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josemarco

SOL CREPUSCULAR

SOL CREPUSCULAR

      Un sol crepuscular, dorado e invernal me acompaña durante la hora y media de regreso a la ciudad del cierzo y de la niebla. A mi vera, pueblos dormidos, vacíos, irremediablemente condenados al olvido. A ambos lados de la carretera, montañas grisáceas, rocas machadianas y valles recoletos.

     Casi todas las fachadas encaladas están orientadas hacia el sur. De este modo, se convierten en mudos espejos de otro día que camina hacia el ocaso. En torno de los caseríos apiñados y presididos por esbeltas torres, las huertas amarronadas o yermas, los pinares solitarios y el río que murmura quedamente la eterna melodía del desamparo y la fugacidad.

     Desde la lejanía, se divisa la franja cárdena de niebla del valle del Ebro y, a lo lejos, los picos nevados de los Pirineos. Pero mucho más cerca, observo la central de Escucha, definitivamente clausurada, cual fantasma de cemento y escoria. Mientras tanto, en la radio recuerdan el setenta y cinco aniversario de la batalla de Teruel, que dejó la ciudad casi totalmente en ruinas. Hablan también de la marea blanca, del tirón de las rebajas y del final de un ciclo festivo.

     Mañana vuelta a la normalidad, a la bendita rutina, al fragor de la gran ciudad, a los atascos, a las prisas, a los reencuentros, al trabajo - para los afortunados que aún lo tenemos. Atrás quedan dos semanas de alegrías, de tristezas, de nostalgia, de charlas con los amigos, de melancolía, de soledad.

(Fotografía: Río Guadalope a su paso por Aliaga)

NUEVOS HORIZONTES

NUEVOS HORIZONTES

Es mejor
que entierres tu nostalgia
en la cuneta gris
de los deseos.
No rebusques ansioso
las huellas aceradas
del pasado
en el contenedor estéril y
efímero.
Deja caer la lluvia
cual lágrima de luz
acariciante
preñada de esperanza.
Y deja que estos días
invernales
siembren en tus pupilas
la escarcha plateada
de los sueños.

UN AÑO PARA OLVIDAR

UN AÑO PARA OLVIDAR

     Mientras la niebla cubre de nostalgia gris los tejados y avenidas de mi ciudad, el año 2012 agoniza sin remedio. Atrás quedan 365 días de ilusiones, de esperanza, de lucha, de incomprensión, de arbitrariedades, de incertidumbre. Porque este año que termina es un año para olvidar. No sólo en lo económico, sino en lo político, en lo social e incluso en lo personal

     A veces me pregunto si el año 2013, que estamos a punto de estrenar, volverá a ser igual o peor que el presente. Me da la impresión de que no van a mejorar mucho las cosas. Pero eso no impide que desde el primer día me levante cada mañana con la esperanza a flor de piel y con la ilusión de un adolescente. Siempre nos pasa igual en los primeros día de enero. A pesar del frío, a pesar de las penurias económicas, a pesar de los problemas familiares o laborales, trenzamos un rosario de buenos propósitos y nos disponemos a caminar con elegancia por la difícil travesía de un año más, de un año que soñamos distinto. Luego vienen la decepción, el desencanto y la cara agridulce de la realidad.

    No quiero ser excesivamente pesimista en estas últimas horas de 2012. Pero me pregunto si hay algún motivo para el optimismo franco y desaforado. Personalmente pediría salud, cariño, amistad y estabilidad laboral. No sólo para mí. Sino para tantos amigos, conocidos, vecinos,...que están sufriendo las consecuencias de esta crisis que, al parecer, se ha instalado en nuestras vidas.

    Sólo me resta brindar metafóricamente por los que están solos durante estas fechas, por los que no van a poder llegar a fin de mes, por los que tienen que rebuscar en los contenedores, por los que duermen en la calle o en los parques, por los que han perdido la esperanza. Es de desear que esta espada de Damocles que pende sobre tantas cabezas no impida atisbar una rendija de luz en el horizonte de tantas vidas rotas y ajadas por la crisis. Eso sí, habrá que dejar atrás 2012 como un año funesto, con pocas alegrías y muchas decepciones.

MANOS AMIGAS

MANOS AMIGAS

Manos aladas.
Manos sarmentosas.
Manos de porcelana.
Manos abiertas al futuro.
Manos cálidas.
Manos curtidas por el tiempo.
Son tus manos
un tesoro de luz y amanereceres.
... Con ellas
buscas el infinito de tus sueños
y tejes día a día
una tela de amor y de esperanza.
Manos de barro,
manos de tierra,
manos de nostalgia,
manos que palpitan
y seducen.
Manos de laten
con un leve murmullo
aserenado.
Manos de soledad.
Manos blancas o negras.
Manos amigas.

ARMAS CONTRA EL PROGRESO

ARMAS CONTRA EL PROGRESO

     Hace dos décadas estuve en Seattle, en el estado de Washington. Y uno de las normas que más me llamó la atención fue la prohibición de consumir bebidas alcohólicas a los menores de 21 años. La verdad es que no estoy en desacuerdo con la medida, después de lo que compruebo un fin de semana tras otro por las calles y parques de mi ciudad. Pero lo que me sigue sorprendiendo es la paradoja de prohibir algo aparentemente inofensivo desde el punto de vista criminal y tolerar hasta límites insospechados la venta y posesión de armas a jóvenes y adultos de todas clase y condición social.

     La reciente masacre cruel e indiscriminada en una escuela de Newtown, en el estado de Connecticut ha vuelto a reabrir un debate que, al parecer, tampoco va a cambiar mucho esta situación casi insostenible. Los gestos públicos y las declaraciones del presidente Obama no acaban de poner el dedo en la llaga y buscar soluciones a este rosario de asesinatos colectivos que aparece con demasiada frecuencia en los medios de comunicación.

     Es sorprendente y casi raya en el absurdo que el país teóricamente más avanzado del mundo se convierta con frecuencia en un espejo de miserias más propias de una nación en vías de desarrollo.

     Siempre me ha repugnado el uso y tenencia de armas. Siempre he manifestado temor, más que respeto, ante las personas que por su profesión tienen que manejar un arma de fuego. ¡Cuánta razón tiene el refrán que dice: "Las armas las carga el diablo"! Eso ha ocurrido recientemente en esta escuela de primaria americana. ¿Servirá para algo esta nueva tragedia? Habría que ir más allá de la reflexión y de las buenas intenciones. Pero hay tantos intereses de por medio...

   

FUTURO INCIERTO

FUTURO INCIERTO

     Viajar por la comarca de las Cuencas Mineras en un día preinvernal invita no sólo a la contemplación de un paisaje conocido, pero cada vez con distinta fisonomía, sino sobre todo a la reflexión serena, sosegada, al margen del rumor de la gran ciudad, de los dimes y diretes de los medios de comunicación y de las tertulias vacuas de los fines de semana.

     Son tan importantes los problemas que se ciernen, cual espada de dámocles, sobre la provincia de Teruel y, especialmente sobre esta comarca, que es difícil sustraerse al peso de la realidad, al poso de la incertidumbre y del abandono. Un abandono que sume a estos pueblos en un largo letargo invernal, un abandono que conlleva despoblación y vacío de casi todos los núcleos rurales.

     Mientras paso por el cruce de Azuara, después de dejar a mi derecha el viejo Belchite, con su inconfundible silueta de ruina y destrucción, me viene a la mente el probable desmantelamiento del centro de salud de este pueblo y de esta comarca. Y temo que esto se contagie a otras zonas como un acelerado dominó. El frío preinvernal me sorprende a medida que me acerco a Muniesa, Cortes de Aragón y Hoz de la Vieja. La lluvia otoñal ha teñido de verde los campos y la reja del arado rotura estas tierras casi desoladas. Utrillas muestra la cara más animada de estos pueblos semivacíos, pero poco después aparece el en horizonte la chimenea de la central de Escucha, a la que le quedan pocos meses de funcionamiento. Es verdad que han sido 42 años de producción de electricidad, pero suele comprobar cómo un centenar de trabajadores van a tener que abandonar su tierra, su familia y, tal vez, un trabajo estable.

     La radio informa al filo del mediodía de las manifestaciones en Teruel y Alcañiz contra el cierre o reducción de plantilla de sus paradores. Dicen que el de la capital no es rentable y que el del Bajo Aragón no responde a las expectativas. Nadie entiende esta decisión. Ni siquiera las autoridades locales. Un golpe más para Teruel, un golpe más para esta provincia que se perfila como un futuro coto de caza o lugar de ocio para adinerados.

     Me acerco ya a mi destino. Y me consuela y alegra que el río Guadalope haya recuperado de nuevo su caudal otoñal y siembre de alegría estos parajes grisáceos, teñidos de verde por las copas de los pinos y abocados a un nuevo invierno incierto y prolongado. El sol del mediodía me hace olvidar las grises ideas que he ido hilvanando durante el trayecto. Y, aunque sea sólo por unos días, las calles se visten de murmullos, alborozo y ambiente prenavideño.

CABALLERO BONALD

CABALLERO BONALD

   Tengo entre mis manos el número 104 de la revista cultural TURIA. Todo un regalo para los amantes de la cultura y de la buena literatura. Junto al monográfico que rinde un merecido homenaje al poeta sevillano Antonio Machado con motivo del centenario de la publicación de su obra maestra Campos de Castilla, publica también, como si de una premonición se tratara una conversación de Fernando del Val con el escritor gaditano José Manuel Caballero Bonald.

   Hablo de premonición, porque el poeta, novelista, ensayista y memorialista jerezano de 86 años, acaba de alzarse hace dos días con el premio Cervantes, máximo galardón de letras españolas. Desde Las adivinaciones (1952), su primer poemario, y Dos días de septiembre (1962), su primera novela, Caballero Bonald ha ido trenzando, a lo largo de sesenta años, una obra literaria de acentos barrocos, cuidadísima prosa e incontables ecos. En ella destacan títulos como Ágata, ojo de gato, Manual de infractores o La costumbre de vivir, claves en la bibliografía de un autor singular. De alguien que se distinguió ya por sus orígenes aristocráticos, luego por sus estudios –filosofía, náutica, astronomía– y, más tarde, por una existencia inquieta y nómada. Su constante producción literaria se abrochó este mismo año con un peculiar trabajo lírico, Entreguerras, en el que mediante un poema de tres mil versos pasa revista a su trayectoria vital. Caballero Bonald, que no renuncia a editar otros versos sueltos o títulos recopilatorios, ya dijo cuando apareció dicho volumen que daba por concluida su bibliografía.

   Espigo algunas frases de la entrevista de la revista Turia, que podrían considerarse como una especie de poética de este miembro destacado de la generación de los 50: "Intento explicarme mejor a mí mismo por medio de la poesía". "Mi trabajo creador encauza poéticamente tentativas para ver lo invisible". "Es muy alarmante la idea de que el compromiso está pasado de moda". "La imaginación puede llegar hasta donde la memoria no llega". "La memoria es un ajuste de cuentas contra uno mismo". "Siempre me he sentido mitad romántico mitad surrealista".

   Y como homenaje a este poeta gaditano, plasmo un poema que nos sugiere hondas reflexiones sobre la vida y el paso del tiempo:

La botella vacía se parece a mi alma

Solícito el silencio se desliza
por la mesa nocturna,
rebasa el irrisorio contenido del vaso.
No beberé ya más hasta tan tarde.
Otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra
yace un cuerpo desnudo
y hay un chorro de música insidiosa
disgregando las burbujas del vidrio.
Tan distante como mi juventud ,
pernocta entre los muebles el amorfo,
el tenaz y oxidado material del deseo.
Qué aviso más penúltimo
amagando en las puertas,
los grifos, las cortinas.
Qué terror de repente de los timbres.
La botella vacía se parece a mi alma.
Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas,
entra la noche.


 

DE TODO CORAZÓN

DE TODO CORAZÓN

    Hay poemas que colman y adensan los sentidos. Pero hay poemas que surgen del corazón y llegan hasta lo más hondo del sentimiento. Esta es la sensación que experimento cada que leo y releo los poemas de la escritora jienense Amaya Martín. Amaya ejerce actualmente como médico especialista en aparato digestivo y compagina su profesión con la pasión por las letras y, en especial, por la poesía. Ha participado en muchos recitales poéticos nacionales y regionales así como en varias y selectas antologías. Está a punto de ser publicado su primer poemario "Alea iacta est" en colaboración con el también poeta y escritor Jose Antonio Azpeitia y en este momento se encuentra trabajando en el que será su segundo poemario: “ La fuga de Don Tancredo”.

   Tengo entre mis manos una selección de poemas de la propia autora y no sé cuál elegir para ilustrar estas palabras de admiración y de sincero reconocimiento. Porque la poesía de Amaya brota como un manantial impetuoso, aletea bullidora entre las sombras de lo cotidiano, refleja las vivencias y los vaivenes de la vida como en un espejo sugerente y nos contagia con ese ritmo que alterna la suavidad serena con el ímpetu reivindicativo.

   En uno de sus poemas - Lo celebro - nos ofrece sus señas de identidad:                                         

Si te duelen mis palabras
¡Lo celebro!
Yo nací para ser garra,
verbo ácido en tu viento,
flecha lanzada y cuchillo
que te atraviese la espalda...,
hierro candente en tu brazo
que te haga mío en su sello
...y prefiero que me odies,
que me odie tu ignorancia...
a que me ignore tu pecho.

    Flecha, cuchillo, hierro candente,...símbolos del agudo filo de sus poemas y de la esencia de su latido vital. La poeta se confiesa rebelde, inquieta, acunada por los vaivenes del amor y del dolor, de la soledad y de la libertad. Pero también nos muestra su lado más tierno en poemas como el dedicado a su abuelo: 

Era de ojos verdes

de postura enhiesta

Llevaba chaleco

bastón y sombrero

y un pañuelo al cuello

de franela o seda

 Cruzaba la calle

más ancho que largo,

la mirada en alto,

los pies en la tierra

 Iba haciendo ojo

entre las abuelas..

cosa que ponía

a mi abuela negra

 Hace ocho años

que ya no me espera

como hacia siempre

con la puerta abierta..,

las mejillas rojas,

el puro en la boca,

la sonrisa puesta

 Se marchó un mal día

un mal día de invierno

de aquella mi tierra

cuando estaba lejos,

tan lejos de él,

de mi tierra amada

de su luz serena

 Caballero noble

con más Don que Din..

lo pagaba todo

y no pudo en cambio

pagarse el entierro

 De música y libros

del hombre y su historia

sabía bastante..

Y a pesar de ello,

nunca le escuché

mal decir de nadie

 Hoy estás conmigo

¡Sangre de mi sangre!

    Son muchos los poemas de Amaya que podríamos seleccionar en esta breve reseña. Pero en este marco otoñal que estamos viviendo, un otoño preñado de desasosiego e incertidumbre, voy a plasmar uno de los poemas que publicó hace poco más de un año en el blog del poeta zaragozano Fernando Sarriá, que dedicó una semana a la poeta andaluza:

En este Otoño de Inviernos
en que sobran las certezas
que quisimos no tener..
en que una escarcha traidora
nos atacó por la espalda
deteniéndonos en seco
y congeló el latido,
y nos caló los huesos..
con su nieve blanca


En Este otoño de inviernos
de manillas de reloj sin marcha atrás
en que tan solo hay lugar
para las frentes altas...
y los pechos al aire...
y las bocas abiertas...
que prefieren dar sus pasos 
sobre los campos minados
a vivir en la agonía 
de una muerte programada,
en su inconsciencia feliz 
de una anestesia pactada

En este otoño de inviernos
lloro hojas de impotencia
y de lucha sin cuartel...


Hojas parduzcas, verdosas..
de amargura y esperanza
caen del cielo como aves
y se posan a mis pies
.  

(http://crepusculariosiglo21.blogspot.com.es/2012/09/semana-dedicada-amaya-martin.html

    Espero os acerquéis durante una de estas dilatadas tardes de otoño al poemario de Amaya Martín y disfrutéis de una poesía fresca, sincera, audaz y sugerente.

PÁRAMO CULTURAL

PÁRAMO CULTURAL

    Se acercan malos tiempos para la cultura. Soplan vientos adversos para toda iniciativa que tenga que ver con la lectura, la investigación, la formación autodidacta, el arte, el teatro o los programas culturales y educativos.

    Me entristece ver la biblioteca de mi centro cerrada prácticamente toda la mañana. Me entristece leer que la biblioteca más importante de mi ciudad tiene intención de cerrar los sábados y que se va a quedar estancada, es decir, no va a adquirir más novedades. Me entristecen noticias como el abandono del legado de Pradilla en Villanueva de Gállego o la falta de financiación para restaurar las pinturas del retablo de la iglesia de la Mantería.

    Siempre me han atraído las libros que se exhibían con un cierto recato en lasestanterías de las bibliotecas. Cuando no tenía prácticamente libros en mi casa, acudía a la biblioteca más cercana, me asomaba a las estanterías y buscaba especialmente las novedades, esos libros impolutos que conservaban todavía el olor a imprenta y a encuadernación. Ahora, al parecer, todo va a ser distinto. El libro impreso va cediendo poco a poco el protagonismo a las publicaciones en la red. ¿Será una nueva revolución como la del siglo XV? El tiempo lo dirá.

    El Nobel de  Literatura Mario Vargas Llosa planteaba recientemente esta preocupante metamorfosis de la cultura en su último ensayo, La civilización del espectáculo. Y le preocupaba la degradación de lo cultural, el todo vale, la cultura del espectáculo, la cultura de escaparate, la cultura del exhibicionismo. No sé si sus opiniones serán una preocupante premonición para el futuro. Pero lo que está claro es que lo cultural se está viendo afectado con la crisis en todas sus manifestaciones.

    Mientras tanto, los amantes de la buena literatura, los defensores de la cultura y del arte, nos consolamos con la lectura de un buen poemario el sábado por la mañana o asistimos a presentaciones de buenos libros como el último del zaragozano José Luis Melero, Escritores y escrituras, que congregó a amigos e intelectuales el lunes pasado en el vestíbulo del Teatro Principal.

 (Fotografía: Del blog: http://www.elhombreamodecasa.com)

 

  

DULCE OTOÑO

DULCE OTOÑO

     Otoñea en la sierra, otoñea en el valle, otoñea en los corazones solitarios. El caminante se dirije con parsimonia hacia la ermita. Mientras camina por la vega, contempla las huertas vestidas de un tapiz verdeamarillo y se asoma con curiosidad por las paredes con sabor a ruina y abandono. Su mente vuela hacia el pasado mientras sus pasos le acercan a la ribera del Guadalope. Nada es igual que antes. También el paisaje cambia, se metamorfosea, se vuelva más recoleto, más apocado, más agreste, más salvaje.

    Al llegar al pradico de la ermita de la Virgen de la Zarza, su corazón comienza a palpitar un poco más acelerado y los recuerdos se entrelazan por momentos. Evoca especialmente su infancia. Y no puede evitar el halo de melancolía que le rodea como una nube pasajera. Una melancolía teñida de amarillo, como esos chopos centenarios que se someten al ritual de cada mes de noviembre: despojarse de las hojas y mostrar su desnudez, su esqueleto que anticipa el crudo invierno.

    La suave temperatura de esta mañana otoñal y la fina lluvia que acaricia las piedras del pavimento de la plaza le devuelven por momentos a otros otoños dulces, lejos de la sierra, muy lejos del valle, avasallado por el tumulto  de la gran ciudad. Hoy, sin embargo, el silencio y la soledad son sus mejores aliados. Y sólo una suave brisa compite con el murmullo de un río renacido para dotar al paisaje otoñal de fugaces sonidos. Los ecos del pasado que acompasan el latido de su corazón, de nuevo aserenado.

MISIÓN OLVIDO

MISIÓN OLVIDO

     Acabo de leer la última novela de la escritora María Dueñas. Y la verdad es que no me ha defraudado en absoluto. Al contrario. Es una denso relato similar a su exitoso libro El tiempo entre costuras. En Misión Olvido he descubierto a una escritura más madura, más coherente y más documentada.

    Sin abusar del suspense, manteniendo muy equilibrados los tempos narrativos, con una prosa natural, ágil y sugerente, la escritora de Puertollano nos sumerge desde el principio en dos historias paralelas que confluyen de manera muy verosímil y mantienen el interés del lector hasta las últimas líneas. La protagonista femenina, Blanca Perea, inicia una arriesgada huida hacia adelante en busca de la Misión Olvido, una investigación que llevó a cabo el profesor Andrés Fontana, sobre una misterosa misión de los franciscanos en California a comienzos del siglo XIX. Paralelamente a esta ruptura con el pasado, nos presenta la andadura del hispanista americano Daniel Carter, que realiza un viaje inverso al de Blanca y, después de romper con los lazos familiares, visita becado España para seguir las huellas del escritor oscense Ramón J. Sender y de una de sus obras más relevantes, Míster Witt en el Cantón.

     Dos vidas, dos destinos y dos vidas que se encuentran después de una dolorosa ruptura sentimental, en el caso de Blanca, y de una pérdida de su esposa en un trágico accidente, en el caso de Daniel. Entre medio, fruto de una detallada documentación y de su experiencia personal como becaria en California, María nos retrata con ágil precisión la España de preguerra en la que vivió el joven Andrés Fontana, la España de posguerra que conoció Daniel y la América de finales del siglo XX desde el campus universitario y las reivindicaciones ecologistas.

     María Dueñas convierte la novela en un homenaje explíctio a muchos intelectuales españoles en el exilio, exalta la labor docente, destaca la labor investigadora de tantos y tantos estudiosos anónimos de la cultura y tradición hispanas. Hay además numerosas reflexiones sobre las dificultades de la vida en pareja, sobre el poso agridulce del amor, sobre el paso del tiempo, sobre la independencia de los hijos,...

    Además, el título Misión Olvido, va mucho más allá de esa misteriosa colonia que los franciscanos intentaron evangelizar. El olvido supone además, romper amarras con el pasado, no dejarse llevar por el peso amargo de los recuerdos, mirar hacia alelante, afrontar el riesgo, saber convivir con la soledad y, sobre todo, aceptar sin paliativos los reveses caprichosos del amor.

    Recomiendo esta novela a los lectores interesados por bucear en la España de los años cincuenta y a los que quieran disfrutar de una prosa realista, verosímil y con un estilo narrativo que se enmarca en lo mejor de la tradición española.

    

    

BRAZOS ABIERTOS

Tienes los brazos largos,
largos como la vida,
dilatados e inmensos
como el aliento de los pájaros
o el vuelo del albatros.

Con tus brazos alados
atenazas suspiros e ilusiones
y creas otros mundos  azulados
al margen de las grises
bambalinas fugaces de la vida.

Son tus brazos amor
y amaneceres lentos en otoño
y brotes de entusiasmo
compartido.

Tus brazos hablan firmes
cuando el silencio de las noches tristes
se convierte en ocaso
y lastra el aleteo de los días.

ESPAÑOLIZAR

ESPAÑOLIZAR

     Nuestro Ministro de Educación desde hace diez meses, José Ignacio Wert, se ha empeñado en los últimos días en pasar a ser protagonista de portadas, contraportadas, tertulias, debates y encuentros oficiales. No sé si su intención es eclipsar a otros miembros del gobierno - incluido el guadianesco Rajoy - o ser coherente con su forma de ser y de actuar. Porque no es la primera vez que aparece en la primera línea de los medios con originales ocurrencias o sorprendentes declaraciones.

     Sus últimas declaraciones no tienen desperdicio. Es decir, merecen toda la reprobación del mundo, tanto de los que viven en Cataluña como los que residimos en las otras autonomías. Porque, ¿Qué entiende el señor Wert con eso de españolizar a los alumnos de los colegios catalanes? ¿A santo de qué se le ha ocurrido esto en este otoño convulso e incierto? Todo lo que ha conseguido con tan desafortunadas palabras es echar más leña al fuego y alentar todavía más los objetivos de los independentistas más radicales.

     No me gusta el verbo españolizar. Y me atraen muy poco esos verbos acabados en -izar. Suenan a algo artificial, postizo, hipostasiado. Sólo los uso de vez en cuando como ejemplos para mis clases de morfología. Prefiero los verbos terminados en -ficar. Son más constructivos, más eficaces. De entre ellos, me quedraría esta tarde con el verbo rectificar. ¡Qué pleno y redondo es este vocablo! Y qué poco lo utilizan nuestros políticos. Pero el señor Wert, a pesar de ser ministro del ramo, desconoce este verbo. Prefiere obviarlo. No sé si sabe que si no lo practica se quedará fuera del ámbito de los sabios. Pero tal vez le dé igual. No están los tiempos para exquisiteces académicas.

     Recuerdo de mis tiempos de estudiante de Literatura el uso peculiar del verbo europeizar por gran parte de los intelectuales de la llamada Generación del 14 y, especialmente, por el gran pensador Ortega y Gasset. Eran otros tiempos y otras circunstancias las que condicionaban la vida española del momento. Pero, ahora, ¿qué sentido tiene el vocablo españolizar? ¿Es que no son españoles - al menos, de momento, los alumnos que acuden a las aulas de los colegios de Cataluña? ¿Es que no pueden compaginar su propia cultura con la española? ¿Es que no pueden sumar en lugar de dividir, ampliar en lugar de estrechar? No sé si el ministro lo ve así. Pero lo que está claro es que, al menos en las formas, debería rectificar y dar un giro a sus desafortunadas palabras. Eso sí, si buscaba protagonismo, ya lo ha conseguido.

DOCENTES

DOCENTES

     A nadie se le oculta la problemática de los docentes en estos últimos meses. Algunos dirán que son efectos colaterales de esta profunda crisis; otros, que son ciclos que se repiten periódicamente. Pero la triste y cruda realidad es que la educación en nuestro país está retrocediendo, al menos tres o cuatro décadas.

     Está claro que los más perjudicados son los alumnos. No sólo por la evidente falta de medios, sino sobre todo por el tijeretazo al personal docente de todos y cada uno de los centros públicos de este país. Concretamente en Aragón - que, al parecer no es la comunidad más castigada por los recortes en educación - se ha eliminado aproximadamente al diez por ciento del profesorado de cada centro. Es, simplemente, una barbaridad.

     Lo peor de todo es que esos tres mil euros que dicen se van a ahorrar con el tijeretazo educativo, se están malgastndo inútilmente para el mantenimiento de aeropuertos vacíos, de líneas del AVE casi sin pasajeros y de cientos de infraestructuras que nacieron porque sí al calor de los momentos de bonanza económica.

     Porque todos sabemos - especialmente los que llevamos muchos años en el mundo de la enseñanza - que el nivel educativo no se mantiene ni se levanta con decretos, ni con supresión de unas materias en beneficio de otras, ni con planes trasnochados, ni con utopías que quedan muy bien redactadas en el ordenador. El nivel educativo se potencia con más personal cualificado, con más medios para atender la cada vez más compleja diversidad del alumnado, con más incentivos de todo tipo, con más motivación, con más sentido común.

     Pero parece que nuestras autoridades educativas no están por la labor. Al parecer, les preocupa más el bilingüismo, la implantación de las TIC, el problema del castellano en Cataluña, los fondos para otorgar algunas becas, los recortes de subvenciones para erasmus, másteres, comedores y un largo etcétera. Si algún día bajan al ruedo del día a día de la enseñanza, si algún día se codean con el docente vocacional, si algún día se percatan de los problemas de estrés de los profesores, tal vez comiencen a pensar en rectificar. Mientras tanto, las camisetas verdes seguirán ahí como una voz en grito contra los recortes inútiles e injustificados.

 

OTOÑO CONVULSO

OTOÑO CONVULSO

     Acaba de comenzar el mes de octubre con unas temperaturas casi veraniegas y una preocupante escasez de agua que parece no tener fin. Y es que parece un otoño falso, disfrazado, esperpéntico. O tal vez sea el otoño dulce labordetiano. Lo cierto es que, bajo estas apariencias climatológicas, se oculta una intensa marejada y un porvenir político y social más que tormentoso.

     El movimiento del 25-S volvió a abrir la espita de las numerosas movilizaciones que se habían adormilado temporalmente durante el verano con la amenaza de ocupar al Congreso de los Diputados. Por muy diversos motivos, el ciudadano medio español - como el de otros países europeos - está indignado, cabreado y sumido en un cada vez más creciente pesimismo. Los políticos están decepcionando a sus electores porque no cumplen con sus promesas electorales. Los sucesivos recortes están dando al traste con un estado del bienestar aceptable que ha costado décadas conseguir.  

    Y, para complicar todavía más la situación, pende sobre las cabezas de los españoles la espada de damocles de un cada vez más probable rescate. No sólo un rescate bancario, sino un rescate al país, en la misma senda que Grecia y Portugal. Si esto llega a producirse, entraríamos en un callejón sin salida y sumiría a España en una profunda depresión económica y social.

     Por si no fuera poco, la situación política española se caldea día a día ante la perspectiva de unas elecciones autonómicas que pueden alterar en algunos casos la situación de algunas comunidades. Si bien en Galicia parece van a seguir con el mandato del PP, revalidando incluso la mayoría absoluta, en Cataluña y en el País Vasco está sucediendo algo muy distinto. Tanto catalanes como vascos van a votar a una mayoría nacionalista. Esto dibujará un mapa político en cierto modo preocupante para los poderes centrales y para muchos ciudadanos de estas comunidades. En Cataluña están dispuestos a plantear un proceso irreversible de independencia mediante un referéndum. Y en Euskadi empieza a preocupar el ascenso de la otrora ilegalizada Bildu y el afán soberanista de gran parte de la población.

    Todas estas situaciones perfilan un otoño difícil y convulso. Si a eso añadimos el aumento del paro, los brutales recortes en el presupuesto de 2013 y la amenaza de una nueva huelga general en noviembre, tenemos ya el cóctel completo. Es de esperar no sea un cóctel explosivo y que se pueda degustar en unas próximas navidades plácidas y más calmadas.

   

    

    

¿CALIDAD EDUCATIVA?

¿CALIDAD EDUCATIVA?

    El ministro José Ignacio Wert ha dedicado gran parte de sus nueve meses de actividad a cambiar cuanto antes la anterior Ley de Educación (LOE) para volver a una semejante a la nonata LOCE de 2003 y remontarse hasta los años sesenta al recuperar de nuevo la obsoleta y denostada reválida.

     En mi modesta opinión, esta nueva ley va a ser tan ineficaz como las anteriores. Pienso, además, que no es el momento más oportuno para cambiar de nuevo la ley del anterior gobierno. En plena crisis, con una reduccción de casi el quince por ciento del presupuesto para educación en 2013, con una reducción sangrante del número de profesores, con la incertidumbre política y social de los últimos meses, parece un sarcasmo hablar de mejora y de calidad. Porque, ¿qué calidad se va a conseguir con medios tan escasos? ¿Cómo se va a poder mejorar el bilingüismo? ¿Cómo se va a avanzar en las TIC? ¿Cómo se va a poder atender a lo alumnos con necesidades especiales?

    Llama la atención de este ley la implantación de la reválida, como si la enseñanza fuera una carrera de obstáculos. No sorprende en absoluto la eliminación de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que alteraba el sueño de los puritanos. Y tampoco sorprende ese afán de separar a los alumnos antes del bachillerato y de subvencionar a los centros con educación diferenciada por sexos.

    Como en tantos aspectos de la política nacional, estamos volviendo claramente al pasado. Saldrán adelante los que tengan más medios y se quedarán en el camino muchos alumnos capacitados. Es verdad que quieren mantener la dotación para becas y que quieren reforzar las asignaturas instrumentales. Pero todos nos preguntamos por qué se recorta continuamente en educación, por qué se incrementa la ratio, por qué se aumenta la carga horaria del profesorado, por qué se atenta un día sí y otro también conta la educación pública y gratuita como un derecho para todos los ciudadanos.

    Del anteproyecto de la futura ley - que van a tramitar este otoño para que no le ocurra lo mismo que a la de 2003 - sólo me quedo con la forma, con la redacción eufemística y acaramelada. Pero el fondo, el contenido, me suena a casposo y me recuerda épocas que afortunadamente tenía ya olvidadas.

    Y nos planteamos la pregunta de siempre: ¿Para cuándo un pacto por la educación?

 (En la foto, el actual ministro de Educación José Ignacio Wert)

   

EL EJE IMAGINARIO

EL EJE IMAGINARIO

    Tengo entre mis manos el último poemario de la poeta andaluza Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) Es el cuarto libro de poemas de esta docente que dirige además la revista literaria y cultural El ático de los gatos. Después de la publicación de los libros Huir de los domingos (Sevilla, 2006), Delirios y mareas (Publicaciones del Sur, 2008) y Juguetes de Dios (CVA Ediciones, 2009) Rosario nos regala una antología breve, sencilla, densa y muy sugerente.

    Sorprende desde el principio la alteración del orden lógico de los poemas. La primera de las tres partes - Fin - nos sumerge en un mundo apocalíptico, confuso, carnavalesco y cercado por el halo de la muerte. La segunda parte - Ráfagas de luz - es un guiño a lo cotidiano y un gesto de complicidad a todos los poetas. Cierra el poemario un manojo de poemas dedicados al amor, a la familia y a las pequeñas ilusiones del día a día.

    Para los que amamos la poesía sencilla pero profunda y transparente, esta antología nos reconcilia con la vida. La cadencia de los endecasílabos y heptasílabos nos invita a disfrutar con la lectura de unos poemas a flor de corazón, a flor de vida. Desde el primer momento, imágenes sorprendentes nos acercan a un mundo apocatíptico y escatológico. La LLuvia roja simboliza el abandono de la divinidad (Emergió de las aguas un dios herido). Un mundo desolado en el que La tierra, dolorida regresa a los abismos primigenios) y un mundo agonizante, que sufre el acecho irremediable de la muerte (La muerte es apagar de golpe todas las luces). Lo carnavalesco se mezcla con la confusión de un Babel perpetuo y entonces surge, la desazón, el dolor y el cansancio vital (Si quisiéramos deshacer los pasos / caminaríamos sobre ceniza). Uno de los poemas que rompe esta cadencia y refleja la degradación de la enseñanza y la cada vea más ardua tarea del docente es Pupitres violentos: Alimañas acechantes / Sin presente ni futuro / me consumen la energía. El octosílabo diseña un romance agrio, espectral, como la realidad misma.

     Este eje imaginario nos ofrece, sin embargo, unos oasis de luz y claridad. Son los poemas centrales que plasman el amor a la infancia, la metáfora solitaria del gato y la complicidad por los poetas y sus señas de identidad. En el poema El árbol de la infancia hay una evocación nostálgica de esos años felices e irrepetibles (Desear el regreso a la familia / Encadenarse al árbol de la infancia). En Poeta y en Pájaros de humo se respira soledad y aislamiento del falso mundo cultural (Y entre sílabas inútiles / te visten de silencios mercantiles) y se reviste de paradojas incendiarias (Los enfermos de lucidez: los poetas).

     Los poemas que cierran esta jugosa antología retornan al inicio de la ilusión, a la experiencia del amor, al disfrute de los pequeños placeres cotidianos, al gozo de la maternidad, a la vida de pareja en casa, cual un locus amoenus. No podía cerrar esta breve reseña sin plasmar uno de los poemas más representativos de El Eje imaginario, tanto por su sencillez como por su hondura y aliento vital: A tu casa.

                                               Quiero estar en tu casa.

                                        Dejemos en la playa a los amigos.

                                        Que nadie va a notar que ya no estamos.

                                        El sol, fuera, tumbado sobre el faro.

                                        Tu cuerpo, dentro. Mi boca, profunda.

                                        Y me sube la marea a la cintura.

                                        Vayamos a tu casa.

                                        Dejemos en el mundo el equilibrio.

                                        Que no hay nada más hermoso que caer,

                                        ya deshechos como arena de duna

                                        el uno sobre el otro, sin orillas.

    

 (FOTOGRAFÍA: La poeta gaditana Rosario Troncoso)

HATAJOS

HATAJOS

     Cuando el verano agoniza lentamente y se adivina un incipiente y sereno otoño, las ovejas y los corderos ramonean por los campos yermos y por las riberas de los ríos sedientos en busca de su alimento cotidiano. Son los hatajos, esos pequeños rebaños de ovejas y cabras que esmaltan el campo y el monte de un color pardusco y de una tomalidad blanquiamarronada.

     Siempre me ha gustado contemplar el regreso de los hatajos a sus rediles, corrales o cobertizos. Es una estampa muy machadiana, muy presente en Campos de Castilla. Son muchos los poetas y narradores que nos han acercado a este paisaje idílico, desde los escritores clásicos, pasando por el poeta toledano Garcilaso de la Vega.

     Cada vez quedan menos hatajos por la geografía aragonesa. Los pastores se van jubilando y no encuentrarn un relevo generacional. En la sierra turolense todavía se pueden contemplar pequeños rebaños en los valles de La Val, del Alfambra o del Guadalope. En medio de la soledad del paisaje, resuenan tenuemente sus esquilas y acentúan como contraste un silencio de siglos.

     Durante mi último viaje de regreso a Zaragoza, aún pude contemplar cuatro hatajos en una zona muy próxima a Aliaga. Parece un milagro comprobar cómo sobreviven a la sequía, al calor y a las inclemencias del tiempo. Estos animales son una metáfora del estoicismo y de una filosofía de la vida muy distinta al ajetreo y estrés de los que vivimos en las ciudades. Eso sí. Su vida se nos antoja muy rutinaria y con pocas expectativas. Todo tiene sus pros y sus contras. Como la vida misma.

     Hoy les he comentado a mis alumnos la homofonía de la palabra hatajo. Ninguno ha sabido responder a la acepción de pequeño rebaño. Y muy pocos conocían la de camino que acorta y que suele presentar mayores dificultades. La Lengua y la vida. La Literatura y la vida. Y la lección filosófica de lo cotidiano.

   

CAMPANAS

CAMPANAS

    Las hay de todas las formas, de todas las texturas, de todos los tamaños. Por metonimia se llaman también bronces. Pero lo que más llama la atención es su sonido singular, único, inconfundible. Tengo guardados en mi mente los sonidos de numerosas campanas, pero son las campanas de Aliaga, mi pueblo natal, las que llevo en el fondo de mi corazón.

    Son varios los sonidos que desde hace décadas ondeaban en el aire del valle del Guadalope y llegaban a todos los rincones de la localidad. Distinguía especialmente el sonido solemne, pausado, profundo de la campana de la iglesia parroquial, del sonido cantarín, alegre, festivo, de la campana y el campanico de la ermita de la Virgen de la Zarza. Asociaba el sonido de las campanas a diversos acontecimientos, tanto festivos como luctuosos. Todavía recuerdo el toque de campanas cuando acababa de fallecer algún vecino del pueblo. Me estremecía al oír ese contrapunto de sonidos lentos que expresaban un contraste entre el agudo y el grave que despertaba la curiosidad de todos los vecinos en torno al nuevo difunto. En Semana Santa, enmudecían las campanas y daban paso a las matracas o a las carraclas. También sonaban las campanas de modo acelerado cuando había un incendio o una desgracia colectiva. Afortunadamente, eso no ha ocurrido demasiadas veces.

    Las campanas marcaban también el paso de las horas. De madrugada, cuando había tan pocos relojes en las casas, el sonido de las campanas nos ayudaba a conocer la hora exacta e incluso las medias horas o los cuartos. Ahora ya casi no les prestamos atención. Además, la megafonía está supliendo muchas de las funciones de los antiguos campanarios. Eso sí, en Aliaga aún se mantiene la tradición de bandear - darle la vuelta entera a la campana - el día de San Juan Bautista, patrono de la parroquia. Antes lo hacían los quintos; ahora se reclama a voluntarios con fuerza y mucha maña.

    En la literatura y en el cine las campanas siempre han tenido un protagonismo esencial. Basta recordar clásicos como La Regenta de "Clarín", Tristana de Galdós o la célebre obra de Hemingway, Por quién doblan las campanas. En Zaragoza hay un local que se llama la Campana de los Perdidos y en Velilla de Ebro una jugosa leyenda asociada a una campana. Pero dejo para otro día estas consideraciones literarias y artísticas.

   

PEÑAS

PEÑAS

    No voy a hablar esta vez del paisaje agreste y rocoso que rodea mi pueblo natal. Tampoco voy a hacer alusión a una de las obras más famosas del escritor regionalista José María de Pereda. Cuando aún está caliente la carcasa de la traca de fin de fiestas con la que concluyeron las fiestas de Aliaga en honor a la Virgen de la Zarza, guardo en mi memoria la silueta inconfundible de los peñistas de cada una de las veintitantas agrupaciones de amigos que hay en la localidad.

    En las últimas palabras del alcalde y de los miembros de la comisión de fiestas 2012 había una afirmación unánime: si no fuera por las peñas, las fiestas del pueblo serían muy distintas. (¿Serían fiestas?) No intento mitificar el papel de las peñas. Ni mucho menos. Intento expresar lo que he ido observando durante este largo e intenso fin de semana. Detrás de cada acto festivo hay un peñista más o menos comprometido, muy entusiasmado y, eso sí, enamorado de su pueblo.

    Desde niños, los hijos o nietos de los habitantes de Aliaga - casi todos ellos residentes en la capital - comienzan a agruparse por edades e intereses y empiezan a buscan un local donde reunirse, a pensar en el nombre que los identifique y a elegir la indumentaria adecuada: pantalón con peto y sudadera. La peña se convierte desde entonces en un motivo de ilusión, en una buena excusa para volver con frecuencia al pueblo, para no perder las raíces, para fomentar la convivencia no sólo durante los días festivos sino en otros momentos puntuales del largo invierno de la sierra.

    Cuando hablamos de las peñas, podemos despertar una cierta polémica. Porque no todo es blanco ni todo negro. Y hay zonas grises, claroscuros y momentos brillantes. Pero está claro que, desde hace varias décadas, es un modo de vivir las fiestas, lejos de las aglomeraciones tradicionales, del mando y ordeno de la autoridad y de los actos organizados desde arriba. Gracias a las peñas, ya hay comisión de fiestas para el 2013. Y ayer, lunes, empezaron a trabajar. Y a soñar con las efemérides que salpican el calendario festivo del curso que comienza.

(FOTOGRAFÍA: Una peña de Aliaga durante la vaquilla)