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Agazapado, huidizo y algo cabizbajo se ha asomado a nuestras vidas este año 2012. Un año bisiesto y lleno de incertidumbre. 365 días para sembrar, para soñar, para encender llamas de ilusión y de esperanza. 12 meses para cobijarse a la sombra de este árbol del amor y de los buenos deseos.
Ríe
Relájate
Perdona
Pide ayuda
Haz un favor
Delega tareas
Rompe un hábito
Expresa tus ideas
Haz una caminata
Sal a correr
Pinta un cuadro. Sonríe a tu hijo
Permítete brillar. Mira viejas fotos
Lee un buen libro. Canta en la ducha
Escucha a un amigo. Acepta un cumplido
Ayuda a un anciano. Cumple con tus promesas
Termina un proyecto deseado
Sé niño otra vez. Escucha la naturaleza
Muestra tu felicidad. Escribe en tu diario
Trátate como un amigo. Ama a los animales
Haz un álbum familiar. Date un baño prolongado
Por hoy no te preocupes. Deja que alguien te ayude
Apaga el televisor y habla. Escucha tu música preferida
Mira una flor con atención. Dedica tiempo a los demás
Haz una buena acción cada día. Sonríe cada vez que alguien te mire
Aprende algo que siempre deseaste
Haz un pequeño cambio en tu vida. Cierra los ojos e imagina las olas de la playa
Llama a tus amigo. Mejor, visítalos. Ve a la biblioteca y escucha el silencio
Haz una lista de las cosas que haces bien. Haz que las personas se sientan bien
Diles a las personas amadas cuánto las quieres y demuéstraselo
Dale un nombre a una estrella
Piensa en lo que tienes
Planifica un viaje
Respira profundo
Hazte un regalo
Recicla
Cultiva el amor
Muy feliz año 2012 a todos los que os acercáis por este blog y me animáis a seguir creando y recreando.

La vida sigue, a pesar de las incertidumbres económicas, políticas y sociales. La cultura continúa, a pesar de los recortes, las trabas y las cada vez más escasas subvenciones. Y la literatura intenta sobrevolar más allá de las miserias cotidianas y de las banalidades con que nos bombardean cada día desde distintos medios de comunicación.
Porque en estos tiempos tan difíciles para las inquietudes culturales y literarias, hay que destacar la labor de todos los que siguen al pie del cañón, contra viento y marea, editando la revista TURIA, que acaba de cumplir 28 años y que ha llegado ya a su número 100. Como decía José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española: "Es muy complicado mantener esta trayectoria. Salvo la revista Ínsula, no hay ninguna similar en el panorama literario español".
El director y fundador de la revista, Raúl Carlos Maícas, manifestó el día de su presentación en el salón de actos de la Delegación Territorial del Gobierno de Aragón en Teruel que espera que el número 100 sólo sea un punto y seguido en esta aventura cultural y literaria. Toda una declaración de intenciones y un deseo de seguir adelante, cueste lo que cueste.
Me siento afortunado de poder colaborar desde hace casi diez años en esta publicación. La sección La Torre de Babel me ha abierto las puertas y comparto mis reseñas con excelentes críticos y buenos literatos. Además, me siento muy orgulloso de aportar mi grano de arena a una revista que nace y se edita en mi tierra y que pregona el nombre de Teruel y de Aragón más allá de nuestras fronteras.
El número 100 de TURIA dedica un monográfico a la escritora aragonesa Soledad Puértolas. En este cartapacio, los estudiosos e investigadores podrán encontrar numerosos documentos que les ayudarán a conocer mejor y a reconocer a esta novelista zaragozana. Encontraremos también sendas entrevistas a José Manuel Blecua y a José Manuel Sánchez Ron. Por no hablar de las secciones habituales entre la que destacan Taller, Poesía y La isla, un sugerente y original diario del director de la revista.
(FOTOGRAFÍA: José Manuel Blecua y Soledad Puértolas, durante el acto de presentación de la revista, el pasado 30 de noviembre en Teruel).

Algunos lo han comparado con el Titanic; otros, con la crónica de una muerte anunciada. Pero, lo que está claro, es que los zaragocistas, zaragozanos, aragoneses y tantos y tantos seguidores de este equipo con una dilatada historia deportiva y con un gran eco social, estamos asistiendo a uno de los peores momentos de un club histórico que, después de casi 80 años de historia se está viniendo abajo irremediablemente.
El domingo pasado me acerqué por la mañana a la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza a presenciar el encuentro entre el filial del equipo aragonés y el Reus Deportivo. Mientras me tomaba un cortado en el bar de la entrada, contemplaba dos fotografías históricas - la de los Magníficos de los años 60 y la de los Zaraguayos de los años 80 - y sentía una sensación agridulce al comprobar cómo en pocos años - sobre todo en las seis últimas temporadas - se estaba echando por tierra todo ese edificio construido con sacrificio, coherencia, sentido común y amor a los colores.
Ya durante el partido del Zaragoza B, contemplé cómo los jugadores del primer equipo entrenaban cabizbajos y cariacontecidos en un terreno adjunto, después de una derrota más en el Sardinero. También estaba el nuevo entrenador ojeando a los jóvenes de la cantera. No hubo suerte de cara al gol contra un gran equipo, pero pudimos ver a jóvenes futbolistas que nada tienen que envidiar a los jugadores de la primera plantilla. La defensa es claramente mejor, la media mucho más creativa y en punta hay un jugador que dará mucho que hablar durante los próximos años. Me preguntaba mientras tanto qué pasaría por la cabeza de estas jóvenes promesas. Porque el futuro del club es tan incierto que seguramente tendrán que emigrar al Huesca - como tantos otros - o a otros equipos de primera o segunda división.
Mientras tanto, se está creando una plataforma para salvar al club de esta agonía casi inevitable: manifiestos, manifestaciones y panfletos contra el máximo accionista del club, que hace caso omiso de las opiniones de esta gran masa social que sí siente sus colores. Mientras tanto se quiere fichar a cuatro o cinco jugadores en paro o descartados por sus clubs para acallar las críticas e intentar taponar una herida que sangra ya por todas partes.
¿Ganará algún partido el Real Zaragoza de aquí al final de temporada? ¿Será un mal menor que descienda y se empiece desde cero? ¿Abandonará Agapito este barco a la deriva antes de que se hunda definitivamente? El tiempo lo dirá... Pero, está claro que los milagros no existen.
(En la foto, el equipo de los Magníficos en los años 60).

Un amargo silencio
surca las avenidas
de esta ciudad herida por la niebla.
La gente se apresura
con la nostalgia a cuestas
y camina sin rumbo
desafiando el paso estremecido
de un tiempo irreversible.
El spleen invernal
- casi infernal a veces -
dibuja un perfil gris
en esos corazones solitarios
que esbozan una mueca
con sabor a sonrisa.
A lo lejos se observa
un rumor de esperanza
y esboza su perfil agazapado
la luz de primavera
que oculta su frescor en las aceras.

Hace cien años vio la luz en la localidad aragonesa de Paniza - la misma que vio nacer a María Moliner - el polifacético escritor Ildefonso Manuel Gil. Su andadura literaria abarca casi todo el siglo XX y recorre casi todas las tendencias, desde las vanguardias hasta el existencialismo. Pero, como han afirmado algunos críticos, Ildefonso es el poeta de la autenticidad. Toda su poesía rezuma sentimientos universales como el amor, la naturaleza, la angustia, la esperanza o el paso inexorable del tiempo.
He leído muchos poemas del que fuera director de la Institución Fernando el Católico, ensayista, profesor y novelista. De entre todos ellos he espigado este soneto amoroso en el que plasma magistralmente ese quevedesco sentimiento amoroso más allá del tiempo, más allá de la vida, más allá de la muerte. Es mi modesto homenaje a este escritor que sufrió durante su vida las vicisitudes de la guerra y del exilio.
Aniversario
Cada día mi amor ha ido creciendo
enriquecido en tanta confianza.
Si clausuró su cuenta la esperanza,
más de lo prometido va cumpliendo.
La juventud se fue desvaneciendo
y no el amor que día a día avanza
hacia más perfección y más la alcanza
cuando en el corazón va atardeciendo.
Hay un triste placer, una hermosura
que sosiega el vivir y lo engrandece
viendo el tiempo en el rostro de la amada,
cada arruga tornándola más pura,
más bella en la medida que envejece,
más amorosamente codiciada.

El periodista cordobés Gervasio Sánchez, afincado desde hace años en Zaragoza, es además una persona comprometida y un excelente fotógrafo. Sus imágenes constituyen un valioso legado para que no olvidemos nunca ese pasado triste, trágico y absurdo que acabó con tantas vidas inocentes. Lo más lamentable es que, después de muchos años aún no se han podido recuperar sus cuerpos.
Con la iniciativa y el impulso de la comisaria Sandra Balsells, Gervasio ha llevado a cabo un ambicioso proyecto desarrollado entre 1998 y 2010, que ha plasmado en la exposición DESAPARECIDOS. Decenas de fotografías muestran la tragedia de seres humanos de diez países de América Latina, Asia y Europa. En ellas se revela el vacío cruel de la ausencia, el homenaje silencioso a las víctimas de la sinrazón y los más diversos objetos, cual testigos silenciosos de esos familiares o amigos que han quedado sepultados en el pozo del olvido.
La visita a la Exposición - en el Centro de Historias de Zaragoza hasta el 19 de febrero - me sorprendió por su crudeza, realismo y por esa cara más oculta de la realidad. El periodista ha retratado con escrupulosa cercanía ese viaje hacia el absurdo, hacia la tragedia, hacia lo inhumano. Desde las imágenes desoladoras de los centros de detención hasta los durísimos momentos de la exhumación, la muestra nos recuerda que aún quedan muchos cuerpos por recuperar. Y que, sorprendentemente, en España queda todavía mucho camino por recorrer.
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