Blogia

josemarco

LAS PEQUEÑAS ESPINAS DE RAQUEL

LAS PEQUEÑAS ESPINAS DE RAQUEL

     Tengo entre mis manos el último poemario de la poeta gaditana Raquel Lanseros. Con Las pequeñas espinas son pequeñas Raquel ha obtenido por unanimidad el XXIX premio Jaén de poesía. Publicada por la incombustible editorial Hiperión, esta jugosa y densa antología es un maduro paso adelante que continúa de modo ascendente la trayectoria marcada por Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2006), Los ojos de la niebla (2008) y Croniria (2009).

     Desde el poema introductorio "Contigo", en el que la autora indaga en su propio interior y se pregunda quién es como Miguel Labordeta: Mil veces he deseado averiguar quién soy, hasta el denso poema final "Himno a la claridad", en el que proclama un optimismo guilleniano como un canto a la vida: No hay verdad más profunda que la vida, Raquel reflexiona sobre su propia existencia y hace un balance a mitad del camino. La poeta desnuda con sinceridad su propio interior y comparte con el lector los sentimientos de amor, nostalgia, pérdida, amistad, olvido y anticipo de un futuro incierto frente al acoso del calendario y la presencia de la muerte. Tal como confiesa Lanseros: "Es un libro que significa mucho para mí, porque todos los poemas en él contenidos responden a una vivencia, a una reflexión, a un sentimiento, a un aprendizaje o a todo ello a la vez".

     He leído y releído cada uno de los 40 poemas, agrupados en cuatro partes - CUANTO SÉ DEL ROCÍO, CÓNCLAVE DE MARIPOSAS, CROQUIS DE LA UTOPÍA y EL PASADO ES PRÓLOGO - y me he quedado con una sensación de haber cortejado con lo sublime, con lo mítico, con las raíces más profundas de la tierra y del ser humano. Porque Raquel conoce muchas culturas y se hace eco de nuestra más primigenia tradición literaria. Están presentes los ecos manriqueños en el poema "Maldición y venganza": Hay veces que la muerte se avergüenza de serlo, fluyen los senderos ocultos machadianos en el poema "Plegaria del clarividente": Sé que voy a marcharme sin bolsillos, y afloran los guiños a Larra, a Dámaso Alonso, a Borges y a Umberto Eco.

    El endecasílabo predominante en casi todos los poemas - alternado con el alejandrino y el heptasílabo - llega hasta nosotros enriquecido por insólitas metáforas y surcado de interrogaciones retóricas que evidencian la profunda reflexión sobre los aspectos esenciales de la andadura humana. Raquel ensalza y abraza la vida: La vida es hermosa como una novia al alba, busca una rendija para eludir el fantasma de la muerte: Cuando te encuentre, morirá la muerte, se interroga sobre un más allá inaccesible: ¿Quién está percibiendo a través de nosotros? y compone una inquietante "Canción de ultratumba": Es delgada la lámina que separa los mundos / que un mismo corazón cultiva en sus entrañas.

     ¿Cuál es el secreto de estos versos? ¿Qué horizonte alcanza esta voz poética? La misma autora nos lo revela con su sencillez habitual: "Por encima de todo, la voz poética está presidida por las constantes ganas de vivir". "El misterio de la vida se canta con la devoción de quien redescubre el mundo cada día".

     He seleccionado un poema que me parece representativo de este aliento vital, de este desafío a lo efímero y de una nostalgia agudizada en estas fechas crepusculares del calendario:                           

                                              FAROS ABANDONADOS

                                    Se le amotinan los huesos a mi madre,

                                    mi padre comparece al ocaso de su vista,

                                    el invierno decreta el estado de sitio

                                    a los pocos ancianos que aún resisten.

                                    Los sólidos colosos de mi infancia,

                                    almenas de altas torres,

                                                                      postas de caminantes,

                                    ahora son hostigados por el calendario.

                                    La impotencia me asfixia

                                    cuando - al aproximarse - los contemplo risueña.

                                    No quiero que sospechen mi dolor al sentir

                                    qué mayores se están haciendo mis mayores.

REGRESOS

REGRESOS

     Después de unos días de desconexión, vuelvo de nuevo a mi blog. Han sido unos días de encuentros, reencuentros, lecturas, paseos, reflexión y de sosiego tanto físico como intelectual. Y ya estoy de regreso a la ciudad, a mi ciudad de adopción, a esta Zaragoza paradójica y contradictoria. Es como volver a empezar, recordando la oscarizada película de José Luis Garci. Porque la vuelta a la rutina - es deseable que sea una buena rutina - supone un esfuerzo complementario. El cuerpo se acostumbra a unos hábitos más relajados y la disciplina que nos espera a partir de mañana exige una buena mentalización.

      He puesto regresos porque en estos días de nomadismo, he vuelto de nuevo a la casa que me vio nacer, a la casa de mis padres y de mis abuelos maternos. Y han aflorado de nuevo los recuerdos, la nostalgia, el silencio de las habitaciones solitarias y de los muebles casi arrinconados. Y he recordado la canción de José Antonio Labordeta: "Regresaré a mi casa, la casa de mi padre, abriré las ventanas, y que la limpie el aire". Una letra profunda, punzante, inolvidable, que me ha acompañado mientras dejaba atrás los pueblos solitarios de las Cuencas Mineras al filo del crepúsculo e intentaba olvidar el pasado y entonar un canto al futuro, a un futuro inmediato, a un enero que nos deparará cada día sorpresas y nuevas vivencias.

     Acabamos de estrenar un año y los calendarios lucen su mejor cara. Los amigos, vecinos y conocidos intercambiamos buenos deseos y los 365 días de este año par se presentan plagados de efemérides. Unos días que avanzarán raudos, veloces y que no nos van a dejar un respiro. Por eso es bueno pensar y vivir cada una de las jornadas como un regalo, como una oportunidad más para salir de de la mala rutina, del hechizo de la monotonía, del dejarse llevar sin más. A pesar de la tópica cuesta de enero, siempre me ha gustado estrenar un año. Porque aprovechar cada uno de estos momentos fugaces puede darnos una satisfacción o sumirnos en la melancolía. La melancolía que he experimentado esta tarde al filo del crepúsculo y que me ha llevado a retomar estas páginas que quiero compartir con todos los que os molestáis en leerlas y me animáis a seguir adelante.

AMOR, BLANCO ROTO

AMOR, BLANCO ROTO

     Hay relatos que pasan inadvertivos ante nuestros ojos; pero otros nos envuelven en un halo caleidóscópico y nos abren el camino de la reflexión y de la inquietud. Un camino machadiano, un camino blanco, un camino polvoriento como el que recorren los protagonistas de la novela Imán, de Ramón J. Sender, tío de la escritora y profesora Chusa Garcés, que acaba de publicar su libro de relatos Amor, blanco roto.

El segundo libro de la autora oscense, que forma parte de la trilogía del color, iniciada en 2012 con Las pérdidas rojas, nos adentra en un mundo blanco, en el que el deseo es un motor y el erotismo y el sexo se convierten en ingredientes que nos alejan momentáneamente del dolor, de la soledad y de la muerte. 

La prosa de Chusa Garcés es cadenciosa, envolvente, deliberadamente poética. Sus metáforas nos presentan barreras insalvables que se transforman en algo roto. Porque en sus relatos se rompen las ilusiones de una relación amorosa frustrada, se rompe el hechizo de la soledad, se rompe el sabor agridulce de los veranos y se rompe una trayectoria vital aparentemente prometedora y exitosa. Todo ello aderezado con excelentes sinestesias y con un inusual cromatismo. 

La autora utiliza con maestría un entramado metaficcional y de la mano de Angélica Grossman, su alter ego, convierte en realidad las ensoñaciones y fantasías. "El cielo es una puerta blanca que da acceso al universo", afirma en su relato "Coitus interruptus". Y es esa puerta blanca la que anticipa vivencias plasmadas en relatos con finales abruptos, como el que da título al libro. En "La historia de amor más breve jamás contada" nos acerca al enamoramiento virtual, tan presente en los últimos años, y sintetiza sus emociones en una explícita reflexión existencial: "Así es la vida, un camino de búsqueda incesante para no morir de deseo o de soledad".

De la mano de Chusa - o de su alter ego - revivimos los veranos anodinos de la adolescencia, las inquietudes y el desasosiego de las largas esperas en aeropuertos fantasmagóricos, la soledad de los hoteles de Lisboa, el alejamiento de la ciudad, las ausencias de los seres queridos, las heridas de una sociedad dominada por el capitalismo, las insatisfacciones del amor, el erotismo como experiencia fugaz y el sexo como oscura vía de escape. Porque en Amor, blanco roto se nos presenta la vida como inquieta esperanza, como vana ilusión, como búsqueda incesante de un no sé qué secreto y misterioso.

Comenté con la autora el pasado día 20, día de la presentación del libro en Zaragoza, la tenue frontera que existe entre la poesía y el relato breve. Ambos condensan emociones, adensan sentimientos y ofrecen retazos de vida. Una vida que se manifiesta desde dentro, desde lo más profundo, con esa primera persona envolvente, con esos guiños al lector, con esos vaivenes cromáticos entre la realidad y la ficción. He disfrutado con la lectura y relectura de estos relatos. Y espero ilusionado la nueva entrega de la trilogía de una escritora que ha iniciado una andadura prometedora. 

CELEBRACIONES

CELEBRACIONES

    No me gusta la palabra fiestas como deseo para estas fechas. Prefiero el término celebración que tiene un matiz más familiar, más personal, más íntimo. De todos modos, a medida que pasan los años, uno intenta vivir estas fechas de un modo muy distinto a las vivencias compartidas de la infancia y juventud. Muchos de los miembros de la familia ya no están entre nosotros, y la mayoría se fueron prematuramente. A pesar de todo, la celebración está ahí y no podemos sortearla como un obstáculo más. Tengo junto a mí a la poca familia que me queda. Y se acuerdan de mí muchos amigos, algunos de ellos desde la distancia.

   De todos modos, la palabra Navidad es tan redonda, tan sugerente, que me resisto a eliminarla de mi vocabulario personal. A pesar del laicismo, a pesar del consumismo, a pesar de la progresiva secularización, siempre llevaré muy adentro el belén de mi infancia, los villancicos en y las celebraciones de estas fechas. Porque en la vida siempre hay algo que celebrar, algo que compartir, algo que mimar y potenciar.

    Por ello, desde estas páginas quiero desear a todos mis amigos y a mis fieles lectores unos días muy felices. Que el calor familiar nos ayude a aliviar la andadura agridulce de lo cotidiano. Y que el bombardeo de lemas y publicidad vacua no nos impida la concentración, el silencio, la lectura sosegada y las tertulias sin reloj. Y que intentemos vivir el presente y no perder la ilusión ni la esperanza.

ECOS PRENAVIDEÑOS

ECOS PRENAVIDEÑOS

     Mientras escribo estas líneas, oigo el tradicional sonsonete de la lotería de Navidad desde la televisión de un vecino. Miles de recuerdos se agolpan en mi mente. Cientos de vivencias desfilan por el frágil puente de mi memoria. Pero prefiero vivir el presente y mirar hacia un futuro muy cercano, casi inmediato. Porque a los que nos gusta pasar de puntillas por estas fechas contaminadas de euforia vacua y consumismo compulsivo, nos preocupa el clima social, las últimas decisiones políticas y la deriva inquietante de la economía.

    Un clima social enrarecido después de las intervenciones de algunos ministros que parecen querer aguarnos unos días de descanso y de reuniones familiares. Primero fue el ministro de Educación, que se empeña en seguir ahogando a la enseñanza pública e intenta encumbrar la mal llamada "fiesta nacional". Después apareció el ministro del Interior, que no contento con el tema de las concertinas, da otra vuelta de tuerca al tema de las manifestaciones y quiere retrotraernos a los años más oscuros del franquismo. Y, por último, ha sido el señor Gallardón, el ministro de Justicia, quien acaba de proponer una reforma retrógrada de la ley del aborto que nos remite a los primeros años de la democracia.

    Todos estos temas estarán más presentes cuando queden atrás las celebraciones de Navidad y de Año Nuevo. Algunos intentarán olvidar el año que se esfuma entre las manos, otros intentarán luchar contra corriente y eludir por unos días la espada de dámocles con la que espera el 2014: subida brutal de las tarifas eléctricas, nueva congelación del sueldo de los funcionarios, repunte del paro, nuevos casos de corrupción, menos prestaciones sociales,...

     Pero como todo no va a ser negativo en la vida, habrá que pensar en algún nuevo proyecto literario que se haga realidad. Y continuar con el apoyo de los amigos que siempre están ahí e intentar sobrevivir al filo de lo cotidiano. Con ilusión, con esperanza y con una dosis de humor, tan necesario en estos tiempos.

CARTONES CANÍBALES

CARTONES CANÍBALES

     La periodista y escritora oscense Estela Puyuelo me ha enviado unos poemas que tienen como denominador común la intensidad expresiva, la rotundidad del ritmo y la frescura del lenguaje. Uno de ellos se titula Cartones caníbales y creo que viene como anillo al dedo en estos días prenavideños de consumo compulsivo y de multiplicación de residuos y desechos.

     Mientras unos desembalan miles de paquetes con juguetes, regalos u objetos innecesarios, otros rebuscan en los contenedores azules y llevan el cartón a algún almacén a cambio de unos pocos euros para sobrevivir. Es la cara agridulce de una nueva Navidad marcada por una crisis de la que no se atisba el final. Mi gratitud a Estela, una gran poeta, y mi homenaje a las personas solidarias y conscientes de una realidad tan injusta y desigual.

                         ¡Cuidado con las cajas vacías,

                         esas perfectamente bronceadas que hablan de fragilidad!

                         Observa los entornados párpados de sus ojos esquivos

                         en su letargo de digestión lenta

                         que evitan mirar de frente y mostrar su interior.

                          Despliegan su cuerpo ahora tridimensional,

                         abren la boca y pregonan la inutilidad del mundo.

                         Tienen hambre de ropa vieja, desfasada, incómoda e inconveniente,

                         de vestidos de novia.

                         Se alimentan de aparatos aniquilados por la era tecnológica y

                         tragan con ansia viejas cajitas

                         que fueron úteros fértiles garantizados

                         siempre a la espera de mejorar el parto.

                          Pero su manjar predilecto, presa fácil,

                         son los manuales de instrucciones,

                         ingenuos, ignorados, impotentes,

                         como docentes sin autoridad.

                         Amordaza esas cajas con cinta adhesiva,

                         cierra sus fauces hambrientas

                         antes de que te engullan

                         una tarde de aburrimiento, soledad o angustia.

                          Para mí ya es tarde.

                         La caja marrón estira sus solapas,

                         me estrangula con su garganta áspera,

                         deposita mi cuerpo en el interior de su estómago

                         y se cierra tras un raspazo.

                          Antes de digerirlo,

                         vislumbro entre las rendijas

                         las palabras que se grabarán en mi epitafio:

                         "¡Otra caja al trastero!"


                        

                                

AL FILO DEL INVIERNO

AL FILO DEL INVIERNO

     Mañana de diciembre en Aliaga. El día se despereza lentamente después de una madrugada con temperaturas rondando los diez bajo cero. La escarcha ha dejado su huella en los tejados, en los corrales, en los campos, en las riberas del río. Hay un manto blanco, casi inmaculado, que engalana las ramas ya desnudas de los chopos eternos. Esos chopos que flanquean el humilde Gualalope cada vez más escondido entre la maleza y las hierbas más rebeldes. El sol de diciembre, ese sol traidor y engañoso, se asoma tímidamente entre las montañas. Su recorrido será breve, fugaz, casi testimonial.

     A lo lejos, camina un grupo de excursionistas que han desafiado el frío de las primeras horas y regresan satisfechos camino del molino. En el reciente museo-restaurante repondrán fuerzas y disfrutarán de un paisaje nuevo, casi inédito. Eso sí, cuando llegue la tarde, al filo de las cinco, tendrán que abrigarse y buscar un lugar donde seguir compartiendo inquietudes y proyectos. Porque la vida sigue. Aunque en este valle, al filo del invierno, las horas parecen detenerse y el silencio es el rey de la naturaleza.

     Hay muchas maneras de disfrutar de este paisaje invernal. Lejos de la ciudad, lejos del bullicio, lejos de los hechizos prenavideños. Una buena lectura, una entretenida tertulia, unas partidas de guiñote y el fuego del hogar como testigo mucho de las largas tardes invernales.

HISTORIA DE MUJERES HABITADAS

HISTORIA DE MUJERES HABITADAS

    Ayer tuvo lugar en la librería zaragozana El Pequeño Teatro de los Libros el acto poético-musical de presentación del poemario Historia de mujeres habitadas de mi amigo y paisano Prudencio Herrera.  Fueron dos horas intensas, entrañables, preñadas de cultura. Plasmo aquí la presentación que con tanta ilusión preparé para los que no pudieron asistir a este evento.

UN VIAJE APASIONANTE DE LA MANO DE LA POESÍA

            “Confieso que he vivido por y para la Literatura. Ser profesor de Lengua Castellana y Literatura ha sido una de las experiencias más gozosas que he sentido en mi vida y que recomiendo a los jóvenes que desean ser felices”. Con estas palabras presenta el libro Prudencio Herrera, que nació en Aliaga (Teruel), que estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense y es Catedrático de Lengua y Literatura. Su pasión ha sido la Literatura e intenta difundirla entre sus alumnos por toda la geografía española.

      Historia de mujeres habitadas es el primero de una serie de poemas que verán la luz más adelante: Micropoemas de la lucidez y Mi primer amor y otros relatos. Tal como afirma Arturo González en un jugoso prólogo, la poesía de Prudencio es un arma cargada de verdades. Sus poemas aparecen desnudos de métricas, pero con una armonía interior sugerente, vital, estremecedora. En ellos el autor nos va desvelando su propia andadura vital. Porque Prudencio se hace eco de las preocupaciones del mundo que le rodea, de lo efímero del amor, de las heridas del desamor, de los viajes por la geografía europea, de la tierra que le vio nacer, de los entresijos del erotismo, de la cara oculta de la muerte y, sobre todo, de las historias íntimas de mujeres humilladas, olvidadas, vituperadas. Como afirma en su Poema de autor: “Son un trozo de mi vida, / un ramillete de palabras, / un trocito de mi tiempo, / un puñado de música; / lo que se siente en silencio, / lo que habita mi cerebro.”

     El libro empieza con unos sugerentes Micropoemas que son una reflexión sobre la poesía y la creación con ecos juanramonianos – “Te vestiste de poesía / en la piel asombrada de la noche” – un eco de las vivencias cotidianas surcadas por el amor – “El amor es un viaje / que conlleva equipaje y peaje” – la amistad, el desamor, la política, el paso inexorable del tiempo y ese sí a la vida plasmado en el poema Carpe diem, que evoca la dura lucha contra el cáncer.

      Este viaje apasionante continúa con Historias de chicas, del que quiero destacar La coleccionista de besos que son distintos según las estaciones del año y que expresan toda una gama de sentimientos: “Es cierto que los repetía  con generosidad / pero siempre se guardaba para ella / los más sencillos / los más tiernos, los más nuevos”. Estremecedor es el poema La casa de (Ana Frank) atrás, que nos sumerge en forma epistolar en el diario más íntimo de esta víctima de los nazis.

     Los Poemas de amor y los Poemas eróticos ahondan en los tópicos literarios más arraigados y revelan una descarnada sinceridad. Destacaría especialmente el poema Brindis nocturno  por su plasticidad, su ritmo envolvente y su entramado metafórico: “La risa se asomó al balcón de tus ojos / y en las quebradas de tu cuerpo / se encendieron mil hogueras”. Estas composiciones sirven de antesala a la parte que da título a la antología: Historias de mujeres. El autor se hace eco de los sentimientos de las mujeres que sufren malos tratos e injusticias y, siempre desde el punto de vista femenino, nos acerca a situaciones reales en poemas como Con la venia de su señoría, Cadenas para Ángela o Mujeres de arena, en el que critica el carácter discriminatorio del burka. Cercano, profundo, estremecedor es el poema Mujer valeriana en el que relata la historia trágica y vengativa de una mujer manipulada. Como contrapunto a los poemas de amor, cinco Poemas de desamor cargados de nostalgia y de una mirada esperanzada hacia el futuro. Así en La niebla del olvido hay un eco agridulce de la relación amorosa: “La niebla de tu olvido se hilvanó / de sombras, de tristeza, / de penumbra y de ausencia”.  

     Este viaje apasionante entre versos y rimas, entre palabras densas y sentimientos profundos da un quiebro para acercarnos a la realidad social más descarnada y cruel. En los Poemas sociales Prudencio rinde un homenaje a su padre y a todos los olvidados por la historia en Silencio histórico - ¡Qué silencio tan amargo sienten / aquellos que murieron dignamente! – se une el grito unánime en No a la guerra y evoca con rabia, con nostalgia y con un cariño inmenso por Aragón, la tierra que le vio nacer, sin olvidar a nuestro gran poeta y cantautor José Antonio Labordeta en uno de los poemas más logrados: No pongas tus sucias manos sobre Aragón. Su final es estremecedor: Aragón, despierta, / Teruel, protesta, / Aliaga no te mueras en la nada. Prudencio muestra también su preocupación por la situación actual del país en Marca Spain, se hace eco de la triste realidad del control total del ciudadano en Pasaporte, por favor y no olvida los desmanes e injusticias de tantas dictaduras en Vuelos de la muerte.

     El itinerario poético de Prudencio no puede esquivar la realidad más cruel y cotidiana: la muerte. Poemas sobre la muerte comienza con unos versos escalofriantes, que completó su hijo después de encontrarlos en un cajón. La personificación de la muerte,  a la que califica de canalla, esperpéntica, malvada, rastrera o rapaz nos remiten a los poetas medievales ente los que destaca una de las elegías del Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor. Culmina esta parte con Muerte de una idea, cargado de sugerencias y emociones: “Se me murió una idea en el papel / y estoy de luto”.

      El viaje literario se enriquece también del viaje real. Porque Prudencio es un gran lector de la vida – como dice en la introducción -. Con Pasajeros al tren, poema con evidentes ecos machadianos inicia una andadura real y poética por ciudades como Marrakech – “Ciudad amurallada por el tiempo / doncella de rojiza tez…”, – Nueva York – “Como una amante lúbrica / te recibe y te envuelve / en su belleza”, León – “Capricho de luz diurna / y dama engalanada nocturna” y Estambul – “Medusa invertida en sana indiferencia: / serenidad, silencio, sombras…”.

     Cercanos, íntimos, cálidos y sugerentes son los Poemas familiares. En ellos vuelca Prudencio lo más profundo de su itinerario vital, un viaje apasionante con los suyos. El poema Mírame a los ojos, hijo mío expresa los deseos de un padre que quiere dejar una savia vital y fecunda. En Cuaderno azul sueña con la herencia que deja para los suyos un buen escritor. Otros poemas como Mayoría de edad: son sólo dieciocho – “Disfruta lo que puedas / y bébete la vida sorbo a sorbo” – o ¡Feliz cumpleaños, mi amor! nos reconcilian con el presente y con los aleteos cotidianos de felicidad.

     No podían faltar en esta variada y rica antología los Poemas didácticos. Como docente, igual que José Antonio Labordeta y tantos y tantos poetas, Prudencio reflexiona sobre su tarea en el aula en Verbos en primera conjugación – “Pasé mi vida / enseñando a pensar, / a soñar / a volar…” y reivindica de una manera directa y crítica en  El lapicero verde la importancia de la educación en el momento actual, tan amenazada desde esferas políticas e ideológicas: “¿Qué les pasa a los maestros de ahora que están serios? / Enferman de tristeza entre las cuatro paredes… / Los quieren mudos, desnudos…/ Es tiempo de silencio, de sumisión,…” Cuatro Poemas de autor completan este poemario. En Un día extraordinario nos invita a disfrutar del latido de lo cotidiano – “Es de sabios el convertir / lo ordinario en lo sublime”. En Lugares no tan comunes subyace un trasfondo existencialista – “¿Quién soy yo? / ¿Quién fui yo?” –. Hay una decidida declaración de principios en Si de sinceridad se trata y un canto a la soledad en el breve e incisivo poema final: “Si me llaman, digan que he salido; / que quiero encontrar la soledad / y vivir en ella por un tiempo”.

     En el epílogo con el que concluye este viaje apasionante, Prudencio reflexiona sobre la dificultad de escribir poesía, busca unas recetas adecuadas e invita a los lectores y aprendices de poetas a mirar con atención y curiosidad al escaparate de la vida. Allí encontrarán materia prima para escribir. Un reto y una tarea terapéutica y placentera.

 

 

 

 

NOVIEMBRE (V)

NOVIEMBRE (V)

     Se nos va al mes de noviembre con las cumbres coronadas de nieve, con el cielo gris y con un frío que anticipa las próximas fechas de finales de año. Se nos va noviembre con más efemérides, con más celebraciones, con galardones, con homenajes, con la estela agridulce del recuerdo.

     Anoche, en la sede central de Bantierra, en el histórico salón de actos del antiguo Casino Mercantil de Zaragoza, testigo mudo de la presencia de intelectuales y famosos como Leopoldo Alas "Clarín" o el propio Einstein, tuvo lugar la reunión anual de la Asociación Aragonesa de Escritores. En ella se concedió el premio Imán - homenaje a nuestro gran novelista Ramón J. Sender y nombre de la revista de este colectivo cultural que ha cumplido sus diez primeros años - al escritor Fernando Aínsa por su trayectoria vital, intelectual y literaria. Fernando es una persona entrañable, apasionada por las letras, enamorada de la cultura. Este intelectual de raíces aragonesas y uruguayo de adopción pertenece a la generación de los niños de la guerra civil y vivió la experiencia del exilio. Como decía ayer en su discurso de recepción, es como el Cándido de Voltaire, que después de viajar por medio mundo, regresa a la tierra de sus antepasados para culivar su huerto, enriquecernos con su bagaje cultural y seguir al pie de el cañón en su creación literaria.

     Conocí a Fernando hace unos diez años. Me sorprendió gratamente su talante humano y su visión optimista de la vida. Visité su casa de Oliete un domingo tormentoso de agosto y me impactó su nutrida librería, su despacho orlado de silencio y soledad y el huerto que le sirve de ocio e inspiración para sus escritos y poemas. Con Aprendizajes tardíos se dio a conocer como poeta. Pero su larga trayectoria literaria lo consagran como un gran ensayista y como un creador de relatos sugerentes y simbólicos.

     El acto de ayer supuso un merecido reconocimiento a su labor y un nuevo impulso a esta Asociación que organiza más de cuatrocientos actos culturales al año y que tiene en su seno a escritores de primera fila como José Luis Corral, Angel Guinda, Miguel Ángel Yusta o Luisa Miñana. Fue significativa la presencia de la Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón Dolores Serrat que esbozó un discurso de buenos propósitos para el futuro cultural de Aragón, tan castigado por la crisis. Intentó responder a las palabras de José Luis Corral, presidente de la Asociación que destacó la importancia de la cultura en estos momentos de crisis y reclamó una mayor atención a este ámbito, tan olvidado por nuestros representantes políticos.

   (En la fotografía: Fernando Aínsa, acompañado por Dolores Serrat y José Luis Corral)

NOVIEMBRE (IV)

NOVIEMBRE (IV)

    El mes de noviembre se nos esfuma. Ha sido un mes paradójico, intenso, lleno de efemérides, recuerdos y celebraciones. Los últimos días han venido marcados por un clima invernal. En Zaragoza el cierzo no ha dejado de azotarnos y salir a la calle se ha convertido casi en una odisea. Pero la vida continúa. Y nos solidarizamos con los mineros de Mequinenza, con las víctimas de esos terroristas y delincuentes peligrosos que han sido excarcelados antes de lo previsto, con los maestros, con los profesores, con aquellos que duermen en los parques en un ambiente helador, con los que sortean las montañas de polvorones y los pegajosos villancicos de los centros comerciales, con los que se oponen al consumismo, con los que apuestan por la cultura. Por la Cultura con mayúsculas.

    Porque la literatura nos reconcilia con la vida. Y la poesía nos ayuda a sobrellevar mejor el día a día rutinario y, a veces, anodino. Por eso estoy preparando con ilusión la presentación del libro Historia de mujeres habitadas, de mi paisano y amigo Prudencio Herrera Piqueras. Desde Coslada me envía esta CONVOCATORIA: Acto poético-musical en torno al libro "Histoira de mujeres habitadas, de Prudencio Herrera, catedrático de Lengua Castellana y Literatura, nacido en Aliaga y residente en Madrid. Invitación a los hijos de sus maestros, familiares, amigos de Teruel (de Aliaga, Santa Bárbara, La Aldehuela, Campos, Cobatillas,...) y Zaragoza, amantes todos de la inteligencia.

    El acto tendrá lugar el próximo 4 de diciembre, miércoles, a las 20 horas, en la librería del barrio de Las Fuentes de Zaragoza, El Pequeño Teatro de los libros. Allí compartiremos, poesía, vida, cultura y aliento vital.

(Fotografía adjunta de la portada del libro)

 

NOVIEMBRE (III)

NOVIEMBRE (III)

     Un sol otoñal se cuela por los cristales en esta mañana aparentemente apacible de noviembre. Digo apacible porque aún no me ha golpeado el cierzo del valle del Ebro que lame las esquinas y altera el sosiego de las aceras. La mañana se presenta tranquila. Eso sí, con una agenda distinta a las del fin de semana. Café con leche y churros en la cafetería-restaurante Los Tulipanes, un lugar acogedor en el que uno se encuentra como en su propia casa. Luego me acerco a una tienda de muebles que ha roto los precios esta semana y está abarrotada de clientes. Eso queremos todos: ofertas, bonificaciones, precios especiales. Porque el fantasma de la crisis sigue ahí, en cada recoveco de las calles, con mendigos a la puerta de los supermercados, con buscadores de algo para sobrevivir en el vientre oscuro de los contenedores, con los establecimientos cerrados, llenos de polvo y dejadez.

     Mi regalo matinal - o auto-regalo - ha sido la revista TURIA, su número 108 que coincide con su treinta aniversario. Se celebró en Teruel el martes. Y rinde homenaje a la que fue iniciadora y codirectora Ana María Navales. También colaboran escritores de primera fila como Paul Auster y Fernando Savater. Hojeo la revista con cariño, con deleite y me detengo en una página de poesía que me llama la atención y no puedo evitar leer antes de llegar a casa. Me identifico totalmente con el poema de Luis García Montero y lo plasmo aquí como un regalo otoñal para todos los docentes, para todos los adolescentes que acuden a nuestras aulas, para todos los que empezamos a ver la vida desde una atalaya agridulce.

                                            VIGILAR UN EXAMEN

                                   Ser dos ojos

                                  que deben contemplar la triste historia

                                  del joven español que se hace viejo.

                                   Al fondo de la clase,

                                   un murmullo de himnos, canciones y protestas.

                                    Miro en aquel pupitre

                                   a ese niño que fui. Estaban las preguntas

                                   en un folio marcado con yugos y sotanas.

                                    De memoria sabía

                                   rezar, callar, decir que sí, perdón,

                                   no me lo tome en cuenta.

                                    Me veo adolescente. El muchacho de al lado

                                   aprendió sus lecciones. Yo procuro copiarme

                                   para correr y luego

                                   imaginar los ríos de montaña,

                                   el agua pura

                                   hasta donde no llegan las mentiras,

                                   ni el privilegio impune,

                                   ni la pobreza calculada

                                   como una enfermedad de la nación.

                                    En la última fila

                                   rebusca en su libreta el joven descarado

                                   que ya no tiene miedo,

                                   que no soporta el gris,

                                   que no piensa perder porque desprecia

                                   el dinero del rey

                                   y la corona del banquero.

                                    Vigilar un examen

                                   sobre historia de España. Ser dos ojos

                                   de persona mayor

                                   doctorada en antiguas esperanzas

                                   que una vez más observa

                                   la fatuidad, la corrupción, la falta

                                   de pudor en los jefes de la tribu.

                                    No hay nada más cansado en este mundo

                                   que corregir exámenes. Ver cómo pasa el tiempo,

                                   envejecer, sentirse tachadura

                                   sobre papeles amarillos,

                                   víctima y responsable

                                   de un amargo suspenso general.   

                                      

 

NOVIEMBRE (II)

NOVIEMBRE (II)

    A medida que avanza el mes, los acontecimientos se acumulan como en una montaña rusa. No hay día en el que no aparezcan turbios asuntos de corrupción, engorros judiciales, decisiones polémicas. No hay día que termine sin el lastre de unas horas vividas al filo de la navaja. Porque, a pesar de la cauta autocomplacencia del gobierno, la crisis sigue muy viva en este país y el número de parados continúa en aumento. Es verdad que lo mejor es mirar la botella medio vacía. Pero cuesta creer las previsiones optimistas cuando se comprueba cada día que el cierre de fábricas continúa, que miles de autónomos tienen que bajar la persiana y que los expedientes de regulación de empleo se multiplican.

    En lo meteorológico, noviembre está mostrando, por fin, su aspecto más invernal. Como un dios Jano, ha exhibido las dos caras: la del clima apacible de primeros de mes y la del frío y la nieve de los últimos días. Es como un anticipo del invierno y para algunos, un anticipo de la Navidad. Esa Navidad que ya nos quieren meter por los ojos los grandes almacenes y los supermercados con las montañas de polvorones y el señuelo de regalos de todo tipo. Nos anticipamos a los hechos como si quisiéramos huir hacia adelante. Y esta huida del presente es algo casi consustancial al ser humano cuando no quiere comprometerse ni afrontar la realidad por muy cruda que sea.

     Hay otros ámbitos en los que noviembre se manifiesta de modo especial. Porque en lo cultural continúan los recitales poéticos en La Campana de los Perdidos. Anoche nos deleitaron con sus versos las poetas Estela Puyuelo, Reyes Guillén e Inés Ramón. Excelente velada y sugerente declamación. En lo deportivo, el miércoles se homenajeó a Fernando Cáceres, uno de los héroes de la recopa del 95. ¡Qué lejos queda ya aquel 10 de mayo! Cada vez valoramos más aquella gesta cuando estamos viendo al Real Zaragoza deambulando como un zombi por los campos de segunda división. Ayer sufrió una derrota humillante en Jaén. Porque el equipo no juega a nada y el zaragocismo está realmente preocupado. Otros asuntos entretejen la vida cotidiana. Pero los dejamos para otro día. De momento, voy a releer con detención el poemario de Prudencio Herrera Historia de mujeres habitadas. Mi paisano de Aliaga prepara su presentación en Zaragoza para el próximo día 4. Hablaremos del evento. De momento, habrá que disfrutar de esta mañana dominical gris, opaca y paradójica, como muestra de estas fechas del calendario.

 

NOVIEMBRE (I)

NOVIEMBRE (I)

     Con frecuencia nos dejamos llevar por las fechas, por los meses, por las estaciones. Y la verdad es que no deja de ser un tópico del que intento desembarazarme año tras año. Y, eso sí, cada año llega a su cita el mes de noviembre con su simbolismo otoñal, con los últimos frutos de la huerta, con el ocre y el amarillo engalanando el paisaje y con un reguero gris de infinita nostalgia.

     Sin embargo, este mes de noviembre parece algo distinto. No sólo por el clima, que es más suave y apacible que otros años sino por el talante optimista que intento hacer mío cada día. No es fácil, pero es lo mejor. Como dice Luis Cernuda - el gran poeta andaluz de la Generación del 27 del que se conmemora el cincuenta aniversario de su muerte en el exilio mejicano - hay que mirar adelante como el peregrino, como Ulises, y no volver la vista atrás, aunque nos seduzcan los señuelos falsos del pasado.

     El pasado fin de semana estuve en Aliaga, en Alcañiz y en La Fresneda. Durante tres días me embebí del paisaje otoñal que flanquea las orillas del Guadalope, del paisaje agreste de las inmediaciones de la capital del Bajo Aragón turolense y, sobre todo, del encanto histórico, arquitectónico y natural de La Fresneda, un pueblo desde el que pude contemplar la cuenca del Matarraña, los campos de olivos, de almendros, de vid y los pinares oscuros y misterios. Me encantó este pueblo cercano a la provincia de Tarragona y no muy lejos de la de Castellón. Me encontré con personas acogedoras, abiertas, hospitalarias y regresé a casa embebido de arte y de historia.

                                        Peregrino

                                                                  ¿Volver? Vuelva el que tenga,
                                                                  tras largos años, tras un largo viaje,
                                                                  cansancio del camino y la codicia
                                                                 de su tierra, su casa, sus amigos,
                                                                 del amor que al regreso fiel le espere.

                                                                   Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas,
                                                                  sino seguir libre adelante,             
                                                                   disponible por siempre, mozo o viejo,
                                                                   sin hijo que te busque, como a Ulises,
                                                                   sin Itaca que aguarde y sin Penélope.

                                                                    Sigue, sigue adelante y no regreses,
                                                                    fiel hasta el fin del camino y tu vida,
                                                                    no eches de menos un destino más fácil,
                                                                    tus pies sobre la tierra antes no hollada,
                                                                    tus ojos frente a lo antes nunca visto.

    Porque conocer lugares nuevos, pasear por sus empinadas calles, ascender a lo más alto y contemplar la amplitud del paisaje ensancha el alma y llena de alegría el corazón. Este es el talante del peregrino, del que tiene curiosidad intelectual, del que mira siempre hacia adelante. Como Cernuda, como León Felipe, como Ulises.

(Foto: Calle mayor de la Fresneda con la plaza del ayuntamiento al fondo)

 

RETOS

RETOS

     Dicen que la vida es un reto constante. Que los breves años que van desde la niñez a la vejez son como la subida y bajada de una montaña. Primero contemplas la cumbre desde lejos, te ilusionas e intentas lograr tu objetivo. Ya en la cima, disfrutas con emoción de unos momentos de efímera felicidad; y luego emprendes un descenso acelerado hasta el valle que te vio nacer y crecer. Es una de las metáforas más logradas de nuestra andadura vital. Como un reto, como una conquista, como una meta por alcanzar.

     Pero para avivar la llama de este reto fundamental - el único - es necesario vivir otros retos que pueden ser de todo tipo. Estos se ajustan a la edad, cultura y otras condiciones personales. Hay retos profesionales, retos académicos, retos familiares y retos deportivos. Hoy me voy a centrar en estos últimos, ya que el deporte siempre ha sido una de mis aficiones - no me atrevo a decir pasiones - y, gracias a él, he logrado mantenerme en forma y poder llevar una vida sana y equilibrada, dentro de lo que cabe. Porque es verdad que los retos se ganan día a día. Esta mañana lo he experimentado participando en la carrera por la integración organizada en Zaragoza por Ibercaja cada año a finales de octubre. Una excelente temperatura ha permitido que casi doce mil personas nos hayamos dado cita para compartir unos minutos de deporte sano sin ningún afán por competir. Tal vez el único objetivo de cada uno de los corredores era superar su propio récord: bajar de los veinte minutos, de los treinta o de los cuarenta.

    Ha sido una nueva ocasión para medir nuestra fuerza física y mental. Para aspirar a superar un nuevo reto, por muy pequeño que parezca, para expresar mediante el esfuerzo esa metáfora de la vida basada en el superación, la tenacidad y, sobre todo, el equilibrio. Y si, además, hay un motivo solidario, mejor que mejor.

UNA HISTORIA APASIONANTE

UNA HISTORIA APASIONANTE

     Hojear un libro, acariciar un libro, contemplar su forma, su textura, su peso, su color, su luminosidad ha sido hasta hace unas décadas un placer reservado a una minoría. Ahora el libro se ha popularizado, afortunadamente, aunque en algunos países todavía se mantiene en alto amenazante la espada de dámocles de la censura. Porque es una suerte y un privilegio que nuestros niños y jóvenes se acerquen con ilusión al libro impreso y comiencen a familiarizarse con el libro digital.

     Han transcurrido muchos siglos desde que nuestros antepasados más ancestrales escribían y leían en tablillas de cera o pequeñas pizarras de barro. Luego vino el papiro y después el pergamino. Fueron muchos años de lentos avances, de trabajo y de imaginación. Hasta que en el siglo XVI el orfebre alemán Johannes Gutenberg revolucionó la expresión escrita con la invención de una imprenta muy rudimientaria que se iría perfeccionando poco a poco. Ya a finales del siglo XX, con la llegada de los ordenadores y de Internet, al soporte impreso le surgió un competidor - yo diría que un digno rival -. Nacerían los libros electrónicos o ebooks que, de momento, no han podido con el libro tradicional y, al parecer, son un elemento complementario y enriquecedor.

      Eso y mucho más aprendieron nuestros alumnos de primero de ESO en su visita a la biblioteca Ildefonso Manuel Gil de la Diputación Provincial de Zaragoza. Les explicaron con láminas e ilustraciones la dilatada historia del libro y, en un marco excepcional como es la antigua biblioteca del casino principal de la capital aragonesa, pudieron comprobar el valor de los libros como testigos mudos de la historia y como heraldos de un pasado cultural al que no conviene dar la espalda.

TARDE DE DOMINGO

TARDE DE DOMINGO

     Me dicen mis amigos y mis lectores que ahora me prodigo poco en mi blog. Que escrribo mucho menos. Y la verdad es que no es por falta de tiempo. Tal vez la inspiración no sea la misma o quizás ya se ha desvanecido la ilusión de los primeros años. También es cierto que esta página ha encontrado nuevos competidores como el ebook, el facebook o incluso el nuevo móvil inteligentes. De todos modos, siempre hay algo de lo que escribir, algo que compartir, algo que comunicar al filo de este crepúsculo dominical de un otoño disfrazado de serena primavera.

     He titulado así esta última entrada porque me ha venido a la mente la letra de una canción del dúo Amaral. En ella dibujan una tarde dominical tranquila, sosegada y un poco anodina. Me pregunto por qué las tardes de domingo suelen tener esta mala fama. ¿Por la cercanía del lunes? ¿Por el contraste con las vivencias de la noche del sábado? Seguramente hay de todo un poco.

     En estas tardes de domingo me gusta mirar hacia el futuro a muy corto plazo y prepararme mentalmente para la semana que está a punto de comenzar. Es bueno tener en la mente esbozos de ilusión y pequeños planes. Lo primero será el trabajo de docente, desde luego. Pero luego vendrán los pequeños eventos vespertinos, el fluir del día a día y los ratos dedicados a la lectura y a la creación literaria. Porque es bueno que al día le falten horas y que la mente siga despierta y activa. De otro modo se podría caer en pequeños bajones anímicos, algo que no recomiendo a nadie. Eso sí, ya se encargarán los agoreros de saturar la red de malas noticias, de recordarnos efemérides desagradables y de pintar de gris el futuro.

     De momento, aquí están estas líneas, escritas mientras contemplo cómo la noche va ganando terreno al día y cómo el domingo nos va diciendo adiós con un sabor agridulce y esperanzado.

CONTRASTES

CONTRASTES

      El otoño es una estación de contrastes. Contrastes que unas veces se transforman en paradojas y otras en simples contradicciones. A medida que avanza el mes de octubre la naturaleza se va despojando lentamente del verdor azulado del estío y se convierte en un manto amarillento surcado de grises amarronados.

      Pero esos contrastes se manifiestan con más nitidez cuando uno viaja en pocas horas desde el bullicio de la ciudad, vestida artificialmente de fiesta y de jolgorio, y la paz de los pueblos solitarios de la sierra, sólo alterada por el humilde rumor del río o por el murmullo de una cascada. En ese momento fugaz y efímero, como todas las vivencias más o menos intensas, el clima otoñal transmite silencio, serenidad y sosiego. Una paz que los urbanitas difícilmente son capaces de apreciar ni valorar.

      Lo experimenté la semana pasada, cuanto realicé un viaje relámpago a Aliaga y me paseé por las orillas del Guadalope. Mientras contemplaba el perfil de las casas del barrio bajo y el color amarillento de los chopos centenarios, me acordaba de esos árboles talados sin motivo aparente en las calles de mi barrio, de ese río cada vez más contaminado, de esas aceras llenas de suciedad y de residuos. Son despojos otoñales, fruto del capricho del hombre. Afortunadamente, todavía quedan oasis en los que refugiarse de vez en cuando en busca del solaz que no nos ofrece la gran ciudad.

 

EN PENUMBRAS

EN PENUMBRAS

    Pocos poemarios de los que recientemente han pasado por mis manos contienen la sutileza, la profundidad y la fuerza interior como el primer libro de poemas de la escritora granadina Magda Robles León, presentado el pasado mes de junio y que ha obtenido el XVII Premio Nacional de Poesía "Miguel de Cervantes" de la ciudad de Armilla. Su sugerente título - En penumbras se hizo verbo - sigue la pauta de su excelente blog y retoma un camino surcado de sueños, reflexiones, nostalgia, soledad, amor, desamor,... motivos que se remontan a lo más granado de nuestra tradición poética.

     La excelente introducción del poeta Francisco Acuyo nos abre las puertas a una auténtica metamorfosis, a una inefable transfiguración en la que el Verbo, la palabra recobra su protagonismo desde los primeros versos: Tan solo nací / para ser tu palabra / a través de tu boca, así comienza su primer poema ESPEJISMOS. Porque la palabra va más allá de la escueta realidad y transita por senderos insospechados llenos de vida. Así lo confiesa Magda en una POÉTICA de raíces becquerianas: La palabra / que late cual sangre ardiente, /arrebata y da vida en el mismo intento. A partir de ahí, desfilan los sentimientos de modo sublime, cual notas dormidas en el desván de los sueños. Y brota el SILENCIO - Este ruido está tan lleno de silencio... - y se deshoja lentamente la margarita efímera del tiempo que se pierde sin remedio en los laberintos de la memoria.

      Porque la poesía de Magda elige senderos teñidos de incertidumbre, SENDEROS DE TINTA, caminos soñados por el aire, cual una marioneta o una frágil luciérnaga; travesías marítimas en un intento de renacer cual sirena varada o Penélope enamorada de la vida. Todo ello a contratiempo, bajo la fatal amenaza del TIC-TAC imparable: Caen las horas / y ruedan como cabezas./ La guillotina ha visitado recuerdos... Recuerdos que son versos escritos a dentelladas, que son palabras que gotean con dolor cual una fuente reseca, que son albas sombreadas y ocasos sin retorno.

     Pero la poesía está impregnada de ausencias, de reencuentros, del poso agridulce de la memoria, del goce inefable de un amor imposible. Un amor cual estallido de pasiones, un amor que penetra en la desnudez del alma, un amor que se transforma día a día desde el sueño de un dios creador del verbo. Es LA VOZ DE LA PENUMBRA, poema que cierra la antología con un guiño a la Guiomar de Antonio Machado: Mujer sin voz esculpida en letras. / Musa y amante derramada en páginas. Como en Bécquer, amor y poesía se dan la mano - Poesía eres tú - y caminan por una vereda llena de surcos, cuajada de sentimientos sublimes, ahíta de luz y plenitud.

     Voy a plasmar uno de los poemas que, en mi opinión, reflejan mejor la esencia de la poesía de Magda:

                                            METAMORFOSIS

                                   Mudar la piel...

                                   Sentir cómo se desprende

                                   poco a poco y suavemente,

                                   renegada e insumisa

                                   porque ya no percibe tu tacto.

 

                                    Desvestir el cuerpo

                                    más allá de toda ropa.

                                    Ser crisálida abandonada

                                    de voluntad y entendimiento,

                                    oculta tras el embozo.

 

                                    Y dejarse caer.

                                    porque hay días

                                    que como pájaro indefenso

                                    la tristeza anida en los ojos.

                                    (...y se convierte en áspid...)

 

BESOS

BESOS

                                         BESOS
                                  Hay besos dulces,
                                 besos salados y
                                 efímeros.
                                  Hay besos con veneno
                                 besos embriagadores
                                 besos con sabor a nata
                                 o a vainilla.
                                  Abundan los besos falsos,
                                de cartón...
                                o de porcelana.
                                 Y son muy escasos
                                los besos de amor...
                                apasionados, densos,
                                profundos,
                                casi eternos.
                                 No sé si elegir
                                los que envenenan
                                el alma
                                o los que hacen añicos
                                el corazón.

OTOÑOS

OTOÑOS

     Esta noche entrará de nuevo el otroño meteorológico y se esfumará definitivamente otro verano. Un verano efímero, cálido, prometedor. Pero este nuevo equinoccio, en el que los días compiten con las noches, marca el inico de un otoño que se va incorporando con suavidad, con dulzura, como si no quisiera herir de nostalgia a los amantes de la luz y de los crepúsculos dilatados.

      Porque, en realidad, vivimos varios otoños. Al menos, dos estaciones distintas con una misma denominación. El otoño dulce de finales de septiembre y del mes de octubre y el otoño austero y crepuscular de noviembre y de principios de diciembre. El primero se resiste a abandonar esa placidez de las tardes veraniegas y esos amaneceres con un sol todavía generoso; el segundo se embebe paulatinamente de sombras y nos sumerge en la melancolía.

     Nunca me ha gustado esa acotación progresiva de las horas de luz. Nunca me ha gustado ese despojo de los árboles y esa tonalidad amarillenta de los valles y de los montes. Es como si nos robaran algo de vida, como si atenuaran sibilinamente nuestras ganas de vivir. De todos modos, hay que buscar en el otoño el aliento del paisaje, que se viste de colores inusuales, la generosidad de la tierra que nos ofrece sus últimos frutos y ese sosiego de la naturaleza que nos invita a aprovechar con más intensidad las horas centrales del día. Sin olvidar, desde luego, ese otro otoño cultural que sobrevive sin tregua a pesar de los recortes y la alargada sombra de la crisis.

     Vuelve el otoño, vuelve el curso escolar y se adivina el regreso a la rutina. Eso sí, en Zaragoza todavía queda un paréntesis festivo que nos recuerda de nuevo las fiestas y celebraciones del pasado verano. Es la semana del Pilar que rompe de nuevo la monotonía de los días y marca el final de una etapa festiva, lúdica y trasnochadora antes de sumergirnos en esos largos meses que, con o sin nostalgia, siempre nos van a dejar un resquicio para la reflexión y la esperanza.