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LITERATURA

MUSEO DE LA SOLEDAD

MUSEO DE LA SOLEDAD

     Ayer tarde el escritor Carlos Castán presentó en la sala Fnac de Zaragoza la reedición de su libro de relatos Museo de la soledad. Estuvo acompañado del poeta y crítico Manuel Vilas y de Óscar, coeditor de la obra. Ha sido un acierto que esta antología de doce narraciones breves apareciera de nuevo para disfrute de los que están acostumbrados a degustar la buena literatura. Porque Carlos es un buen narrador, un buen estilista y un excelente observador de la realidad cotidiana.

     Museo de la soledad presenta como motivo recurrente la soledad como evocación del pasado y como eco agridulce del presente. Porque la soledad es memoria, es recuerdo y es desolación. Plasmo un fragmento de uno de los relatos - Silencio tan de Silvia - con el que muchos lectores de la generación de Carlos se sentirán inmediatamente identificados.

     Los veranos entonces no se acababan nunca. No había nada, de entre todas las cosas que podíamos concebir, que se pareciese más a la eternidad; por eso la primera noche era tan difícil conciliar el sueño, pensando en todas las cosas que íbamos a hacer en ese paraíso de incertidumbre. Igual que en el tintero, antes de ser abierto por primera vez, de alguna manera están ya encerrados el poema o la sentencia que alguien escribirá más tarde, nosotros notábamos que todos los gritos que íbamos a dar ese verano, los de dolor y los de alegría, los de ilusión y de guerra, estaban ya agazapados en nuestra garganta; no todavía en el viento, desde luego, pero podíamos sentirlos allí, arañándonos en la oscuridad del dormitorio, en forma de insomnio y de latido.

    Bajo las sábanas escuchábamos los balidos procedentes del corral y urdíamos ya nuestros primeros planes, todo lo que haríamos a partir de que por fin se hiciera de día; excitados, nos dibujábamos el uno al otro, en el aire, los mapas de la aventura, los recorridos que seguiríamos para encontrar un tesoro al que nuestro sueño no habría alcanzado todavía a dar forma ni nombre, pero que sin saber bien por qué, a pesar de hallarnos tierra adentro hasta más no poder, relacionábamos vagamente con un mar al sur del mundo, salvajemente azul e infestado de piratas y ballenas gigantes. Y nos preguntábamos si habría llegado ya el resto de amigos forasteros con los que coincidíamos en el pueblo un año tras otro, chavales que venían de Madrid, como nosotros, o de Alemania, Cataluña y Zaragoza, todos tristes chicos de ciudad, mustios y pálidos en comparación con cualquier lugareño de nuestra edad, con un inconfundible olor a cerrado y a la humedad de la lluvia mirada sólo desde el balcón, ésa que mojaba al mundo y a los demás mientras nosotros, a buen recaudo, matábamos el rato con estúpidos rompecabezas y recortables de soldados, o llenando álbumes y más álbumes con los cromos que salían en las tabletas de chocolate y que nos mostraban un mundo más allá, barcos y volcanes, tiburones y actrices, todas las sorpresas ocultas en una caja mágica que nuestros dedos nunca alcanzaban a rozar, como en esas pesadillas en las que pretendemos alcanzar algo que a cada paso se nos escurre, la espada salvadora que resbala en nuestras manos o el seguro burladero que se va alejando como el horizonte.

AVENTURAS, MISTERIO Y TERROR

AVENTURAS, MISTERIO Y TERROR

      Estas tres palabras se mezclan y entrecruzan en los relatos de José María Latorre (Zaragoza, 1945). El escritor zaragozano afincado en Barcelona ha visitado esta mañana el instituto "Ramón y Cajal" de la capital del Ebro y ha dialogado abiertamente con los alumnos de tercero y cuarto de secundaria. Dos de las novelas más representativas de Latorre - La mirada de la noche (2002) y La profecía del abad negro. (2006)

     José María Latorre, además de ser un excelente crítico cinematográfico, destaca como narrador de relatos para adultos y jóvenes que enganchan inmediatamente al lector. El inicio de La mirada de la noche es revelador y está basado, según el autor, en hechos supuestamente reales: "Nunca había creído en fantasmas, aparecidos y vampiros hasta que vi que el cuerpo de su abuelo se movía dentro del ataúd". Además, nos ha anticipado el título de su próximo relato: Los ojos del espejo.

     Al acabar el acto, algunos alumnos manifestaron su deseo de leerse otras obras del autor o de otros autores que cultivan ese mismo género. El mismo Latorre les animó a adquirir este hábito de la lectura, que tantos incovenientes encuentra en la sociedad actual, dominada por la imagen y por internet. Les comentó que hay que empezar leyendo lo que a uno le gusta y continuar después con obras más difíciles o de mayor dificultad estilística.

JOSÉ MARÍA CONGET, PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS

JOSÉ  MARÍA CONGET, PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS

     José María Conget (Zaragoza, 1948) es un brillante y profundo escritor, que compagina la creación literaria con la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Sevilla. Pero Conget es sobre todo un crítigo agudo e incisivo, un viajero impenitente y un autor al margen de los tradicionales vericuetos comerciales. Conozco muy poco de sus creaciones de ficción - espero acercarme a ellas en breve - y conozco algo más de sus artículos y ensayos. De entre ellos, he seleccionado estas líneas que escribió en el año 2003 como recuerdo y homenaje al gran escritor guatemalteco Augusto Monterroso:

     De todos los escritores que he conocido personalmente, ninguno me produjo la impresión de ser dichoso, pese a todas las ineludibles melancolías que genera el tiempo, salvo Augusto Monterroso, el inolvidable Tito. Hay escritores que viven pendientes de no resbalarse de su pedestal, los hay que se apostaron frente a un simbólico juzgado de guardia para demandar de inmediato a quienes atenten contra su fama; a muchos les atormentan los honores ajenos, nunca tan merecidos como los propios, y unos cuantos, aunque no numerosos, se han resignado a su puesto en el escalafón que, eso sí, defenderán con sátiras y sonetos —los cultivadores del endecasílabo son los que peor llevan, sin cicatrizar siempre, las heridas de la literatura— contra los advenedizos que pretendan usurpar su rincón en la cuarta fila de la foto de la posteridad. Sin embargo, tengo la impresión de que Tito es de los pocos, tan pocos que a bote pronto me cuesta localizar a otro, que en sus textos confiesa padecer deficiencias morales con las que nosotros jamás le habríamos adjetivado. Así, en el prefacio de La letra e declara a propósito de su libro que «escribiéndolo me encontré con diversas partes de mí mismo que quizá conocía pero que había preferido desconocer: el envidioso, el tímido, el vengativo, el vanidoso y el amargado».

      Dejemos a un lado la timidez y en esa enumeración descubriremos los atributos de la mayoría de los ciudadanos de la República de las Letras. «Es falso que entre escritores exista la camaradería, es decir que se traten con amistad y confianza», le dice a su mujer Bárbara Jacobs en uno de los diálogos que ésta reproduce en Vida con mi amigo. Mis recuerdos de Tito contradicen de forma radical, en lo que a él atañe, la anterior afirmación; incluso en conversaciones privadas y vinosas, cuando los autores aquilatan su veneno, era generoso con los colegas o, en el peor de los casos, irónico sin acritud. Para mí su personalidad y su obra resultaban de una insólita combinación de inteligencia, humor y escepticismo. Amaba los libros —no he olvidado la mezcla de sensualidad y orgullo con que me mostró su primera edición de Cantos de vida y esperanza—, había leído mucho y muy agudamente pero, tal vez por ser inocente de pedantería, carecía del exhibicionismo cultural al que tan propenso es el gremio.

      De mis encuentros con él y con Bárbara lo que más me gusta evocar son las risas. Nos reímos en Chicago y muchas veces en Nueva York, nos reímos durante una noche memorable cerca del Zócalo en México y aquella tarde en casa de Álvaro Mutis recitando nuestros pésimos poemas favoritos. En el año 2002 estábamos citados en Cádiz y en París pero la reunión no fue posible. Ahora que sé que no volveremos a reírnos juntos no quiero repetir el juicio, ya inapelable, del magisterio de su obra. Fue un gran escritor y, algo mucho más difícil, un escritor feliz.

EL MAUSOLEO DE LAS PALABRAS

EL MAUSOLEO DE LAS PALABRAS

     Un profesor de la Universidad Central de Barcelona hablaba con toda razón de la pobreza de vocabulario del hablante medio y de la ridícula cantidad de vocablos que usamos en la vida cotidiana. Se refería con frecuencia al diccionario como el mausoleo de las palabras. Porque es una lástima - comentaba con un cierto tono humorístico - que, de las casi cien mil palabras que contiene el Diccionario de la Real Academia Española, sólo usemos como mucho unos cinco mil términos. Aunque, eso sí, la gran mayoría de los hablantes están muy por debajo de esta cifra y se conforman con utilizar sólo unos mil o dos mil vocablos.

    Estoy hablando de la década de los ochenta del siglo pasado, cuando no se habían generalizado los teléfonos móviles ni había llegado internet a nuestros hogares y centros de trabajo. Ahora el problema se ha agudizado, tal como han comprobado Amalia Pedrero, profesora de la Universidad San Pablo CEU y la escritora Alejandra Vallejo-Nágera. Amalia habla de que el mal uso de los móviles e internet empobrece la expresión, y Alejandra afirma que la lectura comprensiva está bajo mínimos en España. Ambas coinciden en el escasísimo uso del diccionario y en el progresivo empobrecimiento del lenguaje.

    Es una pena que no se fomente en los colegios e institutos el uso cotidiano del diccionario en todas las asignaturas - tanto en las humanísticas como en las científicas. Y es una lástima que se haya abandonado en la etapa de secundaria, e incluso en primaria, la tarea de escribir con creatividad, el taller expresivo y literario, la comprensión de textos de todo tipo. Porque muchas de las claves del fracaso educativo en cualquier materia es la dificultad de comprender un texto y la expresión rudimentaria e incoherente. Por no hablar de las muletillas lingüísticas, los comodines, los anglicismos o la abundancia de vulgarismos. Todo ello desemboca en una falta evidente de cultura y en comportamientos sociales poco acordes con el nivel económico de las personas. Un amigo mío me confesó que tenía el diccionario como libro de cabecera. No se trata de llegar a ese extremo, pero sí de no perder el hábito de consultar un vocablo difícil y de enriquecer día a día los niveles de competetencia expresiva. Algunos programas de la televisión lo han intentado. El más conocido es Pasapalabra. Es un programa-concurso que nos muestra como en un espejo qué poco vocabulario utilizamos y cuántos miles de vocablos duermen en ese cementerio de palabras al que podemos acceder en cualquier biblioteca o en las páginas de internet.

JUAN CRUZ EN LA ALJAFERÍA

JUAN CRUZ EN LA ALJAFERÍA

     En la sala Goya del Palacio de la Aljafería, actual sede de las Cortes de Aragón, ha tenido lugar esta tarde una nueva sesión del ciclo Conversaciones en la Aljafería. El invitado de hoy ha sido el escritor y periodista canario Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948). Han acompañado al creador tinerfeño los escritores aragoneses Ramón Acín y Ana Alcolea. Juan Cruz ha culminado así una jornada que comenzaba en los institutos de Jaca y de Sabiñánigo con sendos encuentros con alumnos de secundaria, dentro del programa Invitación a la Lectura.

     Ramón Acín ha presentado a Juan Cruz y ha hecho hincapié en sus cualidades de excelente conversador y gran amigo de sus amigos. Ha recordado sus inicios en el periodismo y en la creación literaria y ha evocado alguna anécdota para referirse al sorprendente don de ubicuidad del periodista de Puerto de la Cruz. La conversación ha girado en torno a tres de sus más de veinte novelas: Crónica de la nada hecha pedazos (1972), Retrato de un hombre desnudo (2005) y Ojalá octubre (2007). Ana Alcolea ha recordado el autobiografismo de sus obras y el protagonismo de la figura del padre en su última novela. Juan Cruz ha querido evocar a su padre en esa etapa difícil de la posguerra, unos años de derrota moral y humana. Ha afirmado al respecto que "uno se convierte en el padre que tuvo". Y, en relación con la novela Ojalá octubre y con otras obras anteriores, ha hablado del espejo como elemento recurrente y de las preguntas que se plantea con frecuencia sobre la venganza, el rencor, el odio y la envidia, que podrían considerarse como retratos degradados de la humanidad.

     Al hilo de la conversación, Juan Cruz ha recordado a uno de sus maestros en la Universidad de la Laguna, Emilio Lledó y ha hablado sobre el valor que otorga a la palabra. La palabra ha sido para él una forma de sobrevivir desde su infancia. Sus recuerdos evocan la omnipresencia de la radio como creadora de palabras y como ventana abierta al mundo. Se ha referido, además, al acto de escribir como algo asociado a la búsqueda de la paz y ha disertado sobre los porqués de la escritura y sobre el placer de leer. A la pregunta sobre el concepto de la memoria en sus novelas ha respondido que no tiene nostalgia, sino memoria y melancolía. Para Juan Cruz es muy importante recuperar el entusiasmo, la ternura y la perplejidad que están enraizadas en una infancia paradójicamente feliz.

    Ha terminado este breve acto - acortado por imperativos del desplazamiento a Madrid - recordando tres de sus libros de cabecera: Rayuela de Cortázar, El extranjero de Camus y El gran Gatsby de Scott Fitzgerald. El periodista canario ha vuelto a aludir a su infancia y ha afirmado al respecto: "El sol de mi infancia me privó de todo resentimiento". Un maestro de la ética, un creador contra corriente y un periodista clarividente y sagaz. Así he visto a Juan Cruz en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza.

CUANDO LAS HORAS PASAN LENTAS

CUANDO LAS HORAS PASAN LENTAS

     Hay días en que da la impresión de que las horas se deslizan con más lentitud de lo habitual. Hay jornadas vestidas de gris, que avanzan pesadas como el plomo. Hay inicios de mes que vienen acompañados de sobresaltos y de cifras de víctimas de la nueva enfermedad del siglo XX. Hay tardes que parecen abocar a un ceniciento y casi irónico disfraz prenavideño.

     Tengo entre mis manos el número 84 de la Revista Cultural Turia. Dedica su cartapacio al escritor francés Patrick Modiano. Trae, además, dos jugosas conversaciones con Francisco Brines y con Federico Mayor Zaragoza. Y en la sección Cuadernos Turolenses se vuelve a recordar al cineasta Segundo de Chomón. Suelo comenzar su lectura por la sección Poesía. Entre varios poemas de diversas tendencias estéticas, me quedo con estos versos de Sara Mesa, que parecen recoger en cierto modo el latido lento y moroso de esta gris tarde de diciembre.

                               Caen las horas como gotas de aceite,

                              pesadas, lentas, doradas, tibias.

                               El aire está inflamado de plegarias,

                              de cánticos oscuros y enigmáticos.

                              Yo sé que algo sucede.

                              Debe de ser que es jueves y algo pasa los jueves.

                              Debe de ser que es lunes y algo pasa los lunes.

                              Debe de ser que es sábado y algo pasa los sábados.

                              ¿Por qué no quedan huellas de mis pies

                              en este asfalto ardiente?

                              Debe de ser que no peso bastante.

                              Debe de ser que está lejos la arena.

                              Debe de ser que el tiempo pasa lento

                              y aún no te he encontrado.

                               Se suceden las horas como un hondo rosario,

                             como un rosario en sombras.

                             Yo debería pensar ahora en otras luces,

                             nadar con otros peces.

                             Aquí estoy resguardada.

                             La lluvia no me moja.

                             Mis párpados se cierran sin asombro.

                              El tiempo pasa lento;

                             no duele, no me toca.

LA PASIÓN DE LA PALABRA

LA PASIÓN DE LA PALABRA

     Ayer, casi contra todo pronóstico, el poeta argentino Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) obtuvo uno de los mejores galardones en lengua castellana: el Premio Cervantes. Es un merecido reconocimiento a una trayectoria poética comprometida. Porque este compositor precoz - escribió sus primeros poemas a los nueve años - lleva tatuada la poesía en el cuerpo. Gelman es un poeta que vive y transpira poesía. En la palabra se recrea como pez en el agua. Y con la palabra crea, imagina, sobrevive, lucha, se rebela, exclama, interroga, construye un mundo diferente, intemporal, casi mágico. El amor, la vida y la muerte surcan unos poemas en los que la ternura convive con la angustia. Este poeta de ascendencia ucraniana, que sufrió en sus carnes y en las de sus hijos los horrores de la dictadura argentiva, sigue escribiendo día tras día. Porque la poesía es la sangre de sus venas, la semilla de su ilusión por vivir, el pájaro que revolotea en su mente todavía diáfana.

     Plasmo un poema en el que el vate argentino ensalza a la poesía, hostil al capitalismo rampante del siglo XXI:

          Toda poesía es hostil al capitalismo
         puede volverse seca y dura pero no
         porque sea pobre sino
         para no contribuir a la riqueza oficial
 
         puede ser su manera de protestar de
         volverse flaca ya que hay hambre
         amarilla de sed y penosa
         de puro dolor que hay puede ser que
 
         en cambio abra los callejones del delirio y las bestias
         canten atropellándose vivas de
         furia de calor sin destino puede
         ser que se niegue a sí misma como otra
  
         manera de vencer a la muerte
         así como se llora en los velorios
         poetas de hoy
         poetas de este tiempo
 
         nos separaron de la grey no sé que será de nosotros
         conservadores comunistas apolíticos cuando
         suceda lo que sucederá pero
         toda poesía es hostil al capitalismo.

 

ROMANCE DEL RÍO HUERVA

ROMANCE DEL RÍO HUERVA

         No sé si será por el otoño o para contrarrestar otro tipo de lecturas o actividades más prosaicas. El caso es que últimamente me ha dado por la lectura de poemas y, en mucha menor medida por alguna modesta creación en verso. Tengo entre mis manos un libro de poemas de don Julio Monreal y Ximénez de Embún, una edición de lujo de 1994, editada con el título Aragón en poesías. En esta antología personal, este poeta zaragozano de noble familia aragonesa (1839-1890) desgrana con peculiar lirismo y con talento creativo treinta y dos composiciones sobre Zaragoza, su historia, sus tradiciones y sus efemérides más relevantes.

     Mientras Gustavo Adolfo Bécquer escribe sus Rimas, poco antes de que Galdós se diera a conocer con sus famosos Episodios Nacionales, este ilustre aragonés, colaborador literario de la prestigiosa revista "La Ilustración Española y Americana", dedica un breve romance al humilde río Huerva. Con un tono festivo y un enfoque irónico, el poeta zaragozano contempla desde la orilla un río que ya por aquel entonces - año 1861 - se deslizaba escuálido por la ciudad y presentaba los mismos problemas que ahora, siglo y medio después. No es para que nos sirva de consuelo, sino todo lo contrario. Transcribo unos versos para aquellos que quieran conocer a un poeta de la tierra, del que se conserva un pequeño monumento en la plaza Aragón de la capital y un busto en La Almunia de Doña Godina, ciudad de la que era oriundo.

                                                        ORILLA DEL GÜERVA

                                                         El Huerva, río famoso,

                                                        si famosos ríos hubo,

                                                        de la gran Cesaraugusta

                                                        las tapias lame o los muros.

                                                        Y no digo que los baña

                                                        porque fuera hacerle insulto

                                                        que a duras penas podrían

                                                        tomar unos pediluvios,

                                                        lavar tampoco supiera,

                                                        que lavar, según arguyo,

                                                        limpieza indica y él es

                                                        albañal de puro sucio.

                                                         Corre con sumo trabajo,

                                                        medio lírico y sin pulso,

                                                        aunque vergüenza le corre

                                                        de verse en un espejo, turbio,

                                                        padece de mal de ricos,

                                                        aunque es pobre en su flujo,

                                                        pues padece mal de gota,

                                                        que es en ríos mal anémico. 

MEMORIA DE UN ABANDONO

MEMORIA DE UN ABANDONO

     Se ha presentado esta tarde en la sala FNAC de Zaragoza un libro dedicado a ese laberinto de callejuelas céntricas, denominado popularmente "el tubo". El catedrático y director de Heraldo de Aragón Guillermo Fatás ha ejercido de maestro de ceremonias de un acto en el que los protgagonistas han sido el fotógrafo Miguel Lizana y el escritor Antonio Tausiet. La obra reúne fotografías de esta zona de ocio zaragozana, realizadas desde el año 2000 hasta el 2004. Su título - El tubo. Memoria de un abandono - nos sugiere a los que hemos conocido esas calles en su apogeo durante los años sesenta y setenta del siglo XX, un grito de nostalgia, de solapada tristeza y de fatal huida hacia adelante.

    La estructura del libro es coherente e intenta abarcar lo que queda de vida en cada uno de los rincones y lo que las mudas paredes y los desiertos solares claman con su desolación. La primera parte nos presenta personajes reales. Son los retratos de una generación que recuerda y evoca. La segunda, se acerca a los lugares que han sido durante más de medio siglo testigos de una ciudad bulliciosa y provinciana. La tercera, se aproxima al mundo de los sueños y de la imaginación: son visiones aderezadas de realismo y surcadas de un tono casi elegíaco. Estos tres versos de Tausiet pueden sintetizar el poso casi esperpéntico de melancolía:

                                                               Ermita de parálisis mugrienta,

                                                              grasa de construcción agazapada,

                                                             espejo de desastres, carcajada.

     Voy a añadir, además, como homenaje a esta zona que ha cambiado en muy pocos años de fisonomía unas palabras del profesor don Antonio Beltrán, que anticipaba ya su decadencia: 

     Poca vida le queda al “Tubo”, a causa de una reforma que alterará la fachada del frente de la Avenida y la plaza de España, y que ya estuvo amenazada por la prolongación del paseo de la Independencia. Centro de un tipismo conocido universalmente como característico de Zaragoza, de bares y restaurantes, vendedores de lotería, limpiabotas, tiendas de discos o de recuerdos, del viejo cabaret “El Plata”, Casa Lac, restaurante y pastelería que puede presumir con la Posada de las Almas, de la calle de San Pablo, de ser el más viejo negocio, instalado por Constantino Lac en 1825, o de la Sociedad Protectora de Artistas Aragoneses, antecesora de la Agrupación Artística Aragonesa.


EL MONCAYO: UN ESPACIO PARA LA ENSOÑACIÓN

EL MONCAYO: UN ESPACIO PARA LA ENSOÑACIÓN

      La semana pasada reabrieron por fin la Biblioteca de Aragón de la calle Doctor Cerrada. Para los que frecuentamos este centro cultural ha sido un largo paréntesis de más de seis meses sin poder acercarnos a bucear en sus tesoros bibliográficos, videográficos y musicales. Aunque las nuevas estanterías aparecían todavía un poco vacías, encontré un pequeño libro sobre Gustavo Adolfo Bécquer y el Moncayo, que me ha acompañado durante este fin de semana, mientras preparaba mi ansiada ascensión a la mágica cumbre. Es una obra en pequeño formato, de la colección Larumbe chicos, que lleva por título Leyendas aragonesas. El gnomo. La corza blanca. Son dos de las leyendas que escribió el poeta sevillano durante su estancia en el monasterio de Veruela con su hermano Valeriano desde diciembre de 1863 a octubre de 1864. Las ilustraciones son del zaragozano David Vela y la introducción, edición y glosario de Jesús Rubio Jiménez, catedrático de la Universidad de Zaragoza.

     Es precisamente esta introducción la que más me ha llamado la atención. Jesús Rubio es uno de los más prestigiosos estudiosos del mundo becqueriano y gran conocedor de la zona del Moncayo, tanto la que de la provincia de Zaragoza como la soriana. Al inicio de estas páginas nos habla de la importancia del Moncayo no sólo en estas dos leyendas sino en algunas de las Cartas desde mi celda. Así explica Jesús la importancia de este monte en la obra del gran poeta romántico:

     El Moncayo, que es el espacio fundamental de las dos leyendas, le resultaba ya familiar a Gustavo Adolfo Bécquer por la vertiente soriana, pues había residido en Noviercas durante el verano anterior en casa de sus suegros. El Moncayo se convirtió en objeto de contemplación y de ensoñación para él, con lo que no tardó en ser escenario de sus narraciones, al igual que otros lugares cercanos. El Moncayo fue para Bécquer "la montaña" por excelencia, un espacio grandioso y lejano, apto para la contemplación ensoñadora, y que la imaginación podía poblar de seres fantásticos, mezclados los aprendidos en sus lecturas con las historias oídas a las gentes que habitaban las estribaciones de todas sus sierras.

ACERCANDO ORILLAS

ACERCANDO ORILLAS

     Un fin de semana da para mucho. O para muy poco. Según cómo se mire. En mi caso ha ocurrido lo primero: he podido alargar metafóricamente las cuarenta y ocho horas - esta vez cuarenta y nueve - del sábado y del domingo para disfrutar de la cultura, del deporte, de la familia y de la literatura. No leído o releído ninguna novela de terror ni ninguna leyenda de Bécquer ni ningún fragmento del Tenorio, como correspondería a estas fechas cercanas al día de Todos los Santos y a la jornada de recuerdo por los difuntos. He dedicado mi tiempo de lectura a unos relatos breves que fueron seleccionados por la Concejalía de Acción Social y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Zaragoza como mejores muestras del III Concurso de Narrativa sobre experiencias migratorias en Zaragoza. En estos textos de corte autobiográfico no destaca el estilo brillante o la prosa retórica. Llaman la atención por su sencillez, su espontaneidad y por la profunda sugerencia de ideas.

     La antología de estos relatos se titula Acercando orillas. Historias de la vida. Porque la mayoría de sus protagonistas contemplan la vida desde la otra orilla, desde el otro lado, con la óptica de los perdedores, de los desarraigados, de los marginados. No todos los que narran su experiencia son de África o de América Latina. También hay algún inmigrante que ha abandonado el pueblo que le vio nacer y no ha tenido más remedio que desplazarse a la gran ciudad, en este caso a Zaragoza. Y Zaragoza es en todos los textos un lugar de acogida, más o menos inhóspito, una patria común, soñada o imaginada y una etapa más - casi siempre definitiva - del deambular de estas personas por la geografía europea o española en busca de un trabajo digno o de un lugar donde vivir.

    De la lectura de estos relatos, me quedo con algunas reflexiones que pueden servir para hacernos reflexionar sobre los vaivenes de la vida, la incertidumbre del destino o los sinsabores cotidianos del que no se ha integrado en la sociedad:

     Siempre he pensado que cada cosa pasa por algo importante en la vida y que estamos en el lugar que necesitamos estar en ese momento específico, que las cosas no pasan en vano, ni el tiempo ni las situaciones.

    Cada día se aprende algo y, si es de gran magnitud, pues mejor. Sólo tenemos que verlo con otra perspectiva: sacar lo mejor que se nos ofrece y luchar por dejar una buena huella y unos buenos recuerdos en las personas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida.

     Respirar con los pulmones llenos, mirar con los ojos limpios y curiosos, contemplar con amabilidad todo lo que nos rodea para sentir que no estamos solos: esa es uno de los grandes retos del ser humano.

 

 

JORDI SIERRA I FABRA, UN MAESTRO DE LA NARRATIVA

JORDI SIERRA I FABRA, UN MAESTRO DE LA NARRATIVA

     Conocí a Jordi Sierra i Fabra (Barcelona,1947) en un encuentro de profesores en Murcia, en marzo de 2002. Se trataba de compartir experiencias para motivar a los niños y adolescentes en la lectura y fomentar este hábito en los colegios e institutos. Entre los numerosos teóricos y escritores que impartieron conferencias y comunicaciones destacó especialmente este inquieto autor barcelonés, que ha publicado ya más de trescientas obras y que es uno de los diez autores más leídos en lengua castellana.

    Ayer este escritor recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, otorgado por el Ministerio de Cultura por su última novela Kafka y la muñeca viajera. Según ha confesado el propio Jordi, está basada en un hecho real: Franz Kafka, el autor de La Metamorfosis, encontró en un parque de Berlín a una muchacha que lloraba desconsolada porque había perdido su muñeca. Este es el punto de partida de un relato que, como tantos otros del autor, atraerán a jóvenes lectores y no dejarán indiferentes a los adultos.

    La prosa de Sierra i Fabra es ágil, dinámica, con suspense y con un uso hábil de los procedimientos narrativos. Pero el escritor catalán no sólo publica libros para niños y jóvenes, también ha escrito novelas para adultos, ensayos históricos, biografías y excelentes poemas. En la página que ha colgado en la red - www.sierraifabra.com - no sólo se puede acceder a su biografía y a su obra, dispone también de información sobre una Fundación Taller de Letras en Medellín (Colombia) y de una sección que, bajo el epígrafe Lee gratis, ofrece a los internautas fragmentos de sus novelas, cuentos y originales poemas.

    Como homenaje a este inquieto y polifacético autor, plasmo uno de los poemas de esta sección. En él Jordi Sierra i Fabra confiesa su identidad como español y recuerda los años difíciles de su infancia y juventud:

BORN IN THE ESPAÑA

 No soy Bruce Springsteen, mi nombre no importa
 Soy el producto de un tiempo y de una circunstancia
 No he conocido Xanadú, pero estoy vivo
 No he viajado en un Arco Iris, pero he resistido
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 No tuve colores en mi infancia, sino grises
 No conocí amores adolescentes sino odios adultos
 No crecí en la paz sino en una larga posguerra
 Cuarenta años de represión que se llevaron a los míos
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 He visto demasiado en los ojos de mi gente
 He conocido demasiadas historias que me han herido
 Mis abuelos y mi padre asesinados por el peor mal
 El dolor en el silencio por sus ilusiones perdidas
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 Soy de una generación bocadillo entre libertades
 No conocí la democracia hasta los veintiocho
 No fui capaz de olvidar el miedo hasta mucho después
 Pero aunque esté lejos de vuestro paraíso no lo siento
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 Nadie me ha regalado nada ni me pagan en dólares
 No uso la bandera de la libertad como símbolo
 Sino para envolverme con ella y saber que existe
 No os envidio porque yo aprendí a resistir y luchar
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 Somos así, perdedores constantes de la vida
 Genios latinos llenos de contrasentidos
 Y aún prefiero mil veces mi sorda guerra
 Que el falso triunfalismo provinciano de vuestra paz
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47

 No soy Bruce Springsteen, mi nombre es lo de menos
 Vosotros y vuestros primos rusos podéis cantar
 A mí dejadme tranquilo con mis sueños
 Yo soy mediterráneo y sentimiento porque
     He nacido en España, he nacido en España
     He nacido en España, julio del 47
 

 

 

 

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

   Llega a mis manos El heredero, un pequeño drama de costumbres del Alto Aragón, en tres actos. Su autor fue el polígrafo turiasonense Gregorio García Arista (1866-1946) y se representó por primera vez en el Teatro Circo de Zaragoza, el día 6  de febrero de 1908, hace casi cien años. Esta obrita, editada en la Librería General de Zaragoza en 1954, adquiere, sin embargo, un valor especial: los albaceas del autor han regalado a los lectores como prólogo y homenaje una transcripción manuscrita de la carta que el eminente sabio y premio Nobel don Santiago Ramón y Cajal le escribió el 21 de febrero de 1928.

    Es una carta breve, sincera y cordial. En ella refleja el científico de Petilla de Aragón su talante abierto y tolerante, su profundo sentido crítico y su acendrada humanidad. Voy a plasmarla para regocijo de los muchos admiradores de Cajal y de García Arista. Mi gratitud a Alfredo Cabañuz Marcellán, que me ha proporcionado el acceso a esta joya literaria.

    Don Santiago escribió estas líneas desde el Instituto Cajal, en el madrileño Paseo de Atocha.

          Sr. D. G. García Arista

               Mi admirado amigo y paisano:

          Aunque incompetente en materias literarias, me atrevo a opinar que sus narraciones folklóricas, cuentos y anécdotas están escritas con garbo, pulcritud castiza y con un conocimiento perfecto del lenguaje popular aragonés, singularmente del usual en la provincia de Zaragoza.

          Ha sorteado usted con gran habilidad y tacto los escollos contra los cuales se han estrellado algunos cuentistas de la tierra; ha evitado usted el zafio baturrismo cultivado por ciertos graciosos de guardarropía, y ha huido usted como de peste, del chascarrillo verdoso. Todo es, pues, en sus cuentos limpio, diáfano y honestamente regocijado.

          Por todo lo cual le felicita cordialmente su amigo y devoto admirador.

                                                                                                   S. Ramón y Cajal

    

 

 

 

LA AVENTURA DE LEER

LA AVENTURA DE LEER

Leer es iniciar cada día una aventura apasionante. La lectura nos abre las puertas a cualquier época, a cualquier espacio, a cualquier mundo real o imaginario. Leer es compartir la tristeza y la alegría de los otros. Un libro nos puede colmar de felicidad y puede llenar de sentido tantos espacios vacíos de nuestra vida.
Hoy se celebra el Día Internacional de las Bibliotecas. En muchos centros escolares no ha pasado inadvertido. En el Instituto "Ramón y Cajal" de Zaragoza los alumnos que se han acercado a la acogedora biblioteca han recibido un simbólico regalo y un original marcador. Durante esta semana se celebrarán en numerosas bibliotecas de Aragón - especialmente en los núcleos rurales - diversas actividades de animación a la lectura o creación literaria. El autor aragonés Grassa Toro, nos invita a todos a participar de la fiesta de la lectura con este original PREGÓN:

¡Anuncio, anuncio! ¡Vecinas, vecinos, los seres y los humanos, anuncio, anuncio!

¡Hemos descubierto la forma de transportar el tiempo! ¡Admirados protagonistas, admirables secundarios de esta realidad, somos capaces de transportar el tiempo!

Después de haber aprendido a meter manzanas en un cesto, el agua en un cántaro, el vino en un pellejo, las monedas de oro en un cofre y las cartas de amor en un sobre lacrado, hoy anunciamos en esta población que podemos llevar y traer el tiempo de aquí para allá y de allá para aquí, atravesando desiertos, mares y bosques, sin desparrame, vuelco o pérdida de la sustancia.

¡El tiempo! ¡El tiempo! ¡La señora de las dos piernas! ¡El anciano de las botas! ¡El niño que ha olvidado los pies en casa! ¡La joven de las uñas apasionadas! ¡Todos! ¡Acérquense, acérquense, acabamos de recibir un cargamento de tiempo! ¡Tomen, abran, hojeen, detengan la mirada, dispongan la voz! ¡Dos siglos de mitología griega, dos siglos! ¡Veintiséis años de modernismo!
¡Veintiséis, sí, con cisnes! ¡Disponible la segunda mitad de la Edad Media! ¡No tengan prisa, no agotamos existencias! ¡Hay para todos y siempre hay!

¡Tiempo, tiempo, ponemos el tiempo en sus manos!
¡Hemos encontrado la manera de transportar el tiempo!
¡Cambiamos uno de sus días por un año entero! ¡1927, ofrecemos el 1927 de cabo a rabo! ¡Y si queda contento, le invitamos a que se lleve el 98, y los mil ciento catorce años anteriores a 1492! ¡Tenemos tiempo de los cinco continentes, de los seis continentes, de los continentes que ustedes quieran!
¡Hemos descubierto la forma de transportar el tiempo!

¡El joven del bigote pintado! ¡La niña valiente de las trenzas! ¡La señora antigua de la peluca actual! ¡El señor calvo de solemnidad! ¡Acudan, acérquense, acudan!
¡A la biblioteca, a la biblioteca! ¡Está abierta! ¡Sin prisa, no corran, no vayan a tropezar! ¡Niños y embarazadas primero, sin prisa! ¡Tenemos libros, discos, películas, periódicos, revistas! ¡No corran, sin prisa! ¡Tenemos todo el tiempo del mundo!
¡Todo el tiempo del mundo!

CRUZANDO FRONTERAS

CRUZANDO FRONTERAS

     En esta época de localismos y de estrechez de miras. En estos momentos de vanas pretensiones autonómicas y de actitudes claramente provincianas, emerge una figura universal en el campo de la literatura. Es un anciano que confiesa que no desea más tiempo, que da su vida por vivida. Me refiero al escritor Miguel Delibes, este vallisoletano universal que el próximo día 17 cumplirá 87 años. El mejor homenaje que le pueden hacer sus miles de lectores y admiradores es profundizar en su obra, desentrañar sus claves, analizar sus influencias y enriquecerse con su léxico selecto y peculiar. Por ello, se va a celebrar en la capital castellana durante los próximos días un congreso internacional de especialistas en la narrativa, ensayos y artículos de Delibes. Su título es elocuente y sgnificativo: Cruzando Fronteras: Miguel Delibes, entre lo local y lo universal.

     Descubrí a Delibes a principios de los años setenta.  Ha sido uno de mis novelistas preferidos durante muchos años. Y lo sigue siendo. Comencé leyendo El camino y he culminado con la lectura de  El hereje. He leído casi todas sus novelas y guardo con cariño la mayoría. Un ejemplar de Las ratas me lo firmó el propio autor en el aula magna de la Universidad de Barcelona. Sin embargo, el camino de Miguel no ha sido fácil. Cuando ingresó en la Real Academia Española, muchos lo miraron con recelo. Sus ideas no gustaban a algunos en los últimos años de la dictadura. Pero Miguel siguió firme en sus ideas y en su trayectoria. Una de sus mejores novelas, Cinco horas con Mario, dejó en mí una huella imborrable después de asistir a una excelente representación en la  Ciudad Condal con un monólogo insuperable de Lola Herrera.

     Esta tarde, a pocas horas de conocer el ganador el premio Planeta 2007, pienso en el autor de Valladolid y compruebo que el Planeta ha pasado de largo y que la Academia Sueca lo ha olvidado en repetidas ocasiones. Sin embargo, en estos tiempos de novelas enclenques y descafeinadas, Miguel crece a los ojos de los lectores y se convierte en uno de los mejores narradores del siglo XX. Lástima no le queden ya fuerzas para seguir escribiendo. Por eso, sus 66 obras se van a reeditar en varios volúmenes. Unas obras que contienen el latido vital e intrahistórico de la segunda mitad del siglo XX.

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN EN ZARAGOZA

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN EN ZARAGOZA

    Ayer tuve la oportunidad de conocer personalmente al escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón, afincado en Barcelona desde 1982. El autor de las novelas Carreteras secundarias (1996) y Enterrar a los muertos (2005) se desplazó a su ciudad natal - reside en Barcelona desde 1982 - para presentar su última obra, Las palabras justas, un libro de relatos - que podrían denominarse artículos o ensayos - que agrupa siete textos que acercan al lector a personajes importantes que han contribuido a tejer la intrahistoria del siglo XX. El acto tuvo lugar en la pequeña y acogedora librería "Los buscadores de sueños", situada en la céntrica calle Jerónimo Blancas.

    El escritor aragonés estuvo arropado por todos sus amigos y por numerosos admiradores de su obra. Me invitó al acto el pintor aragonés y compañero de instituto, Alfredo Cabañuz Marcellán. Este artista oscense, nacido en Villanueva de Sigena, cuna de Miguel Servet, me presentó a algunos escritores, críticos y artistas aragoneses. Saludé a José Antonio Labordeta, a Antón Castro, a Ana Alcolea, a Luis Alegre, a Ismael Grasa y, entre otros, a los jóvenes poetas Nacho Escuín y Almudena Vidorreta. Fue un acto sencillo y emotivo. Ignacio confesó que, al publicar en la editorial Xordica, se encontraba como en un bar con los amigos. Chusé Raúl Usón, responsable de Xórdica, agradeció al autor su decisión de entrar en esta editorial aragonesa y Félix Romeo, que se desplazó desde Madrid, elogió la prosa de Ignacio, caracterizada por su aparente sencillez, por su precisión y por su peculiar estilo narrativo.

    Una cena en Casa Emilio puso el punto final a esta presentación, que anticipa muchas novedades para este nuevo curso. Martínez de Pisón - comentó Félix - está preparando una nueva novela, que saldrá a la luz a principios de 2008. De momento, leeré con interés Las palabras justas e intentaré acercarme, de la mano de Ignacio, a vivencias de algunos personajes que asistieron a las turbulencias del siglo XX en España: Manuel Azaña, Luis Buñuel, Alfredo Castellón, John Dos Passos y un largo etcétera.

LA ACTUALIDAD DE VALLE-INCLÁN

LA ACTUALIDAD DE VALLE-INCLÁN

      Esta mañana he tenido la oportunidad de asistir a la representación de una de las mejores obras de Valle-Inclán: Luces de Bohemia. El grupo aragonés Teatro del Temple, fundado en 1994 y con una dilatada trayectoria nacional e internacional, ha elaborado un montaje sobrio pero eficaz. Me ha llamado la atención la casi perfecta dicción de los protagonistas y la sencilla puesta en escena de una obra aparentemente complicada. El reparto, aunque desigual, está bastante acertado. Destaca la interpretación del actor Ricardo Joven en el papel de Max Estrella, el protagonista, y la meritoria presencia del veterano y curtido en mil batallas Gabriel Latorre que asume varios papeles secundarios, entre otros el del redactor don Filiberto y el del ministro don Paco.

     A pesar de las veces que he leído la obra, a pesar de que esta es la cuarta o quinta representación a la que asisto, siempre encuentro algo nuevo, algo distinto en el famoso esperpento valleinclanesco. Me he vuelto a dar cuenta esta mañana de la rabiosa actualidad del teatro de don Ramón, casi un siglo después de su primera puesta en escena. Desde el ya lejano 1920 - año de su publicación - Luces de Bohemia ha llegado al espectador en diferentes contextos políticos, sociales y culturales. Pero, desgraciadamente, la sociedad imperfecta que describe es muy similar a la actual. Plantea problemas que todavía están muy presentes en estos inicios del siglo XXI: la injusticia social, el capitalismo, el desprecio de la inteligencia, la marginación, las actitudes inquisitoriales, las algaradas callejeras,... El escritor gallego pone el dedo en la llaga de la España de la época y, al mismo tiempo, crea un nuevo género teatral: el esperpento. La deformación sistemática de la realidad, la animalización, la degradación de los personajes, lo grotesco y lo marginal conforman una estética anticlásica que abrirá los ojos a las generaciones posteriores. Sus raíces estéticas se remontan al gran pintor aragonés Francisco de Goya.

     Está claro, por tanto, que los clásicos nunca mueren. Y don Ramón del Valle-Inclán es uno de ellos. El Teatro del Temple nos ha vuelto a recordar esa España paradójica y contradictoria, tan lejana y tan cercana al mismo tiempo. Además, han programado sesiones para estudiantes de Bachillerato, a un precio bastante asequible. Es de esperar que otras compañías sigan en esta línea e intenten salvar al teatro de un aparente declive. Hoy creo que lo han conseguido.

LA HERENCIA DE MARIA MOLINER

LA HERENCIA DE MARIA MOLINER

     El Diccionario de uso del español, elaborado por María Moliner (Paniza, 1900-Madrid,1981), una de las obras más importantes de la lexicografía española, ha vuelto a renovarse por tercera vez, gracias al esfuerzo de Manuel Seco y un selecto equipo de lexicólogos. La bibliotecónoma aragonesa dedicó casi quince años - desde 1952 hasta 1966 - para elaborar un diccionario que mejoraría y ampliaría lo que ofrecía entonces del de la Real Academia de 1956. Hoy es un día grande para recordar a esta aragonesa tenaz y constante. La tercera edición de su obra amplía en 12.000 entradas la edición de 1998 e incorpora americanismos, anglicismos y otros términos que el hablante ha ido incorporando al habla cotidiana.

     En mi modesta biblioteca los dos volúmenes de la primera edición del diccionario de María Moliner ocupan un lugar especial. Los tengo muy a mano y los he manejado cientos de veces. Me resulta más cómodo consultar vocablos en esta obra que en la última edición del diccionario de la Real Academia. Ahora voy a adquirir esta tercera edición, muy acorde con los tiempos y con las nuevas tecnologías. Por fin podré ver definidos vocablos como blog, wifi o ADSL. Además, considero muy importante para estar al día, disponer de esta herrmienta, que también se presenta en soporte informatizado. Todo un regalo para los que admiramos a la lexicóloga de Paniza. Su herencia se mantiene en pie, a pesar de la competencia de otros medios y de otras publicaciones similares.

HISTORIA, LITERATURA Y POLÍTICA

HISTORIA, LITERATURA Y POLÍTICA

     Si levantara la cabeza la escritora realista gallega, doña Emilia Pardo Bazán (1851-1921), no se podría imaginar que el famoso pazo que compró su familia a finales del siglo XIX, que restauró cuidadosamente y que inspiró una de sus obras más famosas y conocidas, iba a estar más de un siglo después en las páginas nacionales de la prensa española e iba a ser motivo de controversias políticas y sociales. Lo que ocurre es que esta casa solariega gallega, asentada preferentemente en el campo - así define pazo la Real Academia Española - fue donada a la familia de Franco después de la guerra por las autoridades franquistas de la Coruña para que disfrutara de unos días al año de ocio y de reposo. El problema ha surgido recientemente, aunque se viene arrastrando desde hace muchos años. Esta casona, denominada actualmente Pazo de Meirás, que estuvo a punto de pasar a ser propiedad de la Compañía de Jesús, guarda en su interior valiosas piezas arqueológicas y arquitectónicas, y selectas antigüedades - adquiridas casi siempre como obsequio por doña Carmen Polo, la mujer del Caudillo.

     La polémica está servida. ¿A quién corresponde el Pazo? ¿Debe volver a los herederos de la Condesa de Pardo Bazán? ¿Deben cederlo al patrimonio del estado español? Las preguntas son muchas y el conflicto se presenta largo y difícil de resolver.

    Esta noticia casi inesperada me ha llevado a releer algunas páginas de la famosa novela realista, que tanto éxito tuvo en su versión televisiva. Voy a plasmar un pequeño fragmento. Tal vez nos ayude a reflexionar en esto momentos casi preelectorales, cuando las campañas se suceden casi sin tregua y el ciudadano de a pie se llega a cansar de oír siempre la misma cantinela. El párrafo no tiene desperdicio. Su autora era una mujer muy formada y muy adelantada a su tiempo.

     "Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los odiosos enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable". (Los Pazos de Ullos, capítulo XXV)

UN HUECO PARA LA LECTURA

UN HUECO PARA LA LECTURA

     En verano, durante los días de vacaciones, siempre queda un hueco para la lectura, una ocasión para reencontrarse con aquellos libros que uno ha reservado para estas dilatadas jornadas de solaz y tranquilidad. Un libro ocupa poco espacio. Su precio suele ser asequible y cualquier momento es adecuado para sumergirse en mundos fantásticos e imaginarios.

     El Ministerio de Cultura ha iniciado una campaña para impulsar la lectura durante la época estival. Y va a intentar fomentar la lectura en la playa. Bajo una sombrilla o en una terraza de verano, la persona que está de vacaciones puede aprovechar para leer un buen libro. No importa el género, ni la temática. Lo esencial es que el contenido guste, atraiga o enganche. Luego vendrán otros beneficios: el conocimiento de otros mundos, la expansión de la mente y el enriquecimiento del vocabulario.

    En definitiva, se trata de llenar esos huecos vacacionales realizando algo ameno, útil e instructivo. Estos meses de calor y estas tardes dilatadas pueden dar para eso y mucho más. Lo importante es hallar al hueco adecuado y el momento preciso. Y un libro siempre está ahí, a tu lado, silencioso, cual cómplice de tu soledad. El verano es el momento adecuado.