBRACIONES

     Hay días de recuerdos y de celebraciones. Hay jornadas en las que el tiempo fluye con más suavidad y delicadeza. Hay atardeceres de otoño que simulan un océano sin horizontes. Hay momentos que uno quisiera apresar para siempre y archivarlos en la memoria de la eternidad. Pero lo peor de todo es que, en algunas ocasiones, el trabajo cotidiano, la rutina burocrática y las inquietudes permanentes impiden disfrutar con más calma de un aniversario, de una efemérides o de un fugaz momento de felicidad.

     Hoy mismo me hubiera gustado tener tiempo de leer algo sobre el nuevo premio Planeta Juan José Millás. O de acercarme a la obra de Vicente Molina Foix, Premio Nacional de Narrativa 2007. O visitar alguna de las interesantes exposiciones que hay en Zaragoza. O disfrutar de este otoño apacible por las calles de la ciudad. Pero los imperativos de algunas jornadas maratonianas le impiden a uno elegir sus momentos de ocio y le obligan incluso a condensar en breves líneas sus vivencias e impresiones. Opino, sin embargo, que posponer algunas actividades culturales no es perderlas. Siempre  podrán surgir días más dilatados, jornadas más plácidas y momentos propicios para una lectura, para una charla entre amigos, para una celebración sin prisas. Y ese día puede ser, tal vez, mañana. ¿Por qué no?