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josemarco

EN CAMPAÑA

EN CAMPAÑA

     Casi sin darnos cuenta, ya tenemos encima otras elecciones generales. Parece que fue ayer cuando, a las puertas de esta crisis económica demoledora, nos acercamos a las urnas para elegir a nuestros representantes políticos en el Congreso y en el Senado. Muchas cosas han cambiado en estos casi cuatro años: se le está ganando el pulso al terrorismo, se han reducido significativamente los accidentes de tráfico, se ha avanzado en prestaciones sociales,... Pero lo que no ha cambiado es el fantasma de la crisis, que se está cebando con los más desfavorecidos y que sigue como una espada de dámocles amenazando a media Europa.

      Es tal el alcance de la crisis, que parece que la campaña electoral haya empezado con menos fuerza que otros años y, tal vez, con menos convicción. Al parecer, seguirá el bipartidismo y - según las encuestas - el partido de centro-derecha va a tomar de nuevo el relevo del poder. Lo peor de todo sería una mayoría absoluta. El rodillo del poder podría dar un giro radicar a tantas conquistas de los últimos años, especialmente lo que se refiere al ámbito de lo público, como educación o sanidad. Al parecer, la mayoría de los votantes, estamos más preocupados por los problemas económicos de Europa que por nuestro voto el próximo día 20. Porque el problema de Grecia es muy preocupante y podría dar al traste con la moneda única. Y la marea oscura del país heleno llega a otros países latinos como Italia, España o Portugal.

     Ayer llegaba a mis oídos la música electoral de uno de los principales partidos. Ya me la sé de memoria. ¿Por qué no la cambian de una vez? Y, de regreso a casa, contemplé esta pancarta en uno de los balcones de una plazoleta del casco viejo. Me llamó la atención mucho más que el cartel electoral que pendía de una farola a muy pocos metros. Reflejaba, sin paliativos, lo que más preocupa a los ciudadanos de a pie. Porque, a dos semanas del 20N, ¿alguien cree que van a cambiar las cosas con el nuevo gobierno? Todos sabemos que las turbulencias de los mercados dependen más de agentes externos que de la buena voluntad de nuestros políticos. Por eso, parece una campaña más descafeinada que otras veces. Al menos esa es mi impresión.

TARDE DE NOVIEMBRE

TARDE DE NOVIEMBRE

     Nunca me ha gustado el día de Todos los Santos. Ni siquiera cuando era pequeño. Ese ir y venir a los cementerios, esos simulacros encubiertos, esa solapada hipocresía, ese tener que recordar a nuestros seres queridos precisamente este primer día de noviembre. Flores y más flores; velas y más velas; recuerdos, nostalgias y sensación agridulce típicamente otoñal.

     Cada ver recuerdo más al gran escritor romántico Mariano José de Larra, que en su famoso artículo Noche de difuntos de 1836 caricaturizó y criticó con amargura esa peregrinación casi rutinaria al camposanto madrileño. Otros literatos como Leopoldo Alas Clarín en La Regenta han plasmado con realismo las vivencias, emociones y sentimientos que despierta este día. Un día presidido por el sonido lánguido de las campanas, por las hileras de nichos más o menos engalanados, por los recientes jardines de la memoria.

     Es verdad que no hay que olvidarse de los que han compartido parte de nuestra vida. Pero para ello no es necesario fijar un día en el que unánimemente les recordemos de uno u otro modo. No sé si se perderá esta tradición cristiana. Tal vez con las incineraciones - que en algunas ciudades como Zaragoza  ya superan el cincuenta por ciento - las flores y las velas vayan pasando poco a poco a segundo plano. Y los rituales y ceremonias cedan el paso al sentimiento auténtico del corazón. Lo malo es que, desde hace unos años, la tradición anglosajona del Halloween está alcanzando cada vez más protagonismo. ¿Es otra manera de recordar a los muertos? ¿O de caricaturizar a la dama de blando? ¿O de buscar un hueco más para el ocio y el consumismo? Eso me parece a mí. Pero está claro que la seriedad, la tristeza y el recogimiento van cediendo el puesto al jolgorio y la alegría desbocada. Es el signo de los tiempos. El triunfo de lo macabro y de lo grotesco.

     Pero, a pesar de todo, seguiré considerando a noviembre como un mes anodino y a este día inaugural como una fecha inoportuna y artificial. Como tantas otras.

CREMATORIO, UNA NOVELA SINGULAR

CREMATORIO, UNA NOVELA SINGULAR

    Gracias al grupo de lectura Garamond, he leído y comentado recientemente una de las mejores novelas del escritor valenciano Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949). Crematorio - premio de la Crítica en 2007 - es mucho más que una novela en la que se llora la muerte del ideólogo Matías Bertomeu. Es un relato que nos acerca, a través de un selecto mosaico de personajes relacionados con el difunto, al desarrollismo urbanístico del Levante español durante las últimas décadas del siglo XX. A través del monólogo interior de Rubén - opulento constructor hermano de Matías - nos adentramos en el microcosmos de Misent, una ciudad costera del Levante venida a menos y amenazada por la cara más oscura del progreso. Una ciudad que podría ser Gandía, Benidorm o el mismo Tavernes. A medida que avanza el relato, se incorporan otros protagonistas: Silvia, la hija de Rubén, de ideas cercanas a su tío; Mónica, la última mujer de Rubén, caprichosa y antojadiza; Juan, el marido de Silvia, crítico que prepara una biografía de Federico Brouard, un escritor fracasado...

     Pero la lectura de Crematorio va mucho más allá del mero entramado argumental. El cambio de puntos de vista - con el excelente uso de la segunda persona - es muy acertado. Los ingredientes culturales: las referencias al cine, a la literatura, al arte,... La alternancia de expresiones coloquiales con un registro más culto, las sensaciones, los sabores, los olores, las metáforas, los símbolos... Todo ello unido a una crítica social contra el desarrollismo salvaje, a una reflexión agridulce sobre el ineludible paso del tiempo, sobre la caducidad, sobre la amenaza ineludible de la vejez o de la muerte.

    Tengo que reconocer, sin embargo, que la lectura de la novela de Chirbes no me ha resultado fácil. Pero los intercambios de opinión con mis compañeros del grupo de lectura me han abierto los ojos a este caleidoscopio narrativo que me ha recordado a Faulkner, a Proust o a Luis Martín Santos. Y me han dado a conocer a un autor que en sus novelas - La caída de Madrid, La larga marcha, La buena letra, Los viejos amigos - retratan los vaivenes y vicisitudes de la sociedad española de las últimas décadas del siglo XX.

     Adjunto un fragmento de la novela, extraído del blog de Enrique Ortiz, para que os animéis a conocer las obras de este autor y disfrutar con su lectura:

      "Hace milenios que se destruye esta tierra. No queda ni un rincón que no haya sido violado. Mira aquí mismo, dentro de Misent. No hay más que leer los periódicos. Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, han destruido media docena de fonduks (al parecer, dicen los periódicos, ésta fue una ciudad comercial en el siglo XII: contactos con Alejandría, con Túnez, con Sicilia). Eso dicen los periódicos que hacemos los constructores. Como si el hamán o la muralla califal no hubieran destruido la muralla o el templo que los precedió. ¿Cuál es el estrato en el que reside la verdad?, ¿en cuál debería la humanidad haberse detenido para ser auténtica? El ruso, con su hiperactividad de insomne: esta mañana tenía los ojos pastosos, olía a alcohol, y a ese destilado agrio que deja en el sudor la cocaína, se notaba que aún no se había acostado. He pensado que seguramente sigue en sus tráficos con Guillén. Y también que capitalismo y cocaína tienen algo en común. Construcción y cocaína tienen mucho en común, además de algunas cuentas corrientes engordadas deprisa. La hiperactividad, el empeño por luchar contra el tiempo. Capitalismo y cocaína, este frenético no parar."

LA SONRISA DEL ALBA

LA SONRISA DEL ALBA

 

Ya huele a madrugada

ya platea la luna los caminos,...

Se despereza el alba.

 

Los sueños dulces ya se desvanecen

como una espuma blanca

y el alba recupera su sonrisa

cual dama engalanada.

 

Ya huele a madrugada

y el amor aletea en tu ventana

con su traje de gala.

 

La mañana te espera aserenada...

Deja el latido inquieto de tus sueños

y siembra de alegría tu mirada.

 

(La fotografía es de Sol Estevan López)

LOS COLORES DEL OTOÑO

LOS COLORES DEL OTOÑO

      Se derrama el otoño en generosos colores. Un otoño particularmente cálido, un otoño extremadamente seco, un otoño suave y sereno.

      Otoño verdeamarillo a orillas del río. Otoño de contrastes, de silencios, de amaneceres suaves, de crepúsculos silenciosos.

      Si caminas por las riberas del Guadalope  a mediados de octubre, podrás disfrutar de un paisaje muy pintoresco. Los chopos cabeceros intentan sobrevivir al paso del tiempo y a su progresivo abandono, para continuar como señas de identidad de tantos pueblos, de tantos valles, de tantos riachuelos.

      Los colores se mezclan con el susurro de las hojas, que van tapizando los caminos de una sinfonía multicolor. El murmullo del río acompaña esta melodía que se incrementa a medida que avanza el crepúsculo.

     El chopo cabecero es el rey del otoño. Dentro de pocos días se despojará totalmente de su ropaje verdearmarillo. Pero mientras tanto nos regala estas sensaciones efímeras y fugaces. Como el otoño, como la vida, como esta tarde teñida de la luz del sol y de las sombras del inminente crepúsculo.    

    Hay algunos chopos - como el de la fotografía - que se están desmoronando. Son símbolos de una época. Han sido testigos silenciosos de varias generaciones. Han proporcionado madera, sombra, cobijo. Y ahora están emprendiendo el triste camino del olvido. Es una pena que se pierda lo que se había convertido en un valioso patrimonio natural. Pero a muchos ya les ha llegado su último otoño. Un otoño amarillo, ocre, amarronado, nostálgico. Un otoño que seduce los sentidos y muestra la cara más dulce de lo efímero.

HASTA SIEMPRE, FÉLIX

HASTA SIEMPRE, FÉLIX

     Este otoño incipiente y caprichoso, este otoño amarillo se nos ha llevado prematuramente a uno de los agitadores culturales más importantes de la cultura aragonesa y de la cultura nacional. Félix Romeo, escritor, crítico y traductor, nacido en el zaragozano barrio de Las Fuentes, destacó desde muy joven por su precocidad lectora y por su audacia creativa. Y destacó también como persona. Una persona independiente, fiel a sus principios, amigo de sus amigos, de un gran corazón.

      Conocí a Félix en el instituto de Miralbueno a principio de los noventa. Acompañaba a Ramón Acín en uno de los actos del programa Invitación a la Lectura, que estaba dando sus primeros pasos y que, lamentablemente, ha desaparecido. Compartimos mesa en el restaurante del centro y en seguida me percaté de su talante intelectual, de su amplia formación literaria y de su madera de crítico. Luego volvimos a encontrarnos en presentaciones de libros, ferias del libro y otros encuentros literarios. También coincidía con él alguna tarde en el colegio Las Fuentes, mientras ejercía de tío con su sonrisa a flor de piel. La última vez que nos vimos fue el la librería Portadores de Sueños con motivo de la presentación de El final del amor, último libro de Marcos Giralt Torrente. Me saludó efusivamente y se interesó por mi labor docente y literaria.

      La noticia de su fallecimiento repentino me ha llegado como un mazazo. Y, aunque no es la primera vez que me estremece la presencia irracional de la muerte, su prematura desaparición me ha dejado helado como a tantos amigos, compañeros y admiradores. Tengo sus novelas en mi estantería. Y he vuelto a releer Amarillo, su última novela. Un relato de ausencia y de rebeldía ante la tragedia de lla muerte. Quiero expresar mi modesto homenaje a Félix en unos versos sentidos, sinceros y otoñales.

                                       Se nos van los amigos

                                      al filo de este otoño amarillento

                                      teñido de nostalgia.

                                       Se nos van los amigos

                                      y nos dejan la estela de sus sueños

                                      y el amor a la vida

                                      y el amor a los nuestros.

                                        Se nos van los amigos

                                      en medio de este otoño desolado,

                                      en medio del dolor y la tristeza

                                      y la herida cruel

                                      de la esperanza.

                                     

ALERTA BÉCQUER

ALERTA BÉCQUER

     ¿Os imagináis a dos jóvenes atravesando media España con los huesos del poeta romántico en el maletero de su coche? ¿Os imagináis una visita nocturna al Panteón de Sevillanos Ilustres, en la iglesia sevillana de la Anunciación para apoderarse de los restos de Gustavo Adolfo Bécquer? Todo esto y mucho más podemos encontrar en la última novela de Miguel Mena, Alerta Bécquer, presentada el pasado mes de junio en el recinto del Teatro Romano de Zaragoza.

     El autor de novelas como Bendita calamidad o Piedad, vuelve a las inmediaciones del Moncayo, ese "dios que ya no ampara", para ofrecernos una novela de aventuras, divertida e ingeniosa. Con un estilo ágil y una acertada ambientación espacio-temporal, este locutor de radio y colaborador de varios medios escritos nos sumerge en un relato itinerante que va desde la capital hispalense hasta el pequeño pueblo de Trasmoz, que visitó varias veces el poeta sevillano durante su estancia en Veruela.

      El robo de los restos del poeta por Eduardo y Óscar y su traslado a tierras del Moncayo son el hilo conductor de un relato en el que aparecen los medios de comunicación, un inspector a punto de jubilarse y  nos acercan a diversos ambientes que recrean la época medieval, entre ellos la capital turolense como marco ideal de una historia de amor con final trágico.

     Hay otros entresijos en la novela que vale la pena tener en cuenta: el amor de Eduardo por Dafne que motiva esta locura juvenil; el recorrido por La Mancha, por Cuenca y por tierras aragonesas; la pareja de protagonistas -trasuntos de don Quijote y Sancho; los guiños a Edgar Allan Poe; la alusión a Bigas Luna; la evocación de Alerta OVNI, un programa televisivo de los años 70...

     Una novela que están leyendo con mucho interés jóvenes y adultos. Una manera distinta de acercarse al autor de las Rimas y de las Cartas desde mi celda, un relato inspirado en hechos reales - robo del cráneo del Papa Luna hace unos diez años y pérdida del cráneo de los restos de Goya en Burdeos, en el siglo XIX -. Con esta novela Miguel Mena recupera el estilo y el tono jocoso de Bendita Calamidad y nos devuelve a un Bécquer más cercano, más del siglo XXI.

OCTUBRE VERANIEGO

OCTUBRE VERANIEGO

       Ambiente prefestivo en Zaragoza en esta tarde más veraniega que otoñal. El otoño mostró sus intenciones a finales de julio pero se ha retirado hasta no se sabe cuándo a sus escondrijos secretos. Seguramente vendrá sin avisar. Y tal vez acuda a la cita de los Pilares. Una cita ineludible para la lluvia, el cierzo y las madrugadas desapacibles.

     Pero, de momento, el fin de semana antes de las fiestas del Pilar se está convirtiendo en un aperitivo exquisito. Dicen que siempre son mejores los días previos a un acontecimiento que el acontecimiento mismo. La espera conlleva ilusión, planes utópicos, sueños desgranados. Aunque también supone incertidumbre, dudas, inquietudes agridulces.

     Como suele ser habitual últimamente en esta ciudad, las obras volverán a ser protagonistas de estos nueve días: desvíos de autobuses, excavaciones en pleno centro, raíles del futuro trazado del tranvía... Y, para colmo, los parques y jardines mostrarán su cara más desagradable debido a un conflicto que no acaba de encontrar solución.

     La plaza del Pilar será el centro neurálgico de multitud de actos. Un solo y único espacio para tanta gente ávida de pregones, jotas, ofrendas y actuaciones musicales. También está Valdespartera y el recinto de Interpeñas. Pero quedan demasiado lejos. La gente prefiere el centro. Y cuanto más alboroto, mejor. En pocas ciudades he visto tanta gente en la calle durante estos días como en Zaragoza. Tal vez sea, entre otros motivos, para decir adiós al otoño. Porque una vez acaban los Pilares, una sombra gris parece teñir el cielo azuleante de la ciudad del Ebro.

CAMINOS

CAMINOS

Caminos.

Senderos del amor o del olvido,

Veredas de ternura o desengaño.

Caminos de futuro.

 

ES TAN CORTO EL AMOR

Y TAN LARGO EL OLVIDO.

 

Un amor otoñal

o tal vez un amor de primavera,

efímero y fugaz como la niebla.

Un amor hermanado

con soledad y olvido.

 

Caminos.

Sendas de soledad crepusculares,

atajos de recuerdos arrumbados

en el suave fluir de las mañanas

o en el lento aleteo de la tarde

teñida de silencios.

 

ES TAN CORTO EL AMOR

Y TAN LARGA LA AUSENCIA.

 

 

INVITACIÓN A LA LECTURA

INVITACIÓN A LA LECTURA

     Invitar a la lectura. Motivar a los lectores. Despertar el interés por la literatura. Acercar a los autores a los colegios e institutos. Embeberse de literatura. Cautivar con la literatura. Hechizar con las letras. Compartir un relato o un poema. Debatir. Interesarse. Emocionarse. Soñar.

     Todas estas sensaciones - y muchas más - han experimentado mis alumnos y alumnas de secundaria y bachillerato durante los 25 años de vida del Programa Invitación a la Lectura, impulsado por la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón y coordinado por el profesor, crítico y escritor Ramón Acín.

     Pero, de buenas a primeras, por razones que nos están demasiado claras, los nuevos responsables del departamento de Educación han decidido eliminar este programa y, de momento, no han buscado ninguna alternativa que valga la pena. Tal como han opinado estos días algunos escritores y profesores, nunca un programa educativo ha dado tantos frutos con tan poca inversión. Pero esta es la realidad a fecha de hoy. El recorte ha llegado a la lectura. El recorte ha llegado a uno de los pilares básicos de la educación.

     A partir de ahora, a los profesores nos corresponde la labor de buscar otros medios para que los escritores sigan acercándose a los centros y para que los alumnos no lean una obra como una obligación impuesta, engorrosa o aburrida. Trataremos de confiar en la buena voluntad de algunos escritores o en la generosidad de algunas editoriales. Pero ya no será lo mismo.

     Recuerdo en este momento a escritores que  durante la década de los 90 se acercaron al instituto de Miralbueno: Alonso de Santos, Miguel Mena, Luis Goytisolo... Recuerdo los que han compartido sus experiencias creativas con los alumnos en la biblioteca del instituto Ramón y Cajal: Maruja Torres, Luis del Val, Joaquín Leguina, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Luis Alberto de Cuenca, David Lozano, Ana Alcolea,...

     Es de esperar que las autoridades educativas aragonesas reflexionen y, en el menor tiempo posible, den un viraje a esta situación. Todos saldremos favorecidos: alumnos, profesores y escritores.

 

UN BOSQUE DE REGALO

UN BOSQUE DE REGALO

     ¿Te imaginas que te regalaran un bosque para tu próximo cumpleaños o para las próximas Navidades? ¿No te haría más ilusión ese regalo que tantos otros fútiles y efímeros? Eso es lo que se pretende el proyecto solidario regalaunbosque.org.

     Dentro del programa "Año Internacional de los Bosques", que cuenta con el apoyo de la ONU, el pasado domingo se reunieron en La Cañadilla (Teruel) un numeroso grupo de vecinos de Aliaga y Ejulve para participar en una carrera de montaña de 11 kilómetros y en una marcha senderista de 5. Su objetivo fue concienciar a la población del cuidado de este insustituible legado natural y, sobre todo, asumir un compromiso de reforestación de las casi ocho mil hectáreas calcinadas en julio del 2009 en los términos de estos dos municipios turolenses.

    Todavía queda en mi retina la inhóspita imagen de esos montes calcinados, grises, inundados de ceniza. Han pasado ya dos años y la hierba quiere volver a brotar, pero el daño para los pinos casi centenarios ha sido irreparable. Los vecions de Aliaga y Ejulve lo saben. Por eso es bueno que iniciativas de este tipo se multipliquen y no se queden en saco roto.

 

UN TROVADOR DEL SIGLO XX

UN TROVADOR DEL SIGLO XX

     Quizás una de las facetas menos conocidas de José Antonio Labordeta sea la de poeta. Eclipsado, tal vez, por su hermano Miguel y solapada su poesía por su relevancia como cantautor, viajero y político, sus excelentes poemas no han llegado a los lectores como sería deseable. Por eso, en el primer aniversario de su fallecimiento, rescato uno de mis poemas preferidos. Como docente, siempre me han llegado muy adentro estos versos que corresponden al libro "Método de lectura":

                                Mientras vosotros estáis con los grafismos

                                contándome la historia de los tiempos

                                escribo en el silencio de las aulas

                                palabras nostálgicas, recuerdos.

 

                                Mientras vosotros habláis de socialismos,

                                de movimiento obrero, de Bismark el guerrero,

                                contemplo los objetos perdidos en el cielo

                                y escribo versos, tiernos versos de amor y regocijo.

 

                                Mientras crecéis para hombres y mujeres

                                y del ojo infantil os cuelga tanta vida,

                                asumo nostálgico este tiempo

                                que apenas si me queda entre mis dedos.

 

                                Mientras vosotros vais,

                                yo vengo.

                                Doloroso es cruzarse en el camino.

UN HIMNO A LA LIBERTAD

UN HIMNO A LA LIBERTAD

     Esta mañana me he levantado tarareando el Canto a la libertad de nuestro aragonés universal más reciente, José Antonio Labordeta. Hace ya un año que nos dejó "El Abuelo" y todavía recuerdo esos actos de homenaje a su memoria, tanto institucionales como populares. Pero los tiempos han cambiado y, al parecer, lo institucional y lo popular han tomado caminos divergentes: hace dos días el muro ideológico de los representantes de centroderecha del actual gobierno de Aragón impidió que este himno popular sustituyera al actual. De nada valieron las más de 25.000 firmas de aragoneses de a pie, de nada valieron las manifestaciones populares que han recorrido la geografía española durante los últimos meses.  Pero lo que más me ha sorprendido, no ha sido la negativa a incluir este himno como el canto oficial de Aragón. Lo que ha desautorizado a algunos políticos es  que sus razonamientos para seguir con un himno que desconocen la mayoría de los aragoneses, no tienen, en mi opinión, ningún fundamento lógico.

     Por eso me he levantado canturreando este himno, que tantas veces canté con los brazos en alto en la plaza de Jorcas, en la plaza del Pilar, en teatros y en pabellones. Un numeroso grupo de aragoneses volvieron a cantarlo ayer en el centro de Zaragoza. Y mañana volverá a resonar en calles, colegios y centros culturales. Va a ser inevitable que siga siendo el himno de todos los aragoneses. A pesar del voto de algunos políticos, a pesar de sus razonamientos hueros, a pesar de sus oídos sordos a la voz del pueblo.

     Como homenaje a José Antonio, voy a transcribir unas palabras del libro Los amigos contados, que reúne artículos publicados en la revista Andalán desde 1979 a 1982. Labordeta expresa una sensación ante la realidad que le rodea, que no dista demasiado de la actual:

     "Ando hace tiempo entre asombrado y vago, entre tristón y lento, entre irascible y asco cotidiano. Ando, quiero decir, hace tiempo observando el cotarro. Y realmente no está para cantar una gloria de alegría".

      ¿Qué diría Labordeta, doce meses después de su partida, de la convulsa economía mundial, de la política de vodevil, del desarrollismo salvaje, de los vaivenes sociales, de las agresiones a la cultura, de los recortes en educación, del malestar reinante, de los indignados, de los resignados? Seguro que no permanecería indiferente y que volvería a entonar con energía ese canto de futuro, siempre actual y convincente, a pesar de los silencios y de los olvidos.

 

LA PORRA ILUMINADA

LA PORRA ILUMINADA

     Te recuerdo desde que di mis primeros pasos. Has sido y sigues siendo un mito viviente en la memoria de todos los que hemos vivido nuestra infancia en este valle turolense surcado por el río La Val. Cual fantasma de piedra, cual milagro silencioso de la naturaleza, te eriges imponente y altiva al borde de un cruce de caminos y escuchas día tras día el susurro del río que lame tus pies ateridos.

     Tu piel amarronada y blanquecina ha soportado el sol de todos los veranos y ha desafiado el rigor de los largos inviernos de la sierra. Tu silueta muestra el orgullo inconfundible de los bravos habitantes de estos valles. Tu perfil airoso contrasta con el verde oscuro de las riberas y con la modesta elegancia y verticalidad de los chopos que te flanquean.

     Para los habitantes de Aliaga - que muchos llaman todavía porrinos - eres junto con el castillo y las montañas que rodean al pueblo uno de los milagros de la naturaleza asociados al latido cotidiano. Si no existieras, si desaparecieras de repente, te echaríamos de menos. Vecinos y visitantes te consideran una seña de identidad con muchos siglos a tus espaldas.

     Con motivo de las fiestas de septiembre, hemos podido contemplar tu silueta en la madrugada de las noches veraniegas. Iluminada, emulas con modestia a la luna llena y renaces cual un ave fénix de las cenizas de una secular oscuridad. Quizás se haya roto un poco el hechizo de lo fantasmal, pero la caricia de la luz sobre tu fisonomía eterna saluda sin recato al visitante y despide al viajero con adioses de luz y amaneceres.

(La fotografía es de Ramón Villarroya)

UN BUEN SABOR DE BOCA

UN BUEN SABOR DE BOCA

     Aunque sólo he podido disfrutar de las últimas 48 horas de las fiestas de septiembre de Aliaga, tengo que decir que me he llevado un buen sabor de boca después de comprobar cómo la creatividad y la participación han sido la nota dominante en este último fin de semana.

     De entre todos los actos programados para estos tres últimos días, me quedaría con la ginkana de las peñas el viernes en el pabellón, con el concurso de tapas del sábado en la plaza del ayuntamiento y con el grand prix del domingo en la plaza de toros.

      Hay que destacar el trabajo de la comisión de fiestas, que se ha esmerado tanto en la elaboración del programa como en su puesta en práctica. Y hay que destacar la colaboración de las peñas para que las fiestas consigan sortear estos momentos de crisis y aglutinar a todos los vecinos y visitantes.

      Quiero mencionar, de todos modos, el programa taurino, de tanta tradición en este pueblo. Es encomiable el trabajo de los emboladores - en la foto - y el de aquellos que velan por el buen desarrollo de unos actos que suscitan siempre algunas críticas. Los amantes de la Fiesta - que son muchos en este pueblo - intentan que no desaparezca. Al contrario, que se potencie y que se defienda incluso con una declaración institucional.

     Es una lástima que estos días hayan pasado como un soplo. Pero así es la vida. La nueva comisión y los peñistas intentarán desde esta semana ir pensando en las fiestas de septiembre de 2012. De momento, a disfrutar de los buenos recuerdos y de los momentos más felices.

EL FINAL DEL VERANO

EL FINAL DEL VERANO

     Si me preguntaran cuándo pienso que es el final del verano, no sabría dar con la respuesta más atinada. Confluyen tantas vivencias. Y tantas circunstancias. Y tantos recuerdos Y tanta incertidumbre ante el futuro...

     De todos modos, hoy, día 7 de septiembre, inicio de las fiestas patronales de mi pueblo - Aliaga -  suele ser para mí un momento culminante de ese momento efímero y fugaz que mantendrá durante cinco días la llama encendida del verano en este rincón encantador de la sierra turolense. Desde mi despacho de Zaragoza, a sólo hora y media de mi pueblo, pienso en el pregón de esta mañana con el que habrán empezado las fiestas, en las vaquillas de esta tarde en la soleada plaza de la iglesia y - en este momento - en el inicio de la ofrenda de flores en el Santuario de la Virgen de la Zarza.

     Pero mi mente viaja una vez más hacia el pasado y evoca brumosamente un verano de los años sesenta que quería prolongar a toda costa hasta el 10 de septiembre, último día de las fiestas. Para un niño de once años, que no había salido prácticamente de su pueblo, las fiestas de septiembre suponían el final de una etapa feliz y el inicio de otra mucho más incierta, gris y anodina. Por eso, cuando me propusieron irme a estudiar fuera a principios de septiembre, puse como única condición que se me permitiera disfrutar de las que quizás iban a ser mis últimas fiestas durante muchos años. Luego las volví a vivir como adulto. Pero ya no iba a ser lo mismo. La ilusión de un niño no se puede cambiar por nada. Y esa ilusión suponía soñar con los toros, con las orquestas que desfilaban por la calle mayor, con los bailes en las plazas o en la carretera delante de los bares, con los fuegos artificiales desde el puente de la Virgen, con el bullicio que recorría día y noche la espina dorsal de un pueblo minero.

      Ese fue mi final de verano. Y ese será seguramente estos días el final del verano para los que han dejado atrás los festejos del pueblo, el solaz de las playas o las aventuras por montes y veredas. Un final que todos intentaremos prolongar de uno u otro modo. Lo ideal sería que ese poso de la melancolía sea dulce y nos invite a soñar con días inolvidables. Eso sí, a pesar del paso del tiempo.

REGRESO AGRIDULCE

REGRESO AGRIDULCE

     Regresas a la ciudad bajo el cielo bochornoso de este septiembre disfrazado de falso enero. Has dejado atrás kilómetros y kilómetros de carreteras secundarias, de rutas solitarias por las comarcas turolenses del Maestrazgo y de las Cuencas Mineras. Carreteras que, dentro de pocos días, se quedarán huérfanas, esperando la llegada inalterable de un invierno cada vez más inclemente.

     Regresas a tu ciudad y contemplas el cauce del río desde un mirador privilegiado. Un río con su caudal bajo mínimos y con sus aguas cada vez más turbias y amarronadas. Y evocas el cauce del Guadalope, del río Campos, y el murmullo inalterable de la funte de la Cedrilla y de los cinco chorros de la fuente casi arcádica de Cirugeda.

     Regresas a la ciudad del Ebro y te sorprende un inusual caos circulatorio, unas obras casi interminables, un ruido en ocasiones ensordecedor. Y recuerdas ese silencio de los valles turolenses que te habla del pasado, de vivencias ya olvidadas, de momentos definitivamente idos.

     Regresas al asfalto y al cemento al filo del crepúsculo. Y miras al cielo intentando contemplar con nitidez el firmamento. Y no puedes evitar el recuerdo de las noches serenas de Aliaga, de los paseos al anochecer por la Vega y por el Cascajar. De la luz plateada de la luna llena, del cortejo de estrellas, cual pinceladas de luz en el horizonte, del rumor de las acequias, del suave fluir del tiempo al filo de la medianoche.

     Septiembre se perfila en el horizonte. Con su cortejo de reencuentros, de vuelta a la rutina, a la llamada normalidad. Pero las imágenes del último verano quedarán en tu retina durante meses y alimentarán el latido invernal de la ciudad, la contemplación de un horizonte caduco, el casi imperceptible declive de los días en beneficio de las noches, el final de un verano repleto de vivencias.

LA VOZ DEL TIEMPO

LA VOZ DEL TIEMPO

     Tengo entre mis manos un poemario exquisito, personal, de una delicadeza conmovedora. Son adjetivos que la escritora Espido Freire ha escrito en la faja del libro de fotografías y poesía, titulado La voz del tiempo.

     Julia Moreno es una escritora madrileña, aunque reside en Cartagena desde hace más de diez años. Ha compaginado la poesía con la imagen y en ambas disciplinas ha obtenido premios importantes y ha realizado exposiciones individuales y colectivas.

     En La voz del tiempo Julia nos regala 49 fotografías personales – fruto de sus viajes por varios países de Europa y por muchas ciudades y pueblos de España – acompañadas de 49 poemas desnudos, profundos, despojados de artificio, sugerentes, vitales. La simbiosis entre lo visual y lo poético es total. No se puede leer un poema sin deleitarse en la contemplación de un paisaje, de un edificio o de un objeto preñado de simbolismo.

     Tal como afirma la autora en una dedicatoria con su puño y letra, cada uno de los versos trata de robar la magia de cada instante, de “dejarse llevar por la voz del tiempo”. Una voz que se multiplica, que se metamorfosea como un rico caleidoscopio, una VOZ ROTA (“Dentro de mi soledad desordenada , hay un pequeño rincón donde siempre voy a encontrarme”), una voz HUIDA (“Descubriste mis alas de sal…y ahora eres ola furiosa ávida de abrazos”), una VOZ CERCANA (“Nacen flores negras de un rojo corazón libre, pero sin alas”), una VOZ PERDIDA (“La multitud es una soledad tan infinita / que no te reconoces la mirada”), una VOZ QUE GRITA (“Sigo buscando esquinas para huir./ Definitivamente tu corazón es redondo”), una VOZ QUE ABRAZA (“Así que decidí disfrutar cada paso, cada instante / como si del último se tratara…), una VOZ QUE GUÍA (“He aprendido a que tal vez lo importante no es dónde vas, / sino disfrutar de cada instante en el viaje, corto o largo”).

       He disfrutado con la lectura y relectura de estos poemas de Julia Moreno. Y a través de las selectas imágenes, he viajado a Londres, a Lisboa, a Ámsterdam, a Estambul. He recordado mis fugaces estancias en Bilbao, en Cartagena, en Santander, en Madrid. Pero, sobre todo, he compartido el aliento poético de una poeta que despierta la sensibilidad ante los pequeños detalles que contempla como esa arpa dormida de la famosa rima de Bécquer. Un libro que ayuda a recuperar el pulso acelerado de las horas, que invita al sosiego, a los sueños de futuro, a un soplo de libertad, a un latido profundo del corazón, a una soledad enriquecida, a la utopía de una vida plena.

UN EQUIPO DESCONOCIDO

UN EQUIPO DESCONOCIDO

     Después de más de tres meses sin fútbol en La Romareda, uno regresa con la ilusión de ver a un equipo con garra, con ilusión, con alma. Pero ayer no fue así. No voy a entrar en el terreno meramente deportivo. Los seis goles que encajó el Real Zaragoza en casa - que pudieron ser muchos más - a manos del todopoderoso Real Madrid confirman lo que muchos aficionados nos temíamos: la nefasta gestión de Agapito Iglesias y de sus asesores deportivos en este quinto año de declive del zaragocismo.

     Porque el Zaragoza que vimos ayer sobre el terreno de juego era un equipo muy difícil de reconocer. Un equipo desconocido. Sólo cuatro jugadores del año pasado estaban sobre el terreno de juego. Sólo cuatro españoles. Sólo uno de la cantera (que no se ha ido porque no le han encontrado el comprador adecuado). Lo demás son fichajes de foráneos que, con todos los respetos, todavía no han demostrado absolutamente nada. Quizás hasta hagan buenos a los del curso pasado. Es verdad que sólo llevamos un partido, que el rival es de otra galaxia, que se tienen que acoplar los diez nuevos fichajes. Pero también es verdad que la plantilla se nos antoja corta y con pocas garantías para mantener la categoría.

     Pero, como no todo va a ser negativo de la tarde noche de ayer, me voy a quedar con la excelente respuesta de la afición - una vez más -, con el homenaje del Colectivo 1932 a un compañero recientemente fallecido (como se ve en el foto), con el debú de Joel Valencia, el mediapunta ecuatoriano de la cantera que aún no ha cumplido 17 años y con la admirable actitud de los diversos medios radiofónicos, que supieron sortear las dificultades y zancadillas de todo tipo y mantuvieron informados en todo momento a los oyentes.

     Quedan dos semanas de reflexión debido al parón liguero. Dos semanas de oro para Agapito y los suyos, para Aguirre y los suyos. Dos semanas para intentar dar un giro radical a la situación. El Rayo Vallecano - que ya es de la liga del equipo de La Romareda - será un buen test para los de Aguirre. Allí les espera Movilla, un viejo conocido. Allí les espera la ilusión de una afición que ayer salió del campo con muchos interrogantes en la cabeza. Habían visto uno de los partidos más humillantes de su Real Zaragoza. Habían visto a un equipo desconocido.

 

LLUVIA DE ESTRELLAS

LLUVIA DE ESTRELLAS

Pinceladas de luz y de silencio

en esta noche clara

cuajada de alfileres infinitos

y surcada de miles de caminos

en el tapiz de un cielo adolescente.

 

Pinceladas de luz,

pinceladas de amor,

pinceladas de vida

cual lluvia plateada en el ocaso

contemplada fugaz desde este valle

que surca el recatado Guadalope

herido de nostalgia.

 

Hay estrellas que bullen en silencio

y cual mudos testigos del pasado

nos regalan la herencia de los siglos

en estas noches suaves de verano

con la silueta gris de las montañas

que acunaron la infancia

de los que disfrutamos del remanso

de las fugaces noches estivales.