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JORCAS RECUERDA A LABORDETA

JORCAS RECUERDA A LABORDETA

     El sábado, 20 de agosto, este pequeño pueblo de la sierra de Teruel quiso rendir un homenaje al cantautor aragonés José Antonio Labordeta, once meses después de su fallecimiento. Bajo la batuta de Lucía Pérez y con la presencia de más de 500 personas del pueblo y de toda la comarca, se rindió un merecido homenaje a quien durante 25 años acudió cada 15 de agosto a este enclave turolense que inspiró alguna de sus primeras canciones (Las arcillas, Los masoveros, Los leñeros,...)

     Desde primeras horas de la mañana, las letras de sus canciones y poemas adornaban las fachadas de la calle mayor de la localidad. Jóvenes, mayores y niños leyeron por la tarde algunos poemas en el mismo escenario en el que "el abuelo" cantó con una guitarra y apoyado en una silla sus primeras canciones. Algunos recordaban este primer recital y recordaron también a su amigo Luis Ariño, que se fue prematuramente. En el acto se pudo ver a Luis Granell Pérez, gran amigo del cantautor y uno de los impulsores de Andalán. Había muchas caras conocidas, como la de Clemente Alonso Crespo, amigo de José Antonio y estudioso de su hemano Miguel. Todo rezumaba emoción, sensibilidad, cariño, en esa calurosa tarde de la sierra callada.

     Lucía Pérez estaba satisfecha de la colaboración de los jorquinos y explicó que era una forma de agradecer a Labordeta su fidelidad a Jorcas. A las 8 de la tarde, desde lo alto del castillo, José Manuel Ros interpretó con la dulzaina la Albada. La velada continuó con la lectura de mensajes, poemas y anécdotas relacionadas con José Antonio. Luego se proyectó un audiovisual sobre los distintos recitales de Labordeta en Jorcas y culminó el acto con el emblemático "Canto a la Libertad", que hizo brotar las lágrimas a algunos de los presentes.

     Labordeta quedará para siempre en el recuerdo de los habitantes de este pueblo. En mayo de 2010 se plantó un árbol en su nombre en lo alto del castillo. Pero, eso sí, las canciones y poemas de Labordeta seguirán resonando por las calles solitarias y por las veredas agrestes de esta zona de Teruel durante muchos años, desafiando el frío y la dureza de los inviernos.  

UNA ETAPA CLÁSICA

UNA ETAPA CLÁSICA

     Son muchos los itinerarios que se pueden realizar en bicicleta partiendo de Aliaga. Uno puede dirigirse hacia el sur, en dirección a Teruel y llegar hasta Mezquita. A partir de allí surgen un montón de posibilidades: o subir el puerto del Esquinazo (1381 metros) o dirigirse hacia Utrillas y Montalbán, o tomar el camino rural en dirección a Son del Puerto y Rillo. Otra opción es dirigirse hacia el noreste y coronar el puerto de Majalinos (1450 metros) e incluso descender hasta Ejulve, pueblo encantador y nuevo cruce de caminos. Todavía quedan dos opciones más: una de ellas es la que he elegido esta mañana. También en dirección sur, pero hacia la sierra de Teruel, hacia Camarillas. Lo peor de esta etapa clásica de cada mes de agosto son los tres primeros kilómetros de ascenso. Las piernas todavía están un poco entumecidas y el cuerpo aún no se ha adaptado al ritmo del pedaleo. Por eso esta mañana ha tenido que levantarme varias veces del sillín para salvar sin mucho agobio esa primera pendiente. Lo mejor de la subida es la contemplación desde lo alto del barrio de Santa Bárbara y la caricia de la tímida brisa de la mañana.

     Han sido dos horas y media de pedaleo. Aunque quedaba toda la etapa - poco más de 50 kilómetros - moralmente estaba culminada. El resto del itinerario es más llevadero con dos pendientes progresivas entre Camarillas y el cruce de Galve. El Santuario de la Virgen del Campo (en la fotograría) es lo más llamativo de esta ruta desde el punto de vista artístico e histórico. Luego, la contemplación de un paisaje típico de esta zona - colinas suaves reverdecidas, campos amarillos recién cosechados, masadas, granjas y algún abrevadero para el rebaño - ha hecho más llevadera una etapa que volverá a pasar por el puerto del Esquinazo y dejará a la derecha el cauce estival del río de La Val con su cortejo de pueblos y su perfil inconfundible.

     Para el viernes, queda la última alternativa, también en dirección sur, aunque más hacia el este. La carretera que lleva a Miravete de la Sierra y a Villarroya de los Pinares, que surca un valle encantador, el valle del río Miravete - luego Guadalope - y la ascensión al puerto de Sollavientos (1504 metros) para descender luego hacia Allepuz, Jorcas, Aguilar de Alfambra y Camarillas. Una buena etapa para culminar estas rutas de verano. Son itinerarios asequibles para los amantes del deporte de las cos ruedas. Eso sí, hay que programar las etapas de modo progresivo y, si es posible, descansar al día siguiente. La alternancia es buena. Al menos, eso opinan los entendidos en la materia.

RUTA DE CONTRASTES

RUTA DE CONTRASTES

     Mientras se despereza el día, subes en la bicicleta de montaña y tomas la carretera de Aliaga en dirección a Ejulve. Sabes de antemano que el itinerario de hoy va a ser una ruta de contrastes. Contrastes de temperatura, contrastes de desniveles y, sobre todo, contrastes paisajísticos.

     Hoy tienes como meta llegar a Cirugeda, un lugar encantador, que desde hace unos años pertenece al ayuntamiento de Aliaga. Cruzas la Aldehuela y dejas a la derecha el pantano - o lo poco que queda de él - y la estructura esquelética de la central térmica, clausurada ya hace treinta años. Después de una pequeña subida, el paisaje cambia radicalmente y, aunque a lo lejos ya se adivinan las huellas del pavoroso incendio de julio de 2009, todavía vas a poder disfrutar de unos kilómetros de carretera orlados de pinos lozanos, de enebros enhiestos y de seductoras sabinas. Pero poco a poco, a medida que te acercas a las inmediaciones de La Muela, el contraste es evidente, casi brutal. Avistas lo que parecía un sueño y es todavía una amarga realidad: pinos ennegrecidos, paisaje desolado, campos sin cultivar y una sensación casi inexplicable de vacío.

     No continúas hacia La Cañadilla ni hacia Ejulve. Tomas la carretera que te encamina a Cirugeda. Afortunadamente son casi cinco kilómetros salvados de la quema y que mantienen todavía sus señas de identidad. La vegetación no es muy tupida, pero el paisaje vuelve a ser atractivo, encantador. Prefieres no volver la vista atrás hasta que regreses media hora después y vuelvas a contemplar el brutal contraste - como se observa en la fotografía. Mientras tanto, desciendes hacia ese lugar idílico, que prepara sus fiestas patronales de la virgen de la Asunción y que presume de su fuente de cuatro caños con un agua cristalina y de rincones reservados al que busca el silencio y la soledad.

     El contraste se agudiza durante el camino de regreso. Las piernas comienzan a agarrotarse y un solo inclemente parece que presagia una posible tormenta vespertina. Ha sido, de todos modos, una ruta interesante, con el recuerdo agridulce del incendio y la esperanza de que en unos años la incipiente hierba se vea acompañada de pequeños retoños de pinos, enebros y sabinas.

EN BICICLETA POR TERUEL

EN BICICLETA POR TERUEL

     Una de mis actividades preferidas durante estos días de agosto en Aliaga es subirme a la bicicleta de montaña por la mañana y recorrer los pueblos más cercanos. Casi todas las rutas son exigentes, dadas las condiciones del terreno. Vayas por donde vayas, hay que subir empinadas pendientes y sortear pequeñas lomas. Quizás una de las más llevaderas - en cuanto a pendientes y puertos de montaña se refiere - fue la que realicé ayer. Fueron más de cuatro horas montado en el sillín, pero valió la pena.

    Esta ruta no la había recorrido nunca en bicicleta. Y lo más curioso es que, sobre la marcha, tuve que cambiar de opinión. Además, una parte del trayecto transcurre por un camino rural asfaltado, que enlaza Mezquita con el cruce que conduce o a Son del Puerto o a Rillo, Pancrudo y Cervera del Rincón. Mi idea era acercarme hasta Cervera, pero poco antes de llegar a Rillo cambié de opinión. De vez en cuando hay que mirar el reloj, controlar el cansancio y pensar en el regreso. Y eso motivó un cambio de ruta radical. Una vez en Rillo, pequeño pueblo acogedor y pintoresco, me encaminé por la carretera que conduce a Perales de Alfambra y, a pocos kilómetros, giré a la izquierda para acercarme a Fuentes Calientes. A la entrada de este bonito pueblo, realicé la fotografía que contemplas, recordé mi única estancia hace ya bastantes años y fui pensando en los pueblos aragoneses que comienzan por Fuentes - Fuentes de Ebro, Fuentes Claras, Fuentes de Rubielos e incluso Fonfría -. Después de un tentempié, crucé por el centro del pueblo, que prepara sus fiestas patronales para el 24 de agosto, día de San Bartolomé. Me habría gustado visitar su iglesia renacentista, el silo ibérico y el Centro de Interpretación de los Molinos de Agua, pero el tiempo apremiaba, el sol comenzaba a calentar y aún me quedaba una dura pendiente hasta llegar a la carretera general que une Teruel con Alcañiz. Un tramo amplio, sinuoso, pero con demasiado tráfico para circular por el arcén. Menos mal que, tras el rápido descenso del puerto del Espinazo, dejé atrás Mezquita de Jarque y volví a mi tramo preferido, por la ribera del río de la Val, por esa ruta, cercana, familiar, cada día más apreciada.

     Llegué al filo del mediodía a Aliaga, con el cansancio en las piernas. Pero con la alegría de haber recorrido una ruta nueva, de haber observado el paisaje veraniego de este rincón de la provincia de Teruel, de haber disfrutado de un pedaleo constante, suave, exigente y gratificante. El viernes volveré a montar en la bicicleta. La ruta será muy distinta y tal vez más corta. Pero más dura y atractiva. Me espera Cirugeda, un pueblo que ya pertenece al ayuntamiento de Aliaga y que posee un entorno paisajístico envidiable, al sur de la sierra de San Just.

AGOSTO CONVULSO

AGOSTO CONVULSO

      Llevamos menos de una semana del mes de agosto y se han sucedido más acontecimientos inesperados que en todo el mes pasado. Me refiero a las convulsiones económicas que amenazan a media Europa e incluso a los todopoderosos Estados Unidos, a la hambruna cada vez más cruel del cuerno de África y, a nivel doméstico, a un nuevo resurgir de los indignados que, cual un ave fénix, han vuelto a renacer de sus propias cenizas.

      Agosto siempre ha sido el mes de las vacaciones anuales por antonomasia. ¿Quién no recuerda ese "agosto y cierra España" que aparecía hace unos años en algunas tiras cómicas? Pero este año, al parecer, no está siendo un mes estival tranquilo y sosegado. Las ciudades no muestran la tranquilidad habitual, excepto los fines de semana - y si no que se lo digan a los madrileños -. Y los políticos están de vacaciones, pero con el teléfono móvil a mano y la mirada atenta a las noticias económicas que minuto a minuto alteran la tranquilidad de los políticos e inversores. Al parecer, todos tienen prisa: prisa para eliminar la incertidumbre, prisa para luchar contra la especulación, prisa para adelantar las elecciones (y si no que se lo pregunten a la nueva rectora de los destinos de Aragón).

     La única cara reconocible de agosto es su cita puntual con el calor agobiante, las playas repletas de veraneantes, las terrazas abarrotadas al filo de la tarde y las tormentas de verano, cada vez más escasas e inverosímiles. Es de esperar que el pequeño paréntesis del fin de semana calme a los mercados, modere las declaraciones de los políticos, ponga en su sitio a los especuladores y, sobre todo, suponga un avance sustancial en los planes de ayuda a Somalia y otros países africanos que tanto están sufriendo las consecuencias de una sequía letal.

     ¿Qué ocurrirá cuando dentro de tres o cuatro semanas regresemos a la rutina cotidiana, a la cruda realidad de primeros de septiembre? ¿Se habrán calmado los mercados? ¿Seguirán los especuladores con sus ataques al euro? ¿Continuarán los partidos de la oposición pidiendo un día sí y otro también elecciones anticipadas? ¿Seguirán los indignados en la calle? Todo son interrogantes. Todo son problemas que, cual espada de dámocles, están ahí. Y seguirán estando, a no ser que alguien con una vara mágica actúe de inmediato. Eso sí, sería algo improbable, utópico y, a todas luces, inverosímil.

TORMÓN, UN PARAÍSO EN TERUEL

TORMÓN, UN PARAÍSO EN TERUEL

        La semana pasada me desplacé desde Teruel hasta Tormón a visitar a unos amigos. No conocía esta zona del suroeste  turolense, que se reparte entre dos comarcas: la Comunidad de Teruel y la Sierra de Albarracín. La carretera atraviesa San Blas, deja atrás el cruce de Toril y el de Rubiales y se sumerge en un mar de verdor presidido por los pinares de Rodeno y por esas eminencias pedregosas ocres que dotan al paisaje de un no sé qué de originalidad y pintoresquismo.

      La carretera dibuja perfiles grisáceos y zigzaguea de continuo. Es una ruta para el viajero apacible, para el visitante que es capaz de saborear el silencio de los bosques, la soledad de los valles, la belleza de un horizonte caprichoso y seductor.  Después de casi cuarenta kilómetros de ruta, desde una eminencia privilegiada, aparece Tormón, este pequeño pueblo de la provincia de Teruel surcado por el río Ebrón – émulo humilde del padre Ebro –, entre las sierras de Javalón y Peñarredonda, y presidido por una piedra enhiesta, el tormo que dio origen al nombre actual del pueblo.

      Recorrer las calles de Tormón, subir hasta la ermita de San Cristóbal, adentrarse en la umbría de las recoletas huertas, acercarse a la cascada del río Ebrón y saborear el silencio jugoso de sus calles empinadas tiene un encanto especial. Eso sin olvidar el talante hospitalario de sus vecinos, el empeño en fomentar el atractivo turístico de esta joya paisajística y las iniciativas que van surgiendo y que poco a poco se van llevando a la práctica como la reciente restauración del antiguo horno, transformado en pequeño centro cultural.

       La visita a Tormón me dejó un buen sabor de boca. Espero regresar pronto para conocer mejor su entorno. De momento, os dejo una fotografía del  pueblo desde la ermita de San Cristóbal y os invito a acercaros a visitarlo cualquier fin de semana.

     Quiero acabar con unas palabras del poeta Luis Cernuda refiriéndose a este bello rincón:  “El pueblo es verdaderamente bonito, con sus casas de piedra en pendiente, sus tejados bien conservados. Es un pueblo sobrio y montañés, un pueblo serrano y de acceso dificultoso”.

 

NOVELA NEGRA EN TERUEL

NOVELA NEGRA EN TERUEL

    Cualquier  lugar, cualquier época pueden ser  testigos silenciosos de un crimen, de un secuestro o de un delito de mayor o menor trascendencia. Y Teruel, la ciudad de los Amantes, esta capital pintoresca y hospitalaria, con ecos medievales y perfiles modernistas, se ha convertido durante la última semana de julio en un foro de debate, reflexión y creación colectiva sobre un tema cada día más actual como es la NOVELA NEGRA.

     Un grupo de alumnos, profesores y amantes de la literatura, procedentes de toda España, nos hemos reunido bajo la experta batuta de la escritora Espido Freire para desentrañar las claves de este subgénero narrativo que, aunque surgió con fuerza durante la tercera década del siglo pasado, tiene sus raíces hacia mediados del siglo XIX en los relatos del escritor norteamericano Edgar Allan Poe. En sus breves e ingeniosas narraciones, como en Los crímenes de la calle Morgue, se esbozan los ingredientes de una futura novela en la que, además de los rasgos propios de la novela policíaca y de misterio – investigación criminal, resolución de enigmas, casos sin resolver – predomina el peso de la actualidad, el realismo descarnado y una dosis importante de verosimilitud.

     En España el género cuajó décadas más tarde que en Estados Unidos e Inglaterra – que pueden considerarse las cunas de la novela negra -. Aunque en alguna novela de Camilo José Cela – como La familia de Pascual Duarte – ya se advierten rasgos propios del género, – lo que se llamó tremendismo en muchas narraciones de posguerra –, no fue hasta muy bien entrado el siglo XX cuando autores como Juan Madrid, Andreu Martín, Lorenzo Silva y Fernando Marías, comenzaron a cultivar un género que se alimentó también de la novela nórdica y no eludió la tradición picaresca y tremendista de la narrativa peninsular. Un género que convive con la actualidad, que linda con el policíaco, que se nutre de noticias de la prensa y que se hace eco de la vertiente más trágica del devenir cotidiano. Se dice con frecuencia que la realidad supera a la ficción. Y, en muchas ocasiones, por muy sórdidas que nos parezcan estas novelas, no llegan a alcanzar la crueldad de hechos tan impactantes como el reciente crimen de la aparentemente tranquila capital noruega.

         El Taller de Novela Negra se ha celebrado en la Universidad de Verano de Teruel – que ya va por su vigesimoséptima edición. Han sido cinco días en los que la literatura y el periodismo se han dado la mano. La presencia del escritor Fernando Marías nos abrió las puertas a otro tipo de novela en la que juegan un papel importante las nuevas tecnologías, y las palabras de Lorenzo Silva – que no pudo estar presente – nos perfilaron las líneas maestras de la novela negra americana, europea y española. El curso terminó con la elaboración colectiva de un crimen mediático que tuvo lugar en la ciudad de Teruel a finales de 2010. Una ciudad tranquila que se ha convertido durante cinco días en testigo silencioso de dos crímenes que todavía están sin resolver. Novela negra pura y vivero creativo para futuros creadores literarios.

 

      

 

 

 

   

NOCHE DE LUNA LLENA

NOCHE DE LUNA LLENA

Si miras a la luna

en esta noche clara aserenada

podrás ver mi mirada

herida por la luz de las estrellas,

preñada de nostalgia.

Si miras a la luna

desde el valle profundo y silencioso

podrás ver sin recato

el espejo profundo de mis sueños

y mi sed de futuro.

Si miras a la luna

y contemplas su pálida silueta

entablarás conmigo

un diálogo sin fin

y puede que revivas

los crepúsculos dulces de tu infancia,

el poso de una inquieta adolescencia

y el peso de la ausencia

de los seres ausentes

que vuelven cada noche

a iluminar las sombras del ocaso.

 

UN LUJO CULTURAL AL ALCANCE DE TODOS

UN LUJO CULTURAL AL ALCANCE DE TODOS

     Como cada mes de julio, el primer libro que introduzco en mi maleta antes de comenzar mis vacaciones es la revista cultural TURIA. Digo libro, porque TURIA es una auténtica revista-libro que, desde hace 28 años, sigue sembrando la cultura por doquier y continúa regalando a los lectores y suscriptores excelentes artículos, relatos y poemas inéditos, e interesantes monográficos dedicados a los representantes de la cultura más relevantes.

     Como lector y colaborador de esta publicación periódica, espero y deseo se cumpla lo que comentaba Fernando Valls en su blog el pasado 11 de julio. Con el título "Salvemos la revista Turia", se hacía eco de las dificultades por la que está pasando últimamente esta publicación - recorte de subvenciones - e insistía en que sería una pena nos quedáramos sin una de las mejores publicaciones culturales y literarias que quedan en España, cuando está a punto de alcanzar el número 100. Habla de la importancia de los suscriptores y del apoyo de las instituciones. Esperemos que los recientes cambios políticos no influyan en el futuro de TURIA.

     Porque para los amantes de la cultura es un lujo tener entre sus manos el número 99, que dedica un amplio y completo monográfico al premio Nobel Czeslaw Milosz. Nos regala también una antología de poemas inéditos de Boris Vian, al cuidado del poeta Juan Antonio Tello. En sus secciones habituales, hay que destacar las Conversaciones con Gervasio Sánchez y Juan Eduardo Zúñiga, una nueva entrega del diario "La primera patria" del fundador y director de la revista Raúl Carlos Maícas y un interesante artículo de José Serafín Aldecoa Calvo sobre José Borrajo Esquiu, primer alcalde de la Segunda República en Teruel.

    En esta tarde grisácea de verano, desde la tranquilidad de este rincón privilegiado de la provincia de Teruel, quiero plasmar un poema de Ángel Petisme, de la sección Poesía de la revista, que puede darnos las claves para conseguir una pequeña ración de felicidad:

                                          DA LO MEJOR DE TI

                                          Antes de hablar,

                                          si abres los ojos

                                          recoje del tendedero tus palabras.

                                          No veo fantasmas donde brilla la luz,

                                          alguien por ti soñó tus pesadillas.

                                          El tiempo se congela

                                          cuando nadie sonríe.

                                          Así que no tomes nada

                                          de forma  personal,

                                          da lo mejor de ti.

                                         

                                          Cuatro reglas para ser feliz.

 

    

    

LA MUJER ANOCHECÍA

LA MUJER ANOCHECÍA

     Tengo entre mis manos La mujer anochecía, último poemario de la poeta asturiana Ada Menéndez (Gijón, 1972). Ada presentó en el fórum Fnac de Zaragoza el pasado 7 de junio esta obra escueta, densa, profunda, casi visceral. Tuve la suerte de acompañarla en el acto y escuchar algunos de sus poemas. Tal como dice Óscar D’aniello en el Epílogo del libro: "Mujer arrebatadora, provocadora, sincera". Esa fue mi impresión cuando la saludé y esa ha sido mi impresión después de leer y releer sus poemas.

     Ada Menéndez es - afirma en el prólogo José Luis Piquero - "sufriente pero lúcida, pisoteada pero no vencida, ofendida pero orgullosa: desafiante". Este inconformismo se advierte desde los primeros poemas - SUEÑOS Y PESADILLAS de la mujer anochecía - hasta los que cierran el libro con un broche de ternura - LAS MUJERES ORTO de una mujer anochecía -. Inconformismo y rebeldía ante las situaciones absurdas de la vida en la gran ciudad: Godzilla arrancó de cuajo los puentes de los hombres... Hay un sorteo de aviones por la carretera de Burgos...Zombis en mi ciudad quieren morderme...

     El inconformismo se transforma a veces en una indagación en su propio yo, en un autorretrato poético de color grisáceo: Los poetas olemos a basura. O en rebeldía ante el hechizo engañoso del amor: Reniego a ser una amante pinchada sobre el corcho / de tu colección. Hay una cara oculta y otra cara desenfadada, preñada de tristes presagios: Se me estropea el cutis con los años las / decepciones el tiempo mal invertido / he presagiado un entierro donde nadie llora / donde yo descanso en paz y / se me afea el espíritu.

     Un espíritu que se tiñe de ternura en los tres últimos poemas, broche esperanzador y aspiración personal. Un homenaje a sus seres más queridos a los que admira y mitifica: Quiero ser tú como tú multiplicarme para llegar a ti. Emoción poética, desnudez retórica, espontaneidad, amor, desamor y un sinfín de sentimientos en ocasiones contradictorios, como la vida misma. Un libro para leer y releer durante los cálidos días estivales.

 

TARDE ESTIVAL EN ALIAGA

TARDE ESTIVAL EN ALIAGA

     Me encantan las tardes de verano en Aliaga, sobre todo si en el horizonte van apareciendo grupos de nubes grisáceas y, a lo lejos, comienzan a retumbar sonoros truenos como indicio de una inminente tormenta.

     Esta tarde de sábado, mientras miles de turolenses y de visitantes han abarrotado la plaza del Torico de la capital para dar inicio oficial a las fiestas de la vaquilla con la puesta del pañolico, algunos nos hemos quedado en este pueblo de la sierra, contemplando un arcoiris casi inverosímil que ha dejado paso a una brisa serena y a unos cielos azules, casi crepusculares.

     Tarde estival en Aliaga. Desde el solanar contemplo un paisaje colmado de verdor, después de las lluvias generosas de la primavera. En este pequeña buhardilla me acompaña Susín, un gatito encantador, que apareció ayer por el corral y que buscaba cobijo, cariño y alimento. Susín es juguetón, dormilón, atrevido. Pero se ha acostumbrado en seguida a las normas de la casa y es capaz de comportarse como un animal doméstico y adiestrado.

     Mientras escribo estas líneas, un trueno seco y potente ha roto la tranquilidad del valle y ha eclipsado incluso el sonido cantarín de las campanas de la ermita. Pero, aunque ha desaparecido el arco iris, la lluvia vuelve a cobrar protagonismo. Una lluvia ligera que es un regalo del cielo en esta tarde que invita a la lectura, a la tertulia con los amigos o a un paseo sin rumbo por la orilla del Guadalope.

     La tarde se dilata en estos primeros días de julio. La tormenta va y viene por el oeste. Susín sigue sesteando. En las eras cercanas se oyen risas de niños y niñas que, desafiando a la tormenta, inventan mil juegos para llenar las horas de ocio. Una anciana se asoma al balcón y escruta el horizonte.  La tarde se resiste a desvanecerse. Todavía queda la dulzura del crepúsculo en este valle preñado de silencios. Todavía quedan miles de sueños en el horizonte aserenado.

EL FINAL DEL AMOR

EL FINAL DEL AMOR

     Hace poco más de tres meses, leí con entusiasmo y comenté en este blog la impresión positiva que me produjo la novela Tiempo de vida del escritor madrileño Marcos Giralt Torrente. Acababa de descubrir - gracias al grupo de lectura Garamond - a un narrador con mayúscula, a un autor cuyas obras han sido acogidas con un aplauso unánime tanto por los lectores como por la crítica.

     Y hace poco más de dos semanas tuve la oportunidad de asistir en Zaragoza a la presentación de su último libro de relatos, El final del amor, en la librería Portadores de Sueños. Una obra que me dedicó el autor y que ha obtenido el Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero. Una obra editada por Páginas de Espuma, que consta de cuatro cuentos o relatos breves. Cada uno de ellos nos sumerge en una ambiente distinto. Pero en todos ellos predomina la emoción, la incertidumbre, el recuerdo y todas aquellas circunstancias que atenazan o alteran la vida aparentemente tranquila de una pareja o núcleo familiar.

     Este fin de semana he disfrutado con la lectura de estos cuentos que ofrecen al lector todos los ingredientes propios de un relato breve. El primero de ellos - Nos rodeaban palmeras - nos traslada a una isla exótica del sudeste africano en la que una pareja experimenta sensaciones nuevas, soledad compartida y un miedo incomprensible: El cobertizo, donde la noche anterior nos había recibido el jefe de la aldea cenando en compañía de su amigo, estaba cerrado. Llamamos, pero nadie abrió. En el segundo relato - Cautivos - la narración evocadora en primera persona arranca en una cena de Nochebuena y culmina con un final trágico y misterioso en el que el amor confluye con la soledad y con la indiferencia: Al fondo de la noche, la frágil luz en la ventana de Guillermo titilaba como la linterna de una chalupa en la oscuridad del mar.

     El tercer y cuarto relato tienen en común a dos protagonistas adolescentes, acuciados por problemas familiares e inmersos en una adolescencia controvertida y paradójica. En Joanna el amor nunca dejó de crecer, a pesar de las ausencias y prohibiciones de un entorno familiar y social anclado en el pasado. El inicio del relato es reflexivo y profundo: Es curioso que la vida nos ofrezca un número indeterminado de alternativas a cada momento, que constantemente tomemos decisiones que nos modifican, cogiendo unos trenes y desechando otros, y que sin embargo la mayor parte de los adultos, cuando echamos la vista atrás, nos recordemos de niños sustancialmente iguales a como somos hoy. El relato que cierra el libro - Última gota fría - es el que más me ha impresionado y el que más me ha recordado a la novela Tiempo de vida. El protagonista se remonta a principios de los años ochenta y presenta la nueva relación amorosa de su madre y el progresivo distanciamiento de la figura paterna, siempre omnipresente. La tormentosa relación de su madre con su nueva pareja, el desconcierto del muchado de catorce años reaparecen veinticinco años después con interrogantes sin resolver y misterios inquietantes: Agosto de 1983 había empezado en el norte con la misma incertidumbre de otros años acerca de los días de playa que depararía y  terminó en catástrofe.

     Marcos Giralt ha vuelto a demostrar con El final del amor que es un maestro del relato breve, que sabe crear atmósferas cargadas de emoción, que transforma lo aparentemente cotidinano en algo sublime, irreal y, en ocasiones, onírico.

    

CAMINALIAGA

CAMINALIAGA

      Poco después del mediodía llegaban al pabellón polivalente de Aliaga (Teruel) los que encabezaban la ruta senderista de 28 kilómetros que este año ha alcanzado ya su quinta edición y que se está consolidando como una de las preferidas en el calendario de rutas aragonesas.

      Con una camiseta de color negro en la que lucía estampado el lema Caminaliaga, los casi doscientos participantes en esta V Ruta Senderista Villa de Aliaga han compartido unas horas de comida y de sobremesa después del esfuerzo realizado durante una jornada que comenzaba hacia las siete y media de la mañana y terminaba hacia las dos de la tarde.

       El camino de Aliaga a Miravete ha estado muy bien diseñado y señalizado por la organización del evento. Desde la ermita de la Virgen de la Zarza se asciende por la carretera que conduce a Pitarque, pero muy pronto se desvía a la derecha por sendas esmaltadas de hierbas y arbustos hasta llegar a un alto desde el que se contemplan algunas masadas, campos de cultivo y praderas con vacas pastando. Los avituallamientos ayudan a reponer fuerzas a senderistas de todas las edades y de las más diversas procedencias. Grupos de caminantes siguen una ruta que, después de salvar un pintoresco estrecho, se aproxima poco a poco a Miravete. Son los últimos kilómetros los más agradables para la vista. Y esto sirve, en cierto modo, para aliviar el cansancio y las diversas molestias. Ya cerca de la meta, se divisa la inconfundible torre de la iglesia de este pequeño pueblo  del que dicen que "nunca pasa nada". Un pueblo encantador, un lugar paradisíaco. En la plaza porticada aneja a la iglesia se comparte un reconfortante tentempié y los más valientes emprenden en seguida el regreso a Aliaga para completar esta ruta y sellarla en su libreta de senderistas. Una agenda que van rellenando a lo largo del año y que en verano presenta las rutas más importantes.

      Un día para el recuerdo. Una jornada de convivencia, de amistad y de conocimiento de un entorno paisajístico privilegiado que tenemos que conservar para futuras generaciones. Caminaliaga es un lema lleno de sugerencias y cargado de connotaciones. Un lema que no quedará en el olvido.

     

 

ALIENTO CULTURAL

ALIENTO CULTURAL

     Siempre has vivido de modo especial los treinta de junio. Son días de balances, de final de etapa, de sueños, de utopías, de inicio de vacaciones, de sensación de libertad, de aliento vital. Un aliento vital que se tiñe de cultura en este jueves prevacacional. Paseas por la ribera del Ebro y te acercas a la plaza del Pilar. Una plaza que ha vuelto a ser de todos, sin tiendas ni entornos reivindicativos. Sólo ha quedado un caballo de troya grotesco y un pequeño monolito con un lema que podríamos recordar cada día al levantarnos. En la fachada del ayuntamiento las banderas parece que están a media asta, debido a la brisa vespertina. Muestran simbólicamente su tristeza por ese pequeño fiasco para la ciudad de Zaragoza, que se ve alejada definitivamente de sus sueños culturales para 2016. Los indignados de la plaza del Pilar han dejado paso a un alcalde indignado que, como los estudiantes que obtienen una nota que consideran injusta, está dispuesto a impugnar, reclamar y hacer lo que haga falta para que Zaragoza recupere su capitalidad. ¿Pataleo? ¿Miedo al fracaso? Cada uno que lo interprete como quiera.

     Pero mientras atraviesas la plaza y te diriges al museo Pablo Gargallo, piensas que la cultura está en la calle, que se respira en muchos rincones de la ciudad, que la cultura no es sueño ni utopía. Que la cultura no debería producir indignación ni dividir a los ciudadanos, que la cultura se edifica día a día. Ya en la plaza de San Felipe vuelves a recordar la desaparecida Torre Nueva, contemplas el torreón Fortea y entras en ese recinto artístico en el que reinan las esculturas y el arte se convierte en un poema. Poemas como los que va a presentar Carmen Ruiz Fleta. Poemas cotidianos, espontáneos, casi mágicos. Gabriel Sopeña rinde un homenaje a la cultura y Ángel Guinda presenta una vez más sus credenciales como reciente Premio de las Letras Aragonesas. La editorial Olifante sigue bogando con la cultura contra viento y marea. Y los poetas vuelven a reinvindicar una cultura diferente: la cultura de la palabra, la cultura de la tolerancia, la cultura de lo cotidiano, la cultura alejada de las efemérides, fechas y aspiraciones utópicas. Regresas por otra zona de la ciudad y contemplas la fachada carnavalesca del antiguo teatro Fleta. Y vuelves a recordar el gesto humillado de las banderas del balcón del ayuntamiento. Y el monolito de los indignados. Y ese lema que te ha hecho pensar: "Hoy es mañana".

NO SOBRAN LAS PALABRAS

     Los últimos días de junio son días de despedidas, de emociones, de adioses. Son muchos los docentes que culminan casi cuarenta años de dedicación a la docencia. Una vida laboral densa, dilatada, gratificante. Una dedicación vocacional en la que la palabra ocupa un lugar señero. Por ello dedico este poema a todos los docentes que se jubilan durante estos días y, especialmente, a mi compañera Carmen por su optimismo, simpatía y sincera amistad.

 

               Aunque dicen que sobran las palabras,

                      Aunque  alientan los ecos del silencio,

                      Aunque florecen grises como el plomo

                     El poso del recuerdo y la memoria,

                   

                     PREFIERO RECORDARTE

                     Con las voces que laten en la sombra

                     De un corazón abierto y generoso,

                     Con los sonidos claros y cercanos

                     De una honda amistad y simpatía,

                     Con tu sonrisa franca

                     Que invita a la ilusión y la esperanza.

                   

                      NO SOBRAN LAS PALABRAS

                      Cuando llegan cargadas de cariño

                      Y rompen el hechizo cotidiano.

                   

                      NO SOBRAN LAS PALABRAS

                      Cuando surcan caminos de futuro

                      Desde el alba al crepúsculo.

                    

                       NO SOBRAN LAS PALABRAS

                       Ni se las lleva el viento alborotado.

                       Están aquí.  Muy vivas.

                       Al filo de la vida,

                       Al filo del silencio.

TOCANDO EL CIELO

TOCANDO EL CIELO

     Disfrutar de un domingo en el Pirineo de Huesca, acercarse a Villanúa y recordar cuatro veranos inolvidables, visitar las instalaciones del Campamento Cheso, recorrer con calma los caminos y veredas en un día veraniego, es un placer reservado a unos pocos.

     Pero la guinda de este delicioso pastel natural y ecológico fue la ascensión hasta las estribaciones de la Peña Collarada, uno de los picos más emblemáticos del Pirineo aragonés y uno de los retos más apasionantes para montañeros valientes y avezados. Las ocho horas de recorrido por estas montañas culminaron una jornada en la que estuvimos muy cerca de tocar el cielo con los dedos. Ese cielo azul, terso y claro que casi nos hería la vista y que rodeaba con un halo misterioso la cumbre inconfundible de este pico que alcanza casi los 2.900 metros y que no tiene nada que envidiar a otros tresmiles ilustres. Tal como se muestra en la fotografía, la Peña Collarada sirve de telón de fondo a una jornada de ilusión, de cansancio, de disfrute de la naturaleza, de soledad compartida, de parajes casi vírgenes y de valles inconmensurables.

    No pudimos hollar la cumbre. Nos faltaba poco más de una hora. Pero la tarde avanzaba sin tregua y había que regresar a Villanúa. Un descenso de 1.500 metros entre rocas, trochas y atajos inverosímiles. En el recuerdo quedará un día de aventura, de ilusión y de miradas hacia el infinito. Hacia ese cielo que nos recordaba momentos irrepetibles compartidos en Villanúa durante cuatro meses de julio inolvidables.

REVELADO POÉTICO

REVELADO POÉTICO

     "Todos parecemos más fuertes en las fotografías". Este es el subtítulo de Polaroid, último poemario de la poeta y periodista aragonesa Carmen Ruiz Fleta, publicado por Olifante. Es el cuarto libro de poemas de una escritora que cada vez nos sorprende más por la fuerza interior de sus versos, por la autenticidad de sus palabras y por una sinceridad a flor de piel. Desde su primera publicación Música para perros (2006) hasta esta última, pasando por Cinco días de agosto (2008) y Mapas y disfraces (2010), Carmen va diseñando un mapa poético cada vez más rico en matices, con más fuerza rítmica y con una visión del mundo y de la vida rabiosamente original.

     Los 52 poemas que componen esta antología sugieren una variopinta gama de sensaciones que van del amor al desamor, de la apariencia a la realidad, de la desnudez interior a los oropeles del vestido y del maquillaje, de la luz a la oscuridad, del ser al estar, de la placidez al desasosiego, de la vida a la muerte. Ya el primer poema sirve de pórtico al resto de las composiciones: Escribiendo desnuda lo que callo vestida. / Así me vengo de las tardes de agosto. Esta propuesta poética se complementa con los versos que cierran el último poema: Y también sé / que no importan mis palabras / porque me vais a aplaudir igual. / Voy desnuda, pero todos alabáis mi vestido.

     Y es que llega un momento en que las palabras no importan - Todas las palabras se equivocan -. A veces sólo subsiste el halo del recuerdo - Me recordaré torpe estrenando las calles - o la fragilidad de la memoria - Ahora que se escurre la memoria / no sé recogerla. Una fragilidad que se revela en un cuerpo voluble, heredado e inconsistente: Si tan hábil eres, / toma este cuerpo heredado / a ver si me encuentras en él. Poesía como búsqueda, poesía como ensoñación, poesía como un revelado interior en el que las fotografías son sólo una imagen aparente y efímera de algo que bulle en nuestro interior: Me canso de este contenedor de miedos / llamado cuerpo. Quiero ser un cuerpo amable / amablemente desnudo o desangrado. Por ello, la poeta dialoga consigo misma o con un tú amoroso y pasional para huir de esa cruda realidad cotidiana latente en los vericuetos de la ciudad: Este viento nocturno que silva arrullos / a los pies de las madrigueras urbanas / malolientes. Y reclama una metamorfosis - Todos necesitamos cambios - para buscar esa luz liberadora, para encaramarse a lo más alto, para huir de la monotonía gris de lo cotidiano: Empiezo a oler a agua estancada / a instante detenido demasiado tiempo.

     La lectura y relectura de los poemas de Polaroid - metáfora de un momento salvado - me ha permitido a una poeta que camina hacia la madurez expresiva. Sus versos son un vaivén de sensaciones y vivencias que llegan en ocasiones a estremecer al lector y a contagiarnos de una serie de sentimientos paradójicos y contradictorios, como la vida misma.

    

LA NOCHE MÁS OSCURA

LA NOCHE MÁS OSCURA

     Acabo de leer la última novela de la escritora zaragozana Ana Alcolea. Con el título La noche más oscura, Ana nos acerca a un lugar solitario y peculiar del norte de Noruega dominado por un faro sobre el que se entremezclan como en un mágico laberinto historias del pasado y vivencias del presente.

     Con esta novela, la narradora aragonesa ha ganado el VIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. Fue en Anaya donde Ana comenzó su carrera literaria con aquella excelente novela El medallón perdido (2001) que ha cautivado a cientos de adolescentes y que ya va por su decimosexta edición.

     En La noche más oscura la autora retoma el escenario de otro de sus inolvidables relatos: Donde aprenden a volar las gaviotas (2007). Tanto en una como en otra nos acerca a través de tres caminos distintos: la experiencia personal, los sueños de la protagonista - la adolescente Valeria - y los documentos guardados en las vitrinas de un almacén convertido en museo de la guerra. Pero la novela va mucho más allá de la historia de una breve estancia en un faro abandonado en el país nórdico. Con una prosa ágil, precisa e incisiva, Ana Alcolea nos invita a sumergirnos en una atmósfera de inquietud, de incertidumbre y de trágicas premoniciones. El entorno es realista y las vivencias de Mercedes y su hija adoptada Valeria son aparentemente intranscendentes. Pero el ritmo narrativo se ralentiza de vez en cuando y nos ofrece reflexiones sobre las consecuencias trágicas de la Segunda Guerra Mundial, sobre las ambivalencias del amor, sobre los efectos balsámicos de un paisaje casi idílico, sobre el significado profundo de los sueños, sobre la soledad, sobre los primeros idilios de la adolescencia y sobre otros motivos tan humanos como la vida misma.
         La autora, casada con un profesor noruego, suele pasar dos meses en Trondheim, un lugar en el que se ha inspirado para escribir su última novela. En La noche más oscura hay una atmósfera similar a la película de Bergman "Fanny y Alexander". Pero, tal como afirma Ana, "He titulado La noche más oscura porque quizás haya un homenaje a San Juan de la Cruz. En mi novela también hay ráfagas de claridad, de iluminación, fuegos, como sucede en la poesía del místico español".

     He disfrutado con la lectura de esta novela que, aunque va dirigida a un público juvenil, ofrece a los adultos un estilo depurado, unas incursiones históricas bien documentadas y un acertado maridaje entre la realidad y la ficción. La silueta inconfundible del faro misterioso y los nombres de Mercedes, Valeria, William, Lars, Ernest Nilsen y, sobre todo, del soldado Nicolaj Dubrowski quedarán siempre en mi memoria.

NONAGENARIOS

NONAGENARIOS

     He visitado esta tarde la Feria del Libro de Zaragoza y me ha llamado la atención la gran afluencia de público de todas las edades. Un público que hojeaba las novedades editoriales, que compraba libros de todo tipo y algunos escritores que firmaban obras y conversaban con los lectores.

     De entre todos los libros que poblaban los escaparates de las casetas, me ha llamado de atención una pequeña obra que - según los libreros - es de las que más se está vendiendo durante estos días. Me refiero al libro ¡Indignaos!, escrito por Stéphane Hessel y prologado por José Luis Sampedro. Ambos pensadores superan ya la barrera de los noventa y mantienen su mente despierta y diáfana. Ambos nacieron en 1917, año de la revolución rusa, ambos participaron en sendos conflictos bélicos: la II Guerra Mundial y la Guerra Civil española y los dos tuvieron que sufrir una dictadura (la Francia de Vichy del mariscal Pétain y el franquismo).

    Es curioso comprobar cómo las ideas de Hessel, que comparte el escritor español, han calado profundo en cientos de jóvenes españoles que desde hace dos semanas están dando impulso a un movimiento popular denominado 15M con acampadas en las plazas de las principales ciudades y con un lema común: "Indignaos". Un lema que es el punto de partida de numerosas inquietudes sociales entre las que destacan la reforma de la ley electoral y el reparto más equitativo de la riqueza. "Hay que luchar por la libertad de pensamiento" - afirma Sampedro. "Se deben unir los más necesitados y los que más saben" - escribe Hessel.

     Hace cuatro o cinco décadas, una persona que rondaba los sesenta años estaba considerada como un anciano - o viejo - que no tenía nada que aportar a la sociedad. Ahora, una persona de noventa años puede aportar experiencia, serenidad, capacidad de reflexión, equilibrio mental y una visión privilegiada del mundo. Algunos pensadores o escritores españoles pasaron de los cien años. Basta recordar al literato Francisco Ayala o al aragonés Pepín Bello, que llegaron a los ciento tres. La longevidad es un hecho real en esta sociedad del siglo XXI. Pero lo más llamativo es que algunas personas - todavía muy pocas - sigan regalando sus ideas a las generaciones más jóvenes. Una semilla eficaz que, en el caso de Hessel y Sampedro, ha superado con creces todas las expectativas.

RECUPERAR LA MEMORIA

RECUPERAR LA MEMORIA

      La lectura de Dime quién soy, última novela de la escritora y periodista Julia Navarro, me ha sumergido en el mundo convulso del siglo XX, un mundo de vaivenes políticos, de ideologías engañosas y, sobre todo, un mundo preñado de misterio, amor, tragedia, soledad y lucha por la vida. Después de la exitosa trilogía La hermandad de la sábana santa, La Biblia de barro y La sangre de los inocentes, la escritora madrileña nos ha regalado una novela densa, profunda y muy bien documentada.

    El periodista Guillermo Albí, nos adentra en la azarosa vida de su bisabuela, Amelia Garayoa, que surge desde las sombras en los últimos meses de la segunda República española y comienza una vida llena de avatares que se prolongará hasta los últimos años del siglo XX con el hito simbólico de la caída del muro de Berlín en 1989. La joven Amelia decide romper con su pasado burgués y comienza un camino sin retorno como luchadora por las libertades y como enemiga de todo atisbo de totalitarismo.

     La ruptura de Amelia con su pasado es total. No sólo abandona a su marido Santiago, militante de la izquierda republicana, sino que se aleja casi definitivamente de su familia, en especial de su hijo Javier. El itinerario vital de la joven protagonista la lleva primero a la Rusia de Stalin y después a la Alemania de Hitler y a la Italia de Mussolini. Casi milagrosamente logra sobrevivir de todos estos infiernos, aunque la huella de las heridas del totalitarismo y de los fracasos amorosos quedará indeleble para siempre en su cuerpo y en su espíritu. 

     La novela es densa, profunda pero, tal vez, demasiado larga. Tan dilatada como la vida de su protagonista que, ya nonagenaria y atenazada por una enfermedad mental, no logra valorar y apreciar el fruto de las investigaciones de su biznieto. De todos modos, me ha convencido esa prosa sinuosa, atrevida y llena de vaivenes emocionales e históricos. Y me ha ayudado a reflexionar sobre esa Europa del siglo XX que desde el triunfo de la revolución rusa, en 1917, hasta la caída del muro de Berlín, en 1989, camina paralela al itinerario vital de Amelia, inquieta heroína, decicida luchadora por la justicia y espía al servicio de la libertad.