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Aprovechamos la soleada mañana del domingo, deslucida por el primer cierzo otoñal, para visitar con Javier la recientemente remodelada Puerta Cinegia y sus aledaños. Pasamos primero por el mercadillo dominical de la Plaza de San Bruno y adquirimos un libro de los primeros escritos de Ramón J. Sender, publicado por Larumbe, y al cuidado del estudioso senderiano Jesús Vived Mairal. Compramos también un taco de cecina de Castellote. Javier la prueba y la califica de excelente. Nos desplazamos después por la calle Don Jaime hasta la iglesia de San Gil. Queremos comprobar su estado casi lamentable y observar cómo están todavía en el lateral de la calle Estébanes las huellas de los edificios adosados a ella en el siglo XIX y que acaban de ser derribados. Nos damos cuenta de lo urgente que es su restauración y de lo positivo que va a resultar el acuerdo tripartito alcanzado la semana pasada para restaurar esta iglesia románica, mudéjar y barroca. Proseguimos nuestro camino por las calles Estébanes, Arco Cinegio y Cuatro de Agosto y entramos por la parte posterior al nuevo y sorprendente edificio Puerta Cinegia, que ocupa gran parte del antiguo Tubo Zaragozano y pone fin a tantos años de festejos, comidas y marcha nocturna de la gente joven de los años 60 a los 80. ¡Qué lejos quedan ya esos tiempos! Le explico a Javier el porqué del "Tubo" y aún contempla con entusiasmo la estrechez de algunas de sus calles, aunque no percibe los bares subterráneos que había en otros tiempos.
En estos días en que ocupan muchas páginas de los periódicos las avalanchas de inmigrantes africanos a Ceuta o a Melilla, las reflexiones sobre esta situación son muy dispares y, en ocasiones, contradictorias. El problema es que resulta casi imposible poner puertas al mar, puesto que hay un límite muy tenue entre la utilización de la vigilancia y el uso indiscriminado de la violencia. También Marruecos se siente, al parecer, impotente. Y se lava las manos. Y, en este caso, el hambre y la necesidad obliga a todo, hasta a arriesgar la vida. ¿Qué puede hacer el gobierno? ¿Dejarles entrar? ¿Devolverlos a un país que casi nadie declara? ¿Elevar la valla hasta lo inverosímil? La puerta está abierta y es será muy difícil poner un límite. A no ser que la Comunidad Europea se implique en el asunto y asuma parte de su responsabilidad.
Hay sueños dulces y sueños amargos. Hay sueños agradables y sueños para olvidar. Mi sueño de hoy con Alcaraz ha sido dulce, agradable y nostálgico. Allí pasé dos años de mi vida como profesor en el pequeño Instituto comarcal "Pedro Simón Abril" y allí disfruté de un entorno paisajístico ideal: Sierra del Segura, nacimiento del río Mundo,... El pueblo es un tesoro artístico e histórico: Desde la torre del Tardón, hasta la plaza Mayor, sin olvidar sus calles recoletas y sus mansiones señoriales. Os invito a visitar esta villa de Albacete y que la contempléis en vivo, no como un sueño. Seguramente repetiréis y os llevaréis recuerdos inolvidables para soñar o imaginar con nostalgia
Estoy releyendo la novela de Umberto Eco para trabajarla en Literatura Universal con mis alumnos, y cada vez me convenzo más de la importancia de esta obra para comprender mejor la Baja Edad Media europea y la filosofía vital de aquella época. El siglo XIV es uno de los períodos medievales más controvertidos e interesantes. Por eso, el autor, utilizando el supuesto manuscrito de Adso de Melk, nos introduce con un talante investigador en un monasterio de la época para conocer y comprender cómo vivían entonces los benedictinos como pioneros de la intelectualidad.
Ayer por la tarde, Javier y yo tuvimos la oportunidad de asistir en el Centro de Historia de Zaragoza a la presentación de una nueva edición ilustrada del Quijote y a la inauguración de una exposición con 50 ilustraciones de Jordi Vila Declòs, de las 82 que ha plasmado en esta excelente obra editada por el valenciano Vicente Muñoz Puelles y a cargo de la editorial Anaya.
Disfrutar de los colores del otoño es un privilegio reservado a muy pocos. Al menos, esa es mi impresión. Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobar el lenguaje mudo de los colores en el valle de La Val y en el valle del río Miravete. Adentrarse caminando o en bicicleta por estos parajes solitarios, casi desolados, en un día agradable de otoño te ofrece la oportunidad de entablar un diálogo simbólico pero muy cercano con toda esa gama cromática que va desde el verde oscuro de las carrascas hasta el amarillo casi insolente de los chopos que flanquean las orillas del Guadalope. De todos modos, el color que me ha fascinado estos días ha sido el amarillo-ocre del acerolo o azarollo. Destaca como un invitado exótico al concierto de colores que se dan cita por muy pocos días en estos valles singulares. La soledad y el silencio, sólo acompañados por el murmullo del mermado río, completan el festín estético. Toda una gozada y una fuente de evocaciones y recuerdos: Cuando cogíamos las azarollas y las dejábamos madurar en el granero o en el solanar. Luego se elaboraban unos rosarios con este fruto, que también se puede conservar en vino o en otros licores. Algo delicioso y casi perdido, como tantas cosas.
El día del Pilar en Calanda tiene un sabor especial. Con una lluvia fina, que no ha impedido la celebración de los actos más importantes. Al contrario, ha llevado la alegría a sus vecinos que están ya prácticamente en la campaña de este excelente melocotón tardío que tanto éxito tiene aquí y fuera de nuestras fronteras. Calanda se vistió de gala ayer tarde, como otras localidades turolenses como Libros, Manzanera y Cedrillas. No es que me quiera olvidar de la grandes fiestas de Zaragoza. Lo que ocurre es que estas celebraciones rurales suelen ser eclipsadas por las de la capital de Aragón, que también está recibiendo estos días el tesoro del agua, aunque desluzca muchos actos, como la Ofrenda de Frutos de hoy. Esperemos nos proporcione una tregua esta tarde para poder contemplar el tradicional Rosario de Cristal.
De nuevo la Academia Sueca nos sorprende con un Nobel prácticamente desconocido. No es la primera vez que esto ocurre. Quizás así leamos más sus obras o, en este caso, disfrutemos de algunas de sus representaciones. Es un luchador por los derechos humanos y un pionero del antibelicismo. Harold Pinter es un personaje controvertido y acaso polémico. Quizás su obra ayude a despertar más las conciencias en esta sociedad actual gregaria y despersonalizada. Adjunto aquí una síntesis de su vida y obra:
La apacible y soleada tarde de ayer, después de la valiosa lluvia matinal, me brindó la oportunidad de acercarme a las orillas del Ebro hacia el Soto de Cantalobos y más allá del Puente de Giménez Abad. Mi impresión fue muy negativa. Las huertas que hace unos cinco años estaban en pleno rendimiento - acelgas, patatas, alcachofas, cebollas,...- ofrecen un panorama casi desolador. No hablemos sólo de la basura que rodea cualquier recinto, sino del estado de una tierra fértil llena de hierbas, zarzas y matorrales.
No deja de ser una medida polémica la que anuncian hoy muchos diarios como una noticia relevante. Creo que esta posible decisión del Gobierno necesita muchas matizaciones. La mayoría de nuestros alumnos - incluidos los inmigrantes - se comportan con corrección y no son delincuentes. Sí que hay problemas puntuales que se van agravando progresivamente. En unas zonas más que en otras. En unas ciudades más que en otras. Pero generalizar nunca ha dado buenos resultados, y menos en este caso. No tenemos que imitar al cien por cien a los americanos (que exportan más aspectos negativos que positivos. Ni tampoco desentendernos de un problema que está ahí. Pero con estas medidas no se soluciona todo. Ni mucho menos. Es mejor estudiar cada caso en particular y después obrar en consecuencia. Pero con discreción y sin tantos titulares sensacionalistas que lo que hacen es confundir más al personal, crear falsas alarmas y caldear el ambiente.Es admirable la vitalidad y la lucidez intelectual de este aragonés de Sariñena. Sus libros, conferencias y artículos periodísticos rezuman cultura y conocimiento de nuestra tierra. Su especialidad es la arqueología y, por extensión, todo lo relacionado con el folclore, leyendas y tradiciones. Lo que más admiro de esta persona es que, a sus casi noventa años, mantenga ese espíritu inquieto y esa mente despierta, tal como se manifiesta en sus últimos escritos. Lo conocí hace unos diez años en un cursillo sobre folclore aragonés en el Centro de Profesores de la Almunia. Además de su capacidad intelectual, me cautivó su sencillez y apretura de espíritu. Todo un ejemplo para los jóvenes investigadores y para las nuevas generaciones.
Aunque parezca casi una paradoja, el otoño, y especialmente el mes de octubre, pugnan con el tradicional mes de mayo - el mes de María de nuestra infancia - por convertirse en un mes de flores y, por supuesto, de frutos. En Zaragoza capital, durante las recientes fiestas del Pilar, miles de ramos de flores y cientos de cestas de frutos desfilan por la calle Alfonso hasta la plaza mayor de la ciudad. Pero no sólo lucen las flores en la calle por esas fechas. Ahora, en vísperas de la tradicional celebración de Todos los Santos, las floristerías vuelven a hacer su agosto vendiendo miles y miles de claveles, rosas, lirios o flores silvestres para recordar a nuestros difuntos. Yo prepararé tres ramos: uno de rosas para mi hermana, que reposa en el cementerio de Alcañiz y dos de flores silvestres para mis padres, que están en el camposanto de Aliaga. No podemos hacer mucho más por nuestros seres queridos: recuerdo, homenaje y un brote fresco con aroma para contrarrestar el sordo aliento de la muerte a la que, inevitablemente, nunca podemos olvidar. Las flores lo testimonian y, en este caso, subliman el dolor.
Cuando paseo por el Casco Viejo - o Antiguo - de Zaragoza, tengo la costumbre de fijarme con frecuencia en la rotulación de las calles. Llama poderosamente la atención que el nombre de algunas callejuelas casi olvidadas lo ostente un personaje importante de la historia de la ciudad. Tal es el caso de la calle Ramón de Pignatelli, el famoso noble, clérigo y político ilustrado aragonés que tanto impulso dio a la cultura en la España del siglo XVIII. Sorprende que esta calle tenga tan negativa consideración para la gente de a pie que la conoce. Hay que decir, sin embargo, que las apariencias engañan y que esta antigua vía zaragozana - famosa en otros tiempos - alberga el recientemente inaugurado Museo del Fuego, en la esquina con la calle Ramón y Cajal. Además, pocos metros después, se está procediendo a la restauración y rehabilitación del antiguo convento de la Victoria, edificado a finales del siglo XVI, suprimido y destinado a almacén con la desamortización de Mendizábal y abandonado poco después. Si seguimos en dirección a la plaza de Toros, nos encontramos con el antiguo restaurante "El Pajarcillo" del autodidacta Eduardo Burgaz, que hasta hace pocos años atendía a miles de visitantes, especialmente durante las fiestas del Pilar, y les regalaba uno de sus peculiares libros. Ya casi al final de la calle, y enfrente de la Plaza de Toros, se encuentra el Instituto de Enseñanza Secundaria "Ramón y Cajal", que intenta educar a los alumnos de la zona y tiene además un módulo de Garantía Social de Integración. Sin olvidar lógicamente la parte posterior del edificio Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón.
Es una lástima que esta calle, como otras tantas del Casco Viejo, haya quedado olvidada de los zaragozanos y haya pasado a ser una vía de tercera división, que muchos eluden o evitan.
Siempre me ha cautivado la ciudad bajoaragonesa, capital de esta comarca y centro económico y cultural de su entorno, a pesar de la cercanía de otros núcleos de población como Calanda, Alcorisa o Andorra. A pesar de los amargos recuerdos que aún conservo, allá por el lejano enero de 1976, Alcañiz aún sigue siendo una ruta en mi itinerario cultural por mi provincia y una ciudad llena de contrastes y atractivos. Sería prolijo describir con detalle todos los encantos de esta villa. Merece la pena sin embargo una visita a la Colegiata de Santa María, al Castillo-Parador de la Orden de Calatrava y a los singulares edificios de la Plaza de España y de la calle Mayor. Toda la parte antigua de la ciudad es un encanto: calles de trazado sinuoso, singulares fachadas y panorámicas pintorescas. La parte nueva ya es otro cantar: destaca, sin embargo, su flamante Ciudad Deportiva y todo el entorno del Guadalope, que se remansa en sus aledaños. Como acontecimientos culturales y deportivos hay que valorar también su Semana Santa con sus silenciosas procesiones y el Circuito Automovilístico del Guadalope, único de sus características en España.
Mañana nos desplazaremos a la capital del Bajo Aragón para presenciar un encuentro deportivo entre los alevines de la Unión Deportiva San José - equipo al que pertenece Javier - y el club local de esta categoría. Será un día emotivo y agridulce: recuerdos, reencuentros y la silueta inconfundible de esta ciudad, medieval y moderna al mismo tiempo.
Durante este corto fin de semana - para los que no tenemos puente - he realizado dos visitas a sendos cementerios de la provincia de Teruel. (Prefiero denominarlos camposantos). En ambos casos he recordado la profunda y sentenciosa afirmación becqueriana: "¡Qué solos se quedan los muertos!". Aunque las impresiones han sido muy distintas en cada momento. En el cementerio de Alcañiz: movimiento constante de gente, que contrastaba con el dolor de un grupo de jóvenes por la muerte en accidente de una compañera de sólo 14 años. Este camposanto es laberíntico. Cuando entras en el recinto, te hallas aprisionado entre bloques de cemento y, como si fueras el protagonista de "Todos los nombres" de Saramago, te esfuerzas en buscar el nicho donde reposan los restos de aquella persona a la que amabas y por la que lloraste. Sin embargo, en el camposanto de Aliaga, se respira una clima de paz acorde con el acogedor recinto, que libre del cemento y del diseño laberíntico, me recuerda el cementerio de Trasmoz, que inspiró a Bécquer una de sus "Cartas desde mi celda". Tapizado de verde y con las tumbas muy cuidadas, todavía mantiene una impronta que no ha alterado el paso del tiempo. De los cementerios de las grandes ciudades prefiero no hablar. Se han convertido en poblaciones anónimas de seres anónimos a los que de vez en cuando les llega un ramo de flores artificiales o la visita fugaz de un amigo o familiar. La soledad reinará a lo largo del año. Excepto durante estas fechas.
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