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josemarco

CONVULSO MAYO

CONVULSO MAYO

     Tarde de bochorno en la capital del Ebro. Cielos azules y despejados. Al parecer, está de moda el color azul, ese azul modernista de Rubén Darío,  ese azul machadiano, ese azul de los sueños, ese azul de las utopías. Un sol inclemente se desploma sobre las casi trescientas tiendas de campaña que cubren las losas cálidas de la Plaza del Pilar. Son tiendas multicolores. Casi todas de la misma marca. Pero en ese recinto de indignación y reflexión no predomina el azul, ni el rojo. Es una mezcla cromática de sentimientos e intereses. Intereses en juego tienen los partidos políticos aragoneses para los próximos días. Porque, aunque el mapa de Aragón se ha teñido de azul - con un sorprendente mimetismo del mapa de España - las aguas de la política bajan revueltas, amarronadas y grisáceas. Porque el horizonte social y económico sigue pintando gris. Gris sobre azul y gris sobre rojo. El rojo que se esconde y que sólo aflora como metáfora de estas temperaturas inclementes de finales de mayo.

      Tarde azulada de mayo en Zaragoza. Sin cierzo, sin brisa, sin el agobio crepuscular de los otoños. Camino por la ribera del Ebro, cada vez más escuálido, de regreso de la plaza de las Catedrales. Llevo en la retina la imagen de esa nueva ciudad casi nómada, que se erigió el quince de mayo y que no quiere pensar en la fecha de caducidad. Parece un microcosmos surgido al margen del río de acontecimientos cotidianos, al margen de la brutal incertidumbre, al margen de pactos, promesas y favores mutuos. Su mirada va más allá del azul con que se ha teñido el horizonte político. Sus proyectos superan las barreras de partidos y organizaciones. Su intención trasluce inconformismo, rebeldía pacífica, mensajes de caducidad contra un capitalismo trasnochado y cruel. Ahí están, con la ilusión por bandera, muy cerca del balcón del ayuntamiento. En el entorno, la vida sigue igual y el verano asoma por el horizonte contra viento y marea. La tarde se prolonga para todos. Aunque el protagonismo sea, una vez más, para unos pocos.

 

NUEVO POEMARIO DE OLGA BERNAD

NUEVO POEMARIO DE OLGA BERNAD

     La poeta aragonesa Olga Bernad (Zaragoza, 1969) acaba de presentar su nuevo poemario Nostalgia Armada (Ediciones de la Isla de Sistolá). Después de la publicación de su primera antología poética - Caricias perplejas - con excelente acogida por parte de los lectores y de la crítica, Olga se sumerge en un mundo teñido de nostalgias y de recuerdos. La autora defiende la nostalgia, abraza los recuerdos y desnuda su propia alma a lo largo de 35 poemas distribuidos en tres partes armónicas y equilibradas.

     Lo primero que llama la atención de la poesía de Olga Bernad es esa aparente sencillez que nos acerca a lo más vital, a lo más íntimo, a lo más profundo. El poder del endecasílabo, la fuerza de las metáforas, las acertadas interrogaciones retóricas, los juegos fónicos y los originales símiles contribuyen a edificar un entramado poético coherente, sincero y profundo.

     Podría citar versos y versos de esta excelente obra. Pero como botón de muestra voy a plasmar unos versos del poema que sirve de pórtico - NOSTALGIA ARMADA - y el excelente poema que cierra el libro - TERCO MAYO. Entre ellos se suceden otros poemas que nos hablan de la tristeza otoñal de noviembre, de viajes metafóricos al infiernos, de evocaciones de Belchite o Estocolmo, de la negrura de la noche o de la incertidumbre amenazante del azar cotidiano.

     Desde el día de la presentación en Zaragoza - como muestra la fotografía adjunta - Nostalgia armada me acompaña como libro de cabecera. Sus versos van dejando un poso en mi interior y me regalan esa nostalgia que es en cierto modo un bálsamo en los momentos de tristeza y soledad.

                                     NOSTALGIA ARMADA (Fragmento)

                                    Te veo caminar serenamente

                                   por una calle en la que nunca estuve.

                                    Háblame de las cosas que no veo,

                                   vuelve tus ojos hacia mí, y perdona.

                                    Mi corazón no tuvo más remedio:

                                   te inventé porque el mundo me sabe a hambre atrasada,

                                   y porque el tiempo es poco

                                   y hubiese sido absurdo

                                   medirlo con simpleza de usurero,

                                   encerrarlo en relojes,

                                   dilapidar mi esfuerzo y tu cordura...

 

                                             TERCO MAYO

                                    TERCO MAYO de ritos repetidos,

                                    olvidaré el invierno entre tus brazos.

                                    Porque vuelves, y no para salvarme:

                                    vuelves para robarme el pulso oscuro

                                    que ha sabido dormir entre mis venas.

                                    El saludo de mayo es la intemperie,

                                    el corazón temblando en la explanada,

                                    desnudo y expectante. Será hermoso

                                    encontrarte en el llano mientras siento

                                    un río antiguo y un temblor de tierra

                                    en el circuito ciego de la sangre.

VÍCTOR JUAN BORROY EN TARDES DE BLOG

VÍCTOR JUAN BORROY EN TARDES DE BLOG

     El pasado martes, día 10 de mayo, visitó la librería zaragozana El Pequeño Teatro de los Libros el escritor, pedagogo y director del Museo Pedagógico de Aragón Víctor Juan Borroy. El director de la revista Aragón Educa y autor de dos novelas, dialogó con el incombustible Javier López Clemente sobre la educación en el siglo XXI. Todo ello a raíz del blog Más de cien razones en el que Víctor pulsa y recopila las experiencias de docentes, padres y alumnos sobre sus primeros años de alumnos o sobre sus primeras experiencias como maestros. El blog está abierto todavía a la colaboración de los que se mueven en el entorno educativo y será publicado próximamente en un valioso libro.

     Pero Víctor Juan habló además de su vida como alumno en Caspe, de su vocación como docente y educador, del cariño que siente por sus alumnos y alumnas de la Facultad de Educación de Huesca, del Museo Pedagógico, de sus viajes, experiencias, intercambios, tertulias y vida al aire libre.

     Javier le preguntó sobre la difícil tarea de educar y Víctor habló del don de la palabra, algo que lamentablemente se está perdiendo; de la labor del educador - del maestro - que se asemeja más al vuelo de la mariposa que a la trayectoria de una bala; de que la educación es una profesión compleja pero gratificante; de que en ocasiones no hay que sacrificar todo al orden en el aula; de que hay que reivindicar al maestro sabio, al maestro intelectual, al que está aprendiendo durante toda su vida.

      Aludió también a la experiencia durante el siglo pasado en la pequeña escuela oscense de Plasencia del Monte. Allí los alumnos elaboraban sus textos con la ayuda de sus maestros. Y recordó al grausino Joaquín Costa, que afirmaba que mal irá España mientras sean maestros los que no pueden ser otra cosa. Una hora de sabiduría, una hora de reflexión sobre la escuela, una hora de aprendizaje por y mediante la palabra. En el blog de Javier López Clemente podemos recrearnos contemplando y escuchando los momentos más importantes de este encuentro que, como no podía ser de otra manera, terminó con el himno del Real Zaragoza, equipo que Víctor Juan lleva en el corazón, en el decimosexto aniversario del gol de Nayim, de ese milagro del arte cual metáfora del optimismo y del aliento vital.

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

     La lectura de El tiempo entre costuras (2009), primera novela de la escritora manchega María Dueñas, me ha sorprendido gratamente.

     Aunque el hilo conductor corresponde a la ficción, el contexto histórico - fruto de una excelente documentación - nos acerca a la España colonial del norte de África, a los meses previos a la guerra civil y a los durísimos años de posguerra.  La joven modista Sira Quiroga, protagonista de la obra, es empujada por el destino hacia Tetuán y hacia Tánger, después de abandonar el Madrid convulso de los últimos meses de la República. En el Protectorado español marroquí se relacionará con personajes históricos entre los que destacan Juan Luis Beigbeder, primer ministro de asuntos exteriores de Franco; Ramón Serrano Suñer, el cuñadísimo; Alan Hillgarth, coordinador de actividades del servicio secreto inglés en España y Rosalinda Powell Fox, amante secreta de Beigbeder.

     Pero la novela va más allá de una trama perfectamente engarzada. Su lectura me ha recordado a Galdós y al mejor Baroja. Porque es una novela realista, una novela de superación personal, una novela colonial, una novela de amor, una novela de espías. Muy pocos novelistas se han internado en el escabroso territorio norteafricano de principios del siglo XX. Recuerdo en este momento la novela Imán, del aragonés Ramón J. Sender. Y pocas más.

     Para completar esta breve valoración, voy a insertar, a modo de aperitivo literario, dos fragmentos de esta ópera prima de María Dueñas. Su estilo ágil no supone superficialidad, sino todo lo contrario. La reflexión existencial y la crítica social subyacen en muchas de sus páginas.

     A lo largo de los años hubo momentos en los que el destino me preparó quiebros insospechados, sorpresas y esquinazos imprevistos que hube de afrontar a matacaballo según fueran viniendo... Atrás quedaba un pasado complejo y, como en una premonición, al frente se abría una magnitud de espacio desnudo que el tiempo se encargaría de ir llenando...

     La normalidad no era más que lo que mi propia voluntad, mi compromiso y mi palabra aceptaran que fuera y, por eso, siempre estaría conmigo. Buscarla en otro sitio o quererla recuperar del ayer no tendría ningún sentido.

UNA NUEVA REVISTA LITERARIA

UNA NUEVA REVISTA LITERARIA

     Me llega desde Salamanca el primer número de EL ESPANTAPÁJAROS, una nueva revista literaria impulsada y promovida por Ainara Méndez, José María  Huerga y Elisabeth H. Jorge. En una breve presentación comentan que el nombre de la publicación alude a ese escritor invisible, el no valorado, al que no se le reconoce su trabajo y que trabaja de forma gratuita, simplemente porque es lo que le gusta hacer.

      He seleccionado un poema como botón de muestra de lo que pretende ser esta revista literaria que, sin grandes pretensiones, quiere abrirse paso entre el intrincado mundo de la creación literaria.

                                           Nos embriagaremos

                                               todo el camino

                                            mientras cantamos.

                                          Yo seré Jack Sparrow,

                                      y tú serás quien quieras ser.

 

                                                 No olvides

                                                ser puntual.

                                                No hagamos

                                            esperar a los sueños.

 

                                       Que como tú y yo sabemos,

                                             basta con tenerlos

                                           para que sean realidad.

                                                      (Ainara Méndez)

 

 

 

 


           



SINFONÍA PRIMAVERAL

SINFONÍA PRIMAVERAL

     Sinfonía primaveral en el valle del Guadalope. Concierto de aromas y colores. Murmullo monótono del agua. Eclosión de verdes y amarillos en un paisaje de ensueño. Silencio matinal en el camino que serpentea y asciende hasta una de las fuentes más conocidas de Aliaga: la Cedrilla. Desde allí se atisban los manzanos con su flor rosácea, los sembrados de cereal reverdecido, las montañas impasibles y la silueta inconfundible del castillo casi desmoronado.

     La primavera llega siempre rezagada a esta comarca de las Cuencas Mineras, muy cercana al Maestrazgo turolense. Este año ha llegado con lluvia, con un agua generosa que empapa cada tarde la tierra sedienta y transforma el color amarronado en un verde inusual. Desde Sollavientos hasta Caspe, el Guadalope se convierte en testigo de la historia cotidiana de estas tierras aragonesas, castigadas año tras año por un inclemente clima invernal y heridas de soledad y abandono. Sus orillas se engalanan con la presencia inmutable de los chopos centenarios, de la hierba fugaz, de las acequias cantarinas.

     Año tras año, el río renace con la primavera, las huertas vuelven a mostrar su mejor imagen y los amantes de la naturaleza pasean por sus riberas, contemplan el horizonte de montañas que flanquean un caserío silencioso, apiñado entre la montaña y el río, teñido de rojo y de blanco. Mientras tanto, en esta mañana soleada, uno se embebe de luz, se hace eco de los sonidos armoniosos de la naturaleza, disfruta de sus aromas y bucea en la soledad lejos de los agobios urbanos y del panorama grisáceo de las calles y avenidas.

 

UN GRAN NOVELISTA ARGENTINO

UN GRAN NOVELISTA ARGENTINO

     Ayer, 30 de abril, falleció en su hogar, en Santos Lugares, el escritor, ensayista, físico y pintor argentino Ernesto Sábato. Le faltaban menos de dos meses para cumplir los 100 años. Su muerte coincidió con la celebración de Buenos Aires como la Capital Mundial del Libro 2011. He leído sus tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Ababdón el exterminador. Me quedo con la primera: una novela psicológica narrada en primera persona y enmarcada en la corriente existencialista posterior a la segunda guerra mundial. El escritor francés Albert Camus la elogió y publicó críticas muy favorables.

     El mejor homenaje que podemos hacer a este pensador inquieto, luchador por la libertad e innovador literario es leernos o releernos alguno de sus textos narrativos y ensayísticos. Como aperitivo, inserto aquí tres fragmentos que nos pueden dar una idea de la profundidad de sus escritos y de su originalidad creativa.

     Fué una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fué una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. (EL TÚNEL)

     Ya se alejan en medio del polvo, en la soledad mineral, en aquella desolada región planetaria. Y pronto no se distinguirán, polvo entre el polvo. Ya nada queda en la quebrada de aquella Legión, de aquellos míseros restos de la Legión: el eco de sus caballadas se ha apagado; la tierra que desprendieron en su furioso galope ha vuelto a su seno, lenta pero inexorablemente; la carne de Lavalle ha sido arrastrada hacia el sur por las aguas de un río (¿para convertirse en árbol, en planta, en perfume?). Sólo permanecerá el recuerdo brumoso y cada día más impreciso de aquella Legión fantasma. "En las noches de luna --cuenta un viejo indio-- yo también los he visto. Se oyen primero las nazarenas y el relincho de un caballo. Luego aparece, es un caballo muy brioso y lo muenta el general, un blanco como la nieve (así ve el indio al caballo del general). Él lleva un gran sable de caballería y un morrión alto, de granadero." (¡Pobre indio, si el general era un rotoso paisano, con un chambergo de paja sucia y un poncho que ya había olvidado el color simbólico! ¡Si aquel desdichado no tenía ni uniforme de grandero ni morrión, ni nada! ¡Si era un miserable entre miserables!) Pero es como un sueño: un momento más y en seguida desaparece en la sombra de la noche, cruzando el río hacia los cerros del poniente. (SOBRE HÉROES Y TUMBAS)

     He vivido en un tiempo histórico de ruptura y tan viejo soy, que hay en mi distintos sedimentos, como en las montañas. Así, todavía guardo de mi juventud las marcas de las luchas sociales. Pienso que los chicos me querrán porque nunca dejé de luchar, porque no conseguí instalarme en ninguna época, y hoy, trastabillando, me siento cerca de la gente que aprendió a vivir de otra manera. Y muy cerca de los jóvenes que después de este horror de mediocridad, indecencia y ferocidad, pujan por nacer a otra cultura que vuelva a echar raíces en un suelo más humano. (DIARIOS DE MI VEJEZ)

UN POETA DEL ENTUSIASMO

UN POETA DEL ENTUSIASMO

     Ha fallecido recientemente el poeta chileno Gonzalo Rojas, que siguió la estela de Pablo Neruda y de César Vallejo. Gonzalo Rojas - premio Cervantes en 2003 - representa la coherencia, el entusiasmo, el buceador en lo enigmático. Desde su humildad, va perfilando una trayectoria poética rica en matices y profunda en sentimientos, de corte surrealista y de posterior libertad creadora.

     El mejor homenaje que podemos hacerle a este poeta es la lectura de sus versos. Por ello, plasmo el poema Carbón, en homenaje a su padre, que despierta mi sensibilidad y mi eterno cariño hacia el mío, también minero.

 

Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

 

 

EL RUMOR DEL SILENCIO

EL RUMOR DEL SILENCIO

                                                    Abanico de luz y de diamantes

                                                    Tesoro de frescor y de armonía

                                                    Efímero, fugaz, amaneciente

                                                    Al filo de la vida.

                                                   

                                                    Derramas tus esencias plateadas

                                                    Entre la umbría verde amarronada

                                                    Y siembras el paisaje de murmullos

                                                    Del crepúsculo al alba.

                                                   

                                                    Tu sinfonía hechiza al caminante

                                                    Que disfruta de todas las esencias

                                                    De este oasis de luz y de misterio

                                                    Oculto en la maleza.

          * Cascada en Los Batanes (Alcaraz)                                          

EL ENCANTO DE ALCARAZ

EL ENCANTO DE ALCARAZ

     Volver a Alcaraz dos décadas después me provoca sentimientos encontrados. Regresar a este pueblo de la sierra albaceteña en el que residí durante dos años como profesor de secundaria despierta en mí sensaciones agridulces y un poso de nostalgia difícil de evitar.

      A medida que me voy acercando a la sierra por la carretera de Jaén, las curvas se multiplican, el paisaje se enriquece de matices cromáticos y los pueblos y pedanías apacecen casi de forma mágica después de un recodo o en la ladera de una colina: El Jardín, Los Chospes, El Cubillo, Robledo, El Horcajo y, a lo lejos, el arco semiderruido de la ciudad de Alcaraz, que airea en el horizonte su silueta inconfundible y su color ocre, herencia medieval y renacentista de este pueblo tan rico en historia como en arte.

      Porque Alcaraz no es sólo arte e historia. Alcaraz es remanso de paz. Alcaraz es lugar de acogida. Alcaraz es oasis natural. Alcaraz es trampolín para la ensoñación y el recuerdo. Al anochecer, nos acercamos con mi amigo Pepe hasta la monumental Plaza Mayor recorriendo con parsimonia esa calle empedrada y silenciosa en la que cada casa conserva un recuerdo, una vivencia, un latido vital. Ya en la plaza, contemplamos las torres del Tardón y de la Trinidad, como dos hermanas gemelas, nos detenemos en la puerta de la Aduana, del arquitecto local Andrés de Vandelvira y experimentamos una sensación de paz y sosiego, como si el tiempo se hubiera detenido.

      Dejamos para la mañana la visita al santuario de la Virgen de Cortes, patrona de la comarca, el recorrido matinal por el paraje de los Batanes, con sus impresionantes cascadas, sus estalagtitas, sus canteras de piedra rojiza, sus olores y colores, su silencio natural. No nos olvidamos de visitar el nuevo instituto de Secundaria con el nombre de Pedro Simón Abril, humanista y pedagogo local. Y conocemos la recién restaurada Casa de la Vicaría, que será biblioteca local, centro cultural y hogar de jubilados. Precisamente residí en la calle de la Vicaría durante esos años cada vez más lejanos.

      Abandono Alcaraz al atardecer y, mientras desciendo la cuesta que da acceso al pueblo, recuerdo las vivencias de esos meses, las rutas en bicicleta a Vianos, al Ballestero, al Salobre; las tertulias en la plaza; las comidas en el hostal Alfonso;los aperitivos en la Cueva del Pernales; los cafés en la confitería; las partidas de billar en casa de Diego...Dejo atrás dos días de vivencias, de recuerdos. No sé cuándo volveré. Pero espero no demorar tanto mi visita a este lugar querido y añorado.

LA MONTAÑA DE LOS OLVIDOS

LA MONTAÑA DE LOS OLVIDOS

     La joven escritora Karen Díaz - Kadia - publicó en el 2009 su primera novela, creó su propia editorial y se está acercando cada día al potencial lector - especialmente a niños y adolescentes - para contagiarles ese espíritu soñador, ese soplo de optimismo y esos valores que son tan importantes en la vida.

     El título de este breve relato - La Montaña de los olvidos - nos invita a un viaje de manos de la fantasía pra acercarnos a un mundo donde los sueños tienen un lugar privilegiado en esa Biblioteca que guarda nuestros tesoros más preciados.

     Valores como respeto, amistad, lealtad, sacrificio, solidaridad,...quedan reflejados en unas páginas que nos invitan a un viaje metafórico a esta montaña en la que la vida es muy distinta a la de los humanos del siglo XXI. El relato nos invita a una lucha constante por conseguir nuestros sueños, a un regreso al mundo de la autenticidad, a intentar conseguir día tras día todos nuestros retos.

     Karen Díaz estuvo ayer en el instituto Ramón y Cajal de Zaragoza y dialogó con los alumnos de primero y segundo de Secundaria. Les invitó a reflexionar sobre su vida, sus aspiraciones, sus sueños, la autoestima y la percepción de los valores en la sociedad actual. Además, les contagió su entusiasmo y les motivó para ser creativos e imaginativos. Para ello, elaboraron dos relatos colectivos e intentaron buscar un final distinto para el libro que habían leído y trabajado en clase. Tanto la autora como los alumnos se fueron satisfechos de este encuentro literario.

     Para aquellos que tienen que enfrentarse a la realidad cotidiana, para los que tiran la toalla a la primera de cambio, las palabras que cierran el libro pueden servir de impulso y de motivación:

     Nunca dejes de soñar. Tus sueños, por muy pequeños que sean, alimentan este mundo y nos llenan de alegría y optimismo. Cualquier sueño se puede realizar. Sólo necesitas mucha fe, esperanza y perseverancia, pues es posible que no lo consigas a la primera. Mas el esfuerzo siempre se premia y las oportunidades vendrán.

     Karen nos demostró este entusiasmo y reconoció que el afán por conseguir sus sueños le había llevado a escribir y autopublicar una novela que invito a leer a niños, jóvenes, padres y educadores.


¿AUTOVÍA O AISLAMIENTO?

¿AUTOVÍA O AISLAMIENTO?

     A nadie se le oculta que una de las asignaturas pendientes de la comunidad autónoma de Aragón es la precariedad en las infraestructuras. Salvo contadas excepciones, como la línea del AVE a Madrid y a Barcelona - favorecida por la privilegiada posición de Zaragoza entre estas dos ciudades - la A-2 y la autovía mudéjar, todavía inacabada, Aragón está prácticamente a la cola de las demás autonomías en kilómetros de autovías y en comunicaciones eficientes.

    Tengo que reconocer que siempre me han gustado conducir por carreteras secundarias, sinuosas, empinadas, solitarias. Pero esto no se opone a una realidad que cada día se presenta más urgente y acuciante: la necesidad de desdoblar tramos de carretera aragoneses que condicionan un modo de vida propio del siglo XXI y repercuten seriamente en la despoblación de los medios rurales de las tres provincias de la comunidad.

     El último episodio de una serie de reivindicaciones pendientes - el desdoblamiento de la nacional II, el desdoblamiento de la peligrosísima N-232, la autovía hasta Alcañiz, la autovía desde Monreal del Campo hasta Alcolea del Pinar - ha sido de nuevo la solicitud de un replanteamiento serio y decisivo para que la A-40 - que unirá Teruel con Cuenca - sea una realidad en los próximos años. Para ello habrá que desbloquear asuntos relacionados con el impacto ambiental y echar mano de la imaginación para buscar alternativas fiables. ¿No ocurrió hace años con la conflictiva A-3 a su paso por las famosas hoces del Júcar? Y se solucionó. Eso sí, con mucho diálogo y con un notable incremento del presupuesto. Por eso hay que decir bien claro - y Fomento lo sabe - que el problema es económico y demográfico. Y si no se soluciona en pocos años, la provincia de Teruel seguirá aislada de la zona oeste de la península, como ya ha quedado aislada con el AVE a Valencia - en esto Cuenca nos ha cogido la delantera. Ayer la manifestación tuvo lugar en esta ciudad castellano-manchega. Eso sí, había muchas personas de Teruel, había representantes de la plataforma Teruel Existe, pero los políticos brillaron por su ausencia.

     A poco más de un mes para las elecciones autonómicas y municipales, los políticos deberían reflexionar de nuevo sobre el problema de las infraestructuras en Aragón. No pueden ni deben orillar un problema que ya conocen y que quizás vuelvan a sufrir en sus propias carnes cuando tengan que desplazarse a núcleos rurales alejados de las autovías, por carreteras tortuosas y comunicaciones obsoletas. Se darán cuenta también del progresivo despoblamiento de determinadas comarcas - especialmente en Huesca y en Teruel - y de la ausencia de un tejido industrial de futuro. Me imagino reflexionarán sobre este problema mientras se recrean en paisajes idílicos y contemplan los valles vacíos y silenciosos desde sus vehículos oficiales. Y se percatarán de que algunas carreteras sólo sirven para hacer turismo o para evocar nostálgicamente el pasado.

AMAPOLAS URBANAS

AMAPOLAS URBANAS

     Una primavera disfrazada de verano se cuela por todas las rendijas de la ciudad durante la hora de las siesta. El mes de abril, tradicionalmente lluvioso y desapacible, ha roto por unos días su costumbre para sorprendernos con una luminosidad inusual, con una temperatura preveraniega y con el polen inundando aceras, balcones y galerías.

     Desde mi ventana, diviso a lo lejos el cauce pausado de las aguas del río y unas flores silvestres rojizas y amarillas que orlan sus riberas cada vez más deterioradas. Me gustaría contemplar las amapolas silvestres que dentro de unas semanas teñirán de un rojo pasional los campos verdeamarillos del cereal. Pero no me da esa impresión. Antes de mi paseo vespertino, me tengo que conformar con releer a Machado, uno de los poetas que mejor han poetizado la primavera. Porque las flores que diviso en lontananza se muestran tímidas, recatadas,...como si no se atrevieran a plantarle cara al cemento y al asfalto que nos ahoga por doquier.

     Porque está claro que la primavera urbana no se vive de la misma manera que el despertar de abril en las sierras y en los valles. Ni mucho menos. Sólo de vez en cuando, el olor a hierba recién segada - que siempre ma ha seducido - el falso murmullo del río Huerva o las copas de los chopos esmaltadas de verde, que se asoman por encima de tejados y azoteas, nos muestran un retazo primaveral. Pero sólo es un esbozo, un sucedáneo, un anticipo cromático y visual de lo que serán las amapolas cuando despunten al filo del verano y se eleven desafiantes sobre las indolentes espigas .

* La fotografía es de las cercanías de Castel de Cabra (Teruel).

RIÑA DE GATOS

RIÑA DE GATOS

     Cualquier lector que vea el título y contemple la ilustración de la portada de la última novela de Eduardo Mendoza, Riña de gatos, Madrid 1936 (Premio Planeta 2010) pensará que es una novela más sobre el tópico de la guerra civil española. Nada más lejos de la realidad. La última novela del escritor barcelonés nos acerca a un Madrid convulso en los primeros días de marzo de 1936, tras el reciente triunfo en las elecciones del Frente Popular y en medio de continuas algaradas, conspiraciones e intrigas.

    La novela comienza con una carta fechada el 4 de marzo de 1936. La escribe Anthony Whitelands, protagonista de la novela. Este experto en datación y autentificación de obras de arte - curador - se traslada a Madrid para comprobar de cerca un cuadro de Velázquez de gran valor, guardado en uno de los sótanos de la casa del duque de la Igualada, amigo personal de José Antonio Primo de Rivera. A partir de ese momento, el experto inglés deja atrás su vida anterior e inicia un recorrido fatal por un Madrid laberíntico, suburbial y casi fantasmal.

   Eduardo Mendoza vuelve a ser con esta novela el gran narrador de sus primeras obras - especialmente La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios. Eso sí, cambia de época y de ciudad. De su Barcelona natal se traslada al Madrid republicano. Y da muestras de nuevo de sus excelentes dotes de narrador, de su arte para describir sin excesivo detallismo y, sobre todo, de su acierto en la plasmación de unos diálogos vivos y realistas. Además, nos deja el fruto de una gran labor documental - acercándonos a políticos relevantes de la época como Manuel Azaña o José Antonio Primo de Rivera - y nos regala el fruto de su admiración por Velázquez y por la época que le tocó vivir.

    El viaje con el que comienza la novela, al ritmo monótono del traquetreo del tren por la yerma meseta castellana, culmina con otro viaje que se convierte en una nueva huida. Una huida muy distinta a la anterior. Una huida urgente de la España convulsa de la primavera del 36, una huida de los azares del destino, una huida agridulce que deja al lector con la incertidumbre de un final truncado y tan real como la vida misma.

TIEMPO DE SUEÑOS

 

                                      Hace tiempo que sueñas primaveras

                               y besas el azul del horizonte

                               huyendo del presente.


                                Hace tiempo que anhelas un verano

                               con la pasión audaz y adolescente

                               surcada de amapolas.


                                Hace ya tiempo,

                              sí, hace tanto tiempo

                              que has roto las amarras del pasado

                              y  buceas sumido en un otoño

                              tan gris como anodino

                              que a pesar del latido de las horas

                              y de la luz crepuscular ausente

                              alientas la ilusión evanescente

                              al borde del silencio.


                               Mientras tanto,

                             te contagias del pulso acelerado

                             de estos días de luz

                             insolentes tal vez,

                             eternizados.

 

TIEMPO DE VIDA

TIEMPO DE VIDA

     El escritor Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) sorprendió el año pasado a la crítica y a los lectores con la publicación de su novela Tiempo de vida en la editorial Anagrama.

     El autor de novelas como París - que obtuvo el premio Herralde - y Los seres felices, ha escrito una novela autobiográfica, descarnada, abiertamente sincera y decididamente reflexiva.

     El nieto de Gonzalo Torrente Ballester rinde un homenaje literario a su padre, el pintor Juan Giralt (1940-2007) a quien acompaña durante los últimos meses antes de una muerte anunciada.

     Hay que valorar en la novela la sencillez de su prosa, la profundidad de sus reflexiones y la metaliteratura, esas dudas iniciales sobre la tarea a la que se enfrenta, ese pudor del que va a desnudar su alma, esa verosimilitud buscada y lograda.

    Me hago eco de las últimas líneas de la novela. En ellas podemos mirarnos como en un espejo los que hemos sufrido ya la pérdida de nuestro progenitor y hemos heredado el papel de padres:

      Pienso, entonces, en mi hijo aún no nacido, que llevará su nombre, y me pregunto en qué lo condicionaré, en qué le fallaré, qué deberé yo perdonarle y qué deberá él perdonarme, si no lo hace antes, cuando como mi padre me diluya en la nada.

     Qué recordará de mí con nostalgia.

     Me gustaría conservar algo de lo mejor de mi padre para que le llegue a través de mí.

ECOS DE PRIMAVERA

ECOS DE PRIMAVERA

     Se despereza la mañana con una dulce insolencia primaveral. Todavía permanece en tu retina la esfera agigantada y blanquecina de la luna, con su halo mágico y su cercanía casi milagrosa. El sol se ha adueñado por fin del paisaje urbano y, mientras caminas por la zona alta de una ciudad casi adormecida, contemplas a lo lejos la silueta erizada de los Pirineos, cual un telón de fondo blanquinegro, con la nieve como reina de la primavera. Hacia el oeste, aparece el Moncayo machadiano y labordetiano, con su espalda coronada de nieve y con un aspecto de soledad y desamparo.

     El sonido de las campanas de una iglesia cercana rompe el silencio de esta mañana dominical. Una mañana que, a miles de kilómetros, se sigue vistiendo de incertidumbre y desolación en esa zona del noreste de Japón devastada por el maremoto y condenada a un futuro difícil con la amenaza nuclear como espada de dámocles. Una mañana que, a cientos de kilómetros, al oeste de Libia, se viste de terror bajo el estruendo indiscriminado de los bombardeos, fruto de la prepotencia, la intransigencia y el odio. ¿Hasta cuándo se prolongará esta terrible situación en pleno siglo XXI?

     Contemplas la ciudad desde una eminencia cercana al parque José Antonio Labordeta - antes Parque Primo de Rivera y Parque Grande -. Atisbas a lo lejos el perfil silencioso del nuevo tranvía, que hoy se viste de largo después de polémicas y desencuentros. Contemplas el viejo quiosco del parque, que va a ser derribado, dejando atrás sueños y vivencias infantiles de muchas generaciones. El día se presenta claro, diáfano, como esa luna que reinaba anoche en el horizonte. Unos niños juegan en el parque con la arena y los columpios. Unos jóvenes practican su deporte favorito. Montas en tu bicicleta después de tantos meses. Preparas un poco tus piernas para la nueva temporada. Para esta primavera que llama a la puerta de esta zona del planeta conmocionada también por la incertidumbre, el terror y la intransigencia.

JOSEFINA ALDECOA, LITERATA Y PEDAGOGA

JOSEFINA ALDECOA, LITERATA Y PEDAGOGA

     Acaba de dejarnos en un pueblecito de Cantabria la escritora Josefina Aldecoa, que hace pocos días cumplió ochenta y cinco años. La literata de la llamada Generación de los Cincuenta, compartió con su esposo Ignacio Aldecoa, con Jesús Fernández Santos, con Carmen Martín Gaite y con Alfonso Sastre, entre otros, una serie de inquietudes sociales que germinaron en plena posguerra y que tenían sus raíces en los años de la efímera Segunda República.

     La escritora leonesa (La Robla, León, 1944) fue hija y nieta de maestras republicanas. Por ello la pasión por la educación marcó su vida y esta pasión se refleja tanto en sus obras como en sus ideas pedagógicas, plasmadas en numerosas reflexiones y puestas en práctica en la fundación del colegio Estilo, pionero en pedagogía y heredero directo de las ideas de la Institución Libre de Enseñanza.

     He leído muchas obras de Josefina, pero entre todas ellas me quedo con Los niños de la guerra (1983) e Historia de una maestra (1990). En ambas novelas están presentes sus inquietudes personales, su difícil andadura como maestra rural y sus preocupaciones por un entorno social y cultural pobre y degradado. Sus ideas sobre la educación están esparcidas en sus novelas, ensayos y numerosísimos artículos. He espigado algunas de ellas como educador y admirador de su manera de llevar a la práctica esta difícil tarea:

     EDUCAR ES AYUDAR A DESCUBRIR LO QUE EL NIÑO LLEVA DENTRO.

     ES NECESARIO DESPERTAR EN LOS NIÑOS EL SENTIDO CRÍTICO, LA FUERZA DE RAZONAR Y, SOBRE TODO, LA IMAGINACIÓN. HACER DE ELLOS PERSONAS TOLERANTES.

     CADA NIÑO ES ÚNICO Y DIFERENTE A TODOS LOS DEMÁS, Y TIENE QUE ADAPTARSE A UNA SOCIEDAD DIFERENTE.

NOCHE DE GALA EN LA ROMAREDA

NOCHE DE GALA EN LA ROMAREDA

     Hacía mucho tiempo que no se vivía una fiesta similar en La Romareda. Hasta los más veteranos se frotabann los ojos para comprobar si era verdad lo que estaban contemplando. El ambiente previo al partido ya presagiaba una noche diferente. Pero fue el desarrollo del encuentro el que convirtió la apacible velada futbolística preprimaveral en una noche mágica e imprevisible. Eso sí, sólo hubo un pequeño contrapunto, un pesado lastre que permanecerá - esperemos - unos meses más: las protestas contra la nefasta gestión de Agapito Iglesias, actual presidente y accionista mayoritario del club.

     En el terreno deportivo - que es lo que más nos interesa - el Valencia fue desde el principio un rival endeble, sin personalidad, casi desconocido. ¿Tanto daño le ha hecho su reciente eliminatoria en la Champions por el Shalke 04 alemán?. No lo sé. Pero esa fue la triste imagen que transmitió el tercer mejor equipo de la liga: una delantera apática, un mediocampo caótico y una defensa de carnaval. Sólo se salvó el portero Guaita y el lateral izquierdo Jordi Alba, dos firmes promesas que aspiran a un hueco en la selección. Los demás, nada de nada, incluido el joven entrenador Unai, que regaló el encuentro desde el principio. Esto no resta ningún mérito al equipo local, a un Real Zaragoza que renació de sus cenizas y realizó un encuentreo casi completo. La batuta del mexicano Javier Aguirre ha cambiado la mentalidad de un equipo heterogéneo y sin grandes figuras. Todos saben a qué juegan y todos se vuelcan en un sorprendente trabajo colectivo. Y eso tarde o temprano da sus frutos, como ese flamante cuatro a cero que figuraba en el marcador de La Romareda al filo de la medianoche.

     No sé si se volverán a repetir noches como estas en el cada vez más vetusto campo de la capital del Ebro. Pero a los que llevamos varios años siguiendo a este equipo nos alegra que los más pequeños, los que no vivieron la gesta de la Recopa de 1995, los que no vivieron la victoria de la Copa del Rey en Monjuic contra el Real Madrid, vuelvan a tener fe en un equipo con una gran asignatura pendiente: el olvido total de la cantera a la que se le ha dado la espalda sin ningún motivo.

TINTA DE HEMEROTECA

TINTA DE HEMEROTECA

     La vida efímera de los periódicos, que arrojamos semanalmente a los contenedores, se convierte en algo valioso y difícil de conseguir, cuando se trata de una publicación de principios del siglo XX. Lo ideal sería tener entre mis manos un diario del año 1920, una fecha clave a nivel personal y a nivel social. Pero, ya que no tengo ese privilegio, me contento con la edición facsímil de El Diario del Siglo XX, que rescató hace unos años un diario nacional.

    Tengo que decir, ante todo, que 1920 fue el año del nacimiento de mi padre en Aliaga. Mi padre tendría ahora casi 91 años. Aún podría vivir, pero las condiciones de vida que le tocó vivir aceleraron su adiós hace casi treinta años.  En esa fecha nació también Miguel Delibes, recientemente fallecido. Y en esa fecha fallecieron dos grandes de España: el literato canario Benito Pérez Galdós y el gran torero José Gómez Ortega, "Joselito" como consecuencia de una cogida trágica en la plaza de Talavera de la Reina. El autor de los Episodios Nacionales falleció en su casa de Madrid y recibió un multitudinario homenaje de todos los madrileños.

    Pero el año 1920 también nos aporta otras efemérides. La muerte de estos dos personajes famosos ecipsó en cierto modo la desaparición del periodista aragonés Mariano de Cavia, que dedicó al periodismo 40 años de sus 65 de vida. Hay que destacar que su hoja de servicios fue una de las más brillantes de la prensa española. Otras noticias de este año tan significativo fueron la muerte del republicano Francisco Layret de un atentado en Barcelona; el asesinado en México de Venustiano Carranza, uno de los mayores enemigos de la guerrilla de Pancho Villa; el fin del imperio otomano; el fallecimiento de Eugenia de Montijo, viuda de Napoleón III; y, como noticia deportiva, el debut olímpico de la selección española de fútbol en Amberes, con Ricardo Zamora como baluarte en la portería.

     Un año para recordar o para olvidar, según como se mire. Un año también de terremotos - siete mil fallecidos en México -, de intransigencia - dieciséis años de prisión sobre Miguel de Unamuno - y de solidaridad: acogidos en Madrid 228 muchachos de Riotinto, que vivían en la miseria por la huelga en las minas.

     Fechas para olvidar, fechas para recodar, fechas para reflexionar sobre la rueda del destino, la fatalidad y lo efímero del tiempo.