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josemarco

IMPRESIONES

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD

          Con un poema alusivo a estas fechas y con la foto de mi amigo Juan Marqués os quiero desear una felices fiestas de Navidad. Aunque las Navidades no sean como las de antes, retomaremos la ilusión y alentaremos la esperanza.

                                        MIENTRAS TANTO

                                Quedan huecos vacíos,

                                sillas sin ocupar

                                en torno de una mesa

                                acicalada.

                                Queda la soledad,

                                queda el silencio

                                y esa sonrisa azul

                                desde el ocaso.

                                Lo sé

                                y lo estoy viviendo

                                al filo de unas fechas

                                despojadas

                                de todo lo que bulle

                                desde dentro.

                                Sé lo que es revivir

                                y volver a renacer

                                y abrazar el presente

                                y olvidar el olvido.

                                Mientras tanto,

                                miro hacia el horizonte

                                de los sueños

                                y estrujo los minutos

                                que rompen sin tapujos

                                la niebla rutinaria

                                de estos días.

                                Mientras tanto,

                                recuerdo a los amigos,

                                a mi escasa familia

                                y comparto con ellos

                                la nueva Navidad

                                que nos depara

                                un presente fugaz,

                                feliz,

                                apasionado.

FIESTA DE LA DEMOCRACIA

FIESTA DE LA DEMOCRACIA

      Cuarenta años después de la muerte del dictador, Francisco Franco - al que algunos recuerdan todavía con nostalgia -, estamos celebrando una nueva fiesta de la democracia. Una más. Y que sean muchas. Eso significará que el sistema, a pesar de sus imperfecciones, goza de buena salud. Poco después de comer me he acercado con mi hijo al colegio electoral próximo a mi casa y hemos depositado nuestros votos en sendas urnas. Era la primera vez que votaba Javier en unas elecciones generales. A sus veinte años ya ha votado tres veces. No sé si mi padre - su abuelo - pudo votar más de dos veces en su corta y azarosa vida. Porque es verdad que lo que hoy - afortunadamente - consideramos como algo relativamente normal, fue algo impensable desde el año 36 hasta el año 1977. Fueron años oscuros, grises, de dura intransigencia y de mordazas por doquier.

      Por eso hoy es un domingo especial. Y, como en todas las citas electorales, he desayunado fuera de casa y a las ocho de la tarde estaré como un clavo viendo los imformativos de las distintas cadenas. Porque la incertidumbre es, de momento, lo que más predomina, a dos horas del cierre de los colegios electorales. Luego vendrá el recuento, los escaños y, a partir de mañana, contactos en todos los niveles y preparación de posibles pactos. De todos modos, lo que nos tiene que quedar de esta fecha es que en una España en paz, jóvenes, adultos y mayores han podido acercarse a las urnas y depositar su voto. Un voto que vale igual para todos. Lo mismo vale el de un potentado multimillonario que el de un humilde sin techo. Esa es una de las grandezas de la democracia.

TARDE DE DOMINGO

TARDE DE DOMINGO

     Hay tardes de domingo grisáceas, cárdenas. Hay tardes de domingo crepusculares y decrépitas. Hay tardes de domingo simplemente otoñales. Pero, a veces, uno se sobrepone a los golpes bajos de la rutina y la melancolía para compartir con los amigos un campeonato de guiñote en el bar Las Palmeras, uno de los clásicos del barrio de Las Fuentes.

     Allí viví con mi hijo Javier unas horas intensas, con la mente despejada, con los nervios aplacados y con la suerte como buena aliada. Tanto es así que, al filo de las nueve de la noche, salíamos con nuestros trofeos y rematábamos unas horas en las que la afición puede más que cualquier otro tipo de ocio.

     Y ahora, a la espera del próximo campeonato. Creo que será en Aliaga, cuna de grandes jugadores de guiñote, el próximo puente de la Inmaculada. Allí estaremos, desafiando el frío y reencontrándonos con grandes amigos, con excelentes rivales y, si la suerte nos acompaña, con un alegre brindis prenavideño.

FRUTOS TARDÍOS

FRUTOS TARDÍOS

     Un otoño apacible se prolonga durante el mes de noviembre, antes de que las cumbres de los montes del Sistema Ibérico turolense se cubran de nieve. Esa nieve que cada año es más tardía y más escasa. Mientras tanto, el sol otoñal brilla durante las horas centrales del día e invita a los pocos habitantes que quedan en los pueblos a pasear, disfrutar del paisaje, respirar aire puro y saborear el silencio de los valles solitarios.

    Este año ha sido pródigo en frutas otoñales, especialmente de manzanas. Aunque tampoco hay que olvidarse de las nueces, los membrillos o las almendras. La temperatura agradable ha mantenido las frutas en el árbol durante más tiempo, como ocurre con esta foto de un manzano que bordea la carretera en el barrio Santa Bárbara de Aliaga y que puedo compartir con vosotros gracias a la gentileza de Enrique Suco. Lo mismo ocurre con las huertas, casi despojadas de todas sus hortalizas. Sólo quedan por estas fechas las coles, el cardo y alguna escarola. Lo demás hibernará durante casi medio año hasta que llegue la primavera y se prepare una nueva cosecha.

   Es la rueda de la vida, el círculo de los meses y de las estaciones. Ahora estamos en un mes de declive, de transición, de ocaso preinvernal. Y, aunque no me gusta noviembre, tengo que reconocer que tiene su encanto, sobre todo en esos lugares adonde la niebla sólo se acerca por las mañanas y da paso a un sol que tiñe de realza el amarillo de las hojas, alienta el verde de los pinos y mantiene en pie las ramas desnudas de los chopos cabeceros.

INCIPIENTE OTOÑO

INCIPIENTE OTOÑO

    El inicio del otoño, que se estrenó ayer con el equinoccio de septiembre, no suele coincidir con el otoño climatológico. Sin embargo, hay indicios claros de su inmediata llegada. Estos síntomas se advierten más en los núcleos rurales que en las grandes ciudades. Por la mañana suele caer una ligera rosada en los pueblos de la sierra, comienzan a humear las chimeneas y, sobre todo, el día va perdiendo enteros en favor de la noche, cada vez más larga. Además, las temperaturas nocturnas invitan a abrigarse y, con frecuencia, a caldear las casas al atardecer.

    Personalmente no me suele gustar el otoño: esa estación de ocres y amarillos, de hojas caídas, de ramas desnudas y de atardeceres agrisados. Sin embargo, hay un aspecto de esta estación que contrasta con la tristeza y la melancolía. Es el primer otoño, el que abarca septiembre y octubre, el que prolonga todavía los ecos del verano, el que nos regala con sus frutos - uvas, ciruelas, manzanas, peras, nueces, membrillos - y el que nos contagia un clima de dulzura y serenidad. Ese es el otoño que deseo y con el que más disfruto. En cambio, cuando llega noviembre, el gris se apodera del paisaje, el amarillo se va desvaneciendo y los días se engalanan de un tono cárdeno y anostalgiado.

    Para decir adiós a este tórrido verano y dar la bienvenida a estos tres meses otoñales, comparto con vosotros una fotografía del blog de mi amigo y paisano Luis Antonio Pérez (lperezcerra.blogspot.com). En ella podemos observar el otoño en Aliaga, a orillas del Guadalope, con todo su esplendor.

Y VOLVER, VOLVER...

Y VOLVER, VOLVER...

    Cuando llega el mes de septiembre, nos bombardean desde todos los rincones y nos hablan de rutina, de vuelta al cole, de regreso a nuestras obligaciones, de ajuste de horarios, de coger el ritmo, de no mirar hacia atrás.

    Pero septiembre es mucho más que un regreso a la ciudad teñido de nostalgia. Porque septiembre sabe a reencuentro, a otoño dulce, a fiestas en los pueblos, a tardes dilatadas, a cielos agrisados, a caminatas por la ribera del río, a rutas en bicicleta, a nuevas amistades.

    Y aunque el clímax festivo del mes lo marcan las fiestas de Aliaga, no podemos olvidar la noche festiva de Garrapinillos, la tarde soleada de Leciñena, la noche de terraza en el centro de Huesca, el pregón de fiestas de Remolinos, el rancho y el concurso de guiñote con un valioso segundo premio.

    Ahora viene la segunda parte del mes. Nos esperan las clases, las reuniones, el grupo de lectura, el frontenis, el concurso de guiñote de Zuera, el reencuentro con los alumnos, las notas de selectividad, los recuerdos del verano, la vendimia, el color amarillo, los rebollones,...

    En septiembre todo vuelve. Menos aquellos que se han quedado en el camino durante estos largos meses de verano. Es de esperar que, a pesar de los tópicos, mantengamos la ilusión y voovamos a la poesía, a la creación literaria, a los conciertos, a las presentaciones, al día a día cultural y lúdico.

(Foto adjunta: En los porches de Aliaga después del pregón del día 4)

ATALAYAS

ATALAYAS

    En una tarde apacible y tranquila de finales de julio, cuando el sol comienza a perder su fuerza y se levanta una suave brisa, comienzo a ascender desde Las Casillas a una de las atalayas privilegiadas que rodean a Aliaga - este valle retorcido según la etimología árabe -. Desde lo alto, contemplo todas las montañas que rodean al pueblo, esas formaciones geológicas de hace millones de años, que han convertido a este lugar en un enclave privilegiado, en un Parque Geológico de los mejores de Europa.

   Las sombras se ciernen sobre el caserío, situado al cobijo de las montañas y bajo la custodia silenciosa de los restos de un castillo medieval. La herida del silencio toca mi sensibilidad y sólo se oye a lo lejos el sonido de las campanas que señalan las ocho de la tarde. Por lo demás, mientras recorro esta colina escarpada, sorteo las aliagas, acaricio las sabinas y esquivo las hierbas aromáticas, especialmente el espliego  y el tomillo.

     Con mi cámara quiero dejar constancia de este momento y realizo varias fotografías panorámicas como la que aparece en esta entrada. No me canso de contemplar el paisaje, las calles perdidas en la lejanía, la torre inconfundible de la iglesia de San Juan, la cúpula del santuario de la Virgen de la Zarza, el perfil del pueblo nuevo, los chopos cabeceros que flanquean el río Gualalope y siembran de verdor sus orillas. Nunca había observado mi pueblo desde esta privilegiada atalaya. Acaso en mi infancia. Pero ya no lo recuerdo. Porque cada día y en cada momento se puede ver de distinta manera el mismo valle, los mismos caminos, las mismas calles, los mismos tejados. Hoy ha sido una tade distinta. Una tarde en la que la distancia me ha hecho sentir más cerca de la tierra que me vio nacer.

ATARDECER APACIBLE

ATARDECER APACIBLE

    Después del bochorno de los últimos días, parece que el calor nos da un respiro y deja el paso a la brisa suave y a una temperatura casi ideal. Al menos en Aliaga. La tormenta del domingo y los amagos tormentosos de ayer y de hoy han dado paso a un clima más adecuado para las fechas en las que nos encontramos.

   El río Guadalope se resiste al estiaje y las huertas muestran toda su lozanía. Todavía se recuerdan las generosas lluvias del mes de junio y se quiere pasar página de los días inusualmente calurosos para estas fechas. Eso sí, aún queda mucho verano y puede pasar de todo.

    En mi paseo por la calle mayor observo que se están reparando algunos tejados y se están adecentando algunas casas para recibir a los vecinos que esperan con ilusión las vacaciones de agosto. Porque agosto es el mes estrella. Las ciudades se quedan semivacías y las playas se llenan de visitantes. Pero muchos elegimos la tranquilidad de los pueblos que, con una altitud de más de mil metros, nos permite dormir a pierna suelta, disfrutar de los paseos vespertinos y tomar la fresca en la calle o en las terrazas de los bares después de la cena.

     La fotografía nos muestra la torre de la iglesia de San Juan, un monumento inconfundible de Aliaga. El verde de la ribera del río todavía se mantiene a pesar de la escasa lluvia de los últimos días. Y los niños y jóvenes recorren las calles con aire festivo y con sabor a vacación. Están mucho mejor que en la ciudad, por supuesto.

A VISTA DE BUITRE

A VISTA DE BUITRE

     Nunca había estado en este lugar escarpado y escabroso. Después de trepar por unos peñascos encima de la carretera de Camarillas, me asomo a una oscura y escondida cueva y diviso a dos buitres. Me miran sorprendidos y huyen despavoridos emprendiendo el vuelo a lo lejos. Desde allí diviso un paisaje inédito. El castillo de Aliaga, que oculta la parte más antigua del pueblo, y el pueblo nuevo, que se extiende a la izquierda muy cerca de la orilla del Guadalope.

     Mientras contemplo el paisaje montañoso, que me es tan familiar y admiro las formaciones y plegamientos caprichosos de este parque geológico, evoco los rigurosos inviernos de hace cincuenta años, los caminos pedregosos, los bancales cultivados en las laderas de las montañas, los rebaños de ovejas, las caballerías y la huerta cultivada a la orilla del río de la Val.

     Ahora queda muy poco de todo eso. Sólo permanecen las montañas enhiestas, solitarias, eternas. Y el valle verdeante y el castillo semiderruido. Me preguntaba también si valdría la pena reconstruir el castillo y convertirlo en un lugar de atractivo turístico con mirador y centro de interpretación incluido. Sería un proyecto ambicioso e interesante. Y muy útil para este pueblo que se beneficia del turismo, especialmente en los meses estivales.

     Mientras desciendo cuidadosamente entre sabinas humildes y aliagas rebeldes, me imagino a los buitres que volverán a su cobijo, a esa cueva que quizás en el pasado albergó a algún fugitivo o a algún maqui. Es viernes y no paran de llegar coches a Aliaga para disfrutar del fin de semana, para huir del calor agobiante de Zaragoza o de Valencia, para disfrutar del paisaje y del solaz. Dejo a mi derecha la porra, otro icono del pueblo y contemplo desde el puente la eminencia en la que he estado a la altura de los buitres. Quizás haya sido una pequeña locura de una tarde calurosa y apacible.

OLEADAS ESTIVALES

OLEADAS ESTIVALES

      Después de unos días alejado del ordenador, vuelvo a teclear desde mi pueblo, desde Aliaga. Un lugar idílico que este verano tampoco se ha librado de las sucesivas olas de calor que azotan nuestra península. Por eso hay que aprovechar las primeras horas del día y las horas del crepúsculo vespertino para pasear, ir en bicicleta o practicar nuestro deporte favorito. Esta tarde de mediados del mes de julio el cielo se ha tornado gris y, a lo lejos retumban los truenos. Es un amago de tormenta que quizás llegue hasta este valle verdeante.

     A todos nos sorprenden estos días calurosos tan prolongados y nos preguntamos si será definitivamente una consecuencia de esta cambio climático que hace años merodea por el sur de Europa. Porque no es normal que dentro de una habitación se mantengan los treinta grados y haya que descender a la parte más baja de las casas para disfrutar de una temperatura agradable para estas fechas. Por eso buscamos las orillas del río, la sombra perpetua de los chopos cabeceros y el frescor de la vega. Por eso buscamos un alivio natural, lejos de los aires acondicionados y del frío artificial. Y esperamos una nueva tormenta, al menos para refrescar el ambiente y humedecer el paisaje.

    Es verdad que, en comparación con otras zonas de España, seguimos siendo un lugar privilegiado para los meses más calurosos del año. Es verdad que siempre encontramos un rincón para refrescarnos, para dejarnos acariciar por la brisa, para contemplar un horizonte distinto cada día. Porque el verano es tan fugaz que, a pesar de estas inusuales temperaturas, intentamos apurar hasta el último sorbo de solaz, de reposo, de reflexión, de tertulia, de reencuentro. Todavía nos queda un mes y medio por delante. Y en estas páginas reflejaremos vivencias, aventuras y nuevas experiencias cotidianas. 

SENDEROS DE ALIAGA

SENDEROS DE ALIAGA

     Como todos los años por estas fechas, el ayuntamiento de Aliaga organiza una ruta senderista por su extenso, variado y atractivo entorno natural. Esta marcha ya va por su novena edición y cada año nos sorprende más. El sábado, 27 de junio, antes de las 8 de la mañana ya estábamos de camino hacia el barrio de Santa Bárbara por la orilla izquierda del río de la Val. Todavía nos amparaba el fresco de la mañana de una jornada que prometía ser calurosa. Pronto dejamos el valle para comenzar la primera subida - la más difícil - hacia la carretera de Camarillas. Un camino sinuoso, empinado y agreste. Arriba nos esperaba el primer avituallamiento para hidratarnos. Venía después una senda a través de aliagas y pequeños pinos con subidas y bajadas cual tobogán de feria. Pero pronto llegaríamos a la carretera de Miravete e íbamos a reponer fuerzas con un exquisito bocadillo de jamón. Nos esperaba la ribera del Guadalope, que íbamos a cruzar varias veces, para iniciar una segunda ascensión hacia el valle cercano a Valdepérez. Allí, después de saborear fruta natural, comenzaba una larga pista forestal, con pequeñas subidas, que nos llevaría de nuevo al Guadalope y a las inmediaciones del Hotel de montaña El Molino de Aliaga. Al filo de las doce, después de unas cuatro horas de intenso caminar, llegábamos al pabellón. Allí nos recibían con un refresco y una camiseta conmemorativa. Luego llegaría la comida - la paella que nos preparan cada año unos vecinos y amigos de La Vall de Uxó - y una larga y dilatada sobremesa.

     Lo que más quiero destacar de esta IX Ruta Senderista de Aliaga es que, a pesar de haber nacido allí, me ha dado a conocer zonas naturales y caminos pintorescos que hasta el momento desconocía. Un diez para los organizadores que año tras año se van superando con nuevos y sorprendentes recorridos.

AL FILO DEL VERANO

AL FILO DEL VERANO

     Mañanas claras y soleadas, tardes apacibles, crepúsculos serenos. Todo esto y mucho más es lo que nos brinda el inicio del verano en Aliaga. Un inicio que coincide con una de sus fiestas más emblemáticas: la de San Juan. Y es que, aunque el día más importante es el próximo día 24, este fin de semana se han anticipado las celebraciones con importantes festejos taurinos - el ensogado por las calles del pueblo y los toros embolados con un excelente concurso -, buenas orquestas, concurso de guiñote y otros espectáculos para niños y adultos.

     Uno de los actos más singulares de estos días es la plantada del mayo en la plaza contigua al cuartel. Un pino singular, con una capota de enebro o de sabina es elevado por varios jóvenes - antes lo realizaban los quintos - y queda allí enhiesto y majestuoso durante todo el verano. Un verano que se caracteriza por la animación de los fines de semana, la ruta senderista del próximo sábado, los actos culturales en la biblioteca, las visitas al parque geológico y otras actividades de interés. Además, el pueblo está ganando terreno en establecimientos hoteleros. Lo que atrae a los numerosos visitantes que, mediante el boca a boca, van aumentando año tras año.

    Porque para los que conocemos bien el pueblo, el turismo es uno de los elementos dinamizadores de Aliaga. Sin embargo, todos pensamos que si se instalara alguna industria, sería el complemento perfecto para fijar población y alejar el fantasma del éxodo rural que tanto ha afectado a Aragón y a Teruel en las últimas décadas. De momento, habrá que aprovechar la benevolencia del clima estival, el paisaje pintoresco y los atractivos naturales que en verano reclaman la atención del viajero.

UNA VÍA OBSOLETA

UNA VÍA OBSOLETA

    No es la primera vez que escribo sobre el problema de las comunicaciones en Aragón, especialmente en la provincia de Teruel. Precisamente en los últimos días ha vuelto al primer plano de la actualidad la vía ferroviaria entre Zaragoza y Teruel. El motivo no ha sido otro que el transporte periódico de cargamentos de coches de la factoría Opel de Figueruelas con destino al puerto de Sagunto para embarcarlos a Turquía. Resulta que, según fuentes de Renfe, la presencia de este convoy excesivamente largo y con circulación lenta, ocasionaba retrasos a los trenes habituales de pasajeros. Así, se ha tenido que interrumpir este  traslado, que suponía un recorrido de casi trescientos kilómetros menos, y se ha vuelto a privar a Teruel de una actividad que favorecería a otras empresas. 

     ¿Se va a buscar la mejor solución a este problema? Al parecer, la situación económica actual condiciona notablemente lo que sería una actuación definitiva: electrificación de la línea, amplios apeaderos y, en definitiva, un desdoblamiento de las vías en todo el trayecto. Todo ello supondría una inversión que ni Renfe ni los organismos oficiales están dispuestos a asumir. Otra alternativa más viable sería que estos vehículos se transportaran por la noche. Solución que parece provisional y poco convincente. Mientras tanto, se ha suspendido esta iniciativa y se está a la espera de adoptar la solución más conveniente.

     Está claro, que en este tema de las comunicaciones llueve sobre mojado. Y es una pena que una vía que enlaza el norte de España con el Levante quede como enlace secundario y se convierta en un futuro en algo obsoleto y poco operativo.

A CORTO PLAZO

A CORTO PLAZO

     Cada vez programo más a corto plazo. Cada vez planifico más a corto plazo. Cada vez sueño más a corto plazo. Los días pasan con un ritmo tan vertiginoso que, a veces, es difícil detenerse a pensar, a reflexionar, a reencontrarse con uno mismo. Incluso en lo meteorológico se da una rápida y caprichosa transición primaveral entre el tiempo estival y la crudeza del invierno. Eso sí, hay fechas que figuran en el calendario y a las que, en cierto modo queremos llegar para convertirnos en actores y espectadores de una misma obra: la vida en vivo y en directo.

      Porque este mayo de 2015, que ya ha surcado su ecuador, camina en lo social, político, cultural y económico hacia ese domingo, día 24, hacia esa fecha de elecciones autonómicas y municipales en las que la sorpresa y la incertidumbre están agazapadas al borde del camino. Cuando faltan sólo cinco días para esa cita, continúa esa tercera parte de indecisos, mientras por las calles y polideportivos se suceden las proclamas, manifiestos y mítines entusiastas. ¿Qué pasará a partir de esa fecha? Todos nos hacemos la misma pregunta.

      De todos modos, lo que está claro es que algo tiene que cambiar para bien. Por eso no es de extrañar que los partidos que están aún en el poder se apresuren a mostrar buena cara y buena conducta. Y que, a última hora, se atrevan a publicar decretos y  proyectos curriculares de la tan polémica LOMCE. No sé lo que pasará el día después. Pero lo que está claro es que no todo va a seguir igual. Ni mucho menos. Sería un fracaso de la democracia y del estado de derecho.

MAYO FLORIDO EN ALIAGA

MAYO FLORIDO EN ALIAGA

     Los que aún recordamos el tradicional mes de las flores, nos hemos reconciliado con el paisaje multicolor durante estos días del puente de mayo en Aliaga. La sinfonía del color verde - omnipresente en el monte, en las riberas del río, en las huertas y en los valles solitarios - se complementa de modo admirable con los colores rosáceos de la flor del manzano, con el rojo carmín de las amapolas o como el violeta de los aromáticos cinamomos.

     Este año las generosas lluvias del pasado mes de marzo han dejado una huella primaveral. Una primavera tardía, apacible, casi siempre efímera. Por eso, pasear por el campo, acercarse a las fuente de la Cedrilla, descansar en la terraza de El Molino son pequeños placeres de los que no podemos gozar en la gran ciudad. Hasta el caudal de los dos ríos que juntan sus aguas en el pueblo es más generoso, más cristalino, más acelerado.

     Hay que esperar, de todos modos, que los meses de mayo y junio no sean demasiado cálidos y nos regalen muchos litros de agua suave y abundante. Porque para Aliaga el turismo es esencial. Los visitantes, que se han acercado en gran número durante estos días, agradecen ese cielo claro e incontaminado, esas temperaturas suaves y esas noches dilatadas, tranquilas e interminables. Cuando llegue el verano, es de esperar que los ríos no sufran estiaje, que los montes muestren su mejor aspecto y que los valles, cortejados por centenarios chopos cabeceros, mantengan ese atractivo singular que todos conocemos.

¿RELIGIOSIDAD O TURISMO?

¿RELIGIOSIDAD O TURISMO?

     Quedan ya lejanas y, afortunadamente, muy borrosas aquellas Semanas Santas de los años sesenta del siglo pasado. En ellas dominaban el color morado y el negro. Todo ello en un trasfondo gris que, anarbolando la bandera de la prohibición, nos imponía un silencio sepulcral, un retiro casi monacal y una abstención casi total de todo lo que fuera ocio, alegría y esparcimiento. Aún recuerdo esa infancia en la que visitábamos los monumentos, recorríamos el vía crucis hasta lo alto del calvario o desfilábamos con un rictus de tristeza por la Vega o el Cascajar en interminables procesiones. Luego el ayuno, la abstinencia y el cierre de los bares. En el cine alguna película de la pasión de Jesucristo y en casa el silencio y la monotonía.

     Después de cinco décadas, la Semana Santa ha dado un giro copernicano. La religiosidad queda en segundo plano. Y sólo las procesiones se mantienen más como reclamo turístico que como verdadera y auténtica expresión del sentimiento religioso. Ahora esta semana es más una oportunidad de ir a la playa o a la montaña que de encerrarse en una iglesia a celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo. Este inicio de la primavera nos invita más a descansar, a romper la rutina cotidiana, a reencontrarse con los amigos, a huir del estrés de las grandes ciudades o olvidarse por unos días de las obligaciones cotidianas.

     Es verdad que una minoría de creyentes todavía celebra con auténtica fe los días más importantes del calendario cristiano. Desde que empezó la Cuaresma, se han ido preparando para la celebración del Jueves Santo - el día del Amor -, para los oficios del Viernes Santo y para la solemne Vigilia Pascual. Y vivirán estos días con toda devoción. Una fe que se ha ido adaptando a los tiempos y que se ha despojado de herencias del pasado casi medievales. Mi pregunta es si se pueden compaginar ambas vivencias. Creo que sí. Aunque esta sociedad consumista nos lo vaya poniendo cada vez más difícil.

¿VUELVEN LAS AGUAS A SU CAUCE?

¿VUELVEN LAS AGUAS A SU CAUCE?

      Ha pasado prácticamente una semana desde que una impresionante riada del Ebro - similar a la de 2003 y superior a la de 2007 - ha surcado con violencia la comunidad aragonesa de oeste a este y ha dejado un rastro de devastación difícil de evaluar. No sólo se han visto perjudicados los agricultores - más de 2.000 - por los daños en granjas y en cultivos. También ha afectado a casas particulares de Novillas, Boquiñeni o Alfocea y a garajes, colegios, almacenes, talleres y centros deportivos.

     Ahora, cuando parece ser que las aguas han vuelto de momento a su cauce, hay que valorar los daños, compensar con creces a todos los afectados y, sobre todo, buscar soluciones para que este desastre no vuelva a ocurrir. Y ahí está lo más difícil y polémico: mientras unos reclaman un dragado del cauce del Ebro, otros aportan otras soluciones menos radicales y más respetuosas con el medio ambiente. Se trata, en definitiva de sentarse en una mesa, dialogar, intercambiar opiniones y sopesar los pros y los contras.

     De todos modos, lo que las autoridades regionales y estatales tienen que tener claro es que la solución no está en el tan solicitado trasvase por parte de las comunidades del Levante, sino en la elaboración de un Pacto del Agua que sirva no sólo para almacenar agua para los momentos de necesidad, sino para encauzarla adecuadamente cuando vuelvanna repetirse estas avenidas.

     Todavía queda mucha nieve en el Pirineo y es probable que dentro de unas semanas volvamos a ver crecido al Ebro. Y todos nos preguntamos: ¿Se volverán a anegar las tierras de la Ribera Alta? ¿Volverá la inquietud a los habitantes de los pueblos ribereños? Podría ser que sí. Porque los proyectos van para largo y las ideas no están demasiado claras. Es de esperar que prevalezca lo más sensato y que triunfe el sentido común.

VUELTA A LA RUTINA

VUELTA A LA RUTINA

      Avanza el mes de febrero a pasos lentos. Un mes que, a pesar de ser el más corto, da muestras año tras año de su caprichoso e irregular comportamiento climático. Nos ha traído días de frío casi glacial y otros de cierzo, niebla, lluvia e incluso de algún copo de nieve. Ha sido un mes en el que, debido a una operación de catarata en el ojo derecho, no he aparecido por estas páginas. Y eso que se han cumplido durante estos días efemérides interesantes. Así, el pasado domingo, día 22, se cumplieron 10 años - ¡cómo pasa el tiempo! - de la lectura de mi tesis doctoral sobre la obra de Parcerisa Recuerdos y Bellezas de España. Fue un día frío, con nieve en Zaragoza, algo inusual en este valle. Lo que no es inusual son las avenidas del Ebro que se suceden una tras otra, esas riadas que nos recuerdan viejos tiempos y que resultan cada vez más peligrosas debido al progresivo deterioro del cauce del río.

     Vuelvo ya a la rutina. La bendita rutina que decía alguno. Con mis clases de Lengua y Literatura, con mis correcciones de estilo, con mis artículos para Tribuna del diario Aragón Digital, con mis colaboraciones en Turia y con mis poemas. Esperemos que, con la llegada del buen tiempo y de la tan esperada bonanza de primavera, volvamos a los viajes, visitas a museos y otras actividades lúdicas, culturales y deportivas. Después de estos días sin poder leer ni escribir, cada vez valoro más la vista e intento cuidarla lo mejor posible. Así que aquí me tenéis de nuevo, al filo del final del invierno y disfrutando de los amaneceres soleados y de la progresiva dilatación de las tardes.

RECUERDOS Y AUSENCIAS

RECUERDOS Y AUSENCIAS

    A vista de pájaro podemos contemplar lo que queda del embalse de la térmica de Aliaga y el esqueleto gris de la central que dejó de funcionar hace más de treinta años. Gracias a la gentileza de mi amigo Enrique Suco y al buen hacer de los fotógrafos del Hotel de montaña Molino Alto, puedo contemplar desde la distancia un paisaje invernal, aparentemente idílico pero desnudo en su soledad.

    Está claro que ahora no nieva como antes. Ni mucho menos. El calentamiento global y el cambio climático están haciendo de las suyas. Por eso, una pequena nevada de cinco centímetros nos llama la atención. El paisaje se viste de blanco y contrasta abiertamente con el gris de las eminencias rocosas y el gris cemento del gigante edificio herido por el tiempo.

    Por eso me gustaría contemplar este idílico rincón de otra manera. Y ya que es gratis soñar me encantaría ver en el mismo lugar una industria moderna, ecológica y no contaminante. Y que el pantano se dragara de una vez y recobrara su esplendor de antaño. Y que las montañas se vistieran de vegetación. Y que los inviernos, los crudos inviernos de este valle del alto Guadalope nos trajeran nevadas copiosas, Y que las casas de al Aldehuela estuvieran todos el año habitadas y sus vecinos distrutaran de unn trabajo y de un entorno agradable.

   Todo esto quizás sean utopías. Pero este blanco de la nieve, que nos habla de recuerdos, de ausencias, de soledad y de silencio. Parece que nos invita a una ensoñación optimista. Eso sí, desde la distancia, desde la ciudad herida por la niebla o azotada por un cierzo insolente.

LUZ DE INVIERNO

LUZ DE INVIERNO

     Ya está aquí un nuevo año. Ya estamos en plena cuesta de enero. Poco a poco nos vamos desembarazando de los despojos otoñales y comenzamos a comprobar cómo, con timidez, el día vuelve a ganar terreno a la noche, la luz se filtra con cautela entre la oscuridad y el sol recupera poco a poco su verticalidad. Es verdad que aún faltan más de dos meses para el equinoccion primaveral, pero la luz matinal - cuando la niebla lo permite - apunta a un nuevo renacer lento, pausado, sereno.

     Hemos regresado de nuevo a la rutina semanal, a los fines de semana dilatados, a los lunes opacos, a los viernes esperanzadores. Hemos dejado atrás los fastos navideños, el exceso de dulces, la comida generosa y la bebida sin tasa. Y el cuerpo agradece de nuevo el ritmo cotidiano y el alimento más frugal.

     Las grandes ciudades han recuperado el pulso habitual y los pueblos se han vuelto a quedar casi vacíos. Van a ser unos meses largos y duros para muchos núcleos rurales. Hasta finales de marzo, con la Senana Santa, sólo alguna celebración como las albadas, el carnaval o el importado día de los enamorados van a animar un poco la soledad de los pueblos. Porque la mayoría elegimos el bullicio de la gran ciudad, el ajetreo de las calles, el hechizo de los comercios, la comodidad de los servicios básicos. Todo ello no deja de ser a veces una huida de la soledad, un refugio artificial en un paraíso que tampoco acaba de hacernos felices.

     De momento, habrá que disfrutar de esta luz invernal, de estas mañanas diáfanas y de un paisaje urbano que también tiene su encanto, auque se vista de gris y nos aleje cada vez más de un entorno natural limpio e incontaminado.