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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2011.

MACROPUENTE CULTURAL

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     Algunos lo llaman acueducto; otros, macropuente. Pero lo que está claro es que esta sucesión de días festivos discontinuos parece un simulacro del juego de la oca. Uno no sabe a qué atenerse cuando se levanta por la mañana. ¿Es lectivo? ¿Es festivo? Por eso he tomado la determinación de no romper mi ritmo de trabajo y de dar prioridad a lo cultural y literario. Y trabajo no me va a faltar. No sólo la corrección de exámenes o la preparación de las próximas pruebas de la primera evaluación. También tengo entre mis manos una serie de relatos breves y de microrrelatos sobre la Zaragoza antigua. Se trata de los trabajos presentados al XVI Concurso Literario Fernando Lalana 2011 organizado por la Junta Municipal del Casco Histórico de Zaragoza. Hay calidad literaria y mucha cultura.

   Y, hablando de cultura, no os perdáis la columna de Irene Vallejo en el Heraldo de Aragón de hoy. Se titula "Compartir" y habla de la amistad interesada - que es la más común - y de la auténtica - un bien muy escaso -. Cita para ello al fabulista Esopo y nos invita, una vez más, a valorar a los clásicos y hacer nuestras sus reflexiones y enseñanzas. Hoy he adquirido, precisamente El pasado que te espera, libro que recopila ochenta columnas de esta joven escritora zaragozana que acaba de publicar La luz sepultada, su primera novela.


      Volviendo al asunto de estos festivos discontinuos, se me ocurren unas sencillas cuestiones que me imagino muchos lectores compartirán: ¿Por qué no adelantar o retrasar un día estas efemérides? ¿Tanto problema sería celebrar este año el día de la Consitución el día 5, lunes? ¿Ocurriría algo si se pusieran de acuerdo la Iglesia y el Estado para desplazar al fiesta de la Inmaculada al día 9, viernes? Se hizo con el Corpus, se hizo con la Ascensión y no ocurrió absolutamente nada. Algo similar ocurre con la fiesta de la Epifanía o de los Reyes Magos - ¿por qué no el primer viernes de enero? - o de las celebraciones de Semana Santa. Todo se arreglaría con un poco de flexibilidad y con un mínimo de sentido común.
      Pero, de momento, nos contentaremos con lo que tenemos - que no es poco - y continuaremos con este soplo de aire fresco cultural y literario de los últimos días. Porque, además de la obra de Irene Vallejo, acabo de leer el excelente ensayo de Ismael Grasa, La flecha en el aire, para elaborar una reseña. Y tengo en lista de espera Mitología de Nueva York, Vanessa Montfort e Inés y la alegría, de Almudena Grandes. Un soplo cultural en esta semana atípica que nos brinda, eso sí, espacio para la cultura y para el ocio al aire libre. Pero eso lo dejaremos para el próximo fin de semana, o fin de macropuente.

05/12/2011 19:40 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

DÍAS INVERNALES EN ALIAGA

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    Aliaga siempre reserva una sorpresa paisajística a sus vecinos y visitantes. En estos días preinvernales, este valle del alto Guadalope exhibe sin pudores el color grisáceo de sus montañas milenarias, el color amarronado de sus chopos desnudos, el color azul de un cielo transparente, diáfano, sin fisuras.

    El clima invernal invita a cobijarse durante el crepúsculo al lado de la estufa o junto al hogar de leña crepitante. Y esas horas se dilatan en este valle que invita cada día al silencio, a la soledad sosegada o a la tertulia improvisada.

    Además, es bueno y saludable, dejar de lado durante 48 horas el envolvente mundo virtual de internet, los mensajes o llamadas del móvil e, incluso, la rutina televisiva de todas las semanas. Aislado, con un buen libro entre las manos, uno puede evocar el pasado, disfrutar del presente o afrontar un futuro preñado de incertidumbre.

     Y cuando despunta el día, se agradece ese rayo de sol matinal que se despereza desde el horizonte de las colinas y reblandece lentamente el hielo de la madrugada. Una luz cegadora que alegra la vida de este valle y compite con las madejas grises del humo de las chimeneas o la bruma matinal efímera y huidiza.

      Han sido sólo dos días. Lo suficiente para reconciliarnos de nuevo con la naturaleza invernal, con el caudal cristalino del río, con la sonrisa del amanecer, con las huellas grisáceas de un crepúsculo interminable, con un ritmo vital pausado, sin los agobios cotidianos de la gran ciudad, sin la agenda alborotada, sin el vaívén de las cotizaciones, sin el hechizo prenavideño de los centros comerciales. Un paréntesis de sensaciones contrastadas, de renacer de la vida al filo del invierno.

12/12/2011 18:50 josemarco Enlace permanente. PUEBLOS No hay comentarios. Comentar.


LA LUZ SEPULTADA

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     Desde 2009, Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) colabora como columnista en Heraldo de Aragón. Es una escritora de lujo, que rezuma cultura y nos contagia de su conocimiento de los clásicos y de su sabiduría intemporal. Esta doctora en Filología Clásica por las universidades de Zaragoza y Florencia publicó en 2010 un recopilatorio de sus columnas semanales, titulado El pasado que te espera. Y cada lunes nos sigue regalando a los lectores unas líneas que se convierten en trampolín privilegiado para reflexionar sobre la actualidad.

    El último regalo de Irene ha sido la escritura y publicación de su primera novela, La luz sepultada, que presentó el pasado mes en su ciudad natal. Es un relato denso, profundo, con un estilo conciso, penetrante. La prosa envolvente de Irene nos seduce desde las primeras líneas. La novela, que se sitúa en los días de verano anteriores al alzamiento militar contra la República, el 18 de julio de 1936, nos sumerge en un clima de incertidumbre, miedo y frustración. La intrahistoria de los Valbuena,  una familia zaragozana de clase media compuesta por Eduardo, funcionario de correos de ideas izquierdistas; Aurora, su esposa soñadora y ensimismada y su hija, Valentina, una adolescente inquieta que sufre en primera persona los trágicos acontecimientos de los primeros meses de la guerra civil en una ciudad de provincias tomada de inmediato por los rebeldes.

     La lectura de esta ópera prima de Irene Vallejo nos acerca a la vida cotidiana de una familia que ve cómo, casi de repente, desaparecen sus ilusiones, son sepultados sus sueños y la luz del mediodía se torna fúnebre y crepuscular. Es importante en el relato el entramado de personajes, la presencia del abuelo Vicente, militar retirado; las voces de los vecinos, el clima de sospecha. Y los silencios. Esos silencios de las noches estivales, rotos bruscamente por un disparo, una explosión o por el motor de un avión sobrevolando los tejados. Cada palabra, cada frase, cada reflexión de los personajes - especialmente de la joven Valentina - se clavan como cuchillos en el corazón del lector. Los días avanzan lentamente al principio y los acontecimientos se precipitan al final, dejando un inmenso vacío en esta familia, que representa a tantas familias con alguno de sus miembros encarcelado, represaliado o fusilado en la madrugada.

    Me ha encantado la novela. No sólo por su estilo y calidad literaria. Sino también por su excelente documentación, por el detallismo descriptivo, por la viveza de los diálogos, por las descripciones en prosa poética y, sobre todo, porque nos ayuda a ver el inicio de la contienda del 36 desde un punto de vista más humano, más sensible, más trágico y al margen de los tópicos. Esa luz que está omnipresente en todas las páginas simboliza, entre otras cosas, la esperanza frustrada, la libertad secuestrada y la crueldad de los comportamientos en tiempos de odios y venganzas. Es la luz que queda sepultada como esos trenes que llegaban a la antigua estación zaragozana del Sepulcro en esa España en blanco y negro, bajo el humo de la chimenea y la lucha cotidiana por sobrevivir.

    Eduardo representa una tercera España. Ni la de los vencedores ni la de los vencidos. Pero no puede evitar el final menos deseado. Su esposa, Aurora, y su hija, Valentina, intentarán rehacer su vida en ese octubre del 36, cuando lo peor todavía estaba por llegar. Plasmo la última secuencia de la novela, que nos sumerge en las reflexiones de Valentina. Un regalo para los amantes de la buena literatura.

            El goteo del miedo. Cerró los ojos con fuerza. Detrás de sus párpados, las imágenes se apagaron y le alcanzó la oscuridad. Dentro estaba, protegido por su cuerpo, el mundo que ella reconocía y, fuera, un espacio desfigurado, acechado por los fantasmas de una larga pesadilla. Pensó que a uno y otro lado de sus ojos, la realidad y el sueño habían intercambiado su lugar.

(FOTOGRAFÍA: Irene Vallejo en FNAC de Zaragoza) 

POR LA RIBERA DEL GÁLLEGO

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     Este año el sorteo ha querido que casi la mitad de los partidos que el equipo juvenil B de la Unión Deportiva San José de Zaragoza se celebren en la ribera de este río que nace en las inmediaciones del Portalet y, después de recorrer casi 200 kilómetros, desemboca tímidamente poco más abajo de la capital aragonesa.

    Ayer tarde, mientras los Javier y sus compañeros de equipo preparaban el interesante encuentro en un terreno de juego inmejorable, recorrí la calle del Río de este barrio rural zaragozano y contemplé a lo lejos la torre de la iglesia del siglo XIV y el edificio semiabandonado de una importante fábrica de ladrillos. En esa tarde invernal del sábado, el silencio envolvía las pocas casas antiguas que bordean la carretera y los nuevos chalets que, al parecer, son una segunda vivienda para algunos zaragozanos. En una de las fachadas de estas casas me llamó la atención que, en lugar de los importados y comerciales papásnoeles, estaban los tres reyes magos ascendiendo hacia una de las ventanas, como podemos contemplar en la fotografía adjunta.

     Durante el paseo de vuelta, me acerqué a la orilla del Gállego, que se deslizaba cansado, mermado de fuerzas, después de ese largo recorrido desde los Pirineos. A lo lejos, San Mateo; un poco más cerca la torre de Peñaflor y de la cartuja del Aula Dei; hacia el sur, Montañana, con la imagen omnipresente de la papelera humeante y contaminante; y después Santa Isabel. Rivales deportivos que nos brindan la ocasión de conocer estos pueblos o barrios rurales. Estampa invernal en las orillas de un río que invitan a la reflexión y a la contemplación silenciosa.

     El partido está a punto de comenzar y no me quiero perder un encuentro mucho más atractivo que algunos de nuestro querido Real Zaragoza, con un pie en segunda división debido a una política de fichajes aberrante y a un desmantelamiento de un club venido a menos. ¡Qué lástima! ¿Hasta cuándo seguirá Agapito Iglesias el frente de esta nave a la deriva? Sería conveniente reflexionara y dejara al club en mejores manos. Aunque haya que comenzar desde cero. El final del encuentro nos deja un buen sabor de boca. Ha sido una tarde invernal por la ribera del Gállego. En enero volveremos a Montañana.

18/12/2011 20:30 josemarco Enlace permanente. PUEBLOS No hay comentarios. Comentar.

TURRONES PARA SENDER

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     La poeta y traductora zaragozana Marta Fuembuena ha vuelto a poner a Ramón J. Sender en el lugar que se merece. Un lugar que ocupó durante la décadas de los 70 y 80 y que ahora parecía haber abandonado. Y lo ha hecho con la publicación de un libro que es una joya literaria, tanto en su forma como en su contenido. Tuve la oportunidad de asistir a la presentación de este ensayo literario en la librería El Pequeño Teatro de los Libros y he disfrutado con la lectura de esta obra que se centra en la estrecha relación que mantuvieron el abuelo de Marta, Eduardo Fuembuena y el escritor oscense.

     Siempre me ha atraído la prosa de Ramón J. Sender. En mis años de universitario en Barcelona tuve la suerte de leer casi todas las obras del escritor de Chalamera, editadas por Destino. Fue el resurgir de un escritor, silenciado y prohibido por la dictadura y olvidado de la crítica. Incluso estuve a punto de realizar una tesis sobre Sender y la muerte. Pero era algo tan ambicioso, que me desbordó. Por eso la lectura del libro de Marta ha vuelto a revivir en mí esa oculta querencia por el autor de obras como Réquiem por un campesino español o Crónica del alba. Además, he descubierto la faceta de Sender como articulista, como amigo de sus amigos y como enamorado de su tierra.

     En Turrones para Sender podemos encontrar un poco de todo: una excelente introducción de la autora en la que valora la ayuda inestimable de su padre para esta investigación, unas fotografías de Sender y su abuelo que se remontan a las dos visitas del novelista a España en 1974 y en 1976, un rico intercambio epistolar entre el director del periódico Aragón Expres y el escritor que reside en San Diegoun excelente artículo del crítico José Domingo Dueñas, una selección de artículos de Sender para este diario vespertino y unas selectas referencias biográficas. No se puede pedir más en tan pocas páginas.    

     Alguno se preguntará la razón del título. Marta lo explica muy bien al principio del libro: su abuelo Eduardo le enviaba a Sender cuando llegaban estas fechas unos turrones y dulces de la tierra para que los saboreara en el lejano San Diego. Una buena costumbre que dice mucho a favor de la estrecha relación entre ambos intelectuales. Aconsejo a los amantes de la literatura se lean este libro y lo regalen para esas Navidades. Y si va acompañado de algún dulce, mejor que mejor. 

21/12/2011 18:21 josemarco Enlace permanente. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

FELIZ NAVIDAD 2011

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     Quisiera pasar de puntillas por estos días. En silencio. Sin ruido. Pero no puedo. Porque, a pesar del poso agridulce de la nostalgia, a pesar de los oscuros recuerdos, a pesar del paso inexorable del tiempo, tengo a mi lado a los seres queridos que me arropan, me animan, me llenan de esperanza.

     Quisiera trasladarme con sigilo a la rutina cotidiana de principios de enero, pero no puedo obviar las vivencias de estas fechas, el calor de mis amistades, los buenos deseos de tantas personas que he conocido a lo largo de este 2011 efímero y convulso.

     Quisiera olvidar el pasado. Y borrar de un plumazo las heridas del tiempo. Pero no puedo. La ilusión me empuja hacia delante. El amor revive como una brasa en mis entrañas. Y la vida me da una oportunidad más para compartir una sonrisa, un gesto de ternura o una mirada dulce.

     FELIZ NAVIDAD  a todos los que leéis habitualmente estas páginas. Y a los que me animáis a seguir expresando mis sentimientos, inquietudes y vivencias.

(La fotografía de La Porra de Aliaga es un regalo de mi amigo Juan Marqués)



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