Blogia

josemarco

FIESTAS

FIESTAS

     A medida que se esfuma el verano, las fiestas de los pueblos llegan puntuales a su cita y marcan un antes y un después de la actividad anual, muchas veces monótona y anodina. Antes la fiesta suponía, además de su orientación religiosa, un respiro y un alivio para aquellos trabajadores del campo que veían con satisfacción cómo llegaba a los graneros el cereal o cómo la uva recién vendimiada se recogía en las cooperativas. Estoy hablando, por supuesto de las fiestas rurales, las fiestas más populares y las que conservan todavía ciertas raíces.

    Sin embargo, desde hace unas décadas, las fiestas han cambiado mucho. Han surgido las peñas - que en algunos pueblos crecen como setas -, se han creado las comisiones de fiestas y se han multiplicado actos lúdicos de todo tipo. Y, aunque en esencia parecen las mismas, no lo son ni mucho menos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los que participamos en las fiestas residimos fuera y acudimos sólo cuatro o cinco días o el fin de semana. Los que viven el el pueblo, que son pocos, son los que sueñan más con las fiestas, los que las viven con más ilusión y los que intentan conservar algo del pasado.

    En Aliaga acaban de terminar unas fiestas multitudinarias. Hay que destacar el papel de la comisión y la aportación de las peñas. Pero también hay que quedarse con los festejos taurinos - tan tradicionales es este pueblo - y con los actos en honor de la patrona, la Virgen de la Zarza. Personalmente echo de menos los fuegos artificiales de la noche del día siete, los juego populares en las eras largas y el baile en la calle mayor o en alguna de las plazas como la del Bote. Es verdad que todo ha cambiado y que hay que innovar. Pero no costaría mucho compaginar actividades de siempre con nuevas iniciativas.

    De todos modos, las fiestas también suponen un reencuentro con los amigos, una alteración de los rígidos horarios habituales, una visita a lugares emblemáticos del pueblo, un cambio de talante, una actitud más abierta y tolerante. Lástima duren tan poco y sean tan efímeras como este verano que se nos escapa de las manos como lluvia de arena. 

CERVERA DEL RINCÓN

CERVERA DEL RINCÓN

     Cada mes de agosto aprovecho para acercarme a pueblos casi olvidados que conforman la geografía del Teruel profundo. Son enclaves solitarios, pintorescos, perdidos entre las montañas agrestes y los valles profundos. Uno de estos pueblos es Cervera del Rincón, situado al abrigo de una de las estribaciones de la sierra de San Just y envuelto en el silencio y la soledad, incluso en pleno verano.

     En invierno no llega a la veintena de habitantes, pero en verano los hijos del pueblo o sus descendientes vuelven unos días a la tierra que les vio nacer y recorren sus campos, ascienden a sus montañas o se acercan a lugares que ha mimado la naturaleza como Las Parras de Martín. Sus más de mil doscientos metros de altitud lo emparentan con localidades cercanas como Son del Puerto, Pancrudo, Rillo, Fuentes Calientes o Mezquita de Jarque. Pero Cervera es peculiar. Destaca su torreón medieval, sus peirones y el frontispicio de la iglesia de la Asunción.

    Para ir desde Aliaga a Cervera tomamos una pista forestal asfaltada que parte desde Mezquita de Jarque. A la izquierda dejamos el nacimiento del río La Val y a la derecha se asoma Son del Puerto, entre altivas rocas y oscuros pinares. Pero todavía hay que acercarse hasta las abandonadas minas de Rillo y dirigirse hacia Pancrudo, municipio al que pertenece Cervera. Todo han sido malabarismos para visitar a unos familiares que residen en Valencia y buscan en verano unas temperaturas suaves y una inusual tranquilidad.

    Ahora Cervera del Rincón ya no es un pueblo perdido al final de la carretera. Me comenta mi primo que han asfaltado la pista que se dirige a Las Parras de Martín y desde allí pueden acercarse a Utrillas para comprar o para pasar un día de ocio. Decidimos por eso regresar a Aliaga por Las Parras y, de paso, conocer un nuevo pueblo de la provincia. Un lugar casi desconocido para muchos aragoneses y muy valorado por la orografía que dibuja el cauce del río Martín: cascadas, cuevas y pozos imponentes. La ruta es difícil y complicada, pero el paisaje que observamos merece una nueva visita con más calma. Ya anochece cuando dejamos a la izquierda la factoría Casting Ross y llegamos a Utrillas. Ahora sólo nos queda una parada casi obligada: la fuente del vaso. Saboreamos el agua fresca y cristalina que baja de la sierra y llegamos a casa con una sensación agridulce. Dentro de pocos días estos pueblos volverán a quedarse casi vacíos: sin niños en las calles, sin chimeneas humeantes en invierno, sin un bar donde charlar o jugar la partida de guiñote.

LAVADEROS

LAVADEROS

     El regreso a la ciudad después de tres semanas en el pueblo viene acompañado de recuerdos no exentos de nostalgia. Uno de los lugares más tradicionales de los pueblos de toda España es el lavadero. Cuando en los pueblos no había agua corriente (de eso no hace tantos años) las mujeres acudían con su canasta mimbre llena de ropa al lavadero para realizar esa tarea que hoy ya no valoramos porque tenemos lavadora en casa y parece que eso ha existido siempre. Pero los lavaderos no sólo eran un lugar para hacer la colada. Allí se encontraban las mujeres del pueblo, comentaban los hechos más relevantes, compartían inquietudes y rompían un poco la rutina de las cuatro paredes de la casa.

    Ahora los lavaderos se conservan como una reliquia y muy pocas personas se acercan a ellos. En la página Teruel pueblo a pueblo de facebook hay una sección dedicada a los lavaderos. En ella se muestran 84 fotos de para todos los gustos y colores. Hay lavaderos antiguos, restaurados, pequeños, recoletos, acogedores, a la intemperie,... Pero todos tienen en común ese sabor a pasado, a vestigios de décadas ya casi olvidadas, a rincones semiabandonados y condenados a un futuro incierto si nadie lo remedia.

    Conozco varios lavaderos, especialmente de la provincia de Teruel. Por supuesto, el de Aliaga es el que me trae más evocaciones, tanto de mi infancia como de la infancia de mi hijo. Allí hemos jugado a barcos, allí nos hemos refugiado de las tormentas, allí nos hemos escondido, allí hemos buscado la sombra en los calurosos días de verano. Pero, además del lavadero de mi pueblo, recuerdo con cariño el de Cirujeda, anejo auna fuente y a un pequeño parque infantil fresco y recoleto. Cada verano me acerco a este barrio rural de Aliaga y me asomo a su poza y saboreo el agua fresca. También recuerdo el de Cobatillas, cerca del cauce del río Seco, semiabandonado y olvidado, pero muy acogedor. El último lavadero que me llamó la atención fue el de Tronchón, pueblo que visité por primera vez la semana pasada. Es un lavadero distinto, original, muy bien conservado. También me impresionó hace unos ocho años el lavadero de Cuevas de Cañart: parece una obra de arte. Y lo es. Pero todavía conservo en mi retina otros lavaderos de la provincia de Teruel, la mayoría de la comarca de las cuencas mineras. En el de Montoro de Mezquita aún lavaba la ropa una vecina hace pocos años.

    Fuera de la provincia de Teruel y de Aragón, quiero evocar al lavadero de Massalavés, en el que mi hijo ha pasado muy buenos ratos a la hora de la siesta, buscando la sombra y el rumor del agua. Todavía alguna mujer se acercaba a lavar alguna prenda hace unos diez años. Hoy está restaurado y muy bien conservado.

     No sé qué será de los lavaderos en el futuro. De momento, la mayoría están en un aceptable estado de conservación. ¿Se les podría dar otro uso? De todos modos, ahí están como huella visible y sonora de los quehaceres de hace dos generaciones.

(En la foto: El lavadero de Aliaga)

TRONCHON

TRONCHON

     Poco a poco voy conociendo todos los pueblos de la provincia de Teruel, de mi tierra. El pasado día 25, fecha de mi cumpleaños, me acerqué con los míos a la localidad turolense de Tronchón. Esa mañana pudimos disfrutar de un paisaje agreste, salvaje, pintoresco. El viaje de casi una hora desde Aliaga a este rincón encantador nos acercó a Pitarque, nos aproxímó e Villarluengo y nos permitió contemplar a lo lejos la silueta inconfundible de un pueblo con raíces medievales y huellas renacentistas. Es un pueblo enclavado en un lugar estratégico, baluarte defensivo durante las guerras carlistas y famoso por el exquisito queso de oveja y cabra, citado por Cervantes en El Quijote.

    Las calles de Tronchón son empinadas, recoletas, adustas. Descendiendo por una de ellas y dejando a la izquierda el histórico trinquete y la esbelta y desnuda torre de la iglesia, llegamos a Casa Matilde, uno de los lugares más visitados de la población. Allí nos recibe una mujer menuda, campechana y llena de amabilidad. Desde el primer momento nos sentimos como en casa. Porque Matilde es la dueña de una casa rural restaurada que ofrece a los visitantes un menú como los de antes: copioso, variado y muy nutritivo. Vale la pena acercarse a Tronchón para saborear los entremeses, el rabo de todo o el solomillo de casa Matilde.

    La tarde fresca, a pesar de estar todavía en agosto, nos permite acercarnos a visitar Casa Colás, en La Cañada de Benatanduz, otro pueblo pintoresco enclavado en un valle elevado y otoñal. La carretera es sinuosa y está cortejada por montañas escarpadas y desfiladeros sublimes. Nos recibe con los brazos abiertos los descendientes de la familia de mi abuelo materno. Me dice mi primo que los Colás descienden de Fortanete y se establecen luego en Troncón y en La Cañada. Precisamente me muestra un escudo de armas de una fachada de una cada de Tronchón. La tarde se desliza lenta, con una lejana amenada de tormenta que no llega a cuajar. Regresamos a Aliaga por Fortanete, por Villarroya de los Pinares, por Miravete. Lugares con encanto, castigados por un implacable clima invernal y por el lastre de la emigración. Masadas abandonadas, casas solitarias y una inmensa nostalgia.

    Un día para recordar. Una ruta para reeditar con más calma. Un paisaje de ensueño. Unos rincones arcádicos. Una soledad que grita desde dentro.

(FOTOGRAFÍA: Uno de los rincones más pintorescos de Tronchón).

OLIETE

OLIETE

     Pocas veces son noticia a nivel nacional pueblos de la olvidada y cada vez más despoblada provincia de Teruel. Y cuando aparecen en las portadas de los principales medios de comunicación es para hablarnos de anomalías climáticas como temperaturas extremas en invierno, problemas en infraestructuras, conflictos laborales o - como en este caso - desastres naturales producidos por los caprichos de la meteorología.

     Uno de los municipios más afectados ha sido Oliete, pueblo que ronda los cuatrocientos habitantes, que está situado en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos y que, como tantos otros, sufrió una brutal emigración de sus vecinos durante los años 60 y 70 del siglo XX. Esta vez los daños no han sido sólo materiales. Las consecuencias han sido mucho peores, ya que uno de sus vecinos está desaparecido desde el pasado sábado y se teme lo peor. Sorprende y atemoriza contemplar las imágenes de dos ríos, el Seco y el Martín, que han roto su caudal apacible y normalmente escaso en los meses de verano para rebelarse contra todo y contra todos.

      Sólo he estado en una ocasión en Oliete. Fue en el verano de 2006, a finales de agosto, para visitar a mi amigo Fernando Aínsa, escritor hispano-uruguayo de origen aragonés que ha vuelto a las raíces de sus antepasados y ha recuperado la casa de sus abuelos. Después de visitar a Fernando, nos acercamos al pantano de la Cueva de la Foradada y contemplamos ese río, el río Seco que paradójicamente se convirtió el sábado en un torrente incontrolado. Precisamente ese mismo día comenzaban las fiestas mayores de la localidad y después del pregón una tormenta anegó las calles y removió los barrancos. Ante esa perspectiva, decidimos volver enseguida a Aliaga. Eso sí, durante el viaje por la comarca de las Cuencas Mineras los rayos y los truenos nos llenaron de inquietud.

     Oliete tampoco me trae buenos recuerdos. Un exalumno mío del instituto de Miralbueno quedó atrapado en la sima de San Pedro mientras realizaba una actividad lúdica de espeleología.  Entonces, en la década de los 90, todavía no conocía Oliete. Había oído hablar mucho de ese pueblo porque uno de mis amigos nació allí. Pero lo más curioso es que la última vez que coincidí con Fernando en la presentación de su último libro de ensayos, le pregunté por Oliete, por su casa, por su huerta, por sus frutales y me comentó que últimamente la lluvia era escasa y la sequía avanzaba. Ahora les ha llegado el agua. Pero para mal. Ni los más ancianos del lugar recuerdan una avenida tan vilolenta. Las imágenes de la televisión hablan por sí solas. Es de esperar se encuentre con vida al vecino desaparecido. Sería la mejor noticia de este mes de agosto.

BUÑUEL

BUÑUEL

       Tal día como ayer, hace treinta años, el director de cine aragonés Luis Buñuel nos dejó en en México, país donde permaneció gran parte de su vida y al que amó profundamente. Había nacido en la localidad turolense de Calanda, al inicio del siglo XX, pero su niñez y parte de su juventud la pasó en Zaragoza. Eso sí, cuando podía acudía a su pueblo natal, especialmente en Semana Santa. Durante esos días participaba activamente en la rompida de la hora y en el recorrido por las calles tocando los tambores.

       Al releer su biografía, me han sorprendido varios aspectos: su precocidad intelectual, su temprana afición al séptimo arte, sus encuentros y desencuentros con Salvador Dalí, su vida bohemia durante su juventud en Madrid, su amistad y sus visitas a tertulias vanguardistas del café Pombo con Ramón Gómez de la Serna y su carácter rebelde, tenaz e inconformista.

       Ahora le llueven los homenajes, tanto en España como en México, pero durante su vida sufrió la incomprención de los suyos, tuvo que exiliarse a Francia y luego a Estados Unidos y muy pocos supieron valorar películas innovadoras y rupturistas como Un perro andaluz o La Edad de Oro.

       He visto casi todas las películas de Buñuel y muchas de ellas me han resultado difíciles de entender. El surrealismo surca sus primeras producciones y el anticlericalismo y el sexo están presentes en casi todas sus cintas. Por eso en España no fue reconocido en vida y sólo en el país vecino y en México pudo ganarse fama internacional con filmes como Los Olvidados o El discreto encanto de la burguesía, película con la que obtuvo el óscar en 1972.

      Como homenaje a este turolense y aragonés universal, quiero plasmar algún fragmeno de su autobiografía. En Mi último suspiro nos abre su corazón y nos deja retazos de humanidad. La obra está dedicada a Jeanne, su mujer y compañera. Y afirma en el prólogo que aunque no es un hombre de pluma, Jean-Claude Carrière le ayudó a escribir el libro.

     Cuando habla de la MEMORIA afirma: Cuando yo iba al colegio, en Zaragoza, me sabía de memoria la lista de los reyes godos, la superficie y población de cada Estado europeo y un montón de cosas inútiles. En general, en los colegios se mira con desprecio este tipo de ejercicio mecánico de memoria y a quien lo practica suele llamársele despectivamente memorión. Yo, aunque memorión, no sentía sino desprecio para estas exhibiciones baratas. Pero, a medida que van pasando los años, esta memoria, en un tiempo desdeñada, se nos hace más y más preciosa. Insensiblemente, van amontonándose los recuerdos y un día, de pronto, buscamos en vano el nombre de un amigo o de un pariente. Se nos ha olvidado. A veces, nos desespera no dar con una palabra que sabemos, que tenemos en la punta de la lengua y que nos rehúye obstinadamente.

 

 

     Cuando evoca a su pueblo natal afirma: Se puede decir que en el pueblo en que yo nací (un 22 de febrero de 1900) la Edad Media se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. Era una sociedad aislada e inmóvil, en la que las diferencias de clases estaban bien marcadas. El respeto y la subordinación del pueblo trabajador a los grandes señores, a los terratenientes, profundamente arraigados en las antiguas costumbres, parecían inmutables. La vida se desarrollaba, horizontal y monótona, definitivamente ordenada y dirigida por las campanas de la iglesia del Pilar.

      Y respecto a LA MUERTE y EL SEXO dice: En Calanda tuve yo mi primer contacto con la muerte que, junto con una fe profunda y el despertar del instinto sexual, constituyen las fuerzas vivas de mi adolescencia. Un día, mientras paseaba con mi padre por un olivar, la brisa trajo hasta mí un olor dulzón y repugnante. A unos cien metros, un burro muerto, horriblemente hinchado y picoteado, servía de banquete a una docena de buitres y varios perros. El espectáculo me atraía y me repelía a la vez. Las aves, de tan ahítas, apenas podían levantar el vuelo. Los campesinos, convencidos de que la carroña enriquecía la tierra, no enterraban a los animales.

    Muchas de estas vivencias han quedado plasmadas en sus películas en blanco y negro, con imágenes sorprendentes, sonidos de campanas, sonidos de tambores, animales muertos, miseria por doquier, caciquismo, supremacía del clero, instinto sexual y presencia soterrada de la muerte.

TRAGEDIA

TRAGEDIA

     Hay días en que un escalofrío te recorre todo el cuerpo y quedan en segundo plano el calor, los planes para el fin de semana o los paseos vespertinos en bicicleta. Hay fechas que van a quedar grabadas para siempre en el calendario del horror, en el casillero siniestro de las tragedias.

     A medida que pasan las horas, la tragedia se va agrandando. No sólo por el paulatino aumento de las víctimas mortales - que se acercan ya a 80 - sino por el eco del dolor que se va multiplicando entre familiares, amigos y personas más cercanas a las víctimas. Todos nos preguntamos cuál ha sido la causa de este sorprendente descarrilamiento en una línea muy reciente y adaptada para el AVE. Al parecer, el fallo humano es la hipótesis que más se baraja: un llamativo exceso de velocidad en una curva que desde ayer será considerada como maldita.

     Todos creíamos que el progreso iba a ser la panacea y se iba a convertir en un seguro de vida contra este tipo de siniestros. Pero, desgraciadamente, no ha sido así. Los vuelos supersónicos, las velocidades de crucero, los coches de última generación,...están diseñados para que una mano experta, prudente y responsable los maneje de la mejor manera posible. Y, al parecer, en este caso ha fallado alguno de esos tres requisitos.

      ¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que nos hacemos todos desde la distancia. Porque la vida sigue. Y los trenes volverán a circular cada día por las vías de alta velocidad. Pero para muchos viajeros ya nada será igual. La fecha del 24 de julio de 2013 quedará grabada para siempre en sus mentes y en sus corazones. Y el mito del AVE como algo rápido y seguro habrá perdido un poco de su credibilidad.

     Porque, ¿hay algún medio de transporte seguro al cien por cien? Pienso que eso es imposible. Quedará siempre como una aspiración. Porque el progreso va asociado a la velocidad, al riesgo y a la mano del hombre o de la tecnología.

ATECA

ATECA

     La población zaragozana de Ateca, de la comarca de Calatayud, ha vivido durante varios meses pendiente de un hilo. Esta localidad de la ribera del Jalón, que ronda los dos mil habitantes, depende casi exclusivamente de la fábrica de chocolates y dulces, propiedad de Mondelez International. La empresa quería cerrar la factoría y trasladar a muchos de sus empleados a Valladolid o dejarlos en el paro. Después de muchos días de negociación y de lucha colectiva, la sección de chocolates va a ser adquirida por la empresa alicantina que produce los chocolates Valor. Es una buena noticia para Ateca y para Aragón.

     Desde muy pequeño recuerdo los chocolates Hueso que se vendían en el Economato de Aliaga. Los comprábamos sobre todo porque cada pastilla llevaba en su interior un cromo que coleccionábamos con gran ilusión e intercambiábamos con los amigos si estaba repetido. No era un premio como el de la película Charly y la fábrica de chocolate, pero abrir la pastilla suponía un momento mágico una o dos veces a la semana. El chocolate acompañaba nuestras meriendas con un trozo de pan. Quizás no fuera lo ideal para nuestra frágil dentadura, pero eso era lo que había en aquellas década de los años 60. Luego llegarían otros dulcer, otros postres, otras golosinas y el chocolate Hueso comenzó a escasear en las estanterías de los comercios. Eso sí, aún conservo el álbum con los cromos que más ilusión despertaron en mi infancia.

     Ateca representa de nuevo la unidad de un pueblo para mantener su pequeños tejido industrial. Porque está claro que sin industria muchos pueblos de Aragón no pueden sobrevivir. La agricultura no da más de sí y el turismo sólo se concentra en unos pocos núcleos rurales y abarca tres o cuatro meses. Pero las multinacionales buscan, como es lógico, sus propios intereses e intentan ubicarse en lugares con mano de obra más barata, buenas comunicaciones y lejos de la competencia de otras empresas. Esa es la dura y cruda realidad. Y lo peor de todo es que en este momento se ven pocas alternativas. Es el efecto dominó que va de un lugar a otro cual salto de caballo de ajedrez. De momento, los habitantes de Ateca pueden respirar tranquilos. Pero ya se sabe que nunca hay que bajar la guardia. La crisis se lleva por delante hasta lo que nos parecía inamovible hace unos meses.

TORMENTAS

TORMENTAS

     En las sierras montañosas de la provincia de Teruel son frecuentes las tormentas de verano. Los habitantes de estos pueblos miran al cielo a media mañana y casi adivinan cómo van a evolucionar las nubes a partir del mediodía. Al filo de las tres de la tarde, el cielo se viste de un gris cárdeno y comienza el eco intermitente de los truenos, que parecen rocas que se desprenden de un cercano monte. Es una tormenta más de las muchas que este verano están afectando a muchos valles de la comarca de las Cuencas Mineras, del Maestrazgo o de Gúdar-Javalambre. El ambiente se torna más fresco por momentos y hay que echar mano del paraguas o del impermeable para salir a dar una vuelta o a comprar algo al supermercardo.

      Hace años que las tormentas estivales no se prodigaban tanto por esta zona. El verano pasado fue tan seco, que el río Guadalope bajaba sin agua en numerosos tramos. Este año, sin embargo, ocurre todo lo contrario. El agua fluye abundante por estos valles y alegra las huertas y las vegas de su entorno. Pero lo peor de todo es cuando el agua viene acompañada de granizo. Algunos lo barruntan al observar el color de las nubes: más cárdenas, casi negras como la noche. Pueblos como Villarroya de los Pinares o Cobatillas han sufrido el azote del granizo. Esto se suma a la primavera casi invernal que ha dejado sin fruta a casi toda la zona. Menos mal que el cereal - todavía sin cosechar por esta zona- aún sobrevive a la humedad y al granizo. Al menos aparentemente.

     De todos modos, llena de satisfacción comprobar cómo renacen las fuentes casi olvidadas, cómo serpentea el agua por barrancos casi siempre secos, cómo el monte muestra sus mejores galas y sus más que envidiables colores. Lo que está claro es que, de momento, hay que aprovechar las frescas y azuladas mañanas del mes de julio para disfrutar de la naturaleza y dejar las tardes al albur del cielo grisáceo, como el que observamos en la foto del pasado fin de semana en Aliaga.

TOMEO, UN MONSTRUO LITERARIO

TOMEO, UN MONSTRUO LITERARIO

     El pasado 22 de junio nos dejó entre bastidores, casi de modo absurdo el escritor aragonés Javier Tomeo. Había nacido en el pequeño pueblo de Quicena, donde fue enterrado y despedido por sus familiares y amigos. Y había vivido desde muy joven en Barcelona. Su vocación literaria fue tardía. Mientras tanto escribía novelas de quiosco para Bruguera y traducía libros sin firmar. Todo esto lo compaginaba con sus estudios de Derecho y Criminología y sus trabajos en la editorial Marte y en la multinacional Olivetti. Con la publicación en Anagrama de su novela El castillo de la carta cifrada (1979) y Amado Monstruo (1985), llevada al teatro poco después, inició una trayectoria ambiciosa y apostó por una narrativa innovadora, surrealista y algo grotesca.

    Como homenaje personal a un escritor atípico y acaso minoritario, acabo de leerme El crimen del cine Oriente (1995), basada en la famosa serie de televisión La huella del crimen y  en un hecho real acaecido en Valencia en los años de posguerra. Se advierte en ella su peculiar estilo personal, su dominio del diálogo, del monólogo y de la reflexión íntima. Ahora estoy inmerso en el volumen de micro-relatos Historias mínimas (1988), a caballo entre el relato y el arte dramático. Porque las novelas de Tomeo tienen una peculiar fuerza escenográfica y lindan en ocasiones con el teatro.

    El sábado pasado, de camino hacia el Pirineo, me acerqué al cementerio de Quicena y rendí un homenaje silencioso a este personaje solitario, afable y escéptico. Sólo pude hablar con él - más bien escucharle - en una ocasión. Afortunadamente, nos quedan sus obras. Guardo un especial recuerdo de una novela breve e intensa, La ciudad de las palomas. Un relato kafkiano y buñuelesco que me llenó de inquietud. Volveré a ella un día de estos. E intentaré descifrar el misterio de una vida discreta, con pocos homenajes y sin reconocimientos oficiales. Quizás después de su muerte surjan iniciativas para ponerle en el lugar que le corresponde dentro de las letras aragonesas, españolas y europeas. Es un monstruo literario y se lo merece.

    

EL HECHIZO DEL PIRINEO

EL HECHIZO DEL PIRINEO

     Después de más de una década, hemos regresado a uno de los valles más impresionantes del Pirineo Aragonés: el valle de Gistaín. Desde Barbastro, capital del Somontano, el río Cinca nos acompaña con sus aguas cristalinas, verdeazuladas, que alimentan los embalses de Mediano y del Grado, al cien por cien de su capacidad después de una primavera generosa en lluvia y nieve. Pero lo mejor todavía no ha comenzado: el valle del Cinqueta, que tantos recuerdos guarda en su seno, nos acerca hasta el camping Los Vives, renovado, moderno, acogedor, y poco después ascendemos a Saravillo, uno de los pueblos más pintorescos de Aragón. Desde allí emprendemos una ruta ascendente hasta el refugio de Lavasar y comenzamos a disfrutar de un paisaje engalanado de verdes y arropado por el silencio y la soledad.

     Verde de boj, verde de pinos, verde de castaños y avellanos. Sinfonía de verde y sombra sutil que acaricia nuestros cuerpos sudorosos. Ascensión casi continua pero con frecuentes remansos que hay que aprovechar para hidratarse, tomar aliento y contemplar a lo lejos los pueblos diminutos, pos picos altivos, los valles casi inaccesibles. Siempre me ha sorprendido esta zona del Pirineo por su paisaje agreste y su magia singular. Ayer volví a experimentar estas sensaciones a medida que me acercaba al Ibón de la Basa de la Mora, también llamado Ibón de Plan. Al filo del mediodía contemplamos por fin este remanso de agua clara flanqueado por escarpadas montañas y alimentado por pequeños glaciares que aún conservan el blanco de una nieve tardía y generosa. A partir de ahí, lo mejor es dejarse acariciar por el silencio, por la magia del paisaje verdeamarronado, por la sutileza de las flores amarillas, por el rumor de las cascadas ocultas, por la atracción de la altura y del riesgo.

     El descenso ha sido más llevadero. Pero hay que parar de vez en cuando para volver a disfrutar de este paisaje irrepetible. Y contemplar a vista de pájaro el cauce del humilde Cinqueta, y atisbar a lo lejos la inmensa mole del Posets, y adivinar el perfil de las montañas aún nevadas que orlan el valle de Pineta y señalan la senda inconfundible del Monte Perdido. Eso sí, antes de regresar a la civilización, cómo no detenernos de nuevo en el camping Los Vives y recordar, evocar con cierta nostalgia un verano ya lejano e inolvidable.

TARDE POÉTICA EN SORIA

TARDE POÉTICA EN SORIA

     Viajar a Soria es acercarse a una ciudad que, bajo su apariencia provinciana, está teñida de un halo poético especial. Acercarse a la ciudad del Duero para acompañar a la poeta zaragozana Marta Domínguez en la presentación de su poemario Historia transida y poesía renovada es una experiencia única. En la céntrica calle El Collado nos abre las puertas el antiguo casino de la ciudad, hoy denominado Cículo Amistad Numancia de Soria. En este marco histórico y cultural, frecuentado por Antonio Machado y por Gerardo Diego a principios del siglo XX, tuvo lugar la presentación de una obra que se aleja de la poesía al uso y que penetra como una reja afilada en la sensibilidad del lector.

    Precisamente en la planta superior de este edificio se ha inaugurado una exposición dedicada a los tres poetas que tuvieron una relación más o menos estrecha con la ciudad castellana: los sevillanos Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado, y el cántabro Gerardo Diego. Una exposición permanente que aglutina otras actividades de la ciudad numantina. Por eso, el sabor a poesía impregnó la velada y dio vida a una animada tertulia sobre la poesía, los poetas, las poetas y su compromiso y afán renovador.

     La presentación de la autora corrió a cargo de César Millán, librero y animador cultural de la ciudad. Y Marta habló con brevedad de la intencionalidad de sus poemas y leyó alguno de los más representativos. De todos ellos me quedo con el que está inspirado en la película Danzad, danzad malditos de Sydney Pollack y que dibuja metafóricamente el perfil más siniestro de la situación actual de la sociedad capitalista occidental, carcomida por la crisis.

                                         Hay campos de amapola

                                         convertidos hoy en crisantemos. Hay

                                         una llave que otea el horizonte

                                         sin hallar posibles cerraduras.

                                         (Mariposas de alas cercenadas

                                         como clítoris roto).

                                         Hay cruces de alabastro

                                         y en el lugar del vino y de las rosas

                                         hay hedor de rosas putrefactas.

                                         Me asomo al cementerio de mis días:

                                         ha muerto el ser humano.

                                         Nadie llama a la puerta carcomida.

                                         La sombra del ciprés en su vaivén,

                                         se jacta de los días

                                         azules del pasado,

                                         ya sin panes ni peces.

                                         ¡Danzad, danzad, malditos!

                                         sobre lodo y agua destilada

                                         libre ya del clamor de las termitas.

     

IMPULSO CULTURAL

IMPULSO CULTURAL

     Acabo de regresar de correos con un nuevo ejemplar de la revista TURIA. Este milagro de la cultura sigue adelante, a pesar de la crisis, y representa un impulso cultural no sólo en Teruel y Aragón sino en el ámbito nacional e internacional.

     La revista va ya por su número 107 y sigue manteniendo sus señas de identidad desde hace más de treinta años. Sus secciones habituales - Letras, Taller, Poesía, Pensamiento, Cartapacio, Conversaciones, La Isla, Sobre Aragón, Cuadernos Turolenses, La Torre de Babel - nos acercan a la literatura, a las artes y a la las plumas más prestigiosas.

     Este número está dedicado al escritor franco-argelino Albert Camus, premio Nobel de Literatura en 1957. Nos acerca al Camus novelista, al Camus viajero y al Camus dramaturgo. Las entrevistas con el artista Miquel Barceló y con el intelectual Andrés Trapiello conforman las monografías de esta nueva entrega. En la sección Letras se recuerda a Bolaño, a Carlos Fuentes y a Ignacio Agustí, autor de la olvidada Mariona Rebull. En la sección Aragón Javier Barreiro recuerda a José Ramón Arana en su 40 aniversario. Y en Cuadernos turolenses se homenajea al músico turolense Antón García Abril y al pintor de Rubielos de Mora Salvador Victoria. Raúl Carlos Maícas, fundador y director de la revista, nos deleita con su prosa profunda y personal en la sección La isla. Y para los amantes de la buena literatura y de la crítica más depurada, la sección La torre de Babel nos orienta sobre las novedades más recientes.

     Todo un regalo para este verano. Más que una revista, TURIA parece un libro. Son 450 páginas para disfrutar durante estos calurosos meses de lo más selecto de la cultura. Eso sí, es mejor saborear sus artículos poco a poco, como el que degusta un buen menú o cata un vino de gran reserva.

 

SENDEROS POR ALIAGA

SENDEROS POR ALIAGA

     Tengo entre mis manos un pequeño folleto, editado recientemente por el Ayuntamiento de Aliaga. En él se detallan las rutas más importantes por el término municipal de este pintoresco pueblo de la provincia de Teruel.

     Precisamente el pasado sábado, día 29 de junio, tuvo lugar la séptima edición de la marcha senderista de Aliaga. Con el lema caminaliaga en cada una de las camisetas que llevábamos los más de doscientos participantes, nos encaminamos a las ocho de la mañaña por la orilla del río Guadalope hacia las cercanías de Miravete, dejando a ambos lados de la ruta parajes naturales agrestes de extraordinaria belleza.

     Las dos rutas previstas - una de 24 kilómetros y otra de 14 - confluían en algún momento y los cuatro avituallamientos nos ofrecían la oportunidad de refrescarnos y de reponer fuerzas. Fue una ruta de travesía, más de valle que de alta montaña. Una recorrido por una zona teñida de verde, gracias a las copiosas lluvias de la pasada primavera.

     La comida en el pabellón del pueblo y la animada sobremesa pusieron broche final a esta marcha que se va consolidando dentro del calendario de andadas de Aragón. Un buen inicio del verano y un aperitivo para otras rutas por esta comarca de las Cuencas Mineras que linda con el Maestrazgo turolense.

 

MORBO

MORBO

     Tengo entre mis manos la primera novela de la poeta Brenda Ascoz, autora de dos poemarios: En ajeno (Chorrito de Plata, 2007) y Ecorché (Eclipsados, 2009). Brenda reside en Zaragoza desde 1998 y es enfermera especialista en salud mental. Precisamente la novela Morbo trasluce algunas de sus experiencias profesionales en dos hospitales de la ciudad del Ebro y refleja ficcionalmente ecos de su propia andadura vital.

     De la mano de Claudia, la joven enfermera protagonista, nos adentramos en un ambiente críptico, laberíntico y muy cercano al desasosiego. Desde su primera jornada en el servicio de cirugía maxilofacial del hospital Miguel Servet hasta los últimos treinta meses en el servicio de Observación de Urgencias del hospital Clínico de Zaragoza, Claudia vive experiencias demoledoras, agravadas por la soledad, la falta de solidaridad de algunos compañeros, la superficialidad de los amigos y la ausencia de sus padres, fallecidos diez años atrás en un accidente de tráfico.

    En la novela se entrecruzan dos mundos casi antagónicos: el mundo de los hospitales, con sus penurias, su sufrimiento, sus desagradables experiencias y el mundo de la calle, de la diversión, de la música estridente o de la propia soledad al filo de la madrugada. Del ambiente de los hospitales queda un sabor amargo cuando la protagonista regresa a la soledad del hogar: "Cada día, una espesa lucha entre la vigilia y el sueño. Mirar a mi alrededor y comprobar cómo la atmósfera de mi piso, de por sí enrarecida por el humo del tabaco, se había adaptado por completo a mi estado de postración". Del ambiente de la calle nos llega también el desencanto y la búsqueda de identidad en la enloquecida noche zaragozana de los fines de semana: "Las callejuelas del Casco Viejo estaban abarrotadas y la marea de gente parecía dispuesta a separarnos al menor descuido. Rostros desencajados, rostros joviales, aburridos, cientos de máscaras de fin de semana neutralizándose las unas a las otras, robándose mutuamente la identidad, inmensa barrera que dificultaba el acceso al único rostro imprescindible de la noche".

     Brenda nos regala excelentes páginas descriptivas y consigue envolvernos en una trama morosa pero cargada de sugerencias y de reflexiones vitales. Llama la atención esa voz interior, esa segunda persona en la que se desdobla la protagonista y que nos llega en letra cursiva como un contrapunto íntimo de los propias emociones. A veces son exclamaciones sueltas - ¡Imbécil! -, otras, un yo interior que nos aconseja y nos invita al sosiego: Calma, Claudia. Cálmate. Sigue hablando con coherencia y que no se note que estás asustada.

     Pero la novela presenta muchos más matices: la acertada descripción de lugares conocidos de Zaragoza, el amor, el desamor, la soledad y, cómo no, la presencia fantasmal de la muerte como una amenazante espada de dámocles. Apenas se advierten balbuceos de una ópera prima. Tanto su estructura como su estilo ágil y depurado denotan la madurez de una escritora que ha destilado en su poesía lo mejor de sí misma. Una novela que vale la pena leer y saborear.

DONDE REPOSA EL SILENCIO

DONDE REPOSA EL SILENCIO

     Desde hace pocos días, Aliaga ofrece a sus vecinos y visitantes un nuevo atractivo turístico. Por fin, el antiguo Molino Alto de esta pintoresca localidad turolense, cuyo edificio data del siglo XII y que conserva utensilios únicos que han sido utilizados por cuatro generaciones de molineros, se ha convertido en un nuevo lugar con encanto.

     Hace casi un año, un incendio con indicios de sabotaje se llevó por delante parte de la maquinaria. Pero esto no ha impedido que el Hotel-Museo siga adelante y acoja a turistas y visitantes tanto en verano como en invierno.

     El hotel mantiene la esencia del antiguo molino, aunque ha sido reformado en su totalidad. Dispone de trece habitaciones ambientadas con elementos que intervienen en el proceso de la molienda. Cuenta, además, con una zona de juegos infantiles, anfiteatro para audiciones de grupos, salón social y un restaurante cafetería.

    Su entorno es mágico. A orillas del Guadalope, que murmura alegre con sus aguas cristalinas; dentro del entorno del Parque Geológico, con formaciones rocosas únicas y excepcionales. Es un lugar onírico, Donde reposa el silencio. Un lema que me recuerda a otro similar de Aliaga hace unas décadas: Donde el silencio habla. Y es la pura verdad. En este enclave arcádico, parece que se detiene el tiempo, algo que hechiza al viajero y seduce al visitante.

    Es de desear que esta iniciativa no permanezca aislada sino que sirva para dar algo más de vida a una comarca castigada por la emigración y a un pueblo venido a menos.

DESPEDIDAS

DESPEDIDAS

     Ya se acerca un nuevo final de curso. Parecía que no iba a llegar nunca este verano tardío y perezoso. Pero, mediado el mes de junio, todo huele a vacaciones, a final de etapa y a sueños de futuro.

     Acabo de regresar de Teruel, la primera ciudad que conocí. Una ciudad de provincias tranquila, acogedora, silenciosa. Los alumnos de segundo de bachillerato de la capital y de la provincia se presentaban a las Pruebas de Acceso a al Universidad, a la llamada Selectividad. Una prueba que, según se dice, tiene los días contados. El polémico ministro Wert se ha empeñado en recuperar la reválida de los años sesenta y en poner continuas trabas a lo largo del itinerario educativo. Esperemos que esta ley se quede en nada y no llegue a ver la luz.

    Compás de espera de más de cinco mil alumnos aragoneses para conocer los resultados de estos exámenes y para decidir qué grado universitario van a cursar en el futuro. Un futuro ilusionante, aunque oscurecido por la espada de dámocles del paro juvenil. ¿Tendrán que salir de España para encontrar trabajo? ¿Tendrán que acceder a cualquier trabajo no cualificado? ¿Podrán presentarse a oposiciones si es que se convocan? Toda una retahíla de interrogantes, todo un rosario de incertidumbres.

     Mientras corregía los ejercicios de Lengua Castellana y Literatura, me he dado cuenta - aunque ha sido más bien una confirmación - del déficit expresivo de nuestros alumnos de bachillerato, de la pobreza de vocabulario, de la ausencia de coherencia en sus escritos. Una asignatura pendiente que tiene difícil solución, a no ser que se comience por la base: desde primaria. Una expresión que se empobrece por la ausencia de un hábito lector, por el predominio de lo audiovisual y de las nuevas tecnologías, por el poco valor que otorgamos a los libros que - como decía un texto de la prueba - nos parecen demasiado caros.

    El final de curso tiene un sabor agridulce. Alegría por la etapa culminada y nostalgia por dejar atrás momentos felices, intensos, emocionantes. Las vacaciones de verano son un buen paréntesis. Y pueden ser un oasis para la lectura al aire libre, para las visitas culturales, para la consolidación de experiencias enriquecedoras, para la práctica de los idiomas, para el olvido, para la memoria, para la esperanza.

     Mientras el sol calienta con fuerza en esta mañana preveraniega, releo un poema del libro Ecorché de Brenda Ascoz e intento reconciliarme con la vida y con el futuro:

                                  Abrir las palmas

                                  para que de ellas liben

                                  las abejas. Liben dolor.

                                  Descanso del tormento

                                  en el tormento. Cambiarle de nombre.

                                  Alguien, una voz cansada y rota,

                                  nos exige valor. Abrir las palmas de las manos,

                                  mostrales

                                  su vacío imposible.

 

SIRENA NEGRA

SIRENA NEGRA

     Ayer tarde la sala Ámbito Cultural del Corte Inglés de Zaragoza volvió a acoger por cuarto año consecutivo a los Hijos de Mary Shelley. En el marco de la Feria del Libro de la ciudad del Ebro, Ramón Pernas presentó esta nueva edición y lamentó la agresión que la cultura está sufriendo durante los últimos años. Valoró como milagro la supervivencia de inquietudes culturales y literarias como esta nueva entrega de relatos de terror y misterio. Fernando Marías habló del esfuerzo que ha supuesto dar a luz este volumen colectivo titulado La soledad es el hogar del monstruo: Un manojo de textos teñidos de fantasía y originalidad.

    Pero lo mejor de la tarde cultural fue la puesta en escena el monólogo musical de terror Sirena negra, creado por la escritora, crítica y dramaturga Vanessa Montfort e interpretado por la actriz y cantante Ruth González. Un monstruo urbano, transformado en sirena al más puro estilo kafkiano, se sumerge en las alcantarillas de las grandes urbes y se embebe de los ruidos y olores de la gran ciudad. Su sensibilidad y su sentimiento se hacen eco de las miserias de esta sociedad de principios del siglo XXI, herida por los excesos del capitalismo y aplastada por el oscuro peso de la crisis. La sirena se solidariza con los más débiles, especialmente con los niños que juegan en los parques y con los marginados que deambulan por las calles. Toda una metáfora de la sociedad actual que lleva a la sirena a sentir náuseas y a desear vomitar toda la inmundicia que se pierde entre los bajos fondos de esta civilización desnortada.

     La música y la palabra se dan la mano en un escenario desnudo y sugerente. Toda una apuesta de Vanessa Montfort y de los Hijos de Mary Shelley que está cautivando a los amantes de la cultura y a los que disfrutan con una literatura que mezcla la fantasía con la palpitante y cruda realidad.

    (Fotografía: Ramón Pernas, Vanessa Montfort, Espido Freyre y Fernando Marías)

VELADA LITERARIA EN ZARAGOZA

VELADA LITERARIA EN ZARAGOZA

      El pasado martes por la tarde, la escritora barcelonesa Susana Camps presentó en Zaragoza su reciente libro de micro relatos Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta. En el marco excepcional de la librería El Pequeño Teatro de los Libros, tuve el honor y el placer de presentar esta obra acompañado de amigos y amantes de la buena literatura. Plasmo aquí una síntesis de esta presentación para los que, por diversos motivos, no pudisteis estar presentes. Espero os sirva de pequeño aperitivo para leer después la obra. Os encantará.

     Desde la galerada inicial con un acróstico con preposiciones, hasta la bitácora final que nos invita a un viaje apasionante hacia un nuevo planeta verde, la exploración de estas islas narrativas en peligro de extinción nos llevan de la mano a las profundidades marinas – evocando a Stevenson, Jack London o Kipling – nos invitan a rendir un homenaje a nuestra Literatura – desde la mitología clásica hasta las creaciones vanguardistas, sin olvidar el Romancero o los Siglos de Oro – pulsan nuestra vena más sensible a través de la nostalgia y la evocación de retazos de vida y nos invitan a un camino con retorno en el que se perfila un futuro  más allá de lo cotidiano.

     Mi camino por esta ruta marítima me ha permitido embarcar metafóricamente en una nave que, como indica el relato Exploración, surca “La piel y la tierra como un solo mapa por el que transitar”. Transformado en un lobo de mar, he convivido con las sirenas y he sufrido las incomprensiones de un turista novato. He comprobado además las huellas del paso del tiempo en mis manos y me he topado con ese ojo escrutador del diablo. En mi navegación he conocido peces parásitos, moluscos ermitaños y palmeras amenazadas por el lastre del progreso. Y en La flor de Pensang – relato que cierra la primera parte – he palpado el escalofrío de lo efímero y la fuerza de una imagen. Todo ello con un aliento poético inusual: “La monstruosidad respiraba mansamente bajo el sol del mediodía”.

            Si el viaje marítimo – con ese estilo casi británico surcado de ironías – me ha resultado apasionante, la inmersión en el mundo de las letras me ha llevado  a revivir el mito de Narciso, un Romance Fronterizo con excelente final: “ Cuando regresa de su boda, él cierra  con llave la puerta”, un consejo para buenos lectores en el relato Minificción – “Libros para viajeros, personas en movimiento que en un instante quieren traspasar los límites de la realidad y sumergirse en un universo literario”. Eso sí, hay que hacer una pequeña parada y conocer las Instrucciones para leer un micro relato – excelente alegoría gastronómica – y hay que tener muy en cuenta las Técnicas de inseminación artificial para escritores – como metáfora de las dificultades del escritor novel. Eso sí, la despedida es un aviso explícito para navegantes literarios. Así lo comprobamos en Armonía Universal: “Por suerte, el poeta es el único que lo sabe. Ajenos a la música de las esferas, los demás viven felizmente sordos”.

         Cualquier curtido y experimentado aventurero intenta dejar dentro de una botella mensajes más o menos cifrados para la posteridad, por si le sorprende un naufragio inesperado o la vida le castiga con inevitables reveses.  En esos mensajes, nos deja Susana lo mejor de sí misma tanto en el estilo como en el contenido. Desde el relato Hermano, que nos sumerge en un largo verano de la infancia hasta Mi reino por un caballo, en el que Álvaro es un niño al que no le dejan ser niño, nos adentramos de la mano de la autora en la parte más íntima, personal y emocional del libro.  Sentimientos tan diversos como la necesidad de comunicación, el calor de la familia, la soledad, el paso del tiempo, el poso de la nostalgia, la inevitable ternura, la infancia tan lejana,… colman nuestra sensibilidad y nos cautivan. Relatos como Hacerse hombre, con excelente prosa poética“Esta tarde el sol arranca espejitos de plata en el bocadillo” -, Días de gloria, con un final sorprendente e inesperado o Silencio III, evocación de la infancia con la nostalgia por la ausencia del abuelo – “…Una pátina de polvo lo cubre todo, pero no empaña el valor de los recuerdos”.  Hay en estas páginas un guiño a Marcel Proust – En busca del tiempo perdido – una evocación del 11 de septiembre de 2001 – I´m here – o una recreación del mito homérico de Penélope  en Silencio II– “María teje y desteje”.

     Pero Susana nos reserva para el final – Retorno por la ruta astral – una expedición hacia lo fantástico, lo surrealista, el mundo del terror y de la irrealidad. Desde el hechizo inevitable de la muerte en Cálculo de fuerzas hasta la Bitácora de la misión Clin, nos invita a convivir con extraterrestres – Escenas de peluquería – y nos regala excelentes retazos de humor y de sutil ironía – Cómo está el servicio  o Reinventarse para superar la crisis. Aparece incluso un trasfondo kafkiano en ¿Por qué solo apreciamos las promesas rotas? y nos ofrece recetas para alcanzar la felicidad – Fuf -. Al final, en un excelente quiebro cíclico, la misión científica busca nuevos horizontes y se nos plantean nuevos retos: “La futura Galaxia de la Extinta empieza su expansión”.

 

UN VIAJE APASIONANTE

UN VIAJE APASIONANTE

     Mañana presento en la librería zaragozana El Pequeño Teatro de los Libros, situada en el barrio de Las Fuentes, el libro de micro relatos  Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta,  de mi exalumna y amiga Susana Camps.

     El acto tendrá lugar a las 20 horas del 28 de mayo, martes. Os adjunto el pequeño cartel que anuncia el evento.

      Os espero a todos los que podáis asistir. Más adelante comentaré el libro y el evento.