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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2011.

NONAGENARIOS

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     He visitado esta tarde la Feria del Libro de Zaragoza y me ha llamado la atención la gran afluencia de público de todas las edades. Un público que hojeaba las novedades editoriales, que compraba libros de todo tipo y algunos escritores que firmaban obras y conversaban con los lectores.

     De entre todos los libros que poblaban los escaparates de las casetas, me ha llamado de atención una pequeña obra que - según los libreros - es de las que más se está vendiendo durante estos días. Me refiero al libro ¡Indignaos!, escrito por Stéphane Hessel y prologado por José Luis Sampedro. Ambos pensadores superan ya la barrera de los noventa y mantienen su mente despierta y diáfana. Ambos nacieron en 1917, año de la revolución rusa, ambos participaron en sendos conflictos bélicos: la II Guerra Mundial y la Guerra Civil española y los dos tuvieron que sufrir una dictadura (la Francia de Vichy del mariscal Pétain y el franquismo).

    Es curioso comprobar cómo las ideas de Hessel, que comparte el escritor español, han calado profundo en cientos de jóvenes españoles que desde hace dos semanas están dando impulso a un movimiento popular denominado 15M con acampadas en las plazas de las principales ciudades y con un lema común: "Indignaos". Un lema que es el punto de partida de numerosas inquietudes sociales entre las que destacan la reforma de la ley electoral y el reparto más equitativo de la riqueza. "Hay que luchar por la libertad de pensamiento" - afirma Sampedro. "Se deben unir los más necesitados y los que más saben" - escribe Hessel.

     Hace cuatro o cinco décadas, una persona que rondaba los sesenta años estaba considerada como un anciano - o viejo - que no tenía nada que aportar a la sociedad. Ahora, una persona de noventa años puede aportar experiencia, serenidad, capacidad de reflexión, equilibrio mental y una visión privilegiada del mundo. Algunos pensadores o escritores españoles pasaron de los cien años. Basta recordar al literato Francisco Ayala o al aragonés Pepín Bello, que llegaron a los ciento tres. La longevidad es un hecho real en esta sociedad del siglo XXI. Pero lo más llamativo es que algunas personas - todavía muy pocas - sigan regalando sus ideas a las generaciones más jóvenes. Una semilla eficaz que, en el caso de Hessel y Sampedro, ha superado con creces todas las expectativas.

LA NOCHE MÁS OSCURA

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     Acabo de leer la última novela de la escritora zaragozana Ana Alcolea. Con el título La noche más oscura, Ana nos acerca a un lugar solitario y peculiar del norte de Noruega dominado por un faro sobre el que se entremezclan como en un mágico laberinto historias del pasado y vivencias del presente.

     Con esta novela, la narradora aragonesa ha ganado el VIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. Fue en Anaya donde Ana comenzó su carrera literaria con aquella excelente novela El medallón perdido (2001) que ha cautivado a cientos de adolescentes y que ya va por su decimosexta edición.

     En La noche más oscura la autora retoma el escenario de otro de sus inolvidables relatos: Donde aprenden a volar las gaviotas (2007). Tanto en una como en otra nos acerca a través de tres caminos distintos: la experiencia personal, los sueños de la protagonista - la adolescente Valeria - y los documentos guardados en las vitrinas de un almacén convertido en museo de la guerra. Pero la novela va mucho más allá de la historia de una breve estancia en un faro abandonado en el país nórdico. Con una prosa ágil, precisa e incisiva, Ana Alcolea nos invita a sumergirnos en una atmósfera de inquietud, de incertidumbre y de trágicas premoniciones. El entorno es realista y las vivencias de Mercedes y su hija adoptada Valeria son aparentemente intranscendentes. Pero el ritmo narrativo se ralentiza de vez en cuando y nos ofrece reflexiones sobre las consecuencias trágicas de la Segunda Guerra Mundial, sobre las ambivalencias del amor, sobre los efectos balsámicos de un paisaje casi idílico, sobre el significado profundo de los sueños, sobre la soledad, sobre los primeros idilios de la adolescencia y sobre otros motivos tan humanos como la vida misma.
         La autora, casada con un profesor noruego, suele pasar dos meses en Trondheim, un lugar en el que se ha inspirado para escribir su última novela. En La noche más oscura hay una atmósfera similar a la película de Bergman "Fanny y Alexander". Pero, tal como afirma Ana, "He titulado La noche más oscura porque quizás haya un homenaje a San Juan de la Cruz. En mi novela también hay ráfagas de claridad, de iluminación, fuegos, como sucede en la poesía del místico español".

     He disfrutado con la lectura de esta novela que, aunque va dirigida a un público juvenil, ofrece a los adultos un estilo depurado, unas incursiones históricas bien documentadas y un acertado maridaje entre la realidad y la ficción. La silueta inconfundible del faro misterioso y los nombres de Mercedes, Valeria, William, Lars, Ernest Nilsen y, sobre todo, del soldado Nicolaj Dubrowski quedarán siempre en mi memoria.



REVELADO POÉTICO

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     "Todos parecemos más fuertes en las fotografías". Este es el subtítulo de Polaroid, último poemario de la poeta y periodista aragonesa Carmen Ruiz Fleta, publicado por Olifante. Es el cuarto libro de poemas de una escritora que cada vez nos sorprende más por la fuerza interior de sus versos, por la autenticidad de sus palabras y por una sinceridad a flor de piel. Desde su primera publicación Música para perros (2006) hasta esta última, pasando por Cinco días de agosto (2008) y Mapas y disfraces (2010), Carmen va diseñando un mapa poético cada vez más rico en matices, con más fuerza rítmica y con una visión del mundo y de la vida rabiosamente original.

     Los 52 poemas que componen esta antología sugieren una variopinta gama de sensaciones que van del amor al desamor, de la apariencia a la realidad, de la desnudez interior a los oropeles del vestido y del maquillaje, de la luz a la oscuridad, del ser al estar, de la placidez al desasosiego, de la vida a la muerte. Ya el primer poema sirve de pórtico al resto de las composiciones: Escribiendo desnuda lo que callo vestida. / Así me vengo de las tardes de agosto. Esta propuesta poética se complementa con los versos que cierran el último poema: Y también sé / que no importan mis palabras / porque me vais a aplaudir igual. / Voy desnuda, pero todos alabáis mi vestido.

     Y es que llega un momento en que las palabras no importan - Todas las palabras se equivocan -. A veces sólo subsiste el halo del recuerdo - Me recordaré torpe estrenando las calles - o la fragilidad de la memoria - Ahora que se escurre la memoria / no sé recogerla. Una fragilidad que se revela en un cuerpo voluble, heredado e inconsistente: Si tan hábil eres, / toma este cuerpo heredado / a ver si me encuentras en él. Poesía como búsqueda, poesía como ensoñación, poesía como un revelado interior en el que las fotografías son sólo una imagen aparente y efímera de algo que bulle en nuestro interior: Me canso de este contenedor de miedos / llamado cuerpo. Quiero ser un cuerpo amable / amablemente desnudo o desangrado. Por ello, la poeta dialoga consigo misma o con un tú amoroso y pasional para huir de esa cruda realidad cotidiana latente en los vericuetos de la ciudad: Este viento nocturno que silva arrullos / a los pies de las madrigueras urbanas / malolientes. Y reclama una metamorfosis - Todos necesitamos cambios - para buscar esa luz liberadora, para encaramarse a lo más alto, para huir de la monotonía gris de lo cotidiano: Empiezo a oler a agua estancada / a instante detenido demasiado tiempo.

     La lectura y relectura de los poemas de Polaroid - metáfora de un momento salvado - me ha permitido a una poeta que camina hacia la madurez expresiva. Sus versos son un vaivén de sensaciones y vivencias que llegan en ocasiones a estremecer al lector y a contagiarnos de una serie de sentimientos paradójicos y contradictorios, como la vida misma.

    

TOCANDO EL CIELO

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     Disfrutar de un domingo en el Pirineo de Huesca, acercarse a Villanúa y recordar cuatro veranos inolvidables, visitar las instalaciones del Campamento Cheso, recorrer con calma los caminos y veredas en un día veraniego, es un placer reservado a unos pocos.

     Pero la guinda de este delicioso pastel natural y ecológico fue la ascensión hasta las estribaciones de la Peña Collarada, uno de los picos más emblemáticos del Pirineo aragonés y uno de los retos más apasionantes para montañeros valientes y avezados. Las ocho horas de recorrido por estas montañas culminaron una jornada en la que estuvimos muy cerca de tocar el cielo con los dedos. Ese cielo azul, terso y claro que casi nos hería la vista y que rodeaba con un halo misterioso la cumbre inconfundible de este pico que alcanza casi los 2.900 metros y que no tiene nada que envidiar a otros tresmiles ilustres. Tal como se muestra en la fotografía, la Peña Collarada sirve de telón de fondo a una jornada de ilusión, de cansancio, de disfrute de la naturaleza, de soledad compartida, de parajes casi vírgenes y de valles inconmensurables.

    No pudimos hollar la cumbre. Nos faltaba poco más de una hora. Pero la tarde avanzaba sin tregua y había que regresar a Villanúa. Un descenso de 1.500 metros entre rocas, trochas y atajos inverosímiles. En el recuerdo quedará un día de aventura, de ilusión y de miradas hacia el infinito. Hacia ese cielo que nos recordaba momentos irrepetibles compartidos en Villanúa durante cuatro meses de julio inolvidables.

20/06/2011 17:32 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

NO SOBRAN LAS PALABRAS

     Los últimos días de junio son días de despedidas, de emociones, de adioses. Son muchos los docentes que culminan casi cuarenta años de dedicación a la docencia. Una vida laboral densa, dilatada, gratificante. Una dedicación vocacional en la que la palabra ocupa un lugar señero. Por ello dedico este poema a todos los docentes que se jubilan durante estos días y, especialmente, a mi compañera Carmen por su optimismo, simpatía y sincera amistad.

 

               Aunque dicen que sobran las palabras,

                      Aunque  alientan los ecos del silencio,

                      Aunque florecen grises como el plomo

                     El poso del recuerdo y la memoria,

                   

                     PREFIERO RECORDARTE

                     Con las voces que laten en la sombra

                     De un corazón abierto y generoso,

                     Con los sonidos claros y cercanos

                     De una honda amistad y simpatía,

                     Con tu sonrisa franca

                     Que invita a la ilusión y la esperanza.

                   

                      NO SOBRAN LAS PALABRAS

                      Cuando llegan cargadas de cariño

                      Y rompen el hechizo cotidiano.

                   

                      NO SOBRAN LAS PALABRAS

                      Cuando surcan caminos de futuro

                      Desde el alba al crepúsculo.

                    

                       NO SOBRAN LAS PALABRAS

                       Ni se las lleva el viento alborotado.

                       Están aquí.  Muy vivas.

                       Al filo de la vida,

                       Al filo del silencio.

29/06/2011 17:39 josemarco Enlace permanente. IMPRESIONES No hay comentarios. Comentar.

ALIENTO CULTURAL

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     Siempre has vivido de modo especial los treinta de junio. Son días de balances, de final de etapa, de sueños, de utopías, de inicio de vacaciones, de sensación de libertad, de aliento vital. Un aliento vital que se tiñe de cultura en este jueves prevacacional. Paseas por la ribera del Ebro y te acercas a la plaza del Pilar. Una plaza que ha vuelto a ser de todos, sin tiendas ni entornos reivindicativos. Sólo ha quedado un caballo de troya grotesco y un pequeño monolito con un lema que podríamos recordar cada día al levantarnos. En la fachada del ayuntamiento las banderas parece que están a media asta, debido a la brisa vespertina. Muestran simbólicamente su tristeza por ese pequeño fiasco para la ciudad de Zaragoza, que se ve alejada definitivamente de sus sueños culturales para 2016. Los indignados de la plaza del Pilar han dejado paso a un alcalde indignado que, como los estudiantes que obtienen una nota que consideran injusta, está dispuesto a impugnar, reclamar y hacer lo que haga falta para que Zaragoza recupere su capitalidad. ¿Pataleo? ¿Miedo al fracaso? Cada uno que lo interprete como quiera.

     Pero mientras atraviesas la plaza y te diriges al museo Pablo Gargallo, piensas que la cultura está en la calle, que se respira en muchos rincones de la ciudad, que la cultura no es sueño ni utopía. Que la cultura no debería producir indignación ni dividir a los ciudadanos, que la cultura se edifica día a día. Ya en la plaza de San Felipe vuelves a recordar la desaparecida Torre Nueva, contemplas el torreón Fortea y entras en ese recinto artístico en el que reinan las esculturas y el arte se convierte en un poema. Poemas como los que va a presentar Carmen Ruiz Fleta. Poemas cotidianos, espontáneos, casi mágicos. Gabriel Sopeña rinde un homenaje a la cultura y Ángel Guinda presenta una vez más sus credenciales como reciente Premio de las Letras Aragonesas. La editorial Olifante sigue bogando con la cultura contra viento y marea. Y los poetas vuelven a reinvindicar una cultura diferente: la cultura de la palabra, la cultura de la tolerancia, la cultura de lo cotidiano, la cultura alejada de las efemérides, fechas y aspiraciones utópicas. Regresas por otra zona de la ciudad y contemplas la fachada carnavalesca del antiguo teatro Fleta. Y vuelves a recordar el gesto humillado de las banderas del balcón del ayuntamiento. Y el monolito de los indignados. Y ese lema que te ha hecho pensar: "Hoy es mañana".

30/06/2011 23:26 josemarco Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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