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josemarco

UNA BUENA INICIATIVA

UNA BUENA INICIATIVA

     No sé cuáles serán los resultados, pero la iniciativa del ayuntamiento de Castelnou, pueblo turolense del Bajo Aragón situado a orillas del río Martín es, en principio, loable  y digna de tenerse en cuenta.

      Se trata, ni más ni menos, que de una caravana de niños para atraer habitantes a este pequeño pueblo que ronda los 150 y, al mismo tiempo, crear empleo, dinamizar la escuela y - ¡cómo no! - llenar de alegría sus calles.

       Hace 25 años los habitantes de San Juan de Plan organizaron una caravana de mujeres. Este pequeño pueblo del Pirineo de Huesca se dio a conocer a nivel nacional e internacional. Algunas mujeres se casaron con solteros del pueblo y, durante unos años, el turismo se ha incrementado en la comarca. Eso sí, hay que reconocer que algunos se cansaron de la dureza de los inviernos, del clima adverso, de la soledad. Y sólo unos pocos recuerdan con nostalgia esa buena iniciativa.

      La caravana de Castelnou presenta matices muy distintos. Se trata de crear industrias y trabajo estable. Se trata de que las personas que decidan instalarse en el pueblo - el miércoles lo visitaron más de quinientas - lo hagan con un propósito de continuidad y no abandonen la idea a la primera de cambio. Eso es lo difícil, convencer a un urbanita que cambie la ciudad por el pueblo o intentar que una persona de otra cultura se adapte sin problemas al medio rural.

      Eso sí, de momento los ediles de Castelnou pueden estar satisfechos porque este pequeño núcleo rutal turolense ha saltado a los medios. Y mucha gente - curiosos y menos curiosos - se darán una vuelta por las riberas del río Martín, aprovecharán para hacer senderismo y quizás hasta se animen a montar algún pequeño negocio. Todo sea por llevar la alegría infantil a las calles vacías y solitarias de este pintoresco rincón.

EL PULSO DE LA CIUDAD

EL PULSO DE LA CIUDAD

     La ciudad va recobrando su pulso cotidiano a medida que se acercan los últimos días de este atípico mes de agosto. Pero, al parecer, si paseas por las calles de Zaragoza durante un día cualquiera de esta semana de calor agobiante, compruebas que los establecimientos, las calles, las plazas, las avenidas, quieren renacer de un largo letargo, como si intentaran desperezarse después de una dulce siesta bruscamente interrumpida.

    En las terrazas todavía se habla del verano, de las fiestas de los pueblos, de las horas de playa, del "dolce far niente". Alguno pregunta por el hijo de la vecina, el que acaba de comprarse un coche de alta gama. Tener en lugar de ser. Apariencia en lugar de realidad. En los bancos del paseo, los ancianos aprovechan la sombra de la mañana, antes de que el sol vacíe las avenidas. Piensan ya en el otoño, en ese futuro tan cercano. Hablan del agua del embalse de Yesa, que es algo mejor que la que se bebía antes. Critican a los políticos, sean del partido que sean. Y esperan que la crisis se desvanezca. Pero la mayoría son escépticos e incluso pesimistas.

     Los niños y adolescentes comienzan a llenar las calles de los barrios. Barrios en fiestas, como el de San José. Barrios en vísperas de fiesta, como el de Las Fuentes. Es como si las fiestas de los pueblos se prolongaran. Como si todo el año fuera una fiesta eterna. Es la noria del tiempo. Es la evasión de la rutina, la lucha contracorriente. Todo para eludir esa espada de dámocles que pende de un hilo muy tenue y que marca el inicio de un nuevo curso: madrugar, ajustarse a un horario, organizarse un poco, intentar hacer algo para evitar el cada vez más extendido "ni-ni".

    El pulso de la ciudad se va acelerando poco a poco a medida que el pulso de los pueblos se desvanece, se ralentiza, pierde su intensidad. Contrastes profundos. Sensaciones opuestas. Vuelta a la rutina y a la cotidianeidad.

LOS SECRETOS DEL BUZÓN

LOS SECRETOS DEL BUZÓN

     No me gustan los buzones actuales de las comunidades de vecinos. Parecen pequeños nichos entre cursis y decadentes. Prefiero los de las casas de campo americanas: amplios, independientes, casi solemnes. Tampoco me gustan los buzones como receptáculos pasivos de cartas. Prefería las cartas entregadas en la mano, después de un grito del cartero de Aliaga o las cartas debajo de la puerta durante mi breve estancia en Alcaraz.

    De todos modos, los buzones siempre guardan algún secreto, alguna pequeña sorpresa. Todo ello a pesar de que el corro electrónico y las redes sociales hayan dejado fuera de combate a esas cartas de amor, a esas misivas familiares, a esas epístolas profundas y dilatadas. Pero la cruda realidad es que mi buzón, después de cuatro semanas fuera de Zaragoza, estaba rebosante de cartas de bancos, de recibos y más recibos. Sólo alguna carta me ha interesado de modo especial: los abonos del Real Zaragoza para la próxima temporada liguera con dos acciones de Agapito Iglesias, la felicitación de El Corte Inglés en vísperas de mi cumpleaños, un vale de 12 euros de mi óptica por el mismo motivo y, como sorpresa final, el apunte detallado de mi nómina de julio con un importante y sensible descuento. ¡Qué le vamos a hacer! Todo sea para contribuir a salir de una crisis que no se ha dejado ver durante el verano, al menos en lo que a ocio y consumo se refiere.

    En dos o tres décadas, los buzones irán de capa caída. Todo nos llegará por la red. Quizás así ahorremos algo de papel y contribuyamos a la cada vez más precaria salud del Planeta. Quizás el buzón sólo quede como una nostálgica reliquia. Como esos buzones de las casas de los pueblos, que acogen polvo, agua y algún que otro papel publicitario durante los diez meses que está la casa vacía. Diez meses que en muchos pueblos están comenzando ya. Finales de agosto, regreso a la rutina y vuelta a la ciudad. ¡Menos mal que nos queda la ilusión de los fines de semana!

IMAGEN, IMAGINACIÓN Y TEXTO

IMAGEN, IMAGINACIÓN Y TEXTO

    La biblioteca municipal de Aliaga lleva ya diez años organizando unas actividades culturales y literarias durante la segunda quincena de agosto. Niños, jóvenes y adultos participan activamente en diversos talleres, charlas o conferencias de todo tipo.

     Una de las actividades programadas es un taller de creación literaria que coordina año tras año la poeta Rosa María Ayora. Este año se trataba de escribir en poesía o en prosa a partir de la contemplación de una fotografía o un dibujo. Todos los participantes tuvimos en cuenta la importancia de la imaginación para transformar la imagen en algo sugerente y creativo. En mi fotografía aparecía una visión crepuscular del Monasterio de Rueda (Zaragoza) con su torre erguida y solitaria. A raíz de su contemplación escribí estos versos:

                                              Erguida y empujada por los siglos

                                             surges desde el silencio aureolado

                                             por una soledad suave y fecunda

                                             al filo del ocaso.

     A continuación trabajamos en grupos de tres personas e intentamos crear un camino inverso: del texto a la imagen. A pesar de no ser buenos dibujantes, logramos plasmar en un pequeño dibujo lo que nos sugería este hermoso poema:

                                                            ALAS

                                                Déjame ignorada

                                                como a la amapola,

                                                como al pajarillo,

                                                como a la crisálida.

                                            Hasta que me convierta

                                                en luciérnaga y sean

                                                alas mis palabras.

HACIA EL PUERTO DE MAJALINOS

HACIA EL PUERTO DE MAJALINOS

     No había estado todavía en el puerto de Majalinos desde el pavoroso incendio que asoló esta hermosa zona de Teruel hace poco más de un año. En poco menos de hora y media hemos recorrido en bicicleta los veinte kilómetros que separan este puerto de Aliaga. Ha sido un recorrido por una carretera sinuosa y empinada. Ha sido un trayecto que no me ha dejado indiferente. Nos hemos detenido varias veces en algunos recodos del camino. No hemos podido evitar la contemplación de la Muela Cerra, despojada de vegetación, casi huérfana de vida. Eso sí, cubierta de una fina capa de hierba y coronada por algunos pinos que, casi milagrosamente, se salvaron de las llamas de aquellos días de julio de 2009.

     Tenía muchas ganas de llegar a La Cañadilla - barrio pedáneo de Aliaga - y contemplar cómo están después de un año las casas, los cultivos, las huertas, los bancales, los pequeños pinares. Y, como soy optimista por naturaleza, he respirado con alivio cuando he avistado un pequeño núcleo rural pintoresco. Como se observa en la fotografía, La Cañadilla parece que quiere renacer de sus cenizas, de días de desolación, de noches interminables. Curiosamente, en el camino hacia el último recodo que culmina en el puerto de Majalinos, hemos observado que los pinos que se salvaron de la quema son los que están más cerca de núcleos habitados, de campos de cultivo, de pequeños corrales.

     Pero lo más crudo, lo más desolador, es el último kilómetro de ascenso al puerto. Aunque ha desaparecido la ceniza y el olor a quemado, quedan todavía los esqueletos de los pinos, los restos de las sabinas calcinadas, las huellas de los enebros. Todo quedó arrasado. Hay mucha tarea pendiente para el futuro. Me ha sorprendido que ni siquiera hayan cambiado las señales de tráfico. Desde más de mil cuatrocientos metros se puede contemplar Ejulve, la Zoma y gran parte del valle que llega hasta la Venta de La Pintada. Se ven algunos brotes verdes pero eo paisaje, como un ave fénix, tardará aún unos años en recobrar un aspecto aceptable. Afortunadamente, hemos pasado de la desolación a la tristeza. Eso sí, con un pequeño y silencioso alivio.

AGOSTO EN ALIAGA

AGOSTO EN ALIAGA

     Durante el mes de agosto, Aliaga presenta una fisonomía diferente. La animación de sus calles contrasta con la soledad del resto del año. Porque en Aliaga, al igual que en otros pueblos de Aragón y de España, durante este mes se suceden los reencuentros, las semanas culturales, los actos lúdicos y festivos.

     Agosto se despereza cada mañana y se resiste a ese fluir efímero de los días. Porque a la belleza del entorno se une un clima envidiable, sobre todo por las noches. Los paseos por la vega o el cascajar hasta el camping bajo un cielo tapizado de estrellas son la mejor medicina contra el estrés o el cemento urbano.

    Este mes parece que hay más gente en Aliaga que otros años. Al menos, esa es mi impresión. No sé si será la crisis, el calor agobiante de otras zonas o el atractivo turístico de este pueblo tan pintoresco.

    A todos nos gustaría que se eternizaran ciertos momentos, ciertas vivencias, ciertas celebraciones. Mientras escribo en la biblioteca, compruebo cómo niños, jóvenes y adultos consultan libros, leen la prensa o navegan por la red. Porque la cultura también está presente en Aliaga durante este mes. La Asociación de Jubilados y Pensionistas celebró la semana pasada unas Jornadas Culturales y el barrio de la Aldehuela prepara también unos días festivos y lúdicos. Es el contrapunto de la vida de las ciudades que, durante el próximo fin de semana, se quedarán semivacías.

    De momento, habrá que aprovechar el latido de la tarde, la dulzura del crepúsculo y ese ambiente inusual que a todos nos gustaría se prolongara unos meses más.

UN ALTO EN EL CAMINO

UN ALTO EN EL CAMINO

     En ocasiones, y si se dispone de tiempo, viene muy bien alejarse por unas horas de los caminos trillados y lanzarse en busca de lugares nuevos, más o menos recónditos y muy pintorescos.

     El viernes por la tarde, de regreso hacia Valencia desde Teruel, dejamos la autovía mudéjar poco después de Sarrión y nos encaminamos hacia el pueblo turolense de Manzanera. Había oído hablar de este núcleo rural pero nunca me había decidirlo a visitarlo. Me lo imaginaba así. Y no me decepcionó. Este municipio de la comarca de Gúdar-Javalambre aparece casi de repente después de una eminencia montañosa moteada de sabinas y carrascas. Antes de recorrer los diez kilómetros que lo separan de la autovía, dejamos a un lado la estación de Rubielos de Mora y el pequeño pueblo de Albentosa.

    Una vez en el pueblo, me llamaron la atención los vestigios antiguos, casi todos medievales. Se conserva muy bien el Portal de Abajo - en la fotografía -, el Portal de Arriba y el Pilón del Esclavo. Queda un torreón semiderruido de las ruinas de un castillo, testigo mudo de la historia antigua y de las guerras más recientes. De todos modos, me encantó la fisonomía de Manzanera en agosto, el ambiente estival, la vida en las casas, el parque acogedor, la animación en la calle mayor, la preparación de las fiestas. Es el mejor momento del año para Manzanera, como para tantos pueblos de Teruel, castigados por la tremenda emigración de los años sesenta del siglo XX.

    Abandonamos el pueblo al filo del crepúsculo y elegimos una ruta distinta, más agreste, más solitaria. Para volver a la autovía, a la altura de Barracas, tomamos la carretera que se dirige a Alcotas, el último núcleo habitado de la provincia de Teruel. Durante los kilómetros que separan Manzanera de El Toro, ya en Castellón, me recreo en la contemplación de unas sabinas impresionantes, casi centenarias. Toda una riqueza natural y paisajística. Mientras tanto, el coche se desliza por una carretera sinuosa, parcheada, erizada de curvas. Una ruta de mediados del siglo XX. Parece que nos encontremos en otro mundo, en otra época, en otro ambiente. Pero la realidad cambia cuando, a lo lejos, se divisa la cicatriz de la autovía que nos invita a volver al progreso, al vértigo, a la civilización. Desde hoy, Manzanera ya no será un punto en el mapa. Me he prometido volver con más tiempo en otra ocasión.

ESPIDO FREIRE EN TERUEL

ESPIDO FREIRE EN TERUEL

     Ayer hicimos las maletas y regresamos cada uno a nuestra ciudad, pueblo o lugar de vacación. Y lo hicimos después de compartir cinco días con la escritora Espido Freire y su hermana Mila. El curso Cómo acercar la Literatura a los jóvenes nos ha abierto a todos los participantes - universitarios y docentes - un camino lleno de posibilidades didácticas y comunicativas.

     No conocía personalmente a Espido. Había leído gran parte de sus obras, columnas y artículos. Pero no la conocía como comunicadora, como persona que motiva, aglutina y siembra inquietudes. Porque Espido Freire ha sido el alma de un curso en el que hemos ampliado nuestros conocimientos literarios, hemos trabajado en equipo, hemos presentado proyectos didácticos, hemos explotado el valor de los símbolos, hemos redescubierto a los clásicos y hemos intercambiado experiencias docentes.

    Durante la tarde del jueves la actriz montisonense Inma Isla impartió un taller práctico de expresión corporal - como se muestra en la fotografía adjunta. Durante cuatro horas aprendimos a compartir el espacio, a expresarnos con el cuerpo, a teatralizar situaciones reales y a conocernos mejor. La experiencia ha sido altamente positiva.

     Hemos dejado la Ciudad de los Amantes con la maleta llena de ilusiones y proyectos. Habrá que poner en práctica en el aula tantas y tantas ideas nuevas o, al menos, planteadas de una manera distinta. Hemos conocido a personas inquietas, preocupadas por la educación, enamoradas de la Literatura. Y hemos quedado muy satisfechos de la atención de todas las personas de la Universidad de Teruel.

TERUEL EN AGOSTO

TERUEL EN AGOSTO

     Cuando llega el mes de agosto, la Ciudad de los Amantes se viste de gala para recibir a numerosos visitantes. La mayoría de los que visitan Teruel en estos días estivales disfrutan del sabor medieval de sus calles y del clima envidiable de sus mañanas y de sus noches.

    Con motivo de la asistencia al curso “Cómo acercar la Literatura a los jóvenes”, organizado por la Universidad de Verano y dirigido por la escritura Espido Freire, he vuelto a la capital de mi provincia. Esta ciudad que conocí a los cuatro años cuando, desde el viaducto, contemplé con alegría y asombro el primer tren.

      Teruel ha cambiado mucho en los últimos años. Sus ciudadanos y ,especialmente, la plataforma social “Teruel Existe” han conseguido que esta capital de provincia sea mejor considerada desde Madrid y, poco a poco, vaya ocupando el puesto que le corresponde en Aragón y en España. De todos modos, aún queda mucho por hacer.

     Uno de los logros de los últimos años ha sido la consolidación de una Universidad que descentraliza la de Zaragoza y se ha convertido en reclamo de numerosos estudiantes de la capital y de la comunidad vecina. El edificio es moderno, funcional y muy acogedor. En el vicerrectorado vamos a reflexionar durante cinco días sobre la Literatura clásica, sobre los símbolos, sobre cómo presentar a nuestros alumnos unas obras literarias adaptadas a la mentalidad del siglo XXI. Es una tarea cada día más ardua. Por eso hay que echarle imaginación al asunto. Espido nos guía con su experiencia como buena comunicadora y excelente escritora. Lo demás lo tendremos que poner en práctica en las aulas. Con entusiasmo, con afán innovador, con inquietud creativa.

     Teruel es un marco ideal para estas jornadas y otra que se han desarrollado en julio y se van a realizar en septiembre. Los cursos de verano ya van por su XXVI edición. La oferta es muy diversa y la respuesta de los estudiantes y docentes muy positiva. Además, la ciudad del mudéjar brinda al visitante arte, historia, cultura y ocio. Todo para que el mes de agosto no sea uno más en la capital. Al filo del crepúsculo hemos comprobado que Teruel está vivo en agosto y que muchos turistas se detienen unos días a gozar de una buena temperatura veraniega y del latido cotidiano de sus calles, plazas y avenidas.

POR LA RIBERA DEL JÚCAR

POR LA RIBERA DEL JÚCAR

     La mañana estival de finales de julio invita a tomar la bicicleta y recorrer una parte de la ribera del Júcar en la comarca valenciana de La Ribera Alta. Desde Massalavés hasta Alberique hay un flamante carril bici y se llega en un santiamén. Luego dejamos a la izquierda la autovía y nos dirigimos a Gavarda, uno de los pueblos que sufrió las consecuencias de la trágica riada de octubre de 1982, a consecuencia del desemoronamiento parcial de la presa de Tous. A la izquierda dejamos lo poco que queda del antiguo Beneixida - sólo permanece el campanario rodeado de campos de naranjos -. Hemos atravesado ya el Júcar, que desciende apacible desde la presa de Tous, después de recorrer más de 400 kilómetros entre hoces, cañones y gargantas por las provincias de Cuenca - en la que nace en los Montes Universales -, Albacete y Valencia. Y llegamos a Alcántara de Júcar, muy cercana a este río, que recibe a un mermado río Sellent a la altura de Carcer. Pero lo mejor de esta etapa de dos horas escasas está por llegar. Después de una hora de pedaleo nos detenemos en Sumacàrcer, un pequeño y pintoresco pueblo de la provincia de Valencia - como vemos en la fotografía adjunta - que se eleva en una pequeña colina a orillas del Júcar. Desde un pequeño mirador en forma de balcón, contemplamos el cauce tranquilo y sosegado de este río que, sorprendentemente, muestra su mejor cara. Sus aguas casi transparentes hechizan al viajero con ese color verde botella, tan acorde con los dos paisajes que lo flanquean: por un lado, la montaña escabrosa que linda con Navarrés, con sus pinos, olivos y vides; por otro, las dilatadas extensiones de naranjos que se encaraman incluso hasta las montañas, tan castigadas por los incendios en las últimas décadas.

     El regreso es todavía más llevadero y gratificante. Descendemos por la orilla del río que, a nuestra derecha, se ensancha antes de llegar a Antella y remansarse en el histórico azud, que retiene sus aguas y sirve como reclamo turístico para sus habitantes y para los que visitan esta bonita localidad. Las banderas ya anuncian las próximas fiestas de verano. Finaliza nuestro recorrido en Alberique. Pero antes volvemos a deleitarnos con el río Júcar en lo que todavía queda de la Gavarda antigua. Muchas casas se salvaron de la riada y sus vecinos vuelven durante el día a visitarlas e incluso están cuidando su entorno. Hasta el bar del pueblo mantiene la vida y la animación de antaño.

     No quiero acabar estas impresiones sin aludir a la relación del río Júcar con la Literatura. Tres autores levantinos se hicieron eco en algunas de sus obras de los encantos de este río que, en su curso bajo, enriquecerá los términos de Carcaixent, Alzira, Algemesí, Sueca y Cullera, donde desemboca en el Mediterráneo.

     José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín, en su novela Don Juan hace una breve referencia al río Júcar, aunque se trata del curso alto en la serranía de Cuenca:

                                        En los pinares del Júcar

                                        vi bailar  a unas serranas,

                                        al son del agua en las piedras

                                        y al son del viento en las ramas...

                                        ¡Qué bien bailan las serranas,

                                        qué bien bailan!

     El escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez ambienta alguna de sus novelas en los alrededores del Júcar, especialmente en el curso bajo. En la obra Entre naranjos, que se desarrolla en Alzira, describe una riada del Júcar:

        La única preocupación era si llovería al mismo tiempo en las montañas de Cuenca. Si bajaba agua de allá, la inundación sería cosa seria. Y los curiosos hacían esfuerzos al anochecer por adivinar el color de sus aguas, temiendo verlas negruzcas, señal cierta de que venían de la otra provincia.

     El escritor, poeta, filólogo, historiador y ensayista valenciano Joan Fuster (Sueca, 1922), en su obra El País Valenciano, hace una excelente descripción geográfica e histórica de la cuenca inferior del Júcar. Enfatiza el desarrollo económico de la región con el cultivo del naranjo y del arroz, centrado en la Ribera Baja:

        El Júcar sale a nuestro encuentro. En sus meandros finales, y pese a la continua sangría que viene padeciendo a lo largo de la Ribera lo hallamos más caudaloso que nunca, con brío aún para inundar los espaciosos términos de Cullera y Sueca. Dos azudes, cerca de esta última ciudad, le arrancan el agua necesaria al mismo arrozal, y todavía le queda mucha que, lenta y arcillosa, se renuncia en el mar.

ODA AL JUBILADO

                                                 Ya contemplas la vida

                                       desde la alta atalaya de los sueños,

                                       orlada de recuerdos,

                                       tejida de vivencias e inquietudes.

                                       Ya contemplas la vida

                                       desde ese privilegio de los años

                                       y la experiencia dulce

                                       y el poso del silencio aserenado.

                                       Desde esa cima azul de la memoria

                                       acaricias el tiempo que se esfuma

                                       y vuelves al paisaje de tu infancia

                                       y te recreas en tus ratos de ocio.

                                       Desde lo alto del cerro de la vida

                                       contemplas a tus hijos,

                                       disfrutas con tus nietos

                                       y vives la amistad y el sentimiento.

                                       A pesar de lo efímero del tiempo,

                                       te empapas del presente

                                       y avizoras caminos de esperanza

                                       y veredas de amor

                                       desde el silencio.

UN POEMA DE RAQUEL LANSEROS

UN POEMA DE RAQUEL LANSEROS

     La poeta gaditana Raquel Lanseros está abriendo día a día nuevos caminos con unas composiciones frescas, audaces, sólidas y penetrantes. En un gran gesto de generosidad, me ha enviado dedicados tres de sus libros de poemas más representativos: Diario de un destello (Colección Adonais, 2006), Los ojos de la niebla (Colección Visor, 2008) y Croniria (Hiperión, 2009), con el que obtuvo en diciembre de ese año el XIII Premio Internacional "Antonio Machado en Baeza".

    Todos y cada uno de los poemas de esta última antología de Raquel Lanseros tienen un sabor especial, un aliento personal propio. Pero hoy, en esta tarde de bochorno veraniego, en este día teñido de un azul intenso, quiero compartir con los que os acercáis a menudo a estas páginas un poema de Raquel dedicado precisamente al gran poeta Antonio Machado que tanto disfrutó de la naturaleza, de los días azules y de las tardes dilatadas del verano castellano o andaluz.

                                           22 DE FEBRERO

                                                   "Estos días azules y este sol de la infancia".

                                                                    (Antonio Machado)

                                La poesía es azul

                                              aunque a veces la vistan de luto.

                                Viento del sur escultor de cipreses

                                ahoga la tierra honda de dolor y de rabia.

                                Abel Martín, conciencia en desbandada

                                pájaro entre dos astros

                                nombrador primigenio de las cosas.

                                Juan de Mairena íntegro

                                espejo limpio donde se refleja

                                                       el rostro que tenemos de verdad.

 

                                Nos dejaste la vida

                                la palabra fecunda

                                la desnudez, la brisa.

                                Nos dejaste las hojas y el rocío

                                el mar

                                las instrucciones

                                             para aprender a andar sobre las aguas.

 

                                Y después te marchaste.

                                Mejor dicho: te echaron a empujones.

                                Siempre molestan los ángeles perdidos.

                                Dicen que desde entonces en Collioure

                                   no ha dejado jamás de ser invierno.

SOL ACÍN, UNA POETA ARAGONESA

     Gracias al escritor Javier Barreiro, los lectores de la revista cultural TURIA podemos leer cuatro poemas olvidados de la oscense Sol Acín (1925-1998), hija menor de Ramón Acín y Concha Monrás.

      Estas cuatro composiciones aparecieron originalmente en la revista "Verde Viento", en 1948. Los títulos de los poemas eran los siguientes: "Pan", "Canción", "Poema" y "Creación total". De entre ellos me quedo con el primero, por su aliento vital expresado mediante reiteradas interrogaciones retóricas, por su original tejido metafórico, por su sustrato existencialista y por su desolación juvenil.

                                               PAN

                ¿Dónde nacieron las amarillas flores,

               las tristes y enconadas perspectivas del vino reluciente?

                ¿Dónde nacieron tus corales pardos, oh delirios de vida

                                                   y de furiosa trabazón sin mando?]

                ¡Qué reflejos de sol han goteado sobre los huecos suaves de las piedras

                y qué quieren los gritos, atesorados y perdidos siempre bajo el

                                                         misterio mudo de las hojas]

                y en el sereno musgo de cortezas protegidas del tronco por las

                                                                          dormidas sombras?]

                 ¿Por dónde es cierto que se entrega el viento

                a los tornados ojos del infinito mármol indolente

                y a las agudas llamas subterráneas de su congoja muda?

                 ¿Qué remeros de Dios van escalando

                la más inverosímil cortadura de una frente tallada,

                y qué cadencia en desamor gozoso es la que cubre el corazón del valle,

                la que despierta introduciendo ritmos en llanuras sin mancha,

                en terrones de tierra humedecida?

                 ¿Quién ha mecido el día para entregar orillas de sonrisas

                y ha doblado contornos con la caricia de cortados gestos,

                con el amor rasgado de resonancias libres?

                 ¿Quién ha tendido los resortes puros para después doblarlos y recibir

                su vida, o introducir sin miedo en cada tiempo su nítida presencia?

                 ¿Quién ha visto el silencio y lo ha mordido

                y ha rociado los filos de la noche donde reposa el hombre y

                                                           desampara sus dormidas manos?]

                ¿Quién ha entregado el centro de las cosas a la despierta boca de

                                                                                       los hombres?]

                y ha besado su sangre?

                 ¿Quién ha visto la vida?

PÁJAROS DE PAPEL

PÁJAROS DE PAPEL

    Tuve la oportunidad de ver ayer por la tarde la película Pájaros de papel, primera que dirige el polifacético Emilio Aragón, y la verdad es que no me ha defraudado. A pesar de las críticas tan dispares y de las opiniones de quienes la consideran demasiado sensiblera y bastante maniquea, la cinta sigue una línea muy coherente y podemos enmarcarla dentro de la pauta marcada por El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez o Ay Carmela, de Carlos Saura.

    Dos aspectos me han llamado especialmente la atención de esta película: las excelentes interpretaciones tanto de los principales actores como de los figurantes y el homenaje que rinde su director - de familia de cómicos - a los que se han dedicado y se siguen dedicando a esta vida tan difícil de actores o actrices, tanto en el teatro como en el cine. Hay que destacar, sobre todo, el papel de Imanol Arias como protagonista, huraño y soberbio; de Lluis Homar, convincente y cercano; y del niño Roger Princep, gracioso y zalamero. Sin olvidar a una estelar Carmen Machi, que aporta con soltura el ingrediente cómico.

     A pesar de que quizás ya estemos saturados de películas sobre la guerra y la posguerra española, no está de más dediquemos dos horas de este verano a recordar la difícil vida de los cómicos en esa época, las suspicacias y recelos por ambos bandos y el reguero de odio que se prolongó más de lo previsto.

EL REGRESO DE ROBERT FROST

     Una de mis lecturas preferidas de cada verano es el número correspondiente de la revista cultural TURIA. En su entrega 95, esta excelente publicación periódica dedica uno de sus artículos al poeta americano Robert Frost. Martín Merino Ruiz-Funes analiza con detención la trayectoria poética de este creador,  enamorado de los bosques de Nueva Inglaterra. A pesar de la fama que tuvo durante su dilatada vida (San Francisco, 1874 - Boston, 1963), sorprende - como dice el articulista - que, a fecha de hoy, no haya ningún libro ni antología de Frost traducidos al español.

    La lectura de estas líneas ha supuesto para mí el descubrimiento de un gran poeta - admirado por W.H. Auden, Ezra Pound y Juan Ramón Jiménez - que utiliza magistralmente la alegoría en sus versos y que deja siempre un aliento filosófico y existencial en cada uno de sus poemas. Plasmo unos versos de su poema Abedules, traducido poar Agustí Bartra. Frost parte de una imagen de su infancia - los árboles como gigantescos columpios - y expresa su cansancio y desorientación en medio del bosque como metáfora de la vida.

                            Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles,

                            y muy a menudo sueño que volveré a serlo;

                            cuando me hallo cansado de mis meditaciones

                            y la vida parece un bosque sin caminos

                            donde, al vagar por él, sentimos en la cara

                            ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,

                            y un ojo lagrimea a causa de una brizna,

                            y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,

                            para luego volver y empezar otra vez.

                            Que jamás el destino, comprendiéndome mal,

                            me otorgue la mitad de lo que anhelo

                            y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,

                            como la tierra: ignoro si existe mejor sitio.

                            Quisiera encaramarme a un abedul, trepar

                            por las ramas oscuras del blanquecino tronco,

                            y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,

                            doblándose vencido, me devolviese a la tierra.

                            Subir y regresar sería muy hermoso,

                            pues hay cosas peores en la vida que ser

                            un columpiador de árboles.

LAS TRECE ROSAS

LAS TRECE ROSAS

    Hay novelas que todos deberían leer. Hay películas que todos deberían ver, especialmente las generaciones más jóvenes. El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina o Soldados de Salamina, de Javier Cercas son obras que deberían figurar - en mi modesta opinión en los programas de bachillerato. Algo similar ocurre con el cine. A pesar de que no hay ninguna optativa de cine y literatura en los actuales planes educativos, no debería faltar la proyección de películas como la que ha vuelto a ver esta tarde: Las trece rosas. Dirigida por Emilio Martínez Lázaro en 2007 y con un excelente guión del escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón, la película nos acerca a los peores años de la guerra civil y a los primeros meses de la posguerra. Años de violencia, de venganza, de odio, de veneno negro. Años que esperemos no se vuelvan a repetir. Por eso es bueno que nuestros jóvenes conozcan estos hechos a través de la pantalla y aprendan a vivir en tolerancia, en justicia y en libertad. Eso mismo nos decía Antonio Muñoz Molina en El Escorial el pasado día 5 de julio.

     Al hilo de esta reflexión sobre el cine y la educación, quiero recordar que durante la primera semana de agosto - del 2 al 6 - tendrá lugar en la Universidad de Verano de Teruel un curso dirigido por la escritora Espido Freire. Su título es: "Cómo acercar la literatura a los jóvenes: escritura, lectura e historia literaria para alumnos inusuales". Dentro del programa, tienen un papel relevante el cine y la televisión. A ver si los educadores abrimos los ojos a esta nueva realidad audiovisual y, ahora que se habla tanto de competencias, logramos en nuestros alumnos una competencia audiovisual crítica y creativa. Los que estudiamos la literatura como simple memorización agradecemos que las nuevas generaciones se interesen por el cine como vehículo educativo y de reflexión. Las trece rosas o Soldados de Salamina son dos películas que no sólo despiertan la emoción. Su intención va más allá de lo anecdótico. Tienen un fondo histórico y nos ayudan a reflexionar sobre el pasado y el presente.

UN POEMA OLVIDADO

     Mientras ordenaba mi despacho, he rescatado un poema que escribí a principios de 1998. Es como una modesta declaración de intenciones y como una defensa de la vida del poeta caracterizada por la honestidad, el compromiso y el afán de desentrañar la emoción de lo cotidiano. Aunque hoy no lo escribiría así, lo rescato tal como lo creé en aquel día de enero, hace ya doce años.

                                                  SER POETA

                                  Ser poeta o mendigo o cualquier cosa,

                                  ser, en definitiva, un hombre honesto

                                  que se levanta audaz y enamorado

                                  embriagado de luz azul del alba.

 

                                  Ser poeta o bohemio o cualquier cosa         

                                  ser, en definitiva, un peregrino

                                  tras las huellas austeras de Machado

                                  o de León Felipe en el exilio.

 

                                  Ser o no ser más que hombre sincero,

                                  un hombre del montón de los mortales

                                  - en el mejor sentido del vocablo -

                                  si Dios y la Fortuna lo permiten.

 

                                   Lo demás son postizos añadidos

                                  que cual ropaje y frágil atavío

                                  hemos de renovar día tras día

                                  si no queremos ver cómo el hastío

                                  nos devora por dentro sin remedio.

EL SABOR DEL VERANO

EL SABOR DEL VERANO

     Paseo vespertino por la ciudad del cierzo y del bochorno. Surcas con la bicicleta las nuevas vías verdes - carriles bici - herencia de la Exposición Internacional de 2008. Contemplas el cauce del río, cada vez más escuálido, a pesar de las copiosas lluvias primaverales. La ciudad huele a madera quemada, a hierba socarrada, a cemento rusiente. Mientras pedaleas por una superficie llana y sinuosa - sin reloj, sin prisas, sin agobios - recuerdas otras tardes estivales, evocas otros ríos más vivos, más cercanos, y comienzas a saborear los primeros días de un verano que se te antoja fugaz y escurridizo, como tantos otros.

     El sabor del verano es diferente al de las demás estaciones. Es un sabor agridulce, es un sabor penetrante, es un sabor prolongado. Porque la tarde se prolonga hasta el infinito. Porque el crepúsculo se esfuma de los dedos y cede el paso a una noche efímera. Porque el sol se resiste a abandonar el horizonte y adquiere un protagonismo difícil de eludir. Regresas por el mismo camino tapizado de cemento verde. Sólo te detienes en los pasos de peatones. Observas de nuevo las riberas del Ebro y contemplas a lo lejos los edificios de la Expo, casi todos vacíos, silenciosos, como esqueletos de piedra.

     Al filo de la noche, desde la galería, muy cerca de los inevitables plataneros, vuelves a contemplar el cauce del río, esta vez más plateado, más idílico, más atractivo. Es el sabor de las noches estivales en una ciudad semidormida, sedada, casi irreconocible. Es el sabor del verano.

UN DÍA HISTÓRICO

UN DÍA HISTÓRICO

     Hoy ha sido un día histórico para España. Un día histórico para el deporte español. No he podido contener unas lágrimas de emoción cuando, a cuatro minutos del final de la prórroga, Andrés Iniesta marcaba ese excelente gol que quedará en los anales de la historia del fútbol mundial.

     Cuando todavía están frescas las imágenes de la celebración del gol y las imágenes de entrega de la copa del mundo al gran capitán Iker Casillas, recuerdo los sueños de mi infancia, las ilusiones de mi juventud y las continuas decepciones cada cuatro años. He vivido esta final en compañía de mi hijo Javier que, a sus quince años, ha podido vivir y disfrutar de este triunfo de un equipo unido y motivado. Porque ha sido el triunfo de la constancia, de la modestia, del trabajo diario, sin divismos, sin alharacas, sin falsas expectativas.

    El triunfo de la selección española, la victoria de este equipo único debería servir para aliviar el peso de la crisis, para dejar de lado por unos días los problemas cotidianos, para saber valorar lo auténtico y dejar de poner piedras en las ruedas de los que no piensan de la misma manera. El triunfo de la selección debería salpicar de azúcar tantos momentos amargos, tantos recuerdos agridulces, tantos momentos para el olvido. Es un día histórico y como tal quedará escrito en nuestra agenda. Porque, como ha dicho mi hijo al acabar el encuentro, no sé si volveré a vivir un hito deportivo como éste. ¡VIVA EL 11 DE JULIO DE 2010!

EL ESCORIAL, UN FANTASMA DE PIEDRA

EL ESCORIAL, UN FANTASMA DE PIEDRA

     Durante estas cálidas noches estivales, protegido por la sierra de Guadarrama y escoltado por numerosos edificios de piedra y de pizarra, el Palacio-Real Monasterio del Escorial, que llegó a ser considerado durante un tiempo la octava maravilla del mundo, emerge como un fantasma desde la oscuridad del valle y nos transporta a esa época todavía gloriosa para España, con una fe tan segura como los sillares que conforman esta sinfonía de piedra. 

     Hace muchos años que no me acercaba a este recinto. Y ayer tarde tuve la oportunidad de visitar los aposentos de Felipe II, un rey austero y caprichoso, pasearme por sus patios rectangulares, contemplar la majestuosa basílica, descender a la cripta de los reyes e infantes de los Austrias y los Borbones y, finalmente, visitar con cierta premura su excelente y acogedora biblioteca. Anoche sus torres estaban iluminadas y apuntaban hacia el infinito desafiando al tiempo y al espacio. Un espacio inmenso que acoge a miles de visitantes y que alberga entre sus muros una historia de casi cinco siglos de guerras, saqueos, desafíos, efemérides y otros sucesos que han quedado sepultados bajo sus muros.

     El Escorial representa una manera de expresión artística que va del plateresco renacentista al clasicismo vacío, frío, sin ornamentos. Luego llegaría el barroco que supondría el olvido y un cierto desprecio. Bien entrado el siglo XVIII, volvería a ser evocado por los amantes del arte. Ya en el siglo XIX, algunos románticos volvieron a elogiar este monumento por su sublimidad y por su simbolismo. Uno de ellos fue José María Quadrado quien, junto con el dibujante Francisco Javier Parcerisa, recorrió estos parajes en pleno fervor romántico. Tanto uno como otro quedaron impresionados por la magnitud de este fantasma de piedra que, a pesar de tantos avatares, sigue impasible y se mantiene firme, silencioso, fantasmal.