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josemarco

DULCES AUSENCIAS

DULCES AUSENCIAS

                                        Como un tenue Leteo

                                       que fluye por las sendas del olvido

                                       se cruzan muchas vidas

                                       en tu camino incierto

                                       y dejan una estela,

                                       un recuerdo fugaz.

 

                                        Son vidas como huellas,

                                       como dulces ausencias

                                       vidas enamoradas,

                                       vidas apasionadas,

                                       vidas con la mirada en el futuro.

 

                                       Y un día,

                                      como en sueños,

                                      reaparecen todas las personas

                                      que encendieron la luz

                                      de tu mirada

                                      en un fugaz instante.

                                       Y vuelven al presente

                                      desafiando al tiempo

                                      y rompen ese lazo

                                      que te ataba al pasado

                                      como un espejo roto.

 

                                      Espejos, sueños rotos

                                     y una mira azul hacia el mañana

                                     mientras el tiempo pasa

                                     y la memoria

                                     desafía el olvido

                                     y abraza el infinito.

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

     Leer la última novela de Antonio Muñoz Molina es adentrarse en un mundo sinuoso, carnavalesco y, en ocasiones, espectral. La noche de los tiempos, un libro que se acerca a las mil páginas, me ha envuelto desde el principio por su portentosa capacidad para el detalle, por su prosa envolvente y por su estilo limpio, nítido y sugerente.

    Sin llegar a la altura de su obra maestra, El jinete polaco, esta novela supone un regreso a las mejores páginas de un maestro de la narrativa y de un gran conocedor de la lengua con todos sus registros. Porque la historia del arquitecto madrileño Ignacio Abel es sólo un pretexto para acercarnos a los primeros meses de 1936 y a las semanas posteriores al inicio de la guerra civil.

     El tejido narrativo y la trama amorosa no deben cegar a los buenos lectores e inducirlos al desprecio o al olvido de un relato coherente y deliberadamente poético. Es verdad que a la novela pueden sobrarle algunas páginas, es verdad que el tema de la guerra civil ya está trillado y saturado. Pero también es cierto que pocos autores como el narrador de Úbeda han sido capaces de crear un clima intrahistórico, olvidado con frecuencia por las jóvenes generaciones.

    Me han cautivado las descripciones de ese Madrid prebélico y desconcertante. Me han llegado muy adentro las reflexiones sobre la inutilidad de las guerras, sobre los falsos fanatismos y sobre las secuelas de la cruedad. Pero lo que más me ha seducido es ese fluido de la prosa, ese dominio del arte de narrar, esa deliberada reiteración de atmósferas, de sentimientos, de vidas truncadas, de futuros inciertos, de viajes sin retorno.

    Es verdad que los personajes no están tan perfilados como quisiera el lector, es verdad que la trama no es original, es verdad que el final es bastante previsible.  Pero los que leemos una novela bien escrita, pasamos de puntillas por encima de estos perfiles anecdóticos y nos adentramos en lo que realmente importa: el arte de escribir bien, la tenue frontera entre la narración y el ensayo, el latido poético de cada párrafo, la agilidad de una prosa que pocos escritores actuales pueden igualar. 

UNA UTOPÍA CULTURAL

UNA UTOPÍA CULTURAL

     A veces, y con demasiada frecuencia, embarcarse en una empresa cultural puede rozar lo utópico y lo inverosímil. Esto es lo que le ocurre a Florence Green, protagonista de La librería, novela escrita en 1977 por la autora inglesa Penelope Fitzgerald (1916-2000) y traducida al español para la editorial Impedimenta por Ana Bustelo.

     La librería es una novela sencilla, pero no simple. Su lectura nos invita a reflexionar sobre los problemas que una apuesta desinteresada por la cultura desencadena en un minúsculo pueblo costero de Suffolk hacia 1959. Una viuda decide abrir una librería-biblioteca en una mansión deshabitada y corroída por la humedad. Sólo tiene la ayuda de una niña de diez años y el apoyo de un viejo amigo. Pero esta empresa ilusionante sólo dura apenas doce meses. Las fuerzas vivas del lugar, el caciquismo, la envidia y la hipocresía moral reinante van socavando poco a poco el entusiasmo inicial de la protagonista. Florence, cansada y acorralada, decide abandonar el pueblo y dejar a sus habitantes sin este proyecto utópico e ilusionante. La casa vuelve a quedarse vacía, con sus extraños fantasmas y en manos de especuladores que la dotarán de un uso más práctico y lucrativo.

      La lectura de esta pequeña novela, aunque no me ha entusiasmado, me ha llevado a evocar esa España rural de los años sesenta, huérfana de cultura, desconfiada con todas las novedades editoriales, caciquil, corroída por la envidia y dominada por el qué dirán. Sin embargo, no hay que remontarse a esos años tan grises para volver a vivir situaciones similares a la que narra Penelope Fitzgerald. Tanto en el medio rural como en determinadas zonas urbanas, se sigue viendo con extrañeza, e incluso con recelo, una apuesta por la cultura sin otros intereses lucrativos o políticos. Y ahora, con la crisis económica como espada de dámocles, apostar por la cultura es más que nunca una utopía, una aventura llena de incertidumbre.  

SED DE PODER

     A veces uno se pregunta qué tiene el poder, qué secretos guarda en sus entresijos, qué hechizo desprende, qué fascinación promete. Y, después de reflexionar días y días, uno se da cuenta de que los políticos, expolíticos, empresarios y mucha gente de a pie buscan su propia parcela de poder, su propio ámbito de dominio, su propio territorio autónomo e inalienable.

     A medida que se acerca la cita electoral del 22 de mayo, todos los líderes políticos afilan sus cuchillos, afilan su lengua, y prometen y prometen sin ton ni son. Los más atrevidos - especialmente los de la oposición - reclaman un día sí y otro también la dimisión de los rivales. Eso sí, no piensan - ingenuos - que a ellos les va a ocurrir exactamente lo mismo, que ellos no van a ser la panacea para los males de este país. Y si no que relean los Artículos del joven escritor romántico Mariano José de Larra.

     Eso se llama simplemente sed de poder, o hambre de poder. Porque, al parecer, nadie quiere perderse el protagonismo en la próxima cita con las urnas. Nadie quiere quedarse fuera de las listas. Los que están dentro, se niegan a abandonar el barco, aunque esté haciendo aguas por todas partes; los que están fuera, intentan hacer todo lo posible por ascender, por medrar, por figurar en lo más alto del podio.

     Y me vuelvo a preguntar: ¿Qué tendrá el poder para seducir a tantos y tantas? ¿Prestigio? ¿Fama? ¿Dinero? ¿Estatus social? ¿Capacidad de maniobra? ¿Libertad de movimientos?...Cada vez dudo más de la atracción de estos hechizos. Cada vez me convenzo más de que esta ansia de poder obedece más a un montaje, a una parafernalia, que a la razón auténtica. Una razón que debería ser la responsabilidad, la dedicación plena,... Eso creen los ciudadanos que deben asumir los políticos. Y para eso les votan. Para que solucionen los problemas con una actitud más de servicio que de dominio, más de implicación que de apariciones ocasionales, más de autocrítica que de continuas críticas, reproches y descalificaciones contra el rival de turno.

     El ciudadano cada vez advierte con más claridad este mundillo contaminado y poco coherente. Por eso no sabe a quién votar, por eso opta a veces por el voto en blanco, o por la abstención. Y, aunque no es bueno el voto de castigo, sería conveniente que los líderes políticos reflexionaran, dejaran el cargo a tiempo o no mostraran en público tanta ansiedad por gobernar, tanto afán por desbancar al rival, tanta sed de poder.

 

EL TIEMPO DEL AMOR

EL TIEMPO DEL AMOR

                               El tiempo del amor

                               es tan fugaz

                               como los sueños dulces

                               de la lejana adolescencia.

                               Es un tiempo azotado

                               por la rutina gris de las mañanas

                              y el crepúsculo triste

                              de noches solitarias,

                              cual una nube rota.

 

                              El tiempo del amor

                              reclama intensidad

                              y alienta melodías de futuro

                              porque es algo tran breve

                              como el latido azul

                              de un corazón

                              herido de esperanza.

 

                              Es un tiempo fugaz,

                              breve como la vida

                              de la rosa,

                              efímero y fatal,

                              contradictorio,

                              sembrado de deseos

                              y promesas.

 

                             Es un tiempo feliz,

                             pero tan frágil...

                             como las alas de esa mariposa

                             que anticipa sin más

                             la ansiada primavera.

ÁNGEL PARÍS

ÁNGEL PARÍS

     Me considero afortunado al tener entre mis manos el primer poemario de la poeta aragonesa Clara Santafé (Zaragoza, 1985), publicado en 2009 por la editorial Comuniter en su colección Resurrección. Ángel París es un libro de pequeño tamaño, pero de gran aliento poético. La autora aborda en 52 poemas la vida de la actriz de porno francesa Karen Bach, conocida también como Karen Lancaume y como Ángel París.

    Son versos que fluyen entre la tristeza y la angustia de una mujer desgraciada y desengañada de la vida - se suicidó a los 31 años - El acierto de los poemas de Clara Santafé reside sobre todo en el tratamiento poético de un tema tabú de un modo profundo, sugerente y entrañable. Poemas como Abierta hasta el amanecer - Pero hay días en que necesito /vengarme de la Humanidad - Garganta profunda - Toda la melancolía del mundo / nació en la primera noche febril de la tierra - o Cronos (carta del suicida necesario) - Pero para no vivir hay que morir / y no es tan sencillo el verbo - nos sumergen en un microcosmos de miedos, recuerdos, soledad y hastío. La vida y la muerte se dan la mano. El placer y el dolor se hermanan en una profunda y descarnada paradoja: Muero y soy un esqueleto de tierra / y entonces descubro la felicidad / estrenando el regalo tardío / de lo opaco.

     La autora - que se declara admiradora de Bertolt Bretch,  de los poetas del 27 y de Ángel González - nos regala además un ramillete de aforismos poéticos que se acercan a las greguerías vanguardistas de Ramón Gómez de la Serna: LA LENGUA: Beluga / amaestrada; LOS OJOS: Carrillón / por el que a veces / se asoman / panteras / o medusas; LOS LABIOS: La luna / articulada; EL CLÍTORIS: Mosca a punto / de morir ahogada / en gelatina.

     Después de saborear los versos de este rico poemario, nos queda el sabor agridulce de una vida desdichada  de la venganza poética, del triunfo de lo vital sobre lo efímero y vulnerable. Nos queda además el sorprendente impacto visual de unos versos que se deslizan con una sensibilidad a flor de piel, a flor de palabra, a flor de sentimiento. Ángel París es el fruto poético de una historia febril y desgarradora, es la invitación a un viaje metafórico por los suburbios de un París nocturno y paradójico, es un homenaje a la vida como camino fugaz e imprevisible.

JOAQUÍN COSTA, EL GRAN DESCONOCIDO

JOAQUÍN COSTA, EL GRAN DESCONOCIDO

     Tengo entre mis manos la edición facsímil de la breve biografía de Joaquín Costa (Monzón, 1846 - Graus, 1911), escrita en 1918 por Pedro Martínez Baselga y recuperada par los lectores por la Institución "Fernando el Católico", con un jugoso prólogo del erudito Eloy Fernández Clemente.

     Precisamente hoy, 8 de febrero, se cumplen cien años del fallecimiento en Graus de este insigne aragonés, que está enterrado en el panteón de personas ilustres del cementerio zaragozano de Torrero. El título de este pequeño libro, ¿Quién fue Costa", surgió de la pregunta que un niño le hizo a Baselga al contemplar la estatua del economista, político y pensador en su panteón del cementerio. Esta misma pregunta me han planteado la mayoría de mis alumnos de secundaria cuando les he hablado un poco del "león de Graus". La mayoría ignoraban a este aragonés que, junto con Gracián, Goya, Buñuel, Sender e incluso Labordeta, podrían figurar entre los máximos representantes aragoneses tanto a nivel nacional como internacional.

     Lo que ocurre con Joaquín Costa es que no se leen sus obras, reservadas sólo para reducidos ámbitos universitarios. Por eso los jóvenes - y seguramente también los adultos - sólo recuerdan a Costa asociándolo a una calle céntrica o a un colegio o instituto de educación. Esa es la triste realidad, a fecha de hoy. No sé si los actos que comienzan hoy en Graus y que continuarán durante unos meses por Aragón y por alguna ciudad española contribuirán a que Costa deje de ser un desconocido. ¿Nos imaginamos a Goya sin contemplar sus cuadros? ¿O a Gracián sin leer El Criticón? ¿O a Buñuel sin ver sus películas? Pues eso está ocurriendo con la obra de Costa: casi no se edita, no se lee y está poco accesible en las blibliotecas públicas.

    Quiero plasmar unas líneas de la obra de Martínez Baselga como homenaje personal a este aragonés que, a pesar de todo, sigue perviviendo en el tiempo:

     "Costa no era un matón, ni un hombre de mal humor, ni siquiera un taciturno. Era un alma dolorida, porque su vida fue un calvario; tenía un corazón muy grande, sufriendo por todos sin dar importancia a sus propias penas; pero en sus conversaciones con sus íntimos, era chistoso y socarrón...Era muy amigo de los niños, para quienes siempre llevaba caramelos; gran defensor de las mujeres y, sobre todo, de las madres, y entre éstas de las que perdieron sus hijos en Cuba y Filipinas; defensor de pobres y de ricos, si éstos eran justos, y el hombre más afectivo y llorón que he conocido en mi vida".

. FOTOGRAFÍA: Monumento a Joaquín Costa en Zaragoza

¿AÚN EXISTE LA NOBLEZA?

¿AÚN EXISTE LA NOBLEZA?

     Mientras tomaba un cortado ayer tarde en el café del Marqués, comencé a hojear el periódico y me sorprendió una noticia aparentemente banal e intrascendente: El monarca español Juan Carlos I acaba de conceder el título de marqués a varias personalidades relevantes de la vida española de los últimos meses. Entre ellos figuran el seleccionador español de fútbol Vicente del Bosque y el reciente premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. 

     Me sorprendió por varios motivos: pensaba que los títulos nobiliarios ya estaban obsoletos y sólo figuraban en los libros de historia o en los manuales literarios; creía que el marquesado era de otras épocas, y me vinieron a la mente autores como el Marqués de Santillana o personajes literarios como el Marqués de Bradomín, protagonista de la excelente Sonata de Otoño valleinclanesca; ignoraba que en la Constitución Española figura un artículo que hace alusión explícita a este privilegio que queda en manos de la iniciativa real.

      No tengo nada en contra de estos personajes, sino todo lo contrario: admiro a Vicente del Bosque desde que era un excelente jugador hasta que ha conseguido un éxito histórico como entrenador de la selección española y tengo una especial devoción literaria por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, nacionalizado español desde hace muchos años. Pero, a pesar de todo, no acabo de asimilar esta noticia en pleno siglo XXI. Me parece una vuelta al pasado, un rizar el rizo, una concesión a la galería. Porque está claro que este título no conllevará los privilegios de antaño - exención de impuestos, propiedades privadas... - ¡Hasta ahí podíamos llegar! -  Sorprende, además, que este título honorífico se haga extensivo a sus consortes y a su descendencia. ¡Parece mentira!

    De todos modos, seguiré frecuentando el café del Marqués, recordaré con frecuencia al Marqués de Santillana y sus Serranillas, reconoceré la labor del Marqués de Villena y volveré de vez en cuando a las páginas de Valle-Inclán. Pero no se me ocurrirá pensar en marqueses actuales, por muy famosos que sean. Para mí, son costumbres aristocráticas de otros tiempos. Eso sí, seguiré admirando al escritor y al deportista por sus logros para el idioma y para el deporte español.

       

LA MAREA BLANCA

LA MAREA BLANCA

                                       Cae la nieve fugaz

                                       en este valle gris asilenciado

                                       por los duros rigores del invierno.

                                       Se posa el manto blanco

                                       sobre el cauce del río

                                       y sobre los tejados relucientes

                                      de  casas encaladas

                                      que albergan silenciosas

                                      con ojos de nostalgia

                                      el eco de un pasado.

                                      Casas como personas,

                                      casas como azucenas

                                      ajadas por el tiempo.

 

                                     Mientras la nieve cubre

                                     las calles de tu infancia,

                                    contemplas la fachada de tu casa

                                    inundada de paz y de recuerdos.

                                    Una oleada azul

                                    revive aquellos días invernales

                                    de sueños e inquietudes,

                                    perdidos ya en la bruma

                                    de esta marea blanca

                                    que oculta el tono gris

                                    de los adioses

                                    y el poso de nostalgia

                                    eternizado.

 

                                 Cae la nieve fugaz.

                                Y el valle se recrea en los silencios

                                de vidas que se fueron

                                y alimentan el eco

                                de las casas con alma,

                                con ojos de pasado,

                                con ojos de nostalgia

                                heridas por el tiempo

                                y la memoria.

LENGUA DE MAPA

LENGUA DE MAPA

     La joven poeta Almudena Vidorreta (Zaragoza, 1986) acaba de presentar su tercer poemario - Lengua de mapa - que obtuvo el año pasado el primer premio de poesía en castellano de la Universidad de Zaragoza. Después de los dos libros anteriores - Tintación y Algunos hombres insaciables -, esta antología se adentra de nuevo en un lenguaje metafórico, alegórico y decididamente coloquial.

     Lengua de mapa nos propone varios viajes, diversas aventuras por un entorno urbano, por una andadura literaria y por los entresijos de la pasión y el erotismo. Es una geografía íntima llena de incertidumbre y preñada de presagios. Una lengua que requiere un aprendizaje, pero que nos cautiva "con el suave bálsamo de la palabra". Una lengua que se remonta a los tiempos más remotos, pero que nos reclama desde el silencio. Una lengua que diseña los caminos secretos del amor, los vericuetos de los sueños, las trampas del destino.

    Almudena llega con este libro a una madurez poética digna de tenerse en cuenta. En alguno de sus poemas hace un guiño a José de Espronceda, a Cavafis, a Brenda Ascoz, a Ángel Petisme. Porque en esta geografía urbana, humana e íntima se trasluce un aliento literario, una admiración por la palabra con mayúscula, un homenaje a los que día a día realzan el idioma. El camino está abierto,la senda está marcada. Sólo nos queda disfrutar con la lectura cadenciosa de este regalo poético y encontrar nuestro lugar en el mapa de la vida.

     He elegido uno de los poemas que leyó la autora el pasado miércoles, durante la presentación del libro en la librería Cálamo de Zaragoza:

                                             CAMINO

                                 Pies para caminar una senda mojada

                                por el sudor de los otros y tus propias lágrimas,

                                el camino que a veces se desentraña en mis brazos

                                y se abre para ti en lo profundo de mis piernas.

                                 Te daré mis pies para los recados incómodos,

                                para los caminos que no estaban previstos

                                y si hay que dar la cara ante el enemigo nuevo

                                también te daré mis pies.

                                 Todo para que sean las llagas de mis dedos

                                y las grietas de mis plantas

                                las que recojan las semillas secas

                                mientras caminan tus pies por las hojas verdes

                                de los valles que sembramos en otoño

                                cuando todos los demás se lamentaban

                                creyendo ver morir al último árbol.

EL SUEÑO DEL CELTA

EL SUEÑO DEL CELTA

     Acabo de leer El sueño del celta, la última novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en el 2010. Es una novela muy trabajada, para degustarla, como los buenos postres. Una novela para los amantes de la buena literatura. No tiene que envidiar nada a La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo o la extraordinaria La fiesta del Chivo.

     Mario Vargas Llosa nos regala un relato en el que destaca, ante todo, la figura de un soñador, de un héroe del siglo XX, de un hombre lleno de contradicciones y paradojas. El irlandés Roger Casement, uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo, se convierte en el eje de vivencias, peripecias históricas e inquietudes existenciales. Condenado a muerte en una cárcel de Londres en 1916, evoca los primeros años de su infancia en Irlanda, sus viajes al congo belga y su estancia de casi un año en la Amazonía peruana.

     Los amantes de la buena literatura podrán disfrutar de párrafos inolvidables, de descripciones magistrales y de acertadas reflexiones críticas. Los que leímos en su día El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y nos conmovimos con la película Apocalyse now, podemos hacernos una idea de la explotación de los indígenas en dos zonas del planeta, a principios del siglo XX. La terrible explotación del Congo  de Leopoldo II y del Putumayo peruano de Julio C. Arana es la punta del iceberg de una situaciónn de esclavitud humana rayana en la crueldad más espantosa. Todo por la codicia y el capitalismo salvaje.

     Pero el protagonista va más allá de estos lamentables hechos y nos revela una aventura existencial que tiene como norte y guía la causa del nacionalismo irlandés en la que trabaja sin descanso. Esta obsesión casi utópica le costará la vida. Pero será la semilla de una futura liberación para tantos seres humanos humillados, ninguneados y discriminados.

     De esta densa y rica novela, me quedo con el inicio del Epílogo. La metáfora del escritor peruano nos acerca a un héroe de carne y hueso, a un soñador, a una persona que dedicó su vida a ideales sublimes y permanentes. Ideales que  pervivirán, a pesar del paso del tiempo:

     La historia de Roger Casement se proyecta, se apaga y renace después de la muerte como esos fuegos de artificio que, luego de remontarse y estallar en la noche en una lluvia de estrellas y truenos, se apagan, callan y, momentos después, resucitan en una trompetería que llena el cielo de incencios.

LIDERAZGO POLÍTICO

LIDERAZGO POLÍTICO

    En estos momentos de incertidumbre política, de crisis económica y de convulsiones sociales; en estos momentos de inquietud preelectoral, de impaciencia por llegar al poder y de preocupación por dejar todo bien atado, llama la atención el talante tan diverso, pintoresco y casi paradójico de algunos líderes políticos. Ahora, precisamente ahora, intentan mostrarnos su mejor cara, su más abierta sonrisa, su inusual espíritu de tolerancia, su explosiva simpatía, su impagable generosidad, su repentino acercamiento al pueblo, sus acelerados viajes a los lugares más recónditos, su talante abierto y progresista.

    Pero, como el electorado es, afortunadamente, cada vez más perspicaz e inteligente, se da cuenta en seguida de lo que piensa el político de turno - sea del partido que sea -, de lo que pretende el aprendiz de líder, de lo que intenta transmitirnos aquí y ahora, a pesar de los pesares y contra viento y marea. Porque uno ya conoce a políticos y expolíticos y sabe más o menos cómo va a actuar si llega a formar parte del equipo de gobierno de un país, de una autonomía o de un ayuntamiento.

     Hay políticos de andar por casa, que sólo muestran su euforia entre los más allegados. Hay políticos dinosaurios, que hacen lo posible por seguir en la brecha, aunque el sentido común aconseje lo contrario. Hay políticos que sólo muestran su cara más amable durante los cuatro meses preelectorales. Hay políticos que disfrutan atacando al rival de turno, un día sí y otro también. Hay políticos que permanecen dentro del cascarón, cual caracol en invierno. Hay políticos que delegan y delegan, para no quemarse ante el posible votante. Hay políticos que se enamoran de su imagen, cual un narciso del siglo XXI. Hay políticos que en primavera renacen de sus cenizas cual una milagrosa ave fénix. Hay políticos, petulantes, pedantes, chabacanos, autoritarios, autistas, endomingados, castizos, ingenuos, soñadores, utópicos e inconformistas.

     ¿Hay algún líder político honrado y cabal? Seguramente lo habrá. Lo importante es que el ciudadano lo sepa valorar, por encima de siglas, tendencias, sentimentalismos o inclinaciones ideológicas. Pero, por desgracia, esta especie humana es cada vez más escasa y pasa casi siempre inadvertida al ciudadano de a pie.

 

DESTELLOS ENTRE LA NIEBLA

DESTELLOS ENTRE LA NIEBLA

     La densa niebla que persiste durante estos días invernales en las principales cuencas de la península, se abatía ayer tarde paulatinamente sobre las gradas y sobre el terreno de juego de la Romareda. Precisamente la niebla se ha convertido durante estas fechas de la cuesta de enero en una metáfora de los males que afectan a nuestro Real Zaragoza y que tienen difícil solución. Ni con la pírrica victoria de ayer sobre un rival que no demostró nada de nada, se van a solucionar los problemas de una entidad que navega a la deriva. Un barco pilotado por el empresario soriano Agapito Iglesias que, junto con sus asesores, está condenado, si no surge un nuevo milagro, al naufragio más absoluto a mediados de mayo. De en medio de esta niebla, emergió la casta y la lucha de Gabi, incombustible capitán, que se echó el equipo a sus espaldas y logró salvarlo de una nueva tarde aciaga y desastrosa.

    Mientras duraba un toma y daca sobre el campo, muchos estábamos atentos al marcador simultáneo que señalaba cómo el Villarreal, el mejor equipo que ha pasado por la Romareda esta temporada, superaba a un Osasuna peleón. Nos  enteramos por la radio de que uno de esos cuatro goles que le dieron la victoria a los amarillos fue obra de un aragonés, del genial Rubén Gracia "Cani", que al filo del minuto 50, se inventó una vaselina desde el medio campo que sorprendió al meta Ricardo y llevó el delirio a la grada. Un gol más del jugador de Torrero, a quien no valoraron lo suficiente en su propia casa y está llamando a las puertas de la selección con una racha impresionante. Cani emuló ayer tarde a Nayim. Es un gol similar al glorioso tanto del ceutí, que valió una recopa hace ya quince largos años. De entre la niebla zaragozana, surgió el destello de fuerza de Gabi. Pero el verdadero destello de la jornada fue de un jugador de la cantera del Real Zaragoza, Rubén Gracia "Cani". Dos destellos entre la niebla: el primero, de lucha; el segundo, de ingenio y maestría. ¿Lo habrá visto ya Vicente del Bosque? ¿Qué habrían dicho los medios si lo hubiera marcado Messi o Ronaldo? Pero el chaval de Torrero es más modesto. Y tiene los pies en el suelo. Eso sí, está jugando como los ángeles. Por encima de la niebla.

SUEÑOS OCULTOS

SUEÑOS OCULTOS

                                  

PUEBLOS DORMIDOS

PUEBLOS DORMIDOS

    Siempre me ha gustado viajar por carreteras secundarias, al margen de los caminos más trillados, siguiendo la sabia estela de los viajeros románticos. Siempre han despertado mi curiosidad esos pequeños núcleos rurales situados en una pequeña eminencia al borde del camino, a la orilla de un riachuelo, semiocultos tras una colina o un humilde cerro. Siempre me han cautivado esos paisajes azorinianos, esos senderos machadianos, esas rutas románticas recoletas y sorprendentes.

     En mi viaje navideño hacia Levante, me detuve en un pequeño pueblo muy pintoresco, situado a sólo trece kilómetros de Teruel. A pesar que desde mi infancia su nombre resonaba en mis oídos, nunca había tomado ese desvío de un kilómetro escaso para acercarme a Cuevas Labradas, a la orilla del río Alfambra.

     Y me sorprendió gratamente en una mañana soleada de invierno, el silencio de sus calles, la soledad de sus casas, el humear de algunas chimeneas, la enhiesta torre de la iglesia de San Juan Evangelista, su plaza recoleta y, sobre todo, ese olmo milenario que, como el famoso olmo de Antono Machado en Soria, es un testigo mudo del paso inexorable del tiempo, del éxodo de sus habitantes en la segunda mitad del siglo XX, de la inclemencia de un clima invernal duro e implacable.

     En la provincia de Teruel hay muchos pueblos dormidos, muchos núcleos rurales que soportan año tras año el lento discurrir de los días invernales, el poso blanquecino de las rosadas, el brillo claroscuro de los hielos, el fantasma de la soledad y el abandono. Todos ellos intentan renacer de sus cenizas y, como Cuevas Labradas, cuidan cada vez más su entorno, atraen el turismo rural y potencian al máximo sus señas de identidad.

LA CANCIÓN DEL SILENCIO

LA CANCIÓN DEL SILENCIO

     Los Reyes Magos han vuelto a ser generosos. Porque me han regalado, un año más, buenos libros, buena literatura. Uno de los regalos anticipados ha sido La canción del silencio, novela de la joven escritora Leara Martell (Málaga, 1988). Leara escribía desde pequeña sus propias historias en el autobús, camino de la escuela. Y quedó finalista en 2006 en el premio literario Jordi Sierra i Fabra con El enigma de Isis, su primera novela.

     La canción del silencio gira en torno a un tema desgraciadamente cada vez más actual, la violencia de género. Pero lo que más me ha llamado la atención de la novela es su planteamiento estructural, ya que está dividida en cinco actos, y el punto de vista múltiple que aporta cada uno de los personajes - Aída, la protagonista; Fran Dávalos, el abogado defensor; Violeta, la amiga; Bruno, el enfermero, y el pequeño Canio, que toma el protagonismo desde el vientre materno. Todos estos personajes conforman un coro dramático e intentan salir del túnel oscuro en que se encuentran  a raíz del asesinato de Carlo Delveccio, un marido violento y maltratador.

    Este coro de voces, cual una sinfonía silenciosa, busca una complicidad para defender lo aparentemente indefendible. Porque Aída, que supuestamente ha matado a su marido, no sólo no se reconoce culpable, sino que reclama una absolución casi milagrosa. Su acto delictivo ha sido la consecuencia fatal de una situación insostenible, como la que viven tantas y tantas mujeres en pleno siglo XXI.

     La novela es también un guiño deliberado a la famosa ópera de Giuseppe Verdi, que aglutina a sus personajes en un coro dramático y se desarrolla entre la fatalidad y la incomprención. Precisamente la última frase de la famosa ópera aparece al principio y al final de la novela como un leit motiv asociado a las vivencias interiores, al silencio del alma y a esa eterna canción que alivia con frecuencia los momentos más crueles de la vida cotidiana: "Se abre el cielo y las almas errantes vuelan hacia la luz del día sin fin".

     La editorial malagueña Aladena nos brinda una novela para reflexionar sobre esta problemática social. Pero, sobre todo, nos ofrece la oportunidad de disfrutar de una lectura a caballo entre la narración, la introspección y la acción dramática.

LA IRREALIDAD NUESTRA

LA IRREALIDAD NUESTRA

    Tengo entre mis manos el primer poemario de la joven poeta aragonesa Clara Dávila Mateo (Zaragoza, 1987). Su título, La irrealidad nuestra, nos sumerge en un mundo personal que oscila entre el sosiego agridulce de la soledad y la tormenta interior de un amor que hiere y cicatriza.

     Es precisamente el amor el gozne sobre el que giran las tres partes de esta antología de poemas, editados por le leonesa Puente de Letras. El amor aparece y desaparece entre la niebla de un tiempo machadiano en una primera parte - "Búsqueda del tiempo" - en que las experiencias vividas trazan un camino efímero y evanescente. Esa búsqueda del tiempo se convertirá en esperanza, en incertidumbre y en afán de apresar lo efímero.

     Por eso en la segunda parte - "Desde lo más profundo" - la autora se agarra a la escritura, se aferra a la poesía - esa "palabra en el tiempo" - para desterrar la soledad y curar las heridas que van dejando las arenas movedizas de la memoria.

     Todo ello culmina en "Batallas y aventuras", esa tercera parte que intenta hermanar las contradicciones del amor, las huellas del desamor y el hechizo de los sueños de futuro. Los versos se van desgranando cual juegos infantiles que se transforman en latidos profundos de un corazón enamorado. Es la síntesis de un canto a la presencia del otro, del duro lastre de la ausencia, de la huella brumosa de un recuerdo efímero.

     Elijo uno de los poemas más representativos del libro como acercamiento a la obra de esta poeta zaragoza;

                                                DUELE

                               Una vida para sentirme mejor.

                               Daría mil veces, mil, lo que pidieras

                               porque dejara de llover

                               y la araña que teje nuestros corazones

                               quedase intacta, tejiendo y tejiendo...

                               Paseos por el súper mientras elijo nuestra cena

                               desterrando así la soledad que nos anochece.

                               Un eco de lo que tal vez pudo ser.

                               Ya no tengo nada que perder, y me duele.

COMPÁS DE ESPERA

COMPÁS DE ESPERA

     La tarde de San Silvestre siempre ha sido para mí una tarde de nostalgia, de recuerdos, de reflexión. Es verdad que el 31 de diciembre es un día más, que no es el final de ningún ciclo, ni el cierre de ningún proyecto. Pero el calendario lo ha elegido como una fecha simbólica y significativa.
     Esta tarde invernal, grisácea y húmeda me lleva año tras año a pensar en los trescientos sesenta y cinco días que han quedado atrás definitivamente. Y, como la memoria es muy selectiva, desfilan por mi mente los momentos positivos de estos doce meses. Recuerdo los pequeños logros personales, el crecimiento de mi hijo, las nuevas amistades, el calor de la familia, las ilusiones que siguen en pie, los sueños de futuro, el día a día esperanzado a pesar de los pesares.
     Esta tarde es también una tarde de deseos y de gratitud. De buenos deseos y de mil gracias para todos aquellos que han compartido conmigo estas líneas. Mi gratitud para los más de cien mil visitantes de esta bitácora desde el pasado mes de abril. Mis mejores deseos de felicidad para todos aquellos amigos y amigas que me empujan día tras día a vivir con ilusión el futuro más cercano.
     El año que termina no ha sido el mejor el el ámbito social y económico. Ni mucho menos. Es de desear que, a partir de mañana, la balanza se vaya inclinando hacia las cosas bien hechas, hacia la ausencia de hipocresía y victimismo, hacia la honradez de los políticos, hacia una economía más saneada y más justa. Es de desear que, más allá del limitado horizonte de nuestra ciudad, país o nación, los habitantes del planeta Tierra seamos cada vez más conscientes de que este capitalismo salvaje no conduce a ninguna parte. Es de desear que nos demos cuenta de que no es más feliz el que consume más, sino el que ama más, el que comparte más, el que contagia más entusiasmo e ilusión.
     Los problemas de este año no deben empañar una mirada limpia hacia el futuro, un talante cada vez más optimista, una actitud liberada de prejuicios. Por eso me gustaría brindar esta noche con la copa del optimismo, con las uvas de la generosidad, con los dulces de la felicidad de los pequeños momentos.


FELIZ AÑO 2011 PARA TODOS LOS QUE HABÉIS DADO MÁS VIDA A ESTAS PÁGINAS CON VUESTRO APOYO E INMENSO CARIÑO.

LA MEMORIA DE AGOSTO

LA MEMORIA DE AGOSTO

     Una fecha del mes de agosto de principios del siglo XXI, un episodio de amor laberíntico e intermitente, un buceo en la España del siglo XIX, un apasionante viaje en el tiempo, una novela sobre el azar, los sentimientos y esos instantes fugaces que se recuerdan para siempre.

     Lo que más me ha impresionado de La memoria de agosto, primera novela de la granadina Cristina Pérez Valverde (Loja, 1966) es su sorprendente originalidad. Una originalidad que no sólo se manifiesta en su estructura no lineal o en su deconstrucción del tiempo. Los sentimientos afloran línea tras línea. Unos sentimientos que van más allá de la relación entre Belén y César. El laberinto del amor se bifurca y va más allá del momento fugaz para hermanarse con el destino y bucear en las relaciones entre los antepasados. Una historia de espejos, de enigmas, sin resolver, de viajes apasionantes en el tiempo y el espacio.

    Pero la ópera prima de esta profesora de la universidad de Granada, ofrece además al lector retazos literarios, excelentes muestras del género epistolar y detalladas descripciones de Granada, La Coruña o Viena. Desde los poemas amorosos en francés hasta fragmentos de los sonetos de Shakespeare, la novela nos acerca a una narrativa intelectual, con guiños a la música, al cine y al arte.

     En La memoria de agosto los recuerdos se entrelazan con los sueños de futuro. Ese 11 de agosto de 2004, día de santa Clara volverá como un carrusel sentimental un año después. Todo ha cambiado, a pesar del afán por revivir el pasado. Lo único que no cambia es ese historia enigmática que aflora desde el fondo de un corazón que palpita a destiempo. Por eso las casualidades  extrañas y los azares recurrentes son las señas de identidad de esta novela.

BRUMA PRENAVIDEÑA

BRUMA PRENAVIDEÑA

    Te levantas con talante reflexivo y espíritu crítico. Te encaminas hacia el centro de la ciudad. Una ciudad semidormida, cubierta por la bruma en estas primeras horas de la mañana. Una ciudad alejada por unos momentos del ajetreo de las compras compulsivas, del concierto de luces y música navideña, del falso hechizo de estos días cada vez más lastrados por el capitalismo y la paradoja del progreso.

     La bruma que adormece la ciudad es como una metáfora de estos tiempos que nos ha tocado vivir. Una metáfora de unos políticos adormecidos, de unos jóvenes sin iniciativas, de una sociedad resignada y conformista. Mientras surcas las calles más céntricas, observas una manifestación en una de las plazas más emblemáticas

y ves en las puertas de los comercios y de las entidades bancarias algún mendigo que llora de necesidad.

     Estás en vísperas de Navidad. Una Navidad más, cada vez más laica, cada vez más desprovista de todo ropaje tradicional, cada vez más comercializada. Hojeas la prensa y te sorprende que se hable poco de lo que crees esencial. Te extraña que se dediquen tantas páginas, tantos titulares, a la posible supresión de la liga el próximo 4 de enero, a los pocos agraciados con la lotería, a los falsos ídolos del espectáculo o del deporte.

     Mientras regresas a casa, se comenta una noticia en el autobús: esta noche se despide Iñaki Gabilondo de su programa en la cadena CNN+. Y piensas que es una despedida agridulce, un adiós decepcionante. Iñaki va a dejar un hueco difícil de cubrir. Algunos respirarán tranquilos. Pero los auténticos demócratas notarán un vacío, un tremendo hueco.

    Al filo del mediodía, la ciudad comienza a desperezarse. Se notan las vacaciones escolares, se nota el ajetreo de las últimas compras. Se nota la paga extra - tremendamente recortada en tu caso. Algún ciudadano lleva su aguinaldo en la mano y camina presuroso. Quizás piense en los suyos. Y en la cena de mañana. Una cena de ausencias, de recuerdos, de cálidos mensajes. Al margen de las servidumbres del progreso, al margen del consumo compulsivo.